"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



sábado, 28 de julio de 2012


 
UNA BAILARINA DE BALLET, AUTORÍA DE DEGAS, A TRAVÉS DE LA MEDIUMNIDAD DE LUIZ GASPARETTO.


D O S S I E R
por
MARIE-NOËLLE COURTIOL
MÉDIUMS ARTISTAS
EN LA REPÚBLICA CHECA Y EN BRASIL



LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008

■ Art brut y espiritismo en la República checa

En la galería de la ciudad de Praga tuvo lugar del 2 de junio al 31 de agosto de 1998 una exposición de art brut. Presentó
a numerosos artistas checos y eslovacos, pero igualmente algunos grandes nombres tales como Aloïse, Joseph Crépin,
Raphaël Lonné, Augustin Lesage, Guillaume Pujolle, Madge Gill, Scottie Wilson, Adolf Wölfli... Esta exposición fue la
más importante realizada sobre este tema en la República checa y permitió entreabrir una puerta sobre este universo
tan particular, creado fuera de todo sistema artístico oficial o de instancias culturales reconocidas. Es en Francia, desde
la fundación de la Compañía del art brut en 1948, y las investigaciones anteriores de los surrealistas sobre “el arte de los
locos”, que el público se ha familiarizado algo con este arte fuera de lo común. Las realizaciones checas y eslovacas son aún
bastante desconocidas, y sin embargo ciertos nombres como los de Zemánková, Marková, Kodovská o Krízek comienzan
progresivamente a salir a la superficie. He aquí la semblanza de dos de ellas: Anna Zemankova y Cecilie Markova



Anna Zemankova nació el 23 de agosto de 1908 en
Olomouc, Moravia. Su padre era peluquero y tocaba la cítara
en los restaurantes. Anna hizo estudios de odontología y en
1933 se casó con un oficial con quien tuvo tres hijos. En
1939 murió su primer hijo y los alemanes ocuparon Moravia.
Después de la guerra, la familia se estableció en Praga. A la
edad de cincuenta y ocho años, se le declaró una diabetes
que terminó en la amputación de sus dos piernas.
Fue en 1960 cuando comenzó a dibujar. Todas las mañanas,
trabajaba entre cuatro y siete horas en estado de trance; por
otra parte fue considerada como médium. Su universo es
extraño, compuesto de asuntos de inspiración vegetal: flores
carnívoras y plantas que a veces se parecen a los órganos
internos femeninos. Trabajó luego al pastel y al temple,
añadiendo a veces aceite de cocina y igualmente realizó
collages con perlas, strass y flores recortadas.
Anna Zemankova murió en Praga el 15 de enero de 1986.
Su obra está presente en numerosas colecciones públicas:
Colección del Art Brut en Lausana, Archivo de Outsiders en
Dublín, Colección ABCD, Colección l’Aracine en Villeneuve
d’Ascq...
■ Cecilie Marková era, de acuerdo a su entorno, una persona
“sencilla y noble que tenía un aura”, ella jamás hablaba de
arte, pintura o dibujo, decía: “mi creación”. Iniciada en el
espiritismo por su esposo en Kyjov a finales de los años 30,
enviudó tras cuatro o cinco años de matrimonio. Desde
entonces dibujó, cada tarde, después de una invocación,
iluminada por la llama de una vela. En cuadernos Marková
tomó nota de sus oraciones (en lengua checa), así como de
mensajes recibidos (en lengua desconocida para nosotros).
Esta lengua espírita y su escritura variaron con el transcurso
de los años. Para ella, como para otros médiums, las sesiones
de espiritismo realizadas a
veces luego de un duelo o
de un drama de la vida, “han
autorizado” la apertura de
una brecha donde a menudo
se hacen visibles diversos
mundos, la mayoría de las
veces gracias al lápiz. La
autorización interior puede
ocurrir a cualquier edad,
hace saltar la censura y
permite entregarse a veces
al dibujo automático,otras
veces a la captación de “visiones”. A veces también le es
posible al médium o a un observador notar la duración “del
cambio de plan de conciencia”.
■ Médiums brasileños

Brasil cuenta con numerosos artistas médiums, que reciben
los colores y las formas de los espíritus del más allá. Tierra
de contrastes, este país es el crisol de una incesante mezcla
de culturas y de ideas, donde son frecuentes las dobles y
hasta triples pertenencias religiosas, en el origen de lo que se
denomina el sincretismo brasileño, al cual no puede escapar
el espiritismo; un espiritismo que ha prosperado adaptándose
con frecuencia a las costumbres y creencias locales. He
aquí la semblanza de dos brasileños, Luiz Gasparetto y
Flavio de Souza Lima que han desarrollado y trabajado su
mediumnidad en los centros espíritas.
■ Luiz Gasparetto

Luiz Antonio Alencastro Gasparetto nació en São Paulo, el
16 de agosto de 1949, en una familia modesta de inmigrados
italianos. Sus padres Aldo y Zibia le
educaron según la doctrina espírita,
lo cual permitió a todos los miembros
de su familia comprender y dirigir las
aptitudes mediúmnicas que poco a poco
empezaron a manifestarse en él. En
efecto, desde muy joven fue marcado por
el llamado de los espíritus: hacia los cuatro años era nervioso,
agitado, insomne y tenía una sensibilidad muy rara a esa
edad. Frecuentó con su familia un centro espírita en el que
muy pronto manifestó una gran aptitud para diversas formas
de mediumnidad; los espíritus hablaban a través su boca,
le dictaban mensajes, a veces en una lengua desconocida;
muy pronto fue presa de impulsos para dibujar, que se
anunciaban por temblores en el brazo, y se ponía a ejecutar
retratos y paisajes así como formas abstractas con una rapidez
fulminante. A la edad de trece años, trató de pintar, pero no
hizo nada: no estaba dotado.
Tres meses más tarde se disponía a abandonar los pinceles,
cuando el espíritu del gran pintor Manet lo visitó y le
propuso ayudarlo. Luiz aceptó y en tres minutos pintó
un soberbio retrato.
Se le llevó entonces a ver al célebre médium Chico Xavier
ante quien realizó unos quince cuadros. Para su gran sorpresa,
Chico Xavier identificó algunos como obras del célebre
pintor holandés Rembrandt (1606-1666). Así fue como
empezó una nueva etapa en el trabajo del médium, pues se
iba a dar cuenta de que a través él se manifestaban pintores
conocidos, y no de los menores, puesto que se trataba de
Monet, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Toulouse-Lautrec,
Modigliani etc. y en sus cuadros se reconoce el más puro
estilo de sus autores. Cada pintura posee las características,
los colores y la firma innegable del artista célebre.
Entrevistado por el periodista y reportero Bernard Martino
en 1989, he aquí lo que dijo Gasparetto sobre este período:
“A los 13 años me di cuenta de que estaba en contacto
con los espíritus... Ni siquiera sabía donde se encontraba
Francia, ni tampoco los otros países... No conocía el nombre
de los pintores que se manifestaban... (porque durante ocho
años vinieron sin identificarse, esperando que yo creciera...)
más tarde, cuando comenzaron a firmar y a afirmar su estilo
propio, me acuerdo que Modigliani firmó, y yo nunca antes
había oído aquel nombre. Fui a consultar un libro, uno de
los libros de la biblioteca municipal porque no tenía libros
de arte en la casa, nunca los había tenido, y me enteré quien
era; y también todos los demás, terminé por aprender cómo
habían vivido para conocerlos...”
Para su vigésimo cumpleaños ya Luiz había producido unas
2.400 telas provenientes de artistas conocidos del pasado.
Luego, a los 25 años, su guía se manifestó y le pidió que
tomara lecciones de baile. Luiz estaba algo desconcertado,
pues jamás había manifestado el menor interés o talento para
el baile. Pero se plegó al deseo del espíritu y el año siguiente
mientras estaba en trance pintando, remangó de repente las
piernas de su pantalón y comenzó a pintar con los pies. En
algunos minutos, produjo el maravilloso retrato de una joven
mujer firmado: “Renoir”. Gasparetto ya había desarrollado
la capacidad de crear dos pinturas simultáneamente, una
con la mano izquierda y otra con la derecha, con dos firmas
diferentes. Con el talento recientemente desarrollado ahora
podía pintar tres telas simultáneamente (aparentemente las
lecciones de baile habían tenido como finalidad desarrollar
una mayor destreza en los pies).
Gasparetto hizo estudios de psicología en Brasil y luego en
Estados Unidos. Durante mucho tiempo realizó sus sesiones
de pintura mediúmnica mientras trabajaba como psicólogo
en una pequeña clínica de las afueras de Rio de Janeiro.
Todas sus telas eran vendidas en subastas a beneficio de
obras de caridad.
Desde 1974 comenzaron las investigaciones sobre el
fenómeno “Gasparetto”, lo cual le obligó a viajar por todo
el Brasil y luego al extranjero para hacer demostraciones
de pintura mediúmnica. Gasparetto es conocido
internacionalmente, ha escrito para numerosos periódicos
y revistas de diversas partes del mundo. Igualmente ha
producido para la televisión brasileña un programa regular
dedicado a los fenómenos paranormales en el cual nunca se
ha apartado de la explicación espírita.
■ ¿De qué manera trabaja?

