"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



sábado, 27 de abril de 2013

                                                               MAX PLANCK

EL IMPULSO DIVINO Y EL UNIVERSO
por
É T I E N N E B E RTHAUT

DE LA MATERIA A LO ESPIRITUAL:
¿UNA HISTORIA DE PARTÍCULAS

El “Modelo Estándar”
de las partículas
La hipótesis de la noción de átomo
está comprobada científicamente
desde el último tercio del siglo XIX
(aunque identificado desde 1805)
pero, no obstante, podemos remontarnos
a los filósofos griegos, cuatro
siglos antes de Jesucristo, para
que surja la idea de una materia
compuesta de partículas a través
de la doctrina filosófica llamada
del atomismo (Demócrito). Mucho
más cercanos a nosotros, están
los trabajos y descubrimientos de
ilustres sabios como H. Becquerel, los esposos Curie, M.
Planck, A. Einstein, E. Rutherford, N. Bohr, P. Langevin y J.
Rydberg, para citar sólo algunos, que sentaron las bases
de una visión moderna de la estructura de la materia a
principios del siglo pasado. Desde el electrón, la primera
partícula elemental descubierta en 1891, esta visión nunca
ha dejado de enriquecerse y complicarse a lo largo de los
últimos decenios.
Fue así como se imaginó a partir de los años ‘30, y se
estableció luego a principios de los años ‘70, lo que se ha
llamado el “Modelo Estándar”, teoría científica siempre
vigente que describe al mismo tiempo las propias partículas,
las fuerzas a las cuales están sometidas y los campos
(o mediadores) intercambiados entre esas partículas y a
través de los cuales se ejercen esas fuerzas. A partir de las
observaciones a nivel atómico que finalmente no representan
más que una primera puerta
sobre lo infinitamente pequeño,
hay todo un conjunto de partículas
elementales más o menos teóricas
que fueron inventadas así a lo largo
de todo el siglo veinte, para poder
responder a las complejas ecuaciones
matemáticas que rigen la
organización de la materia. Y todo
el reto fue entonces, sobre todo
desde los años 50-60, poner en
evidencia de manera experimental
la presencia, o la existencia, de
todas estas partículas más o menos
abstractas; la mayor preocupación
era la duración de su vida, extremadamente corta, cuando
se logra aislarlas. Esta búsqueda fundamental es actual
todavía hoy, a través de experimentos de colisión de partículas
realizados en los grandes aceleradores de partículas
del CERN (*) como el LHC,(**) por ejemplo, en la frontera franco-
suiza cerca de Ginebra. El último gran descubrimiento
con fecha es el de julio de 2012 de la partícula del boson de
Higgs, apodada la “partícula de Dios”, pues fue inasequible
desde hace decenios y es la que permitiría explicar por qué
ciertas partículas tienen una masa y otras no…
(*) Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire (Consejo Europeo
para la Investigación Nuclear) (N. del T.)
(**) Large Hadron Collider (Gran Colisionador de Hadrones) (N. del T.)
El “Modelo Estándar” se caracteriza por una clasificación de
las partículas según diversos criterios (partículas cargadas
eléctricamente o no, noción de masa, etc.) y en varias
El “Modelo Estándar”
de las partículas

La hipótesis de la noción de átomo
está comprobada científicamente
desde el último tercio del siglo XIX
(aunque identificado desde 1805)
pero, no obstante, podemos remontarnos
a los filósofos griegos, cuatro
siglos antes de Jesucristo, para
que surja la idea de una materia
compuesta de partículas a través
de la doctrina filosófica llamada
del atomismo (Demócrito). Mucho
más cercanos a nosotros, están
los trabajos y descubrimientos de
ilustres sabios como H. Becquerel, los esposos Curie, M.
Planck, A. Einstein, E. Rutherford, N. Bohr, P. Langevin y J.
Rydberg, para citar sólo algunos, que sentaron las bases
de una visión moderna de la estructura de la materia a
principios del siglo pasado. Desde el electrón, la primera
partícula elemental descubierta en 1891, esta visión nunca
ha dejado de enriquecerse y complicarse a lo largo de los
últimos decenios.
