"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 2 de mayo de 2012






LA REENCARNACIÓN Y SU CONSECUENCIA: PROGRESAR por ISABELLE CHEVALIER D O S S I E R LE JOURNAL SPIRITE N° 79 ENERO 2010


¿Cómo definiríais la evolución?
               
La evolución es un fenómeno que tiene el carácter de la
lentitud y de la dificultad. La evolución es un parto difícil y
doloroso de la conciencia divina. Para alcanzar ese estado,
para alcanzar esa conciencia, todo el camino, también
largo y difícil, está salpicado de numerosas trampas, tanto
en el estado encarnado como en el desencarnado, tanto
en la Tierra como en el más allá del mundo de los espíritus.
Extracto de El Nuevo Libro de los Espíritus.

Principio determinante de la filosofía espírita, la
reencarnación tiene su fuente en la teoría de las vidas
sucesivas que se encuentra en todas las civilizaciones y en
muchas religiones. Este concepto, definido en el siglo XIX
bajo la palabra “reencarnación”, es una de las tres piedras
angulares del espiritismo junto con la existencia de Dios
y la comunicación post-mortem. Para comprender el
desarrollo evolutivo del espíritu, Allan Kardec se rindió
ante la evidencia de que necesitaba profundizar su
realidad, su proceso, su objetivo y su finalidad. Es lo que
vamos a intentar reconstruir retomando paso a paso la
historia del concepto de la reencarnación a través los
milenios y especialmente de los dos últimos siglos desde
la codificación del espiritismo hasta hoy.

