"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Saludos.

EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



lunes, 3 de marzo de 2014

LA PRIMERA OBRA ESPIRITISTA PUBLICADA EN ESPAÑA: «CARTA DE UN ESPIRITISTA A D. FRANCISCO DE PAULA CANALEJAS»

by idafe
Enrique Pastor y Bedoya 03
Enrique Pastor y Bedoya (Alverico Perón)

Enrique Pastor y Bedoya -Alverico Perón- (1831 - 1897) fue, cronológicamente hablando, el primer gran pionero del espiritismo español y también el autor de la primera obra espiritista que vio la luz en nuestro país en el año 1861. 

Francisco-de-Paula-Canalejas-y-CasasSería publicada inicialmente como anónimo en el periódico madrileño La Razón y se tituló "Carta de un espiritista a D. Francisco de Paula Canalejas". Está fechada en Madrid el 5 de Junio de 1861 y constituye un folleto con extractos de "¿Qué es el Espiritismo?",  de Allan Kardec. Más tarde, en 1865, se hizo una edición en la Imp. de Manuel Galiano (Madrid) y tres años más tarde la revista El Criterio Espiritista - publicación fundada también por Alverico Perón - la reproduciría en sus columnas, en sus dos primeros números correspondientes a los meses de noviembre y diciembre de 1868.

No piense nadie que D. Francisco de Paula Canalejas y Casas era un personaje con animadversión u ojeriza contra Enrique Pastor y Bedoya, ni mucho menos. Al contrario, socios los dos del Ateneo de Madrid,  a ambos unía una íntima amistad. Todo esto nos hace sospechar que la "polémica" fue una construcción bastante artificial que permitió a Enrique Pastor hacer por primera vez una defensa y una explicación pública de los ideales y fundamentos espiritistas; en todo caso, la "oportunidad" fue convenientemente aprovechada.

A continuación reproducimos este documento que ocupa un sitial de honor en la historia del espiritismo en España. Lo podéis encontrar y descargar en formato PDF en la sección Biblioteca de este mismo blog. 

sample

CARTA DE UN   ESPIRITISTA AL

Dr. D. FRANCISCO DE PAULA CANALEJAS

 Publicada en LA RAZON

  
D E D I C A T O R I A .
A MR. ALLAN KARDEC, que ha sido el primer escritor que ha metodizado y puesto en orden con suma claridad los preceptos filosóficos de la nueva escuela, dedica este insignificante trabajo su apasionado correligionario,
UN ESPIRITISTA
FILOSOFÍA ESPIRITISTA
SR. D. FRANCISCO DE PAULA CANALEJAS
Muy señor mío: Perdone V. a un partidario de la filosofía espiritista (o sea de la evocación de los espíritus, de esa SUPERSTICIÓN VULGAR, como V. la apellida) dirigirle unos renglones, sugeridos por la lectura del profundo discurso que sobre el estado actual de la filosofía en las naciones latinas, pronunció V. en el ATENEO, y reproduce La Razón (2) en su último número de 30 del pasado mes de Junio.
No imitaré yo ciertamente el ejemplo que me da, dirigiendo a la escuela de que es partidario ninguna frase dura y sarcástica, como la que V. dedica a la moderna filosofía espiritista, cuando dice: Y ¿qué diremos al volver los ojos a los pueblos latinos, en los que apenas se ha sospechado su carácter de la ciencia filosófica, y en que los psicólogos son considerados como forjadores de sueños, y la metafísica corre parejas con la evocación de los espíritus, o con esas supersticiones vulgares?,  etc.
Más modesta y comedida es mi misión.
Deseo tan sólo hacer constar que en uno de los tantos escritores materialistas que V. tan hábilmente refuta y  cita en su citado discurso, no era ciertamente de extrañar semejante menosprecio; pero en V., filósofo espiritualista, tamaño desdén se convierte en crueldad inconcebible e injustificable.
Quien viera el desvío con que somos juzgados, pensaría tal vez que se trata de una turba de empíricos muñidores de mesas danzantes, y no de partidarios de una filosofía racional y lógica, como la que se desprende del resumen que, tomado del notable folleto de M. KARDEC, pondré a continuación para que sea conocido del público, y pueda ser impugnada debidamente por V., que tan sin piedad la trata, negándole derecho de ser tenida en más que una superstición vulgar.
Nada más lejos de mi ánimo que entablar hoy una polémica, porque, como dijo FERNANDO II a su hijo (más tarde FRANCISCO II de NÁPOLES), i tempi non li concedeno. Es bastante ardua, compleja y espinosa semejante cuestión, para ser debatida en la prensa; pero tiempos vendrán en que la discusión sea posible, y para entonces emplazo al SR. CANALEJAS, para probarle que no somos, como él nos llama, supersticiosos vulgares.
Para entonces le reto, y espero de su cortesanía que no me negará el favor de romper una lanza y ceñir una hoja de laurel a la corona que hoy orla su frente, venciendo al novel atrevido caballero, que, nuevo completamente en la lidia, viene sin empresa en el escudo, no confiado en el temple de sus armas, sino en la justicia de su causa.
Si entre tanto me dispensa V. el obsequio de hacer insertar en La Razón estos renglones y el resumen que los acompaña, le quedaré reconocido.
