"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



jueves, 23 de enero de 2014



UN CASO DE PSICOQUINESIA EN ESPIRITISMO:

LA EXPERIENCIA DE LA CUCHARITA
por
R É G I S B E R TAU D
LE JOURNAL SPIRITE N° 95 janvier 2014

Origen de la psicoquinesia

Más de 9.000 años antes de nuestra era, en tierras bretonas,
nacía una civilización que llegaría a ser la prueba
de que el espíritu puede dominar la materia. Los
druidas habían comprendido eso y ya, en el paleolítico
superior, bloques de piedra se elevaban por los
aires. Estos últimos adquirían, durante su elevación y
su desplazamiento, la forma progresiva que aún hoy
se puede ver en los emplazamientos megalíticos de
Carnac. En esa civilización, el hombre había encontrado
el camino del dominio de la fuerza del pensamiento
sobre la materia, y los menhires erigidos hacia
el cielo y plantados en el suelo, siguen siendo hoy un
testimonio auténtico de esa posibilidad.
Han pasado los siglos. La civilización druídica fue destruida
con su saber y su cultura pero sin contar con
la perpetuidad del espíritu druídico en su manifestación
y su voluntad de reencarnar.
Desde hace más de cuarenta años, el Círculo Allan
Kardec da testimonio de la supervivencia del alma y
si somos visitados, aconsejados y guiados por el espíritu
de un druida, no podía ser de otra manera que
seguir y conducir la idea de la supervivencia del alma,
la idea de su manifestación. Sin embargo, hoy ya no
somos los iniciados sino los testigos de esta fuerza de
pensamiento que vive, vibra y se manifiesta de muchas
maneras.

Naturaleza y acciones del pensamiento

El pensamiento, efluvio sutil e invisible, cuyo origen
es el espíritu, puede desplazarse, puede ser captado,
es la telepatía; también puede influenciar, puede
curar, es la telepsíquica; en sus efectos más visibles
también puede modificar la materia o desplazarla, es
la psicoquinesia.
La psicoquinesia es pues la acción del pensamiento
sobre la materia para provocar desplazamiento de
objetos, producir levitaciones y transformaciones de
la estructura de los materiales. En este sentido, hay
que distinguirla de los Poltergeist, movimiento y desplazamiento
de objetos bajo la influencia de espíritus
desencarnados. Ella proviene únicamente de la fuerza
del pensamiento de un espíritu encarnado.

¿Cómo puede un pensamiento, en su evanescencia,
producir un fenómeno físico sobre la materia?

Ante todo y paradójicamente, la psicoquinesia no es una
tensión sino una relajación del espíritu, cuya emisión
repetida de una información influenciará la orientación
molecular de un material. Para ello hace falta, no
una voluntad, sino más bien un anhelo fuerte, un deseo
vinculado a una imaginación; es preciso pensar
la forma, pensar el movimiento, el desplazamiento, la
transformación; simplemente hay que estar seguro
del resultado, viviéndolo como una evidencia.
Uri Geller y luego Jean-Pierre Girard, vulgarizaron
este fenómeno en los años 70. Conseguían torsión de
metales y diversos efectos en contradicción con los
testimonios conocidos de la ciencia. Y aunque estos
dos pioneros de la psicoquinesia han frecuentado
diferentes laboratorios y han sufrido una batería de
pruebas de control por los científicos, sus resultados
no han encontrado continuación en la ciencia actual.
Si bien Uri Geller se ha volcado hacia el show-business
y los shows televisados, Jean-Pierre Girard por
su parte continúa manteniendo un rumbo científico,
escribiendo y dictando conferencias sobre el tema.
La lucha por la modificación de los paradigmas es
muy lenta y muy difícil de alcanzar; como espíritas,
sabemos algo de eso.

