"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



domingo, 10 de agosto de 2014




                                                    “Exoplanète” de Theo van Markwijk

J A C Q U E S P E C C AT T E
E D I TO R I A L

LA PLURALIDAD DE LOS MUNDOS
LE JOURNAL SPIRITE N° 97 juillet 2014



“Hay muchas moradas en la casa del Padre”
(Juan — 14: 2)
En El Libro de los Espíritus, Allan Kardec plantea los
grandes principios del espiritismo tal y como fueron
enseñados por el más allá, entre ellos la existencia de
Dios, causa primera de todas las cosas, la evolución
intelectual y moral del espíritu que pasa por la reencarnación
y la pluralidad de los mundos habitados con
diferentes grados de avance.
Para la época de este espiritismo inicial, Camille Flammarion
descubre El Libro de los Espíritus en 1861,
luego conoce a Allan Kardec y participa en numerosas
sesiones de mesas especialmente con el editor Didier,
Théophile Gautier y Victorien Sardou. Ese mismo año
1861, redacta su obra La pluralidad de los mundos habitados
que será publicada en 1862. Como astrónomo,
Flammarion tiene su propia concepción de un Universo
inconmensurable que no puede imaginar ausente de
toda forma de vida. En una época en que el conocimiento
en materia de astronomía era todavía sucinto,
ya él se planteaba una vida extraterrestre.
Si hay una idea determinante en la tesis de Flammarion,
es que, anticipado a su tiempo, supone que las estrellas
lejanas son soles alrededor de los cuales gravitan
planetas. Imagina pues en la mecánica celeste, una
multitud de sistemas gravitacionales que son más o
menos semejantes a nuestro sistema solar. Si bien esta
idea entra en una cierta lógica de lo que era imaginable,
no es por ello menos innovadora y se adelanta a futuros
descubrimientos. Hasta una época todavía reciente,
la mayoría de los astrónomos no se pronunciaba en
cuanto a la eventualidad de sistemas gravitacionales
alrededor de estrellas de las que no se sabía si algunas
tenían o no propiedades idénticas a las de nuestro sol.
Fue necesario esperar hasta 1995 para que, después del
descubrimiento de un primer exo-planeta, el 51 Pegaso,
se considerara la existencia de otros sistemas planetarios
en el Universo. Finalmente la intuición de Camille
Flammarion era confirmada, y desde entonces se han
descubierto regularmente nuevos exo-planetas cuyo
número es al día de hoy (4 de abril de 2014) de 1.780.
Estando ya probada la idea, uno imagina que existen
centenares de miles de planetas de los cuales algunos,
naturalmente, podrían estar habitados, lo que confirmaría
la segunda afirmación de Camille Flammarion,
evocando “la pluralidad de los mundos habitados”. Está
también la afirmación espírita que encuentra toda su
dimensión, cuando la astronomía, siglo y medio más
tarde, nos lleva cada vez más hacia esa probabilidad. Lo
que era impensable en un tiempo se ha convertido en
lo probable de hoy, pero para el espírita eso no es sino
la confirmación de una certeza adquirida hace mucho
tiempo.
En este campo como en otros, el espiritismo aparece
como precursor de ideas nuevas que la ciencia deberá
verificar más tarde: por ejemplo, el estudio de las NDE
lleva más o menos a lo que ya se sabía, y los estudios
referentes a los niños que se acuerdan de su vida anterior
confirman el principio de la reencarnación, igual
que ciertas regresiones bajo hipnosis.
Respecto a los exo-planetas que se supone que eventualmente
serían habitables, una vez más la ciencia
astronómica es reductora al formular esta hipótesis,
pero con la siguiente restricción: se observa a los
planetas que tendrían algunas similitudes con la Tierra,
suponiendo que la vida no ha podido eclosionar sino
bajo ciertas condiciones. No se quiere considerar que
pueda haber formas de vida, en mundos totalmente
diferentes unos de otros y, por qué no, vidas posibles
en condiciones distintas a nivel de estructuras, temperaturas
y atmósferas
.
Los grandes principios espíritas
Todo Espíritu procede de la divinidad, impulsado por
la fuerza causal y por tanto creado en un tiempo dado,
creado “simple e ignorante” según la fórmula de Allan
Kardec. Y es por un instinto natural a mezclarse con
la materialidad, que encarna en un mundo que calificaremos
de primitivo, un mundo en el cual el espíritu
descubrirá progresivamente a la vez su existencia
propia y la de sus congéneres. Así, en el Universo hay
planetas inferiores a la Tierra y que corresponden a
las necesidades evolutivas de los seres más primitivos
que perciben su propia identidad en una colectividad
todavía hostil.
Después de algunas vidas en esos mundos, rápidamente
se efectúa un paso hacia mundos más elaborados
como la Tierra, allí donde los bajos instintos
todavía siguen muy presentes. El Espíritu cumple allí
un ciclo de vidas, y cuando la necesidad se hace sentir,
mientras vive en el más allá, es llamado entonces a
reencarnar en un mundo superior a la Tierra donde
podrá cumplir otro ciclo de vidas, luego considerar un
mundo todavía más elevado, y así sucesivamente hasta
alcanzar un estado de perfección que lleva al fin de las
reencarnaciones; se trata entonces del estado de Espíritu
puro que participará de la creación divina e infinita.
Por consiguiente, según este principio espírita, existen
entonces planetas habitables y habitados en todo el
Universo, planetas que están en diferentes grados de
evolución. Y esos mismos planetas sufren también un
desarrollo evolutivo en su propia estructura, así como
por la evolución global de sus habitantes. Y partiendo
de este principio, la Tierra, al igual que otros mundos,
está llamada a una evolución global que la puede
conducir a la etapa de planeta superior. Ese desarrollo
no se plantea sino en períodos de tiempo muy largos,
y con la condición, igualmente, de que el planeta en
cuestión no derive hacia su propia destrucción.

