"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



martes, 1 de mayo de 2012








ELISABETH D’ESPERANCE LE JOURNAL SPIRITE N° 78 OCTUBRE 2009

LOS MÉDIUMS Y LA CIENCIA
por
R É G I S  B E RTAUD
EL ESPIRITISMO, UNA CIENCIA

La comunicación con el más allá
ha existido desde siempre; no es
una circunstancia moderna, suerte
de efecto de moda; hasta donde
podemos remontarnos en la
historia, las civilizaciones recurrían
a los espíritus: los brahmanes de
la India, los sacerdotes de Egipto,
China, Persia y Grecia, los primeros
cristianos, la escuela neo-platónica,
los indios de América… En todo
lugar y en todas las épocas los
seres humanos se han comunicado
con los espíritus. Pero en 1847, al
otro lado del Atlántico cuando
se hicieron públicas las primeras
manifestaciones, las hermanas Fox
estuvieron a punto de convertirse
en las primeras mártires del
espiritismo al evitar por poco
el linchamiento por parte de
la comunidad norteamericana
de Rochester.  Rápidamente, los
fenómenos llegaron a Europa.
Asistimos en esa época a una revolución espiritual y
científica y fue así como vio la luz un número creciente
de círculos espíritas.
A través de los médiums, la comunicación con los
muertos y las pruebas de la supervivencia aportaron
la certeza del fenómeno y reemplazaron una creencia
alimentada hasta entonces por una fe ciega. Sin
embargo, la mediumnidad revestía un carácter muy
particular, no se podía estar seguro inmediatamente de
la procedencia de la comunicación. ¿Era el inconsciente
el que hablaba? ¿Era el médium? ¿Era un espíritu?
Los científicos, en su mayor
parte de tendencia materialista,
atribuyeron las manifestaciones
espíritas a diferentes causas como
histeria, el subconsciente, la lectura
del pensamiento; para ellos el
cerebro era, según toda evidencia,
la herramienta productora de
todas las manifestaciones. Hubo
numerosos escollos en este campo:
engaño, error de interpretación;
pero hubo también revelaciones
sorprendentes. Es que, sostener
que todas las manifestaciones
son de orden espírita y suponer
que las comunicaciones deberían
ser atribuidas únicamente a la
manifestación de los espíritus,
equivaldría a cometer el mismo
error que los científicos que
afirman lo contrario.
La ciencia se aproximaba así
a este fenómeno con duda y
circunspección, pero iba a abordarlo
mal por estar mal preparada. El
espiritismo no necesita escalpelo ni microscopio; como
la astronomía, la etnología o la geología, el espiritismo es
una ciencia de observación. Además, para cambiar todo
fenómeno de observación potencialmente influenciable
y que genere una posible alucinación, las herramientas
científicas de medida han reemplazado los medios
naturales de percepción. Para probar objetivamente las
posibilidades espíritas se han utilizado herramientas como
balanzas para registrar el peso del cuerpo del médium,
moldes de parafina para condensar una manifestación
tangible o fotografías para capturar el espíritu apenas
visible. Nacía otra ciencia y sin embargo, pocos seguían
esta idea y muchos sin haberla practicado la despreciaban
al punto de expresar opiniones y teorías sin haber buscado
nunca ninguna observación en presencia de un médium.
A fines del siglo XIX, Sir William Crookes decía: “Yo no
digo que eso es posible sino que es”. La razón principal
por la que la ciencia en su mayoría no se ha atrevido a
avanzar en el estudio de los fenómenos se basa en primer
lugar en un valor fundamental que es la valentía moral.
Esta facultad tiene la desventaja cierta de hacer pasar
la causa por la que se lucha por delante del ego. Para
la mayoría, el temor al ridículo ha ocultado el proceso
puramente científico. La inconstancia del fenómeno
y el problema de la incomprensión de su mecanismo
desanimaron a muchos que no querían ser el hazmerreír
de una eventual superchería. Evidentemente, los
charlatanes siempre se han nutrido de la credulidad de
una naturaleza humana a veces demasiado entusiasta y
fácilmente crédula. Pero, ¿no hay charlatanes en todos
los campos? Algunos, sin que por ello asistan a sesiones
de espiritismo, han preferido trabajar por analogía.
Estudiaron la mediumnidad en su laboratorio con casos
que se parecen, de cerca o de lejos, al comportamiento
de los médiums, es el caso, entre otros, de los histéricos.
Solamente si hay una ciencia en el espiritismo, si hay
una ley fundamental, ésta es de orden espiritual y los
protocolos materialistas difieren profundamente.
La señora d’Esperance da en su libro Al país de las sombras
su opinión respecto a tal actitud:
No critico a los anti-espiritualistas… pero critico al
hombre que rechaza una cosa que le es incomprensible
porque no ha tenido ninguna experiencia personal.
Encuentro arrogante y presuntuoso al hombre que, sin
tener experiencia ni conocimiento respecto a un asunto,
duda de aquellos que han invertido mucho tiempo en
cuidadosas investigaciones y en experimentos, cualquiera
que haya sido el objetivo
”.

