"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



sábado, 3 de noviembre de 2012

    LOS HERMANOS LUMIERE

INTRODUCCIÓN AL DOSSIER

LE JOURNAL SPIRITE N° 90 OCTOBRE 2012
D O S S I E R
LO PARANORMAL Y EL CINE
por
J O C E LY N E C H A R L E S

Generalmente se ubica el nacimiento
del cinematógrafo en la primera proyección
pública ofrecida por los hermanos
Lumière, el 28 de diciembre de 1895,
en el salón del Grand Café de París. Allí,
los asombrados espectadores asistían a
cortas proyecciones como La salida de
las fábricas Lumière o El regador regado.
Esta nueva invención tuvo un verdadero
impacto sobre el público que pedía
más. Había nacido la industria del cine.
Desde el comienzo del siglo XX, el cine se convirtió en
una diversión popular que adquirió sus primeros títulos
de nobleza gracias a grandes realizadores como Méliès,
Griffith o Dreyer. Es también el arte popular por excelencia,
convertido en lo que se llama el séptimo arte.
Diferentes géneros son llevados a la gran pantalla,
como por ejemplo, películas de aventuras, de ficción,
novelas, comedias, tragedias, películas de ciencia
ficción, dentro de una creatividad que imprime sobre
la película el transitar de la vida humana, tanto desde
un punto de vista histórico como contemporáneo,
pero igualmente sus sueños, sus quimeras, sus miedos
y sus angustias. Es así como en el cine son explotados
diversos temas: la ciencia ficción, los extraterrestres,
la mediumnidad, la clarividencia y todo lo que toca
lo paranormal, temas que son objeto del Dossier de la
presente revista.
Primero fueron los fantasmas de comedia con Buster
Keaton en 1925 en Malec en casa de los fantasmas,
hasta El espíritu se divierte de David Lean en 1944.
Los años ‘80 y ‘90 conocen un retorno importante de
las historias de fantasmas con, por ejemplo, Ghost que
marca la vuelta de la novela fantástica que se beneficia
de los progresos de los efectos especiales.
Con La casa encantada o Amytiville, los fantasmas aglutinan
el género de la película de horror. Lo sobrenatural
tiene un impacto sobre el público que, ávido de sensaciones
fuertes, le encanta ver este tipo de producciones
porque abren una puerta sobre lo desconocido.
Películas como El exorcista, Carrie, Amityville, Poltergeist
y muchas otras, mantienen al espectador en suspenso
por la angustia y el escalofrío que saben crear. La eterna
dualidad entre el bien y el mal, tratada
por la posesión del diablo o de un espíritu
mal intencionado como en Shining,
no aporta ninguna respuesta coherente
sobre una realidad de la manifestación
de espíritus llamados malos, exageradamente
puestos en escena para aportar
el estremecimiento necesario a un
público que busca sensaciones fuertes.
Estas películas, que presentan fenómenos
potencialmente reales, sólo
traen confusión y angustia a un público que al final
se pregunta si todo eso puede existir. Muy lejos de
incitar a los espectadores a interrogarse sobre el tema,
provocan miedo, rechazo, incluso hasta la impresión
de ridiculez ante ciertas escenas groseramente caricaturizadas.
Esas producciones tienen un objetivo muy preciso:
ganar audiencia provocando emociones fuertes, pero
no aportan ningún mensaje, ninguna reflexión sobre
una eventual supervivencia del alma después de la
muerte. Desde hace algunos años han salido a la luz
otras películas y han mostrado un aspecto diferente,
susceptible de transmitir un mensaje que nosotros
calificaríamos de espírita. Es por estas películas que nos
interesaremos en este Dossier. Esta información espírita
se ubica en dos planos, el de las facultades que pueden
presentar algunos de los personajes y el del estado
espiritual de estos otros actores, invisibles, que son los
muertos, que sirven de base a los diversos escenarios.

