"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

AVISO IMPORTANTE SOBRE LA DESCARGA DE LIBROS DE CONTENIDO ESPÍRITA GRATIS

Ponemos en conocimiento de todos nuestros amables lectores que pueden descargar gratuitamente libros de contenido doctrinario, como las obras fundamentales de la Codificación Kardeciana y de otros destacados autores del pensamiento filosófico espírita en los siguientes enlaces:
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Saludos.

EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



sábado, 20 de noviembre de 2010

LA FILOSOFÍA ESPÍRITA DE LA FE RAZONADA Por Luiz Sígnate Traducción: Mercedes Cruz

LA FILOSOFÍA ESPÍRITA DE LA FE RAZONADA
 
Por Luiz Sígnate
Las relaciones entre la fe y la razón desde el principio forman parte del debate filosófico espirita, con la creación por Allan Kardec del concepto fe razonada.  Desde un punto de vista conceptual, se establece una contradicción aparentemente insuperable, por cuanto la fe se fundamenta en la convicción y la razón, en la duda; resulta, entonces, que ambos se contradicen. Ahora como creer o dudar son prácticas antagónicas por definición, el concepto de “fe razonada”, sería por eso un evidente contrasentido.
 
En Kardec, ese concepto es presentado dentro de un cuadro argumentativo construido  para negar otra noción, atribuida por el profesor lionés las religiones dogmáticas: la “fe ciega”. En ese sentido, la  fe razonada sería algo próximo  a la “fe fundamentada”, esto es, el adjetivo referente al raciocinio daría al sujeto el significado de un estado, y no de un proceso. O sea, la fe razonada no sería propiamente una “fe razonada” y si una fe que ya razonó antes, para constituirse. Tal interpretación consigue parcialmente satisfacer el cuadro lógico de separación entre fe y razón: habría primero el movimiento del raciocinio y, solamente después, se constituiría la fe.
Ese punto de vista, entretanto, no es satisfactorio, bajo el prisma kardeciano. Aun en las menciones que hace sobre la cuestión de la fe, el codificador publicó en “El Evangelio Según el Espiritismo” un axioma que se tornó famoso en los medios doctrinarios espíritas. “Fe inalterable es aquella que puede encarar la razón, cara a cara, en todas las épocas de la Humanidad”. En esa proposición, Allan Kardec nos remite  a una percepción histórica, procesual, del fenómeno  de la creencia, delimitando, con el rigor que le era propio, la característica especial y profundamente innovadora de la fe espírita.
En ese contexto, la fe razonada – cualidad que la torna inatacable- sería no apenas aquella  que se constituyese por un movimiento de decisión racional, mas, también, la que se mantuviese  en régimen de racionalidad continua, incluso esa exigencia en el ejercicio de la propia fe. La conciliación necesaria, en ese caso, entre los conceptos de fe y razón, sería hecha por el cambio de un raciocinio lógico para un raciocinio dialéctico: los contrarios, en vez de excluirse, se  complementan, se conjugan, en la explicación de la realidad.
Dentro de ese modo de pensar, la fe espírita forma un par dialéctico inseparable con la razón  espírita. Tal idea significa que la creencia espírita es básicamente una fe que admite duda y con ella convive, durante todo el tiempo. se trata, pues, de una fe abierta, dialogal, dispuesta  a modificar las propias opiniones u el objeto de su manifestación como creencia, desde que satisfechas las condiciones del libre ejercicio de la razón.  En contrapartida, la razón espírita constituye una duda que se basa en la fe,  capaz de hacer emerger  las desconfianzas naturales de la racionalidad sin una pretensión ética o científica, y que, sobretodo, está dispuesta a admitir la creencia  y la confianza en aquellos contenidos sobre los cuales la razón aun no asumió una postura de conocimiento y verificación. Tal composición resulta  en lo que Herculano Pires denominó, muy apropiadamente, “fideísmo crítico”.
 
El uso de la razón es la admisión de la duda, la cual, en el Espiritismo, se funda en el principio filosófico de la imperfección espiritual (hemos preferido denominarla incompleta,  para retirar el sentido peyorativo del término “imperfección” como algo “errado, estragado, con defecto”) lo que hace  de la jornada espiritual la continua y necesaria posibilidad del cambio. Por esta vía, el Espiritismo funda un nuevo iluminismo, cuya formulación acredita en la racionalidad como fundamento  de la fe humana y, por tal razón, confía  en el perfeccionamiento de las posibilidades de la razón como  generatriz del perfeccionamiento de la fe.
Hechas tales consideraciones, de orden filosófico, conviene reflexionar pragmáticamente. No todos los espíritas en la actualidad comprenden  lo que significa esa dimensión del concepto de la fe raciocinada. No es raro, imaginan que raciocinar sea lo mismo que racionalizar, esto es, referirse a la razón como pretexto para justificar el dogma, lo que transforma el argumento racional en argumento ideológico (en el sentido negativo, como falsa concepción de la realidad, apoyada solamente en criterios  de identidad religiosa), actitud que de modo alguno puede ser justificado en la propuesta de Kardec. Fe raciocinada, por tanto no es lo mismo que fe racionalizada (hasta porque todas las formas de fe pueden encuadrarse en este ultimo tipo)
Dentro de las diversas concepciones de racionalidad válidas en la filosofía, acreditamos que la noción de “razón comunicativa” o “razón consensual”, del filósofo alemán Jurgen Habermas, es la que mejor se adapta al concepto de fe raciocinada, en Kardec. Para aquel pensador, hay racionalidad siempre  que hubiere diálogo donde se instauren consensos entre los interlocutores, siendo que la verificación práctica del consenso sería propia demostración de hubo racionalidad. En otras palabras: razón es el diálogo que da cierto.
En Kardec, la fe raciocinada es la fe que permanece en constante contacto con la razón, esto es, busca siempre un saber más amplio, argumenta  y se cuestiona. Para eso, la fe espírita ha de ser permanentemente reconstruida en el diálogo con los diversos saberes, especialmente en la interacción entre el saber humano, de vertiente científica. Es por tanto, bajo la formulación espírita, la razón comunicativa, un movimiento de construcción de la creencia erigido sobre el diálogo y, por eso, capaz de “enfrentar la razón, cara a cara, en cualquier época de la Humanidad”.
Los espíritas, por eso, no pueden abandonar en ningún momento la posibilidad del diálogo, no apenas con los espíritus, a partir de los cuales el conocimiento asume la forma de “revelación”, en definición kardeciana mas también con los variados saberes humanos, especialmente el filósofo y el científico. La fe espírita ha de ser una fe en constante actualización, una fe siempre renovada, siempre reconstruida. O recaerá lamentablemente en un nuevo tipo de fe ciega: la que se contenta en apenas fingir que ve.
Texto traducido por M.C.R.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Alfred Russel Wallace (1823-1913)