El fenómeno OVNI
Si existe una prueba suplementaria de la pluralidad de
los mundos, es la de las diversas manifestaciones extraterrestres
que se han reseñado en todos los períodos
de la historia humana. Desde hace más de sesenta
años, se han catalogado numerosos testimonios y
todos los estudios serios realizados han conducido a la
convicción de que hay fuerzas inteligentes circulando
en las proximidades de la Tierra, incluso que aterrizan y
establecen contactos. Y en testimonios más precisos, se
observan humanoides de diferentes formas y tallas, sin
dejar ninguna duda en cuanto a la existencia de seres
extraterrestres que vienen a visitarnos.
Es entonces cuando los ufólogos se plantean una
multitud de preguntas: ¿cómo es posible el desplazamiento
intersideral? ¿Son estos seres de la misma
naturaleza que nosotros? ¿Buscan colonizarnos? ¿Son
mejores que nosotros, o tendrían a veces intenciones
dudosas? ¿Cuál es el propósito de sus visitas? Etc.
Respecto a las formas de desplazamiento, un simple
razonamiento dentro de una lógica humana nos haría
decir que es incomprensible. Cuando se sabe que la
estrella el más cercana a nuestro sistema solar (*) está
a cuatro años luz de nosotros, que otras en la galaxia,
estarán a decenas, centenas e incluso miles de años luz,
(**) entonces, ¿cómo podrían suponerse posibles esos
desplazamientos? Imaginando que se encontraran las
posibilidades técnicas de desplazarse a la velocidad
de la luz, lo que es altamente improbable en lo que
concierne al humano, pero supongamos… sabiendo
igualmente, es lo que se dice, que esta velocidad
sería la última posibilidad puesto que es insuperable
(nada podría ir más rápido que la luz), necesitaríamos
entonces cien años para llegar a un planeta ubicado a
cien años luz, lo que, por otra parte, no es una distancia
extraordinaria a la escala de nuestra galaxia. Entonces,
considerando los datos que corresponden a los límites
de nuestros razonamientos… ¡es imposible!
Ciertos ufólogos imaginan que existirían otras dimensiones
espacio-temporales susceptibles de crear de
alguna manera puertas, trampas o atajos, que permitieran
franquear las inconmensurables distancias
transitando por otras dimensiones. Esta tesis es muy
interesante, y nosotros la completaremos con un dato
espírita: otros mundos más evolucionados que el
nuestro poseen tecnologías que nos superan, que se
aplican a las condiciones de materialidad más etéreas
y, elemento esencial, la fuerza del pensamiento es utilizada
permitiendo superar los obstáculos de la materia
y el espacio. Por la fuerza del pensamiento, la propulsión
se encuentra trascendida, permitiendo sobrepasar
toda forma de límites. De lo cual podemos tener una
pequeña idea en la Tierra, a través de ciertos fenómenos
como la levitación o la teletransportación de un objeto
que puede perder momentáneamente su materialidad
para encontrarse en otro lugar materializado de nuevo.
Por ejemplo, un espíritu desencarnado ya no se desplaza
según una velocidad, él está en otra dimensión, y si se
acerca a nuestras vibraciones materiales, puede desplazarse
instantáneamente de un extremo a otro de la Tierra,
incluso hasta a otro mundo por el simple proceso de su
voluntad que lo transporta a donde desea.
Igualmente, para espíritus encarnados que viven en
estructuras de materia más etéreas que las nuestras, la
fuerza del pensamiento puede ser un motor, un dínamo-
psiquismo que anulará los obstáculos materiales, al
punto de propulsar un aparato a velocidades vertiginosas,
e incluso transportarlo casi instantáneamente de un lugar
a otro. He allí en realidad una buena parte del secreto del
viaje intersideral…
(*) Es la Próxima del Centauro, una de las tres estrellas que forman el
sistema Alfa del Centauro, situado a una distancia de alrededor de 4,22
años luz del sistema solar.
(**) Nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene una extensión del orden de los
80.000 años luz. Cuenta con algunos centenares de miles de millones
de estrellas.

