"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



domingo, 29 de julio de 2012

D O S S I E R
por
JOCELYNE CHARLES
ROSEMARY BROWN
Y LOS MÚSICOS DEL MÁS ALLÁ
LE JOURNAL SPIRITE N°73 JULIO 2008http://youtu.be/r4YKeQ26jEg


Extractos del principio del libro de
Rosemary Brown “En comunicación con
el más allá”, Ediciónes J’ai lu, 1972):
“La primera vez que vi a Franz Liszt,
yo tenía unos siete años, y ya estaba
familiarizada con los espíritus de los que
se llaman ‘los muertos’. Me encontraba
en el dormitorio de la grande y vieja casa
de Londres donde vivo todavía. Aquella
mañana, recuerdo haberme despertado
temprano... Fue en este cuarto muy
modesto donde Liszt se me apareció por primera vez. No me
asusté ni un ápice cuando lo vi parado al pie de mi cama.
Desde mi más tierna infancia, me había acostumbrado a
ver seres desencarnados, los que la mayoría de la gente
llama “espíritus”, de modo que nada en las visiones me
aterrorizaba. De hecho, ni siquiera creo que me sorprendí. Uno
se acostumbra a muchas cosas cuando es niño. En este primer
encuentro, se me presentó con los rasgos de un anciano. Sus
largos cabellos eran muy blancos, y estaba vestido con lo que
tomé por una especie de larga bata negra. A los siete años yo
no sabía lo que era una sotana. Por una razón desconocida
para mí, no me dijo, aquella mañana, quien era. Supongo que
sabía que encontraría en algún lugar una foto o un retrato
de él y lo reconocería. En realidad, cualquiera es capaz de
reconocer a Liszt, especialmente bajo el aspecto de un viejo
de largos cabellos blancos y vestido con una sotana negra. Lo
único que me dijo, esa mañana, hablando lentamente porque
yo era una niña, fue que en este mundo había sido compositor
y pianista, y añadió: ‘Cuando seas grande, regresaré, y te daré
música’. Todo eso fue dicho muy claramente; una simple
declaración, sin frases complicadas ni cultismos, hecha
para ser comprendida por una niña. Hasta había pensado
que entonces yo encontraría su nombre demasiado difícil de
recordar. Pero ese evento quedó muy presente en mi memoria y
nunca olvidé su venida ni lo que me dijo entonces... Hoy en día
Liszt es el organizador y director de un grupo de compositores
célebres que me visitan y me dan sus nuevas composiciones.
Este grupo, actualmente, comprende
doce personas: Liszt, Chopin, Schubert,
Beethoven, Bach, Brahms, Schumann,
Debussy, Grieg, Berlioz, Rachmaninov y
Monteverdi. Los he nombrado en el orden
en que vinieron a mí. Otros, como Albert
Schweitzer, se me aparecieron brevemente
y me dieron algunas páginas de música,
pero hasta ahora no han regresado.
Mozart, por ejemplo, no ha venido en
total más que tres veces. Hoy, después de
seis años de trabajo, tengo en mis gavetas
unas cuatrocientas obras musicales: melodías, piezas para
piano, cuartetos de cuerdas todavía inconclusas, el comienzo
de una ópera, así como esbozos de conciertos y de sinfonías.
El trabajo del que acabo de hablar ha sido considerable. Yo
no recibí sino una educación musical muy limitada, lo cual
significa que no conocía prácticamente nada de la técnica
de la composición y de la orquestación. Y, durante todo este
tiempo, he tenido que mantener el contacto con estos seres de
otro mundo, el mundo de los espíritus, que a veces no llegan a
uno de manera tan clara o tan nítida como uno quisiera. Sin
embargo, una gran parte de esta música ahora está transcrita...
El trabajo que hago es fascinante, y me he consagrado a él por
entero, a fin de servir de intermediaria, con lo mejor de mis
posibilidades”.
En 1961 murió el marido de Rosemary Brown. Para atender
a sus necesidades y a las de sus dos hijos de ocho y cuatro
años, Rosemary encontró un empleo en el comedor de una
escuela de Batham, en el sur de Londres. A consecuencia de
una caída, se rompió dos costillas y debió tomar una licencia.
Obligada a permanecer en la casa, se distraía tocando el piano.
Entonces Liszt, cumpliendo su promesa, apareció; ella se dio
cuenta de que él guiaba sus manos sobre el teclado; la música
desconocida se tocaba sin esfuerzo. El compositor se servía
de sus manos como un par de guantes. Liszt regresaba con
frecuencia. Las notas de música estaban en la cabeza o en la
punta de los dedos de Rosemary Brown, ella deseaba anotarlas
y comenzó a escribirlas recordando sus lecciones de piano
tomadas doce años antes. Con el paso del tiempo la escritura
se hizo más fácil y más rápida. Chopin fue el segundo músico
traído por Liszt. Rosemary declara:
“Con él, trabajo en el piano y no oigo la música en mi cabeza
antes de que llegue. Las notas van naciendo gradualmente.
Él me precisa exactamente las notas y los acordes y luego las
ejecutamos al piano. Si intento un acorde y mis dedos están
sobre una nota equivocada, entonces Chopin me da un ligero
empujón; si lo dejo guiar mis dedos, éstos se ponen sobre las
notas que convienen. Entonces exclama: ‘¡Ah, Eso está muy
bien!’ Encuentro este método mucho más fácil que anotar
la música que me sería dictada. Pues, con esta directiva
suplementaria, él obtiene de mí las notas de un modo mucho
más rápido”.