RESUMEN DE LA FILOSOFÍA ESPIRITISTA
PRELIMINARES. —El espiritismo se funda en la creencia de que existen seres inteligentes e invisibles que pueblan los espacios, y a quienes damos el nombre de espíritus.
La existencia de los espíritus está confirmada por hechos de que somos boy testigos, y por la historia, tanto sagrada como profana, que patentiza la universalidad de esta creencia en todas épocas.
Se ha designado a los espíritus bajo diferentes nombres, según los tiempos, los lugares, las costumbres y las preocupaciones de las naciones. La ignorancia les ha concedido atributos más o menos absurdos. Forman parte de la teogonía de todos los pueblos. En los paganos eran considerados como divinidades, y se comunicaban con ellos por medio de oráculos; para unos eran ángeles o demonios; para otros genios o sílfides. Según el espiritismo y las modernas observaciones, no son seres de naturaleza especial; son las almas de los que han vivido en la Tierra (o en otros mundos habitados), despojados de su envoltura material, y que han llegado a diferentes grados de perfeccionamiento.
Los espíritus están en todas partes; a nuestro lado, codeándose con nosotros, y observándonos sin cesar.
Por su presencia incesante a nuestro lado, los espíritus son los agentes de muchos fenómenos que desempeñan un importante papel en el mundo moral, y hasta cierto punto en el mundo físico, constituyendo, por lo tanto, una de las potencias de la naturaleza.
Los hechos prueban que los espíritus pueden manifestar su presencia entre nosotros; que podemos entrar en comunicación con ellos, y cambiar con ellos nuestro pensamiento.
En las comunicaciones que tienen con nosotros los espíritus, nos enseñan en el límite de su poder sus conocimientos, y según el grado de elevación en que se hallan sobre su propia naturaleza, su situación; su influencia en nuestro mundo, las condiciones de nuestra dicha y de nuestra desgracia futura; nos inician en los misterios con su propio ejemplo, haciéndonos conocer la suerte que á nosotros nos espera.
El conjunto de los conocimientos enseñados por los espíritus constituye el espiritismo, que es la ciencia de todo lo que tiene relación con el conocimiento de los espíritus o del mundo invisible.
DIOS
I. Existe un ser único, eterno, inmutable, inmaterial, todopoderoso, soberano, justo y bueno, e infinito en todas sus perfecciones; ser de quien no le es dado al hombre en la tierra comprender la verdadera esencia.
Ese ser supremo se llama Dios.
II. DIOS ha creado todas las cosas visibles o invisibles, y todas las gobierna por su soberano poder.
III. El principio de las cosas está en los secretos de Dios, y no nos es dado inquirir aquí bajo, sino en los límites asignados por su voluntad; querer ir más allá, es caminar en tinieblas, y caer en el error de los sistemas.
LOS ESPÍRITUS
IV. Dios ha creado seres inteligentes que constituyen el mundo espiritista o de los espíritus: los espíritus están por todas partes, los espacios son infinitos, y están poblados al infinito.
V. La naturaleza intima de los espíritus nos es desconocida. No son inmateriales en el sentido absoluto de la palabra, puesto que son alguna cosa, y constituyen individualidades; son, si se quiere, una especie de materia, para la cual no puede servimos de término de comparación nada de lo que está bajo el poder de nuestros sentidos.
VI. Los espíritus son sencillos e inexpertos, se ilustran y purifican basta llegar a obtener la perfección de que es susceptible la criatura. Hay espíritus más o menos ilustrados, más o menos perfectos, según el grado de elevación a que han llegado.
Estos diferentes grados establecen una jerarquía, desde el más ínfimo basta el estado de espíritu puro, y constituyen la escala espiritista siguiente:
ESCALA ESPIRITISTA, U ORDEN DE LOS ESPÍRITUS
Cuadro
VII. Según la bondad y sabiduría de Dios, no hay seres condenados esencial y perpetuamente al mal y a la ignorancia; a todos se les permite mejorarse con el tiempo.
VIII. Los espíritus están revestidos de una envoltura sobrematerial imperecedera, designada bajo el nombre de periespíritu, que traen al fluido universal, que es más o menos etéreo, según el grado de purificación y las esferas en que se encuentran.
Se revisten además temporalmente de envolturas materiales destructibles, cuya duración constituye la vida corporal.
IX. El mundo espiritista, o de los espíritus, es el mundo normal, primitivo, preexistente y que sobrevive á todo. La existencia corporal es una de las fases de la vida espiritista.
MANIFESTACIONES DE LOS ESPÍRITUS
X. Las relaciones entre el mundo espiritista y el mundo corporal son incesantes.
Son ocultas o patentes.
Los espíritus obran sobre los hombres de un modo oculto por los pensamientos que les sugieren; de una manera patente, comunicándose con ellos por medios apreciables a los sentidos, tales como la vista, la audición, la escritura, la palabra, y por diversos fenómenos físicos, como los ruidos sin causa material, el movimiento de los cuerpos inertes, etc.
XI. Las comunicaciones de los espíritus tienen lugar por la intermisión de ciertas personas dotadas de facultades especiales, y a quienes se designa con el nombre de médiums. Los MÉDIUMS son las personas aptas para recibir de una manera patente la comunicación de los espíritus, y para servir de intermediarios entre el mundo visible y el invisible.