jueves, 1 de noviembre de 2012


LE JOURNAL SPIRITE N° 90 OCTOBRE 2012
por
J E A N - LO U I S P E T I T
PERSONNAGE
PADRE PÍO,
UN MÉDIUM EN LA IGLESIA

“El peor insulto que podría hacerse a Dios, es dudar de él”,
decía el Padre Pío, ejemplo viviente de la solicitud de
Dios con respecto a los hombres en pleno siglo XX, época
de conflictos mundiales y de materialismo exacerbado.
¿Hemos comprendido bien lo que él representó? Una
inmensa multitud se alegró por la canonización del
sacerdote estigmatizado. Después, el mundo continuó
su alocada carrera como si nada hubiera pasado.
Describamos lo que se dice que es un “milagro viviente”,
la vida del Padre Pío, médium en la Iglesia católica
romana que seguramente hubiera podido sacar mejor
provecho de su extraordinario destino. ¿Milagro? No, los
espíritas no creen en milagros sino en misiones, es decir
la elección de vida aceptada antes de la reencarnación.
La existencia del Padre Pío está enteramente dedicada al
servicio de Dios, por tanto al de los hombres. Conocerá
un verdadero martirio que recibirá de su propia jerarquía
en la Iglesia. Es ahora, con toda libertad desde el más allá
que el Padre Pío de Pietrelcina confirma su verdadera
naturaleza mediúmnica, al servicio de Dios, de Cristo y
de los hombres a los que ama y tanto ayuda siempre.
UNA VIDA SENCILLA AL SERVICIO DE DIOS
Francesco Forgione nació el 25 de mayo de 1887, de
padres de gran pobreza en Pietrelcina, no lejos de
Nápoles. Fue el cuarto de una hermandad de ocho hijos.
El padre emigrará dos veces, para completar la carencia
de recursos. El pequeño Francesco será atraído cada
vez más por la oración y la meditación. Se le confían
las ovejas en el día; y en la tarde se le envía a instruirse
en un curso particular muy costoso, a falta de escuela.
Desde los cinco años tiene visiones: puede ver a su
ángel guardián, la Virgen, luego al Cristo y muchos otros
espíritus que le seguirán asistiendo durante toda su
vida. Rápidamente se da cuenta de que los demás no
comparten esa facultad de ver a los espíritus. Desarrolla
entonces una vida interior cada vez más rica e intensa.
Comparte una devoción muy particular por San
Francisco de Asís con su madre, que le dio el nombre
de Francisco. Se dedicará a una verdadera vocación:
volverse un discípulo del Cristo entre los franciscanos,
atraído por una vida de pobreza dedicada a la salvación
de los pecadores. Después de los estudios pagados
por su familia, a quien estará siempre agradecido por
el sacrificio hecho para ayudar a su vocación, Francisco
recibió el noviciado en 1902 y pronunció luego sus
votos definitivos de monje en 1904, a los diecinueve
años, convirtiéndose en el Hermano Pío de Pietralcina,
en referencia al Papa mártir san Pío I.
Su vida, en la orden franciscana, no será sin embargo
un largo río tranquilo: si bien es un novicio muy dócil,
sufre las privaciones sin quejarse nunca. Su estado se
vuelve francamente enfermizo, necesitando numerosos
cambios de lugar para darle el aire más saludable
posible. Como último recurso, sus superiores lo envían
en convalecencia con su familia, a Pietrelcina donde
prosigue sus estudios de sacerdote, en relación con su
rector espiritual. Durante cerca de diez años, alterna
regresos al convento donde su estado empeora, y
repliegues en convalecencia a Pietrelcina. Recibe el
sacerdocio con un año de adelanto, a petición suya,
el 10 de agosto de 1910 porque se teme que muera
pronto; tiene veintitrés años. Se comunica rápidamente
con los fieles cada vez más numerosos atraídos por su
devoción y carisma. Cuando es llamado a la milicia, el
hospital militar diagnostica una fuerte tuberculosis mal
curada. Termina por ser declarado no apto en 1917,
después de terribles episodios de enfermedad. Se le
propone entonces una nueva prueba de vida monástica
en San Giovanni Rotondo, a fines de 1917. No saldrá
más de allí. Curiosamente, la tuberculosis desaparece.
No obstante, el sabio Hermano Pío no es un vecino de
celda recomendable; varios monjes pedirán evitarlo.
En efecto, todas las noches el Hermano Pío debe
batirse con lo que él llama el diablo, es decir el mal, al
cual parece entregado como víctima expiatoria. Este
combate durará toda su vida. Lejos de tener algo contra
Dios, comprende que es de alguna forma su campeón
en una lucha continua. Humilde entre los humildes,
a veces le ocurre que se desanima, se considera como
un ser demasiado despreciable. Felizmente, Dios vela
y regularmente le envía visiones y consuelos: Jesús,
María, santos conocidos y ángeles lo consuelan y le dan
visiones proféticas. El Padre Pío se ofrecerá a sí mismo
para ayudar al Cristo a llevar el peso del sufrimiento
humano.
PADRE PÍO, TESTIGO VIVIENTE DEL CRISTO
ENTRE LOS HOMBRES