La psicoquinesia en espiritismo

Desde un punto de vista espírita, la psicoquinesia es
admitida como una realidad pues es una variante de
las facultades del espíritu. En 1996, el Espíritu vino a
revelar una misión de psicoquinesia a uno de nosotros
para que la ejerciera en el seno de nuestra Asociación.
Joël Francheteau, a quien llamamos Horace (nombre
de una vida anterior), se había unido al Círculo en
1990. Después de seis años de presencia en el grupo,
fue su guía quien le confió esta misión y siguiendo
sus consejos, nuestro amigo se puso a trabajar dos
veces por semana con una duración de unos veinte
minutos con soporte musical. Durante este trabajo
de desarrollo, Horace podía ejercitarse con cualquier
objeto, siendo el objetivo en un primer momento desarrollar
la acción de la fuerza del pensamiento sobre
los objetos inanimados.

Psicoquinesia y mediumnidad

La psicoquinesia no tiene nada que ver con la mediumnidad.
En mediumnidad hay intervención de los
Espíritus; la fuerza del pensamiento procede únicamente
del deseo de un espíritu encarnado que trata
de conseguir un resultado por sí mismo sin recurrir a
los Espíritus desencarnados.

Los primeros resultados concluyentes

Los resultados más rápidos se obtuvieron con ayuda
de un soporte instalado sobre una horqueta. El colgante
estaba constituido por una pequeña piedra
perforada suspendida de un hilo. Horace, por su fuerza
pensamiento, daba entonces a esta piedra un mo-
vimiento circular o un movimiento de vaivén. He aquí
cómo explica él su forma de imaginar el movimiento:
“En el caso del colgante, cuando le doy un movimiento,
ya se trate de un movimiento circular o de vaivén, visualizo
mentalmente el movimiento que quiero darle. Lo
visualizo continuamente con mucha fuerza mirando el
objeto fija y constantemente, y al poco tiempo, el movimiento
que imagino se inicia en el objeto”.

Finalidad de la psicoquinesia

La protogénesis es la finalidad del trabajo que se
habría efectuado antes en psicoquinesia; siendo el
objetivo no trabajar más sobre un objeto inerte, sino
sobre la materia viviente. La acción de la protogénesis
permite reconstituir los tejidos celulares dañados
en un ser viviente. Se trata pues de una acción que
tiene virtudes terapéuticas que permiten sanar, curar
y regenerar las carnes que han sido perjudicadas por
alguna razón, cualquiera que ésta sea.
Psicoquinesia sobre el mineral y el vegetal
En la evolución de la psicoquinesia, Horace fue invitado
al cabo de dos años de ejercicios a un trabajo
en protogénesis sobre el mineral, sobre los suelos y
los subsuelos. Esta misión tenía como objetivo participar
en la construcción y reconstrucción de los
suelos y subsuelos dañados y que presentan riesgos
de sismo.

El ejercicio de la misión

El ejercicio de esta misión se realizaba del siguiente
modo. Un radiestesista localizaba por medio de su
péndulo una región sobre la que Horace debía trabajar.
Una vez localizada la región, se realizaba una
acción de pensamiento por un período de cuatro meses,
a razón de dos veces por semana, sobre el indicio
del sismo y el epicentro de la falla. Transcurrido ese
plazo, el radiestesista comprobaba la necesidad de
continuar y si no indicaba otro lugar.

Los resultados obtenidos

Horace trabajaba siempre en psicoquinesia sobre la
materia, entrenándose con diferentes materiales tales
como barras de metal o cucharitas. A fin de alentar
el trabajo en psicoquinesia, el Espíritu vino a explicar
que el pensamiento se imprimía en la materia y que
podían producirse efectos de modificación molecular
que permanecen invisibles.
Frente a esta regularidad, perseverancia y confianza,
Horace obtuvo una verdadera acción de macro-psicoquinesia.
He aquí las palabras de un testigo presente
en el evento.

