"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



domingo, 6 de octubre de 2013

LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013
D O S S I E R
Léon Denis, el apóstol del espiritismo
por
C O LO M B E J A C Q U I N
Para comprender al hombre, escuchemos primero un
extracto de su testamento moral: “Llegado al atardecer
de la vida, en esta hora crepuscular donde una nueva
etapa finaliza, donde las sombras suben a porfía y cubren
todas las cosas con su velo melancólico, considero el
camino recorrido desde mi infancia, dirijo luego mi mirada
hacia adelante, hacia esa salida que pronto se abrirá para
mí, sobre el más allá y sus claridades eternas. A esta hora,
mi alma se recoge y se despoja de antemano de las trabas
terrestres; comprende el objetivo de la vida, consciente de
su papel en este mundo, agradecida de los favores de Dios,
sabiendo por qué ha venido y por qué ha actuado”.
Este extracto de una de las últimas páginas de Léon
Denis ubica bien al personaje: un estilo suntuoso, como
ya no se acostumbra, al servicio de una gran voz, de una
hermosa alma. ¿Qué retener de esta vida tan austera y
tan colmada, que no se apaga sino a más de los ochenta
y un años? Él mismo nos lo va a decir, en el mismo
texto: “He dedicado esta existencia al servicio de una gran
causa, el espiritismo que será ciertamente la creencia
universal, la religión del porvenir”. Ni una sola duda, ni una
sola aflicción en este momento decisivo; es la voz de un
gigante que va a callar, después de la misión cumplida.
En su tiempo fue adulado por su público y tratado por
la Iglesia como un diablo en una pila de agua bendita.
Examinemos su vida, se descubrirá allí a un hombre
humilde y autodidacta llamado a la extraordinaria
misión de ser portavoz del espiritismo.
Un hombre humilde y un autodidacta realizado
Nació el 1º de enero de 1846, en Foug, de padres pobres.
El padre, albañil asalariado, sin empresa personal,
no podrá darle la posibilidad de seguir los estudios
que su inteligencia muy vivaz y su gusto por el saber
podían permitirle. La madre se ocupa del hogar y de
los niños. Sus maestros intervendrán a su favor, pero
la familia tiene demasiada necesidad de su salario, y
sería incapaz de pagar sus gastos de matrícula. Al ritmo
de los empleos del padre que es primero obrero en
Estrasburgo y después en Burdeos, antes de un puesto
de jefe de una estación muy pequeña en
las Landas, luego en el Jura, Léon Denis
multiplica las tareas de obrero, aprendiz
o ayudante de su padre. Durante sus
noches, se impone un segundo empleo:
lee y prosigue, solo o con la ayuda del
instructor local, los estudios primarios y
secundarios que no puede seguir. En 1852
la familia se establece en Tours y de allí no
se moverá más; su situación económica
permanece precaria siempre. Léon trabaja
entonces más que nunca, primero en
una industria de loza, luego una casa
de cueros donde realiza pesadas labores manuales.
Destacado por su inteligencia, accede rápidamente a
puestos de empleado administrativo y contable, mejor
remunerados y donde va a sobresalir. Se convierte en
viajante de comercio itinerante, en Francia y luego en
el extranjero.
Se inscribe en cursos nocturnos que le ofrecen un
complemento, y desgasta sus ojos leyendo sin cesar
para adquirir una cultura universitaria. Se apasiona por
la geografía y la historia, pero también por la filosofía, las
artes y las letras, etc. En algunos momentos considera
llevar una vida normal, casándose, en el marco de
un amor compartido, pero comprende que toda su
vida deberá mantener económicamente a sus padres
que viven con él. Renuncia entonces al matrimonio
y permanece célibe; se consuela en la lectura y los
estudios. Se apasiona por las grandes cuestiones de
la filosofía. Dios le atrae, pero rechaza los dogmas y
la pequeñez de las Iglesias. Como lee todo lo que se
incluye en las vitrinas de las librerías, un día encuentra
en Tours un título que le llama la atención: El Libro de
los Espíritus, por Allan Kardec. Tiene dieciocho años, lo
adquiere enseguida y devora el libro a escondidas de su
madre, a quien teme inquietar con una literatura poco
ortodoxa. Su convicción es un hecho: el espiritismo es
la clave que buscaba de la comprensión del mundo. Se
volverá pues espírita. Para su gran alegría, su madre, de
quien es muy cercano, también lee el libro a escondidas
de su hijo y manifiesta el mismo entusiasmo. Su padre
se adherirá posteriormente. Toda la familia alienta al
hijo pródigo a entrar al servicio del espiritismo que se
difunde rápidamente en Francia. Desde 1862 se forman
varios grupos espíritas en Tours, con él, luego alrededor
de él, pues allí también se destaca rápidamente por
su cultura y sus múltiples talentos. A partir de allí ha
encontrado su vocación; desde Tours se convierte en
uno de los faros del espiritismo de su época.