La solidaridad de los mundos
Cuanto más evoluciona el espíritu, más aprende el sentido
del amor y por tanto de la solidaridad. Igualmente, cuanto
más evoluciona un planeta, más se desarrolla en el sentido
de ese amor que le hace sobrepasar sus propias fronteras. Y
es así como los mundos superiores interactúan entre ellos
de manera natural ya sea por desplazamiento intersideral
o por telepatía. Y dentro de esta solidaridad, los mundos
superiores desean venir en ayuda de los mundos todavía
inferiores como el nuestro. Es lo que siempre ha tenido
lugar en la Tierra, confirmado por los múltiples rastros
estudiados por los arqueólogos siempre maravillados
ante las enigmáticas construcciones que no se podrían
reproducir ni siquiera con nuestras técnicas modernas.
Existe pues esa ley de solidaridad universal de la cual da
testimonio la historia de la Tierra. Pero, aquellos que eran
considerados a menudo como dioses venidos del cielo,
desde hace mucho tiempo ya son objeto de rechazo,
engendran temor, engendran igualmente una respuesta
cuando se trata de los ejércitos del aire que, a cargo de la
vigilancia del cielo, persiguen todo lo que se mueve, todo
lo que es sospechoso, y que eventualmente podría ser un
aparato humano enemigo. Y cuando se comprueba que
no es humano, se persigue el objeto, por si acaso estuviéramos
tratando con un enemigo del espacio…
Eso es tanto como decir que los visitantes del espacio no son
bienvenidos. Sobre todo porque según ciertos ufólogos,
sus manifestaciones serían mucho más frecuentes en
zonas sensibles, es decir, donde están instaladas bases
militares secretas, bases de armamentos nucleares, etc.
Entonces, ¿vigilencia? Después de todo, ¿por qué no?
pero de todos modos eso no sería sino a partir de nobles
intenciones, en el entendido de que todos los peligros a
menudo son bastante evidentes. Consideremos lo que
los norteamericanos llamaban su programa “Guerra de
las estrellas”, pensemos en todas esas ojivas nucleares
que se han multiplicado en una desmesura demencial y
están dirigidas hacia el enemigo potencial, dentro de un
principio de disuasión y correlación de fuerzas, sin pensar
que en caso de error humano o de accidente, los peligros
serían considerables.
Entonces sí, ¿por qué no suponer una vigilancia por parte
de extraterrestres que tendrían algunas inquietudes
respecto a la suerte de la humanidad…?

De mundo en mundo
Prolongando los principios del espiritismo, se sabe que
en la evolución, los humanos que han terminado su ciclo
terrenal, reencarnan en mundos superiores. Quizás haya
uno, o varios, de esos mundos donde han reencarnado
muchos humanos. Teniendo en un planeta más etéreo
una relativa memoria consciente de sus anterioridades,
pueden guardar entonces conscientemente ciertas
inquietudes respecto a la Tierra, y dentro de la solidaridad
de los mundos, velar a su manera por su antiguo planeta
y, ¿por qué no? manifestarse a seres humanos que habrían
conocido en otras vidas.
Es allí donde se encuentra el punto de unión entre la reencarnación
y la pluralidad de los mundos. Esta pluralidad
se vuelve más lógica cuando se sabe que los extraterrestres
no son forzosamente extraños, sino espíritus amigos,
encarnados en otra parte pero que recuerdan. Ni extraños,
ni enemigos, los seres venidos de otra parte no son otros
que nosotros mismos, son otros espíritus encarnados de la
misma naturaleza que nosotros, con la única diferencia de
que su evolución los ha conducido un poco más lejos, por
el camino evolutivo que conduce a Dios.
Somos todos hijos del Universo, todos somos extraterrestres,
aunque sólo sea por el hecho de haber vivido en
mundos inferiores antes de encarnar en la Tierra. Y volveremos
a ser extraterrestres cuando seamos llamados a
perfeccionar nuestra evolución en mundos superiores.

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