Sus obras son de gran calidad y las condiciones en las
que las realiza son sorprendentes por su velocidad de
ejecución y por la multiplicidad de los estilos que es capaz
de desplegar. Entra en trance con gran rapidez y trabaja
a una velocidad fulminante, en una sala apenas iluminada
por una débil luz roja donde es imposible distinguir un
color de otro. Su método de trabajo es por lo menos poco
usual: sobre una mesa, con los ojos cerrados o la cabeza
apoyada en el hueco de su brazo izquierdo, pinta sin ver
nunca el resultado de sus gestos. Todo pasa muy rápido.
No elige sus colores y en cuanto un dibujo está terminado,
lo aparta para comenzar otro sobre una hoja en blanco.
Para realizar una pintura, toma los colores sin mirarlos, los
extiende sobre la tela con la palma de la mano, pinta con los
dedos y firma cada obra como lo haría el presunto autor. Lo
más asombroso, no es sólo la verosimilitud del estilo, sino
también la velocidad con que trabaja: en algunos minutos
realiza con los ojos cerrados lo que cualquier profesional
haría en algunas horas, e incluso algunos días, con los ojos
abiertos. Le ocurre también que pinta en total oscuridad y
también completamente al revés, es decir que es preciso dar
vueltas al cuadro producido, con la parte de abajo hacia
arriba, para ver de qué se trata. Y todo eso siempre a una
velocidad inaudita. Y cuando Gasparetto se cansa de utilizar
las manos, se descalza y repite su hazaña con los pies.
A Bernard Martin, que le preguntó lo que siente cuando
pinta, le respondió:
“No estoy consciente de lo que pasa sobre el papel... trato de
no prestar ninguna atención... cuando comienza el trance
siento una excitación muy fuerte... mi cuerpo se entumece y
entonces los espíritus comienzan a utilizar mi cuerpo... yo,
no sé lo que van a hacer, trato de ver lo menos posible para
no interferir por un impulso natural... entonces, no sé lo que
van a hacer, pero estoy consciente de su presencia... a veces,
unos están trabajando mientras yo hablo con otro que está
al lado...”
Aún antes de que un pintor firme, Gasparetto sabe con
frecuencia de qué espíritu se trata:
“A veces estoy distraído y no lo reconozco, pero si presto
atención al pintor, entonces sé quién es... simplemente por
su modo de llegar... pero cuando son dos o tres al mismo
tiempo, ya no lo sé... a veces son tres juntos, con las manos
y con los pies, entonces no es posible saber, es confuso... me
retiro, me pongo entre paréntesis, las manos trabajan solas...
aflojo todo mi cuerpo y me entrego totalmente a ellos...”
Finalmente, cuando se le pregunta si los pintores que se
manifiestan han conservado las características, físicas o
psicológicas de su vida, responde:
“La gente cree que cuando uno muere, se transforma, pero
eso es falso, se queda igual, sólo se evoluciona con arreglo
a las experiencias que se tengan, como aquí, el tiempo
y el espacio siguen iguales para ellos. En cambio, en la
dimensión donde se encuentran, son diferentes físicamente,
por ejemplo, cuando Toulouse-Lautrec se acerca, ya no
tiene problemas con sus piernas. Me parece una persona
muy alegre, llena de humor, se interesa por la cocina y
de vez en cuando me da recetas de cocina francesa, es
alguien como todo el mundo, muy diferente a Van Gogh
que es un personaje más serio, que estudia metafísica, le encanta eso. Quiere volver
a reencarnar para cumplir un trabajo espiritual en la tierra, un trabajo que ya
quería hacer cuando era Van Gogh, pero en lugar de eso se dedicó a la pintura;
gracias a Dios fue pintor... o Delacroix, que se pasea en jeans americanos, es muy
moderno, nunca hubiera pensado que era Delacroix... o Leonardo da Vinci que es
un extraterrestre, siempre viene acompañado de seres como él, que no son de este
planeta, viene por períodos y luego se va... ¡Renoir! Es muy hermoso, como un dios
griego, además en otra vida fue Fidias (el más conocido de los escultores de la
Grecia antigua, un siglo antes de JC.) y luego fue Renoir...”
Igualmente Gasparetto es capaz de producir bajo la influencia de autores póstumos,
magníficas esculturas así como collages, y esto también a una velocidad prodigiosa.
Todos los pintores que contaron en este planeta han pintado a través de Gasparetto:
¡Delacroix, Van Gogh, da Vinci, Monet, Rubens, Goya, Degas, Gauguin y Matisse!
Una buena cincuentena en total, de los cuales más de un tercio son franceses.
■ Flavio de Souza Lima

En agosto de 1999, durante una visita a Brasil, nuestro presidente
Jacques Peccatte tuvo la oportunidad de conocer a un pintor
médium muy sorprendente que presenta grandes semejanzas
con Gasparetto. Este pintor médium, de unos cincuenta años,
se llama Flavio de Souza Lima. Vive en la ciudad de Santos,
cerca de São Paulo y produce regularmente una gran cantidad
de pinturas y dibujos mediúmnicos. Trabaja rodeado de algunos
amigos en un grupo espírita del cual se ocupa.
El encuentro tuvo lugar en la casa de Flavio. He aquí lo que nos dice Jacques
Peccatte:
“Después de una conversación de una media hora, el pintor médium se instaló en
su taller. Sentado junto a una gran mesa con todo su material de guaches, pinceles
y pasteles, alrededor de él, se puso a dibujar y a pintar con gran virtuosidad.
Sin condiciones particulares de preparación o de recogimiento, sino el silencio
y la atención de los pocos asistentes presentes, Flavio se puso a pintar al pastel
sobre grandes hojas blancas que le tendía su asistente. Produjo así 16 dibujos,
sin interrupción, a razón de alrededor de uno a tres minutos por dibujo. Se servía
de sus dos manos, que trazaban a gran velocidad los esbozos, y elegía sus colores
sin mirar. Luego, pidió telas y terminó cuatro cuadros al guache que fueron
ejecutados con el mismo automatismo que anteriormente, de una forma muy
rápida. Al contrario de ciertos médiums que muestran signos de trance, Flavio
parece perfectamente relajado, tiene los ojos abiertos, está consciente y deja ir sus
manos a la conveniencia de una voluntad que le es ajena. Tampoco hay temblores
o crispación de la mano; ni estado de postración, ni estado segundo, ni trance,
sino el estado consciente de alguien que parece no saber lo que hacen sus manos.
El resultado es asombroso pues la elaboración de cada dibujo o cuadro parece
completamente anárquica, y al final, uno se encuentra ante un retrato o un ramo
de flores. Flavio inscribe el nombre del espíritu al pie de la obra, pero aun antes de
haberlo escrito, ya se ha adivinado la identidad de un pintor célebre reconocible
por su estilo. Surgen así los Toulouse-Lautrec, Matisse, Dalí, Picasso, Renoir y
cuatro pinturas son firmadas: Van Gogh, Modigliani, Manet y Monet. Para estas
cuatro telas, Flavio utilizó directamente sus manos, realizando los fondos con las
palmas de sus manos y los detalles con los dedos”.
Como pueden comprobar, se encuentran numerosas analogías en la manera
de trabajar de estos dos pintores médiums, aunque Gasparetto trabaja en
estado de trance y con una hiper-agitación que no se encuentra en Flavio
que permanece muy calmado. Sin embargo, en ambos casos, los espíritus
artistas del pasado buscan hacerse reconocer insuflando una creación que
queda en la continuidad de su obra. Se expresan a través de estos médiums
para aportar la prueba irrefutable de su identidad y por ende también la
prueba de la supervivencia del alma.

viernes, 27 de julio de 2012


 D O S S I E R
por
PATRICIA SALIBA
UN ASOMBROSO MÉDIUM MÚSICO

LE JOURNAL SPIRITE N°73 JUILLET 2008

                                                  BENJAMIN HENRI JESSE SHEPARD

Benjamin Henri Jesse Shepard nació
el 18 de septiembre de 1848 en Birkenhead, en
Inglaterra. Un año más tarde su familia se instaló
en Illinois.
En 1869, convencido de sus facultades fuera de lo
normal, partió hacia Europa donde se convirtió
en uno de los más célebres médiums músicos. Sin
gran formación musical, tocaba sin embargo, y
transcribía por automatismo las obras póstumas de
los más grandes compositores. Tocó ante las más
prestigiosas personalidades, desde el Zar de Rusia
hasta la Reina de Hannover o ante el Duque de
Sajonia Altenburg, fascinaba.
Sus dones eran múltiples: en Holanda en 1894, tocó
una sinfonía inspirada por Mozart, dando luego un
discurso filosófico bajo la influencia de Aristóteles.
Los testigos de sus sesiones podían ver aparecer
luces o escuchar las voces directas de hombres y
mujeres, calificadas de sobrehumanas, de quienes
acompañaban la melodía en coros magníficos. Jesse
Shepard podía interpretar él solo una rapsodia para
cuatro manos, con un impresionante virtuosismo.
En 1907 otras voces directas sorprendieron a los
miembros del gobierno en La Haya, cuando oyeron
voces que hablaban en sudanés y mandarín.
En los anales del espiritismo de 1886, se relata una
sesión mediúmnica en estos términos:
“Con motivo de una visita reciente a Filadelfia,
hemos tenido el placer de asistir a una sesión
presidida por el médium extraordinariamente
dotado, el Sr. Jesse Shepard cuyo renombre como
médium musical, así como mental y físico,
es universal. Es difícil encontrar las palabras
adecuadas para expresar la sorpresa y la alegría
que hemos experimentado a lo largo de la hora
y media que duró la sesión. Y para describir
las sorprendentes manifestaciones del poder
artístico que hemos descubierto en la ejecución
de la música vocal e instrumental, que constituyó
la parte principal de esta memorable sesión.
Asistieron doce personas… Esta espléndida
música, sin precedentes, tocaba los oídos de la
audiencia con un poder mágico, y la mantenía en
éxtasis por su hermosura y su perfección. La sesión
comenzó por un canto común al cual sucedieron
las voces de numerosos espíritus que vinieron a
conversar con sus amigos presentes; mientras que
el Sr. Shepard seguía tocando el piano. Estas voces
se hacían oír de todos los lados de la habitación.
Luego comenzó la parte musical de la sesión con
el sonido del arpa, ejecutado con una admirable
habilidad, esta arpa fue llevada a gran velocidad
por encima de las cabezas de los asistentes. Luego
la voz del espíritu anunció al gran genio Rossini.
Una composición musical, que manos humanas
no podrían ejecutar, fue interpretada al piano. La
casa toda vibraba bajo la influencia sobrenatural
que animaba al médium…”

Jesse Shepard cambió de registro y de nombre, de
allí en adelante se convirtió en Francis Grierson y
a los 30 años publicó “Modern Mystique” y otros
ensayos, seguidos de múltiples publicaciones cuya
calidad literaria le dio un lugar como gran escritor.
Impresionado, Alexandre Dumas, le predijo un
hermoso porvenir: “Con sus dones, encontrará
ante usted todas las puertas abiertas”.
La tarde del 29 de mayo de 1927, dio su último
espectáculo. Su amigo y confidente Laurence
Tonner, describe así aquella velada:
“Era un domingo por la noche… Teníamos cierto
número de personas invitadas para un recital de
música en la casa —unas treinta. El Sr. Grierson
(alias Shepard), tocó cierto número de sus
maravillosas composiciones instantáneas al piano
y dio a la sociedad una conferencia sobre sus
experiencias e impresiones de Francia y de Italia.
Se volvió hacia el instrumento y anunció que la
próxima y última pieza musical de la noche sería
una improvisación oriental, de influencia egipcia.
La sesión fue larga, y cuando parecía terminada,
él permaneció sentado, inmóvil como si fuera
necesario un descanso después de la prueba de esta
inmensa composición. Eso le pasaba a veces, pero
esta vez, el tiempo era demasiado largo y fui hasta
él —estaba muerto. Su cabeza estaba inclinada
ligeramente hacia adelante, como cuando tocaba,
y sus manos puestas sobre las teclas del último
acorde, estaba muerto”.

