"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



sábado, 25 de enero de 2014





EL PENSAMIENTO QUE CURA
PIERRE VACHET
por 
L U C G R U N T Z
LE JOURNAL SPIRITE N° 95 janvier 2014

Pierre Vachet hizo numerosos experimentos para
demostrar la estrecha interdependencia entre el psiquismo
y lo físico. Comenzaron en 1914, cuando él
se encontraba en el frente como médico auxiliar. Seguiría
el concepto del eminente psicólogo profesor
Pierre Janet, que afirmaba: “Los médicos no deben limitarse
servilmente a curar el cuerpo… Cada vez más, la
ciencia médica descubre la influencia preponderante de
la imaginación sobre la salud del cuerpo. Cada vez más,
la terapéutica utiliza el factor moral en su lucha contra
las enfermedades” hasta definir una ciencia nueva
que es la psicosomática (de psyché: espíritu y de
soma: cuerpo) y a la que Pierre Vachet quiso dedicar
la obra El pensamiento que cura. Este libro se dirige
tanto a los enfermos orgánicos como a los enfermos
llamados “nerviosos”, así como a los hombres sanos
susceptibles de portar los gérmenes de desórdenes
nerviosos que pudieran terminar por eclosionar, “la
salud no es sino un estado provisional que no presagia
nada bueno”.
Pierre Vachet nos invita en primer lugar a aprender
el dominio de nosotros mismos y a controlar regularmente
nuestro organismo fisiológico y mental. Esto
quiere decir: aprender a contener los movimientos
por los cuales tienden a expresarse nuestras emociones,
a moderar nuestra sensibilidad y a dispensar
nuestra energía según las reglas “de una juiciosa ecopor
nomía”. El poder de la imaginación sobre el cuerpo
humano es más grande de lo que uno puede imaginar.
Múltiples y graves desórdenes pueden ser creados
de la nada y sostenidos por una imaginación mal
dirigida. La curación no está subordinada sino a una
sabia disciplina de la imaginación. El órgano importante
que, sobre todo, no hay que olvidar es el cerebro,
elemento esencial del cuerpo humano pues
es la sede del pensamiento. Éste ha sido estudiado
por numerosos investigadores que han llegado a
asegurar su división, lo que afecta la naturaleza de
ciertas zonas con sus interacciones. El autor recuerda
la distinción entre los centros nerviosos inferiores
que actúan instintivamente y los reflejos cerebrales
que comandan el comportamiento psíquico y que
son reflejos psíquicos llamados también reflejos imaginativos,
para subrayar su estrecha relación con la
imaginación. Para cada uno de nosotros, la educación
consiste entonces en hacer pasar el consciente
al inconsciente, es decir actuar constante y voluntariamente
sobre el inconsciente para inducir el hábito
que creará el reflejo.
Los ejemplos abundan. Tomemos la situación de alguien
que es irritable y que se enoja fácilmente. En
lugar de dejarse llevar por la furia, podrá decir o pensar
varias veces con una inspiración profunda: “yo
me tranquilizo”. Se comprobará una diminución de la
tensión nerviosa y se trocará en calmo y tranquilizado.
Después de un cierto tiempo y a más o menos largo
plazo, ya la persona no se enfadará en absoluto. El
hábito de serenidad dictado por el inconsciente será
adquirido por él, convirtiéndose en reflejo. El papel
de la imaginación, y las imágenes que a ella se asocian,
no sólo influyen sobre el psiquismo sino también
sobre los órganos. De esa manera, la evocación
de imágenes conmovedoras y felices, y el enunciado
de sugestiones fuertes provocan la curación. Por
el contrario, la constitución de imágenes bajo la influencia
de emociones deprimentes o de inquietudes
obsesivas es un factor nocivo, que expone a súbitas
y graves insuficiencias orgánicas. Igualmente, las reacciones
del cuerpo sobre la imaginación son tanto
más rápidas y tanto más amplias cuando el cuerpo
está más excitado, excitación que se manifiesta por
alborozo o por sufrimiento agresivo que favorece la
fijación de los reflejos imaginativos. Ella multiplica,
en extraordinarias proporciones, la sensibilidad del
cuerpo a la evocación de imágenes.
Es bien conocido que la absorción de ciertas drogas
o ciertos venenos, tomados en pequeñas dosis, son
medicamentos tónicos cuyo abuso provoca una sobrexcitación
anormal de la imaginación. Ciertos artistas
se embriagan para realizar un trabajo de imaginación.
Por el contrario, la depresión entrega el
individuo a la pasividad. Atenúa las reacciones imaginativas,
ahoga la emotividad y quita a las imágenes
su vivacidad y su poder de acción sobre la envoltura
física.
Pierre Vachet nos enseña a domesticar nuestra imaginación.
Para estar bien, basta con aprender a orientarla
por el buen camino. Se trata de enseñar el arte
de curarse por el pensamiento, es lo que el autor llama
“el suero moral”. A la psicoterapia, que es el conjunto
de tratamientos psicológicos, pueden asociarse
otros medios terapéuticos como el aislamiento,
el descanso, la desintoxicación, la fisioterapia y los
medicamentos calmantes o tónicos. El reposo, por
períodos breves pero suficientes, debe practicarse
en alternancia diaria con fases de esfuerzo fatigoso.
Se trata luego de aplicar un método de relajación
muscular para hacer desaparecer las tensiones y
buscar un vacío mental, método del yogui, para una
distensión psíquica. Se agrega también una higiene
alimenticia. El régimen anglosajón es recomendado
en comparación con el régimen francés, a fin de dar
preferencia al desayuno de la mañana en lugar del almuerzo
del mediodía. No hay azar, no hay fatalidad
ineluctable. Siempre hay una relación más o menos
lejana de causa a efecto.
El optimismo y la euforia son el resultado de la imaginación
bien dirigida, como lo son, por el contrario,
la angustia y la fatiga en una imaginación mal orientada.
La mayoría de los emotivos y los ansiosos están
aferrados a emociones antiguas y perniciosas de
las que no pueden liberarse. No se dan cuenta de
las circunstancias a favor de las cuales se ha fijado
sobre ellos un mal reflejo imaginativo. Sufren de un
“recuerdo inconsciente”. Estos recuerdos ofensivos
proceden a menudo de la niñez, porque es en ese
período cuando las emociones son más fuertes y sin
proporción con los eventos, al tiempo que el cuerpo
y el espíritu son nuevos. En efecto, un niño es incapaz
de comprobar la justeza de las opiniones y si le
provocan emociones violentas, guardará toda su vida
profundos rastros de ellas.

