EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG
Después de abrir y mantener actualizado el blog: CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS
ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".
sábado, 21 de julio de 2012
viernes, 20 de julio de 2012
Capítulo II – Las Etapas del Desenvolvimiento del Espíritu

1. La experiencia corporal
DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – “Es fácil entender el mecanismo de la evolución del ser inteligente.COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – “Es fácil entender”… dice el Dr. Regis, aunque, realmente no es sencillo, para la mayoría de la humanidad, el comprender que la evolución del Ser Inteligente es “algo” que se produce de una manera natural, equivalente -que no idéntica-, siempre adecuada para todos los seres y tutelada por estructuras espirituales superiores… hasta remontarnos a la protección Divina.
D.K. – “Creado como un ser potencial, incorpóreo, como un conjunto vacío, el ser inteligente posee una fuerza intrínseca, la agresividad básica, que instintivamente le hace buscar la sobrevivencia.
F.E. – Vamos a abundar y a matizar un poco más sobre estos conceptos tan potentes, enunciados de una manera tan sintética por el autor:
- “ser potencial”:
Veamos lo que dice Léon Denis en su obra “Después de la muerte”, cap. XII: El objeto de la vida” “El alma es un mundo; un mundo en el que se mezclan aún las sombras y los rayos de luz y cuyo estudio atento nos hace ir de sorpresa en sorpresa. En sus pliegues, todos los poderes están en germen, esperando la hora de la fecundación[1] para abrirse en chorros de luz”.
O sea, no es que el espíritu -a través de su proceso evolutivo- vaya agregando potencialidades, si no que lo que hace es ir desarrollando esas potencialidades que posee en esencia, en germen.
- “incorpóreo”:
Que no es lo mismo que inmaterial. A este respecto se puede recordar una de las preguntas filosóficamente más interesantes de “El Libro de los Espíritus”, la número 82:
“¿Es exacto decir que los Espíritus son inmateriales?
“ (…) Inmaterial no es la palabra, y sería más exacto decir incorpóreo; porque debes comprender perfectamente que, siendo una creación el Espíritu, ha de ser algo y es, en efecto, materia purificada; pero no tiene análoga entre vosotros, siendo además tan etérea, que no puede impresionar vuestros sentidos”.
Es decir, que el Espíritu es “algo” material. Ciertamente esta proposición puede tener muy interesantes derivadas filosóficas. No creemos que éste sea el momento ni el lugar para estas digresiones filosóficas, que realizaremos en otra oportunidad.
- “conjunto vacío”:
A pesar de que el espíritu es creado “simple e ignorante[2]”, se nos hace difícil asemejarlo a un conjunto vacío. Sin embargo, reconocemos que esta apreciación del Dr. Regis es muy interesante. Tal vez, habría que añadir que se trataría de un conjunto vacío con la posibilidad de incorporar elementos de crecimiento en su interior.
- “fuerza intrínseca”, “agresividad básica”:
Parece que estos conceptos nos llevan al “principio vital” o “fluido vital” de Kardec.
F.E. – Entendemos la intención del autor al proponer ese desenvolvimiento de lo que denomina como “cuerpo mental”. Sin embargo, pensamos que la utilización de esta expresión que, habitualmente, usan otras escuelas filosóficas, puede llevar algún desconcierto al lector. Ya sabemos que hay otras concepciones que piensan que el periespíritu está formado por diversos “cuerpos”, aspecto al que no se refirió en absoluto Kardec. Evidentemente no se puede ser tan reduccionista como para pensar que el periespíritu sea algo monolítico, si no que podemos entender, perfectamente, que se trate de una estructura compleja. Pero, de ahí a utilizar esos términos, más bien ocultistas, hay mucho trecho. Creemos que hay que estar en la línea promovida inicialmente por Kardec, y también recomendada por el Dr. Regis, de que el Espiritismo tenga un lenguaje propio. Por todo ello no consideramos adecuada, en Espiritismo, esta expresión de “cuerpo mental”. Mucho más adecuada nos parece la denominación de “estructura mental” utilizada por el autor en el capítulo III de esta segunda parte.
D.K. – “La alternancia de la encarnación y desencarnación, vida y muerte, con la evolución de los organismos a los cuales se liga, posibilita al ser inteligente desenvolver su mente, fortaleciendo una construcción recíproca entre él y los cuerpos.
“Encarnar y desencarnar, es el motor básico de la evolución del ser inteligente. La reencarnación es, pues, el instrumento básico de la evolución del Espíritu, desde las primeras manifestaciones como Principio Inteligente.
F.E. – Realmente la Ley de la Reencarnación es la piedra angular de la evolución del alma, y también, además, de la doctrina espiritista. Es, asimismo, una de las más importantes contribuciones del Espiritismo al conocimiento humano. Podríamos asemejar a la Reencarnación como siendo una especie de caballo de Troya: un “envoltorio” interesante (la posibilidad de haber vivido y de vivir muchas vidas) que esconde en su interior una compleja realidad filosófica como, por ejemplo, la Ley de Responsabilidad personal.
2. La unidad continua de la humanidad
D.K. – “El descubrimiento del plano extra físico amplió el sentido de la inmortalidad e integró al ser humano a las dimensiones en que se manifiesta. La tumba es receptáculo de un organismo que se desgastó. Con eso la inmortalidad gana un nuevo sentido y un nuevo horizonte con la secuencia natural de la persona, más allá del fenómeno de la muerte.
