"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



sábado, 28 de noviembre de 2015









FLORENCE COOK Y LA MATERIALIZACIÓN DEL FANTASMA KATIE KING




FLORENCE COOK Y EL FANTASMA DE KATIE KING
LOS GRANDES MÉDIUMS
por JEAN-LOUIS PETIT 

LE JOURNAL SPIRITE N° 101 juillet 2015 17


Katie King sigue siendo uno de los fantasmas más conocidos del espiritismo. Las fotografías de ella figuran en casi en todos los libros de ocultismo. Sin embargo, a veces cuesta trabajo entender que ella nunca hubiera existido, como primera materialización completa de un espíritu del más allá, sin su médium, Florence Cook, que en los años 1870 fue una de las más célebres auxiliares de los Espíritus. Ante la evidencia, la carrera de Florence merece algo mejor que indiferencia. Ella nació en junio de 1856 en Kent (Inglaterra), pero vivió esencialmente en un barrio popular de Londres.
El padre era tipógrafo, y su familia tuvo un nivel de vida relativamente satisfactorio para la época. Primogénita de cuatro hijos, Florence Eliza Cook recibió la educación somera de toda hija de clase media, esperando poder fundar una familia. Era bastante bonita, pero desde los catorce años insistía en que desde hacía mucho tiempo hablaba con los espíritus, que solamente ella podía ver. Sus padres intentaron demostrarle que se trataba del fruto de su imaginación.
Contó haber sido invitada por una compañera de clases a sesiones de evocación de Espíritus, que le predijeron una brillante carrera de médium. Caía a veces en trances casi histéricos que desesperaban a su entorno. Éste no reaccionó demasiado mal, pues consultaba a los vecinos que practicaban la nueva moda de las mesas giratorias.
Se acabaría por aceptar sesiones en la casa familiar, que harían sufrir al mobiliario, pero que darían indicaciones precisas acerca de una asociación local cercana, a ser contactada de emergencia. Thomas Blyton, su secretario, la tomó entonces a su cargo.
Asistiría a sesiones regulares en un grupo formal, participando activamente. En este grupo, dos médiums muy dotados, Frank Herne y Charles Williams ya habían logrado materializaciones de bolas luminosas y luego de rostros humanos.
Desde el comienzo de sus sesiones se le presentó un espíritu instructor que aseguraba llamarse Katie King. Se materializaría progresivamente gracias a los dones de Florence, primero como una cabeza inexpresiva, luego cada vez más nítida, dotada de vida aparente de acuerdo con el dominio de su mediumnidad.
Parecía entonces que ella era una de las más importantes médiums de ectoplasmia de su época. Recordemos que en este tipo de mediumnidad, difícil y raro, un espíritu del más allá toma los fluidos y la energía del médium combinados con los fluidos de un grupo espírita formal, hasta provocar una materialización más o menos completa de su antiguo cuerpo gracias a su periespíritu que durante algunos instantes retoma su visibilidad y todas las características de la vida, antes de desmaterializarse y desaparecer completamente.
Antes de la aparición visible del fantasma se aprecian, emanando del médium, la mayoría de las veces por un orificio natural o por los poros de la piel, filamentos blancuzcos que se sueldan en un velo algodonoso. Éste puede tomar luego una forma de mano, de rostro o de busto y con Florence, de una persona completa, con un vestido y todas las apariencias de una vida real.
En los años 1870, Florence se hizo capaz de una materialización cada vez más completa de una Katie King, que aparecía como una hermosa rubia, un poco más grande que la morena Florence. Este fantasma se mostró capaz de hablar y reveló que, en el pasado (siglo XVII) era hija de John King, antiguo pirata del Caribe conocido con el nombre de Henry Owen Morgan.
El fantasma mismo, John King, también era conocido en las sesiones espíritas, especialmente con los dos médiums ingleses anteriormente mencionados, así como por el intermedio de otra gran médium de esa época, la italiana Eusapia Paladino.
Las apariciones regulares y espectaculares de Katie King en su integridad, a partir de 1871, constituirían una gran primicia para el espiritismo inglés, que se disputaba las sesiones de mediumnidad de una joven médium que no llegaba a los diecisiete años.
Su reputación se extendió entonces rápidamente por Inglaterra y el extranjero. Una vez reconocidos los talentos de Florence, recibió la ayuda de Charles Blackburn, un espírita rico y benevolente, que le aseguró un verdadero salario mensual para que se dedicara íntegramente a su mediumnidad, poco compatible con una vida humana habitual.
Se convertiría casi en su mentor y empresario, hasta que el sabio William Crookes se hizo cargo de ella; en efecto, Florence aceptó de buena gana ser seguida y controlada en sus sesiones. Sería una de las primeras en responder a la demanda de los sabios, que le impondrían condiciones draconianas de ejercicio.
Para la ectoplasmia los Espíritus exigían aislamiento total respecto a la luz del día, así como una fuente de luz indirecta para ver al fantasma. Florence trabajaba en un gabinete negro, aislada del grupo por cortinas espesas; una vez materializada, Katie King se dejaba ver apartando ella misma las cortinas, yendo luego hacia el grupo que podía tomarle el pulso, comprobar la textura de la piel, las muselinas que la rodeaban y cortar un mechón de cabello, etc.
Los sabios, como los doctores Sextox, J. M. Gully, Charles Richet, Camille Flammarion y sobre todo William Crookes, que la observaron regularmente durante seis años, multiplicaron los rigurosos protocolos de experimentación científica para ofrecer la garantía de ausencia de fraude.
Florence aceptó ser registrada antes de las sesiones, tener las manos atadas, con un precinto de cera sobre las ataduras, autorizar un observador, que daría testimonio de la presencia juntos del fantasma y la médium, la mayoría de las veces dormida. Al final de toda un serie de exámenes realizados con el mismo rigor del físico que era, honrado y premiado con recompensas internacionales, el serio William Crookes, concluiría su relación de estudios, acompañada de numerosas fotos, con esta frase que se hizo célebre: “Yo no digo que es posible, digo que esto es”.
Sería muy injustamente martirizado por el cientificismo más refractario a toda espiritualidad, calificado de entrada como no probado y no científico. Se pretendió que los exámenes demasiado radicales de la encarnación de Katie lo habían hecho enamorarse de su fantasma preferido. Se diría también que se habría beneficiado con relaciones privilegiadas con la hermosa Florence, que nunca recuperaría su confianza.
En 1874, cuando la hija del pirata declaró que abandonaba sus encarnaciones, Florence se retiró como médium y se casó con un vecino, Edgar Elgie Corner, y se estableció en el país de Gales. Él le daría dos hijas y rápidamente se alejó (marino de largos viajes) en el marco de un matrimonio difícil. Rápidamente Florence se quedaría sin recursos y retomaría las sesiones de mediumnidad para ganarse la vida. El fin de su carrera fue penoso. Durante una sesión final fue convencida de superchería, sin duda por haber querido demostrar demasiado. Murió en su casa, de tisis (tuberculosis) en 1904, en una situación financiera bastante miserable. No obstante sería una de las médiums más grandes de nuestra historia.

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