El papel de los terapeutas

Entonces el papel del médico es importante. Él debe
destruir los reflejos imaginativos funestos para la
salud, para luego crear y mantener en el paciente
reflejos imaginativos que lo curen. Debe ser un condensador
de energía y optimismo y su orientación es
importantísima. Es fácil comprender que los curanderos
ignorantes acierten, allí donde han fracasado
las terapéuticas más sabias de los más grandes médicos.
No es preciso decir que el curandero inspira
confianza a sus enfermos pero exige de ellos la más
insensata esperanza, lo más eficaz en la curación. La
historia proporciona múltiples ejemplos. El terapeuta
involucrado debe ayudar a encontrar los recuerdos
olvidados. Volverá a plantear el evento emotivo
que originó el desorden que persiste, por asociación
de ideas, alrededor de la representación de la enfermedad.
Aprovechará que la fantasía de un individuo
generalmente se orienta hacia los objetos de preocupaciones
inconscientes. Los ensueños expresan el
dramatismo simbólico de las inquietudes, los deseos
y los conflictos psicológicos profundos. Él necesitará
entonces crear en el enfermo hábitos de calma que
perduren cuando se presente la situación crítica. A
esos estados de distensión orgánica y confianza, se
asociarán fases imperativas, asegurándole contra
emociones que no se producirán más. La psicoterapia
se apoyará pues, esencialmente, en la sugestión.
La forma de pensamiento es necesaria, pero la voz
juega un papel esencial; es ella, la que asociada a las
palabras debe calmar repitiéndolas. Su timbre será
monótono y cada fórmula dicha en cadencia rítmica.
Durante la cura, es al paciente a quien corresponde
la tarea principal, limitándose el médico a regular y
mantener los efectos.
Necesitamos aprender desde ahora a cultivar nuestra
imaginación, a someter a nuestro cuerpo a los
decorados risueños y a las imágenes felices. La depresión
debe ser combatida buscando emociones
tónicas asociadas a representaciones. Obtenida la
curación, nada está definitivamente vencido. Sobre
todo no hay que flaquear, cada día hay que desear
la salud del espíritu y por tanto someterse a un régimen
mental para evitar el retorno efectivo del mal.
Para mantener la curación y el bienestar, es necesario
trabajar sobre la imaginación, creando emociones
positivas y tónicas de las cuales las más eficaces
son las que nacen de la acción lograda, es decir de
aquello a lo que nos hemos atrevido. El beneficio del
éxito, bajo todas sus formas, es suscitar una emoción
de alegría, de triunfo que actúa, no sólo sobre
la imaginación sino también sobre el estado orgánico
de un deprimido o de un ansioso.
Es preciso igualmente aprender a desear. Por voluntad,
entendemos algo distinto a una cháchara interna.
No basta con decir “yo quiero”, pues la voluntad
conlleva dos momentos. En primer lugar exige el dominio
de sí mismo, la disciplina rigurosa de la imaginación
y luego, cuando el cuerpo se ha vuelto dócil,
ella se ejercita en la constitución de un sistema de hábitos.
Se aconseja suponer que una acción siempre es
más fácil de lo que pensamos. No hay que atar nuestra
imaginación más que a las realizaciones inmediatas,
a medida que éstas se presentan. El ensueño es
enemigo de la acción pues dispone al hombre para
la ansiedad y la pasión. En cambio, la acción es liberadora
porque desvía la atención de sí mismo, para
orientarla hacia las cosas o hacia los demás. Nada es
peor que concentrarse sobre su propia persona y velar
a cada momento por sus placeres y sus penas. El
plan de una vida feliz es: “Olvídate de ti dentro de la
acción”.