Liszt es el organizador del grupo de compositores del pasado.
Acompaña a cada nuevo músico durante su primera visita.
Luego, a menudo se queda allí, en segundo plano. Rosemary
Brown dice:
“Bach es rápido y preciso, me hace comprender sus ideas muy
claramente. Tiene un espíritu muy metódico. No le gusta mi
juego en el piano; por eso me dicta las notas directamente...
Por mucho tiempo Beethoven fue un enigma para mí. En
primer lugar, se comunicaba sólo por telepatía; traía su música
a mi espíritu sin pronunciar una sola palabra. Yo podía verlo,
pero jamás se decía nada entre nosotros. Yo comprobaba que
podía captar lentamente sus ideas, aunque no mencionara
nunca una nota, y casi siempre lograba percibir lo que quería
transmitirme... Rachmaninov me hace trabajar cada trozo
que me dicta, enseñándome las digitaciones que él mismo
inventa”
.
■ ¿Por qué Rosemary Brown ?
Es una pregunta que se le hizo con frecuencia y que ella misma
le planteó a Franz Liszt. He aquí lo que él le respondió:
“Porque por mucho tiempo antes de haber nacido te gustó ser
voluntaria. Aceptaste ser el vínculo entre nosotros y el mundo,
mientras te encontrabas en otro aspecto de tu existencia”.
Rosemary le preguntó a Liszt por qué, si los grandes
compositores tenían la intención de hacer de ella este vínculo,
no la habían hecho nacer en una familia que hubiera podido
darle una mejor educación musical.
“Tienes una formación suficiente para nuestro designio”, le
respondió. “Si hubieras recibido una verdadera formación
musical, no habrías sido de ninguna utilidad. En primer lugar,
una verdadera formación musical hubiera hecho más difícil
la prueba de que tú misma no podías escribir nuestra música.
Luego, una formación musical te hubiera llevado a adquirir
demasiadas ideas y teorías que te habrían sido propias, lo cual
hubiera sido un obstáculo para nosotros”.

Liszt subrayó que un músico que tuviera una gran formación
probablemente hubiera estado demasiado preocupado por
su carrera para dedicarse al trabajo con los compositores
desencarnados. A la pregunta “¿Por qué tú?” se suma con
frecuencia la pregunta: “¿Y porqué es siempre gente famosa,
gente célebre la que ves?” Ella responde:
“No veo sólo gente célebre, veo gente ordinaria, también
mucha de la época egipcia, griega, romana u otra. También
veo personas que han muerto recientemente. Aunque se
presenten, su nombre, generalmente, no significa nada para
mí. Es como si se tuviera distraídamente una conversación
con un hombre visto en un autobús y que no ofrecería ningún
interés particular”.

Rosemary Brown quiere compartir sus convicciones sobre la
supervivencia del espíritu después de la muerte. Los trozos que
le son transmitidos no son simples esbozos. Son verdaderas
composiciones, generalmente para piano. A veces, se trata de
obras más extensas, previstas para ser interpretadas por una
orquesta en pleno. Rosemary Brown no tiene ninguna duda: la
música ya está compuesta cuando le es dictada. Los músicos se
preocupan sólo por su trascripción. Estos compositores no se
limitan a mensajes puramente musicales. Una vez su hija había
vaciado el agua de la bañera sin que ella lo supiera. Chopin llegó
en su auxilio: “De repente, dejó de dictarme la música y asumió
un aire muy agitado. Se puso a hablar francés. Terminé por
comprender lo que decía: ‘El baño va a ser tragado’.” Rosemary
Brown acabó por considerar a Liszt como un amigo. “Es un
hombre muy generoso, muy cultivado y muy apasionado”. El
público puede escuchar esta música gracias a un disco editado
en 1970 por Philips que contiene en la segunda cara 8 breves
obras de músicos célebres transcritas por Rosemary Brown
de las cuales cinco son de Liszt, una de Schumann, una de
Chopin y una de Grieg. En cuanto a la primera cara, contiene
obras más complejas de Liszt y de Chopin, pero igualmente
de Beethoven y de Brahms, interpretadas por un músico de
talento llamado Peter Katin pues Rosemary Brown no tenía la
destreza requerida para interpretarlas.