Fue así como se imaginó a partir de los años ‘30, y se
estableció luego a principios de los años ‘70, lo que se ha
llamado el “Modelo Estándar”, teoría científica siempre
vigente que describe al mismo tiempo las propias partículas,
las fuerzas a las cuales están sometidas y los campos
(o mediadores) intercambiados entre esas partículas y a
través de los cuales se ejercen esas fuerzas. A partir de las
observaciones a nivel atómico que finalmente no representan
más que una primera puerta
sobre lo infinitamente pequeño,
hay todo un conjunto de partículas
elementales más o menos teóricas
que fueron inventadas así a lo largo
de todo el siglo veinte, para poder
responder a las complejas ecuaciones
matemáticas que rigen la
organización de la materia. Y todo
el reto fue entonces, sobre todo
desde los años 50-60, poner en
evidencia de manera experimental
la presencia, o la existencia, de
todas estas partículas más o menos
abstractas; la mayor preocupación
era la duración de su vida, extremadamente corta, cuando
se logra aislarlas. Esta búsqueda fundamental es actual
todavía hoy, a través de experimentos de colisión de partículas
realizados en los grandes aceleradores de partículas
del CERN (*) como el LHC,(**) por ejemplo, en la frontera franco-
suiza cerca de Ginebra. El último gran descubrimiento
con fecha es el de julio de 2012 de la partícula del boson de
Higgs, apodada la “partícula de Dios”, pues fue inasequible
desde hace decenios y es la que permitiría explicar por qué
ciertas partículas tienen una masa y otras no…
(*) Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire (Consejo Europeo
para la Investigación Nuclear) (N. del T.)
(**) Large Hadron Collider (Gran Colisionador de Hadrones) (N. del T.)
El “Modelo Estándar” se caracteriza por una clasificación de
las partículas según diversos criterios (partículas cargadas
eléctricamente o no, noción de masa, etc.) y en varias
Si bien los cuestionamientos sobre la creación del Universo han sido principalmente el hilo conductor de los exploradores
de lo infinitamente grande a lo largo de los siglos, y en particular desde el comienzo del siglo XX, esa búsqueda
científica ha logrado reunir muy pronto a los observadores de lo infinitamente pequeño. En efecto, en forma concomitante,
desde fines del siglo XIX, la materia en su inmensidad sideral ha sido descortezada, y continúa siéndolo, con
la posibilidad de técnicas y medios nuevos, para conocer su organización íntima en sus más ínfimos recovecos. De
allí nació lo que se ha llamado la física de las partículas, partículas que se llaman igualmente quantas de materia,
cuando se comprobó que, de hecho, la materia estaba compuesta por un aglomerado de partículas elementales que
responden a propiedades muy definidas, y están sometidas a interacciones particulares unas con relación a las otras.
sub-categorías:
• Doce partículas elementales llamadas ligeras
clasificadas en tres grandes familias: la familia de
los leptones a la cual pertenecen el electrón y los
neutrinos, la familia de los quarks, y la familia de los
bosones vistos como soportes de las fuerzas entre
partículas y de la cual forman parte, por ejemplo, los
fotones de luz.
• Partículas más pesadas que aglomeran a estas partículas
elementales, más de una veintena catalogada
hasta hoy: es la familia de los hadrones a la cual
pertenecen, por ejemplo, los protones y neutrones
de los núcleos de los átomos.
Así, los protones y neutrones están compuestos cada
uno por tres quarks cuya cohesión está asegurada por los
bosones llamados con razón y poéticamente ¡gluones! (*)
Los electrones se asocian entonces con estos protones y
neutrones, que gravitan alrededor de ellos para formar la
estructura atómica en la gran diversidad de combinaciones
posibles. Luego estos átomos, idénticos o diferentes,
se aglutinan entre sí para formar moléculas o cadenas
de moléculas. Éstas pueden combinarse entonces para
formar estructuras más complejas. Y así sucesivamente...
(*) De glue, “pegamento” en inglés (N. del T.)
En cuanto a las fuerzas fundamentales del Universo que
hacen interactuar entre ellas a todas estas partículas (y
aglomerados), hay que precisar que se limitan simplemente
al número de cuatro, según la visión científica
actual:
• La fuerza de gravitación que se ejerce sobre todas las
partículas proporcionalmente a su masa
• La fuerza electromagnética que se ejerce sobre las
partículas cargadas eléctricamente
• La fuerza nuclear llamada débil que es responsable
de la radioactividad
• La fuerza nuclear llamada fuerte que se ejerce entre
los quarks y que asegura la cohesión del núcleo
atómico. A semejanza, infelizmente, de la bomba
atómica, es esta fuerza la que puede liberar una
energía inconmensurable por medio de la fisión.
