"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



viernes, 29 de enero de 2016





HISTORIA
LAS BRUJAS DE SALEM
por MARIE-NOËLLE COURTIOL
HISTORIA
LAS BRUJAS DE SALEM
LE JOURNAL SPIRITE N° 88 AVRIL 2012


La historia de los hombres sobre la Tierra está jalonada de acontecimientos, de sucesos diversos y de aventuras que, en su desarrollo y sus conclusiones, fueron, y quizás todavía son, reveladores de muchos aspectos de la psicología de sus actores. La fuerza simbólica que emana de ciertas leyendas, a menudo nacidas de hechos reales, les ha permitido traspasar las épocas para participar en la construcción de nuestras culturas y de nuestra memoria colectiva.
Así, con gran frecuencia hablamos de una historia ancestral sin saber si pertenece a una realidad vivida o a la imaginación de nuestros antepasados, siendo lo importante la fuerza y la naturaleza del mensaje que ella transmite.
Uno se da cuenta de que la longevidad de ciertos acontecimientos históricos o legendarios, también reside en el hecho de que realmente bien podrían haber tenido lugar. A menudo son pues un espejo de lo que todavía somos, si bien es cierto que los hombres progresan de manera rápida en los planos científico y técnico, sus avances en conciencia y moralidad son mucho menos espectaculares. Entre estas peripecias en el seno de las sociedades humanas y de las cuales queda rastro, hay una que refleja bien esa tendencia que tenemos de no sacar suficientes lecciones de los errores pasados para reproducirlos con más fuerza: se trata de la historia de las brujas de Salem.
Esta tragedia, que resume lo que era la hechicería en América en el siglo XVII, ha permanecido célebre por haber sido objeto de una obra teatral del gran escritor norteamericano Arthur Miller en 1952, que no dejó de establecer la relación entre este paroxismo de la inquisición y el triste período del macartismo donde brujos y brujas simplemente eran reemplazados por comunistas o sospechosos de serlo.
Estos comportamientos medievales, que el hombre debería haber desterrado de sus sociedades desde hace mucho tiempo, también se encuentran hasta en este momento, en el ascenso al poder de los integrismos religiosos más fanáticos, que perpetran las masacres más horribles y practican un terrorismo ciego para imponer a un Dios por el temor y el crimen.
En esa época, la Iglesia católica pretendía que la brujería era el peor de todos los pecados, que era fruto de un pacto con el diablo. Por su parte, los pastores protestantes hacían responsable a Satanás de todo fenómeno sobrenatural. En esa época se creía pues, que síntomas como ataques de nervios, convulsiones y delirio, a los cuales no se encontraba ninguna explicación médica, eran obra de brujas que actuaban en nombre del príncipe de las tinieblas.
En 1692 comenzó una verdadera cacería de brujas en una aldea de Massachusetts llamada Salem.  
La historia Comienza con la llegada a Salem del reverendo Samuel Parris, su mujer, su sobrina Abigail Williams, su hija Elizabeth y sus dos servidores, John Indian y su mujer Tituba.
Las dos chicas pasaban largas horas en compañía de Tituba quien, para entretenerlas, les contaba historias de vudú y les decía la buena ventura. Las dos muchachas no pudieron guardar para ellas el secreto y lo compartieron con las otras chicas de la aldea.
No obstante, invadidas por sentimientos de culpa y temor al demonio, Betty y su prima se creían condenadas por la eternidad. Poco a poco, su salud se deterioró: regularmente eran presa de crisis de convulsiones.
Como el examen médico no reveló ningún trastorno físico y los tratamientos resultaron ineficaces, se declaró que las dos chicas habían sido víctimas de brujería. El reverendo y otros notables de la ciudad insistían con Betty y Abigail, pero igualmente con las otras chicas afectadas por los mismos síntomas, para que denunciaran a los que las habían maldecido.
Hasta el día en que Elizabeth por fin logró decir “¡Tituba… oh, Tituba!” Las otras chicas la acusaron a su vez. Entonces la comunidad dio fe a las acusaciones y la condenó.
Pero otras dos hechiceras también fueron acusadas: Sarah Good y Sarah Osborne.
