"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 16 de octubre de 2013


                                                                Carl Gustav Jung (1875-1961)

por
J A C Q U E S P E C C AT T E
E D I TO R I A L

PSICOLOGÍA Y ESPIRITISMO

LE JOURNAL SPIRITE N° 94 OCTOBRE 2013

A la luz del espiritismo, las particularidades de la psicología
ya no se limitan a las nociones clásicas habituales
basadas en el estudio de la personalidad de una sola
vida que comienza con el nacimiento. Según la definición
espírita, la individualidad es un todo indisociable
dentro de la continuidad evolutiva de las vidas sucesivas
del espíritu.
Si bien los condicionamientos educativos y culturales
tienen toda su importancia, es preciso enlazarlos
también con la naturaleza de un espíritu preexistente
que ya tiene su bagaje de experiencias vividas en las
existencias anteriores. Marcado y perfilado por sus
anterioridades, tiene su personalidad propia, una personalidad
que será remodelada o al menos influenciada y
acondicionada por su nuevo medio de vida.
Hay entonces dos aspectos importantes en la psicología
individual: por una parte la naturaleza espiritual
preexistente de un espíritu que se ha construido una
individualidad en el transcurso de las vidas, y por otra
parte la impregnación educativa y cultural de la vida
actual. Respecto a esta influencia del medio en la vida
de hoy, ésta es recibida de manera diferente según la
naturaleza propia del espíritu: una misma educación
para los hermanos y hermanas no tendrá necesariamente
los mismos efectos. Eso demuestra que cada
individuo es único en sus rasgos de carácter que se
han forjado con el correr de las anterioridades. Un niño
podrá ser dócil ante las influencias parentales mientras
que otro tendrá una actitud contestataria que muestra
que no soporta esas influencias.
La psicología moderna, que define las complejidades de
la personalidad, nace de diversas corrientes, especialmente
a partir de los trabajos de Freud y de Jung. Con
relación a los desórdenes del comportamiento, éstos
son atribuidos a las relaciones afectivas entre padres e
hijos, relaciones armoniosas, alteradas o inexistentes
según los casos. Es lo que permite analizar todo lo que
conduce a los conceptos definidos en psicología como
el complejo, la neurosis, la psicosis, la paranoia o la
esquizofrenia. Apreciados de manera distinta por los
precursores de la psicología, estos conceptos se apoyan
sobre diferentes tesis según que uno se refiera a Freud,
Jung, Adler, Lacan, Françoise Dolto, etc. Es bien sabido
que Freud tuvo tendencia a reducir todo a impulsos
sexuales, lo cual Jung refutó en parte, ampliando las
sutilezas de la psicología con otras nociones. Si bien
Freud se ha convertido en la referencia más conocida,
sus conceptos han hecho escuela sobre todo entre los
materialistas. Por su parte, Jung se ha vinculado más a la
noción de espíritu, dentro de una visión más espiritualista
que no oculta su eventual supervivencia, incluso su
preexistencia. De niño, asistía a sesiones espíritas junto a
su madre que era médium. Aun cuando explícitamente
no hace mención de ello en sus teorías, se discierne allí
muy bien que, en su investigación le ha conducido a
una visión más amplia del inconsciente personal y del
inconsciente colectivo. Abre horizontes que sobrepasan
con mucho las limitaciones que quiso darse Freud.
Fuera de las escuelas oficiales de psicología clásica,
sobre todo la freudiana, y en menor medida la jungiana,
los conceptos menos representativos han nacido del
desarrollo de espiritualidades tipo New Age, haciendo
intervenir métodos nuevos a partir de la meditación y
otras formas de prácticas que, se considera, producen
equilibrio y resolución de problemas psicológicos. Es
toda esta escuela llamada de desarrollo personal la que,
dentro de una concepción psicológica paralela, ha dado
diversas recetas basadas en la confianza en sí mismo, a
