"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 31 de octubre de 2012




                                                      CORONEL ALBERT DE ROCHAS



LA REENCARNACIÓN
CUESTIONADA
por
J A C Q U E S P E C C AT T E
E D I TO R I A L
LE JOURNAL SPIRITE N° 90 OCTOBRE 2012



Mientras que el espiritismo siempre ha avanzado en
conceptos que se han afinado con el paso del tiempo,
en los medios espiritualistas y parapsicológicos se ven
aparecer nuevos retrasos. Muchos estudios paralelos
han contribuido a afirmar las nociones espíritas: son
las investigaciones sobre las NDE, que aportan una
demostración suplementaria de la supervivencia del
espíritu después de la muerte; son los recuerdos de
episodios anteriores en niños pequeños, puestos en
evidencia por Ian Stevenson y hoy por sus sucesores;
son igualmente las regresiones bajo hipnosis que
hacen reaparecer recuerdos anteriores, lo que fue realizado
especialmente por Albert de Rochas a comienzos
del siglo XX, y más tarde por los psiquiatras ingleses
Denys Kelsey y Joan Grant, y por Morey Bernstein con
su célebre caso Bridey Murphy. Todas estas investigaciones
que tuvieron sus resultados, vienen a apoyar los
principios espíritas divulgados por los propios espíritus
en tiempos de Allan Kardec y luego reiterados hasta
hoy en la continuidad de la experiencia espírita. Consideramos
que cuando esta experiencia, es manejada
con seriedad dentro del respeto a las reglas del buen
desarrollo mediúmnico, puede bastarse a sí misma para
su propia demostración. Pero, cuando otras investigaciones
vienen a consolidar y confirmar las realidades
puestas en evidencia por el espiritismo, no nos vamos
a quejar por ello…
Sin embargo todo eso no es suficiente a los ojos de
algunas personas que, estudiando lo paranormal,
llegan a conclusiones diversas y contradictorias. Por
supuesto, ha habido conclusiones de ciertos metapsiquistas
o parapsicólogos que han puesto en duda la
manifestación de los espíritus a través de los médiums,
pensando que probablemente se trataba de la expresión
de su propio subconsciente. Y siempre les hemos
respondido que la manifestación subconsciente es una
realidad a ser tomada en cuenta, especialmente en los
médiums principiantes y en las personas que realmente
no tienen potencial mediúmnico. Es allí donde hay que
volver a los principios básicos, a saber, que no todo el
mundo es médium y que para los que lo son, hace falta
el tiempo necesario para el desarrollo de una capacidad
potencial que requiere afinarse por medio de ejercicios
regulares en presencia de personas avisadas y competentes,
capaces de distinguir la manifestación subconsciente
de la de un espíritu desencarnado.
Cuando se quiere volver sobre las experiencias espíritas
para ponerlas en tela de juicio, sería útil entonces tener
una buena información, es decir haberlas estudiado
bien, en detalle, a fin de juzgarlas con todo conocimiento
de causa, antes de aventurarse con otras teorías
que con frecuencia resultan de suposiciones o prejuicios
personales que sólo conducen a callejones sin
salida.
La reencarnación cuestionada
Más recientemente, en cierto medio de investigación,
se ha vuelto a poner en tela de juicio el principio de
la reencarnación. Se puede suponer que la influencia
del Padre François Brune participó en este cuestionamiento,
por el hecho de que en su calidad de eclesiástico,
ciertamente le sería difícil considerar la hipótesis
de las vidas sucesivas lo cual representaría una revolución
inadmisible para la institución romana. El Vaticano
ha querido dar un paso, desde luego importante, con
el Padre Concetti del Osservatore Romano, admitiendo
oficialmente la posibilidad de la manifestación de los
espíritus; pero en lo referente a la reencarnación el
golpe sería más duro y pondría en peligro los principios
mismos del catolicismo.