LA MÉDIUM ELISABETH D’ESPERANCE
Ciertos científicos como Crookes, Aksakoff, Zöllner…
participaron en el estudio de los fenómenos espíritas. Para
hacerlo fueron al encuentro de los intermediarios del más
allá: los médiums. El miramiento nunca ha sido de rigor
para con los sensitivos, nada debía dejar lugar a la duda.
El doctor Gibier recordaba en su libro El espiritismo, la
forma en que fueron maltratadas, psíquica y físicamente,
las hermanas Fox por comisiones que se comportaban
ofensivamente hacia ellas. Sin embargo, fue en esas
condiciones que fueron tratados los primeros médiums,
sin medir todos los riesgos que eso podía tener sobre su
equilibrio psíquico y físico. Todavía hoy, la mediumnidad
es una circunstancia espiritual particular que exige una
atención y una vigilancia de primer orden. He aquí, con
ese propósito, un extracto de mensaje que aporta una
precisión en cuanto a la naturaleza mediúmnica:
“…El médium es un sujeto sensible, por lo general
particularmente nervioso, a menudo con la consciencia
exacerbada. Su vitalidad no es grande. Su energía física es
poco importante, lo que le permite liberarse más fácilmente
que otros del estado carnal, del estado de materia. Sí, queridos
amigos, los médiums son sujetos de gran fragilidad…”

Entre tantos médiums que han asumido esta dura tarea
está la señora d’Esperance. Ella conoció a los espíritus a la
edad en que las niñas juegan con muñecas. Deambulando
por las habitaciones, tejiendo en los rincones de la
casa, un mundo invisible se convirtió muy pronto en la
cotidianidad de esta pequeña; rápidamente, su entorno
condenó las incesantes observaciones de una niña sincera
que decía solamente lo que veía. Era entonces por miedo,
no a los espíritus sino a los hombres, que Elisabeth
callaba lo que veía, haciéndola caer en un mutismo que
se volvería desequilibrante para ella. Emprendió entonces
una lucha contra dos mundos; por un lado, ocupaba su
tiempo hasta agotarse para huir de ese diablo de quien se
le había hablado, de ese mundo que se le aseguraba que
sólo existía en su cabeza. Por otra parte, luchaba también
para no mostrar lo que seguía viendo, ese universo de la
sombra, esa vida invisible incesante y omnipresente. Así,
hacia los 14 años, era una niña de un carácter anémico,
cansada por el exceso de energía empleada en parecer
una niña como las demás. Paradójicamente, buscando la
normalidad se convirtió en la niña de lo extraño, lívida y
nerviosa que necesitaba ocuparse lo más rápido posible
para devolverle los colores de la vida. Pero sus facultades
seguían haciéndole ver otras cosas, como la visión de
barcos fantasmas o hacer cosas increíbles como redactar
una disertación de naturaleza tan profunda que trastornó
al cuerpo docente que debió resignarse ante la exactitud
de los rasgos grafológicos de la escritura de la niña.

LAS MESAS GIRANTES
Pasó una adolescencia más bien alejada de los fenómenos
para encontrarse muy pronto en su vida de joven adulta
junto a la mesa de los espíritas. E. d’Esperance nunca había
hecho la conexión entre lo que veía y las manifestaciones
de los espíritus que se desarrollaban en las sesiones. Sus
primeras participaciones fueron pues las de una incrédula
que deseaba identificar rápidamente, cuando mucho, la
intervención del fluido de un magnetizador. Pero, tuvo que
admitir muy pronto que los fenómenos eran inteligentes,
que las mesas giraban, volaban y respondían preguntas.

