"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 24 de abril de 2013

Cristianismo x Espiritismo
Eugenio Lara*
eugenlara@hotmail.com
Extraído de “Opinião” num. 203, dicbre. 2012
Órgano de divulgación del CCEPA, Porto Alegre (Brasil)
Traducción: Pura Argelich

Correlaciones entre Cristianismo y Espiritismo siempre provocan controversias
históricas. Hasta hoy, espiritistas cristianos, religiosos no se entienden con espiritistas laicos,
librepensadores. Ahora bien, imaginaba Kardec los conflictos, escisiones y el desorden que
habría entre los espiritistas en función de esas controversias? ¿Cuáles fueron los motivos que
lo llevaron a interpretar el Cristianismo?
En la Revue Spirite, Kadec reafirma el carácter científico y experimental de la Doctrina,
según la definición en Qué es el Espiritismo (1859), bien aplicada en El Libro de los Médiums
(1861). Sin embargo, a partir de El Evangelio según el Espiritismo (1864), se dedica a la
hermenéutica, a la exégesis de los evangelios y vincula el Espiritismo a la teología
judeocristiana como la Tercera Revelación, el Consolador prometido por el Cristo. Kardec
llega a admitir, sutilmente, que el Espíritu de Verdad sería Jesús, contrariando lo que afirmara
en Instrucción Práctica sobre las Manifestaciones Espíritas (1858), cuando reveló que ese
espíritu fuera un gran filósofo de la Antigüedad1.
No se puede negar la vinculación al Cristianismo, empezando por la terminología
adoptada en la obra kardecista. La tal “cuestión religiosa” nace con Roustaing y es reafirmada
por Kardec debido a la adhesión al Cristianismo, a pesar de haber negado varias veces que el
Espiritismo fuera religión.
Muchas son las interpretaciones de esa postura de Kardec. Hay quien imagina que él
fundó un neocristianismo. Para otros, hizo concesión a la Iglesia al escribir obras
interpretativas de la teología cristiana. Para muchos, el Espiritismo es el Cristianismo redivivo,
su reviviscencia.
Ahora bien, no hubo concesión alguna al Cristianismo, a la Iglesia, pues de ser así el
comportamiento de Kardec hubiese sido otro. Él no era un sujeto débil, inseguro. Basta ver la
polémica que estableció con Chesnel. Por otro lado, es equivocada la tesis de que Kardec
deseara hacer del Espiritismo una forma sofisticada de Cristianismo, de que él, sin querer,
pero queriendo, fundara una nueva religión cristiana. Esa lectura es correcta en relación al
roustainguismo o a la Iglesia Mormona, pero nunca en relación a la Doctrina. Y además, el
Espiritismo no adopta la Biblia como texto originario. Este hecho, por sí solo, lo excluye del rol
de las religiones cristianas. El Espiritismo no es un Cristianismo.
Es preciso contextualizar esa cuestión. La actitud de Kardec representa la respuesta a
la demanda social y cultural de su tiempo. A partir de 1860, sale de París y viaja por toda
Francia, Bélgica, Suiza, con el fin de atender las peticiones de los nuevos grupos espiritistas
que nacían. En su ciudad natal, Lyon, polo industrial similar a nuestro actual ABC2, Kardec s
encontró cara a cara con muchos obreros, gente simple, con las manos curtidas, semianalfabetos. Eso debió ser algo
inusitado y que le marcó mucho, incluso sorprendente para alguien acostumbrado a un público con otro perfil, más elitista y
sofisticado.
La Sociedad Parisiense de Estudios Espiritas estaba compuesta por miembros de la élite, de la flor y nata de la
sociedad. Los nuevos grupos periféricos, a su vez, poseían un perfil más modesto, con otras particularidades y con la tenaz
influencia del Cristianismo, pues estaban constituidos por adeptos recién salidos de la Iglesia o que aún la frecuentaban. A
propósito de ello, para Kardec, se podía ser espiritista sin rechazar el catolicismo, sin dejar de tener alguna religión. Tal
orientación no es gratuita.
Los libros que escribió, a partir de El Evangelio, pretenden atender la necesidad de vislumbrar, en el propio
Cristianismo, elementos interpretativos de la Doctrina, no solamente de la experimentación, del empirismo mediúmnico,
sino también de su filosofía y teoría de valores. Él entendía, inclusive, que el Espiritismo tendría la misión de ofrecer a la
Iglesia la sustentación de sus dogmas, además de funcionar como “punto de unión” entre ciencia y religión.
Es oportuno recordar que en el siglo XIX, debido al avance económico, de la ciencia y de las costumbres, las
