"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



jueves, 26 de noviembre de 2015


                                                          DOCTOR IAN STEVENSON

EL SENTIDO DE LA REENCARNACIÓN
REENCARNACIÓN - LAS PRUEBAS
por  PATRICIA SALIBA 
LE JOURNAL SPIRITE N° 102 octobre 201522



Tal vez le haya sucedido que al encontrar a una persona por primera vez, se haga esta observación: “Es extraño, tengo la impresión de que lo conozco” o hasta ser tan cercano a un amigo o amiga y decirle: “Somos como hermanos, o somos como hermanas”, y si creen en la reencarnación agregar: “¡seguramente nos hemos conocido en una vida anterior!” Quizás han experimentado un día así: “¡Lo haré mejor en mi próxima vida!” O, “la próxima vez, reencarnaré en mujer o en hombre”. Si bien la palabra reencarnación existe oficialmente desde 1875, la creencia en las vidas sucesivas data de las primeras civilizaciones. La reencarnación o palingenesia (de dos palabras griegas, palin, de nuevo, y génesis, nacimiento) es uno de los principios determinantes de la filosofía espírita desarrollada por su codificador, Allan Kardec, autor de numerosas obras entre ellas El Libro de los Espíritus publicado en 1857. Sobre su sepultura, un dolmen siempre florido en el Père Lachaise, está inscrita una frase explícita: “Nacer, morir, volver a renacer, progresar sin cesar, tal es la ley”. La reencarnación es un tema fascinante porque nos lleva por una reflexión lógica a comprender lo que somos, nuestras diferencias, a comprender hacia lo que debemos tender cada uno en nuestra vida, y finalmente a comprender el sentido de nuestra evolución, es decir la de nuestro espíritu.

LAS INTERROGANTES FUNDAMENTALES
La creencia en la pluralidad de las existencias ha sido admitida desde la antigüedad por los hombres más eminentes, ya sea que fueran filósofos o religiosos. Es interesante comprobar que, en todas las tradiciones del mundo, se ha creído de un modo u otro que el espíritu sobrevivía más allá de la muerte y reencarnaba. Tres mil millones de individuos sobre el planeta aceptan la idea de la pluralidad de las vidas y finalmente hoy en día ésta se ha convertido en un asunto de observación científica. Para los que rechazan esta idea, existe una sola razón, siempre la misma: no volver a empezar la misma existencia vivida, pues es demasiado difícil. Si este miedo puede parecer lógico, no corresponde a los principios y razones de la reencarnación. ¿Qué pruebas aportar para que esta idea de la inmortalidad del espíritu a través de la reencarnación pueda tranquilizar, pueda ayudar a comprender lo que somos realmente, y darnos las claves del sentido de cada vida?
Para abordar el principio de la reencarnación fuera de las creencias, es decir dentro de una reflexión filosófica espírita, es preciso admitir en primer lugar que el alma existe, independientemente del cuerpo físico, que preexiste a su muerte y que sobrevive al cuerpo. Si el espiritismo es estudiado y comprendido, confirma la teoría de la vida después de la vida y responde como filosofía a las cuestiones fundamentales: ¿de dónde venimos, quiénes somos, a dónde vamos? “La inmortalidad es una cosa que nos importa tanto, que nos toca tan profundamente, que hay que haber perdido todo sentimiento para ser indiferentes a saber lo que es”, decía Blaise Pascal.
Por qué no preguntarse sobre: • Las marcas de nacimiento, malformaciones que se atribuyen a traumatismos pasados • Los recuerdos de ciertos niños, a menudo vinculados a muertes violentas o prematuras • Los relatos de personas puestas bajo hipnosis y que pueden revivir episodios atribuidos a lo que parece ser su vida anterior • Los sueños o visiones que proporcionan recuerdos verificables • Las revelaciones de médiums o clarividentes que llegan a describir episodios de existencias anteriores, verificables históricamente. Existen argumentos contundentes en esta idea, si se quieren conciliar con una justicia divina las desigualdades intelectuales y morales que existen sobre la Tierra entre los hombres, argumentos que responden a preguntas como: • ¿Por qué un individuo muestra aptitudes múltiples e independientes de las ideas adquiridas por la educación? • ¿De dónde vienen en unos, las ideas innatas que no existen en los demás? • ¿Cómo explicar la evolución del estado social desde los tiempos bárbaros? Existen igualmente los niños prodigio, que prueban que la inteligencia se revela a una edad en la que el cerebro no está lo suficientemente desarrollado.