LOS ESPÍRITUS MISTIFICADORES
Durante algún tiempo, las reuniones a horas fijas reunían
así a jóvenes espíritas inexpertos, cuyo único interés
era vivir manifestaciones sorprendentes, las preguntas
eran de orden personal y aparte de algunas anécdotas,
las respuestas de los espíritus eran las más de las veces
engañosas. Así falsos tesoros y falsas revelaciones hacían
girar en redondo a la crédula asamblea. Progresivamente
aquellos novicios del espiritismo se daban cuenta de
la presencia de espíritus mistificadores. Al respecto,
poca gente comprendía aún que la calidad de los
pensamientos de los participantes era determinante
para la calidad de las presencias de los espíritus. A las
actitudes ligeras se vinculaban espíritus ligeros. Fue
sólo en el transcurso de las experiencias que hicieron su
aparición ciertos espíritus más serios que otros, incluso
más instruidos, como el de Stafford.

PRIMERAS EXPERIENCIAS DE SONAMBULISMO
Como en todo grupo espírita de la época, E.
d’Esperance vivió múltiples experiencias entre ellas la
del sonambulismo magnético. El magnetizador pasó
sus manos sobre los ojos de los espíritas sentados en
círculo, para favorecer una eventual visión. No hizo falta
más para que E. d’Esperance se encontrara sumergida
en el pasado, reviviendo una experiencia de doce años
atrás de uno de los miembros del círculo. El asombro
ante de la veracidad de los hechos hizo entrever lo
posible de sus capacidades. A partir de ese momento,
esos fantasmas que ella rechazaba por temor al juicio,
por temor a adquirir una locura cualquiera como se
le atribuía, sí todo era cierto. Liberada finalmente de
sus culpabilidades de la infancia, tuvo el cuidado de
instruirse para comprender el espiritismo. Descubrió allí
tanto el bien como el mal pues, toda cosa buena puede
tener su contraria y muchas obras espíritas no estaban
hechas para tranquilizar a los neófitos en este campo.
Autores como Andrew Jackson Davis y Robert Dale
Owen sirvieron para su instrucción espírita.

LA ESCRITURA AUTOMÁTICA
Rápidamente E. d’Esperance fue considerada como
la médium del grupo. Buscando otro medio de
recepción diferente a los golpecitos, las comunicaciones
evolucionaron luego hacia la escritura automática. La
mediumnidad automática se caracteriza por la pasividad
absoluta del médium durante la comunicación. El
espíritu que se manifiesta actúa indirectamente sobre la
mano, por los nervios que corresponden; le da a ésta un
impulso completamente independiente de la voluntad
del médium; sigue así sin interrupción, por tanto
tiempo como el espíritu tenga algo que decir y sólo
se detiene cuando ha terminado. Los movimientos de
la persona que recibe la comunicación son puramente
automáticos. Los médiums pueden sostener una
conversación mientras su mano escribe maquinalmente.
En ese caso la inconsciencia constituye la mediumnidad
mecánica o pasiva, y no puede dejar ninguna duda
sobre la independencia del pensamiento del que escribe.
Cada escritura posee su forma caligráfica y los sujetos
tratados tienen toda su individualidad. He aquí el
testimonio de E. d’Esperance referente a lo que sintió de
la manifestación la primera vez:
Cuando llegó mi turno, observé en primer lugar toques,
picor y una sensación dolorosa en el brazo tal y como puede
sentirse cuando se golpea el codo; luego experimenté
una sensación de adormecimiento que se propagó hasta
el extremo de mis dedos. Mi mano se puso toda fría e
inerte; podía pellizcarla y morderla sin sentir ningún dolor.
Algunos momentos después, comenzó a moverse lenta y
laboriosamente, imitando los movimientos de la escritura
”.
La particularidad de E. d’Esperance era que no estaba
nunca inconsciente durante las recepciones mediúmnicas:
“Llenaba rápidamente páginas enteras de caracteres claros
y bien formados, mientras nosotros charlábamos

