"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 16 de octubre de 2013



LE JOURNAL SPIRITE N° 94 OCTOBRE 2013
por
S É B A S T I E N DA M I N
RÉFLEXION
¿FILOSOFÍA O RELIGIÓN?


Como toda filosofía, el espiritismo marcha sobre
terrenos comunes con la religión (la cuestión del bien
y el mal, el sentido de la vida…) y se encuentra en una
posición delicada: expresar ideas nuevas a partir de
términos antiguos, apreciados de diferente manera y a
menudo caricaturizados. Y si bien es cierto que a veces
la literatura espírita “clásica” puede revestirse con atavíos
religiosos, es cuestión de ubicarla en su contexto histórico;
una particularidad de la comunicación espírita es
que el espíritu que se manifiesta obtiene sus medios
de expresión del medio en el seno del cual se manifiesta.
Las relaciones ambiguas que han existido entre
filosofía y religión en el transcurso de la historia, plantean
el tema del posicionamiento espírita y remiten a la
difícil cuestión de su definición, siempre imprecisa. No
obstante parece que se puede distinguir a primera vista,
por un lado la filosofía, disciplina que impulsa al individuo
a pensar por sí mismo, de la religión que impone
dogmas, afirmaciones que no necesitan ser justificadas.
Pero entonces, ¿por qué el espiritismo es asociado con
la religión?
La sociología nos da elementos de respuesta. En efecto,
a pesar de la diversidad de sus teorías, todos los padres
fundadores de la sociología, Weber, Durkheim, Simmel
o Marx han otorgado un lugar central a la religión y han
coincidido en un punto: el rechazo a la religión como
factor determinante en la construcción de nuestra
modernidad. Ese rechazo, acompañado por el desarrollo
de la racionalidad instrumental, de las ciencias y de
las técnicas, el “desencantamiento del mundo”, según la
fórmula consagrada por Max Weber, es un factor cultural
que ha forjado para alguna parte nuestras estructuras
mentales. Las sociedades modernas, luchando contra
la opresión religiosa, han optado naturalmente por una
visión materialista y atea, sin por eso haber considerado
plenamente esa opción. Esta postura combativa, necesaria
en un tiempo ha inducido y propagado un sistema
binario de reflexión, origen de oposiciones simplificadoras
y de atajos caricaturescos que tienen más que
ver con el ámbito de la opinión que con la filosofía. En
este contexto actual de confusión entre lo espiritual y lo
religioso, donde creer en Dios o en la existencia de los
espíritus sería necesariamente renunciar a la razón, se
comprende fácilmente la amalgama que puede hacerse
entre espiritismo y religión.
LOS POSIBLES PUNTOS DE CONFUSIÓN
ENTRE ESPIRITISMO Y RELIGIÓN