Se les distingue, según la diversidad de su aptitud y los medios particulares que dependen de su organización, en médiums escritores, dibujantes, músicos, visionados, parlantes, auditivos, intuitivos, inspirados, sensitivos, y de efectos físicos.
XII. Los espíritus superiores no se ocupan más que de comunicaciones inteligentes. Las manifestaciones físicas o puramente materiales son atributo especial de los espíritus inferiores.
XIII. La naturaleza de sus comunicaciones espiritistas depende de la naturaleza de los espíritus y de su grado de perfección.
Los inferiores son más o menos ignorantes; su horizonte moral está limitado, su perspicacia restringida.
No tienen más que una idea falsa e incompleta de todo; están todavía bajo el dominio de las preocupaciones terrestres, que toman algunas veces por verdades; por eso son incapaces de resolver ciertas cuestiones. No basta para conocer la verdad dirigirse a un espíritu; es preciso saber a qué espíritu se dirige uno, porque los espíritus inferiores pueden inducirnos a error, voluntaria o involuntariamente, sobre cosas que no comprenden ellos mismos.
XIV. La experiencia y el hábito de conversar con los espíritus enseñan a conocer la elevación de los que se comunican. Se les distingue generalmente por su lenguaje. El de los espíritus superiores es siempre digno, elevado, impregnado de bien querencia, exento de contradicciones, y no respira más que preceptos de la más sana moral.
Todo pensamiento evidentemente falso, toda máxima contraria a la sana moral, todo consejo ridículo, toda expresión grosera, trivial o simplemente frívola; en fin, toda señal de malquerencia, son signos incontestables de inferioridad en un espíritu.
XV. Los buenos espíritus se comunican más o menos voluntariamente por tal o cual médium, según su simpatía o su afinidad con su propio espíritu.
Lo que constituye la cualidad de un médium no es la facilidad con que obtiene las comunicaciones, sino su aptitud para no recibir más que las de los buenos, y no ser el juguete de espíritus ligeros y mentirosos.
XVI. Los espíritus se manifiestan palpablemente a la vista en las apariciones que tienen lugar, ya cuando dormimos, ya estando despiertos. Las apariciones han tenido casi siempre lugar espontáneamente, y el hombre no os dueño de las circunstancias en que se verifican. La aptitud para ver los espíritus constituye la variedad de médiums videntes.
XVII. Los espíritus aparecen con su periespíritu o envoltura sobrematerial. La sustancia de esta envoltura, invisible a nuestros ojos en su estado normal, puede sufrir modificaciones, que la hacen perceptible en ciertos casos.
Los espíritus aparecen a nuestros ojos en forma humana u otra cualquiera a su voluntad; pero generalmente bajo la que tenían en vida, menos las imperfecciones físicas inherentes a la materia, a menos que no lo quieran hacer así para hacer reconocer la identidad.
PROGRESIÓN DE LOS ESPÍRITUS
XVIII. Los espíritus se purifican e ilustran pasando por las pruebas de la vida corporal.
No siendo más que un instante, en comparación de la duración indefinida de la vida espiritista, la duración de la existencia corporal, una sola de estas existencias es insuficiente para la purificación completa de los espíritus; por eso lo repiten mientras les es necesario para llegar a la perfección.
XIX. En el intervalo de sus existencias corporales, los espíritus están en el estado errante. La erraticidad no es muestra de inferioridad en los espíritus; es su estado normal fuera de la existencia corporal, no siendo para ellos esta existencia más que un estado transitorio y pasajero. Hay espíritus errantes en todos los grados de la escala espiritista.
XX. El número de existencias corporales de cada espíritu no es absoluto. El espíritu se purifica más o menos, según su voluntad. Depende de él el abrazar el número y la duración de sus pruebas.
XXI. El espíritu que ha pasado por todas las existencias necesarias para su purificación, no tiene que sufrir más; es ESPÍRlTU PURO, y goza de una felicidad completa en la vida eterna.
XXII. Durante cada existencia corporal, el espíritu adquiere nuevos conocimientos y mi aumento de experiencia que le hace progresar. Cada existencia es para él una ocasión de prueba en la vía del progreso, y es para él como los días en la vida del hombre, que puede o no aprovechar la experiencia que cada dia le dá.
XXIII. Lo que el espíritu adquiere en ciencia y moralidad en cada existencia corporal, no lo pierde nunca. Una existencia puede ser para él más o menos aprovechable, según su voluntad; si no le produce más que poco o ningún fruto, por su negligencia prolonga la duración de sus pruebas y se estaciona, pero no retrocede.
XXIV. Entre las diferentes especies orgánicas de la creación, Dios ha elegido al hombre para la encamación de los espíritus; por eso se distingue de otras especies, por la intuición que tiene de la divinidad y de la vida futura, la conciencia del bien y del mal, la aptitud para comprender las cosas fuera del mundo corporal, y la elevación de su inteligencia no se limita al interés de conservación y a la satisfacción de las necesidades materiales. Las diferentes existencias corporales del espíritu se cumplen también en el hombre, y no en ninguna especie de seres vivientes. El alma, sea cualquiera el grado en que esté, es y será un alma humana.
