"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



viernes, 18 de marzo de 2011

LE JOURNAL SPIRITE N° 77 JULIO 2009
D O S S I E R
LAS VIDAS SUCESIVAS
por
MARIE NOËLLE COURTIOL

UNA VIDA MÁS TARDE
Cuando se admite la pluralidad
de las vidas, qué cosa puede ser
más natural para un padre espírita
que estar, quizás más que otros,
atento a las palabras de sus hijos.
Muchas personas, espíritas o no,
pueden y podrían dar testimonio
de frases, palabras o situaciones
vividas y contadas por sus hijos.
¿Son ellos escuchados y tomados
en serio siempre? No siempre y
más bien raras veces, pues lo más
frecuente es que los padres, y la
sociedad en general, releguen
esas anécdotas al rango de lo imaginario, prefiriendo
hacer callar a los niños en lugar de escucharlos.
Cuando era niña, recuerdo una frase dicha a mi hermanita
de cuatro años. Yo entonces tenía seis y acostumbraba
entretenerme asustándola, ella a cambio, no sabía
sino llorar y quejarse con mi madre que no dudaba en
regañarme. Pero esa vez, lejos de mí la idea de asustarla
y durante un juego le dije simplemente: “Sabes, Manue,
en otra vida, ya éramos hermanas…” Por qué razón le dije
eso, ya no me acuerdo, lo cierto es que se echó a llorar
y recibí de mi madre una bofetada, reprochándome por
haberle hecho daño otra vez. Afortunadamente para mí,
el castigo que recibí no me impidió la recidiva y al crecer
seguí afirmando mis ideas reencarnacionistas.
Más tarde, yo a mi vez fui mamá. Una tarde de diciembre,
en sesión espírita, un espíritu vino a anunciarnos, a mi
compañero y a mí, su deseo de volver a la materia. Nos
había elegido por padres y ese fue, para mí, un momento
de gran felicidad. Ese espíritu había conocido numerosas
vidas en que había sido mujer y, para su propio equilibrio
y avance, debía dejar ese sexo para descubrir una vida
masculina. Nos anunció que para hacerlo, necesitaba
de nuestra fuerza, de nuestros
pensamientos, para ayudarlo a
realizar ese proyecto. Esa fuerza
se la dimos tanto como pudimos
pero no bastó, pues el primer hijo
que tuvimos fue una niña…
Más tarde, en otra sesión espírita,
otro espíritu vino a explicarnos la
razón de ese cambio. Al penetrar
de nuevo la materia, el espíritu se
había asustado y había renunciado
a su proyecto, temiendo quizás
no lograr asumir el cambio de
sexo demasiado radical, ella que tanto había conocido
la feminidad. Por otra parte, hasta su adolescencia, mi
hija rechazó esa feminidad, preguntándonos muchísimas
veces, por qué no era un muchacho. Todavía hoy, y aunque
acepta ser una chica, en su mente se siente “muchacho”.
A pesar del hecho de que su espíritu había cambiado de
opinión a última hora, no deja de ser cierto que en el
fondo, e inconscientemente, su deseo primero de ser un
muchacho aún estaba vivo.
Cuando todavía era pequeña, Emilie tuvo, en dos
ocasiones, palabras que tienden a demostrarnos que
tenía ciertos recuerdos anteriores. Aquí se las dejo.
1- Un día, cuando se encontraba en el asiento trasero
del auto de su abuela, le dijo de repente, inclinándose
hacia ella: “Sabes, abuelita, cuando yo era vieja,
también tenía sombreros y eran más bonitos que el
tuyo”. Mi mamá, al volante de su auto, llevaba aquel
día un sombrero de sol. Desconcertada, le pidió
explicaciones, pero la niña parecía haber pasado a
otra cosa y no hubo continuación. Lo que puedo
decir, es que en efecto, Emilie vivió su última vida
a principios del siglo pasado, que vivió hasta muy
anciana, y que en esa época las mujeres llevaban
mucho más fácilmente sombreros de lo cual ella
no se había privado.
2- Desde que era muy pequeña, Emilie se quejaba
regularmente de sufrir de su pierna derecha.
Nosotros, sus padres, sabíamos que en su última vida,
ella había tenido problemas en su pierna derecha,
causados por una gangrena que no pudo ser curada
y que la condujo a la amputación. Por supuesto,
no le habíamos dicho absolutamente nada de eso
a nuestra hija, considerando que no era de ningún
interés revelarle ese traumatismo anterior. Cuando
tenía cinco años, y como le seguía doliendo, un
día nos dijo que preferiría que le cortaran la pierna
antes de seguir teniendo dolor. Vino luego esta frase:
“De todos modos, eso no es grave, si me cortan la
pierna, ella volverá a crecer…” Quedamos aturdidos.
¡Qué idea! ¿Por qué nos decía eso? Cavilando más
largamente, nos llegó la siguiente reflexión: puesto
que inconscientemente el recuerdo de ese episodio
de “la pierna cortada” reaparecía en su memoria y
comprobaba que todavía tenía sus dos piernas, era
evidente para ella que si se le cortaba de nuevo, ésta
volvería a crecer naturalmente.
Con mis otros hijos no he tenido anécdotas tan
sorprendentes como estas de Emilie. Yo diría
simplemente, que habiendo tenido la suerte de
conocer ciertos elementos de sus vidas pasadas, pude
establecer algunos paralelos entre sus vidas de ayer
y las de hoy. Ciertos rasgos de carácter se reconocen
de manera flagrante, algunas de sus ideas perduran
y ciertas cosas que antaño amaban siguen siendo y
existiendo. Apenas un pequeño ejemplo. En su última
vida a mi hijo le encantaba todo lo referente a los juegos
de casino. Hasta perdió grandes sumas de dinero. Hace
unos años, al principio de su adolescencia, se despertó
de nuevo en él ese gusto por el juego. Confieso que
he tenido un cierto temor pero no le he dicho nada.
Hoy tiene una pronunciada atracción por todo lo que
trate de naipes y otros. Quizás nosotros, conociendo
su pasado, debemos estar vigilantes para ayudarlo sin
duda a no renovar sus errores.
Terminaré este testimonio con una frase que una niña
de cuatro años le dijo un día a una de mis colegas
de trabajo. Ella conocía a la niña y sorprendida por
sus palabras, me las repitió. La niña se llamaba Diane.
Un día, jugando con el hijo de mi colega, exclamó:
“Y bien, yo antes estaba en el cielo y para venir con
mamá, me disfracé de Diane y aquí estoy”. Podría
pensarse que esta niña delira, que cuenta cualquier
cosa. Y sin embargo, para esta frase infantil, hay
una sola interpretación: me recuerdo. Entonces es
necesario escucharla y comprenderla.

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