"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 25 de julio de 2012

D O S S I E R
por
MARIE-NOËLLE COURTIOL
DOS ARTISTAS QUE MARCARON
LA HISTORIA DEL ESPIRITISMO

LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008

Fernand Desmoulins
Fernand Desmoulins nació el 5 de
junio de 1853 en Javerlhac, cerca
de Nontron en Dordogne. Su padre
tenía en la aldea junto con su esposa
una pequeña abacería-mercería, pero
pronto abandonó su negocio y su
familia. Fernand partió con su madre
hacia Angulema donde hizo sus estudios secundarios.
Bachiller a los diecisiete años, partió a la conquista de
París; comenzó estudios de medicina que abandonó
para consagrarse a las bellas artes. Frecuentaba los
medios literarios y artísticos y hacía primero retratos
a lápiz, dedicándose luego al grabado, realizando
planchas según diversos artistas como Chardin, Greuze,
Henner, Robot y Stevens. Se hizo maestro del grabado
al aguafuerte; fue alumno de Bouguereau y luego de
Luc-Olivier Merson. Hacia 1880 era el ilustrador de
moda; representó la Safo de Alphonse Daudet e ilustró
las novelas de Goncourt y de Hector Malot. Fernand
Desmoulins tenía un vista perspicaz, una mano diestra,
un trazo hábil y una técnica irreprochable.
En 1905 se casó con una rica heredera, Élise van
Oostérom, hija de un cónsul de la isla de Java que tenía
propiedades en Ceilán. Emprendió viajes por Brujas,
Nuremberg, Mónaco y Venecia. En Salon, donde debutó
como pintor en 1892, expuso sobre todo paisajes y
cuadros hechos durante sus viajes. Del Lejano Oriente
trajo recuerdos que se conservan hoy en el museo de
Brantôme: porcelanas de China, del Japón, de Sèvres,
de Sajonia, lozas de Delft... Fernand Desmoulins era
un artista oficial muy preciado por las celebridades
políticas, científicas y literarias de la tercera república.
Realizó los retratos de pintores, escritores, sabios o
militares como Pasteur, el doctor Charcot, Ferdinand
de Lesseps, Raymond Poincaré, Jules Ferry, Waldeck-
Rousseau, Maupassant, Ernest Renan y Emile Zola.
Desmoulins se encontraba, tanto por gusto como
por convicción, cerca del grupo de los naturalistas.
Dejó el recuerdo de una noche en un
aguafuerte conservado en el museo de
Brantôme; se reconoce allí a Emile Zola
y Ernest Renan. Desmoulins apoyó a
Emile Zola durante el caso Dreyfus.
Amigo de los personajes oficiales y de
las celebridades literarias, acumuló
honores y recompensas. Fue promovido
Caballero de la Legión de Honor, socio
y luego jurado de la Sociedad Nacional de Bellas Artes;
ganó medallas en exposiciones universales y hacia el
fin de su vida, se dedicó a un apostolado moral junto a
las reclusas de Saint-Lazare.
Artista de gran talento, Fernand Desmoulins fue por
turnos grabador, ilustrador, pintor impresionista y
luego dibujante mediúmnico. En efecto, de 1900 a
1902, realizó bajo la influencia de los espíritus, cerca
de cien dibujos misteriosos y sorprendentes, a veces al
revés o en total oscuridad.
Al alba de sus cincuenta años, Desmoulins tuvo
oportunidad de asistir, en casa de Victorien Sardou, una
tarde de junio de 1900, a una sesión de mesa giratoria,
pasatiempo de moda en las sobremesas mundanas. De
regreso en su taller de la calle Washington, experimentó
la imperiosa necesidad de tomar una hoja de papel y un
lápiz. Su mano temblaba, sobresaltada, para finalmente
correr sobre el papel, arañándolo, pintándolo de parte
a parte con volutas desordenadas, sin ningún control
de su razón. Repitió varias veces la experiencia,
consiguiendo sólo garabatos hasta que apareció “una
cabeza ungida con un corona griega salida de la pluma
de un chiquillo de cinco años”. Todo alrededor eran
escritos de palabras confusas, los “sí”, los “no”, luego a
dos preguntas del médium, estas dos respuestas: “Nunca
digo mi nombre” y “no lo puedo decir”. Firmó finalmente
como “El instructor”, rúbrica que se encuentra en todos
sus dibujos espíritas durante más de cinco meses.
Realizados a la mina de plomo o al carboncillo, pronto
aparecieron rostros, enredados en una red de líneas y
como encarcelados en un capullo de gusano de seda,
pero con una rabia y una brutalidad que traicionan los
impulsos de una mano todavía no dominada. El 19 de
junio de 1900 realizó una cabeza en tres minutos y con
los ojos cerrados. Otros dibujos, representados siempre
de frente, fueron realizados al revés o en total oscuridad.