LOS MUNDOS
XXV. Los espíritus nos enseñan, y la razón nos dicta que la tierra no es el sólo mundo habitado.
Los globos innumerables que circulan en el universo están poblados de seres organizados para el medio de que deben vivir.
XXVI. Los diferentes mundos no tienen el mismo grado, bajo el punto de vista intelectual y moral de sus habitantes. Están poblados de seres más ó menos buenos o malos, más o menos avanzados ó atrasados, según lo que han progresado.
XXVII. El estado físico de los habitantes de cada esfera está en relación con el grado de su adelantamiento moral. Cuanto más elevados son los espíritus que los animan, tanto menos sujetos están a la materia; cuanto más avanzados son los mundos, tanto más intelectual es la existencia; cuanto más atrasados, más material.
XXVIII. En los mundos superiores no so conoce más que el bien. No hay en ellos egoísmo, ni orgullo, ni falsedad, ni envidia, ni locas ambiciones.
No hay ninguna de las pasiones brutales que degradan al hombre.
XXIX. En la jerarquía de los mundos, la tierra no ocupa ni el primero ni el último lugar; pero está más cerca del último que del primero. El estado moral de la sociedad sería la prueba de ello, aunque no lo hubiesen revelado los espíritus. Hay mundos cuyos habitantes están más dominados por las pasiones animales que sobre la tierra, otros que son idénticos, y otros, en fin, que son superiores moral y físicamente.
DEL HOMBRE
XXX. Dios ha dado al hombre un alma inteligente, capaz de conocerle y de comprender el bien y el mal.
XXXI. Nuestra alma es uno de los espíritus creados fuera de la materia inerte, y que se une a nuestro cuerpo por la voluntad de Dios. Este espíritu preexiste a la formación del cuerpo a que se une en el momento de nacer; al morir entra en el mundo de los espíritus, de donde había salido, y cumple durante la vida del hombre una de las fases de su existencia.
XXXII. Hay en el hombre tres cosas: alma o espíritu encanado, cuerpo o envoltura material perecedera, y periespíritu o envoltura sobrematerial imperecedera, que une el cuerpo y el espíritu.
XXXIII. La vida del cuerpo se mantiene por la armonía de los órganos; cesa cuando deja ésta de existir. La vida del espíritu es eterna.
XXXIV. La muerte no ocasiona más que la destrucción de la envoltura corporal. El espíritu, despojado de esta envoltura, conserva su envoltura sobrematerial.
XXXV. Los espíritus encarnados constituyen la especie humana; despojados de su envoltura corporal, constituyen el mundo de los espíritus.
XXXVI. El alma, que tenía su individualidad antes de unirse con el cuerpo, la conserva después de la muerte con el recuerdo de su pasado.
FACULTADES DEL HOMBRE
XXXVII. Siendo el hombre un espíritu encarnado, su pasado y su porvenir no son más que les del espíritu que ha venido a habitar su cuerpo. Llevará al nacer, y por intuición, las cualidades y los conocimientos adquiridos anteriormente por el espíritu que se ha animado en él.
XXXVIII. La existencia del espíritu como hombre no es, por decirlo así, más que un día en su vida como espíritu. La muerte del cuerpo es para el espíritu como el sueño que acaba al día siguiente; es la señal de un despertar inmediato.
XXXIX. El hombre no puedo, ni haber adquirido todo lo que sabe, ni adquirir todo lo que debe saber en una existencia. De aquí se sigue que ésta no puede ser ni la primera ni la última. Si fuera la primera, estaría en el último peldaño de la escala moral; si fuese la última, supondría la perfección.
XL. A cada nueva existencia temporal, el espíritu toma su punto de partida desde el grado en que había quedado. Estas diferentes existencias son otras tantas etapas de la vida espiritista, en cada una de las cuales deja sus imperfecciones, basta que llega el término a que aspira: La vida eterna.
XLI. La preexistencia del alma, y el principio de un progreso anterior, es lo único que puede justificar las disposiciones naturales y las ideas innatas que ayudan la adquisición de las ideas nuevas, como en el curso de la vida las que se adquieren cada día sirven de base a las que se van adquiriendo al día siguiente. En esto se encierra la única explicación posible de las aptitudes intelectuales y morales; de las inclinaciones intuitivas, buenas o malas, que son independientes de toda educación y de toda idea adquirida. La diversidad de aptitudes innatas, intelectuales y morales, es un hecho que no so puede poner en duda si no se admite la anterioridad del progreso; y si se cree que el alma nace al mismo tiempo que el cuerpo, es preciso admitir que Dios ha creado seres favorecidos, y a quienes releva del trabajo reservado a otros, lo cual seria lo mismo que negar la justicia de Dios.
XLII. Siendo los órganos los instrumentos de la manifestación del pensamiento, su mayor o menor perfeccionamiento influye necesariamente sobre estas manifestaciones; pero hacer depender de estos mismos órganos la diversidad de las aptitudes y de las tendencias, es quitar al hombre su libre albedrío, es relevarle de toda responsabilidad en sus actos.
Esta doctrina sería altamente inmoral y subvertiría el orden social. El estado de los órganos hace las manifestaciones más o menos fáciles; pero esto no quita al espíritu las cualidades inherentes a su naturaleza. El artista eminente que no tiene a su disposición más que un mal instrumento, ejecuta menos bien, pero esto no disminuye en nada su talento.