Su ardor es excepcional cuando dice la misa; con él, ella
vuelve a ser una ceremonia sagrada. El escritor cristiano,
Jean Guitton, se expresa así “No se asiste como simple
espectador, es imposible… Por mi parte, puedo decir que en
San Giovanni Rotondo, he descubierto en el santo sacrificio
de la Misa (del Padre Pío), abismos de amor y de luz”.
Aparece pronto como un confidente y un clarividente
excepcional. Sus superiores le confían muy pronto una
misión de enseñanza y dirección de conciencia, la cual
cumple siempre con alegría como guía de los novicios,
luego como responsable de enseñanza en el colegio
de su convento. Acepta igualmente ser rector espiritual
de numerosos feligreses y feligresas que a veces le son
confiados por sus visiones. Giovanna Rizzani Boschi,
futura monja, le será confiada por María. Él es de buen
consejo aunque un poco tosco; su disciplina es ruda y
austera, pero terriblemente eficaz. Además parece leer
en los corazones. Como Jesús, tiene numerosísimos
fieles y algunos parientes que casi se podrían calificar de
apóstoles. Se convierte en un confesor muy apreciado
que en adelante pasará de diez a doce horas diarias
en el confesionario, para ayudar a sus fieles. Excelente
telépata, sabe lo que debe oír, y llama al orden por el
pecado grande olvidado. Serán numerosos los que
sucumban al carisma excepcional de este confesor
sin igual, que los volverá a llevar al camino de la fe.
Comprende igualmente lo que se le dice como lo que se
calla en todas las lenguas: los representantes de todas
las naciones que pasaron por su confesionario dan
testimonio de la mutua comprensión que les permitió
confesarse con El Padre.
Los testigos evocan también un curioso don de
bilocación. Después de la derrota de Caporetto, el
general en jefe del ejército italiano, el general Cadorna,
al borde del suicidio, lo vio aparecer delante de él; el
sacerdote lo disuadió de matarse. En la historia del
Padre aparece una buena veintena de casos de este
género, todos formalmente certificados. Durante todos
estos episodios, el Padre Pío jamás abandonó, al menos
físicamente, la clausura de su convento. Como si estos
dones, ya excepcionales, no bastaran, en noviembre
de 1918 recibió finalmente los estigmas, es decir las
profundas heridas de la Pasión del Cristo. Temía morir
exangüe. Trató primero, con la ayuda de su comunidad,
de curar y disimular las llagas. Debió soportarlas
cincuenta años, con pérdidas regulares de sangre que
normalmente deberían haberlo matado más de una
vez. A pesar de la ley del silencio, los feligreses pronto
observaron los desangramientos, luego el uso de
mitones cambiados regularmente. “El Padre Pío tiene
los estigmas; el Padre Pío es un santo”, cuchicheaban los
fieles. Multitudes cada vez más numerosas llegaban al
convento. Era una ola humana que se abalanzaba sobre
la iglesia todas las mañanas. Se tomaron medidas: uno
se inscribía en un registro de llegada, y recibía un boleto
para beneficiarse de una confesión con el Padre Pío,
¡después de tres o cuatro días de espera! Todas las tardes,
al poniente, una inmensa muchedumbre esperaba aún
su bendición que él daba desde la ventana de su celda.
Se descubrió que el Padre tenía también el poder de
curar, como Jesús. Curó a una ciega y a un paralítico, así
como a la secretaria del futuro Juan Pablo II, víctima de
un cáncer generalizado, y a muchos otros más. El Padre
percibe esa espera y esa oración sincera que suben
hasta él. Responde cada vez que puede, a menudo por
bilocación. Desde 1920 la prensa internacional obliga a
la Iglesia a reaccionar. Los artículos son de dos órdenes:
una parte clama contra el milagro, la otra denuncia una
estafa organizada por la Iglesia. Indulgente al principio,
el Vaticano organizaría luego una verdadera cacería a la
devoción.
LA IGLESIA ORGANIZA DOS OLEADAS
DE PERSECUCIÓN AL PADRE