Jules Bois, autor de libros (“El más allá y las fuerzas
desconocidas”, 1902), escribió:
“La mano del pintor Fernand Desmoulins, igualmente
inconsciente en ciertas horas, opera en la oscuridad,
al revés, al sesgo, sobre todos los puntos a la vez, sin
orden, imperiosa, clarividente y hábil, aun cuando, por
una precaución que le impuso un sabio alemán, su
rostro está encerrado en una bolsa, por lo que no puede
dirigir ni ver nada. Es sólo ante la obra acabada que
comprende lo que ha hecho”.
A los primeros retratos nerviosamente plumeados
sucedieron figuras exangües, nimbadas de una
luz mística, difuminadas y rozadas apenas por el
carboncillo o la sanguina. Racimos de rostros, cabelleras
en cascadas, figuras evanescentes y melancólicas
fueron representados. Todos estos rostros tienen una
extraordinaria intensidad de expresión. Están firmados
por “Tu viejo maestro” y luego por “Astarté” que ahora
reemplazaban a “El instructor”. Algunos dibujos son más
elaborados, otros en cambio, se cubren de inscripciones,
como fragmentos de una conversación con el más allá:
“borra, sí, no” o bien “sí quiero hacer dibujar, no, por
supuesto que no, no de muy buena gana”, “estarás muy
contento”, “no yo lo haría mejor, tu viejo maestro”...
Desmoulins realizaba una obra espírita cuando quería.
Henri de Weindel, cronista de La Vie illustrée, le pidió
que dibujara delante de él:
“Él consintió, se instaló en su mesa, alcanzó una hoja
de papel, tomó un lápiz y enseguida la mano se puso a
temblar, luego a saltar sobre la mesa: ‘¡Vamos! ¡Vamos!
¡Vamos! ¡Calma!’ A pesar de pronunciar estas palabras
tranquilizadoras, la mano se mueve de arriba abajo,
con un frenesí cada vez más espantoso, tanto que no
presenta a la vista sino una larga mancha blanca y que
no se distingue más que los rayos de una rueda de coche.
(...) Tres minutos más tarde, el dibujo estaba hecho”.
En un artículo de l’Eclair del 10 de octubre de 1900,
Desmoulins da testimonio respecto a su mano:
“Trabaja a la manera de Rodin, con frecuencia es
arrastrada con la rapidez del relámpago en una suerte
de torbellino. Curvas, volutas y líneas rectas: ojos,
narices, bocas y cabellos, todo es trazado dibujado
y sombreado en un santiamén. Un retrato hecho al
revés representa a una anciana de rostro contraído,
apoyando su mano en la frente. Ahora bien, yo empecé
por dibujar el brazo al revés, y como me era imposible
reconocer que dibujaba un brazo, buscaba qué podía
ser el objeto que esbozaba”.
Un testigo de la época relata que bajo la influencia
de los espíritus, la mano de Fernand Desmoulins se
enloquece y que en algunos minutos aparece un dibujo
sobre su hoja de papel. Realiza sus dibujos ya sea al
sesgo, o al revés, en la oscuridad y a veces con los ojos
cerrados. En 10 ó 20 minutos, es capaz de producir
un dibujo mediúmnico mientras que para realizar sus
propias telas necesita de 5 a 6 días. Un día, un amigo
le trajo un paquete. Él tomó su lápiz y dibujó un busto
de yeso. Se abrió entonces el paquete y se descubrió el
busto que el artista acababa de reproducir.
Entre 1900 y 1902, Desmoulins produjo una obra
mediúmnica personal radicalmente diferente a su
trabajo anterior. Durante dos años sólo realizó
dibujos automáticos (93 figuras, a la mina de plomo,
al carboncillo o a la sanguina). Transcurridos esos
dos años, cesó toda manifestación y nunca más haría
cuadros mediúmnicos. Luego retomó una actividad
artística apacible, escuchando a los vivos y de un
discreto neoimpresionismo. Desmoulins expuso sus
obras mediúmnicas durante el Congreso espírita de
1900 y en 1901, en Georges Petit. Habiendo caído
gravemente enfermo, murió el 14 de julio de 1914
durante un viaje a Venecia.
Las colecciones del pintor Fernand Desmoulins son visibles
en el museo de Brantôme en Dordogne, por haber su
viuda ofrecido las obras a la ciudad que él amaba. Situada
en pleno corazón del Perigord verde, cerca de Périgueux,
Brantôme ha sido bautizada “La Venecia del Perigord”.