XLIII. Si se admiten órganos cerebrales especiales para cada facultad, el desenvolvimiento de estos órganos es el resultado del ejercicio de la facultad inherente al espíritu; es un efecto, pero no una causa.
EMANCIPACIÓN DEL ALMA
XLIV. El alma no está tan identificada con el cuerpo, que no pueda en ciertos momentos recobrar una parte de su libertad aun en el curso do la vida.
Durante el sueño y el reposo del sueño, el alma so desprende en parto de sus lazos corporales, recobra algunas de sus facultades de espíritu, y entra directamente en comunicación con los otros espíritus.
Generalmente toma en sus comunicaciones consejos saludables, de que conserva, al despertar, algunas veces una noción clara y distinta; otras, una simple intuición. Por eso el hombre perverso encuentra casi siempre en sus sueños la desaprobación de los crímenes que ha cometido o de los que medita: de aquí viene el proverbio de consultar con la almohada.
XLV. La emancipación del alma puede tener lugar durante el despertar, es decir, no estando dormido, y se manifiesta por el fenómeno designado bajo el nombre de segunda vista. Tiene igualmente lugar en el sonambulismo, ya sea natural, ya magnético.
El éxtasis es un estado de emancipación del alma más completo que el del sueño y del sonambulismo.
XLVI. Las facultades sonambúlicas son las del alma más o menos desprendida do la materia. El olvido que sigue generalmente al despertar, de las cosas percibidas en el estado sonambúlico se explica por la influencia de la materia y por la ausencia en el cuerpo de órganos propios para conservar y transmitir ciertas percepciones del espíritu.
La misma causa produce el olvido del pasado del espíritu durante el estado de encamación, que es lo que los antiguos explicaban por la alegoría del LETEO.
DESTINO DEL HOMBRE
XLVII. El espíritu vuelto a la vida espiritista por la muerte del cuerpo, es feliz o desgraciado, según el bien o el mal que ha hecho durante la vida corporal, y según el uso que ha hecho de las facultades y de los bienes que le han sido concedidos.
Sufre por todo el mal que ha hecho y por todo el que no ha evitado, y por todo el bien que ha podido hacer y no ha hecho. No goza de una dicha perfecta más que cuando se ha purificado completamente.
XLVIII. Cuanto más se eleva un espíritu encarnado, más se desprende de la materia; cuanto más apegado es a las cosas materiales más allá de sus verdaderas necesidades, más retarda su adelantamiento.
XLIX. La indiferencia por las cosas temporales no debe extenderse a los conocimientos que pueda adquirir en la tierra. El espíritu debe progresar en todos sentidos; todo lo que aprende contribuye a su desenvolvimiento;
L. Los espíritus no progresan simultáneamente en ciencia y moralidad. El progreso puede cumplirse, ya en un sentido, ya en otro; lo que explica por qué la inteligencia no está siempre en relación con la moral; pero lo que no adquiere en una voz lo adquiero en otra; por eso la pluralidad de existencias es el áncora de salvación que Dios, en su justicia, ha dado al hombre, no haciendo depender para siempre su suerte futura de una vida pasajera, que no es más que un instante en la eternidad, y que mil circunstancias pueden romper de improviso.
LI. Las diferentes existencias corporales no se verifican todas sobre la tierra ni en el mismo mundo.
Es posible que un individuo haya vivido en este globo y que vuelva a él, como es posible que esté en él por la primera vez y que no vuelva más. Es posible que haya venido a la tierra de un mundo igual, como puede dejar éste por otro semejante o superior. Depende de él el hacer en esta vida lo que necesita para asegurarse una posición más feliz de la que tenía en la tierra.
LII. Los espíritus superiores se encarnan algunas veces en los mundos inferiores para cumplir una misión de progreso y conducir a los hombres por la vía del bien. Los sufrimientos que padecen voluntariamente en estas misiones, los elevan a los ojos de Dios y en la jerarquía de los espíritus.
LIII. El alma desprendida de la materia ve su pasado, y todas sus existencias anteriores se reflejan en su memoria; así es que, como ve todas sus acciones buenas o malas, ve la dicha de los justos, y sufre por verse privada de ella.
LIV. A medida que el espíritu se inmaterializa, comprende las imperfecciones que le acarrean sus sufrimientos; por eso aspira a purificarse por medio de una existencia en la cual pueda elevarse por medio de nuevas pruebas. Esta satisfacción no se le concede en el grado que la desea; la justicia de Dios quiere que sufra largo tiempo, y como su inferioridad misma limita su horizonte moral y la extensión de sus percepciones, no le permite ver el término de sus sufrimientos y cree sufrir siempre, lo que es para él un nuevo castigo.
LV. A su vuelta al mundo de los espíritus, el alma encuentra sus parientes y a cuantos ha conocido y amado en la tierra, viene a visitar a los que ha dejado en ella, los consuela y los protege según su poder.
 También encuentra todos aquellos a quienes ha hecho bien o mal, y su vista es para ella una fuente de dicha o de remordimientos.