Lejos de ser la palabra final, y a veces criticado por defectos
manifiestos, este famoso “Modelo Estándar”, representa sin
embargo al día de hoy, la descripción íntima más “satisfactoria”
de la materia dentro de la visión materialista de la
ciencia llamada moderna. Ha permitido explicar los resultados
de numerosos experimentos y predecir con exactitud
una gran variedad de fenómenos. Las extensiones
más recientes del “Modelo Estándar” vienen a completarlo
hoy con algunas teorías tan audaces como inverificables,
como la teoría de las súper-cuerdas cuyo fin último es la
búsqueda, desde hace treinta y cinco años, de una armonización
en un gran “todo” de las teorías existentes, principalmente
la relatividad general y la mecánica cuántica,
que siempre ha costado trabajo conciliar para explicar
al mismo tiempo lo infinitamente pequeño y lo infinitamente
grande. La teoría de las súper-cuerdas prevé, entre
otras cosas, que las partículas elementales habrían surgido
de las vibraciones de cuerdas microscópicas; más adelante
veremos que esta hipótesis puede adquirir una resonancia
particular respecto a una reflexión que deriva de las palabras
de los espíritus.
¡Todo eso está muy bien! ¡Claro! Sí, pero, ¿y qué más? Pero,
¿dónde se esconde el espíritu entonces? ¿Dónde está lo
espiritual, dentro de este hermoso y oscuro conjunto de
ladrillos, partículas y fuerzas diversas? ¿Y si la solución a los
problemas fundamentales de los científicos, mayoritariamente
sustentados en el seno de la ciencia materialista,
residiera justamente en la consideración de otra “fuerza”,
la de lo espiritual, la de la divinidad, que asocia inteligencia
y sentimiento, en la definición de una suerte de “partícula”
pensante y activa que engendra esta organización tan
coherente y tan armoniosa, de la materia?
Sueño magnético de Max Planck
A mediados de los años ‘80, varios espíritus, físicos del más
allá, que habían estudiado la física en la Tierra y que siguen
trabajándola en el más allá, se manifestaron en nuestras
sesiones espíritas para aportar algunos elementos de
comprensión sobre la materia, justo a nuestro alcance de
profanos no científicos. A partir de nociones científicas
conocidas, han integrado la noción de lo espiritual dentro
de una reflexión ampliada, que desde ahora es la suya
en el más allá, gracias a su nuevo estatus como espíritus
liberados de la encarnación. ¿Cómo interactúa el espíritu?
¿Cuál es el papel de las partículas? ¿Cómo opera el vínculo
energético entre espíritu y materia, y de qué naturaleza
es? ¿Y qué consecuencias
morales y filosóficas se
extraen finalmente de esta
construcción armoniosa de
la materia? El físico alemán
Max Planck fue uno de ellos
y ha aquí cuáles fueron sus
palabras en un mensaje
recibido por sueño magnético
el 13 de octubre de
1986:
“Mi búsqueda es un poco
comparable a la música de
mi compatriota Schubert. Es
una sinfonía inacabada. Soy feliz porque ahora otros, en la
Tierra, han podido tomar el relevo de la física. Algunos meses
antes de mi muerte, yo había presentido las consecuencias de
esta búsqueda. Había supuesto que no podía conducir sino
a una sola conclusión, la de la realidad espiritual integrada
al Universo.
La investigación física ha consistido en definir la energía
radiante comparable a la materia, es decir de estructuras
discontinuas. La materia es el resultado de un aglomerado
atómico. La energía radiante es el resultado de un aglomerado
de granos energéticos. Lo que yo, físico, llamo energía
radiante, es comparable a la estructura de vuestro doble periespiritual,
este doble es un doble energético que irradia. Está
constituido por un aglomerado de granos energéticos. Cada
partícula que compone la estructura del conjunto periespiritual
es una partícula pensante y activa. Cuando en su tiempo,
en su Libro de los Espíritus, Allan Kardec hablaba del fluido
vital, ya había presentado en detalle todo lo que yo mismo y
otros, más tarde, intuiríamos en nuestro recorrido científico, a
saber, la existencia de una estructura infinita y organizada a
nivel de la materia etérea, a saber, la realidad de la energía.
La vida es el resultado de una explosión. Esta explosión
misma corresponde a una extraordinaria fuente de pensamiento.
Esta fuente de pensamiento comprende a la vez
la inteligencia y el sentimiento, inteligencia y sentimiento
universales, que el hombre intuye pero que no comprende.