Dispuesto en el interior de los edificios de la antigua
Abadía benedictina, e inaugurado en 1951, el museo
fue restaurado y reorganizado en 2000. Conserva
obras mediúmnicas y retratos no mediúmnicos, en
particular los grabados, así como recuerdos traídos de
sus numerosos viajes, presentados en vitrinas.
En el año 2000, con motivo de una puesta en orden de
sus reservas, el Instituto Metapsíquico Internacional
(fundación creada en 1919, reconocida de utilidad
pública y que tiene como objetivo estudiar los
fenómenos paranormales según un enfoque racional),
descubrió un conjunto de dibujos realizados por este
artista. Acompañados de unas 400 páginas de notas
consignadas bajo el dictado de los espíritus, estas obras
dormían allí desde hacía años sin que nadie las hubiera
recordado. Este descubrimiento pareció rápidamente
tanto más notable por cuanto si bien unos cincuenta
de estos dibujos pueden ser legítimamente cotejados
con los de Brantôme, un centenar de otros pertenece
indiscutiblemente a un género que hasta ahora
permanecía totalmente desconocido. En su obra, pueden
reconocerse tres estilos. El primero, figurativo, evoca
los espíritus; se trata de la representación de rostros
evanescentes y de máscaras mortuorias de rasgos fluidos.
El segundo nos presenta dibujos de formas alveolares,
de una elegancia propia del art nouveau, captando en
las redes cabezas sobriamente esbozadas. El tercero
produce formas misteriosas, a la vez interpretables
y abstractas. En los años 1950, la viuda de Fernand
Desmoulins legó al museo de Brantôme la colección
que conocemos. Hizo una selección de ciertas obras;
el resto fue depositado en manos de los investigadores.
De todas maneras, un salvamento milagroso nos revela
una obra libre y creativa, cercana en muchos aspectos
a lo que se denomina art brut.
El espíritu Fernand Desmoulins se manifestó en octubre
de 1987 durante un sueño magnético. El médium
describe:
“Veo el espíritu Fernand Desmoulins al lado de
Augustin Lesage. Están rodeados por numerosos
espíritus artistas. Veo a Toulouse Lautrec y Poulbot.
Fernand Desmoulins y otros como Victorien Sardou
intercambian muchas ideas con los artistas. Es una
verdadera estructura artística del más allá y no es
solamente la tierra la que se considera para perpetuar
el género mediúmnico en materia de pintura, sino
también otros planetas. Fernand Desmoulins añade
que varios rostros dibujados son los rostros de algunos
guías hoy cercanos a nuestro Círculo pero para eso
haría falta hacer el viaje hasta Brantômes... Sonríe y
desaparece con los demás”.
Desde entonces nuestro Círculo ha realizado
exposiciones de pinturas y esculturas mediúmnicas en
Brantôme, lo cual le ha permitido a algunos de nosotros
descubrir en la ocasión el museo Desmoulins
Victorien Sardou (1831-1908)
El caso de Fernand Desmoulins no es aislado, se puede
comparar con el de uno de sus contemporáneos:
Victorien Sardou, espírita convencido y médium. Sardou
recibía dibujos mediúmnicas de aspecto fantástico.
Estos dibujos eran realizados a la pluma o al aguafuerte.
Contrariamente a Fernand Desmoulins, él no sabía
dibujar. En 1858, un espíritu, que se presentó como
Bernard Palissy, le pidió que se procurara un buril y una
placa de cobre. “Pero, protestó Victorien Sardou, no
conozco nada”. La respuesta del espíritu fue: “¡Es por eso
que te elegí!” Durante la siguiente sesión realizó, delante
de testigos, el grabado de un motivo muy complicado,
una obra mediúmnica que representa las viviendas en
Júpiter. Victorien Sardou trabajaba en forma rápida y
desordenada como el pintor brasileño Luiz Gasparetto.
Su mano era guiada con tanta seguridad como velocidad.
Con sus amigos, recibía mensajes del más allá, que ellos
escribían en cuadernos. Fueron ellos los que le llevaron
a Hyppolite Rivail esos cincuenta cuadernos que Rivail,
convertido en Allan Kardec, puso en orden y de los
cuales se sirvió para escribir El Libro de los Espíritus. Fue
por Victorien Sardou que Napoleón III y la emperatriz
Eugenia tuvieron conocimiento de El Libro de los
Espíritus. Victorien Sardou, escribió luego muchas obras
teatrales. Fue elegido a la Academia Francesa en junio
de 1877. Permaneció siempre fiel al espiritismo y en 1900
presidió el Congreso espírita internacional.

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