En adelante su carrera acumula responsabilidades y
éxitos nacionales e internacionales. Tours le permite a
Léon Denis conocer las escuelas de pensamiento que
lo prepararán para una admirable carrera de orador.
La educación le apasiona: rápidamente se convierte
en militante de la Liga de la enseñanza que difunde en
Tours, así como en otras partes, el programa
de la escuela republicana gratuita, laica
y obligatoria. El militante convencido
se convierte en un propagandista muy
apreciado. Combina sus viajes de negocios
con un ciclo de conferencias, a veces con
Jean Macé, presidente de la Liga de la
enseñanza, en favor de poner en marcha la
escuela republicana.
Igualmente, en 1869, es admitido en el
seno de la Francmasonería en la logia
de los “Démophiles”, (los amantes del
pueblo), cuyas ideas laicas y republicanas
complementan la doctrina de la Liga de la enseñanza.
Rápidamente se convierte en el orador de su logia, es
decir el que cierra los debates y pronuncia los discursos.
Esto se corresponde bien con su gusto por una cultura
humanista, y le obliga a leer aún más y a preparar sus
intervenciones. Con mucho es el espiritismo el que
predominará en su preferencia, con su práctica personal
en el seno de los círculos espíritas de Tours. Lee todos los
libros y artículos que puede encontrar sobre el tema; y
rápidamente se convierte en una enciclopedia espírita.
En vida se reunirá poco con Allan Kardec: tres veces en
total, a partir de 1867, pero será recibido por él en París,
antes del deceso del Maestro en marzo de 1869.
La guerra de 1870 pone fin a este aprendizaje, en pro
del compromiso patriótico. Primero es exonerado
y más tarde, después de la derrota de Sedan, es
aceptado en los ejércitos de la República donde
obtiene rápidamente sus galones de suboficial y luego
de oficial. El fin de la guerra lo reintegra a Tours y a su
destino marcado por las sesiones espíritas; es alentado
por los Espíritus para que se dedique a la propaganda
y la difusión del espiritismo. A partir de 1873, comienza
a escribir para este trabajo de difusión que lo lleva a
aceptar conferencias en las ciudades, hasta cuarenta
y cinco por año, y donde ejerce también su trabajo de
representante de comercio. Será cerca de Tours, luego
en Francia, en Córcega y finalmente en el extranjero:
Italia, Túnez, África del Norte. Para él, estos viajes son
también fabulosas oportunidades de descubrir paisajes,
hábitos y costumbres de vida. Por ejemplo, surcará a
pie el Alto Atlas, casi solo, yendo a lugares por donde
ningún europeo había pasado. Desarrolla un amor muy
particular por la naturaleza, los animales y los humildes.
Se convierte en un apasionado de la montaña, que
también incita a la elevación del espíritu, hacia las
realidades del más allá que le apasionan.
Sus cualidades de orador lo hacen cada vez más
apreciado. Un notable local le propone, a los treinta y
cinco años, convertirse en su sucesor en la Asamblea
Nacional. Declina cortésmente la invitación,
alegando principalmente sus problemas de salud.
Sufre una operación luego de una oclusión intestinal.
Su vista continúa decayendo regularmente. A pesar
de todo, se convierte en representante nacional e
internacional de los espíritas.