El pensamiento en la acción

Las acciones más fáciles y más tónicas son las que no
exigen sino movimientos disciplinados. Para una depresión,
la elección de las acciones debe realizarse en
función de su naturaleza y de su grado. Es reconocido
que el deporte es una de las mejores distracciones de
la ansiedad, porque es consumo de fuerza que hubiera
podido descargarse en convulsiones viscerales.
También, insertarse en acciones sociales permite, si
se logra, una gran mejoría de nuestro estado. Estas
acciones y reacciones deben fijarse sólidamente en
nosotros como otros tantos reflejos imaginativos.
Pierre Vachet nos dispensa múltiples consejos para
favorecer decorados excitantes alrededor de nosotros,
para mantener nuestro buen humor y nuestra
alegría. Vivamos, si podemos, en un paisaje agradable
al aire libre entre árboles y flores; tengamos, de
preferencia, una vivienda clara con muebles cómodos,
cuadros luminosos y vasos siempre llenos de flores.
Tampoco es trivial cuidar su aseo o su traje, evitar
a los amigos tristes, buscar la compañía de gente
alegre y en buena salud, pues son condensadores de
energía. Elijamos libros estimulantes, algunos actúan
como un jarabe calmante y otros como un sinapismo.
Hay que adquirir el hábito de mantener en nuestro
espíritu imágenes beneficiosas que podamos evocar
en momentos de desfallecimiento y también formarse
lo que el autor llama “un paisaje moral apacible”.
Expulsemos el recuerdo del fracaso y estemos siempre
dentro de un sistema de esperanza.
Pierre Vachet aborda igualmente una reflexión en
relación con las condiciones de trabajo, donde existe
a menudo un desequilibrio entre las posibilidades
del hombre y el peso, el ritmo y la complejidad
de las tareas. El hombre moderno debe liberarse
de la intolerable presión del tiempo y del trabajo
y esforzarse por reducir el cansancio del cuerpo y
la tensión del espíritu. Y es allí donde interviene
el papel del pensamiento, el pensamiento que
cura. Sepamos utilizar estas fuerzas que son, alternativamente,
el veneno que mata o el suero
que cura. El autor también llama nuestra atención
sobre la necesidad de educar nuestros cinco
sentidos, pues estamos lejos de utilizar sus
virtudes (tema ampliamente desarrollado en su
libro: Sobre el camino del optimismo y la felicidad).
La elección de los colores de nuestro entorno es
importante y participa en nuestro equilibrio psíquico.
Miremos todo lo que nos rodea, a fin de
fijar nuestra atención sobre los objetos y los seres,
para poder proyectarlos en cierto momento
sobre la pantalla de nuestra imaginación y hacer
revivir así una película agradable, en lugar de mirarse
a uno mismo. La naturaleza que se expresa
por su diversidad y sus riquezas, en todos los registros,
todos los matices y todas las densidades,
participa en el equilibrio humano. Pierre Vachet
también insiste en los beneficios de la risa, cuyas
repercusiones sobre la salud del cuerpo son incalculables,
tanto como el cultivo de la alegría y
el gozo. Es deseable que cada humano aprenda a
vivir según otra definición, distinta a la señalada
por la mayoría de las personas, que cree que vivir
bajo presión, emprender trabajos, ganar dinero y
gastarlo en menudos placeres… eso es vivir. Vivir
es aprovechar las mil cosas pequeñas que se ofrecen
a nuestro disfrute en cualquier hora del día
presente. Apresurémonos a gozar del presente
y contemos lo menos posible con el porvenir, lo
que Georges Brassens ha expresado así: “Hay dos
días de la semana por los que no me preocupo más,
ayer y mañana”. Vivir, es mantenerse en el equilibrio
de la salud física y abrirse a esta alegría que
es la euforia.
En el desarrollo de nuestras sociedades modernas
todo concurre a la ruptura por el hombre de
un equilibrio que siempre será necesario buscar
individualmente, pues cada vez más está reducido
al estado de robot, en detrimento de las “cosas
del espíritu”, para citar a Leonardo da Vinci.
Es tiempo de reaccionar para imponer un nuevo
humanismo que el autor llama euforismo, nuevo
arte de vivir que combina la higiene del cuerpo
con la higiene alimenticia y el suero moral para el
pleno florecimiento de cada individuo en toda su
personalidad.
Pierre Vachet (1892/199?), autor francés de muchas
obras relativas a la salud, entre ellas El Pensamiento
que cura, publicado en 1926. Era Doctor
en medicina, psicólogo, y director de la Escuela de
Psicología y de la Revista de Psicología aplicada.

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