fin de encontrar un mejor equilibrio. Estos son, de hecho,
métodos que recurren a la autosugestión positiva que, a
veces, permite controlar superficialmente los problemas,
pero que no resuelve los verdaderos problemas de
fondo cuando las personas están atadas a traumatismos
inconscientes relativos a esta misma vida o incluso a una
vida anterior. Y es extendiendo el inconsciente hasta las
vidas pasadas, que se entra en otra problemática cuyas
claves no son fáciles de encontrar.
Si bien, en conjunto, la mayoría de los desórdenes
psicológicos hay que buscarla en las inhibiciones de
esta vida desde la infancia, existe en un telón de fondo
una influencia más lejana relativa a las anterioridades,
influencia constituida igualmente por inhibiciones sucesivas
que forman parte de la personalidad total, es decir
del espíritu en la suma de sus vidas desde su origen. A
eso es preciso añadir de manera más concreta, las relaciones
que se perpetúan de vida en vida: muy a menudo
uno reencarna cerca de personas o familias que ya han
sido parte de nuestro pasado, ya sea en relaciones
armoniosas, o en relaciones conflictivas no resueltas.
Esto también forma parte del bagaje psico-afectivo de
cada uno, y aún tiene resonancia en la vida de hoy. Y
desde este punto de vista, eso cambia muchas cosas en
el modo en que abordaremos la psicología. No es que
haya que olvidar los principios de la psicología clásica,
pero a veces es necesario añadirle la impronta de las
vidas pasadas, para comprender mejor las relaciones
interpersonales que pueden perdurar desde hace varias
vidas.
¿Qué sucede con la obsesión?
Respecto al enfoque espírita, hemos visto, y vemos
todavía, un cierto número de interpretaciones abusivas
sobre las cuales debemos volver. En una visión simplificadora,
numerosos espíritas y grupos espíritas se
han focalizado sobre el fenómeno de la obsesión para
explicar cierto número de comportamientos que habitualmente
conciernen a la psicología clásica. Allí donde
una persona manifiesta un desequilibrio compensado
por una adicción (alcoholismo, tabaquismo, dependencia
de la droga) se ha encontrado una explicación
que se resume más o menos así: esta persona está
bajo la influencia obsesiva de un espíritu turbado que
satisface sus vicios a través de su víctima. Hay allí una
extrapolación que nosotros no podemos suscribir. Si
efectivamente hay una relación sutil entre el mundo de
los desencarnados y el de los encarnados, ¿es preciso
por eso ver allí un dominio del más allá que produce
una influencia tal que los humanos serían sistemáticamente
juguetes de espíritus viciosos? Esta tesis no tiene
en cuenta lo suficiente las fragilidades humanas que son
suficientes, por sí mismas, para explicar los desórdenes
conductuales. A partir de un simple análisis de la historia
de las personas, de su trayectoria educativa, afectiva,
familiar y social, se pueden poner en evidencia las inhibiciones
y traumatismos que han conducido a diversos
estados psíquicos alterados. Allí están los conocimientos
de la psicología clásica que son ampliamente suficientes
para explicar los desórdenes psíquicos y eventualmente
para resolverlos a partir de una psicoterapia adaptada.
Si bien a veces puede existir la obsesión, nosotros conocemos
sus manifestaciones que por lo general son resultado
de tentativas de comunicación espírita que han
terminado mal, y los síntomas observados son pérdida
de identidad y comportamientos desordenados o
anacrónicos de una persona que ya no se reconoce como
era antes. Es el psiquismo del sujeto que se encuentra
alterado por una influencia externa a sí mismo, lo cual
nada tiene que ver con adicciones o comportamientos
destructores, inherentes a debilidades personales, y
entonces no se necesita recurrir a la obsesión para
explicar simplemente fragilidades psico-afectivas. Si se
lleva más lejos el razonamiento, ¿habría que decir igualmente
que los grandes criminales están bajo la influencia