Es lo que en general él denomina Dios. En efecto, este sentimiento
y esta inteligencia pueden asimilarse a una explosión
permanente. Esta explosión de naturaleza energética da
nacimiento inmediatamente a cientos de miles de millones
de partículas de energía. Si esas partículas son el resultado
de esta explosión inteligente y amorosa, contienen entonces
el pensamiento y el sentimiento por cada una de ellas. Sin
embargo, no son autónomas: es indispensable considerar la
partícula energética como que no puede expresarse en forma
autónoma. La partícula es llevada naturalmente a formar
un cuerpo completo. El quanta es comparable a la hormiga,
no puede tener existencia real y razonada sino a nivel del
conjunto. Sola no es nada, dentro del grupo se convierte en
todo. El grupo mismo se estructura inteligentemente, eso es
evidente pues su fuente es inteligente.
Es así como las energías del espacio no se dispersan al azar
sino que se estructuran. La ley de programación perpetua,
eterna, se multiplica al infinito. Entonces los cuerpos se afinan
y las energías se transforman, lo cual aún no ha sido probado
a nivel de la investigación física. El descubrimiento del
quark es de gran importancia pero no es suficiente, pues en
la subdivisión del estado de la materia, los hombres de hoy
no siempre han comprendido, sino admitido, la realidad
del comportamiento inteligente del electrón. La física de los
quantas no puede sino aportar al hombre la respuesta que
busca, quizás inconscientemente, es decir la de Dios, la de su
espíritu, la de su supervivencia. Lo que es necesario decir en
este mensaje, es que el periespíritu es un cuerpo energético
compuesto de miles de millones de partículas pensantes que
no pueden, a nivel de la unidad, pensar por sí mismas, pero
que se convierten en inteligencia dentro del aglomerado que
da nacimiento a ese mismo cuerpo.
No hay manifestación inteligente posible en el interior del
mundo físico sin la existencia de estos cuerpos energéticos,
tanto a nivel de la naturaleza humana como de la naturaleza
animal, vegetal y, añadiré, mineral. Muy ciertamente, en los
años por venir, la física cuántica va a encontrarse frente a este
problema fundamental de la esencia espiritual de toda manifestación
energética. He allí, una vez más, que la mentira
intervendrá, si no es que interviene ya, pero sucede también
que ciertos físicos, sinceros e inteligentes, tendrán el coraje de
tomar la palabra. Vosotros ya que sabéis, que habéis vislumbrado
estas cosas, estad allí para ayudarles, estad allí para
responderles, pero también para escucharles.
Desde el mundo de los Espíritus, somos numerosos, muy
numerosos, los que queremos influir sobre todos los hombres
que investigan en la Tierra actualmente. Nuestra influencia
es limitada. Se limita a la moral de los que investigan en el
planeta. Se limita a su propia libertad. Comparativamente
al extraordinario descubrimiento de la presencia del espíritu
en toda forma de materia, mi espíritu está inquieto por
la posible utilización de la energía radiante. ¿Sería posible
utilizar estas partículas para constituir, no periespíritus como
se constituyen ellos naturalmente, sino quizás bolas energéticas
capaces de destruir? Es lo que piensan ya algunos de mis
colegas todavía vivos en ese globo. Hasta luego”.
Materia viviente y materia inerte: un origen y una
estructura idénticos

M. Planck aborda ya la noción del doble energético muy
bien conocido en espiritismo para describir ese vínculo
entre el espíritu y la materia, entre el espíritu y la envoltura
física, y que Allan Kardec había llamado “periespíritu”.
Recordando que este doble tiene el carácter de una energía
(la que ya Allan Kardec había llamado fluido vital, pues
este periespíritu también es creado a partir de ese fluido
en tanto que energía radiante en el Universo), él afirma
que esta energía es de naturaleza semejante a la materia.
En eso, responde pues a las características y propiedades
de la materia dentro de una organización estructurada de
partículas llamadas energéticas. Entonces constatamos ya
una similitud, una coherencia, una armonía, en la composición
misma de lo que se refiere al mundo de la materia y
lo que se refiere al mundo de lo etéreo.
El espiritismo corrobora la existencia de una fuerza inconmensurable,
en el origen de todas las cosas, en un incesante
e infinito proceso creativo, y al que se denomina Dios. Esta
fuente creadora es una extraordinaria fuente de pensamiento,
definida por una inteligencia y un sentimiento
que generan esta explosión mencionada por M. Planck, en
todos los puntos, lugares y direcciones del Universo. Ahora
bien, los Espíritus siempre han afirmado el carácter vibratorio
y ondulatorio del pensamiento, cuando se transmite
y se exterioriza, eso es válido a nivel de lo humano para
el pensamiento emitido por el espíritu, y sin duda alguna
puede trasladar al pensamiento creador hasta el nivel de
la fuerza divina. Tenemos pues la situación de algo vibratorio,
el pensamiento, que crea las partículas, en este
caso energéticas: ¿osaríamos decir que, en otras palabras,
encontramos una manifiesta analogía con la famosa teoría
antes citada de las súper-cuerdas? Por supuesto, aún hay
mucho camino que andar para establecer el vínculo, pero
reconozcámoslo, ¡hay una asombrosa similitud!