F.E. – Evidentemente, inmortalidad sin una continuación de las actividades del Espíritu -como enseñan algunas religiones- redunda en desánimo e incredulidad acerca de la vida post-mortem. El conocimiento de la existencia del plano espiritual, o extra físico como lo denomina el autor, y la comprensión de la verdadera situación de los espíritus en él (ni sabios por el hecho de haber desencarnado, ni réprobos a perpetuidad por el hecho de los “pecados” cometidos por muchos), es de una gran ayuda para los espíritus encarnados y desencarnados que van entreviendo esa realidad de la vida más allá de la tumba.
D.K. – “Ese reciclaje, vida y muerte, en las integraciones y disipaciones sucesivas, da al ser inteligente un campo existencial prácticamente ilimitado, en planos vibracionales o dimensiones energéticas que se interligan e interactúan.
La sensorialidad natural del plano corpóreo, y la plasticidad energética del plano extra físico, coexisten y se entrecruzan, guardadas las peculiaridades de cada uno.
F.E. – “Coexisten, se entrecruzan” e influyen continuamente el uno en el otro (como dice el autor en el párrafo anterior). Esa influencia mutua, que tan bien plasma el Espiritismo, constituye uno de los aspectos más desconocidos -a veces, incluso, para algunos espiritistas-, más interesantes y muy a tener en cuenta (por sus implicaciones en la vida cotidiana de cada cual) por los estudiosos de nuestra doctrina.
Los hay que se creen exentos de “sentir” las influencias del plano espiritual por el hecho de no tener sensibilidad mediúmnica. Sin embargo, la afinidad de sentimientos, de intenciones y de pareceres hace que los espíritus de ambos planos nos sintamos atraídos y nos influyamos mutuamente, a veces de forma inconsciente.
D.K. – “Su descubrimiento derrumbó las antiguas concepciones acerca de lugares de premios y castigos más allá de la tumba, y estableció la continuidad natural de la vida personal y colectiva, aunque con sus características bastante diferentes.
F.E. – Este “derrumbamiento” de esas ideas tan antropomórficas de un Dios que nos premia o castiga, según hagamos o no su voluntad, es realmente un gran paso adelante en el progreso moral del Espíritu. Ciertamente es un paso incómodo ya que nos aleja de una protección divina paternalista, para pasar a un concepto de progreso con implicaciones totalmente personales. El hecho de que seamos más o menos felices ya no depende de que “agrademos” más o menos a Dios, sino que depende exclusivamente de nuestros esfuerzos. Realmente es un cambio importante, duro, y, al mismo tiempo, esperanzador.
[1] En algunas versiones castellanas la palabra francesa “fécondation” ha sido traducida impropiamente, pensamos, por “fundación”.
[2] “Dios creó a todos los Espíritus sencillos e ignorantes, es decir, faltos de ciencia” (”El Libro de los Espíritus”, apartado 115). Lo cual no contradice en absoluto la anterior afirmación de que el Espíritu tiene todas las potencialidades en esencia.
jueves, 19 de julio de 2012
2ª. PARTE
BASES DE UN NUEVO MODELO
COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) - En sentido estricto, delinear es “trazar las líneas de una figura” (R.A.E.[1]). Pensamos que el Universo debe necesariamente ser más que un delineamiento. Si es “una proyección de la intención divina”, esa Intención –debemos suponer- no es lógico que se proyecte de forma poco estructurada, siendo como es un reflejo directo de la Inteligencia Suprema.
D.K. – “En este modelo no existe espacio para la personalización del Ser Supremo, ni cabe el establecimiento de atributos, que lo humanizarían, porque el paradigma[2] disponible para pensar las virtudes es el humano.
F.E. - Es cierto que se ha de procurar evitar la personificación de Dios, pues de lo contrario lo estamos viendo “a imagen y semejanza nuestra”[3] . Las virtudes humanas, evidentemente, distan de manera inconmensurable de la Esencia de la Divinidad. A pesar de lo antedicho, Allan Kardec, enuncia en el cap. I del Libro I de “El Libro de los Espíritus”, los atributos de la Divinidad (apartados 10 a 13): eterna, inmutable, inmaterial, única, omnipotente y soberanamente justa y buena[4]. Creemos que no debe extrañarnos este estilo antropomórfico (que se ve reflejado en otras expresiones utilizadas por Kardec en sus obras), que debe enmarcarse en el contexto histórico (de gran presencia e influencia religiosas) en que se gestaron los conceptos espiritistas. Por otro lado, es indudable que Kardec comprendía perfectamente lo que era la Esencia de la Divinidad; como botón de muestra basta recordar la primera pregunta de “El Libro de los Espíritus” (“¿Qué es Dios?”).
D.K. – “Todas las Teologías, inclusive “El Libro de los Espíritus”, se apoyan en la actuación personal, directa de Dios.
F.E. - Siendo la Teología la “Ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones” (R.A.E.), podríamos aceptar que una cierta parte de la obra de Kardec se enmarcaría en esta definición. Sin embargo, los postulados espiritistas van mucho más allá de un contexto estrictamente teológico.
D.K. – “Esas ideas vienen del entendimiento primitivo sobre la acción de la divinidad como fuerza sobrenatural, a través de los fenómenos de la naturaleza. Con el tiempo, se corporificaron en la figura de un dios o varios dioses, que en las mitologías, se multiplicaban para nombrar y justificar los segmentos naturales y controlar la vida de las personas.
