"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Saludos.

EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 30 de abril de 2014

MEDIÚMNICA (I): “LOS MALVADOS”

Comunicar
NUEVA SECCIÓN: MEDIÚMNICA
Inauguramos una sección con el título genérico que encabeza este párrafo, donde iremos insertando diferentes contenidos de procedencia mediúmnica y de distintos orígenes y épocas, que nos parezcan de sumo interés, informativos, aclaratorios, sugerentes, es decir, de innegable valor filosófico, científico o moral.
Comenzamos con dos comunicaciones mediúmnicas que extraemos de la obra “Vida de Ultratumba”, subtitulada: Su realidad, su manifestación, su filosofía. Ecos del Más Allá (“La Survie”, en su original francés), de Rufina Noeggerath, Tomo 2, publicado en español por Carbonell y Esteva Editores (Barcelona), en 1905 (aprox.) con traducción de Miguel Gimeno Eito, dentro de su colección Biblioteca Universal de Estudios sobre el Alma.
RNoeggerathRUFINA NOEGGERATH
Rufina Noeggerath nació en Bruselas (Bélgica), el 9 de octubre de 1821. Riquísima en la primera parte de su existencia, arruinada después, fue aquella una ruda pero provechosa lección que permitió a su clarividente espíritu comprender el porqué del dolor y hacer un gran estudio de la vida. Circunstancias felices le permitieron recuperar una posición si no tan brillante, cuando menos con la independencia suficiente para permitirle difundir la verdad que mejor ayuda a la humanidad a emanciparse de sus horribles miserias. El Espiritismo fue la filosofía  que con la elocuencia irrefutable de los hechos, le hizo ver tan resplandeciente verdad.
En febrero de 1846 casó con el doctor Carlos Ernesto Noeggerath, hipnólogo, y fue madre de una hija.
Rápidamente se centra en el estudio de los fenómenos del magnetismo. Con la muerte de su marido en 1852, ella trata de ponerse en contacto con él. Además de esta motivación, ella se interesó en la prueba de la supervivencia después de la muerte con un enfoque científico
Haciendo grandes sacrificios personales, se sometió a duras privaciones para llevar a cabo su gran obra sin pedir nada a nadie, demostrando ser del linaje de los grandes espíritus que consagrados a la verdad, con una abnegación sin límites, jamás consienten deber recursos más que a sí mismos. Poco antes de la publicación de la obra que comentamos, decía ella: “Los espíritus me han dado la misión de proteger a los médiums que noblemente se consagran a su sublime sacerdocio. Estos necesarios sostenes de nuestra obra, se ven a menudo sacrificados por los ignorantes y los enemigos del Espiritismo. Soy, por ello, ampliamente recompensada porque a sus revelaciones debo el haber alcanzado mis 85 años sin enfermedad, resistiendo siempre a las pruebas de la vida, a los ataques de nuestros adversarios  y continuando siempre en mi puesto que no abandonaré más que con la muerte.”
Traducida su obra a casi todas las lenguas europeas, fue sin duda Rufina Noeggerath una de las escritoras francesas más conocidas del Espiritismo, recibiendo el apelativo cariñoso de Bonne Mamman (Buena Mamá).
En el salón que tenía en París se reunían personalidades políticas, intelectuales y todo tipo de interesados por el espiritismo.
Desencarnó en 1908, a los 87 años de edad. Su tumba en el cementerio de Père Lachaise de París, es visitada aún hoy en día por innumerables espiritistas y simpatizantes, lo que prueba el arraigo y el respeto que se mantiene por su personalidad, su vida y su obra.
“LA VIDA DE ULTRATUMBA”
Portada Vida de Ultratumba“Vida de Ultratumba” fue publicada en español, como dijimos, en dos tomos. La obra (incluyendo los dos tomos) está dividida en diecisiete serie de comunicaciones mediúmnicas agrupadas por áreas temáticas, con sus comentarios y notas, más una conclusión. La encabezan unas breves notas biográficas de los editores, una Advertencia del Traductor, un prólogo titulado Los Hechos Psíquicos, firmado por Camilo Flammarion, una Introducción de la autora titulada Al Lector, un Prólogo obra de los espíritus (o “extraterrenales”, como ella dice) y el Objeto de esta Obra, de la propia Rufina, que dice en sus primeras líneas: “Nuestra obra, es obra de instrucción y de amor. Queremos que pueda ser leída sin hallar la menor idea contraria a la gran fraternidad y a la libertad del pensamiento; deseamos que resulte de su lectura un perfume de amor, algo que lleve al corazón la paz y la esperanza. Es preciso que los que no creen en la vida de ultratumba se vean obligados exclamar: -Comprendemos que se viva con esa clase de ideas.”
Reproducimos las dos comunicaciones del apartado titulado “Los Malvados”, de la novena serie de comunicaciones el segundo tomo, serie titulada precisamente Mal y Progreso.