de malos Espíritus? Eso sería ignorar entonces que los
malos Espíritus no son sólo desencarnados, puesto que
ellos mismos han estado encarnados anteriormente,
habiendo realizado sus propias fechorías. Luego, si un
humano vicioso puede atraer a su entorno Espíritus que
se le parecen, no es sino la ley de las afinidades: quien se
parece se junta. Pero, no es que el criminal actúe bajo el
impulso de una presencia obsesora; él actúa, en primer
lugar, en función de sus propios impulsos y a lo sumo
el espíritu desencarnado malsano aportará su parte de
sutil influencia, que no es en sí misma el elemento determinante
del crimen.
En ningún caso podemos reducir o minimizar la parte
de responsabilidad humana a través de la cual se
comprueban todos los escollos del egoísmo y del
orgullo. Sucede también que en materia de psicología,
es preciso referirse a los valores morales que pueden
dar ciertas orientaciones. Y lo esencial del mensaje espírita
es que coloca en perspectiva una moral universal
que puede ayudar a las personas que tienen graves
desequilibrios. Una filosofía que da sentido, que permite
comprender el sentido de la vida a la luz de la reencarnación,
es a veces una solución inesperada, psicológicamente,
para las personas afectadas que pueden recobrar
el gusto por la vida y el sentido de los valores, aun
cuando los traumatismos o inhibiciones no hayan sido
controlados en profundidad.
Alcanzar las profundidades del espíritu
Sin embargo, más allá de la reflexión filosófica,
hay medios que permiten acceder a un mejor
equilibrio personal. Allí es necesario recurrir
al diálogo, al intercambio, al compartir, eventualmente
a psicoterapias, siendo la hipnosis la
mejor de ellas. Por este medio se podría llegar a
lo más profundo del espíritu, es decir a todo lo
que corresponde a un inconsciente cargado de
traumatismos inhibidos. Es lo que se ha intentado
a través del psicoanálisis, pero con todas
las dificultades que éste representa cuando el
practicante debe hacer surgir, o adivinar, las
realidades inconscientes, frente a un sujeto que
se expresa conscientemente. Y por otra parte,
fue a partir del momento en que Freud se apartó
de la hipnosis en beneficio de la escuela psicoanalítica,
que se marcó la pauta, en detrimento
de una hipnosis dejada a un lado, y que hoy es
necesario volver a descubrir.
En materia de espiritismo, se puede hacer intervenir
igualmente la clarividencia. El sujeto clarividente
tiene una percepción que, con frecuencia,
irá más allá de las apariencias superficiales a
percibir directamente las profundidades del
espíritu, a saber las realidades inconscientes, y
así suministrar las claves para comprender mejor,
a veces, el origen de un problema. Y ocurre que
esta percepción del inconsciente conduce al
clarividente a poner en evidencia un acontecimiento
anterior que aún tiene repercusiones en
la vida presente.
Más allá lo que fue experimentado en psicología
clásica con la ayuda de las psicoterapias conductuales
y del psicoanálisis, se pueden considerar
métodos más afinados a partir de la clarividencia,
la psicometría o la hipnosis, cuyo objetivo sería ir
más directamente a la fuente de los problemas
psi, sin estar obligado a tratar de detectarla y
adivinarla por deducción. Por estos métodos
que se vinculan al espíritu en su totalidad, se
tiene la ventaja de poder ir directamente al
objetivo, detectando directamente el fondo de
un problema a menudo insospechado. Lo cual,
evidentemente, no excluirá la necesidad de un
acompañamiento del paciente para ayudarlo a
superar su problema.
Es pues hacia una concepción más amplia de la
psicología que es preciso volverse, cuando se
conocen un poco mejor las interacciones entre
vida presente y vidas pasadas. Y en el plano de
la experiencia, todavía hay lugar para nuevas
investigaciones en la búsqueda de las profundidades
del espíritu humano.

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