La trascendencia
La trascendencia es uno de los puntos comunes a todas
las religiones. Generalmente se entiende por trascendente
lo que es exterior, más allá del mundo, en oposición
a inmanente, que es lo que está en el mundo. Esta
distinción es utilizada principalmente para marcar la
diferencia entre lo que depende del hombre y lo que no
depende de él. Ahora bien, la cuestión de un Dios trascendente,
así como la del más allá, son enviadas hoy por
los medios intelectuales a una franja de la teología que
se detiene en una interpretación literal de los textos, y
es abordada a través del prisma estrecho y singular que
ella representa. Es así que la existencia de un Dios nos
despojaría de nuestra libertad de actuar y de juzgar.
Sin embargo la postura trascendente del espiritismo, si
bien excluye a un Dios inmanente que se confundiría
con la naturaleza, no excluye por ello la inmanencia.
El saber no proviene de una fuente externa, el hombre
es responsable de sus actos y encuentra en sí mismo
la capacidad de razonar y superarse. Además, el más
allá ya no está aparte en la creación, fuera del mundo;
está aquí y ahora interactuando sin cesar con el mundo
visible. Allí, el espiritismo rompe en parte la oposición
entre lo trascendente y lo inmanente.
El Tratado de ateología de Michel Onfray, uno de los
representantes actuales del ateísmo en Francia, es un
muy buen ejemplo de la forma en que se trata el tema.
Su argumentación para probar la inexistencia de Dios,
reposa únicamente en las desviaciones teológicas de
los monoteísmos y sus ingenuas interpretaciones del
mundo. En el mismo orden de razonamiento, en el medio
científico, se elimina la idea de Dios recordando los dos
principales conflictos que tuvieron lugar entre ciencia
y religión: los casos Galileo y Darwin. Pero, rechazar la
hipótesis divina, so pretexto de que los sistemas de
explicación del mundo propuestos por la teología son
incoherentes, no es sino una simplificación que permite
deshacerse de una comprobación incómoda. La Historia
nos enseña que la visión de una ciencia atea que hace
retroceder a la religión es un mito: Galileo, así como Giordano
Bruno, era creyente, Lavoisier y Newton, padres de
la química y de la física moderna respectivamente, eran
alquimistas. Einstein y otros eminentes científicos más
cercanos a nosotros son la prueba de que Dios y la razón
se entienden perfectamente. Ellos nos demuestran que
se puede creer en Dios en forma laica, sin renunciar por
ello a la razón. El ateísmo de los padres fundadores de
la ciencia moderna residía únicamente en su rechazo a
la teología.
Respecto a Darwin, el espiritismo reconocía la ley de
la evolución aun antes de que fuera admitida por el
conjunto de la comunidad científica. A. Russell Wallace,
que descubrió la ley de la evolución al mismo tiempo
que Darwin, era espírita y agregamos que el proceso de
evolución, y más ampliamente, de creciente complejidad
de lo viviente, comprobado por las ciencias de
la naturaleza, está en total contradicción con la idea
según la cual la vida no tendría sentido, pues en un
plano filosófico la idea misma de evolución implica que
hay un sentido, una dirección. Ese sentido, esa fuerza
de atracción, ese punto de convergencia es la única
idea que podamos hacernos actualmente de ese Dios
trascendente. Estamos lejos del Dios de las religiones,
cuyas proyecciones finalmente nos informan más sobre
la naturaleza humana que sobre la naturaleza divina.
Él no tiene principio ni fin, no se le puede encerrar en
nuestras definiciones. Es un Dios laico sobre el que no
hacemos proyecciones.
El espiritismo se apoya en los hechos; en ciencia filosófica,
no acepta una verdad si no encuentra una justificación
teórica. La trascendencia espírita no se opone a la
razón pero extrae consecuencias de nuestras observaciones.
Observaciones que nos llevan a los límites de la
razón.
La fe
Si para la religión la fe no necesita ser explicada, en el
espiritismo nace de la observación y de la reflexión.
Es una convicción y se puede entender en el sentido
etimológico del término: fides, confianza, confianza en
nuestro razonamiento. Kant enseña en su Crítica de la
razón pura que la razón es limitada y que la fe no está
necesariamente más acá de la razón sino que puede
estar más allá. Si el espiritismo puede acercarse a la
religión, es a la religión natural, movimiento de pensamiento
que sigue a la revolución científica. El hecho de
que el mundo esté regulado matemáticamente ha sido
visto, en primer lugar, como prueba de la existencia de
una fuerza causal, y no únicamente por los religiosos.
Pero finalmente fue la idea de Hume la que tomó la
delantera; el mundo no está tan bien hecho, pues los
animales están obligados a matarse entre ellos para
sobrevivir; los hombres se matan igualmente entre
ellos… una visión pesimista del mundo, carente de fe.
La existencia de una vida
después de la muerte

Este es otro punto común entre las religiones. Lo que
se reprocha a esta realidad es haber sido aprovechada
con fines políticos por Constantino, en primer lugar
en lo que concierne a la religión católica, para hacerles
aceptar a los hombres las malas condiciones de vida,
prometiéndoles una vida mejor en el más allá. Pero, ¿no
es esta realidad incompatible con la filosofía? Vamos a
hacer un recorrido por la Grecia antigua, cuna de la filosofía
occidental.
Después de haber reflexionado mucho tiempo sobre
el significado del oráculo de la pitonisa que respondió
a Querefonte que no había nadie más sabio que él,
Sócrates partió al encuentro de los que pasaban por
ser sabios. Con su práctica de la refutación, demostró
a los sabios que no lo eran. La sabiduría de Sócrates:
“Yo sé que no sé nada” fue confirmada. “Aun si me diera
cuenta, no sin pesadumbre ni temor, de que me hacía
de enemigos, así y todo me creería obligado a poner
por encima de todo la tarea en la cual me hubiera involucrado
Dios”. Paralelamente al hecho de que, en La
Apología de Platón, el origen de su práctica filosófica
es un mensaje del más allá, Sócrates menciona regularmente
su dáimon, su voz daimónica: “Los comienzos de
ello se remontan a mi infancia: es una voz que se hace
escuchar por mí, y que, cada vez que llega, me aparta
de lo que eventualmente estoy a punto de hacer”.
(En lenguaje espírita, se diría que era clariaudiente).
Sócrates hablaba también del Hades: “Si lo que se
cuenta es cierto, a saber justamente que allá habitan
todos los que han muerto… lo más interesante es que,
conversando con ellos, yo podría someter a las gentes
de allá al examen y la investigación a los que someto a
las gentes de este mundo, para descubrir quien, entre
ellos, sabe alguna cosa y quien no sabe nada, imaginándose
que sabe algo”. Es aquí donde aparece la ruptura
entre filosofía y religión y es la postura que adoptará
Allan Kardec al descubrir la posibilidad de comunicarse
con el más allá. Esta actitud implica que la comprensión
de las cosas no puede venir de una autoridad exterior. El
hecho de comunicarse con los espíritus no nos releva en
nada del deber de reflexionar por nosotros mismos, el
hombre es devuelto a su propia capacidad de pensar. Si
aceptamos a ciertos espíritus como guías, es porque les
reconocemos cierta sabiduría. Éstos nos orientan hacia
un camino pero no pueden, ni quieren, emprender el
camino en nuestro lugar.
En lo que concierne al materialismo antiguo, animado
por su rebeldía contra la religión que inocula el temor
a los dioses que pueden montar en cólera y el temor
a un castigo eterno, citemos al propio Epicuro, padre
fundador a quien apelaron todos los filósofos materialistas,
en su carta a Heródoto: “Los dioses existen, puesto
que el conocimiento que se tiene ha sido evidente”. Aun
cuando rechaza que se pueda tener intercambios con
ellos, acepta la existencia de los dioses y estima que
es necesario servirse de la idea que uno se hace de
ellos para tratar de ser bienaventurado también. Un
examen más atento de la filosofía de Epicuro, muestra
que él basa los criterios de verdad en la experiencia y las
nociones, afines a las ideas de Platón, que él no necesita
demostrar…
La idea de revelación
La idea de revelación es admitida igualmente por el
espiritismo pues se quiere ser la tercera revelación.
En religión, la verdad es revelada por una autoridad
externa y no puede ser cuestionada. La revelación espírita
fue hecha posible por Allan Kardec quien, dentro
de una trayectoria científica, es decir metódica, “levantó
el velo”, con sus observaciones y su razonamiento. Esta
revelación puede ser verificada y cuestionada por otros
en un procedimiento igualmente racional.
El espiritismo se ubica en la continuidad de
la moral evangélica