Sir Edouard Tovey, músico y compositor fallecido en
1940, le dictó este mensaje a Rosemary Brown para
explicar en la carátula del disco con qué fin obraban los
compositores y él mismo:
“Al oír este disco, ustedes pueden preguntarse si la música que
escuchan es producto del talento de Rosemary Brown, o si, en
realidad, proviene verdaderamente de compositores difuntos
que siguen creando música en otro mundo. Esta música ya ha
suscitado alabanzas y críticas, como toda música de cualquier
parte. Pero estoy feliz de observar que las primeras superan
ampliamente a las segundas. Observo, también que los que
denigran de esta música, por lo general no lo hacen según
ciertos criterios precisos, sino por escepticismo. Numerosas
hipótesis se han enunciado para explicar el origen de esta
música, pero la posibilidad de que los compositores del pasado
todavía estén vivos, en un plano de existencia diferente, y
deseosos de comunicarse; no debe ser rechazada de manera
categórica. Ni los más incrédulos en cuanto a las percepciones
extrasensoriales pueden probar en forma concluyente que
no existe otra vida después de la muerte física, y un día los
negadores pueden encontrarse ubicados ante casos indiscutibles
de auténticas comunicaciones provenientes de los que han
dejado el torbellino de los mortales. La humanidad entra
ahora en una era de creciente emancipación respecto a sus
limitaciones pasadas. Las realizaciones técnicas y los progresos
de la medicina nos liberan cada vez más de los diversos males
y trabas. El mayor problema del hombre es siempre él mismo
y su actitud con respecto a sus semejantes. Para comprenderse
en profundidad, debería tomar conciencia del hecho de que
no es solamente una forma temporal condenada a envejecer
y morir. Es un alma inmortal, alma que habita en un cuerpo
inmortal, dotado de un espíritu que es independiente del
cerebro físico. Al comunicarse por la música y la palabra, un
grupo organizado de músicos que han dejado este mundo,
trata de establecer un precedente para la humanidad. Es
decir que la muerte física es sólo una transición de un estado
de conciencia a otro, en cuyo seno cada uno conserva su
propia individualidad. La comprensión de ese hecho debería
impulsar al hombre a una mayor percepción de su propia
naturaleza y de las posibles actividades supraterrestres. La
toma de conciencia de la encarnación del hombre debería
engendrar actitudes futuras mucho más clarividentes que
las que con frecuencia son aplicadas actualmente y debería
conllevar una concepción mucho más justa de todos estos
temas. No transmitimos la música a Rosemary Brown con
miras a ofrecer simplemente un eventual placer de escuchar.
Esperamos que las implicaciones de este fenómeno estimulen
el interés sensible y sensitivo de cada uno e incitaremos a
numerosos individuos inteligentes e imparciales a tomar
en consideración y a estudiar las regiones desconocidas del
espíritu y de la psique del hombre. Cuando el hombre haya
explorado las profundidades misteriosas, todavía veladas a
su conciencia, entonces será capaz de elevarse a las alturas
correspondientes de pensamiento”.
Esta música del astral fue objeto de críticas y escepticismo por
parte de algunos. Se hicieron investigaciones y la médium pasó
las pruebas realizadas. Los incrédulos buscaron una explicación
racional en cuanto al origen de estas composiciones. Se dijo
que Rosemary había recibido una formación musical completa,
aunque sus estudios en este campo fueron rudimentarios. Otra
hipótesis: tenía criptomnesia, es decir una memoria musical
oculta, de la que no era consciente, ahora bien, Rosemary
escribía las notas en total posesión de sus medios. La calidad
musical de las partituras supera lo que podría producir un
músico ordinario. Algunos musicólogos han reconocido la
autenticidad de las obras recibidas aunque no se pronuncian
sobre su procedencia, como Humphrey Searle, experto en
música de Liszt; como el profesor Ian Parott, doctor en música;
como Mary Firth, especialista en Schubert; como el Dr. Hanz
Gal, especialista en Chopin. Expertos, intérpretes y directores
de orquesta han dado testimonio de la autenticidad de las
obras. El célebre director de orquesta y compositor Leonard
Bernstein ha apreciado mucho la música de Rachmaninov,
Liszt, Schubert, Beethoven y sobre todo de Chopin. Leonard
Bernstein y su esposa la tocaron varias veces seguidas durante
una velada en el hotel Savoy donde la pareja había invitado
a Rosemary.
Comunicándose a través de la música, los artistas desaparecidos
se habían impuesto la misión de proseguir sus obras y
compartirlas con los seres humanos, mientras sacudían sus
conciencias sobre la vida después de la vida. Rosemary Brown
murió en noviembre de 2001, a los 85 años. Dio sus noticias en
sesión espírita en 2004 donde dijo:
“He vivido muchos años de mi vida en relación con
los espíritus. Los que venían a visitarme trasladaban
a mi alma sus sonoridades y yo me convertía en su
médium. Qué alegría fue para mí vivir eso... Vengo a
hablarles de la belleza de la música...”


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