Esta explosión energética impulsa sin cesar partículas
energéticas que llevan en sí los atributos de su creador, a
saber la inteligencia y el sentimiento. Por definición, esa
inteligencia y ese sentimiento llevarán a esas partículas a
estructurarse inteligentemente por medio de un proceso
de programación eterna para dar nacimiento a cuerpos
que llevarán en ellos la inteligencia y el sentimiento, es
decir finalmente, la vida.
Volvamos a esta estructura idéntica de las partículas
entre el mundo de la materia y el mundo de lo viviente.
Marie Curie, en un mensaje recibido en escritura el 22 de
octubre de 1985, deducía de ello la conclusión natural
de que la materia inerte tenía entonces la misma paternidad,
la misma fuente original y espiritual, en el origen
de la vida, que la materia energética, pues la organización
íntima y coherente de esas materias es idéntica: “La
materia viviente y la materia inerte responden a la misma
estructura, afirmo pues que el mineral está habitado por el
pensamiento creador, por el acto divino. Entre el polvo y la
roca, no hay ninguna diferencia de estructura, entre el polvo
y el hombre, tampoco. La materia nace de lo que el espíritu
ha querido que ella llegue a ser. En el plano espiritual, cada
ser humano es consecuencia de una voluntad divina, en su
historia espiritual y en su génesis cósmica, cada ser humano
es una emanación del pensamiento divino. Al principio, el
individuo no existía como tal. Nacido de un pensamiento, se
volvió un átomo espiritual para convertirse finalmente en un
espíritu. Para emprender un proceso evolutivo, el espíritu no
podía permanecer solo en el espacio, penetró pues el fluido
universal para dar nacimiento a la materia periespiritual,
herramienta indispensable para la encarnación”. Todo lo que
compone lo visible y lo invisible, lo material o lo etéreo, a
nuestro nivel y en la infinidad del Universo, proviene de
un impulso divino, porta en su esencia la inteligencia y el
sentimiento de ese soplo original, y se estructura dentro
de lo infinitamente pequeño en una organización coherente
de partículas.
Nada al azar
Las consecuencias de esta similitud son de un alcance
extraordinario para aquel que acepte los caminos hacia
los que su reflexión y su análisis pueden llevarlo, a saber,
el físico en particular y más en general el científico. Le
conviene admitir que nada ha podido hacerse por azar, que
la vida misma no ha venido de la suerte de un improbable
ensamblaje molecular; que todo, tanto la materia que
nos rodea, nuestros cuerpos, como también el Universo
entero, nuestra conciencia, el espíritu mismo que transmite
la vida al cuerpo por medio de la energía periespiritual,
es de origen espiritual y divino. Eso significa también,
para este científico, que la vida no puede venir de la sola
materia inerte y, si sabe estudiar sus estados más íntimos
a nivel de las partículas que la componen, no puede sino
deducir de ello una construcción consciente e inteligente.
Y entonces, esta investigación fundamental debe terminar
naturalmente en la demostración del espíritu que insufla la
vida en su manifestación tangible más íntima a nivel de la
materia. Aun sin darse cuenta, parece pues que finalmente
el físico puede, o podría, llegar al espíritu en sus peregrinaciones
cuánticas. Es lo que nos aseveraba el matemático y
físico sueco Janne Rydberg en un mensaje recibido el 21
de enero de 1984 por incorporación: “No existe diferencia
fundamental entre el estado de la materia y el estado del
espíritu. La vibración particular en estos estados simplemente
acentúa la apariencia de diferencia; lo que se ha convenido
en llamar materia sigue siendo el espíritu detenido. Allí, se
debe establecer el conocimiento de la materia corpuscular.
El hombre debe conocer la llamada materia en sus estados
más ínfimos, los más sutiles, los más etéreos. Es allí a donde
el físico dirige sabiamente
su investigación, es allí
donde no puede concluir
en la inercia de la llamada
materia, es allí donde en
su reflexión no puede sino
considerar la elaboración
progresiva, consciente,
inteligente y sutil, de las
partículas en la participación
del nacimiento de los
órganos constituidos”. Uno
de los mayores misterios
del conocimiento humano actual, el del origen de la vida,
encuentra así su resolución dentro de una explicación y un
origen de orden espiritual.