LOS CIENTÍFICOS Y EL ESPIRITISMO
El Sr. Barkas, un erudito de las ciencias y las artes, era
reconocido como una celebridad de su tiempo y decidió
unirse a la intimidad de este grupo espírita. Era en su época
lo que los conferencistas de hoy, que trataba diversos
asuntos como electricidad o biología, organizador de
exposiciones de arte; filántropo le encantaba enseñar. En
cada evento llenaba la sala. Barkas ya era espírita pero
buscaba algo nuevo. Fue durante una tarde de sesión
en plena discusión sobre los temas de sus próximas
intervenciones públicas que la mano de la Sra. d’Esperance
se puso a escribir. Se manifestó el espíritu Stafford. Él era
uno de los principales espíritus que venían con frecuencia
y deseaba elevar las discusiones por medio del grupo.
Se dirigió a Barkas y solicitó algunas precisiones sobre
los próximos temas de las conferencias. Stafford indicó
entonces experimentos a realizar en electricidad antes de
las próximas conferencias de Barkas para corregir algunas
falsas ideas en este campo. Muchas veces Barkas se
encontró en jaque frente al espíritu Stafford; a su lado la
Sra. d’Esperance, que tenía la particularidad de permanecer
despierta durante las sesiones, no seguía por mucho
tiempo aquellas discusiones que se volvían demasiado
técnicas. Más tarde Barkas hizo venir colegas curiosos por
estas manifestaciones inteligentes. Se hicieron preguntas
a cual más compleja sobre los temas. Así, temas como la
acústica, la armonía y los sonidos fueron discutidos entre
el espíritu Stafford y el grupo científico.
Para ilustrar la calidad de los intercambios, he aquí un
ejemplo de entrevista entre Stafford y los científicos en
ocasión del estudio sobre el sonido:
P - ¿Por qué dos sonidos idénticos pueden dar silencio,
mientras que dos sonidos no idénticos no producen este
resultado?
R. - Porque al encontrarse dos ondas sonoras idénticas y de
sentidos opuestos, anulan recíprocamente su movimiento
vibratorio. Tomad en cada mano un diapasón igual,
percutid estos diapasones con una fuerza igual y apoyad
las varillas en las esquinas de una mesa; veréis entonces
las dos ondas, caminando una hacia la otra, absorberse
recíprocamente por sus vértices. Estos experimentos bien
merecen ser hechos.
P. - ¿Podéis decirme cómo es posible calcular la relación
que une entre sí los redobles específicos del aire, tomados
bajo un volumen constante y bajo una presión constante,
según la velocidad del sonido y de la luz, observada por
medio de la fórmula de Newton?
R. - Esta relación no puede ser calculada sino de la siguiente
manera: supongamos que se percuten simultáneamente
dos cuerdas o dos diapasones; si la intensidad del sonido
es la misma o aproximadamente la misma para los dos, los
redobles se producirán en la forma siguiente, admitiendo
que el número de vibraciones sea por una parte de 228, y
por otra de 220 por segundo, el número de redobles que
alcanzará el oído será de 228-220 = 8 por segundo. Eso
dará 8 redobles por segundo; es el máximo número de
redobles que puede llegar al oído.
¿Cómo considerar siquiera la idea de que un médium
de instrucción media pueda en un instante dar estas
informaciones?

EL MÉDIUM Y LA HISTERIA
Para muchos científicos, los médiums eran considerados
como histéricos. La histeria es una enfermedad que
produce un comportamiento más ininteligible que
profesoral. Sin embargo, en ese período, los estudios de los
científicos Janet y Binet querían demostrar lo contrario.
En efecto, en sus estudios sobre esta enfermedad,
obtenían toscamente ciertos parecidos con rasgos de
la mediumnidad. Uno de los parecidos con la escritura
automática era la célebre “garra del diablo” que volvía
un miembro completamente independiente del resto del
cuerpo del enfermo. Se creía reproducir el principio de
la escritura automática insuflando bajo hipnosis fuertes
sugestiones al histérico y apoyándose en esa particularidad
que es la garra del diablo. Así, como en muchas teorías,
prevalecía el principio de analogía y todos los médiums
se convertían en histéricos. Pero entre el estudio y la
evolución del conocimiento de esa enfermedad, muy
pronto se reconoció la evidencia de la imposibilidad de
la relación entre histéricos y médiums entre los cuales he
aquí los principales puntos de divergencia:
- En los histéricos, la salud general está seriamente
perturbada; los fenómenos subconscientes no se
desarrollan en forma de escritura sino después de una
educación bastante larga. La escritura no relata sino
hechos conocidos por el sujeto, y el contenido no es
sensiblemente superior a su capacidad intelectual. El
histérico nunca sabe lo que escribe. Es una operación
involuntaria e inconsciente. Finalmente, nunca se han
podido conseguir estos fenómenos con hombres.
En los médiums, la salud es normal. Generalmente no se
comprueba ninguna anestesia ni pérdida de recuerdos;
la inteligencia no es alcanzada para nada, y hasta la
facultad cesa durante una enfermedad, lo contrario
de lo que sucede con los histéricos. Los fenómenos
de la escritura se producen espontáneamente y sin
sugestiones verbales o táctiles. Generalmente no hay
ninguna influencia electiva por parte de los asistentes,
ni necesidad de relación magnética alguna; el médium
sabe lo que escribe, su movimiento es involuntario pero
consciente; se consiguen indiferentemente mensajes
escritos por mujeres y por hombres. Con frecuencia, los
médiums dan, por medio de la escritura, informaciones
que les son desconocidas igual que de los asistentes,
y que luego se comprueba que son exactas. Es preciso
reconocer la evidencia de que la Sra. d’Esperance no
estaba ni histérica ni hipnotizada y que no se podía
haber hecho ninguna sugestión sin que ella lo supiera.