Los Malvados

Hay sobre la Tierra hombres que pasan su vida practicando el mal; desde la infancia demuestran sus malos instintos y su contacto con las gentes honradas no parece ejercer influencia alguna sobre sus tendencias morales. Tales seres, no obstante, pueden llegar a conocer el bien; si viven en un medio en que florezcan la bondad, la fraternidad -virtudes maestras- acaban por apercibirse de que el egoísmo, los instintos perversos, no existen entre las personas con quienes se tratan. No hay ser, por degradado que sea, que no llegue a sentir la superioridad del que es bueno. Malvados hay que hacen el mal por necesidad, por temperamento, porque aman el mal; experimentan en sí mimos la horrorosa necesidad de hacer sufrir a sus semejantes. Algunos hacen el mal por fanfarronería, otros por ambición, y no retroceden ante nada para elevarse  donde el orgullo les impulsa.
Sin embargo, la conciencia de los malvados no carece de avisos, que les hacen temblar cuando están solos, pues alejan de sí a los que viven en la rectitud; cuando el hombre honrado se aproxima al malvado, este recibe una conmoción fluídica, un efluvio nocivo que frecuentemente le repele.
La muerte, la transformación del cuerpo que pone al alma en libertad, ¿produce algún cambio en estos espíritus perversos?
Al dejar la vida terrestre, el malvado cae en una especie de pesadilla horrible, en la cual vuelve a ver sin cesar las malas acciones de su vida, ve a sus víctimas leer en su alma y lanzarle al rostro todas sus vilezas. Tiene miedo, quisiera sepultar su vida, es decir, quisiera que la vida no existiese tampoco.
No puede ocultarse, viéndose precisado a soportar la vindicta de los que él hizo padecer. Pero, ¡no creáis que el ser elevado, víctima del malo, es el que se encarniza en su persecución, no! Él no piensa mas que en perdonar y favorecer la reedificación del descarriado. El malo encuentra el castigo de sus faltas, no exteriormente por demonios armados de horquillas que vienen a mostrarle las llamas de un boquerón anchuroso, en una palabra: el infierno, no. El malo sufre en sí mismo.
Cada mala acción cometida lleva consigo como una llaga dolorosa para el porvenir; es la huella indeleble de un fluído de la fuerza vital que ha servido para ejecutar el acto criminoso. El que ha hecho mal a su hermano ve siempre ante sus ojos el fantasma acusador del perseguido. En tal estado el malo no comprende mas que una cosa: que vive y que sufre.
A veces, atraídos por determinadas influencias, estos extraviados llegan a comunicarse, se reconocen; pero puede suceder también que sus malos instintos tomen vuelo. Esfuérzanse entonces por arrastrar a los terrenales y convertirles en instrumentos suyos. Pero no pueden vivir mucho tiempo la vida de los encarnados y vuelven a caer en sus recuerdos obsesantes. Para que vean la luz, hay que esperar a los remordimientos. Aunque los malvados no perciban los fluidos de amor cernerse sobre sus cabezas procurando atraerles, tales fluidos no dejan de existir. El arrepentimiento les devuelve la calma y les da una visión mas clara de cuanto les rodea y la comprensión de una dicha posible para ellos.
                                                                                                                                D…. Y.
¡Los malvados! Todos hemos sido lo que ellos son: atrasados, ignorantes del bien. El espíritu ignorante del bien obra el mal hasta que, más desarrollado, pueda comprender el daño que se hace a sí mismo y que hace a los demás, hasta que puede tener la percepción de la hermosura del bien.
Entonces comienza a luchar seriamente y a fuerza de luchas -no digo a fuerza de victorias logradas sin arrojo- llega ser tan bueno como perverso había sido.
                                                                                                                               L. de V…
TOMADO DE:  http://grupoespiritaisladelapalma.wordpress.com/2014/04/25/mediumnica-i-los-malvados/