LVI. La pluralidad de existencias no implica el prescindimiento de los lazos de familia o de las afecciones; lejos de eso, entre los espíritus buenos, éstas son más puras y desprendidas de toda causa material. No dependen ya del capricho ni del choque de los intereses, ni se revisten con la máscara de la hipocresía. Sólo las afecciones pasajeras, aquellas en que las causas físicas tienen más parte que las causas morales, son las que no sobreviven y se extinguen a menudo aun antes de la muerte. Estas afecciones se contraen en cada existencia corporal, y no son más sólidas que las alianzas efímeras de un viaje; pero el amor sincero de dos seres verdaderamente simpáticos sobrevive a todas las emigraciones del espíritu en los mundos corporales, y a menudo estos dos seres se siguen y encuentran, y son uno y otro atraídos hacia sí simultáneamente.
LVII. La suerte futura del hombre depende del bien y del mal que ha hecho voluntariamente, y del empleo más o menos útil que ha hecho de su vida.
Resulta que el niño que muere en la infancia no ha tenido tiempo de obrar bien ni mal, y no teniendo ni aun ante las leyes civiles discernimiento de sus actos, no podrá gozar de una dicha eterna y sin contratiempos, que no ha hecho nada por merecer.
¿Con qué derecho gozaría de un privilegio tan inaudito, cuando el hombre que ha trabajado durante largos años para perfeccionarse, que ha tenido que sufrir tantos contratiempos, no está seguro de alcanzarlo? Dios, que es justo, no puede haber consagrado semejante iniquidad; recompensa según el mérito, y no castiga más que según las faltas, y he aquí demostrada matemáticamente y hasta la evidencia la justicia de la pluralidad de existencias.
Para el niño que muere antes de haber podido cumplir su misión, su existencia es una existencia incompleta, que deberá volver á empezar. Es quizás para él el complemento de una existencia anterior interrumpida. Su muerte puede ser también una prueba o un castigo para sus padres.
VUELTA  A  LA VIDA CORPORAL
LVIII. Llegado al término marcado por Dios para su vida errante, el espíritu escoge él mismo las pruebas á que quiere someterse para apresurar su adelantamiento, es decir, el género de existencia que cree más propio para proporcionarle los medios para conseguirlo, y estas pruebas están siempre en relación con las faltas que debe expiar. Si triunfa, se eleva; si sucumbe, tiene que volver á empezar.
LIX. El espíritu goza siempre de su libro albedrío, y en virtud de él, elige en estado de espíritu las pruebas de la vida corporal, y que en el estado de encarnación, deliberará si hará o no hará, y escoge entre el bien o el mal. Negar al hombre el libre albedrío, sería convertirlo en una máquina.
LX. Entrado en la vida corporal, el espíritu pierdo momentáneamente el recuerdo de sus existencias anteriores, como si un velo so las ocultase; sin embargo, le queda siempre una vaga conciencia, y pueden serlo reveladas en ciertas circunstancias; pero entonces es por la voluntad de los espíritus superiores, que espontáneamente y por un fin útil lo hacen; pero nunca para satisfacer una vana curiosidad.
Las existencias futuras no pueden revelarse en ningún caso, por la razón de que dependen de la manera como se llene la existencia presente y de la elección ulterior del espíritu.
LXI. El olvido de las existencias anteriores es un beneficio que debemos a Dios; el recuerdo nos seria penoso muchas veces, y el hombre empeoraría a la vez sus sufrimientos pasados y presentes. Este recuerdo podría también coartarle el libre albedrío.
Si cada hombre se acordase do lo que han sido los demás, este pasado puesto ante sus ojos sería una causa incesante de perturbación y de mala inteligencia.
LXII. El olvido de las faltas cometidas no es un obstáculo para el mejoramiento del espíritu; porque, si no tiene un recuerdo preciso, el conocimiento de lo que era su estado errante, y el deseo que ha concebido de repararlas, le guían por intuición y le sugieren el pensamiento de resistir al mal, escuchando la voz de su conciencia, y en la cual está secundado por espíritus que le asisten, y escucha las buenas inspiraciones que recibe.
LXIII. Si el hombre no conoce los mismos actos e saber siempre de qué género de faltan ha adolecido o se ha hecho culpable, y cuál era su carácter dominante. Le basta estudiarse, y puede juzgar de lo que ha sido, no por lo que es, sino por sus tendencias.
LXIV. Las vicisitudes de la vida corporal son a la vez una expiación por las faltas pasadas y pruebas para el porvenir. Nos purifican y nos elevan si as sufrimos con resignación y sin murmurar. La naturaleza de las vicisitudes y de las pruebas que sufrimos pueden también iluminarnos acerca de lo que hemos sido y lo que hemos hecho, como aquí abajo juzgamos de los actos de un culpable por el castigo que le impone la ley. Así, éste será castigado en su orgullo por la humillación de una existencia subalterna; aquél, malo, rico y avaro, por la miseria; quien haya sido duro con los demás, por las durezas que sufrirá; el tirano, por la esclavitud; el hijo, por la ingratitud de sus hijos; el perezoso, por un trabajo forzado.