EL MÉDIUM Y LA LECTURA DEL PENSAMIENTO
Otros asumían la tesis de lectura de pensamiento,
principio psíquico que permite al médium leer en el
cerebro de una persona sin que ésta lo sepa. Sin embargo,
Barkas presente en esas sesiones, habla en estos términos:
“¿Me pedís que indique las preguntas a las cuales ni yo,
ni ninguno de los asistentes hubiera podido contestar? En
la primera de las sesiones dedicadas a la música, ninguna
de las personas presentes era capaz de dar una respuesta
sensata. Nadie hubiera podido responder tampoco a
las preguntas sobre química, anatomía, sobre las que
se referían al ojo, al oído a la circulación de la sangre, al
cerebro, al sistema nervioso y muchas otras relacionadas
con las ciencias físicas. Salvo el Sr. Bell que tenía algunas
nociones de química práctica, pero que no se expresaba
fácilmente, y yo que conocía los principios elementales
de la física, las personas que asistían a las sesiones eran
absolutamente profanos en estas materias”.

EL CONOCIMIENTO DEL MÉDIUM
¿Podría ser que las preguntas y respuestas fueran
conocidas por el médium? El testimonio de Barkas da
cuenta de lo contrario:
“Durante toda la duración de las sesiones, el médium
parecía estar en su estado normal. Esta dama charlaba
todo el tiempo con nosotros y respondía con un aspecto
completamente natural cuando se le dirigía la palabra
en materia de simple conversación. La influencia oculta
que la dominaba sólo se manifestaba en el movimiento
automático de la mano. Doy testimonio de que yo mismo he
concebido y planteado la mayoría de las preguntas, y que
por consiguiente el médium no podía tener conocimiento
de ellas por adelantado; aparte de yo mismo, nadie de
la asistencia conocía su contenido; con frecuencia las
preguntas eran hechas sin premeditación, y las respuestas
las escribía la médium ante nuestros ojos; le hubiera sido
materialmente imposible proveerse por adelantado de
cualquier información respecto a las respuestas a ser
dadas. Añadiré que ella nunca ha recibido un penique de
remuneración por todas las horas —un centenar por lo
menos— que ha dedicado con tanto desinterés al estudio
de sus notables fenómenos medianímicos”.

LA TELEPATÍA
Lo que diferencia la lectura de pensamiento de la telepatía,
es la connivencia de los individuos que practican esta
última facultad. Pero la telepatía no funciona de manera
perfecta en la medida en que generalmente no induce
más que reacciones semejantes pero no auténticas. Ello
se traduce en imágenes o sensaciones. Siendo necesarias
respuestas científicas que son precisas, no bastarían
entonces simples sensaciones.

TESTIMONIO DEL PROFESOR AKSAKOFF
Finalmente Barkas quiso valorar el grado de conocimiento
del espíritu Stafford. ¿Habría un científico contemporáneo
capaz de suministrar la misma calidad de conocimiento?
Entonces, Barkas se dirigió a Aksakoff, eminente científico
abierto a los estudios espíritas que respondió así:
“Señor, usted me pregunta en primer lugar si yo mismo
podría responder de un modo tan preciso como lo ha
hecho el médium a las preguntas de física que le he
planteado; y luego desea saber más allá de qué punto
las respuestas recibidas por intervención del médium ya
no deberían ser consideradas como un efecto de lectura
cerebral. En lo que respecta a la física, debo decir que
hubiera podido responder a cierto número de preguntas
propuestas al médium, pero menos bien de lo que él lo ha
hecho; tratándose de ciertas especialidades, yo no hubiera
tenido recursos, en este momento, ni una fraseología tan
técnica y tan precisa; esto se refiere más particularmente
a la descripción del cerebro y la estructura del sistema
nervioso, la circulación de la sangre, la estructura y el
funcionamiento de los órganos de la vista y del oído.
Las respuestas recibidas por el médium estaban, en
general, notablemente por encima de mis conocimientos
científicos de entonces, y son superiores a las que podría
dar hoy —es decir después de doce años— si debiera
escribirlas sin prepararme de antemano”.