Y este punto también contribuye considerablemente a
mezclar las pistas. La moral espírita nada tiene que ver
con una moral patriarcal y reaccionaria, que difunde
relaciones urdidas desde el neolítico entre el poder y
lo sagrado; es una moral emancipadora. Los sociólogos
de las religiones consideran a la religión cristiana como
“un cohete que ha permitido la puesta en órbita de
valores que llevaban en sí mismos los gérmenes de la
secularización”. Dicho de otra manera, el alejamiento
de la sociedad de las normas y los hábitos teológicos
ha sido permitido gracias a los valores defendidos por
Jesús, de los que, desgraciadamente, se han apropiado
las instituciones eclesiales. Según Max Weber o hasta
Marcel Gauchet, ellos contienen en parte los gérmenes
del progreso que fundaron nuestra modernidad.
Muchas de nuestras concepciones actuales, como la
idea de igualdad, extraña a los griegos, a los indios o a
los chinos, y que llevó más tarde al advenimiento de la
democracia, han sido permitidas por la idea de un Dios
único. El mensaje de Jesús de fraternidad, de justicia
y de compartir, de libertad de elección, de emancipación,
en el cual se inspiraron los pensadores del Renacimiento
y de las Luces, no era religioso sino más bien
filosófico y su contenido ha permitido a nuestras sociedades
deshacerse de la religión y progresar en materia
de derechos del Hombre. Los progresos que contiene
no han terminado.
Conclusión
Al contrario de la religión, el espiritismo no hace proyecciones
sobre el más allá: él lo estudia y muestra que es
imposible hacerse una representación petrificada. Esta
representación inmutable de lo absoluto y del más allá,
presentada por las religiones, implica una cristalización
del pensamiento que incluye a los espíritus. Es fuente de
numerosos conflictos pasados y actuales. El espiritismo
está inscrito dentro de un pensamiento dinámico que
se profundiza en la medida que evolucionan el conocimiento
y la reflexión. Nunca podrá ser dogmático pues
esta evolución no tiene fin. El Libro de los Espíritus nos dice
en su comienzo que la mayoría de nuestros problemas
humanos viene de nuestra incapacidad para ponernos
de acuerdo sobre el sentido de las palabras. Ese llamado
parece ir a la por de la necesidad de una actividad filosófica
y de la necesidad de diálogo, diálogo que sin
embargo seguirá siendo difícil, mientras la racionalidad
y la objetividad permanezcan circunscritas a la ideología
materialista. Un punto positivo: a fines de los años ‘60, los
sociólogos de la religión se enteraron de que, aunque
la práctica católica disminuía intensamente, la sociedad
en su conjunto siempre era creyente y ellos aportaron
nuevas definiciones de la religión. Fue así como extendieron
la creencia hacia ámbitos que hasta entonces no
tenían nada que ver con la religión: la política, el arte, el
deporte o hasta la ciencia en sus variantes cientificistas o
positivistas, ofreciendo así nuevos elementos de reflexión.

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