"La existencia de la Ley Natural como centro irradiador del pensamiento divino es fundamental para comprender como el universo puede ser simultáneamente controlador y caótico. Para argumentar sobre esa polarización, podríamos aplicar la definición del electrón que puede ser corpúsculo y onda, sin alterar la estabilidad universal.
"El Universo tiene una unidad esencial manifestada en la infinita variedad de los factores. Un análisis ponderado de los hechos históricos, los avances de las investigaciones de la Física y el estudio del universo en general, muestran la inequívoca sabiduría que se expresa en la consistencia de los factores, en la directriz anónima, pero evidente, tanto en el mundo energético, como en el inteligente.
F.E. - Excelentes párrafos del Dr. Regis, concretados con un lenguaje moderno y acorde al siglo XXI. ¡Qué manera tan diferente de expresar la acción divina, tan alejada de toda personificación de Dios!
D.K. – “Hay, sin duda, una directriz básica, un delineamiento fundamental de los procesos del universo físico y mental, pero simultáneamente existe un espacio ilimitado para el ejercicio de factores concurrentes o contradictorios.
F.E. - Factores aparentemente contradictorios, ya que, como veremos en los siguientes párrafos, todos acaban confluyendo en el progreso sin fin del espíritu.
D.K. – “En el nivel energético, las mutaciones y formaciones, que originan la estructura móvil de las formas y de la materia.
En el nivel inteligente, a partir del libre albedrío, que es el elemento desencadenador del conflicto y de la solución.
Si el universo energético fluye, con sus leyes básicas, en una continua búsqueda del equilibrio, creando, destruyendo y recomponiendo los elementos que lo constituyen, el universo inteligente crea una persona específica, inmortal, única, definida en sí misma, que recorre una espiral evolutiva la cual, en el nivel corporal, tiene en la reencarnación su instrumento básico.
La Ley Natural expresa la sabiduría divina, con mecanismos extremadamente competentes, estableciendo el ritmo y la sucesión de los factores con el fin de ecuacionar, en el universo energético, tanto cuanto en el universo inteligente, el principio del equilibrio, actuando a través de la ley de causa y efecto o de acción y reacción, herramienta de búsqueda del equilibrio, a través de la reciprocidad de los factores.
F.E. - Kardec expresaba lo mismo, con un lenguaje más clásico, en su comentario al apartado 617 de “El Libro de los Espíritus” (Cap. I del Libro III: “Ley divina o natural; Caracteres de la ley natural”).
“Entre las leyes divinas, las unas reglamentan el movimiento y las relaciones de la materia bruta, tales son las leyes físicas, cuyo estudio es del dominio de la ciencia.
“Las otras conciernen especialmente al hombre en sí mismo y en sus relaciones con Dios y sus semejantes, y comprenden así las reglas de la vida del cuerpo, como las del alma. Tales son las leyes morales.”
De un modo muy evidente, el Dr. Regis supo captar perfectamente el pensamiento de Kardec.
D.K. – “Todo se agita en una reciprocidad continua. La evolución está en la base de todos los procesos. El modelo contempla el aspecto físico y el energético sobre los cuales el ser inteligente actúa y reacciona, sometidos, uno y otro, aunque bajo formas diferenciadas, al mismo principio de orden y caos.
Kardec propuso la existencia de dos principios que se completaban y oponían: el principio material y el principio inteligente.
F.E. - Como veremos en la siguiente argumentación del Dr. Regis, esa oposición entre los dos principios es totalmente aparente. Antiguamente podía pensarse que la materia, que lo material, era enemigo de la virtud, de lo moral. Hoy comprendemos que el mundo material es el escenario de nuestros esfuerzos progresivos y que la materia es, sin duda, nuestra aliada y no nuestra enemiga. También comprendemos que las encarnaciones en los mundos materiales son imprescindibles para nuestro crecimiento espiritual y, paradójicamente, también nos apercibimos que inicialmente aprendemos la existencia del mundo espiritual y nuestra condición de espíritus, durante nuestras andaduras en los terrenos de la materialidad.
D.K. – “El elemento material es la plataforma sobre a cual se desenvuelven los fundamentos de la actividad universal, en tanto que el ser inteligente actúa en cooperación, como la fuerza creativa y direccional del movimiento.
F.E. - Todo ello a pesar de que, en el momento presente en nuestro planeta, más que cooperación parece haber una oposición muy evidente al progreso material, medioambiental, de nuestro entorno físico. No obstante, comprendemos que, a largo plazo, los seres inteligentes de la creación, o sea los espíritus, hemos de colaborar necesaria e ineludiblemente en el progreso de los mundos materiales que habitamos.
D.K. - “La composición del elemento material está en constante análisis y ha cambiado constantemente, de modo que podemos llamarlo nivel energético. Filosóficamente, podemos pensar que él es el resultado de la interacción dinámica de fuerzas que resultan en un producto híbrido, en constante reciclaje.
Evitamos dividir al universo entre lo espiritual y lo material, ya que cada vez más se comprende la interacción positiva dinámica de los elementos. Más allá de eso, la materia dejó, hace mucho, de ser considerada un elemento amorfo; al contrario, es el elemento dinámico que se multiplica en producciones energéticas prácticamente infinitas.
Por eso, para clarificar el lenguaje, consideraremos el “principio espiritual” como el elemento dinámico incorporado a la materia, y el “principio inteligente” como el ser inteligente del universo.