APRENDER, ES RECORDAR (PLATÓN)
En 1912, Willy Ferreros, un joven italiano de apenas cinco años, dirigió la orquesta de las Folies Bergère con seguridad y gran dominio, impresionando a los más grandes, entre ellos Jules Massenet, presente a aquel concierto y quien quedó muy conmovido. Mozart ejecutó una sonata a los cuatro años, una ópera a los ocho, Händel componía a los diez años, Rembrandt dibujaba como un maestro antes de saber leer, Pascal encontró a los trece años la equivalencia de la 32ª proposición de Euclides, es decir la suma de los ángulos de un triángulo. Miguel Ángel superó a su maestro en arte, Ghirlandaio, a los ocho años… Y la lista es larga, de estos niños prodigio que desde su más tierna edad mostraron aptitudes independientes de la educación, pero heredadas de sus vidas pasadas dedicadas al desarrollo de su arte. “El genio, es la experiencia. Algunos parecen creer que es un don o un talento, pero es el fruto de la larga experiencia de muchas vidas. Ciertas almas son más viejas que otras, y saben mucho más”. Henry Ford (industrial norteamericano, 1863-1947) Cómo explicar estos fenómenos si no es por los conocimientos adquiridos durante vidas pasadas, donde el ser se ha constituido una individualidad que lleva en sí su sello de originalidad y sus aptitudes propias. El genio no se explica por la herencia, tampoco por las condiciones del medio. Si la herencia pudiera producir el genio, éste sería mucho más frecuente. Copérnico, Rousseau, Sócrates o Jesús nacieron de familias humildes, incluso oscuras. Goethe, Carlomagno o Napoleón no engendraron genios. Grandes hombres han tenido hijos crueles. Se han visto hijos de buena familia cometer robos, crímenes, provocar incendios, realizar fechorías con una audacia terrible, sufrir condenas y deshonrar el nombre que llevaban. En otros se citan incluso actos de ferocidad sanguinaria, que nada explica ni en su entorno ni por su ascendencia.
Si llevamos en nosotros valores intelectuales y morales casi universalmente compartidos, eso no puede ser fruto del azar. En el fondo de cada ser humano, hasta en el más vil, hay intrínsecamente algo que puede tender hacia una búsqueda de lo bello, del bien y de lo justo.
En la filosofía espírita, la reencarnación se convierte en una ley universal con una definición simple y lógica, que borra las ideas preconcebidas de desigualdades e injusticia. Voltaire decía: “No es más asombroso haber nacido dos veces que haber nacido una vez”.

TESTIMONIOS}
 El 18 de septiembre de 1847, el príncipe Emile de W. escribió a la Revista Espírita para señalarle un hecho descrito por su hijo de tres años. El niño jugaba solo y hablaba en voz alta, hablaba de Inglaterra como si conociera ese país. Su padre le interrogó: ¿Conoces Inglaterra? Sí, es un país donde fui hace mucho tiempo. ¿Eras pequeño como ahora? Oh, no, era más grande y tenía una larga barba. ¿Mamá y yo estábamos allí? No, tenía otro papá y otra mamá. ¿Qué hacías? Jugaba mucho con el fuego, y una vez me quemé tanto que morí. Lamartine, Goethe y Jung han contado que visitando ciertos países, habían tenido la clara sensación de haber vivido allí. Esas reminiscencias de vidas anteriores los marcaron fuertemente, reconocían lugares y monumentos que sin embargo les eran desconocidos. En su libro La reencarnación hoy, el médico alemán Trutz Hardo comparte los estudios de casos extraordinarios de niños del mundo entero, que recuerdan detalles de sus vidas pasadas: Cerca de la frontera entre Siria e Israel, sobre la franja del Golán, un niño de tres años, perteneciente al grupo étnico de los drusos, para quienes la reencarnación es una creencia primordial, contó que sabía lo que le había ocurrido en su vida pasada cuando fue asesinado. Había nacido con una marca larga y roja sobre la cabeza. Para los drusos, estas marcas de nacimiento son una indicación de heridas mortales anteriores; están pues muy atentos a los relatos de los niños que tienen tales marcas para tratar de descubrir pruebas de la vida pasada. Este muchachito precisó que ha sido muerto por un hachazo y dio claramente el nombre de su asesino que fue hallado. El niño se encontró con él y le dijo: “Yo era tu vecino, nos peleamos y me mataste con un hacha. Sé donde fue enterrado mi cuerpo lo mismo que el hacha”. Los testigos afirman que el hombre se puso blanco y huyó. Luego, el muchachito mostró el lugar exacto donde había sido escondido su cuerpo, debajo de un montón de piedras, enterrado allí se encontró el cráneo de un hombre que presentaba una extensa hendidura. Señaló igualmente el lugar donde había sido escondida el hacha, y donde se encontró, lo que obligó al presunto asesino a confesar su crimen.