Se entregará el Padre a múltiples evaluaciones médicas
y a numerosas investigaciones: ¿es este realmente
un ejemplo de santidad o un mistificador capaz de
explotar la credulidad pública? En 1919, un ilustre
profesor concluirá en la impostura y la automutilación.
La reacción oficial del Vaticano es brutal. Marcará
su desaprobación respecto al culto del Padre Pío, y
estimará que no hay allí ningún fenómeno sobrenatural:
al Padre se le prohibirá el confesionario, misas públicas
y acceso a las multitudes. Hasta se pensó en cambiarlo
a la fuerza de convento. Muy felizmente, el Padre
Pío conservaría el apoyo de las multitudes. Todos los
intentos por cambiarlo de convento fueron descubiertos
por los fieles que estaban en guardia y amenazaron
con linchar a los enviados de Roma. Poco a poco, el
Padre reencontraría a los suyos. No obstante, fueron
necesarios cuatro años de cabildeos de sus allegados
en la Santa Sede, amenazado varias veces con un libro
blanco público, y varias investigaciones ordenadas por
el propio Papa. Otro profesor se declaró impresionado
por un fenómeno místico: el olor a santidad, lila, violeta,
magnolias, etc., que emanaba de las heridas llamadas
estigmas. Es imposible, diría, que esas heridas hayan
sido auto-infligidas: hubieran acarreado podredumbre
y gangrena o necrosis. Un tercer peritaje concluiría en
un origen sobrenatural. Sería necesario esperar hasta
que el Papa Pío XI se interesara en el expediente y librara
al Padre de toda sospecha en 1931.
La segunda conspiración seguiría a la Liberación de
1945. El gran proyecto del Padre, era una casa de refugio
y cuidados para pobres y personas sufrientes: la “Casa
sollievo della Sofferenza”, casa de alivio del sufrimiento
que lanzaría con un grupo de amigos que se reunían
desde enero de 1940. Los gigantescos trabajos, en plena
montaña, se retomaron después de las hostilidades. El
hospital, inaugurado en 1956, se convirtió en uno de
los hospitales más modernos de Italia. Pero en 1958,
la Iglesia debió reembolsar a los fieles que arrastró con
ella a una colosal quiebra fraudulenta. La orden de los
franciscanos y el obispo local se arruinaron y trataron
de echar mano a los donativos enviados al Padre Pío
que se negó a sacrificar su hospital. En la prensa se
habló del capuchino más rico al mundo; se burlaron
del maridaje entre idolatría e intereses económicos.
Se aprovechó para imponer al Padre un régimen de
aislamiento como un prisionero y de nuevo se hicieron
esfuerzos para alejar a la multitud. Se hará salir a todos
sus allegados. Como la primera vez será sostenido por
la multitud de peregrinos que harán todo para liberarlo.
Amenazaron con llevar el caso ante la Asamblea General
de la ONU, como violación de los derechos humanos. El
asunto se tornó demasiado grave: el nuevo provincial
de los capuchinos se encargaría de regularlo. Alejó
inmediatamente a los guardianes y levantó todas las
restricciones. Paulo VI otorgó su protección personal
al Padre que finalmente se reencontró con la multitud
de sus fieles, siendo limpiado de toda sospecha en
1964, pero quedó lastimado en forma
duradera. El hospital se convirtió en
uno de los más reputados de Italia. El
Padre siguió entregado a la multitud
de fieles hasta la víspera de su muerte.
Vería entre 50.000 y 65.000 personas
por año en el confesionario y sucumbió,
completamente agotado, el 23 de
septiembre de 1968. Inexplicablemente,
los estigmas se borraron la víspera de
su muerte. ¡Al día siguiente ya no serían
visibles en los despojos mortales! Desde
entonces el monasterio sigue siendo un
lugar de fervientes peregrinaciones.
EL ESPÍRITU DEL PADRE
SE MANIFIESTA