En ese entendimiento, el “principio espiritual” sería una forma singular de mensajero “genético”, una energía intrínseca que moviliza las estructuras de la materia en la formación de los elementos básicos de la vida. Delante de esa singularidad, podemos admitir que esa fuerza está en el interior de la materia y que de ella forma parte, pero se distingue por su plasticidad y por la extrema capacidad para conducir energía.
Le compete energizar, fertilizar, direccionar la materia para que ella se torne capaz de sufrir la influencia de la inteligencia fuera de ella.
F.E. - La anterior definición y la enunciación posterior de características del “principio espiritual” nos recuerdan totalmente al principio vital y al fluido vital presentados por Kardec en “El Libro de los Espíritus” (Libro I, Cap. IV, apartados 60 a 70).
Encontramos muy acertada y actualizada, en un lenguaje más moderno, esa definición y concreción de funciones de ese “principio espiritual”; pero, no nos parece afortunada la sustitución de ese concepto de Kardec enunciado por él como “principio vital”. Precisamente, el significado de la vitalidad se aviene muy bien con la exposición hecha por el Dr. Regis. Además, al hablar en esos términos de un principio espiritual tan “material”, probablemente pueda causar desorientación en los lectores que, fácilmente, pueden tener asimilado el concepto espiritual con los conceptos de inmaterialidad o inteligencia.
D.K. – “La definición de Espíritu, en “El Libro de los Espíritus” dice que es la “individualización del principio inteligente”[6]. Entretanto, ese ser no es una partícula retirada de un todo indiferenciado, un reservorio de inteligencia...
Luego, es preciso entender que ese principio inteligente no es una alteración automática del principio espiritual, como parece suponer el dualismo espíritu-materia, sino una deliberada creación, que sigue un camino específico, aunque apoyándose, interactuando con los organismos y principios elaborados por la unión de los flujos energéticos y espirituales.
En la nomenclatura más actual, damos el nombre de “Principio Inteligente” al embrión del Espíritu, dotado de razón y sentimiento, fruto del proceso evolutivo.
F.E. - Dotados de razón y sentimiento, sí; pero, en potencia. Encontramos muy correcta esta definición de Principio Inteligente, así como el posterior desarrollo efectuado en los siguientes párrafos.
D.K. – “Los Principios Inteligentes son individualidades embrionarias que disponen de una energía íntima. Sometidos al proceso evolutivo y selectivo. Consiguen desenvolver la capacidad de trabajar los impulsos instintivos que les son inherentes, en el camino de estructurarse como seres conscientes de sí mismos, vale decir, Espíritus. Son seres singulares, individualidades permanentes, y, aunque están intrínsecamente ligados al elemento material, no se pierden en la disolución eventual de los elementos, ni en la disipación de la energía producida por ellos.
D.K. – “La Ley Natural establece una secuencia fundamental para la evolución de los seres: sobrevivencia, convivencia y productividad. Es por esa secuencia fundamental que los seres, en una sucesión continua y perfeccionada realizan su auto-desenvolvimiento.
Secuencialmente, el impulso agresivo estructural del ser se transforma en voluntad, la cual le garantiza la sobrevivencia; en deseo, que permite la convivencia y la búsqueda de la felicidad, que crea una productividad capaz de propiciar el placer.
Embrionario, el ser se somete a un largo proceso de experimentación y reciclaje, adquiriendo penosamente condiciones para determinar, paulatinamente, su propio camino, hasta adquirir un status propio, alcanzar el nivel intelectual y afectivo que otorga especificidad al Espíritu humano.
F.E. - Encontramos muy acertados y correctos estos planteamientos del Dr. Regis. Expresados en un lenguaje actual, exentos de cualquier atisbo de antropomorfismo y con una estructuración original. Solamente encontramos a faltar una mayor concreción de dónde y de que forma se produce ese proceso evolutivo. Se sobreentiende que ese proceso se desenvuelve en los reinos inferiores de la Naturaleza, conforme se lee en algunos párrafos de “El Libro de los Espíritus”[7] y de “La Génesis”[8]. Sin embargo, pensamos que es adecuado el mencionarlo de una manera expresa, para así evitar cualquier equívoco.
D.K. – “Ese esquema no solamente solidifica el entendimiento evolutivo, que es la base de la teoría espírita, sino que derrumba, deshace, cualquier vínculo con la teología cristiana sobre la caída, el pecado original y el esquema punitivo del universo.
F.E. - Este último párrafo de este capitulo incide en un tema importantísimo, que es el de desvincular claramente a la Filosofía Espiritista de aspectos tan contrapuestos a la acción del libre albedrío (siendo este el motor de nuestra evolución personal, por restringida que pueda ser su acción en función del nivel evolutivo de cada cual), como son los mitos de un supuesto pecado original de la humanidad y sobre la “caída” desde situaciones superiores de vida. Sin duda hay, o ha habido, espíritus que han encarnado en este planeta procedentes de otras civilizaciones extraterrenas (siendo inmigraciones de espíritus poco adecuados para el contexto evolutivo de esos otros planetas) y que, probablemente, han traído grabado de manera profunda –en su inconsciente- el recuerdo de tiempos mejores en mundos mejores. Pero de ahí, a suponer que todos los seres humanos de este planeta estamos afectados por la supuesta rebelión de unos pretendidos ángeles, hay un abismo. Ver al respecto en la obra de Kardec “La Génesis”, en su capítulo XI, apartados 33 al 50 (“Emigraciones e inmigraciones de los Espíritus”, “Raza adámica” y “Doctrina de los ángeles caídos y del Paraíso perdido”).