En el mismo orden de cosas, hemos podido comprobar
recientemente que el doctor Jean-Jacques Charbonnier,
especialista en NDE, vuelve a poner en tela de
juicio el principio de reencarnación, a partir de diferentes
reflexiones personales que afirman, por ejemplo,
que los recuerdos de niños (los casos de Stevenson) no
serían sino percepciones de espíritus desencarnados
que los sujetos se apropiarían como parte de su propia
memoria anterior. Esta opción, por respetable que
sea, amerita que se discuta su argumentación. Nos
parece más simple considerar los hechos tal y como
son: niños que se acuerdan de su personalidad anterior,
dan pruebas precisas de identidad y encuentran
con emoción a su familia anterior como Ian Stevenson
pudo comprobar provocando los encuentros. ¿Cómo
y por qué un niño tomaría entonces la personalidad
de un espíritu con el que estuviera en contacto, apropiándose
de esa personalidad extraña para hacerla
suya? Sin contar las marcas de nacimiento que corresponden
a la ubicación de heridas mortales de la última
vida, es muy difícil entonces renunciar al razonamiento
más simple que consiste en decir con Stevenson: “son
casos que sugieren la reencarnación”. Y si a ello se
agregan las regresiones bajo hipnosis donde el sujeto
habla en su propio nombre, en primera persona, que
revive a menudo un pasado que lo perturba, y cuyas
declaraciones a veces han sido confirmadas a partir de
investigaciones en los lugares y el estado civil, ¿cómo
imaginar entonces que habría una suerte de ósmosis
entre un espíritu desencarnado y un humano en experiencia
de regresión, al punto de que éste absorbería
una personalidad que no es la suya?
Todo esto contradice la experiencia espírita tal y como
siempre se ha realizado: el espíritu que se manifiesta se
disocia de su médium, habla en su nombre y las dos
personalidades no se confunden. Se han visto igualmente
médiums bajo hipnosis inducidos a regresión
de vida pasada, y allí, ya no es más un espíritu el que
se expresa con toda independencia a través de su
mediumnidad, sino el médium mismo que se acuerda
de su propio pasado, que revive en nombre propio sin
que haya la menor ambigüedad.
Hay pues con frecuencia, ciertas lagunas en el conocimiento
de los temas abordados, es preciso haber
estudiado bien el contacto espírita junto a buenos
médiums, es preciso haber analizado bien los casos
de niños que rememoran, es preciso conocer bien la
hipnosis. Y cuando se reúnen todas las buenas condiciones
de estudio y análisis, no es cuestión entonces de
hacer valer las impresiones personales, sino de tratar de
delimitar las realidades objetivas, aun cuando deban
chocar con nuestras convicciones preconcebidas.
Lo que es… lo que uno quisiera que fuera…
En espiritismo siempre ha existido ese problema: hay
aquello que se comprueba, lo que es, y que puede estar
en contradicción con lo que uno quisiera que fuera.
No es así como puede avanzar la investigación. Hay
personas a quienes cuadra el espiritismo, y también
hay personas que no soportan la idea de la reencarnación.
Cuando se busca una verdad, es indispensable
deshacerse de toda apreciación personal; no se trata de
saber si uno está de acuerdo o en desacuerdo con tal o
cual principio; se trata de estudiar y poner en evidencia
los principios aunque puedan llevarnos la contraria. Si
no, uno siempre puede volver a las antiguas creencias:
algunos permanecerán más o menos fieles a su religión
de origen, otros irán a buscar en ciertas concepciones
esotéricas lo que pueda satisfacerlos y otros más harán
una sesuda mezcla de diversas concepciones religiosas,
reinventando los ángeles y los demonios al estilo
Nueva Era. Pero no es así como se avanza hacia una
verdad común a todos y, quiérase o no, no hay sino una
sola verdad universal que buscar y descubrir. Al menos
sería necesario ponerse de acuerdo sobre este punto:
forzosamente la verdad es única y no depende de las
diversas opiniones de cada uno.
Desde el advenimiento del espiritismo con Allan Kardec,
nadie ha buscado especialmente darse gusto y hacer
coincidir los principios con opiniones individuales. Se
trataba de un descubrimiento sobre el cual había que
trabajar; Allan Kardec fue el iniciador de esto y por su
rigor llegó a precisar un cierto número de principios,
definiendo además los criterios de mediumnidad que
hoy son olvidados con frecuencia, incluso por algunos
de sus discípulos. Es evidente que contentándose con
mediumnidades inciertas, mal desarrolladas y mal
acompañadas, se encontrarán flagrantes contradicciones
entre los mensajes de unos y otros, pues estos
mensajes serán sólo el reflejo de sus propias convicciones.