Desde su más allá, se expresó por medio de la
comunicación espírita, diciendo del espiritismo: “Es la
más hermosa de las verdades reveladas a los hombres,
pues, en esta revelación, la muerte finalmente es vencida”.
Confirmaría que como confesor, disponía de numerosas
facultades: “Esta clarividencia y esta telepatía me revelaron
la verdadera naturaleza de los individuos”. Confirmó
también su mediumnidad: “El espíritu Padre Pío que ha
sufrido, encerrado en su celda, el espíritu Padre Pío que
ha sufrido por su mediumnidad viene a decirles que Dios
permite la mediumnidad, que Dios permite la clarividencia,
que Dios permite la telepatía, que Dios permite que todo el
poder contenido en un espíritu pueda manifestarse en su
cuerpo”. Habló también de sus estigmas que inicialmente
no estaban previstos en su vida: “Fui estigmatizado por
mi adoración al Cristo”. El Padre Pío, médium, como otros
antes y después de él, atrajo a los espíritus del más allá, a
los del bien, pero también a los del mal que siempre han
tratado de perjudicar.
SUS PALABRAS SOBRE LA IGLESIA
En un mensaje confía: “El espíritu Padre Pío dice que esta
Iglesia se equivoca de camino… Iglesia, es tiempo de
reconocer tus errores, tus mentiras, tus infamias… Iglesia,
puedes reunirnos si destruyes tus muros, si destruyes tus
instituciones, si destruyes tu estúpida jerarquía… Iglesia,
te has aprovechado de Jesús para retomar su mensaje a
tu modo. Allí hay culpabilidad, allí hay usurpación… Por
cierto, Jesús sufre por eso…” Una sola cosa encuentra
gracia a sus ojos: la fe real y la capacidad
de amor de los fieles reunidos por
ella en nombre de Jesús. Es necesario
privilegiar ese amor, fundamento de
la enseñanza del Cristo, “aceptando
el espiritismo que es una realidad
natural”. Recuerda regularmente las
deformaciones del mensaje cristiano
así como los contrasentidos. El Padre no
pierde ocasión de denunciar el Credo
fabricado por los hombres, construcción
mentirosa. No, Jesús no es Dios, es sólo
uno de los profetas; Dios sigue siendo su
Padre, como es Padre de todos nosotros.
EL PADRE Y LA JUSTICIA
Cada causa humana encuentra en
él un ardiente defensor: pobreza,
desigualdad, racismo, maldad de los
hombres, hipocresía. Está, en el más
allá, en todos los combates por una
humanidad nueva y digna. Denuncia la
fractura del mundo entre un Norte rico
y egoísta y los países del Sur, explotados
y hambrientos. Alienta todas las
acciones por la paz, todas las oraciones
desinteresadas, todos los pensamientos de amor puro.
Cuando vivía, el Padre lanzó numerosísimos grupos de
oraciones, cerca de ochocientos, de los cuales muchos
aún subsisten. Los desórdenes actuales del planeta no
se le han escapado: “Sus sistemas se deterioran y arrojan
al abismo numerosas vidas. Ustedes pierden el sentido de
los valores más elementales. Es la perdición que autoriza lo
más absurdo, lo más abyecto”, declara en un mensaje en
diciembre de 2011. Por supuesto, no quiere agobiar, sino
alentar el impulso benéfico. Es también un protector
contra el poder del mal que sufrió toda su vida. Muchas
veces vendrá al Círculo Allan Kardec para solicitar que
éste efectúe liberaciones de espíritus endurecidos. Será
siempre el protector de los hombres, siendo blanco de
los ataques del mal y permanecerá siempre accesible a
nuestras oraciones sinceras.
CONCLUSIÓN
Extraordinario destino el de este hombre, proveniente
de una condición particularmente modesta, para
volverse el auténtico representante del Cristo al que
tanto ha amado. Después de haberlo desconocido y
casi ajusticiado en vida, los hombres han reconocido el
carácter excepcional de su vida, otorgándole por ello
la santidad. Poco se preocupa el más allá por nuestros
títulos rimbombantes. Por el contrario, lo toma a menudo
como su mensajero. Él es siempre un excepcional guía
espiritual. Si bien en su vida terrenal siguió fielmente el
camino de la Iglesia, a pesar de cinco condenas oficiales
del Vaticano, es desde ahora uno de los apóstoles del
espiritismo en el más allá. “Este es el
camino, el camino de la verdad”, nos dice,
“pues el que se atreve a atacar a la muerte,
el que se atreve a desafiar a la muerte,
sigue el camino de Jesús y el de Moisés,
pues cuando este (se refiere a Allan
Kardec), habla de resurrecciones no habla
del triunfo de la materia sino del triunfo
del espíritu”. El Padre Pío no abandona a
esta humanidad por la que tanto sufrió.