[2] Ejemplo o ejemplar.
[3] Tampoco parece acertada la expresión contraria y típica de que el ser humano fuera creado “a imagen y semejanza de Dios”. Dios es eterno e infinito; los espíritus somos inmortales -que no eternos- y finitos; por lo tanto son dos realidades -Dios y los espíritus- no comparables.
[4] También en “La Génesis” comenta Kardec de manera más amplia los atributos de Dios (Cap. II, apartado “De la Naturaleza Divina”).
[5] Ver el Cap. I del Libro III de “El Libro de los Espíritus” (“Ley divina o natural”)
[6] Capítulo I del Libro II, apartado 79.
[7] Apartados 540, 607 y 613 (nota)
[8] Capítulo XI, apartados 15,16 y 23
miércoles, 18 de julio de 2012
Capítulo III – El Modelo Espirita
D.K. - “Al afirmar que “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras. Así lo requiere la claridad en el lenguaje, con el fin de evitar la confusión inseparable del sentido múltiple dado a los mismos términos” (“El Libro de los Espíritus”-Introducción), Allan Kardec pretendía proteger las ideas espiritas que lanzaba, de los vicios del lenguaje cristiano. Él sabía de la fuerza y del poder de las palabras, y el lenguaje cristiano estaba clara y perfectamente establecido en la cultura y en la mente de las personas, condicionadas por la autoridad religiosa, por el peso de la verdad revelada y reafirmada milenariamente.
Por eso, él quería desvincular el lenguaje espirita del lenguaje católico, el cual, en esencia, contraría el sentido revolucionario del Espiritismo.
F.E. - No es fácil -al menos para nosotros- discernir exactamente cuál era la intención última de Kardec al proponer nuevas palabras para definir nuevos conceptos. No nos atreveríamos a afirmar si lo hizo para desmarcarse, en forma exclusiva, de las definiciones cristianas o, simplemente, lo hizo para concretar de forma inequívoca el significado de esos conceptos. A la vista del párrafo siguiente, cuando Kardec discurre acerca del significado de la palabra alma (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, II), nos inclinaríamos por la segunda posibilidad; es decir, que simplemente definió para concretar: “Puesto que la palabra alma ha de aparecer con frecuencia en el transcurso de esta obra, importaba determinar con precisión el sentido que le damos, a fin de evitar todo posible equívoco.” Evidentemente, al definir también se estaba alejando, de forma inevitable, de las concepciones religiosas de estos conceptos.
Encontramos muy acertado resaltar el aspecto revolucionario del Espiritismo. Sin duda el Espiritismo ha de obrar –cuando la madurez de los espíritus encarnados en este planeta, así lo propicie- una verdadera revolución en la forma de entender la vida y el encaje de esos formidables temas como son: libertad, igualdad, fraternidad, justicia, progreso y responsabilidad.
D.K. - “Afirmando que el Espiritismo era “una ciencia objetiva”, él tenía la intención de crear un universo lingüístico que justificase la “revolución” que se proponía realizar. Sin embargo, a pesar de su innegable talento y determinación, su deseo de crear un nuevo lenguaje, una forma nueva de nombrar la naturaleza, la persona y el futuro, no pudo concretarse.
F.E. - No somos capaces de recordar en qué texto de Kardec se menciona que el Espiritismo es una ciencia objetiva. Sin embargo, podemos ahondar un poco en esta cuestión. ¿Qué hemos de entender por “ciencia objetiva”? A bote pronto, lo primero que se nos ocurre es relacionar esa expresión con las ciencias exactas y naturales (Matemáticas, Física, Química, Geología, Botánica,…); ¿podríamos incluir el Espiritismo en ese conjunto de ciencias? Evidentemente no, ya que “El Espiritismo es al mismo tiempo una ciencia de observación y una doctrina filosófica. En cuanto ciencia práctica, consiste en las relaciones que es posible establecer con los Espíritus. Como filosofía, abarca todas las consecuencias morales que de dichas relaciones emanan” (¿Qué es el Espiritismo?, Preámbulo). Por lo tanto, y teniendo en cuenta quienes son los sujetos de esa investigación científica en el Espiritismo[1], o sea los Espíritus, la ciencia espiritista más bien se acerca al ámbito de las ciencias humanas (Antropología, Psicología, Filosofía, Sociología,…). Lo que sí debe prevalecer es la asunción de trabajar bajo los preceptos del método científico, lo que nos evitará caer en las redes de la credulidad, de los endiosamientos y de las falacias de ciertos Espíritus.
D.K. - “No consiguió mantener un lenguaje estrictamente revolucionario del pensamiento espirita. Después de “El Libro de los Espíritus” y de “El Libro de los Médiums”, a partir de 1864, él editó una serie de libros típicamente volcada hacia las bases de la religión católica: “El Evangelio según el Espiritismo”, “El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo” y “La Génesis o los Milagros y las Predicciones según el Espiritismo”.
F.E. - Es verdad que, después de la publicación de las obras básicas del Espiritismo: “El Libro de los Espíritus”, “El Libro de los Médiums” y “¿Qué es el Espiritismo?” [2], Allan Kardec parece dar un giro evidente a la índole de los temas a tratar. Ello nos ha de llevar a preguntarnos por qué se dio este, por lo menos aparente, cambio de criterio.