En diciembre de 1882, lógicamente es nombrado
miembro de un congreso nacional destinado a crear la
Fundación de Estudios Espíritas, encargada de la difusión
de las ideas espíritas, especialmente con un periódico,
Le Spiritisme. Desde entonces frecuenta hasta su muerte
a Amélie Boudet, viuda de Allan Kardec, a Pierre-Gaétan
Leymarie, célebre librero y más tarde editor en París,
que se ha puesto al servicio del espiritismo, igualmente
a Gabriel Delanne, otro hijo espiritual de Allan Kardec,
y a muchas otras personalidades. Es reconocido como
orador tanto como colaborador regular de las revistas
espíritas, y luego como autor de obras de doctrina
espírita, en la más estricta línea de la enseñanza de Allan
Kardec. Durante el Congreso Internacional Espírita de
1889, donde los numerosos adversarios del espiritismo
le hacen la vida imposible a los espíritas, defiende
brillantemente las tesis. Igual que Kardec, aparece como
un brillante defensor del espiritismo experimental y
científico. También sostiene regularmente el destino
divino del hombre, más allá de los dogmas y las
pequeñeces de las religiones. En conjunto, gusta
mucho su estilo brillante y poético al servicio de ideas
muy cercanas al mensaje de Jesús; los críticos lo exaltan,
o bien lo demuelen, cuando están al servicio de ideas
tradicionales como las del clero católico oficial. Hasta
la Gran Guerra, proseguirá conferencias, congresos
espíritas y encuentros con todos los auditorios: mineros
belgas, obreros del Norte, pequeños y medianos
burgueses, universitarios, aristócratas y gente modesta,
sobre todos los temas vinculados con el espiritismo:
espiritismo e idea de Dios, espiritismo y cuestiones
sociales, materialismo y espiritualismo, el ser y el destino,
etc. Atrae a sus ideas a numerosas personalidades, aun
entre el clero. Pasa por todas las ciudades, incluyendo
Nancy, donde fue todo un éxito evocando sus orígenes
loreneses y su admiración por Juana de Arco, sobre
quien se volverá inagotable.
Es presidente del Congreso Espírita Internacional de
1900 y comienza a combatir las ideas de la metapsíquica,
antecesora de nuestra actual parapsicología, que
reconoce los fenómenos paranormales, pero rechaza
toda noción del más allá. Según esta teoría no habría
sino fenómenos humanos, aún no aclarados. Él, defiende
brillantemente los fenómenos espíritas y su vínculo con
el mundo de los espíritus. También es muy brillante
en los Congresos de Lieja en 1905, como presidente
honorario y luego en el Congreso de Bruselas en 1910,
finalmente en el Congreso Internacional de Ginebra en
1913. Termina los Congresos en 1925, en plena gloria y
siendo largamente aclamado por el Congreso entero.
Su amigo Gaston Luce lo describe así: “Léon Denis era de
estatura mediana, de ancho de espalda un tanto macizo.
Caminaba balanceando los hombros como un viejo lobo
de mar. Todo en su persona daba impresión de robustez y
solidez… Afanoso, el intenso trabajo cerebral acapara la
mayor parte de sus fuerzas. Su salud seguía siendo delicada
pero eso no le impedía ser un intrépido caminante… Se
sentía que la voluntad reinaba soberana en él… Bajo
la frente inclinada en forma de torre, a lo Hugo, el rostro
que corta el mostacho galo, irradia inteligencia”. Después
de la muerte de sus padres, cuando ha vivido mucho
tiempo con su madre, se encuentra solo, desde 1903
y cada vez más invidente. Los amigos y relacionados
compensarán un poco la soltería forzada. Durante un
tiempo vive también con la Sra. Forget, su médium
preferida, que falleció en 1917. El anciano cambia
completamente de apariencia, y cada vez más recuerda
a un druida con su frondosa barba; sus contemporáneos
evocarán un parecido con Tolstoi. Palia su soledad con
una sólida red de amistades y relaciones. Su reputación
se torna inmensa; tenderá sin embargo a chocar con
la pequeñez de los hombres y especialmente con sus
celos. En 1906 se gana enemigos suplementarios al
intervenir vigorosamente en el caso del médium Miller,
de excelente reputación hasta entonces, pero pillado in
fraganti en simulación de un espíritu, durante una sesión
de espiritismo en París. Léon Denis condena firmemente
toda estafa, pero igualmente recuerda que no por
ello hay lugar para considerar como trampas todas las
manifestaciones obtenidas, cuya seriedad y veracidad
han sido demostradas con gran frecuencia. El mundo
católico tradicional ataca regularmente, calificando a
los fenómenos espíritas de satánicos. Siempre salta con
ímpetu a la palestra y desarma las cábalas. Lo cito: “La
Iglesia haría bien en pensarlo dos veces antes de lanzar
sus anatemas contra la gente honrada, buenos y leales
obreros de la verdad… Podríamos citar más de un caso
de locura religiosa, de histeria mística que han causado
resonantes escándalos… ¿Nos ha
venido la idea, a los espíritas, de
explotar contra la Iglesia un delito
parecido…? Sabemos que en este
mundo el hombre abusa de todo,
hasta de las cosas más sagradas. El
espiritismo tiene sus simuladores y
sus exaltados, como la ciencia tiene
sus charlatanes y como la religión
tiene sus impostores”.