Erin Jackson nació en 1969 en Indiana.
A los tres años, esta niña parecía acordarse del pasado. Con frecuencia hablaba de ella en masculino: “Cuando me llamaba John, iba a un lago donde hacía flotar un gran barco… Cuando era un muchacho, tenía un perro negro y blanco y un hermano, James, a quien le encantaba vestirse de negro hasta las ropa interior”. Pero no daba ni el lugar, ni la época. No le gustaban las grandes carreteras norteamericanas que encontraba feas. Decía: “Era mucho mejor
cuando había caballos”. Erin siempre quería vestirse, peinarse y jugar como un muchacho. Ian Stevenson la conoció cuando tenía diez años. Confirmó el rechazo de su feminidad pero también su amor por el dibujo, la lectura, los juegos de construcción y la pesca. “¿Por qué no soy un muchacho?” decía con frecuencia, sobre todo cuando el equipo de béisbol y los exploradores le negaban la entrada. Stevenson observó también lo insólito de sus dibujos y la calidad de sus poemas que hubiera podido escribir un adulto. Al crecer, Erin olvidó sus recuerdos anteriores y se tornó más femenina. Sin embargo, Stevenson no pudo comprobar los hechos insuficientemente precisos, pero, ¿cómo explicar que esta niña, nacida en una familia que desconocía el concepto de reencarnación, fuera capaz durante años de contar extraños recuerdos?
La psicóloga norteamericana, Helen Wambach, se interesó por los relatos de reencarnación en los años 1960, a partir de voluntarios puestos bajo hipnosis. En su libro La vida antes de la vida, se presentan setecientos cincuenta casos testimoniando vidas anteriores, que muestran la continuidad, y no la separación, que existe entre el mundo de la vida y el mundo de la muerte. Helen Wambach comprueba que de hecho, 87% de los sujetos tratados se acordaban en qué circunstancias ya habían conocido a las personas que forman parte de su entorno actual. Escribe: “Sus relaciones varían de acuerdo a cada uno. Lo más interesante es comprobar que estas relaciones no datan únicamente de vidas anteriores, sino también del período entre dos vidas. Fue lo que más me asombró, lo mismo que a mis sujetos. Todos contaron la misma historia. Regresamos con las mismas almas, pero en diferentes relaciones. Yo no creo en la reencarnación, lo sé, estoy convencida de ella”.