Y a propósito de este comentario, insertamos a continuación este texto con el fin de poder expresarnos con mayor amplitud:
Jaci Regis afirma que tanto esta obra como las siguientes publicadas por Kardec están: “típicamente volcadas hacia las bases de la religión católica”. Realmente, esta es una de las opciones que pueden barajarse para intentar entender su publicación. Es perfectamente posible que Kardec intentara acercar los principios espiritistas a los creyentes cristianos, y ¿qué mejor manera de hacerlo que incidiendo en los aspectos menos polémicos de la vida de Jesús -es decir, en la faceta moral- para empezar este acercamiento[4]? ¿Sería ello contraproducente o fuera de lugar? En sentido estricto, no. No podemos olvidar que los aspectos morales se tornan más comprensibles desde la óptica del Espiritismo. Por ello, a priori, no pareciera fuera de lugar la intención de Kardec. Sin embargo, a través de la obra, nos encontramos con algunos párrafos que llevan a confundir los ámbitos espiritista y cristiano en uno solo; por ejemplo:
“El Espiritismo bien comprendido, pero sobre todo, bien sentido, conduce forzosamente a los resultados (…) que caracterizan al verdadero espiritista como al verdadero cristiano, siendo los dos una misma cosa. El Espiritismo no viene a crear una moral nueva; facilita a los hombres la inteligencia y la práctica de la de Cristo, dando una fe sólida e ilustrada a los que dudan o vacilan.” (“El Evangelio según el Espiritismo”, cap XVII, núm. 4)
O sea, que verdadero espiritista y verdadero cristiano serían una misma cosa. Ciertamente no estamos de acuerdo con esta apreciación, ya que cerraría la puerta de esta Idea Universal que es el Espiritismo a personas de otras procedencias, religiones o credos. Como ya enseñaba el pionero espiritista español, José María Fernández Colavida: “el Espiritismo ha de serlo a secas, sin adjetivos calificativos como cristiano o francés.”
Otro texto que siempre nos ha llamado poderosamente la atención es la comunicación -del Espíritu de Verdad- inserta al principio de esta obra. Anotó Kardec a pie de página: “Esta instrucción, obtenida mediúmnicamente, resume a la vez el verdadero carácter del Espiritismo y el objeto de esta obra, por cuya razón ha sido puesta aquí como prefacio”. Veamos el texto de esta comunicación:
“Los espíritus del Señor que son las virtudes de los cielos, se esparcen por toda la superficie de la tierra como un ejército inmenso, apenas han recibido la orden; parecidos a las estrellas que caen del cielo, vienen a iluminar el camino y a abrir los ojos a los ciegos.
“En verdad os digo, que han llegado los tiempos en que todas las cosas deben ser restablecidas en su verdadero sentido, para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y glorificar a los justos.
“Las grandes voces del cielo retumban como el sonido de la trompeta, y se reúnen los coros de ángeles. Hombres, os convidamos a este divino concierto; que vuestras manos pulsen la lira; que vuestras voces se unan y que en himno sagrado se extiendan y vibren de una a otra parte del Universo.
“Hombres, hermanos a quienes amamos, estamos a vuestro lado: amaos también unos a otros, y decid desde el fondo de vuestro corazón, haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo: ¡Señor! ¡Señor! y podréis entrar en el reino de los cielos.” (Todos los resaltados son nuestros).
La verdad es que no reconocemos en esta comunicación los elementos distintivos de esa ciencia que es el Espiritismo. Comentemos brevemente los resaltados:
- Se supone que las “virtudes de los cielos” deben ser los espíritus superiores. Esa nomenclatura es extraña al Espiritismo.
- “en verdad os digo”, es una manera de firmar inequívocamente la comunicación. Nos cuesta creer que, en la actualidad, Jesús empleara los términos contenidos en este mensaje.
- “los coros de ángeles”. Los ángeles, tal y como enseña el Espiritismo no existen. Este lenguaje -que, hemos visto reflejado actualmente en libros que se presentan como espiritistas- no es propio del Espiritismo y no debería usarse en su contexto.
- “haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo”: Dios no está en el cielo, ya que el “cielo” de las religiones no existe. Dios está en toda la Naturaleza.
- “podréis entrar en el reino de los cielos”. No se “entra” en los mundos espirituales superiores sino por el trabajo, el esfuerzo y la depuración personal; nunca por las alabanzas que se prodiguen a la Divinidad (“¡Señor! ¡Señor!”).
A pesar de todo lo antedicho, la pregunta sigue en pie: ¿Por qué cambió Kardec el rumbo estructural del Espiritismo?
Tal vez, y pensamos que no podemos descartar esta hipótesis, no hubo realmente un cambio de rumbo, sino la aplicación de un plan bien delineado. En primera instancia se cimentó un edificio doctrinal impecable sustentado en “El Libro de los Espíritus” y en “El Libro de los Médiums”. En segundo lugar parece haber habido una aproximación a los aspectos más cercanos de las religiones cristianas, tal vez para asegurar la pervivencia de la idea. Es innegable, como resalta Jaci Regis más adelante, que el Espiritismo en Europa estaba condenado a su práctica desaparición, a pesar de su espectacular crecimiento en sus primeros decenios de vida. El Espiritismo nació en el lugar idóneo, Paris, en el momento adecuado, mediados del gran siglo de los grandes descubrimientos. Pero, con toda seguridad, los Espíritus colaboradores de Kardec debieron prever su declive en algunas décadas. Posiblemente la mejor manera de asegurar su continuidad era ligándolo a aspectos religiosos, para, en un futuro más o menos lejano, recuperar su pureza doctrinaria.