Seduce a numerosas personalidades,
que pasan a verlo y mantienen
correspondencia con él. Será el
caso de Arthur Conan Doyle, que lo
traducirá y difundirá en el mundo
anglosajón. Jean Jaurès lo recibirá
personalmente en Tolosa y le testimoniará
su amistad.
El viejo luchador se cansa. Abandona
el extenuante ciclo de conferencias
pero escribe mucho para las revistas
de espiritismo. En 1910 renuncia
a la Sociedad Francesa de Estudios
de los Fenómenos Psíquicos, luego
de pérfidos ataques internos que
lo agobian. Y, por más que se
afligió Gabriel Delanne, que dirigía
junto con él esta realización, mantuvo su renuncia,
conservando toda su amistad por Delanne. Sobreviene
la gran guerra, que suspende totalmente los progresos
del espiritismo. Léon Denis, que en 1914 tiene sesenta y
ocho años, va a sufrir profundamente por ese retorno a
la brutalidad, sin desesperar nunca de la salida favorable
del conflicto. Termina casi ciego y muy disminuido
físicamente, pero su espíritu y su determinación están
intactos. Aprende el braille y debe tomar una secretaria
hasta el final de su vida, para dictarle correspondencia y
libros. Permanece en el trabajo en favor del espiritismo.
Jean Meyer, próspero empresario convertido al
espiritismo, pondrá toda su fortuna y toda su alma en
esta obra de renacimiento. Pide ayuda a Léon Denis que
le promete una colaboración regular en la nueva Presse
Spirite. Rechaza en cambio el cargo de presidente de
la nueva Unión Espírita, a pesar de la insistencia de
Meyer. Su salud, su casi ceguera, así como su edad y
su deseo de no dejar más Tours, prevalecen sobre el
deseo de ser todavía útil. Acepta a lo sumo una honrosa
“Presidencia honoraria”. El Congreso Internacional de
1925 en París, que es su último mandato, dedica una
casa a los espíritas así como al Instituto Metapsíquico
Internacional. Observa con satisfacción este ascenso y
se retira definitivamente en su casa de Tours, para no
dedicarse más que a la escritura, para las revistas y para
sus últimos libros. Fallece el 12 de abril de 1927, apenas
un mes después de haber terminado El Genio Celta,
ampliamente inspirado por el espíritu de Allan Kardec.
Encontrémosle durante la redacción
de su testamento filosófico. Se le
percibe orgulloso de la vida que ha
vivido: “Por la causa del espiritismo he
renunciado a todas las satisfacciones
materiales, pero en definitiva soy feliz
de acercarme a los que me esperan
allá arriba en la luz divina… Quiero
que los recursos que dejo sean
dedicados al servicio de esta misma
causa”. Ni un solo arrepentimiento,
y una fe tan ardiente como al
comienzo de su apostolado. Parte
en plena gloria, persuadido de que,
después de él, el espiritismo no
puede sino crecer y embellecerse
especialmente en Francia. Pero,
por el contrario, hubo un creciente
retroceso con la metapsíquica y
luego con la parapsicología que
cortó los puentes con el más
allá. Finalmente, las ideologías
totalitarias engendraron la última
gran guerra y abrieron un bulevar al
materialismo dominante.