Jesse Shepard tenía 79 años, nunca recibió dinero
por sus conciertos y murió en la indigencia,
habiendo sido obligado a vender sus bienes, y en
particular un reloj de oro al que apreciaba mucho,
que le había sido ofrecido por Edward VII.
Hoy en día, la elegante Villa Montezuma de
San Diego, antigua morada de Shepard, se ha
convertido en centro para el arte y la música,
donde, algunas veces, los visitantes pueden oír
magníficas voces venidas de otra parte.

jueves, 26 de julio de 2012

                                                         FERNAND DEMOULINS

D O S S I E R
por
PATRICIA SALIBA
LA MEDIUMNIDAD ARTÍSTICA
LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008




Alfred de Musset, el enfant terrible del romanticismo,
era sometido a las más diversas influencias de las que da
testimonio así:
“Sí, yo sufro el fenómeno que los taumaturgos llaman
posesión, dos espíritus se han apoderado de mí… hace
muchos años que tengo visiones y oigo voces. Cómo dudaría
yo cuando todos mis sentidos me lo afirman. En las horas
en que esta comunión se opera me parece que mi espíritu
se desprende de mi cuerpo para responder a la voz de los
espíritus que me hablan”.

Leonardo da Vinci soñaba mucho y percibía las imágenes,
los esquemas, la geometría y las matemáticas indispensables
para la materialización de sus invenciones. Conocía su
facultad mediúmnica, pero para evitar la tortura o la
hoguera, debió callar. ¿Puede decirse que los que se llaman
“genios” son médiums, es decir, que poseen una sensibilidad
tan grande que son capaces de percibir o sentir a los espíritus
desencarnados? Sí, sin duda.
Decir que todos los artistas son inspirados es una evidencia,
pero no todos son médiums, es decir, receptáculos del
pensamiento de los espíritus. Impulsados por una fuerza
exterior, los artistas médiums dibujan, pintan, esculpen,
componen obras con extrema rapidez sin haber aprendido
nunca las diferentes técnicas, volviéndose así los intérpretes
fuera de las normas de otro mundo. Pintores, músicos,
escultores y escritores han alcanzado el más allá y siguen
creando. Necesitan intermediarios, para transmitir sus
mensajes y toman prestada momentáneamente la mano del
médium, que expresará con un pincel para la pintura, una
pluma para la poesía, un buril para la escultura, o con sus
dedos que dejará correr sobre un teclado, o sobre cualquier
otro instrumento, el deseo del espíritu inspirador. El médium
artista es un elemento indispensable para la manifestación
del mundo invisible. Más o menos fuertemente inspirado,
puede ser completamente tomado por el espíritu en una
forma de automatismo. Platón decía que “La inspiración es
un estado particular de conciencia, en el que la pequeña
persona se encuentra puesta entre paréntesis, en provecho
de un poder que la sobrepasa”.
Paralelamente al arte oficial, construido sobre los principios
de la Academia, existe una creación autodidacta en la que
los artistas, a menudo desprovistos de conformismo social y
de condicionamiento cultural, construyen un mundo fuera
de las normas. Crean sin ningún conocimiento artístico,
por intuición fuerte y sensaciones particulares. Esta manera
de dejar libre curso a sus manos o a su espíritu ha sabido
subyugar a los surrealistas. Esta forma de creación fue
llamada Art brut por Jean Dubuffet en 1945, y también se
utiliza el término Arte de los locos dado por Marcel Réja
en 1907. Si bien en el comienzo, las obras descubiertas
procedían de los internados, los pioneros, fascinados por
este arte particular, buscaron fuera de los muros de los
asilos, a los artistas autodidactas. Ese arte de los locos del
que Malraux decía que “parece como la expresión de la
L’a inspiración es una sugestión de los espíritus que nos revela el porvenir y las cosas ocultas” decía Pitágoras.
De esta inspiración, nacen obras a través de los llamados genios, que han ofrecido a la humanidad obras
magníficas. Shakespeare, Lamartine, Victor Hugo, Goethe, Mozart, Beethoven, Leonardo da Vinci,
Descartes, Einstein, han sido genios. Esta inspiración puede sobrevenir brutalmente, con fuerza, hasta sorprender
a los sentidos físicos.
libertad”, comprende tres estilos: el pueril, el ornamental
y el simbólico. Para definir una creación de art brut, cinco
puntos fundamentales forman los criterios: la marginalidad
social, la virginidad cultural, el carácter desinteresado de la
creación, la autarquía artística y la inventiva del autor.
El arte espírita o mediúmnico pertenece a este art brut
pero existe una tenue frontera entre los dos, porque todas
las obras producidas están impregnadas de una libertad
de estilo, con motivos radiantes que a veces se acercan de
manera sorprendente a dibujos de otras culturas, como
la de los indios o de los monjes tibetanos. Los indios
de Norteamérica sienten fenómenos semejantes a los
descritos en mediumnidad cuando trazan dibujos sobre la
arena. Puntos comunes se revelan también entre el chaman
y el artista médium. En el arte típico de los aborígenes
los “hombres transparentes” se parecen a los cuerpos
pintados por Aloïse Corbaz, y los dibujos de los Huichols
de México se encuentran en los motivos concéntricos
de Adolf Wölfli. Estas obras llaman la atención por la
emoción o por la particularidad que expresan. El espíritu
que insufla su deseo actúa por telepatía cerca del médium.
Mentalmente, a veces automáticamente, acompañado o
no de un ligero trance, éste traduce el pensamiento del
invisible que se vuelve insistente.
El artista percibe una multitud de sentimientos que la
ayudarán a expresar lo que debe proyectar sobre la tela, el
mármol, la madera o cualquier otro soporte. La elección
de los materiales y de los colores, será espontánea. A
través el arte, los espíritus, siguen manifestando su fuerza,
su forma y su color para transmitir en esa misma forma y
en ese mismo color, su amor por la naturaleza humana.
Lo que impresiona, es la intensidad expresiva de las obras
sin tratar de ser modelos artísticos. Ciertas telas tienen un
carácter premonitorio y son creadas poco tiempo antes de
que se produzca un evento trágico, como por ejemplo la
que recibió Peter Mac Leod, un artista médium de nuestro
Círculo, que mostraba el inminente despertar del volcán de
la Soufrière. Otras obras tienen virtudes terapéuticas y son
utilizadas para reparar las disfunciones físicas o psíquicas
que pueden afectar al ser humano. Sus ondas vibratorias
recibidas por el tacto o la mirada, son benéficas. El arte
mediúmnico de carácter terapéutico es un tratamiento que
se dirige directamente a la causa y no al efecto.
La historia del art brut ha reunido artistas cuya facultad
mediúmnica se ha revelado súbitamente cuando nada la
anunciaba. Victorien Sardou, Augustin Lesage, Fernand
Desmoulins, Fleury Joseph Crépin, Hélène Smith, Marie-
Jeanne Gil, Rosemary Brown, George Aubert y otros, por
descubrir en este Dossier, fueron artistas médiums. Hoy
en día, esta facultad existe en todos los puntos del globo.
El Brasil, primer país espírita del mundo, reconoce el arte
mediúmnico. Luiz Gasparetto, Flavio de Souza Lima y otros,
reciben obras sorprendentes a una velocidad prodigiosa bajo
la influencia de autores póstumos. En Francia, ese arte es
desconocido aunque a través de las exposiciones de art brut,
son expuestas algunas obras de artistas médiums, como la
exposición de arte espírita de París, en la Halle Saint-Pierre a
finales de 1999, la retrospectiva Augustin Lesage en el museo
de Arras Béthune en 1988 o hasta el museo de Brantôme
que rinde homenaje a Fernand Desmoulins. En el Círculo
Allan Kardec, 15 médiums pintores, 4 escultores, 2 poetas
y 3 médiums músicos, presentan un universo inesperado
a través de diversas exposiciones tituladas Origin’Art en
Francia y el extranjero. Todos estos artistas responden a
los impulsos de sus manos, vueltas independientes de su
espíritu, y crean bajo una forma pictórica, poética o musical.
Sus obras serán luego objeto de una clarividencia por parte
de otro médium cuyas informaciones indicarán el autor,
el título y su destino. A veces un sueño magnético puede
completar estas informaciones. En este Dossier dedicado
al arte mediúmnico, les presentamos algunos retratos de
artistas, intérpretes de la supervivencia de los espíritus,
ilustrados por sus creaciones.
El artista médium tiene su lugar en nuestra sociedad y debe ser
reconocido como tal para dejar que se prolongue la creación
de los espíritus del más allá, reivindicando por esta forma
de expresión particular y original, su supervivencia, como lo
destacó el espíritu Rodin recibido en sesión espírita:
“Utilicen al ser humano para los artistas que somos, y que
se manifiestan quiere decir sencillamente que respondemos
a dos llamados: el primero, el amor de ustedes; el segundo,
la continuidad de nosotros mismos. Clama la vida a los
nombres de los pintores, a los nombres de los escultores, a
los nombres de los músicos y a los nombres de los poetas
que, detrás de sus tumbas, les miran vivir y son tan felices
de ser recibidos”.
Todas las artes se complementan en una extraordinaria
armonía para una mayor comprensión del hombre. Una obra
mediúmnica no es fruto del imaginario, sino la trascripción
directa de la expresión espiritual, debe ser vista y leída con el
corazón pues es un mensaje de amor, que debe ser recibido con
la certeza de un encuentro posible entre el hombre y la muerte.