LXV. En una nueva existencia corporal, el espíritu puede decaer de lo que era como posición social, poro no como espíritu. Puede quedar estacionario, pero no retrograda jamás; es decir, que de rico y poderoso puede convertirse en sirviente y miserable, si tales son las pruebas que debe sufrir; pero, cualquiera quesea suposición, lo que ha adquirido nunca lo pierde, y esto explica las ideas que en algunos individuos nos parecen en desacuerdo con la posición en que viven y la educación que han recibido. Hay en todo ser como un reflejo de lo que ha sido, de grandeza o de miseria.
INFLUENCIA DE LOS ESPÍRITUS
LXVI. La misión de los buenos espíritus es contribuir al adelantamiento de los espíritus imperfectos; cuando éstos están errantes, los inducen al arrepentimiento y les inspiran el deseo de progresar.
Cuando están encarnados, los sostienen en las pruebas de la vida y vienen a ser sus guías, genios tutelares, ángeles custodios de los que toman bajo su protección.
LXVII Cada hombre tiene su genio familiar o espíritu protector, que es siempre bueno, que vela por él desde su nacimiento hasta su muerte, y le sigue aun durante su vida errante.
LXVIII. Los malos espíritus se adhieren a los que están encarnados para distraerlos de la vida del bien; el hombro tiene siempre un buen y un mal espíritu; el que no es escuchado cede la plaza al otro.
LXIX. Los pensamientos sugeridos por los espíritus están en relación con el grado de su elevación.
Los buenos pensamientos son sugeridos por los buenos espíritus, y los malos por los espíritus inferiores.
LXX. Siendo el hombre un espíritu encarnado, tiene los pensamientos que le son propios, independientes de los que le sugieren, y son más o menos buenos, según que su propio espíritu esté más o menos purificado.
LXXI. Teniendo siempre el espíritu el libro albedrío antes y después de su encarnación, el hombre es libro de ceder o resistir a las sugestiones do los espíritus, según su voluntad, aunque tiene siempre la responsabilidad de sus actos.
LXXII. Los espíritus se unen en favor de sus simpatías. Las simpatías de los espíritus se fundan en la semejanza de sus pensamientos y sentimientos, en razón del grado de su elevación. Los buenos simpatizan con los buenos, y los malos con los malos.
LXXIII. La simpatía de los espíritus es individual por los que están encarnados y por los que no lo están; de aquí resulta que el hombre atrae hacia sí los espíritus según sus tendencias, cualquiera quo sea, ya forme un todo colectivo, ya sea solo, como una sociedad, una ciudad o un pueblo. Hay sociedades, villas y hasta pueblos que están asistidos por espíritus más o menos buenos y elevados, según el carácter y las pasiones que dominan en él.
LXXIV. Los espíritus imperfectos se alejan de los que los desechan, y resulta que el perfeccionamiento moral de los individuos, como el de todos los colectivos, tiende a separar los malos espíritus y atraer los buenos, que ejecutan y ocasionan el sentimiento del bien.
LXXV. El egoísmo que domina a los hombres es una señal de su inferioridad como espíritus; por eso atraen a la tierra más malos que buenos.
Pero los buenos vienen también a ayudar el progreso, sea que obren como espíritus, sea que se encarnen en hombres de genio, que de tiempo en tiempo hacen dar un paso a la humanidad. Cuanto más se escuche la voz de los buenos espíritus, más se mejorará la especie humana. Día llegará en que los buenos sean más que los malos, y entonces empezará en la tierra el reinado del bien, como tiene lugar en otros mundos más adelantados.
LXXVI. Los espíritus encarnados se apegan igualmente o se repelen, según sus simpatías o sus antipatías como espíritus. Los malos ejercen alguna vez su malquerencia sobre ciertos individuos, sea para inducirlos al mal, sea para hacerles sufrir tribulaciones, y de quien llegan a ser los malos genios encarnados, como los buenos pueden ser sus protectores.
EL BIEN Y EL MAL
LXXVII. El espíritu se purifica en la vida corporal y prepara su dicha futura por la práctica del bien; haciendo el mal, continúa en su inferioridad.
LXXVIII. El bien se encierra en Ios mandamientos de Jesucristo, que está resumido en la máxima de Jesús: AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, Y AL PRÓJIMO COMO A NOSOTROS MISMOS; o en otros términos: NO QUIERAS PARA OTRO LO QUE NO QUIERAS PARA TÍ.
El mal es contrario a esta ley; las principales causas del mal son el egoísmo, el orgullo y la sensualidad; de estos vicios se derivan los demás.
LXXIX. El amor del prójimo abraza a la humanidad entera; todos los hombres son hermanos, como hijos de Dios, y se deben mutuo apoyo, sin distinción de pueblos, de sectas, de castas ni de creencias.
LXXX. A los ojos de Dios es agradable todo sentimiento sincero que lleva al hombre hacia él; no reprueba más que las creencias incompatibles con la práctica del bien y el amor al prójimo.
LXXXI. Sea quien quiera el que haga el bien, es recompensado; sea quien quiera el que hace mal, es castigado; pero Dios, en su bondad, deja siempre al culpable la hora del arrepentimiento y de la expiación. Da a cada uno los medios de rehabilitarse, y el que no lo hace prolonga sus sufrimientos.
LA ORACIÓN
LXXXIL Nos fortificamos en la justicia y en la práctica del bien por la oración.
