"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Saludos.

EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



lunes, 14 de octubre de 2013

                                                         DOCTOR RAYMOND MOODY



MI ENCUENTRO CON
EL ESPIRITISMO
TESTIMONIO
CHRISTELLE GIANNITRAPANI
LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013


Rehaciendo el camino de mi
vida, el que me ha traído hasta el
espiritismo, recuerdo mis oraciones
“al buen Dios” por la noche, en mi
cama, cuando era niña. Ponía mis
dos manos palma contra palma
en la oscuridad y le contaba mis
inquietudes, mis alegrías, mis
temores y mis esperanzas. Le
agradecía o le pedía perdón. No
tuve educación religiosa pero tenía
la sensación de ese ser superior,
necesitaba hablarle. Me encantaba
representármelo como el anciano
bueno y sabio de la “larga barba
blanca”, que veía y escuchaba todo. También me vuelvo
a ver hablando a mi abuelo fallecido.
Tuve una infancia bastante feliz pero, a los dieciséis
años todo cambió. Súbitamente aparecieron en mi
vida angustias y depresión sin que pudiera explicar
bien por qué. La incomprensión y la opinión de la
sociedad no hicieron sino incrementar en mí ese deseo
de abandonar este mundo. Avancé luchando contra
esa enfermedad, alternando períodos de grandes
dificultades y períodos de calma en los que podía ser
feliz. Era una necesidad comprender el sentido de la
vida, una necesidad comprender el Gran Todo, una
necesidad comprenderme. Siempre me di los medios
para avanzar con esa enfermedad y nunca perdí mi
esperanza en la vida, dentro de una confiada espera en
Dios. Hoy, sé que esa fuerza fue la que me salvó…
La naturaleza, los animales, la música, el baile, la risa,
los sentimientos, el amor en todas sus formas me
acompañaban todos los días para afrontar mejor ese
mundo que tanto me asustaba. Y luego la lectura, un
libro, ese pequeño objeto que puede permitir tantas
cosas, ese objeto precioso me permitía evadirme,
descubrir, comprender, consolarme, calmarme,
cuidarme, orientarme, guiarme…
Esa inteligente y coherente
alineación de palabras orquestadas
por una puntuación que da el tono:
sí, con frecuencia la lectura fue mi
mejor amiga.
LA PÉRDIDA DE SERES QUERIDOS
En mayo de 2008, perdí a mi abuela
adorada, fulminada por un cáncer.
Una gran complicidad nos unía
desde el divorcio de mis padres
cuando ella se había encargado
de mí: ella no quería luchar y
deseaba dejarse morir. Yo acepté
su decisión. Todos los días hacía el recorrido hasta el
hospital para ir a visitarla. Me sentía tan culpable por
no poder volverla a llevar a su casa. Ella sólo clamaba
por eso y eso no era posible. Una noche, tarde, cuando
me preparaba para acostarme, me vino a la mente un
libro de Raymond Moody, que ella me había dado unos
años antes, libro que yo cargaba desde hacía años,
de mudanza en mudanza, en el fondo de una caja. Ni
siquiera sabía de qué se trataba. No me pude acostar
sin haberlo encontrado: La luz del más allá. Pienso, a la
distancia, que ella realmente me guió aquel día…
Mi abuela terminó por caer en una suerte de sueño
profundo. Y allí, le hablé. Le dije de “dejarse llevar”. Le
susurré al oído que ahora podía partir tranquila, que
había sufrido bastante, que no se preocupara, que yo
me ocuparía de todo, de la familia, de su gatita, pero
sobre todo de su hija, mi tía sufría del mismo cáncer y
también estaba condenada. Desencarnó algunos días
más tarde.
Con su hijo, mi tío, cada uno le sostuvo una mano
hasta su último suspiro. Era la primera vez en mi vida
que la muerte estaba tan cerca de mí. La tocaba. Y
durante todo ese tiempo en que ella “moría”, me parecía
MI ENCUENTRO CON
EL ESPIRITISMO
TESTIMONIO
Raymond Moody
42
LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013
asistir a un parto, a un nacimiento. Esta semejanza,
esa impresión que se me ha reiterado varias veces,
me trastornó. La vida. La muerte. La vida. Era la misma
cosa… Debí haberme sentido abatida, rebasada,
aterrorizada. Jamás me hubiera creído capaz de vivir tal
cosa. Pero no, tomaba todo aquello con tanta serenidad.
Una fuerza me llevaba. Lo que pensaba desde siempre,
la supervivencia del espíritu, venía a confirmarse aquí,
en este cuarto de hospital. Mi abuela no se estaba
aniquilando, eso era innegable, indiscutible y no era
el sufrimiento de su pérdida lo que me hacía afirmar
eso. Ella estaba exactamente cambiando de estado.
Instantes como esos difícilmente pueden explicarse con
palabras. De hecho, es viviendo esa clase de eventos
como se les puede comprender. Por supuesto, durante
esos momentos penosos, llegué a derrumbarme y
llorar, pero siempre le decía de no se inquietara por esos
llantos, que sólo eran lágrimas de plenitud y, sobre todo,
de amor y esperanza. Mi tía, su hija, nos dejó cuatro
meses más tarde.
¡Gracias, señor Moody, por haberme permitido
comprender, en aquellos momentos, lo que podía
pasarles a ellas dos!
Siempre digo que la “muerte” de mi abuela me abrió
una puerta, o al menos la empujó, pues ya estaba
entreabierta. Yo no tenía más que franquear el umbral
y buscar la luz que se encontraba detrás. Busqué pues,
aquí y allá, leí muchos libros sobre espiritualidad, acepté
ciertas nociones rechacé otras en bloque, consulté
“médiums”, mi razón y mi criterio me sirvieron de radar
para forjarme una opinión y avanzar en esta búsqueda
del más allá.
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ENCUENTRO CON EL
CÍRCULO