Estas dos damas ya tenían una mala reputación. Las nuevas acusaciones presentadas contra ellas agravaron aún más su caso. Las tres infortunadas fueron acusadas oficialmente de hechicería el 1º de marzo de 1692 y puestas en prisión. Pero siguieron otras acusaciones: Dorcas Good (la pequeña de Sarah Good, de cuatro años), Rebecca Nurse (una abuela enferma y piadosa), Abigail Hobbs, Deliverance Hobbs y Martha Corey, así como Elizabeth y John Proctor. Progresivamente se llenaron las prisiones, pero salió a la superficie un nuevo problema: los acusados no podían ser juzgados porque el gobierno no tenía ninguna legitimidad.
Así, no tuvo lugar ningún proceso antes de fines de mayo de 1692.
Fue necesario esperar la llegada del gobernador William Phips para constituir una corte. Pero, desgraciadamente para aquel momento, Sarah Osborne ya había muerto en prisión sin haber sido juzgada.
En cuanto a Sarah Good, había dado a luz una hija y varios otros acusados estaban enfermos.
Unas ochenta personas esperaban su proceso en las cárceles. Una vez al mes y durante todo el verano que siguió, la corte estuvo en sesión. Cada proceso terminó en la condena a muerte del acusado por hechicería.
No se pronunció ninguna absolución. Sólo aquellos que se declararon culpables y que, además, denunciaron a otros sospechosos, evitaron la ejecución. Solamente al menos dos mujeres se beneficiaron con un aplazamiento de la ejecución porque estaban encintas. Pero, no obstante, después del nacimiento de sus hijos fueron colgadas.
Fue finalmente en octubre de 1692 cuando terminaron los procesos por hechicería. Al regresar de la frontera, donde combatía a los indios, el gobernador Phips puso fin al procedimiento emprendido y progresivamente los acusados fueron puestos en libertad.
La cacería de brujas acababa de terminar. Pero para algunas de ellas fue demasiado tarde.
Ya habían sido colgadas diecinueve personas. Varios años más tarde, las autoridades reconocieron su culpa y se excusaron con las familias y amigos de las víctimas pues era evidente que en esta historia, las inocentes víctimas habían sido asesinadas.
Pero fue al Reverendo Samuel Parris al que más se persiguió. Se le acusó de haber engendrado todos estos desgraciados acontecimientos y se retiró de la comunidad religiosa.
Teniendo en el seno de nuestro grupo espírita médiums que, desde hace más de treinta años, nos permiten la comunicación con los espíritus, tuvimos un día la oportunidad de hacer la siguiente pregunta a los espíritus, en sesión espírita: “¿Pueden revelarnos la verdadera historia de las brujas de Salem?” La respuesta recibida fue la siguiente: “En efecto, las brujas de Salem es el relato de un proceso entablado contra numerosos habitantes de una aldea, en la primavera del año 1692, y que describe cómo una histeria colectiva alimentada por misticismo y conservadurismo religioso, pudo hacer condenar a muerte a inocentes, simplemente por un macabro engranaje de sospechas, connivencias con el demonio, acusaciones, denuncias y la elaboración de un mecanismo de temor colectivo, de confesiones y expiaciones de pecados que no existían”.
En un segundo mensaje recibido un poco más tarde, el espíritu nos dijo esto, siempre a propósito de la historia de las brujas de Salem: “En verdad, se trata de la historia de la progresión humana. En verdad, se trata siempre del comportamiento de una humanidad en el interior de una sociedad, en el interior de un tiempo dado. En verdad, se trata de la manifestación del individuo en su encarnación en el interior del grupo humano, en el interior del grupo social. Nada de magia, nada paranormal, nada de manifestación particular del espíritu, sino más bien en la evocación de su pregunta, de una manifestación del intelecto, del sentimiento del hombre. Las brujas de Salem jamás existieron como tales, o por lo menos de la manera como eso pudo serles relatado, contado y expresado. No obstante, la historia es de lo más interesante en cuanto a sus conclusiones. Es preciso, lo creo sinceramente, superarla para comprender que más allá, en un tiempo, ya el hombre reflexionaba sobre su propia condición”.
El espíritu nos lo confirma, este trágico episodio no debe su existencia más que al fanatismo religioso de la época, suficientemente expandido como para haber sido una de las bases de las sociedades medievales.
Uno puede quedar legítimamente sorprendido al ver que todavía hoy, un poco en todas partes del mundo, el progreso puede bordear comportamientos de otro tiempo y que muchos de los procesos de Salem aún tienen lugar, en nombre de un Dios vengador y anticuado

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