¿Habría Léon Denis luchado en
vano? Felizmente podemos afirmar
que nada de eso. Desde el más allá, sigue con entusiasmo
el renacimiento del espiritismo, especialmente a través
de nuestro grupo espírita conforme a la teoría y la
práctica de Allan Kardec. Escuchémosle, en mensaje
espírita: “El espíritu se incorpora, se une entonces a un
cuerpo extraño (en este caso se trata de una sesión de
incorporación) para encontrarse con las sensaciones
pasadas a fin de proponerles (en el sentido de discutir con
los espíritas) sobre la verdad, sobre su supervivencia, sobre
su vida, sobre su amor, sobre sus envidias y, en fin, sobre su
deseo de decirles: No, yo no estoy muerto, vivo como viven
ustedes, simplemente que en un plano distinto”. ¿De qué
nos habló? De espiritismo, evidentemente. Cito otro
mensaje: “Espiritismo viviente, espiritismo que es preciso
afirmar siempre en su definición, espiritismo que es preciso
revelar siempre a aquellos que aún no saben, espiritismo
vivido entre los hombres, espiritismo que vengo a seguir
viviendo con ustedes”. Se le encuentra siempre en su
inmenso amor a Dios; cito otro mensaje: “Nosotros somos
la filosofía del infinito. Somos la filosofía de Dios, de Dios
que ya no es más un misterio, sino de Dios que es preciso
saber mirar, sino de Dios que es preciso saber escuchar,
sino de Dios que es preciso saber amar”. Este mensaje de
esperanza está acorde con toda su vida: el espiritismo
sigue siendo para él el porvenir filosófico y social del
mundo y su renovación está siempre en marcha luego
de las traiciones y los olvidos materialistas. Es por esa
metamorfosis que Léon Denis sigue expresándose.
El Cristianismo, religión dominante en particular en
Francia, ha sufrido en el transcurso de los siglos una
transformación que la aleja considerablemente del
mensaje original de Jesús, mensaje que se encuentra
completado, demostrado y experimentado a través del
espiritismo. Es lo que ya demostraba Léon Denis en su
obra Cristianismo y Espiritismo.
El Cristo no escribió nada, los primeros evangelios
aparecen entre el año 60 y el año 80. Aun cuando divergen
un tanto según sus redactores, Juan, Marcos, Mateo o
Lucas, al menos han puesto de relieve el mensaje de Jesús,
a saber la paternidad de Dios y la fraternidad humana.
Con Pablo vieron la luz nuevos conceptos y con ellos
cierta cantidad de doctrinas confusas como la divinidad
de Jesús, la creencia en Satanás y el infierno, la gracia y
la redención. En general, los textos escritos se resienten
de las pasiones y prejuicios de la época, asociados a los
diversos elementos introducidos con los años por los
Papas y los Concilios. En un primer tiempo, la Iglesia sirvió
a la causa de la humanidad, alentando en los pueblos
bárbaros ideas generosas que pondrían fin al politeísmo
griego y romano, pero fue culpable de prolongar
indefinidamente el estado de ignorancia de la sociedad,
obstaculizando el desarrollo de las ciencias y la filosofía.
No respetó la palabra de Jesús que no exigía cultos ni
ceremonias, que pedía caridad, bondad y sencillez, y
que proclamaba la sucesión de las vidas por medio de la
reencarnación, la pluralidad de los mundos y la estrecha
unión y solidaridad entre los dos mundos. De esa manera,
los primeros cristianos se comunicaban con los espíritus
de los muertos y de ellos recibían enseñanzas a través de
profetas que no eran otra cosa que médiums. Animados
por el espíritu de caridad y abnegación, vivían en una
estrecha solidaridad.
Para hacer oposición a la emancipación de las almas y
en reacción a las enseñanzas recibidas de los Espíritus,
la Iglesia condenó la comunicación espírita y entre 325
y 1870, estableció dogmas que van desde el dogma del
pecado original (que castiga a toda la descendencia de
Adán y Eva), de la Inmaculada Concepción, del misterio
de la Trinidad y para remate el dogma de la infalibilidad
papal. Cada dogma se erigió sobre otro, afirmando lo
que los tiempos anteriores habían negado; así nacen
los sacramentos: bautismo, penitencia, remisión de
los pecados que permite evitar un infierno eterno que
“ofende

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