domingo, 27 de abril de 2014

DE AYER A HOY :
40 AÑOS

por
K A R I N E C H AT E I G N E R
D O S S I E R

LE JOURNAL SPIRITE N° 96 avril 2014


Hace 40 años, en aquel mes de febrero de 1974, dos
jóvenes de unos veinte años no sospechaban que
una experiencia cambiaría el curso de sus vidas. Esta
experiencia comienza por una sesión de oui-ja, que
se supone permite comunicarse con los desencarnados.
Impresionados por los resultados obtenidos,
renuevan la experiencia y los mensajes se suceden de
sesión en sesión.
Estos primeros mensajes son breves y sin embargo
significativos, los “espíritus” dan a conocer su identidad,
dan fechas e indican las circunstancias de su
muerte. Estos personajes, venidos del pasado han
salido de sus tumbas para responder a la vida que se
hace preguntas. Sus identidades son a menudo desconocidas
por nuestros dos aprendices de espíritas.
¿Pueden surgir de sus consciencias? No, pues después
de investigar, encuentran el sentido de sus anterioridades
y más allá de la muerte se materializan a la vida
expresando su continuidad, su supervivencia.
¿Hay una vida después de la muerte? Por otra parte,
¿no fue esta interrogante de orden metafísico la que
llevó a nuestros amigos a emprender esos experimentos?
Prosiguen pues, dejando salir a escena todos
los clamores de esa muerte desconocida, y es así
como rápidamente se presenta a la mesa de madera,
redonda como un sol, Allan Kardec, invitando a los
dos muchachos, Michel Pantin y Jacques Peccatte a
dirigirse a su sepultura en el Père Lachaise, junto a su
dolmen.
Y el hombre convertido en espíritu que descubren
entonces, no es otro que el fundador, el codificador del
espiritismo en Francia. Sin dejar de proseguir sus experimentos
que permiten abrir esa puerta de eternidad,
se instruyen acerca del tema sobre el que Allan Kardec
dejó numerosos libros.
¿Sería el espiritismo tan simple como eso? Sí, pues
así lo fue en el pasado, en la historia del espiritismo
donde, más allá de las reuniones fútiles y alegres alrededor
de un velador saltarín y bailador, los investigadores,
hombres y mujeres médiums se unieron en el
mismo camino: el de la observación, de las hipótesis,
del análisis, dejando filtrar la luz de sus certezas por
nacer.
La muerte no existe, ella sigue siendo la vida en otro
plano de existencia. Si bien los comienzos de la aventura
emprendida por Jacques y Michel en febrero de
1974 fue determinante para el curso de las cosas, el
círculo Allan Kardec, del que celebramos los 40 años,
comenzó a adquirir sus contornos en 1976, cuando
nuestros dos amigos llegaron a Lorena en circunstancias
que no fueron producto del azar, sino de una cita.
Los encuentros se multiplicaron y la retrospectiva de
las cosas, tapizada de numerosas informaciones provenientes
del mundo de los espíritus, nos demostró que
esos encuentros no eran fortuitos. ¿Fueron todos sinónimos
de persistencia? ¿Y por consiguiente de la construcción
de nuestra empresa espírita? Por supuesto
que no, y desgraciadamente. Ese es un aspecto de la
naturaleza humana que reclama y enriquece simultáneamente.
El hombre puede encontrarse pues frente
a la verdad y sin embargo rechazarla, incluso negarla.
¿Por qué? Porque la verdad invita a la transformación
de sí mismo.
Las fronteras se borran, los muertos hablan a los vivos,
no es cuestión de la supervivencia del alma a la que
uno se adhiere o no, el profundo deseo de todos y
cada uno: tener noticias, conversar con ese muerto
que sigue viviendo en otro plano, apaciguar su dolor,
sus angustias, saber que un día u otro lo volveremos
a ver.
Pero el espiritismo sobrepasa y trasciende ese aspecto
consolador, pues ese muerto muy vivo, que representa
a los espíritus que entonces se manifestarán,
tiene, cualquiera que sea la forma, su testimonio que
aportar, sus mensajes que enviar, sus consejos e invitaciones
que dar a los vivos.
De estos años pasados, de estos cambios plurales,
de estos variados mensajes según los autores, sus
funciones, sus deseos y sus preocupaciones, es la
riqueza que retengo primero que nada. Si el espiritismo
se limitara a los mensajes de nuestros parientes,
de nuestros amigos, de nuestros padres, a los consejos
dados, al amor y la emoción que se desprende de tales
comunicaciones, no podría corresponder a los calificativos
que lo definen desde la época de Allan Kardec: el
espiritismo es ciencia y filosofía. La prueba de la existencia
en cada uno de nosotros de un elemento inmaterial,
consciente y activo, que sobrevive al cuerpo
físico no podría tener sólo consecuencias filosóficas.