El espíritu a nivel de las partículas
Partiendo de la comprobación de una fuente y una
presencia de lo espiritual al nivel más íntimo de la materia,
ya sea ésta de naturaleza inerte o de naturaleza viviente,
etérea o energética; la cuestión que se plantea entonces
es saber cuál puede ser el papel de las partículas y por
cuál intervención se opera la acción de lo espiritual, del
pensamiento, sobre esas mismas partículas. El mensaje de
M. Planck ya nos ilustra un poco sobre este punto, cuando
sostiene el comportamiento inteligente del electrón. Otras
palabras de los Espíritus nos habían recordado la afirmación
de que el electrón parecía tener un lugar particular
dentro del fenómeno, que permite al espíritu actuar sobre
la materia a través del periespíritu. Gabriel Delanne, que
aportó mucho al espiritismo dentro de su enfoque científico,
nos dio también la siguiente reflexión en un mensaje
recibido en incorporación el 25 de marzo de 1992: “En
cuanto al electrón, con el cual fantasea al científico, es cierto
que animado, penetrado por la energía periespiritual, el electrón
no puede responder sino a un solo comando, a una sola
dirección, la del espíritu que habita el cuerpo, que equilibra el
cuerpo, que estructura el cuerpo; la del espíritu sin el cual no
existiría el cuerpo, sin el cual no existiría el electrón”.
La pregunta sobre el papel de las
partículas más conocidas, a saber,
los neutrones, los protones, los
electrones y los quarks, en el interior
del átomo, fue planteada de
manera más explícita a los Espíritus.
Al respecto, Paul Langevin aporta
la siguiente respuesta (mensaje en
escritura del 3 de junio de 1985): “El
papel de los protones, los electrones y los quarks es conducir
la energía del fluido universal dentro de los componentes de
la materia. La materia, en su apariencia viva y tangible, se
subdivide según esos mismos elementos que, sin embargo, no
conocerían el movimiento si no existiera el fluido vital y, en su
origen, el espíritu. Por consiguiente, cada partícula de materia
está animada por el espíritu, y si bien, no se puede decir que
el espíritu exista a nivel de estas partículas, sin embargo sí
puede decirse que su proyección, su emanación, existe a nivel
de cada célula. La materia inerte vive según este mismo principio.
Sus moléculas de base están penetradas por la energía
del pensamiento. El físico no puede comprender totalmente
el comportamiento vibratorio de los neutrones, protones,
electrones y quarks si no admite una presencia energética de
naturaleza espiritual en esos mismos elementos”.
Las partículas aquí citadas son pues agentes mediadores
por medio de los cuales la energía vital surgida de un
pensamiento espiritual actúa y vibra sobre la materia.
Las características físicas de las partículas, sus formas de
vibración, sus interacciones de unas respecto a las otras,
no son pues sino la trasposición, o manifestación, del
pensamiento al nivel más íntimo de la estructura de la
materia. Y esa trasposición puede impregnar las partículas,
los átomos, las moléculas y los órganos constituidos,
del mismo pensamiento que ha estado en su origen: el
recuerdo y el reflejo de ese pensamiento espiritual, se
inscriben entonces para siempre en la materia. La extensión
de esta reflexión da una explicación, por ejemplo,
al carácter preservador de la materia inerte, que puede
descubrirse por medio de la facultad de la psicometría.
Así, la historia de un objeto puede revelarse a una persona
que posea esa facultad de clarividencia sobre la materia
por el hecho de que ese objeto habrá sido penetrado por
los fluidos cercanos, las vibraciones ambientales en las que
se haya sumergido, registrando así situaciones, eventos,
o ambientes. El “Modelo Estándar” de los científicos nos
habla de la existencia de los bosones, estas partículas,
que son los agentes, los soportes o los mediadores de los
campos de fuerzas, que hacen actuar a unas partículas con
relación a otras. Formulemos una hipótesis: ¿sería posible
afirmar aquí que, sin saberlo, algunos de estos bosones
pudieran aparecer como las partículas del pensamiento o,
dicho de otra manera, que si el pensamiento pudiera ser
objetivado por una partícula, entraría entonces fácilmente
en la familia de los bosones?