¿Cómo pueden conocerse esas vidas anteriores?
Por una lectura de vida, una clarividencia del pasado hecha por un médium • Una revelación dada por un Espíritu en sesión espírita • Por una psicometría, es decir una clarividencia sobre un objeto, con fines terapéuticos cuando un traumatismo anterior tiene todavía incidencia sobre la salud actual del sujeto. • Por hipnosis, a condición de que sea propuesta por un hipnotizador serio y capaz de hacer a una persona remontar el tiempo, lo cual puede requerir varias sesiones antes de obtener un resultado. La hipnosis es una invitación a la liberación de todas las energías localizadas en el inconsciente y una investigación ideal de la reencarnación. Es una exploración total de las relaciones entre el espíritu, el periespíritu y el cuerpo físico.psicómetra tiene la capacidad, por simple contacto con un objeto, de entrar en relación telepática con éste y captar informaciones referentes a su propietario. Esta facultad que no es una mediumnidad, puede ser utilizada sobre todo tipo de material; permite sumergirse en episodios históricos a través de visiones de eventos del pasado. “La escena se desarrolla en el siglo XIX, veo a un hombre delgado en traje de jinete, que lleva bigote y va a caballo. Visita su propiedad. Es un rico hacendado. Por una razón que no he podido determinar en esta psicometría, su caballo se encabrita de repente, lo que provoca su caída. Desgraciadamente para él, su columna vertebral golpea violentamente una piedra. Las consecuencias son dramáticas pues sus miembros inferiores se encuentran paralizados. Lo veo luego detrás de las ventanas de su propiedad, pasando largas horas mirando el campo que tanto le gustaba recorrer a caballo. Tenía unos treinta años”. Entonces la causa de los problemas actuales de salud de la paciente está determinada, encontrando una explicación anterior. La experiencia es completada por otra persona psicómetra que, a partir de un traje perteneciente a esta paciente, vio igualmente el mismo origen de su problema. Sintió los males físicos de esta mujer, tenía dolores muy fuertes en la espalda, los brazos, las piernas y allí, regresaba la imagen indicando que los dolores de esta mujer eran debidos a una caída en una vida anterior. De todos estos testimonios, lo que hay que retener, además de las pruebas de nuestras múltiples existencias, es la utilidad de conocerlas a fin de hacer la relación entre las vidas pasadas y la vida presente, y así vislumbrar los mecanismos psicológicos que hacen lo que somos actualmente. Estas revelaciones tienen un sentido, proporcionan elementos importantes de nuestra personalidad que no siempre se comprenden: miedos, angustias, reacciones descontroladas, enfermedades. La reencarnación se efectúa en el momento de la fecundación, y el espíritu participa entonces en la elaboración de su futuro cuerpo, y es en ese momento que, a veces, aparecen las dificultades cuando resurgen los recuerdos impregnados en el periespíritu, que tiene una capacidad esencial, la de memorizar el conjunto de acontecimientos vividos para lo mejor y lo peor. A veces para lo peor, cuando ciertas vidas han sido objeto de traumatismos particularmente violentos. No obstante las vibraciones parentales pueden tranquilizar al espíritu que regresa. Y en un mundo donde fuera admitida la reencarnación, podrían intervenir las vibraciones de pensamientos amorosos y tranquilizadores, que facilitarían entonces el desarrollo embrionario y la elaboración de todo el organismo, evitando lo que llamamos “accidentes de reencarnación”. Lo esencial de la reencarnación debería ser el impulso amoroso. Haría falta entonces que el sentimiento anidara en los seres humanos y que la idea de hermandad surcara el conjunto de las conciencias. Y es allí donde la fórmula espírita puede ayudar a hacer crecer esta idea.

¿POR QUÉ OLVIDAMOS NUESTRAS ANTERIORIDADES?
Durante los primeros años de vida, todavía cercanos a la vida anterior, los niños a veces tienen recuerdos y cuentan ciertas cosas con toda inocencia. Luego, llega el olvido salvo en algunos casos excepcionales. En una nueva existencia, el pasado es ocultado naturalmente y sólo puede resurgir por fragmentos de recuerdos, o bien de manera experimental bajo hipnosis. En el estado actual de la evolución humana, seríamos incapaces de asumir nuestras memorias anteriores. Nuestras historias humanas pasadas son a menudo conflictivas, cuando víctimas y verdugos pueden encontrarse en una misma familia o un mismo entorno relacional. El recuerdo sería entonces una carga y en lugar de apaciguar los odios, éstos se eternizarían y serían una traba para la deseada reconciliación.

CONCLUSIÓN
 Disfrazada, rechazada, la reencarnación predicada por tantos humanos, ya sean de ciencia o de filosofía, y en todas las épocas, es una ley universal que explica con lógica el problema del destino, explicando a la vez las desigualdades y las injusticias, disipando el infierno eterno por una elevación progresiva de las almas en su evolución natural. Si morir es encontrarse en otra dimensión, vivir es crecer en conciencia en un universo material, donde cada uno tiene su libre albedrío y su responsabilidad. Vivimos para conocernos a nosotros mismos, pero con la única condición de conocernos juntos. Es todo el sentido de la evolución. Y en el plano relacional, la reencarnación comprendida sería la mejor muralla contra el racismo, el odio al otro y la intolerancia. Una sociedad reencarnacionista vería a los padres escuchando a sus hijos, sus palabras, sus fantasmas, sus sueños, la descripción simple, ingenua y natural de su vida anterior, es decir, de sus recientes caracteres. El espíritu regresa a la carne acompañado por el fardo de sus vidas anteriores. Esa carga psicológica supera todos los contextos psico-afectivos, sociales y familiares. La realidad del carácter pertenece al espíritu y a sus vivencias anteriores. El espiritismo ha permitido establecer el vínculo con los conocimientos antiguos, olvidados, con una definición despojada de las creencias místicas en provecho de un conocimiento satisfactorio para la inteligencia del hombre moderno. La reencarnación ha pasado del estado de creencia al del saber. El enigma de la muerte y el enigma de la vida se han convertido pues en leyes naturales de evolución, donde cada ser humano aprende su libertad en contacto con los demás, con o sin conocimiento de sus anterioridades.



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