En su tiempo, Allan Kardec fue el que mejor definió
la filosofía espírita. Esta filosofía puede resumirse en
tres puntos que son: Dios, el espíritu y el hombre. Para
nosotros, los espíritas, el universo no nació de una
explosión fortuita y el mundo, los mundos en todas sus
manifestaciones, son el resultado de un pensamiento
superior y amoroso de carácter infinito que denominamos
Dios. Aún hoy, esa palabra, esa denominación,
implica para muchas personas un sentido religioso.
Ser de justicia, símbolo de la obediencia y la abnegación,
objeto de numerosos temores en cuanto a su
juicio, Dios representa aún con demasiada frecuencia
ese ser sagrado de figura humana, revestido de todos
los misterios y enemigo de nuestra razón.
¿Es necesario creer en Dios? El espiritismo no nos
invita, ni a imaginarlo y aun menos a adorarlo, sino a
intentar aprehenderlo, comprenderlo para integrarlo a
nuestro razonamiento.
El segundo punto de nuestra filosofía lleva por nombre
espíritu. En efecto, la verdadera naturaleza del hombre
es ante todo una naturaleza espiritual, una naturaleza
inmaterial que se desarrollará progresivamente
y encontrará su emancipación, es decir su evolución,
por medio de la materia.
La historia del hombre es pues la historia de un espíritu
que comenzó su carrera ascendente debatiéndose en
las formas más primarias de su entorno físico y material.
La humanidad de hoy, lejos todavía de la perfección,
comprende todo el camino recorrido en lo que
se refiere a sus orígenes. Es en este sentido que planteamos
la idea de la reencarnación, otro punto fundamental
en el origen de la filosofía espírita. En efecto, no
puede bastar una vida para considerarse como un ser
completo, sería muy presumido y sería injusto suponer
o pensar que todo se acaba al término de una sola
vida. Afirmar que todo hombre es un espíritu y que ese
espíritu evoluciona lentamente hacia el bien, excluye
toda forma de condena y de regresión.
En fin es el hombre, espíritu revestido de materia,
que sufre las vicisitudes de esa misma materia, que a
menudo rechaza su naturaleza espiritual y se interroga
sobre el sentido de la vida. Ese sentido, esa dirección
nos son designados por los que nos precedieron en este
otro mundo, en la reseña de la vida de un hombre, en
la reseña del amor del hombre, definido por el profeta
Jesús. Es por eso que los espíritas se dicen cristianos.
Una máxima fácil de pronunciar, mucho más difícil
de aplicar define al cristianismo: “Amaos los unos a los
otros”. Muchos dicen yo soy cristiano, pero responden
más a los ritos que a la acción. Ser cristiano, es vivir el
verbo amar. Entonces lo esencial no es nutrirse con la
hostia sino dar el pan.
“Es preciso un comienzo para el amor y ese comienzo es
el hombre”. (Jesús)
En resumen, somos deístas porque pensamos y
sabemos que el universo conlleva su causa paterna,
somos espiritualistas porque sabemos que el hombre
no se limita a un accidente biológico y que su verdadera
naturaleza sobrepasa los límites de la materia;
somos humanistas porque sabemos ser invitados a
vivir juntos y porque el profeta Jesús nos ha enseñado
muy ciertamente de qué manera. Pero la fuerza y la
belleza de la comunicación espírita residen en la suma.
El hombre necesitaba saber, comprender y esperar.
Los que se nos han adelantado en ese más allá que
será el mañana de todos, aportan sus respuestas y
comprometen a los hombres convertidos en espíritas
en la lucha contra el mal, contra el egoísmo, contra la
ceguera, contra las injusticias, contra las guerras, contra
el dinero-rey, contra todo lo que está todavía demasiado
presente en el planeta de los hombres. Al comunicarnos
con nuestro futuro, no salimos de nuestro
presente ni de nuestra humanidad, porque es el presente
lo que tenemos que vivir, porque es con los hombres
con quienes vivimos, y la verdadera espiritualidad se
confunde con el humanismo que debe convertirse en
ley, ley de altruismo, ley de evolución, ley cristiana.
La suma significa igualmente que al comunicarse con los
hombres, los espíritus al recordar su verdadera naturaleza,
al recordar simultáneamente su humanidad nos necesitan
para actuar en esas luchas plurales. Eso significa que
aunque vivan y sobrevivan en el más allá, los espíritus no
están lejos de las circunstancias humanas, que fueron de
cerca o de lejos sus propias preocupaciones.
Este espiritismo vivido y aplicado en el Círculo Allan
Kardec desde hace 40 años, es el que deseo para toda la
humanidad pues allí ella encontrará su salvación.