TOMADO DE: http://cepainfo.org/images/Le_Journal_Spirite/8%20le%20journal%20spirite%2073.pdf


 

      "A Contribuição da Cosmovisão Reencarnacionista para o Desenvolvimento Ético do Indivíduo e das Coletividades" é o tema geral escolhido para  as  atividades das  Mesas-Redondas  III do XXI  Congresso  Espírita Pan-Americano da Cepa, a ser realizado em setembro,  na  cidade de Santos,SP. Entre  os reconhecidos pesquisadores, destaque para o argentino Gustavo Molfino que  desenvolverá estudo sobre “A Reencarnação
e o Desenvolvimento Sustentável do Planeta”.
       Autor e co-autor de trabalhos de investigação e difusão do Espiritismo desde 1986, o engenheiro agrônomo Gustavo Molfino  é membro da Secretaria de  Estudo e Atualização  da  Confederação  Espírita Pan-Americana. Dedicado  à  causa espírita  em  atividades institucionais, atua  também  no Gabinete  de  Estudos Psicomédicos SEV, no Grupo de Estudos Mediúnicos e ainda como membro diretivo da instituição.
      Mofino é  coordenador da  Comissão de Responsabilidade Social e Empresarial do Centro Comercial  e  Industrial de Rafaela e Região, Argentina, entidade adesa à iniciativa do Pacto Global das Nações Unidas.

miércoles, 25 de julio de 2012

D O S S I E R
por
MARIE-NOËLLE COURTIOL
DOS ARTISTAS QUE MARCARON
LA HISTORIA DEL ESPIRITISMO

LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008

Fernand Desmoulins
Fernand Desmoulins nació el 5 de
junio de 1853 en Javerlhac, cerca
de Nontron en Dordogne. Su padre
tenía en la aldea junto con su esposa
una pequeña abacería-mercería, pero
pronto abandonó su negocio y su
familia. Fernand partió con su madre
hacia Angulema donde hizo sus estudios secundarios.
Bachiller a los diecisiete años, partió a la conquista de
París; comenzó estudios de medicina que abandonó
para consagrarse a las bellas artes. Frecuentaba los
medios literarios y artísticos y hacía primero retratos
a lápiz, dedicándose luego al grabado, realizando
planchas según diversos artistas como Chardin, Greuze,
Henner, Robot y Stevens. Se hizo maestro del grabado
al aguafuerte; fue alumno de Bouguereau y luego de
Luc-Olivier Merson. Hacia 1880 era el ilustrador de
moda; representó la Safo de Alphonse Daudet e ilustró
las novelas de Goncourt y de Hector Malot. Fernand
Desmoulins tenía un vista perspicaz, una mano diestra,
un trazo hábil y una técnica irreprochable.
En 1905 se casó con una rica heredera, Élise van
Oostérom, hija de un cónsul de la isla de Java que tenía
propiedades en Ceilán. Emprendió viajes por Brujas,
Nuremberg, Mónaco y Venecia. En Salon, donde debutó
como pintor en 1892, expuso sobre todo paisajes y
cuadros hechos durante sus viajes. Del Lejano Oriente
trajo recuerdos que se conservan hoy en el museo de
Brantôme: porcelanas de China, del Japón, de Sèvres,
de Sajonia, lozas de Delft... Fernand Desmoulins era
un artista oficial muy preciado por las celebridades
políticas, científicas y literarias de la tercera república.
Realizó los retratos de pintores, escritores, sabios o
militares como Pasteur, el doctor Charcot, Ferdinand
de Lesseps, Raymond Poincaré, Jules Ferry, Waldeck-
Rousseau, Maupassant, Ernest Renan y Emile Zola.
Desmoulins se encontraba, tanto por gusto como
por convicción, cerca del grupo de los naturalistas.
Dejó el recuerdo de una noche en un
aguafuerte conservado en el museo de
Brantôme; se reconoce allí a Emile Zola
y Ernest Renan. Desmoulins apoyó a
Emile Zola durante el caso Dreyfus.
Amigo de los personajes oficiales y de
las celebridades literarias, acumuló
honores y recompensas. Fue promovido
Caballero de la Legión de Honor, socio
y luego jurado de la Sociedad Nacional de Bellas Artes;
ganó medallas en exposiciones universales y hacia el
fin de su vida, se dedicó a un apostolado moral junto a
las reclusas de Saint-Lazare.
Artista de gran talento, Fernand Desmoulins fue por
turnos grabador, ilustrador, pintor impresionista y
luego dibujante mediúmnico. En efecto, de 1900 a
1902, realizó bajo la influencia de los espíritus, cerca
de cien dibujos misteriosos y sorprendentes, a veces al
revés o en total oscuridad.
Al alba de sus cincuenta años, Desmoulins tuvo
oportunidad de asistir, en casa de Victorien Sardou, una
tarde de junio de 1900, a una sesión de mesa giratoria,
pasatiempo de moda en las sobremesas mundanas. De
regreso en su taller de la calle Washington, experimentó
la imperiosa necesidad de tomar una hoja de papel y un
lápiz. Su mano temblaba, sobresaltada, para finalmente
correr sobre el papel, arañándolo, pintándolo de parte
a parte con volutas desordenadas, sin ningún control
de su razón. Repitió varias veces la experiencia,
consiguiendo sólo garabatos hasta que apareció “una
cabeza ungida con un corona griega salida de la pluma
de un chiquillo de cinco años”. Todo alrededor eran
escritos de palabras confusas, los “sí”, los “no”, luego a
dos preguntas del médium, estas dos respuestas: “Nunca
digo mi nombre” y “no lo puedo decir”. Firmó finalmente
como “El instructor”, rúbrica que se encuentra en todos
sus dibujos espíritas durante más de cinco meses.
Realizados a la mina de plomo o al carboncillo, pronto
aparecieron rostros, enredados en una red de líneas y
como encarcelados en un capullo de gusano de seda,
pero con una rabia y una brutalidad que traicionan los
impulsos de una mano todavía no dominada. El 19 de
junio de 1900 realizó una cabeza en tres minutos y con
los ojos cerrados. Otros dibujos, representados siempre
de frente, fueron realizados al revés o en total oscuridad.
Jules Bois, autor de libros (“El más allá y las fuerzas
desconocidas”, 1902), escribió:
“La mano del pintor Fernand Desmoulins, igualmente
inconsciente en ciertas horas, opera en la oscuridad,
al revés, al sesgo, sobre todos los puntos a la vez, sin
orden, imperiosa, clarividente y hábil, aun cuando, por
una precaución que le impuso un sabio alemán, su
rostro está encerrado en una bolsa, por lo que no puede
dirigir ni ver nada. Es sólo ante la obra acabada que
comprende lo que ha hecho”.
A los primeros retratos nerviosamente plumeados
sucedieron figuras exangües, nimbadas de una
luz mística, difuminadas y rozadas apenas por el
carboncillo o la sanguina. Racimos de rostros, cabelleras
en cascadas, figuras evanescentes y melancólicas
fueron representados. Todos estos rostros tienen una
extraordinaria intensidad de expresión. Están firmados
por “Tu viejo maestro” y luego por “Astarté” que ahora
reemplazaban a “El instructor”. Algunos dibujos son más
elaborados, otros en cambio, se cubren de inscripciones,
como fragmentos de una conversación con el más allá:
“borra, sí, no” o bien “sí quiero hacer dibujar, no, por
supuesto que no, no de muy buena gana”, “estarás muy
contento”, “no yo lo haría mejor, tu viejo maestro”...
Desmoulins realizaba una obra espírita cuando quería.
Henri de Weindel, cronista de La Vie illustrée, le pidió
que dibujara delante de él:
“Él consintió, se instaló en su mesa, alcanzó una hoja
de papel, tomó un lápiz y enseguida la mano se puso a
temblar, luego a saltar sobre la mesa: ‘¡Vamos! ¡Vamos!
¡Vamos! ¡Calma!’ A pesar de pronunciar estas palabras
tranquilizadoras, la mano se mueve de arriba abajo,
con un frenesí cada vez más espantoso, tanto que no
presenta a la vista sino una larga mancha blanca y que
no se distingue más que los rayos de una rueda de coche.
(...) Tres minutos más tarde, el dibujo estaba hecho”.
En un artículo de l’Eclair del 10 de octubre de 1900,
Desmoulins da testimonio respecto a su mano:
“Trabaja a la manera de Rodin, con frecuencia es
arrastrada con la rapidez del relámpago en una suerte
de torbellino. Curvas, volutas y líneas rectas: ojos,
narices, bocas y cabellos, todo es trazado dibujado
y sombreado en un santiamén. Un retrato hecho al
revés representa a una anciana de rostro contraído,
apoyando su mano en la frente. Ahora bien, yo empecé
por dibujar el brazo al revés, y como me era imposible
reconocer que dibujaba un brazo, buscaba qué podía
ser el objeto que esbozaba”.
Un testigo de la época relata que bajo la influencia
de los espíritus, la mano de Fernand Desmoulins se
enloquece y que en algunos minutos aparece un dibujo
sobre su hoja de papel. Realiza sus dibujos ya sea al
sesgo, o al revés, en la oscuridad y a veces con los ojos
cerrados. En 10 ó 20 minutos, es capaz de producir
un dibujo mediúmnico mientras que para realizar sus
propias telas necesita de 5 a 6 días. Un día, un amigo
le trajo un paquete. Él tomó su lápiz y dibujó un busto
de yeso. Se abrió entonces el paquete y se descubrió el
busto que el artista acababa de reproducir.
Entre 1900 y 1902, Desmoulins produjo una obra
mediúmnica personal radicalmente diferente a su
trabajo anterior. Durante dos años sólo realizó
dibujos automáticos (93 figuras, a la mina de plomo,
al carboncillo o a la sanguina). Transcurridos esos
dos años, cesó toda manifestación y nunca más haría
cuadros mediúmnicos. Luego retomó una actividad
artística apacible, escuchando a los vivos y de un
discreto neoimpresionismo. Desmoulins expuso sus
obras mediúmnicas durante el Congreso espírita de
1900 y en 1901, en Georges Petit. Habiendo caído
gravemente enfermo, murió el 14 de julio de 1914
durante un viaje a Venecia.
Las colecciones del pintor Fernand Desmoulins son visibles
en el museo de Brantôme en Dordogne, por haber su
viuda ofrecido las obras a la ciudad que él amaba. Situada
en pleno corazón del Perigord verde, cerca de Périgueux,
Brantôme ha sido bautizada “La Venecia del Perigord”.
Dispuesto en el interior de los edificios de la antigua
Abadía benedictina, e inaugurado en 1951, el museo
fue restaurado y reorganizado en 2000. Conserva
obras mediúmnicas y retratos no mediúmnicos, en
particular los grabados, así como recuerdos traídos de
sus numerosos viajes, presentados en vitrinas.
En el año 2000, con motivo de una puesta en orden de
sus reservas, el Instituto Metapsíquico Internacional
(fundación creada en 1919, reconocida de utilidad
pública y que tiene como objetivo estudiar los
fenómenos paranormales según un enfoque racional),
descubrió un conjunto de dibujos realizados por este
artista. Acompañados de unas 400 páginas de notas
consignadas bajo el dictado de los espíritus, estas obras
dormían allí desde hacía años sin que nadie las hubiera
recordado. Este descubrimiento pareció rápidamente
tanto más notable por cuanto si bien unos cincuenta
de estos dibujos pueden ser legítimamente cotejados
con los de Brantôme, un centenar de otros pertenece
indiscutiblemente a un género que hasta ahora
permanecía totalmente desconocido. En su obra, pueden
reconocerse tres estilos. El primero, figurativo, evoca
los espíritus; se trata de la representación de rostros
evanescentes y de máscaras mortuorias de rasgos fluidos.
El segundo nos presenta dibujos de formas alveolares,
de una elegancia propia del art nouveau, captando en
las redes cabezas sobriamente esbozadas. El tercero
produce formas misteriosas, a la vez interpretables
y abstractas. En los años 1950, la viuda de Fernand
Desmoulins legó al museo de Brantôme la colección
que conocemos. Hizo una selección de ciertas obras;
el resto fue depositado en manos de los investigadores.
De todas maneras, un salvamento milagroso nos revela
una obra libre y creativa, cercana en muchos aspectos
a lo que se denomina art brut.
El espíritu Fernand Desmoulins se manifestó en octubre
de 1987 durante un sueño magnético. El médium
describe:
“Veo el espíritu Fernand Desmoulins al lado de
Augustin Lesage. Están rodeados por numerosos
espíritus artistas. Veo a Toulouse Lautrec y Poulbot.
Fernand Desmoulins y otros como Victorien Sardou
intercambian muchas ideas con los artistas. Es una
verdadera estructura artística del más allá y no es
solamente la tierra la que se considera para perpetuar
el género mediúmnico en materia de pintura, sino
también otros planetas. Fernand Desmoulins añade
que varios rostros dibujados son los rostros de algunos
guías hoy cercanos a nuestro Círculo pero para eso
haría falta hacer el viaje hasta Brantômes... Sonríe y
desaparece con los demás”.
Desde entonces nuestro Círculo ha realizado
exposiciones de pinturas y esculturas mediúmnicas en
Brantôme, lo cual le ha permitido a algunos de nosotros
descubrir en la ocasión el museo Desmoulins
Victorien Sardou (1831-1908)
El caso de Fernand Desmoulins no es aislado, se puede
comparar con el de uno de sus contemporáneos:
Victorien Sardou, espírita convencido y médium. Sardou
recibía dibujos mediúmnicas de aspecto fantástico.
Estos dibujos eran realizados a la pluma o al aguafuerte.
Contrariamente a Fernand Desmoulins, él no sabía
dibujar. En 1858, un espíritu, que se presentó como
Bernard Palissy, le pidió que se procurara un buril y una
placa de cobre. “Pero, protestó Victorien Sardou, no
conozco nada”. La respuesta del espíritu fue: “¡Es por eso
que te elegí!” Durante la siguiente sesión realizó, delante
de testigos, el grabado de un motivo muy complicado,
una obra mediúmnica que representa las viviendas en
Júpiter. Victorien Sardou trabajaba en forma rápida y
desordenada como el pintor brasileño Luiz Gasparetto.
Su mano era guiada con tanta seguridad como velocidad.
Con sus amigos, recibía mensajes del más allá, que ellos
escribían en cuadernos. Fueron ellos los que le llevaron
a Hyppolite Rivail esos cincuenta cuadernos que Rivail,
convertido en Allan Kardec, puso en orden y de los
cuales se sirvió para escribir El Libro de los Espíritus. Fue
por Victorien Sardou que Napoleón III y la emperatriz
Eugenia tuvieron conocimiento de El Libro de los
Espíritus. Victorien Sardou, escribió luego muchas obras
teatrales. Fue elegido a la Academia Francesa en junio
de 1877. Permaneció siempre fiel al espiritismo y en 1900
presidió el Congreso espírita internacional.