Vibración de un pensamiento creador que crea partículas,
vibración del pensamiento que impregna con su
energía las partículas de materia
inerte; es interesante precisar que
en física siempre ha existido esta
dualidad, incluso rivalidad, entre
las nociones de vibración y de
onda y las nociones de partícula
o de corpúsculo. Esta dualidad
onda-corpúsculo es un principio
admitido definitivamente en la
ciencia, que a nivel microscópico, todos los elementos
presentan simultáneamente propiedades de ondas y
de partículas, aunque a veces esos caracteres aparezcan
como antinómicos. Por otra parte, este concepto forma
parte de los fundamentos de la mecánica cuántica. Así, a
título de ejemplo, desde los trabajos de Einstein se admite
comúnmente que la luz ostenta todas las características de
una onda vibratoria, pero que está compuesta de fotones
que son partículas muy definidas.
El porvenir de la física de las partículas
Sea como sea, probablemente a despecho de respuestas
aún incompletas, se comprueba que todavía hay muchas
investigaciones que hacer, muchas reflexiones que
producir, muchas hipótesis que formular y resultados
por conseguir, para ir hasta el final del conocimiento del
Universo en un sentido amplio, tanto en su manifestación
material como en su manifestación espiritual. Para ello, es
preciso ir hasta lo más recóndito de la materia para llegar al
punto de convergencia o de contacto, al nivel más ínfimo
donde ocurre la interacción entre las partículas elementales
y las partículas energéticas de carácter espiritual. Pero
también se comprueba que, finalmente, el mundo científico
no está demasiado lejos de ello.
Analogía entre las súper-cuerdas y la vibración del
pensamiento que crea partículas energéticas, partículas
pensantes y activas, de comportamiento semejante al de
los bosones: comprobamos que el poco camino recorrido
por nuestra reflexión, a partir de los conocimientos científicos
actuales por una parte, y las enseñanzas aportadas
por el más allá por la otra, nos hace converger siempre en
la misma dirección.
Así es probable que los descubrimientos actuales ingresen
ya, sin saberlo y sin formular la noción de espíritu o de
estas partículas energéticas vinculadas con lo espiritual: en
el “Modelo Estándar”, las partículas sin masa y sin realidad
material aparente, pero cuyas demostraciones implican su
existencia, se conviven con las partículas materiales más
conocidas que componen la materia inerte. Así, todas
estas teorías parecen venir a rozar de cerca una consideración
natural y evidente de lo espiritual y del espíritu sin
nombrarlo. ¿Basta entonces con abrir los ojos?
Es evidente que, para que la investigación progrese, los
científicos y los físicos deben salir ya del corsé de una visión
atea y materialista que les imponen su formación universitaria
y los organismos en que trabajan. Una apertura y una
reflexión hacia la espiritualidad que se abriera al corazón y
la razón, podría por una parte revolucionar la manera de
abordar estos temas y por otra obtener resultados absolutamente
benéficos para el porvenir de los hombres. Es
un asunto de estado de ánimo, un asunto de conciencia,
de aceptación, de coraje y también de humildad, todo a la
vez. No obstante, parece que aquí o allá comienza progresivamente
a hacerse una extrapolación espiritualista de
la ciencia, para considerar lo presumible y que ya nosotros,
como espíritas, damos por sentado: la existencia del
espíritu. Por ejemplo, ciertos astrofísicos conocidos hoy,
ante la armonía del Universo, su coherencia, su perfección
y también su belleza, no se esconden para abordar
la idea de un origen extra-normal, como es la noción de
una suerte de Gran Arquitecto, luego de afirmar ciertas
convicciones de orden espiritual a título más personal.
Trinh Xuan Thuan, renombrado astrofísico vietnamita, y
también budista, aparece como uno de ellos. Salimos allí
de las probetas y las ecuaciones para ir al terreno de lo
filosófico y lo metafísico, pero sin que ello interfiera en la
investigación fundamental oficial y sus complicadas consideraciones
matemáticas. “Las matemáticas son el lenguaje
de Dios” había dicho Isaac Newton…
Citemos también, en particular, a cierto Emmanuel Ransford,
epistemólogo francés y especialista en física cuántica,
todavía poco conocido pero que desde hace años se
interroga sobre los vínculos entre conciencia y materia.
Propone el término holomateria (que también denomina
psicomateria), síntesis que añade a la materia ordinaria que
la ciencia cree inerte y pasiva, un componente inmaterial,
una dimensión invisible —pero de efectos perfectamente
localizables—. A partir de esta idea de holomateria, y
apoyándose en recientes descubrimientos relativos al
quanta y al electrón, reinterpreta las muy extrañas propiedades
de las partículas, llegando a proponer un nuevo
modo de abordar y comprender el cerebro consciente y
los misterios de la psique. He aquí sus palabras: “El mundo
de los objetos palpables no está hecho sólo de materia.