Hay lugar para distinguir bien las cosas. Por una parte,
el espiritismo se ha perpetuado a partir de un conjunto
de trabajos en diferentes épocas y en varios países con
cierta concordancia en los mensajes recibidos. Así pues,
los espíritas, en la continuidad de Allan Kardec, se han
puesto de acuerdo en las nociones fundamentales
promulgadas por los Espíritus como son la existencia
de una fuerza divina, el principio de la evolución por
la reencarnación y la pluralidad de los mundos habitados,
sometidos, ellos también, a la ley universal de
la reencarnación. Por otra parte, surgen formas de
pensamiento procedentes de tal o cual persona que
se había ocupado de lo paranormal, y que hace valer
puntos de vista personales que no están apuntalados
por verdaderas experiencias mediúmnicas. Entonces
uno se encuentra obligado a hacer la distinción entre
dos modos de abordar las cosas: o se apoya en una
experiencia más que centenaria, o se encierra detrás
de convicciones personales preestablecidas que, por
añadidura, son diferentes para cada uno.
Allí está todo el fondo del problema… Se habla de
un campo donde las palabras de los Espíritus pueden
iluminarnos sobre los principios universales, es necesario
todavía que ellos puedan dispensar sus mensajes
de manera auténtica, gracias a buenos instrumentos
que son los buenos médiums, cuyo desarrollo haya sido
correctamente asegurado. Es a partir de esto que se
puede extraer un cierto número de verdades, como en
su tiempo lo hiciera Allan Kardec, verdades de hoy que
se unen sensiblemente a lo que él descubrió.
Una de dos, o uno se refiere a las informaciones dadas
por los propios Espíritus, mejor ubicados que nosotros
para definir principios metafísicos, o no confía sino en
nuestras opiniones humanas para definir el más allá. En
el segundo caso, se hace abstracción de aquellos de los
que se habla, los Espíritus, considerando que el humano
estaría en mejores condiciones para definir el otro
mundo y los principios universales. Es la paradoja de los
seres humanos que no quieren perder sus prerrogativas
y que tienen demasiado miedo a ser perturbados en sus
íntimas convicciones.
Se ha visto con los parapsicólogos, se ve todavía con
la gente que intenta el contacto espírita, y que a falta
de buenos médiums experimentados, no obtiene
mensajes consistentes y regresa a sus propios juicios.
Es preciso entonces volver a las buenas definiciones
de la mediumnidad tal y como fueron dadas por Allan
Kardec para diferenciar un espíritu iluminado de un
espíritu en turbación, que puede confundir los indicios
contando toda clase de tonterías sobre un más allá que
desconoce. Hay que inspirarse, pues, en Gabriel Delanne,
Gustave Geley y otros precursores que supieron poner
en evidencia la posible influencia del subconsciente en
un fenómeno aparentemente mediúmnico. Y si ahora
se sabe que esta influencia es mucho más importante
de lo que hubiera podido creerse en otros tiempos, se
sabe igualmente por la experiencia, que esta influencia
está muy extendida entre los médiums principiantes
que, si no son correctamente asistidos, terminan por
convertirse en médiums sólo de sus propios pensamientos.
Todo el progreso histórico del espiritismo
nos ha conducido a estas comprobaciones. Así se ha
afinado el conocimiento de la mediumnidad en sus
sutilezas. ¿Será necesario entonces ocultarlo para volver
a empezar todo de cero y, en el mejor de los casos a
largo plazo, volver a descubrir todo lo que ya se sabía
del contacto con el más allá?
Estamos en un proceso histórico evolutivo de una
ciencia y una filosofía cuyas nociones se afinan con el
paso del tiempo, sin que por eso los grandes principios
hayan tenido que sufrir un cuestionamiento en el fondo.
Es pues en esta dirección y teniendo en cuenta las experiencias
del pasado, que será más justo emprender o
continuar las investigaciones a partir de lo que ya se
sabe…

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