Análogamente hubiera pasado seguramente con la doctrina de Jesús. Si las enseñanzas de aquel gran Espíritu hubieran quedado circunscritas al pueblo judío, probablemente hoy en día no sabríamos ni siquiera quién fue Jesús. Pero, el empuje de aquel importante apóstol que fue Pablo, predicando a infieles, y alejándose de las fronteras judías, propició que la estela de Jesús –con la inevitable alteración de sus ideas por parte de los diversos procesos religiosos- llegara, más o menos pura, hasta nuestros días.
Es probable que el paso por el contexto religioso sea una circunstancia inevitable y necesaria para el posterior desarrollo, en sus delineamientos originales.
Evidentemente, todo lo antedicho es sólo una opinión personal.
F.E. - Concordamos con la opinión del Dr. Regis. El Espiritismo no es la Tercera Revelación, ya que no podemos olvidar las muy relevantes enseñanzas obtenidas en otros pueblos, enseñanzas como el Islamismo, el Budismo, la Filosofía Yogui.
D.K. – “Eso se tradujo en una mezcla de palabras y significados que, después del fracaso del Espiritismo en Europa, permitió a los místicos católicos brasileños que empuñaron la bandera del Espiritismo, crear un “Espiritismo a la brasileña”, básicamente una religión en el sentido usual de la palabra, defendiendo y manteniendo los símbolos y significados del catolicismo.
“La bandera que bien alto enarbolamos es la del Espiritismo cristiano y humanitario[5]”, escribió Kardec en “El Libro de los Médiums”, (cap. XXIX, núm. 350). Podemos hacer muchas conjeturas acerca de cual era su intención al escribir de esa forma, pero lo que importa es que la expresión “Espiritismo cristiano” se tornó, en Brasil, la identificación misma del Espiritismo.
F.E. - Evidentemente encontramos mucho más correcta y universal la expresión “Espiritismo humanitario”, aunque, como ya decíamos más arriba, el Espiritismo no necesita de adjetivos.
D.K. – “Los que se adhirieron al movimiento espirita sin desvincularse de la marca católica, eligieron a Jesucristo, idealizado por la Iglesia, como el salvador, manteniendo lazos firmes con el catolicismo, aunque lo considerasen un espíritu encarnado, sujeto a la evolución, y no un dios.
F.E. - Pero, a pesar de que tengan claro que se trata de un Espíritu, no por ello dejamos de encontrar textos en los que, prácticamente, se diviniza la figura de Jesús, lo cual sin duda, resta cercanía a esa gran figura de la humanidad.
2. “El Cielo y el Infierno”
D.K. – “Ningún libro de Allan Kardec muestra las dificultades y ambigüedades de la falta de un nuevo lenguaje y de nuevos conceptos desvinculados de la Iglesia, que “El Cielo y el Infierno”.
Editado en 1865, con el subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”[6] el libro aborda la propuesta del catolicismo sobre las penas futuras. En él, Allan Kardec analiza los postulados católicos, dando una explicación espirita a los fundamentos del catolicismo sobre el futuro del alma después de la muerte, o sea, los castigos en el infierno y las recompensas en el cielo.
En la primera parte, el autor habla de la muerte, del porvenir, del cielo, del infierno y del purgatorio según la Teología Cristiana. Hace un malabarismo teórico, sin rechazar propiamente esa Teología, pero intentando darle una explicación diferente.
Esa postura contraría lo que él escribió en la primera línea de “El Libro de los Espíritus”: “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras”. Insiste en mantener los términos católicos para explicar la justicia divina, y eso se traduce en contradicciones como la que se presenta cuando afirma: “En esa inmensidad sin límites, ¿dónde está, pues, el Cielo? Está en todas partes”[7], lo cual muestra una relación dudosa con la localización física del cielo, recorriendo un camino que lo relaciona con la antigua idea del cielo arriba y del infierno abajo y la Tierra estacionada.
A continuación, elige los mundos superiores como una especie de cielo: “La vida en los mundos superiores es ya una recompensa (…) Allí imperan la verdadera fraternidad, porque no hay egoísmo; la verdadera libertad, porque no hay orgullo; la verdadera igualdad porque no hay desordenes que reprimir, ni ambiciosos que quieran oprimir al débil. Comparados con la tierra aquellos mundos son verdaderos paraísos, son etapas del camino del progreso que conduce al estado definitivo”.[8]
Sería ese el cielo del Espiritismo, en sustitución del cielo católico. Es evidente que las motivaciones son otras, pero el lenguaje es semejante y condicionante.
De la misma forma, afirma: “El Espiritismo no viene, pues, a negar la penalidad futura (…). Lo que destruye es el infierno localizado con sus hornos y sus penas irremisibles. No niega el purgatorio, puesto que prueba que estamos en él…[9]
Elige el plano extra físico como el lugar donde esas penalidades serían aplicadas: “En el estado espiritual, sobre todo, el espíritu recoge los frutos del progreso logrados por su trabajo durante la encarnación.”[10]
En definitiva, queda una masa indiferenciada.
F.E. - A pesar de todo lo antedicho por el Dr. Regis, “El Cielo y el Infierno” es una obra muy interesante, con la salvedad de los párrafos y expresiones controvertidos que acabamos de leer. Recomendamos especialmente la lectura de los siguientes capítulos de la primera parte:
- I: “El futuro y la nada”
- II: “El miedo a la muerte”
- VI: “Doctrina de las penas eternas”
- VII: “Las penas futuras según el Espiritismo”
- XI: “Acerca de la prohibición de evocar a los muertos”
- I: “La transición” En este capítulo, Kardec nos explica todo lo que ocurre en el momento de la muerte.