religiones pierden terreno, adeptos y el poder que siempre tuvieron, porque son enemigas de la modernidad, del progreso.
El Espiritismo, pues, nace, justamente, en pleno surgimiento de la modernidad, en medio de la crisis de las religiones e
intenta dar respuesta a cuestiones donde ellas fracasaron, especialmente la cristiana. De ahí el esfuerzo de Kardec en
escribir obras que atendiesen a esa demanda, constatada en su recorrido doctrinario. No fue ningún tipo de concesión, ni
hubo intención de fundar una nueva religión cristiana o instituir “La Religión”.
Otro aspecto es el hecho de que el Espiritismo, a pesar de ser definido como filosofía espiritualista, no dialoga con
buena parte de la tradición filosófica occidental. O sea, la conexión directa no es con Platón, Aristóteles, Spinoza, Kant,
Hegel, etc., en cambio sí con el humanismo iluminista, el espiritualismo en general, con el Spiritualism norteamericano e
inglés, con el espiritualismo filosófico (Leroux, Reynaud, Lessing), los utópicos (Fourier, Cabert, Saint-Simon) e, inclusive,
con la cultura celta: gala y bretona.
La búsqueda del diálogo con el judaísmo cristiano surge de la necesidad cultural, religiosa en la Francia del siglo
XIX. Allí el Cristianismo no tenía la misma fuerza que en España (véase el Auto de Fe de Barcelona), pero era la religión
hegemónica. Si Kardec no hubiese sido un hombre de prestigio, amigo de Napoleón III y otros masones, de miembros
influyentes de la élite francesa, la Iglesia hubiese aplastado el Espiritismo, que habría abortado desde su inicio.
Kardec sabía que habría divergencias, escisiones, por eso redactó el Proyecto 1868 y delineó rumbos seguros para
la organización del Espiritismo como movimiento social. El Período Religioso, imaginado por él en su prospección
cartesiana de la propagación espiritista, no tiene el sentido de lazo, de eslabón, de comunión entre los espiritistas. Ahí, lo
religioso lo es en el sentido religioso mismo, sin juego de palabras. Es religioso con significado de culto3. En caso contrario,
según la acepción que aplicaba al término religión, él debería denominar ese período de Religionario4, usándolo en el
sentido de lazo (religión). Kardec vislumbró que después de ese Período Religioso, impregnado por el Cristianismo, habría
otro, de transición, hasta asumir el Espiritismo integralmente su vocación natural de “influencia sobre el orden social”, en el
Período de Regeneración Social.
Como se ve, la conexión entre Cristianismo y Espiritismo es un tema complejo, exige conocimiento histórico, de
filosofía, teología, antropología y de muchas otras áreas. No basta solamente conocer la vertiente Kardecista, es preciso
situarla en su contexto histórico. Muchas polémicas y divergencias podrían ser amainadas si los espiritistas se dedicasen a
ese tipo de lectura, al revés de permanecer rebuscando en el Kardecismo, aquí y allí, palabras de Kardec acerca de esa
cuestión.
Eugenio Lara; arquitecto y diseñador gráfico.
Editor de la web PENSE – Pensamento Social Espírita (www.viasantos.com/pense).
Miembro fundador del Centro de Investigación y Documentación Espírita (CPDoc).
Autor del libro “Ensayo Sobre el Humanismo Espírita”.
1 Capítulo II, apartado “Manifestaciones espontáneas”.
2 Región tradicionalmente industrial ubicada en el área metropolitana del estado de São Paulo, Brasil.
3 Sin embargo, no hemos sabido encontrar en toda la obra de Kardec, ninguna referencia al culto religioso tal y como se entiende
estrictamente esta palabra (“Conjunto de ritos y ceremonias litúrgicas con que se tributa homenaje – R.A.E.). Por ello, pensamos,
que a pesar de que Kardec no matizara claramente la relación espiritismo-cristianismo, pensamos -repetimos- que no se debería
adjudicarle ni siquiera la más mínima aproximación a un posible “culto religioso espiritista”.
4 La palabra “religionario” significa, en castellano (diccionario de la R.A.E.): “Persona que sigue el protestantismo”. Sin
embargo, el sentido de la palabra portuguesa “religionário” es sensiblemente diferente: “Sectario de una religión.
EXTRAÍDO DE:  FLAMA ESPÍRITA
                             Nº. 148– ANY XXXIII
                             ABRIL/JUNY 2013

                             WWW.CBCE.INFO

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