La oración es un acto invocatorio. Se puedo rogar a Dios, a los espíritus buenos y al protector o ángel de la guarda; se puede rogar por sí mismo, por otro o por los espíritus que tienen necesidad de asistencia.
Toda oración hecha a Dios es oída por los buenos espíritus, que ejecutan su voluntad.
LXXXIIL Los espíritus recomiendan la oración como un medio de perfeccionamiento por sí mismo, y como un alivio para los espíritus que sufren.
Los espíritus imperfectos nos piden oraciones; para ellos nuestra conmiseración es un lenitivo para sus sufrimientos, y les excita al deseo de elevarse.
LXXXIV. Los espíritus nos dicen, y la razón nos confirma, que la oración del corazón es la sola eficaz.
Para Dios y para los buenos espíritus, el pensamiento es todo, las palabras nada.
LXXXV. La oración sola no basta más que para asegurar la dicha del hombre; nos identifica con los buenos espíritus y llama a su asistencia; pero la oración sin los actos es estéril. Dios no quiere sólo que se le pida, sino que se utilice la vida.
CONSECUENCIAS MORALES DEL ESPIRITISMO
Por el razonamiento, el estudio práctico y la observación de los hechos, el espiritismo confirma y prueba las bases fundamentales de la religión cristiana, a saber:
La existencia de un Dios único, todopoderoso, creador de todas las cosas, soberano, justo y bueno;
La existencia del alma, y la responsabilidad que contrae por todos sus actos;
El estado feliz o desgraciado del hombre después de la muerte, según el uso que haga de sus facultades durante la vida;
La necesidad del bien y las funestas consecuencias del mal;
La utilidad de la oración.
Resuelve una multitud de problemas, que encuentran la única explicación que puede darse, en la existencia de un mundo invisible, compuesto de seres que se han despojado de su envoltura material, que nos rodean y ejercen una influencia incesante sobre el mundo visible.
Es origen de consuelos:
Por la certeza que nos da del porvenir que nos espera;
Por la prueba material de la existencia de los que hemos amado sobre la tierra, la certeza de su presencia entro nosotros, la de volverlos a encontrar en el mundo de los espíritus, y de la posibilidad de hablar con ellos y de recibir consejos saludables;
Por el valor que nos da contra la adversidad;
Por la elevación que imprime a los pensamientos, dando una justa idea del valor de las cosas y de los bienes de este mundo.
Contribuye a  la dicha del hombre sobre la tierra:
Calmando las causas de su desesperación;
Enseñando al hombre a contentarse con lo que tiene, a  hacerle considerar las riquezas, los honores y el poder como pruebas que se deben temer más que envidiar;
Poniendo un freno a las malas pasiones, origen de la mayor parte de las aflicciones;
Inspirándole por su prójimo sentimientos de caridad y fraternidad sinceros.
El resultado de estos principios, una vez propagados en el corazón del hombre será:
Hacerlos mejores y más indulgentes con sus semejantes;
Destruir poco a poco el egoísmo, por la solidaridad que establece entre ellos; Excitar una noble emulación por el bien;
Poner un freno a las ambiciones desordenadas;
Neutralizar los males inseparables a la efervescencia de las pasiones brutales;
Favorecer el desenvolvimiento intelectual y moral, no sólo en vista del bienestar presente, sino del porvenir á que está unido;
Y por todas estas causas, contribuir al mejoramiento progresivo de la humanidad.
Esta es la doctrina expuesta por M. ALLAN KARDEC en su opúsculo ¿Qu’est que c'est l’espiritisme? Según el autor, lo ha hecho bajo la inspiración de los espíritus con quienes se comunica, a los cuales deja la responsabilidad, como se la deja al SR. KARDEC en algunos puntos con que no está conforme, y para discutir los cuales tendría que escribir un libro, su afectísimo S. S., Q. B . S. M.,
Un Espiritista.
Madrid, 5 de Junio de 1861.
NOTAS:
1. He aquí la nota con que ha sido publicada esta carta en La Razón: "Insertamos con el mayor gusto la siguiente carta que se nos ha remitido. Aunque anónima, hemos creído descubrir la distinguida pluma de un conocido escritor, muy dado a los estudios de que en ella da extensa idea. Sin que nosotros formulemos nuestra opinión acerca de las cuestiones que trata, que dejamos íntegras a nuestro compañero el Sr. Canalejas, creemos cumplir, insertándola, la obligación que nos hemos impuesto de tener al corriente a nuestros suscritores de cuantos estudios merezcan la consideración de las personas ilustradas. Seguros estamos de que así lo considerarán, al mismo tiempo que nos darán gracias por la publicación del ameno e interesante artículo, objeto de estas observaciones.                              LA REDACCION.
2. Tomo III, número 2º, decimocuarto de la colección.
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La REVISTA ESPIRITISTA de París dice, en su número correspondiente al mes de Abril del pasado año de 1867, lo siguiente:
CARTA DE UN ESPIRITISTA.— Folleto impreso en Madrid, que contiene los principios fundamentales de la doctrina espiritista, sacados de ¿Qué es el espiritismo?, con esta dedicatoria: «A Mr. Allan Kardec, el primero que ha descrito con método y coordinado con claridad los principios filosóficos de la nueva escuela, dedica este insignificante trabajo su apasionado correligionario.»