Así, sin duda alguna, las respuestas aportadas no eran
del nivel ni del médium ni de la asamblea espírita, y ni
del conocimiento científico de esa época. No obstante,
es sorprendente escuchar a un científico decir que el
conocimiento actual no le permite responder a preguntas
a las cuales el espíritu ha respondido espontáneamente.
¿Los espíritus estudiarán en el más allá? ¿Su conocimiento
sobrepasará al de los más grandes científicos?
He aquí un extracto de mensaje de Max Planck de 1986,
recibido en sueño magnético:
“Es el espíritu Max Planck. Está muy cerca de mí. Me saluda.
Me señala con el dedo un grupo un poco más atrás. Son
espíritus investigadores. Se les podría llamar los físicos del
más allá. Todos han trabajado en física en la tierra y ahora
la siguen trabajando en el mundo de los espíritus”.
Los espíritus trabajan en el más allá y tratan de
intercambiar su saber con el mundo de los encarnados, el
espíritu Pierre Michaut viene a confirmar este hecho en
un mensaje de 1986:
“Todos estamos a nuestro nivel y en campos muy
diferentes de inventores. Desgraciadamente lamentamos
la falta de comunicación entre nuestro mundo y el
vuestro. Sería necesario que nuestros dos mundos se
interpenetraran sin cesar. Sería una gran riqueza para los
hombres y sobre todo una fuente de avance. Queremos
llevar todos nuestros pensamientos, todo nuestro saber a
los investigadores en la tierra. Queremos facilitar vuestra
cotidianidad…”
Luego, por razones de salud inherentes a la naturaleza
mediúmnica de la Sra. d’Esperance, las sesiones llegaron
a su fin. Un poco más tarde, Barkas dio cuenta de sus
trabajos espíritas y dio una conferencia pública sobre
el tema: “Respuestas extraordinarias a preguntas
sobre asuntos científicos, dadas por una joven mujer
de educación muy común”. A la muerte de Barkas, se
envió el conjunto de notas tomadas por su encargo a
la Sra. d’Esperance, pidiéndole que no llevara nada al
gran público. La cuestión del espiritismo ha sido tratada
de diferentes maneras por los eruditos, por los que se
han tomado el trabajo de examinar las cosas de cerca y
no se han dejado desalentar desde el comienzo de sus
investigaciones, al contrario de los que no ha abordado
el estudio de los fenómenos en cuestión sino con ideas
preconcebidas. Estos últimos que se han mantenido en
experiencias poco satisfactorias y se han contentado
con tomar de otros una opinión conforme a sus propias
ideas, y a ellos, debemos pedirles cuenta de su actitud;
si eran falsos, había que desenmascarar su falsedad
mediante demostraciones serias y no mantenerse
cerca de ellas. Entonces, aquellos que revestidos de
un carácter científico, han venido a decirnos que estos
hechos no existían, son culpables de leso progreso y
promotores del oscurantismo.
Elisabeth d’Esperance, como tantos otros médiums que
han muerto en el olvido y la negación, ha sufrido por
la causa de lo absoluto. La ciencia se ha alimentado de
sacrificios humanos, pero la verdad es a menudo difícil
de admitir cuando pone en duda un conocimiento que
ha fomentado el orgullo y perfilado los títulos. Hoy
esperan ser exhumados los trabajos de investigación
impulsados por científicos como Russel Wallace,
Aksakoff, Lodge, Edison y tantos otros. Todavía hoy,
pocos saben lo que estos hombres lograron conseguir
como pruebas, pruebas mucho más elocuentes aún
que las que impulsaron a los Copérnico, Galileo y
Kepler a la hipótesis heliocéntrica. Hoy, no es ni a los
médiums ni a los científicos a los que ya no nos falta
el valor moral de hombres y mujeres impulsados por
la voluntad de conseguir una sola cosa: la verdad en
provecho de la humanidad.
Alexandre Aksakoff

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