- II: “Espíritus felices”
- IV: “Espíritus en sufrimiento”
- VI: “Criminales arrepentidos”
- VII: “Espíritus endurecidos”
- VIII: “Expiaciones terrenales”
D.K. – “¿Qué movió a Kardec a esa posición conciliatoria, procurando dar razones a la Teología, apenas creyendo que hubo una equivocación? ¿Sería todo una cuestión de palabras?
En verdad, según el Espiritismo, no existen el cielo, el infierno ni el purgatorio.
F.E. - Estamos totalmente concordes con estas aseveraciones. Y, abundando más, deberíamos -en el contexto espiritista, especialmente el divulgativo- evitar tales expresiones. El Espiritismo puede denominar con precisión cualquiera de esos conceptos sin necesidad de recurrir a las tipificaciones cristianas. Por ejemplo, para hablar de…, se podría decir…:
- el infierno ► mundos inferiores
- el purgatorio ► muchas situaciones de la erraticidad y la encarnación en mundos inferiores
- el cielo ► mundos superiores
- los demonios ► espíritus ignorantes, malvados, atrasados, inferiores…
- ángeles y arcángeles ► espíritus instruidos, ilustrados, superiores…
- recompensas ► situaciones positivas derivadas de un correcto comportamiento
- castigos ► consecuencias negativas de nuestros errores
- “rescate”, “pago” de deudas ► reequilibrio, neutralización, compensación de errores pasados
- “dar luz”, “hacer caridad” a espíritus perturbados ► orientar a espíritus perturbados
- “practicar”, “hacer” Espiritismo ► realizar reuniones mediúmnicas
D.K. – “Remendar paño viejo con paño nuevo es incompatible, ya lo dijo Jesús de Nazaret.[11]
Ángel no puede ser sinónimo de Espíritu puro.
F.E. - Unas palabras más acerca de los ángeles. En este momento los ángeles están de moda, en muchos contextos culturales y pseudo culturales de nuestro mundo. Y, parece, que esta moda también se acerca al Espiritismo. Repetimos, los ángeles, arcángeles y serafines no existen; de existir, serían unos seres especiales y, en Espiritismo, lo único que nos diferencia es el grado evolutivo, nada más.
Por todo ello, debe evitarse cuidadosamente la mención de estos conceptos en nuestras Asociaciones espiritistas, especialmente en lo que respecta al contexto divulgativo. De lo contrario se están confundiendo conceptos y se está induciendo a error a quienes nos escuchan o leen. En aras de la buena voluntad, no vale todo y no puede aceptarse todo, y si alguien, en nuestro ámbito, se empeña en divulgar estas inexactitudes hay que hacérselo entender y no propiciar con nuestra colaboración la diseminación de esas concepciones extrañas al Espiritismo.
D.K. – “El diablo no puede ser justificado como la condición de un espíritu imperfecto u obsesor.
El purgatorio no tiene sentido en la justicia divina, según el Espiritismo.
[1] “Las ciencias comunes se basan en las propiedades de la materia, que se puede experimentar y manipular a voluntad. Los fenómenos espiritas se fundan sobre la acción de Inteligencias que poseen su propia voluntad y nos prueban a cada instante que no están a disposición de nuestro capricho. Por tanto, las observaciones no pueden realizarse de la misma manera, sino que requieren condiciones especiales y otro punto de partida. Pretender someterlas a nuestros procedimientos de investigación convencionales equivale a establecer analogías inexistentes. En consecuencia, la ciencia propiamente dicha, como tal, es incompetente para pronunciarse sobre el Espiritismo.” (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, VII)
[2] “Qué es el Espiritismo” se revela como una de las obras que con más atención reeditó Allan Kardec. La fue completando, en sus sucesivas ediciones, con numerosas referencias a sus otras obras. Al final del extensísimo capítulo primero de este libro, el propio Kardec recomienda su lectura como obra de iniciación al conocimiento espiritista: “La primera lectura es la del presente volumen, que expone el conjunto y los puntos más salientes de esta ciencia. Con eso es posible ya formarse una idea general y persuadirse de que en el fondo hay algo de serio. En esta rápida exposición nos hemos dedicado a señalar los puntos en que se debe concentrar particularmente la atención del observador. El desconocimiento de los principios básicos del Espiritismo es la causa de las falsas apreciaciones hechas por la mayoría de aquellos que están juzgando algo que no comprenden, o que lo hacen conforme a sus preconceptos.”
[3] Segunda edición en 1865, ya con su título definitivo: “El Evangelio según el Espiritismo”
[4] “En cinco partes pueden dividirse las materias que los Evangelios contienen: Los actos ordinarios de la vida de Cristo, los milagros, las profecías, las palabras que sirvieron para establecer los dogmas de la iglesia, y la enseñanza moral. (…) Esta parte es el objeto exclusivo de la presente obra” (“El Evangelio según el Espiritismo”, Introducción,1)
[5] Texto resaltado en el original francés.
[6] Desde un punto de vista purista este subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”, hubiera sido un excelente título para esta obra.
[7] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 18
[8] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 11
[9] “El Cielo y el Infierno”, cap. V, núm. 8
[10] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 10
[11] “Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor” (Marcos, 2, 21)