martes, 24 de julio de 2012

 D O S S I E R
por
PATRICIA SALIBA


AUGUSTIN LESAGE:
UN DESTINO EXCEPCIONAL

LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008



Hemos dedicado ya varios artículos
a este obrero minero del Pas de
Calais, pero no podíamos hacer en
este número un Dossier sobre el arte
mediúmnico, sin presentar de nuevo a
este hombre de destino excepcional.
Augustin Lesage nació en 1876
en Saint-Pierre les Auchel, cerca
de Béthune. Con su certificado de
estudios en el bolsillo, en 1890 tomó
el camino de la mina como antes
que él lo había hecho su padre. Fue
durante su servicio militar cuando
visitó por primera vez un museo, descubriendo el arte
sin que ello provocara en él ninguna revelación. Muy
preocupado por el bienestar de sus conciudadanos,
fue concejal a partir de 1908. En 1911, cuando estaba
solo en el fondo de su mina, en una pequeña galería de
cincuenta centímetros, oyó voces. Asustado, buscó su
procedencia, pero no había nadie alrededor de él:
“De repente, oí voces que me hablaban. Miré por todos
lados, yo ni siquiera me podía dar vuelta en ese lugar,
estaba solo. ¡Vean mi estupefacción! Tenía miedo, mis
cabellos se levantaban de mi cabeza… Escuché: ‘no
temas, estamos cerca de ti, un día serás pintor’.”
Augustin, inquieto, no le habló a su familia de esas voces,
ni tampoco a sus amigos “por temor a que me tomaran
por un loco o un alucinado”. Fue algunos meses más
tarde cuando oyó hablar de espiritismo y con su amigo
Ambroise Lecomte, fue al Instituto Psicológico de Sin le
Noble, cerca de Douai, donde se practicaban curaciones.
Augustin Lesage leyó las obras de Léon Denis y de Allan
Kardec, se adhirió a la filosofía espiritista y participó
regularmente en sesiones de espiritismo. Una tarde,
recibió el siguiente mensaje:
“Las voces que has oído son una realidad. Un día
serás pintor. Escucha bien nuestros consejos, verás que
realizarás lo que te decimos. Toma al pie de la letra lo
que te diremos y un día, tu misión se cumplirá”.
Durante otra sesión, se delineó su
porvenir:
“Hoy, ya no es cuestión de dibujo
sino de pintura… Sí, un día serás
pintor y tus obras serán sometidas a
la ciencia. Al principio lo encontrarás
ridículo, somos nosotros los que
trazaremos por tu mano, no trates de
comprender y sobre todo, sigue bien
nuestros consejos”.

El espíritu le aconsejó procurarse
pinceles y colores. Augustin no tenía
idea de lo que le hacía falta y se dejó
guiar. El tendero de Lillers a donde se dirigió declara:
“Adquirió aquellos primeros colores y pinceles y
recordamos perfectamente que no los elegía él mismo,
dejaba detener su mano donde los espíritus querían
detener su elección”.