miércoles, 31 de octubre de 2012




                                                      CORONEL ALBERT DE ROCHAS



LA REENCARNACIÓN
CUESTIONADA
por
J A C Q U E S P E C C AT T E
E D I TO R I A L
LE JOURNAL SPIRITE N° 90 OCTOBRE 2012



Mientras que el espiritismo siempre ha avanzado en
conceptos que se han afinado con el paso del tiempo,
en los medios espiritualistas y parapsicológicos se ven
aparecer nuevos retrasos. Muchos estudios paralelos
han contribuido a afirmar las nociones espíritas: son
las investigaciones sobre las NDE, que aportan una
demostración suplementaria de la supervivencia del
espíritu después de la muerte; son los recuerdos de
episodios anteriores en niños pequeños, puestos en
evidencia por Ian Stevenson y hoy por sus sucesores;
son igualmente las regresiones bajo hipnosis que
hacen reaparecer recuerdos anteriores, lo que fue realizado
especialmente por Albert de Rochas a comienzos
del siglo XX, y más tarde por los psiquiatras ingleses
Denys Kelsey y Joan Grant, y por Morey Bernstein con
su célebre caso Bridey Murphy. Todas estas investigaciones
que tuvieron sus resultados, vienen a apoyar los
principios espíritas divulgados por los propios espíritus
en tiempos de Allan Kardec y luego reiterados hasta
hoy en la continuidad de la experiencia espírita. Consideramos
que cuando esta experiencia, es manejada
con seriedad dentro del respeto a las reglas del buen
desarrollo mediúmnico, puede bastarse a sí misma para
su propia demostración. Pero, cuando otras investigaciones
vienen a consolidar y confirmar las realidades
puestas en evidencia por el espiritismo, no nos vamos
a quejar por ello…
Sin embargo todo eso no es suficiente a los ojos de
algunas personas que, estudiando lo paranormal,
llegan a conclusiones diversas y contradictorias. Por
supuesto, ha habido conclusiones de ciertos metapsiquistas
o parapsicólogos que han puesto en duda la
manifestación de los espíritus a través de los médiums,
pensando que probablemente se trataba de la expresión
de su propio subconsciente. Y siempre les hemos
respondido que la manifestación subconsciente es una
realidad a ser tomada en cuenta, especialmente en los
médiums principiantes y en las personas que realmente
no tienen potencial mediúmnico. Es allí donde hay que
volver a los principios básicos, a saber, que no todo el
mundo es médium y que para los que lo son, hace falta
el tiempo necesario para el desarrollo de una capacidad
potencial que requiere afinarse por medio de ejercicios
regulares en presencia de personas avisadas y competentes,
capaces de distinguir la manifestación subconsciente
de la de un espíritu desencarnado.
Cuando se quiere volver sobre las experiencias espíritas
para ponerlas en tela de juicio, sería útil entonces tener
una buena información, es decir haberlas estudiado
bien, en detalle, a fin de juzgarlas con todo conocimiento
de causa, antes de aventurarse con otras teorías
que con frecuencia resultan de suposiciones o prejuicios
personales que sólo conducen a callejones sin
salida.
La reencarnación cuestionada
Más recientemente, en cierto medio de investigación,
se ha vuelto a poner en tela de juicio el principio de
la reencarnación. Se puede suponer que la influencia
del Padre François Brune participó en este cuestionamiento,
por el hecho de que en su calidad de eclesiástico,
ciertamente le sería difícil considerar la hipótesis
de las vidas sucesivas lo cual representaría una revolución
inadmisible para la institución romana. El Vaticano
ha querido dar un paso, desde luego importante, con
el Padre Concetti del Osservatore Romano, admitiendo
oficialmente la posibilidad de la manifestación de los
espíritus; pero en lo referente a la reencarnación el
golpe sería más duro y pondría en peligro los principios
mismos del catolicismo.
En el mismo orden de cosas, hemos podido comprobar
recientemente que el doctor Jean-Jacques Charbonnier,
especialista en NDE, vuelve a poner en tela de
juicio el principio de reencarnación, a partir de diferentes
reflexiones personales que afirman, por ejemplo,
que los recuerdos de niños (los casos de Stevenson) no