Contiene una dimensión invisible pero esencial, que actúa en
él y encierra varios secretos que escapan aún a la ciencia: el
de la naturaleza del electrón, el de la naturaleza del espíritu
y el del más allá”. ¡Es interesantísimo! a la luz de nuestros
mensajes espíritas, recibidos hace ya cerca de treinta años.
Él ha escrito muchas obras como La Nueva Física del espíritu,
Las Raíces Físicas del Espíritu y los Quanta, Lo Invisible y
el Más Allá, que acaba de salir.
Cuando la ciencia llegue al espíritu
Entonces hay una cierta esperanza de un vínculo entre
la ciencia y el espíritu, esperanza estimulada por los Espíritus
del más allá, físicos de ayer que han participado en
todo eso y que tratan de influenciar a estos investigadores
encarnados de hoy, para que vayan en el sentido
del tan esperado reconocimiento del espíritu a nivel de
la estructura atómica de la materia. Y en las tentativas de
estos Espíritus esa esperanza siempre está relacionada con
una preocupación de orden humanista, que no puede
separarse de lo espiritual en la medida en que esa investigación
debe saber aliar la sabiduría, la razón y también
la prudencia, en la dirección a seguir. Esto a fin de respetar
al hombre y a la vida, para desarrollar siempre una ciencia
que esté al servicio del hombre, y más generalmente
dentro del sentido de la paz y la fraternidad, para beneficio
de la humanidad entera. P. Langevin o A. Einstein ya lo
habían comprendido muy bien cuando vivían, por ciertos
compromisos humanistas, tal como estas palabras de
Einstein: “El problema hoy no es la energía atómica, sino el
corazón de los hombres”.
Para ilustrar esta esperanza, dejemos concluir al espíritu
J. Rydberg: “Quiero ser para ustedes una infinita fuente de
conocimiento, la suma de la ciencia y el espíritu, la fuerza
desencarnada que debe establecer la síntesis entre la materia
y el espíritu. El físico, en la Tierra, realiza progresos gigantescos.
Su perpetua investigación del estado más ínfimo
de la partícula, lo lleva a una reflexión diferente, nueva,
cercana a la reflexión del cristiano. Descubrir la idea de Dios
en la energía de la vida, en su movimiento, en sus diferentes
formas, se convertirá en el propósito futuro de los físicos. Ya
han vislumbrado la presencia de una fuerza creadora, fuente
de organización y de construcción armoniosa en la conducta
de los elementos que ellos observan. Pronto la idea del quark
será superada. Cada vez más lejos, el físico podrá observar el
comportamiento de la naturaleza doble, quiero decir de la
energía preexistente a la materia organizada, quiero decir
de la energía periespiritual. El difuso vínculo entre el espíritu
y el estado más ínfimo de la estructura física de los átomos
será descubierto. Puesto al día su mecanismo, imagino ya los
evidentes conflictos por surgir entre las escuelas del porvenir,
que entrarán progresivamente en la reflexión metafísica y
las del pasado de las conciencias detenidas que en teoría
rechazan la sola idea del espíritu.
La materia recibe en forma directa la orden del pensamiento
y del sentimiento, atributo esencial del espíritu. La investigación
y el estudio del estado más íntimo llevan al descubrimiento
del estado más íntimo. El que estudia la materia con
frecuencia estudia el espíritu sin siquiera darse cuenta. El que
siga afincado en esa misma investigación descubrirá la existencia
del espíritu. ¿Será afirmada por el hombre de ciencia la
amorosa sutileza de la vibración etérica, en correlación con
la naturaleza de sus espíritus? He aquí nuestra aspiración,
he aquí nuestro deseo. Que el físico pueda realizar progresivamente
el indispensable estudio para poder establecer la
certeza tan buscada, tan solicitada por la naturaleza misma
del hombre, que de manera consciente o inconsciente aspira
al sentido mismo de su eternidad. Ciencia, te convertirás en
fuente de libertad pues te convertirás en la demostración
misma del espíritu”.
En 2002 habrían sido descubiertos trabajos inéditos de A.
Einstein, en una de sus antiguas
residencias norteamericanas.
Puestos al día
y siempre pendientes de
estudio, estos documentos
contendrían especialmente
un ensayo de unas sesenta
páginas que demuestran la
existencia de Dios desde un
punto de vista matemático.
¿Para cuándo la reconciliación
entre la ciencia y lo
espiritual?

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