El testimonio de Christophe

Cuando Christophe y Horace comenzaron a trabajar
juntos, Horace decidió concentrarse en la rotación de
un péndulo, colgado de una horqueta colocada sobre
una mesa. Cada sesión comenzaba por la puesta
en condición en silencio y un recogimiento propicio
para este trabajo, al resplandor de una vela como lo
había sugerido el Espíritu.
Cada sesión debía respetar un tiempo y una frecuencia
de trabajo definidos. Horace no necesitaba
de participantes que le dieran fluidos, como en
mediumnidad. Christophe estaba presente como
observador y testigo de los eventuales fenómenos
por venir.
Christophe: “Mi papel era el de observador y a la vez re
gistrador del buen desarrollo de la sesión. Me aseguraba
de la no intervención de alguna parte del cuerpo de
Horace contra la mesa donde se encontraba el péndulo
y permanecía atento a todo eventual fenómeno mientras
que él trabajaba por el pensamiento, con los ojos
abiertos o cerrados”.
Los resultados en cuanto al desplazamiento del
péndulo fueron muy rápidos y Christophe comprobó
una constancia del fenómeno: el péndulo se
movía siempre al final del ejercicio de pensamiento,
como si el hecho de aflojar la tensión de concentración
liberara una fuerza que imprimía entonces su
movimiento al objeto.
Christophe había podido observar las actitudes de
Horace durante aquellos largos meses de trabajo y lo
que notaba era una evidente correlación entre la actitud
física y los resultados de la psicoquinesia. Cuanto
más se crispaba Horace en manifestar su voluntad
menos visibles eran los fenómenos, e incluso inexistentes,
y cuanto más parecía Horace despegarse de
su objetivo en su concentración relajada, más visible
era la psicoquinesia.
Luego de la experiencia del péndulo y antes de llegar
a la cucharita, Horace trató de hacer mover una
bolita en un cenicero, hacer girar una hoja de aluminio
sobre un mondadientes y torcer barras, pero
en estas diversas pruebas los resultados no fueron
visibles y aumentó la pérdida de confianza en el posible
fenómeno.
Después de algunas tentativas sobre varios objetos,
Horace decidió concentrarse únicamente sobre una
cucharita y no cambiar el soporte hasta que los resultados
fueran aparentes.
Christophe: “Era una cucharita bastante gruesa. Horace
siempre utilizaba la misma durante nuestros experimentos.
Sin embargo, reconozco que no usamos otra
cucharilla como testigo para comprobar los progresos
de la primera. Simplemente esperábamos que se doblara
francamente”.
Pasaron semanas hasta que Horace tuvo una confianza
más evidente que de costumbre y, aquella noche
Christophe fue testigo de lo que podemos llamar, no
un milagro, sino la puesta en evidencia de la acción
de la fuerza del pensamiento sobre un objeto.
Christophe: “Horace estaba muy sereno y tenía la cucharita
entre el pulgar y el índice de su mano izquierda
mientras que, con la otra mano, acariciaba el utensilio.
Fue entonces cuando, desde los primeros minutos,
vi doblarse gradualmente la cucharita; se inclinaba
lentamente pero de manera constante. Horace me
confirmó que había sentido el metal ponerse blando
en la punta de sus dedos y que había pensado en el
movimiento de la cucharita que se torció para llegar a
la forma deseada”.
Y durante las experiencias que siguieron, Horace no
logró reproducir el fenómeno. Sin embargo, este estado
de cosas no significaba que este fuera un caso
excepcional y no reproducible; significaba simplemente
que habíamos experimentado y descubierto
que existían leyes vinculadas al espíritu, y que en este
campo nos quedaba todo por descubrir y aprender.
La fuerza del espíritu se revela. No obstante, nos falta
todavía experimentar el fenómeno para descubrir
pronto sus leyes, a fin de servirnos hábilmente de
ellas, en lo que debe convertirse en el futuro en una
nueva fuerza para el bienestar del prójimo.

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