serían sino percepciones de espíritus desencarnados
que los sujetos se apropiarían como parte de su propia
memoria anterior. Esta opción, por respetable que
sea, amerita que se discuta su argumentación. Nos
parece más simple considerar los hechos tal y como
son: niños que se acuerdan de su personalidad anterior,
dan pruebas precisas de identidad y encuentran
con emoción a su familia anterior como Ian Stevenson
pudo comprobar provocando los encuentros. ¿Cómo
y por qué un niño tomaría entonces la personalidad
de un espíritu con el que estuviera en contacto, apropiándose
de esa personalidad extraña para hacerla
suya? Sin contar las marcas de nacimiento que corresponden
a la ubicación de heridas mortales de la última
vida, es muy difícil entonces renunciar al razonamiento
más simple que consiste en decir con Stevenson: “son
casos que sugieren la reencarnación”. Y si a ello se
agregan las regresiones bajo hipnosis donde el sujeto
habla en su propio nombre, en primera persona, que
revive a menudo un pasado que lo perturba, y cuyas
declaraciones a veces han sido confirmadas a partir de
investigaciones en los lugares y el estado civil, ¿cómo
imaginar entonces que habría una suerte de ósmosis
entre un espíritu desencarnado y un humano en experiencia
de regresión, al punto de que éste absorbería
una personalidad que no es la suya?
Todo esto contradice la experiencia espírita tal y como
siempre se ha realizado: el espíritu que se manifiesta se
disocia de su médium, habla en su nombre y las dos
personalidades no se confunden. Se han visto igualmente
médiums bajo hipnosis inducidos a regresión
de vida pasada, y allí, ya no es más un espíritu el que
se expresa con toda independencia a través de su
mediumnidad, sino el médium mismo que se acuerda
de su propio pasado, que revive en nombre propio sin
que haya la menor ambigüedad.
Hay pues con frecuencia, ciertas lagunas en el conocimiento
de los temas abordados, es preciso haber
estudiado bien el contacto espírita junto a buenos
médiums, es preciso haber analizado bien los casos
de niños que rememoran, es preciso conocer bien la
hipnosis. Y cuando se reúnen todas las buenas condiciones
de estudio y análisis, no es cuestión entonces de
hacer valer las impresiones personales, sino de tratar de
delimitar las realidades objetivas, aun cuando deban
chocar con nuestras convicciones preconcebidas.
Lo que es… lo que uno quisiera que fuera…
En espiritismo siempre ha existido ese problema: hay
aquello que se comprueba, lo que es, y que puede estar
en contradicción con lo que uno quisiera que fuera.
No es así como puede avanzar la investigación. Hay
personas a quienes cuadra el espiritismo, y también
hay personas que no soportan la idea de la reencarnación.
Cuando se busca una verdad, es indispensable
deshacerse de toda apreciación personal; no se trata de
saber si uno está de acuerdo o en desacuerdo con tal o
cual principio; se trata de estudiar y poner en evidencia
los principios aunque puedan llevarnos la contraria. Si
no, uno siempre puede volver a las antiguas creencias:
algunos permanecerán más o menos fieles a su religión
de origen, otros irán a buscar en ciertas concepciones
esotéricas lo que pueda satisfacerlos y otros más harán
una sesuda mezcla de diversas concepciones religiosas,
reinventando los ángeles y los demonios al estilo
Nueva Era. Pero no es así como se avanza hacia una
verdad común a todos y, quiérase o no, no hay sino una
sola verdad universal que buscar y descubrir. Al menos
sería necesario ponerse de acuerdo sobre este punto:
forzosamente la verdad es única y no depende de las
diversas opiniones de cada uno.
Desde el advenimiento del espiritismo con Allan Kardec,
nadie ha buscado especialmente darse gusto y hacer
coincidir los principios con opiniones individuales. Se
trataba de un descubrimiento sobre el cual había que
trabajar; Allan Kardec fue el iniciador de esto y por su
rigor llegó a precisar un cierto número de principios,
definiendo además los criterios de mediumnidad que
hoy son olvidados con frecuencia, incluso por algunos
de sus discípulos. Es evidente que contentándose con