Augustin se puso a pintar, sobre una hoja de papel fijada
a la pared, con la certeza de que su mano ejecutaba lo que
el más allá inspiraba. Muy rápido tuvo deseos de pintar
sobre una tela. Cuando pensaba en recortar en varios
trozos una tela de nueve metros cuadrados, se detuvo y
recibió un mensaje que le pedía pintarla completa.
“Diluí penosamente las pinturas y comencé por una
esquina, el espíritu me tuvo en aquel cuadradito
durante tres semanas consecutivas. No hacía nada y
era un trabajo… Después, todo se expandió, el pincel
marchaba de izquierda a derecha y hubo simetría…”
Esta obra colosal le tomó un año de trabajo, pero el
resultado es sorprendente, único. Este primer cuadro
está expuesto hoy en el Museo de Lausana.
Durante la Gran Guerra, Augustin fue movilizado y
participó en las batallas de Dunquerque, de Douai y
del Yser. En las trincheras, dibujaba tarjetas postales y
recuerdos de combate que todo el mundo quería: “Los
oficiales venían a buscarme para tener también sus
postales”.
De vuelta del frente en 1916, retornó a su trabajo de
minero y a su arte mediúmnico. En 1921, conoció a Jean
Meyer, director de la Revue Spirite, y a Pascal Fortuny.
Dos años más tarde, ayudado por Jean Meyer, dejó su
trabajo en la mina para dedicarse a la pintura. En 1926,
el gran público descubrió por primera vez dos telas,
Composición simbólica sobre el mundo espiritual y El
espíritu de la pirámide en el Salón de Bellas Artes, sección
de arquitectura. Luego otras obras fueron expuestas en
el salón de los artistas franceses en 1928 y 1929.
En 1926, el Instituto Metapsíquico, dirigido por el Dr.
Eugène Osty, se interesó por este pintor fuera de las
normas y en 1927 varios eruditos fueron llevados a
observar su trabajo. Augustin Lesage pintó un cuadro de
2,10 m. por 1,50 m. en tonos malvas, ejecutado en un
mes, trabajando ocho horas diarias. El Dr. Osty observa:
“De este extraño caso, pintoresco y cargado de enseñanzas
psicológicas, recordamos que un obrero minero sacó de
su propio fondo los conocimientos necesarios para la
realización de una obra de arte decorativo en un género
que no es limitado”.
Augustin Lesage, reconocido por los más grandes
eruditos, etnólogos, artistas y periodistas, finalmente fue
acreditado como pintor médium. Desde 1936 expuso en
Oran, Casablanca, Londres y El Cairo.
■ El estudio de sus obras
“Yo no soy sino la mano que ejecuta y no el espíritu
que concibe” subraya Augustin Lesage, atribuyendo
a sus guías la procedencia de las obras pintadas. Los
espíritus inspiradores eran numerosos y diversos; su
hermana fallecida firmó sus primeros dibujos, seguida
de Leonardo da Vinci y Marius de Tiana *. Pintaba sin
que interviniera su voluntad, rodeado de pinceles, tubos
de colores y de un material heteróclito como botones de
diferentes tamaños, platos, un transportador y una cinta
métrica. A veces comenzaba por un motivo central,
luego realizaba su dibujo de derecha a izquierda, luego
bajaba piso por piso o según la voluntad del espíritu,
comenzaba a la derecha para ir hacia el centro de la
tela. Utilizaba tonos puros, hechos mezclas: “Mi mano
es guiada para tomar el amarillo, el blanco o el verde,
no necesito buscar, el análisis se hace solo”. Su mano
temblaba cuando buscaba los colores pero se calmaba
para ejecutar los movimientos precisos, pintaba rápido.
Michel Thévoz comenta el primer lienzo de Lesage:
“Un universo inestable, dinámico, trabajado por
antagonismos y que podría interpretarse como una
suerte de modelo o alegoría de los procesos de vida, o
hasta como una figuración de los mecanismos mentales
o cerebrales. Cientos de rasgos, de puntos, minuciosos
y alineados, arabescos, formas de aves, rostros, colores
vivos de múltiples influencias y generalmente egipcias,
caracterizan su obra”.
* Deformación de Apolonio de Tiana.
■ Un viaje revelador
En 1937, recibió palmas académicas. Dos años más
tarde, visitó Egipto, fascinado por su cuadro titulado
“El espíritu de la pirámide”, realizado en 1926 y llevó
consigo su último lienzo “La cosecha egipcia”.
“Con frecuencia veo en desdoblamiento dentro de las
pirámides y veo cosas hermosas… lo que hice en vidas
anteriores… Constantemente me siento en el formidable
trabajo de las pirámides, en estas pinturas, esculturas o
moldeados; si es innato en mí, no hay ni que decir que
he estado antes en estas cosas”.
El artista visitó los lugares más hermosos de Egipto pero
fue en el valle de las Reinas, ante la tumba de Mena, que
descubrió con asombro la escena de cosecha que había
pintado en “La cosecha egipcia”:
“De repente me parecía, al estar tan cerca de esta
pequeña escena todavía intacta, al verla tan parecida
a la que yo mismo había hecho, me parecía que
también era el autor de ella. Entre la pintura y yo se
estableció una indefinible correspondencia, como si
no pudiera discernir si acababa de pintarla o sólo de
encontrarla. Hubiera querido quedarme en esa tumba,
ante aquel muro conmovedor, ante aquel fresco casi
viviente. Me sentía inmovilizado, y a la vez sostenido
y agobiado por la sorpresa”.
Lesage nunca hizo fortuna, le encantaba regalar
sus obras, o las vendía a un precio irrisorio. A pesar
de la declaración de guerra, siguió exponiendo en su
región con fines humanitarios. La escasez de tela en
esa época turbulenta, le obligó a pintar sobre otros
soportes. En 1942, mientras su esposa Mandine estaba
enferma, perdió a su hijo, sin embargo encontró un gran
consuelo en su arte. A pesar de ciertas críticas sobre
su mediumnidad artística, pintó y expuso hasta 1952
cuando, viudo y con los ojos enfermos (en 1953 le fue
enucleado el ojo izquierdo), dejó de pintar. Falleció
el 21 de febrero de 1954 en su casa-taller de Burbure.
Numerosos personajes venían a visitarlo para escuchar
a este hombre generoso y de gran bondad.
Augustin Lesage pintó más de ochocientos cuadros.
Fue igualmente sanador. Alivió a numerosos enfermos,
hasta cincuenta por noche, en la época en que todavía
era minero. Se intentó un proceso contra él ante el
tribunal correccional de Béthune, pero los numerosos
declarantes venidos para dar testimonio de su curación,
permitieron que fuera absuelto. Augustin Lesage era
espírita y no dejó de difundir su filosofía.
El artista, cualquiera que sea, no está allí para mostrar
lo que los hombres quieren ver o escuchar, él no puede
mostrarles sino lo que siente y percibe. La función del
artista es hacernos comprender que el mundo puede ser
más hermoso.
                                                    ALFRED RUSEL WALLACE