Yo tenía la costumbre de elegir mis libros dependiendo
del feeling. Un día en Internet, fue El Libro de los Espíritus de
Allan Kardec el que captó mi vista. Entonces lo encargué.
¡Todo lo que comenzaba a leer me parecía tan increíble
que volvía sistemáticamente sobre las respuestas de los
Espíritus! ¡Leía, me detenía, reflexionaba, reanudaba la
lectura, me levantaba, hacía una pausa para el café, para
integrar mejor lo que descubría! ¡Ese pequeño libro de
cubierta avejentada, respondía exactamente a todas
las preguntas que desde siempre me había planteado!
Yo vibraba al ritmo de las páginas que repasaba y, cada
vez que debía detenerme, esperaba con impaciencia el
momento en que retomaría la lectura. ¡Estaba tranquila!
¡Por fin, encontraba lo que estaba buscando! ¡Por fin,
descubría en una sola fórmula las explicaciones que
resonaban en mí como una evidencia! Había leído
tantos libros que me dejaban aliviada. Pero allí, todo
cuadraba. ¡Lo que contenía ese libro era mi verdad y
con gusto la compartía! Aquella primera lectura había
hecho nacer tímidamente en mí el deseo de formar
parte de un grupo de investigación sobre los fenómenos
paranormales. Navegando por Internet, caí en la
página del IMI (Instituto Metapsíquico Internacional). El
rompecabezas comenzaba a tomar forma…
Algunos años más tarde, sentí un deseo de releer El
Libro de los Espíritus. Una vez más quedé emocionada y
nutrida por la profundidad de las palabras. Terminada
la lectura, recuerdo haber sido estremecida por una
pregunta. Este famoso Allan Kardec y todas estas gentes
de la época, ¿se tomaron tanto trabajo para que sus
obras y descubrimientos cayeran en el olvido? Recuerdo
claramente haberme preguntado si era posible que
hubiera en algún lugar, personas que continuaran
el trabajo que aquel señor había comenzado siglo y
medio antes.
Me veo incluso escribiendo en la barra de búsqueda de
mi ordenador “asociación Allan Kardec” me sentía casi
ridícula y, al mismo tiempo angustiada por no encontrar
nada. ¡Mi sorpresa fue grande al descubrir que existía un
círculo espírita Allan Kardec, con una filial muy cerca de
mí! En ese momento supe que había acertado.
Me tomó casi seis meses hacer contacto con el
responsable de la filial de mi región. Sabía que lo haría,
no podía ser de otra manera, pero a cada tentativa,
se apoderaba de mí una especie de temor. Presentía
que ese encuentro iba a cambiar mi vida. Contacté a
Fabienne a principios de septiembre de 2011 y nos
encontramos algunos días más tarde.
Desde mi llegada al Círculo, mi vida efectivamente
cambió. Por primera vez en mi existencia tengo la
sensación de haber encontrado sentido a mi razón
de estar en este mundo, la certeza de estar donde
debo estar, esa sensación de haber “llegado a casa”.
He encontrado un equilibrio que, estoy segura, se
acrecentará con el paso del tiempo. He aprendido,
descubierto, comprendido y compartido tantas cosas,
¡y todavía hay tanto que hacer! Hoy, y gracias a la luz del
espiritismo, tengo una fuerza cuya magnitud evalúo y
aprecio todos los días: tengo confianza, todas las noches
me duermo sabiendo que tengo una suerte increíble de
vivir este absoluto, y todos los días reflexiono sobre la
gran responsabilidad que me corresponde respecto a
la difusión de esta realidad que es la supervivencia del
espíritu.
Gracias infinitas, señor Kardec, por permitirme vivir
todo esto. Gracias a todos los espíritas de este Círculo,
encarnados y desencarnados. Gracias a los médiums,
gracias a Karine, a Michel y a Jacques sin quienes todo
esto no sería posible. Gracias a Mirès y gracias a ti,
Fabienne, por tener siempre en los ojos esta llama para
el espiritismo.

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