mediumnidades inciertas, mal desarrolladas y mal
acompañadas, se encontrarán flagrantes contradicciones
entre los mensajes de unos y otros, pues estos
mensajes serán sólo el reflejo de sus propias convicciones.
Hay lugar para distinguir bien las cosas. Por una parte,
el espiritismo se ha perpetuado a partir de un conjunto
de trabajos en diferentes épocas y en varios países con
cierta concordancia en los mensajes recibidos. Así pues,
los espíritas, en la continuidad de Allan Kardec, se han
puesto de acuerdo en las nociones fundamentales
promulgadas por los Espíritus como son la existencia
de una fuerza divina, el principio de la evolución por
la reencarnación y la pluralidad de los mundos habitados,
sometidos, ellos también, a la ley universal de
la reencarnación. Por otra parte, surgen formas de
pensamiento procedentes de tal o cual persona que
se había ocupado de lo paranormal, y que hace valer
puntos de vista personales que no están apuntalados
por verdaderas experiencias mediúmnicas. Entonces
uno se encuentra obligado a hacer la distinción entre
dos modos de abordar las cosas: o se apoya en una
experiencia más que centenaria, o se encierra detrás
de convicciones personales preestablecidas que, por
añadidura, son diferentes para cada uno.
Allí está todo el fondo del problema… Se habla de
un campo donde las palabras de los Espíritus pueden
iluminarnos sobre los principios universales, es necesario
todavía que ellos puedan dispensar sus mensajes
de manera auténtica, gracias a buenos instrumentos
que son los buenos médiums, cuyo desarrollo haya sido
correctamente asegurado. Es a partir de esto que se
puede extraer un cierto número de verdades, como en
su tiempo lo hiciera Allan Kardec, verdades de hoy que
se unen sensiblemente a lo que él descubrió.
Una de dos, o uno se refiere a las informaciones dadas
por los propios Espíritus, mejor ubicados que nosotros
para definir principios metafísicos, o no confía sino en
nuestras opiniones humanas para definir el más allá. En
el segundo caso, se hace abstracción de aquellos de los
que se habla, los Espíritus, considerando que el humano
estaría en mejores condiciones para definir el otro
mundo y los principios universales. Es la paradoja de los
seres humanos que no quieren perder sus prerrogativas
y que tienen demasiado miedo a ser perturbados en sus
íntimas convicciones.
Se ha visto con los parapsicólogos, se ve todavía con
la gente que intenta el contacto espírita, y que a falta
de buenos médiums experimentados, no obtiene
mensajes consistentes y regresa a sus propios juicios.
Es preciso entonces volver a las buenas definiciones
de la mediumnidad tal y como fueron dadas por Allan
Kardec para diferenciar un espíritu iluminado de un
espíritu en turbación, que puede confundir los indicios
contando toda clase de tonterías sobre un más allá que
desconoce. Hay que inspirarse, pues, en Gabriel Delanne,
Gustave Geley y otros precursores que supieron poner
en evidencia la posible influencia del subconsciente en
un fenómeno aparentemente mediúmnico. Y si ahora
se sabe que esta influencia es mucho más importante
de lo que hubiera podido creerse en otros tiempos, se
sabe igualmente por la experiencia, que esta influencia
está muy extendida entre los médiums principiantes
que, si no son correctamente asistidos, terminan por
convertirse en médiums sólo de sus propios pensamientos.
Todo el progreso histórico del espiritismo
nos ha conducido a estas comprobaciones. Así se ha
afinado el conocimiento de la mediumnidad en sus
sutilezas. ¿Será necesario entonces ocultarlo para volver
a empezar todo de cero y, en el mejor de los casos a
largo plazo, volver a descubrir todo lo que ya se sabía
del contacto con el más allá?
Estamos en un proceso histórico evolutivo de una
ciencia y una filosofía cuyas nociones se afinan con el
paso del tiempo, sin que por eso los grandes principios
hayan tenido que sufrir un cuestionamiento en el fondo.
Es pues en esta dirección y teniendo en cuenta las experiencias
del pasado, que será más justo emprender o
continuar las investigaciones a partir de lo que ya se
sabe…