EDITORIAL
GENESIS Y TEORÍAS DE LA EVOLUCIÓN
por
JACQUES PECCATTE

LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008
Según los principios fundamentales contenidos en el espiritismo kardecista, la historia de los orígenes está conforme a
los datos científicos generalmente admitidos. En su libro “La Génesis según el Espiritismo”, Allan Kardec había hecho
una síntesis general de la evolución de la Tierra y de la humanidad que correspondía a lo que se sabía para la época, en
particular a partir de las teorías de Lamarck y de Darwin. Estaba pues, en total adecuación con la ciencia en lo que se refiere
a la formación de la Tierra y la evolución progresiva de las especies. La única controversia que podía existir, y que es siempre
de actualidad, se basa en la forma de concebir la vida, ya sea desde un punto de vista materialista, o desde un punto de vista
espiritualista y más precisamente espírita, según un principio vital de origen divino. Así, la génesis vista a la luz del espiritismo, se
aparta totalmente de los conceptos religiosos y bíblicos, entrando de lleno en una modernidad que, en el siglo XIX, aún no estaba
en el orden del día para las religiones.
Todas las cosas deben estar ubicadas dentro de un contexto y de
una época, recordemos que Charles Darwin publicó su “Origen
de las Especies” en 1859, suscitando escandalizadas reacciones
entre los medios religiosos, aun cuando Lamarck había pasado
prácticamente desapercibido 50 años antes lanzando principios
bastante parecidos. Algunos años más tarde, en 1868, Allan
Kardec publicaba su “Génesis según el Espiritismo”, refiriéndose
a la vez a Lamarck y a Darwin, al menos en lo que concierne a la
evolución de las especies en el plano físico. Es por ello que, y ese
será el elemento más controvertido para la época, Allan Kardec
(con el apoyo de los mensajes espíritas a los cuales se refería),
no tuvo ningún problema en suscribir la idea de que el hombre
descendía del mono, según el principio de la diversificación
progresiva de las especies desde un punto de vista biológico.
Evidentemente aportó un enfoque nuevo y diferente respecto
a la fuerza vital y espiritual que regía esa evolución, pero es
importante subrayar que la concepción espírita se encontraba
en perfecta conformidad con las teorías científicas del momento,
y por lo mismo en oposición con los principios religiosos.
■ Transformismo y creacionismo
Fue en el siglo XIX cuando se desarrollaron las teorías modernas
del evolucionismo, dentro de un cuestionamiento definitivo al
creacionismo según la Biblia.
J-B Lamarck (1744-1825) dio un paso determinante dentro
de una nueva concepción de la evolución de las especies que
en general se resume así: la evolución tiene por una parte la
influencia del entorno sobre el desarrollo y las modificaciones de
los órganos, según su necesidad y su utilización, y por otra parte
la herencia de los caracteres adquiridos.
Charles Darwin (1809-1882) dentro de la estela de su predecesor,
él desarrolla más otra noción hasta entonces inédita: insiste en
la selección natural donde las modificaciones se operan a partir
de la lucha por la vida, lo que hace que los caracteres adquiridos
más resistentes y mejor adaptados formen parte de una selección
que explica la evolución progresiva de las especies.
Fue esencialmente a partir de estos dos precursores (aunque
siempre se olvide a Alfred Russel Wallace *), que se pudo
comprender cómo se han desarrollado las diferentes especies
vegetales y luego animales desde hace varios millones de años.
La ciencia había entrado por fin en una concepción teórica
que batía en brecha las ideas de generación espontánea o de
creación de las especies por un milagro divino. Esta última idea,
según la cual cada especie habría sido creada ex nihilo en un
período dado, para quedar luego en el mismo estado sin la menor
mutación, ha sido calificada de fijismo, teoría todavía defendida
por Georges Cuvier (1769-1832), quien fue uno de los primeros
precursores de un evolucionismo que aún no había considerado
el transformismo dentro de la modificación progresiva de las
especies que se diversificaban por ramas a partir de troncos
comunes.
Debemos recordar igualmente el aporte del sacerdote y paleoantropólogo
Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) quien,
aunque refiriéndose a los datos del darvinismo, daba su versión
deísta que insiste en la complicación creciente dentro de la
diversificación progresiva de las especies desde la ameba hasta
el hombre. Su obra, que es a veces una verdadera celebración
de lo divino, no fue sin embargo, admitida por la Iglesia y
permaneció largo tiempo colocada en el Índice antes de ser más
o menos tolerada por el Vaticano.
* Alfred Russel Wallace (1823-1913) estableció una teoría de
la evolución, prácticamente idéntica a la de Darwin, al mismo
tiempo que éste y sin conocerlo. Luego Wallace, convertido en
espírita, se desmarcó de Darwin, revisando en consecuencia sus
propias concepciones anteriores.
■ Los nuevos creacionismos
Con Teilhard de Chardin y otros pensadores de hoy, apareció una nueva versión del
creacionismo que, en oposición a los biblistas, es una forma de considerar la evolución del
mundo a partir de un impulso espiritual o divino, sin renegar por ello de los conocimientos
adquiridos del transformismo darviniano. Y es aquí donde hay que desconfiar de una mala
asimilación, debida a un simple problema de vocabulario: el creacionismo es un término
que sirve a la vez para designar dos teorías: la del génesis según la Biblia y la de una
complicación progresiva y transformista que integra la noción de divinidad. Este nuevo
creacionismo, pues, no tiene ya ninguna relación directa con las versiones simplistas de una
religión que hacía de Dios el origen milagroso de todas las cosas, creando de principio a fin
especies diferentes que no habrían sufrido ninguna mutación en el transcurso del tiempo (el
mito de Adán y Eva o el fijismo de Cuvier).
Hoy en día encontramos un neo-creacionismo en muchas teorías que recurren al designio
inteligente, o intelligent design, movimiento científico esencialmente norteamericano,
carente de toda dimensión religiosa, que estudia los signos de inteligencia en la evolución
del mundo y de las especies. Existen varios modelos teóricos que se refieren a este intelligent
design, modelos bastante parecidos unos a otros, que apelan más o menos a una forma de
neo-darvinismo, añadiendo diversos grados de elementos de selección natural, de azar, de
“azar canalizado”, de mutaciones bruscas y de un soporte inteligente que orienta la evolución
en cierta dirección. Entre los numerosos investigadores de hoy, se encuentra el biólogo y
parapsicólogo Rémy Chauvin (nacido en 1913), clasificado entre los creacionistas, aunque
repitámoslo, este término creacionista está mal adaptado para designar a las personas que
no consideran la creación en el sentido estricto del término, sino una evolución hecha de
mutaciones sucesivas a partir de un designio inteligente en el Universo.
■ El evolucionismo según el espiritismo
Volviendo a la obra de Allan Kardec, encontramos los principios fundamentales de fluido
universal y de impulso vital, integrando las nociones de espíritu, periespíritu y pulsión divina,
y planteando como dato esencial la preeminencia del espíritu sobre la materia. Se puede
acreditar entonces a nuestra cuenta la noción de designio inteligente, aunque dándole
una dimensión más fuerte o más espiritual que la comúnmente admitida por los teóricos
del intelligent design, al suponer una fuerza divina o espiritual indefinida que presidiría el
equilibrio del Universo. El espiritismo enseña, no sólo la existencia de esta pulsión divina
inteligente y organizadora, sino también la de espíritus individualizados, procedentes ellos
mismos de la divinidad. Dentro de la diversidad de la naturaleza tal y como se presenta
actualmente en la Tierra, puede decirse que toda forma de vida es espiritualizada, y que
aun a nivel del mineral, la estructura molecular recurre a un principio organizador sin el
cual sería el caos, lo que a veces ha hecho decir en forma abreviada que “en todo hay
espíritu”. Y sea como sea, podemos tener cierta aproximación a partir de los datos de la
física cuántica, cuando se habla de granos de energía a nivel de los elementos más ínfimos
de la materia, y que parecerían reaccionar o interactuar de manera inteligente.
Respecto a lo que llamamos la vida, y partiendo entonces de los primeros protozoarios a
partir de los cuales la vida se hizo más compleja hacia las plantas y luego más tarde hacia
las especies animales, vemos detrás de esta evolución un impulso vital de origen espiritual
que sirve de soporte a los progresivos cambios, incluso a las sucesivas mutaciones.
Percibimos aún mejor este impulso vital a nivel de los animales superiores de los que hace
parte la especie humana, refiriéndonos a la estructura doble de un espíritu acompañado
por su periespíritu, en los seres individualizados. El impulso es dado por el espíritu y la
transmisión al cuerpo físico se hace a través del periespíritu que es el vínculo energético
indispensable para esta transmisión. Así, la evolución de una especie animal superior (la
especie humana por ejemplo), si bien es esencialmente tributaria de factores genéticos, es
también en cierta medida, el resultado de una impregnación vital y espiritual de nuestros
espíritus encarnados que se transmite por el periespíritu.
Esta tesis espírita permite explicar cómo a partir de una especie animal (los grandes monos),
surgió la humanización hace alrededor de seis millones de años. ¿Cómo se pasó de una
especie animal a una especie humana que se desarrolló en tan poco tiempo (pues en la
escala de la evolución de las especies seis millones de años son un tiempo muy corto)? La
explicación espírita es esta: los primeros espíritus de tipo humanoide, procedentes de otros
mundos, encarnaron por primera vez en la Tierra utilizando los medios a su disposición, a
saber las especies animales mejor adaptadas a sus necesidades en la conformación física.
Encarnaron entonces en los antepasados del mono. Es así como bajo un impulso de seres
diferentes, reencarnando múltiples veces, la forma simiesca se transformó poco a poco para
dar nacimiento a una nueva especie, la raza humana que con el paso del tiempo se diferenció
radicalmente de sus lejanos primos, los monos (posición erguida, modificaciones fisiológicas
importantes, desarrollo de la herramienta, aprendizaje del dominio de la naturaleza y desarrollo
de la inteligencia reflexiva). Los primeros humanoides no se distinguían verdaderamente de
los grandes monos, pero fue con el pasar del tiempo que la especie humana se desarrolló,
pasando por el australopiteco, el pitecántropo, el neandertal, etc., bajo el impulso vital de
seres diferentes reencarnados en la Tierra para el desarrollo de una nueva raza cuya forma
más acabada es el homo sapiens de hoy.
Esta tesis aparecía ya en “La Génesis según el Espiritismo”, aunque persistía la alternativa
que incluye otra opción, punto sobre el cual Allan Kardec no decidió. La otra proposición
era esta: el espíritu humano se ha desarrollado en primer lugar como espíritu animal,
pasando de alguna manera por todo el escalafón antes de individualizarse y distinguirse
por una inteligencia diferente, progresando del instinto a la reflexión. Esta tesis podría hacer
suponer que toda la evolución completa de un espíritu se realizaría en un solo y único planeta,
pasando por diferentes especies animales consideradas como inferiores y cuyo resultado
superior sería el hombre. Así pues la peregrinación de las almas no franquearía las fronteras
de un planeta preciso, sabiendo por otra parte que los espíritus siempre han afirmado el
principio de pluralidad de los mundos habitados que están en diferentes grados de evolución.
No obstante, en “El Libro de los Espíritus” se encuentra la idea del paso de un mundo a
otro por necesidades evolutivas en “Pluralidad de las existencias” (capítulo IV). Esta idea de
reencarnación de un mundo al otro en los ciclos de vidas necesarios para la evolución es pues
una constante en el espiritismo de ayer y de hoy. ¿Cómo no pensar entonces, con toda lógica,
en planetas inferiores a la Tierra y que representan los primeros pasos dentro de la evolución,
planetas de cuyos seres están llamados a proseguir su ciclo evolutivo en mundos un poco
más adelantados, como la Tierra por ejemplo? Así de mundo en mundo, se establecen los
ciclos de vidas, ciclos necesarios para la evolución del espíritu para ir progresivamente hacia
su perfección. Y es igual para las categorías animales, espiritualmente diferentes a nosotros,
y que serán llamadas a una forma de convergencia en los mundos superiores.
■ ¿Qué queda del creacionismo?
A la luz del espiritismo, podemos establecer algunas grandes síntesis: fieles al transformismo
clásico heredado de Lamarck y de Darwin, apoyaremos de buena gana las tesis modernas
del designio inteligente o del designio divino. Pero les añadiremos los elementos espíritas
determinantes que son el principio vital y espiritual, el papel del espíritu y del periespíritu,
la reencarnación que participa en la evolución de las especies y la humanización que en un
tiempo dado se impuso en la Tierra bajo el impulso de seres que ya no eran de naturaleza
animal (espiritualmente hablando). Todos estos datos nos harán entrar incontestablemente
en la categoría de los “creacionistas”, aunque este término siga siendo inapropiado. Haría
falta inventar un nuevo concepto para entenderse bien sobre las palabras, como por ejemplo
transformismo espiritualista o evolucionismo espírita.
No es porque se hable de Dios o del impulso vital (caro al filósofo Bergson), que se deba
ser considerado sistemáticamente como pensadores neo-religiosos. Son una vez más los
adeptos al materialismo filosófico quienes, en nombre de la ciencia pura y dura, harán de
nuevo la amalgama entre religión y espiritualidad, para a veces poner almismo nivel a los
Teilhard de Chardin (1881-1955) que se valen de la Biblia y los que exponen la noción del designio divino.