Alfred Russel Wallace (1823-1913)
Naturalista británico, miembro de diversas sociedades científicas,
Russel Wallace fue uno de los fundadores de la “geografía
zoológica” y de la doctrina evolucionista de la selección natural,
que enunció al mismo tiempo que Darwin. (*)
Convertido en espírita a partir de 1865, participó en sesiones
con los médiums más conocidos y defendió con ardor los principios
de la filosofía espírita en numerosas revistas, incluyendo
el concepto de reencarnación que no era compartido por todos
los espíritas británicos. Dictó conferencias en Inglaterra y en
Norteamérica y se enfrentó a los adversarios del espiritismo en
la prensa escrita, respondiéndoles por ejemplo:
“Algunos de mis amigos científicos creen que estoy alucinado
y que las ideas expresadas en mis textos perjudican mi reputación
de naturalista y de filósofo.
Para la época en que empecé a estudiar los fenómenos espíritas,
yo era un filósofo escéptico y sentía placer en leer las obras de
Voltaire, Strauss y Vogt. Era un materialista tan afirmado en mis
ideas que en esa época me era imposible concebir la existencia
del alma y no creía que hubiera en el universo más fuerza que
la de la materia. Pero los hechos son muy elocuentes y me han
convencido de la verdad del espiritismo”.
En los últimos años de su vida, las ideas de Russel Wallace sobre
la selección natural se alejaron de las de Darwin, por considerar
que la presencia del factor espiritual que anima la vida es un
dato esencial que implica la doble evolución espiritual y biológica.
(*) Charles Darwin: naturalista británico (1809-1882). Durante un crucero
alrededor del mundo en el Beagle (1831-1836) recogió innumerables observaciones
sobre la variabilidad de las especies, que le llevaron a la doctrina evolucionista,
llamada desde entonces darvinismo, que dio a conocer en su principal
obra Del origen de las especies por vía de la selección natural (1859)

domingo, 14 de noviembre de 2010

D O S S I E R LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO par IGOR MANOUCHIAN VICTORIEN SARDOU EL ARTISTA ILUSTRADO

A fines de los años 1850, Victorien Sardou se apasionó
por el fenómeno de las mesas giratorias, iniciado en los
Estados Unidos por las hermanas Fox. Hizo participar a la
emperatriz Eugenia en experimentos de manifestación de
espíritus y, antes de que Allan Kardec definiera el espiritismo,
popularizó la idea de los intercambios con el más allá. Allan
Kardec, llamado civilmente Hyppolite Rivail, lejos de ser un
entusiasta de estas manifestaciones, y absorto en sus otras
ocupaciones, estuvo a punto de abandonarlas, lo que quizás
hubiera hecho sin las acuciantes solicitudes de los señores
Carlotti; René Taillandier, miembro de la Academia de Ciencias;
Tiedeman-Manthèse; Sardou padre e hijo; Didier, editor.
Estas diferentes personas estudiaban estos hechos desde
hacía cinco años y habían reunido cincuenta cuadernos de
comunicaciones diversas que no llegaban a poner en orden.
Conociendo lo vastas y raras aptitudes para sintetizar del Sr.
Rivail, estos señores le confiaron todos los informes pidiéndole
que los leyera y los organizara. Fue de ese estudio que
nació de su pluma El Libro de los Espíritus.
Victorien Sardou, conocido como autor de obras teatrales
fue también un espírita convencido que trató de expresar
en la escritura la realidad de la supervivencia postmortem,
especialmente en una pieza titulada Espiritismo,
una comedia dramática en tres actos y representada por
primera vez en el escenario del teatro de la Renaissance el
8 de febrero de 1897. El papel principal fue representado
entonces por Sarah Bernhardt. Jean Sardou (su hijo) escribió:
“Esta comedia dramática, editada por primera vez, es sin
duda la obra más desconocida de Victorien Sardou; retiene
la atención del lector por la audacia de su concepción, pues
el autor no tuvo temor de afirmar fuertemente en ‘Espiritismo’,
su creencia en la supervivencia, hasta la posibilidad
de los muertos, en ciertos casos, de probarla”. Victorien
Sardou también era médium dibujante (sus dibujos espíritas
fueron publicados desde 1858) lo mismo que Hugo d’Alési o
el grabador Desmoulins, que trazaban encantadores dibujos
en plena oscuridad.