domingo, 22 de julio de 2012

E D I T O R I A L
¿CONVICCIÓN FILOSÓFICA
O PRUEBA CIENTÍFICA?
por
JACQUES PECCATTE
LE JOURNAL SPIRITE N° 70 OCTUBRE 2007


El principio del recorrido espírita es haber vinculado
íntimamente dos órdenes de investigaciones: por
una parte, la puesta en evidencia de la existencia y
manifestación de los espíritus por la mediumnidad; y por otra,
la reflexión filosófica y metafísica a partir de la enseñanza
de esos mismos espíritus. La particularidad espírita es pues
reunir ciencia y filosofía en una demostración que sobrepasa
las reglas habituales de la división de los compartimientos,
según la cual la ciencia está desconectada, en general, de
toda metafísica que a su vez raramente se apoya en la
ciencia para apuntalar sus principios filosóficos o religiosos.
Allan Kardec, fue uno de los escasos pensadores que
reconciliaron una y otra, un poco a la manera de los filósofos
griegos, y ello a partir de un estudio hasta entonces inédito,
apoyándose en las comunicaciones post mortem de los
desencarnados. Así, a partir de una nueva forma de considerar
al ser en su continuidad espiritual, nuevos elementos de
comprensión permitieron enlazar el estudio experimental
de los fenómenos paranormales con un estudio filosófico
que les daba todo su sentido. La manifestación de los
espíritus, hasta entonces indescifrable, encontraba por fin
un sentido, gracias a un estudio riguroso de la mediumnidad
en sus diversos componentes, poniendo en evidencia
diferentes categorías de espíritus, desde los más turbados
hasta los más sensatos cuyas palabras sirvieron de base a
la edificación de la filosofía espírita. Más tarde, las cosas
se complicaron en la interpretación de los hechos, pues se
trataba de hechos bien reales, científicamente observables,
pero cuyas interpretaciones se han diversificado después
de la gran época del naciente espiritismo.
Debía desarrollarse luego la metapsíquica, investigación a
través la cual los puntos de vista comenzaron a divergir.
Los primeros fundadores de esta nueva ciencia eran
espíritas, y lo siguieron siendo, entre ellos William Crookes,
Gabriel Delanne, Gustave Geley, Ernest Bozzano, etc.,
mientras que otros, a imagen de Charles Richet, estimaron
que la existencia de los espíritus era sólo un postulado
espírita, susceptible de ser revisado e incluso totalmente
cuestionado. Después de la metapsíquica, que conoció su
apogeo a comienzos del siglo XX, conservando todavía
una fuerte connotación espírita, para apagarse a finales
de los años ‘20, nació la parapsicología, movimiento
caracterizado por la impronta de un rigor científico
todavía más marcado, en detrimento de un aspecto
filosófico que pasaba al segundo plano, hasta desaparecer
prácticamente en ciertos medios de investigación. La
manifestación de los espíritus se convertía sólo en una
hipótesis improbable sobre la que ya no era oportuno
detenerse. Se trabajaba además con las facultades
psíquicas del ser humano, puestas en evidencia en gran
cantidad de experiencias repetidas y renovadas por medio
de las estadísticas, lo cual fue el trabajo de Rhine en los
Estados Unidos, en relación, por ejemplo, con la telepatía
y la clarividencia. Así se redujo pues la investigación a
las facultades humanas, descuidando voluntariamente
los estudios sobre la mediumnidad. Cuando se busca el
espíritu a través de las experiencias mediúmnicas, como se
hizo en épocas anteriores, se acaba por encontrarlo. Pero
si se decreta arbitrariamente que esas investigaciones ya
no tienen ningún objeto, se reduce entonces el campo de
investigación, sobre todo porque ya no se desea saber si
el espíritu sobrevive al cuerpo con alguna oportunidad
de manifestarse. Y es a partir de allí que desaparece la
metafísica y se desvinculan ciencia y filosofía, dando
marcha atrás con relación a los significativos avances que
se habían realizado en el espiritismo.
Se llegó al punto en que la mayoría de los parapsicólogos
modernos, los de la segunda mitad del siglo XX, con gran
frecuencia recrearon la frontera entre la ciencia, que estudia
lo que se ha decidido estudiar, y la metafísica que es relegada
al rango de las convicciones religiosas de cada uno. Así, no
era raro ver a un parapsicólogo fijar una creencia religiosa,
cristiana, budista u otra, mientras estudiaba doctamente
con todo rigor científico los fenómenos psíquicos. Entonces,
el lazo se había roto en el sentido de que “no se mezcla
todo”: el estudio científico de fenómenos a ser probados
ya no debe tener resonancia filosófica. Hay, por una parte,
la investigación pura, científicamente aceptable, y por la
otra una vida espiritual que pertenece a cada uno según
sus propias convicciones religiosas.
El espiritismo, que sigue estando en el origen de todas estas
investigaciones, de metapsíquica y luego de parapsicología,
se ha encontrado así en resistencia contra estas nuevas ciencias del espíritu
humano. Los espíritas nunca han rechazado estos estudios específicos, pero
siempre han deplorado que no hayan estudiado el aspecto esencial de la
posible manifestación de los desencarnados.
Existe sin embargo todo un aspecto de la investigación que puede incluirse
en la parapsicología. Se trata de los trabajos sobre las NDE iniciados por
Raymond Moody, y sobre los niños que recuerdan su última encarnación
(investigaciones de Ian Stevenson). En estos campos de investigación nacidos
en América, finalmente se vuelve a vincular con la filosofía, planteando de
nuevo las cuestiones de la supervivencia del espíritu, de la existencia de Dios
y de la reencarnación.
Es pues una apertura nueva en parapsicología que ha visto la luz desde que
se tomaron en cuenta los trabajos de Moody y de Stevenson, permitiendo
ver resurgir las cuestiones filosóficas fundamentales. Queda en evidencia
que, en estos campos, los investigadores franceses siguen siendo más
timoratos, dentro de su racionalismo, que los de otros países y en particular
de los Estados Unidos. El problema específico de nuestros investigadores
sigue siendo el de una disociación entre ciencia y filosofía, siendo el único
aspecto filosófico que prevalece el de la epistemología: estudiar y reflexionar
sobre los métodos y los sistemas que darán cuenta del verdadero espíritu
científico; es de hecho la ciencia que se hace preguntas filosóficas sobre si
misma y sobre su propio funcionamiento.
Confusión entre postulado e hipótesis
Cuando nació el espiritismo bajo el impulso de Allan Kardec, se trataba de
una corriente metafísica que se apoyaba sobre hechos. La manifestación
de los espíritus no fue planteada como un postulado de base, sino como
un resultado que daba cuenta de ciertos hechos mediúmnicos, cuya única
explicación plausible era la de la supervivencia. Y fue a partir de esa hipótesis
más que probable, que prosiguieron las investigaciones, para finalmente
reforzar y confirmar esa teoría.
Por el contrario, en la moderna parapsicología, ya no se plantea ninguna
hipótesis a priori, para contentarse sólo con examinar los hechos y
experimentar, cuidándose bien de no concluir, sino planteando diversas tesis
entre las cuales no se puede determinar cuál es la buena.
Mientras en espiritismo, se parte del principio de que los espíritus pueden
manifestarse, ésta no es en sí una posición filosófica, sino más bien una
eventualidad probable y variable según la calidad de los médiums, y que es
preciso demostrar después. La ciencia ha funcionado con frecuencia de la
siguiente manera: es a partir de una idea o de una intuición que se orienta
la investigación, se parte de una presunción probable para tratar luego de
confirmarla o invalidarla. En cambio, si no se parte de nada, no se sabe lo que
se busca y no se encuentra nada. Puede hacerse un paralelo con los avances
de la física cuántica: De Broglie, Einstein y otros, desarrollaron teorías nuevas,
sobre todo a partir de intuiciones y no a partir de conclusiones que hubieran
surgido solas de tal o cual ecuación.
Hay pues en primer lugar la idea, la intuición o hasta el razonamiento
que procede de una reflexión filosófica. Y luego, se trata de demostrar
científicamente la validez de esa idea. La trayectoria espírita desde sus
orígenes no ha sido otra que esta. Si se miran los dos grandes períodos del
espiritismo y de la metapsíquica, se comprueba que la investigación científica
seguía una proposición filosófica y que la misma filosofía podía encontrarse
modificada, ajustada y afinada. Se vio por ejemplo que era más necesario
tener en cuenta las influencias subconscientes que pueden intervenir en lo
paranormal, lo cual fue ampliamente estudiado y precisado por Gustave
Geley o Alexandre Aksakov, y desde entonces se ha seguido estudiando.
Se llega hoy a nuevas síntesis que, conservando los trabajos del pasado,
los han refinado y completado con las investigaciones más recientes. Por
una parte, la parapsicología clásica ha aportado demostraciones más que
suficientes respecto a la telepatía o la clarividencia; por otra,
el espiritismo ha proseguido su camino en una evolución
que toma en cuenta los avances de la psicología humana
y de la ciencia con todos sus descubrimientos. Y tal vez sea
finalmente, gracias a los trabajos de Moody y Stevenson,
que la parapsicología regrese inexorablemente a las grandes
cuestiones metafísicas con conclusiones que se acercan a
pasos agigantados a las del espiritismo.
La ciencia del espíritu
Con frecuencia ha sido a causa de arbitrarios principios
materialistas que se ha frenado la investigación psíquica
o espírita. Así se pudo decretar que ciertos hechos eran
imposibles, por no responder a los postulados materialistas.
Todavía hay algunos irreductibles que aún hoy piensan en ese
sentido, pero les haría bien admitir que la ciencia ha terminado
por sobrepasarlos. Desde hace mucho tiempo se ha entrado en
una nueva era donde ya no es cuestión de oponer espíritu y
materia, sino de estudiar las interacciones de uno sobre el otro,
para descubrir allí las nociones más sutiles ya sea en fisiología,
en psicología o en física fundamental.
En el universo de lo infinitamente pequeño, ya no se habla
de partículas elementales sino de granos de energía. Y en
el campo de lo infinitamente grande, ya no se habla en
términos de mecánica tipo newtoniana, sino que se hacen
preguntas sobre la relatividad, la dilatación del espaciotiempo,
del papel de los agujeros negros, de las super novas,
de los conjuntos de galaxias, etc.
Y luego, en el campo de la metafísica, se sabe muy bien que,
por su parte, las religiones ya no pueden tener la menor
conexión con los avances de la ciencia. Y entonces se está
obligado a regresar a una metafísica de tipo, no religioso, sino
filosófico, a la manera de Bergson o de Gabriel Marcel, o de
un Allan Kardec que planteó las bases esenciales de una nueva
visión del universo a partir de la existencia de un mundo
invisible cuya realidad inteligible e inteligente no ha cesado
de demostrarse desde entonces.
Perspectivas de porvenir
El momento ya no es pues de confrontación entre ciencia
y creencia, sino de una visión que vincula ciencia y filosofía.
El ser humano no puede desligarse de una reflexión sobre
su existencia, individual y social, ni sobre el sentido de esta
existencia que lo lleva a plantearse las preguntas metafísicas
sobre su origen y su porvenir. La ciencia no puede responder
directamente a eso, pero posee los medios para proseguir las
investigaciones sobre los fenómenos paranormales o espíritas;
en el marco de las ciencias humanas, puede estudiar la psicología,
lo psicosomático, la hipnosis, y por tanto las interacciones
entre el espíritu y el cuerpo. Puede proseguir igualmente, con
el rigor que le incumbe, la investigación en los campos de las
NDE, las salidas fuera del cuerpo y las reminiscencias anteriores.
Además, realiza considerables avances en el dominio de la física
cuántica y de la astrofísica. Reuniendo todos estos campos de
investigación, surgen nuevas verdades, que todavía y siempre
hace falta afinar y profundizar, para una síntesis que no está
muy lejana y cuyos contornos pueden adivinarse, una síntesis
que nos llevará de nuevo a conocimientos filosóficos, que en
parte ya están contenidos en el pensamiento espírita.

XXI CONGRESO CEPA





Del 05 al 09 de septiembre de 2012, la ciudad brasileña de Santos, SP, será la sede de la celebración del XXI Congreso de la Confederación Espírita Panamericana (CEPA) que con el tema central “Perspectivas Contemporáneas de la Teoría Espírita de la Reencarnación” acogerá a numerosos espiritistas de todo Brasil y demás países extranjeros.

En dicho evento se rendirá un homenaje póstumo a dos destacados pensadores espiritas desencarnados: José Rodrigues y Jaci Regis
Las principales actividades del Congreso se llevarán a cabo en la Universidad Santa Cecília. También cuentan con el apoyo oficial del Ayuntamiento de Santos y la colaboración de las Secretarías Municipales de Cultura y Turismo santistas que prestarán su concurso a la Comisión Organizadora, lo cual otorgará al Congreso una mayor cobertura y relevancia.