LA TEORÍA DE LAS VIDAS SUCESIVAS A TRAVÉS DEL
MUNDO Y LOS MILENIOS
El concepto de las vidas sucesivas tiene sus orígenes
en varios pueblos diferentes, partidarios de conceptos
sociales más o menos semejantes pero que tienen todos
un  punto en común: la presencia de lo inmaterial que
evoluciona a través de los seres vivos. El principio del
renacimiento de las almas está presente desde hace más
de 5.000 años en los textos dejados en herencia a las
generaciones futuras. Desde los jeroglíficos egipcios hasta
las tesis filosóficas de la antigüedad, la reencarnación se
ha impuesto como concepto ineludible en respuesta a las
preguntas recurrentes de los filósofos: ¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? La teoría de las
vidas sucesivas ha tomado cuerpo gracias a múltiples
hipótesis y definiciones filosóficas; así Pitágoras (580-497
a.C.) formulaba la teoría de la multiplicidad de las vidas
evolutivas, la de la unicidad de Dios y de la pluralidad de
los mundos. Sócrates (469-399 a.C.) profetizaba: “Los
vivos nacen sólo de los muertos”, lo que significaba que
los recién nacidos son las almas que han tomado un traje
nuevo, después de haber dejado el usado. Platón (427-
347 a.C.) afirmaba: “El alma es más vieja que el cuerpo y
las almas renacen sin cesar para regresar a la vida actual”.
Tomaba su fuente de inspiración de la mirada que fijaba
en la naturaleza donde veía a la vida suceder a la muerte,
ciclo universal regulado por las estaciones. Para Plotino,
filósofo egipcio (205-270 d.C.) la evolución del principio
inteligente se realizaba paulatinamente gracias a las vidas
sucesivas para alcanzar el punto Omega que es Dios.
Ovidio, filósofo romano (43 a.C.-17 d.C.) evocaba la idea
de la pluralidad de los mundos y del acceso a mundos
superiores para las almas purificadas, mientras que Virgilio,
otro filósofo romano (70-19 a.C.) creía en la necesidad de
un retorno a la carne, después de un paso por el mundo
del éter, para seguir aprendiendo. Los galos, nuestros
antepasados, practicaban la religión de los druidas y creían
en la unidad de Dios y en las vidas sucesivas.
En Judea, la pluralidad de existencias es evocada de
manera velada, se habla de resurrección de los cuerpos
mientras que la idea de la pluralidad de las vidas sigue
siendo una teoría secreta compartida por las elites
hebreas que tienen acceso a los libros sagrados. El Talmud
(selección de derecho civil y religioso) dice: “El alma de
Abel pasó al cuerpo de Seth y de allí al de Moisés”. El Zohar
(colección de comentarios sobre la Torá, ley de Moisés
fundador del Judaísmo) indica textualmente: “Todas las
almas son sometidas a las pruebas de la reencarnación”.
Leyendo la Biblia se puede constatar que se multiplican
los actos de fe en la reencarnación. Elías se identifica con
Juan Bautista. Antes del nacimiento de Juan Bautista, el
profeta Zacarías proclamó: “Vivirá en el espíritu de Elías”. Es
Jesús quien más aportará al concepto de la reencarnación
y la vida futura afirmando esto: “En verdad, en verdad,
os digo, es Elías mismo. En verdad os digo, entre los hijos
de mujer, no se ha levantado uno más grande que Juan
Bautista y si queréis comprender: es el mismo Elías que
había de venir”. Entonces para él, Juan el Bautista era
sin lugar a dudas el profeta Elías reencarnado. Juan cita
otra afirmación de Jesús aún más explícita: “En verdad, en
verdad”, dice Jesús a Nicodemo, “te digo: ¡nadie puede ver
el reino de Dios, a menos que nazca de nuevo!”. Nicodemo,
fariseo defensor de Moisés, que parecía querer probar a
Jesús le dijo: “¿Cómo puede nacer un hombre cuando es
viejo?” Jesús le respondió: “¿Cómo, tú que eres maestro
en Israel, puedes desconocer estas cosas? A menos que
renazca de agua y espíritu, nadie puede entrar en el reino
de Dios”. De agua y espíritu… Alusión, al parecer, al líquido
amniótico en el cual flota el embrión en el vientre de su
madre hasta el nacimiento. Indudablemente, a imagen
de Jesús, los primeros cristianos eran reencarnacionistas.
En Oriente, muchas religiones han incluido la teoría
de la reencarnación en sus creencias, especialmente
el hinduismo, el jainismo y el budismo. Durante cerca
de cinco siglos, el Cristianismo llamado “Cristianismo
antiguo” admitía esta idea y se pronunciaba en favor de
la existencia de las vidas futuras. Orígenes, uno de los
primeros Padres de la Iglesia (185-253 d.C. nacido en
Alejandría) suscribía también esta noción. Hablaba de la
preexistencia y de la supervivencia de las almas en otros
cuerpos para progresar con cada encarnación. Gregorio
de Nicea (nacido en Turquía, 331-394 d.C.) otro Padre de
la Iglesia, pensaba que era necesario regresar a la carne,
numerosas veces, para sanar y purificar su alma, pues
ésta estaba lejos de la perfección. Estas doctrinas no
podían convenir a los altos dignatarios de la Iglesia que
veía en estas afirmaciones demasiada libertad para el
alma humana para volver al Padre. Esta tesis invalidaba
completamente los dogmas del Juicio Final y los castigos
eternos. Para hablar con propiedad, el concepto de
reencarnación fue voluntariamente censurado y declarado
herético por razones políticas a partir de 553, durante el
Concilio de Constantinopla. Desde el siglo VI en Occidente,
los principios de la reencarnación hicieron referencia a la
resurrección de la carne más que a la supervivencia del
alma y cualquiera que afirmara lo contrario era víctima
de anatema. Añadamos a nuestro estudio el Islam que, a
través del Alcorán, trata claramente de la reencarnación
en este pasaje: “Y Alá os ha hecho crecer como un brote
de la tierra, y luego, os vuelve a enviar, luego os hará nacer
de nuevo, una nueva venida al mundo”. Durante la época
de la Edad Media, predominó el oscurantismo. La doctrina
de las vidas sucesivas fue combatida fuertemente
por la Iglesia y sus representantes más extremos, los
Inquisidores. Finalmente, la vuelta al mundo no estaría
completa si omitiéramos señalar que el principio de las
vidas sucesivas estuvo igualmente difundido en ciertas
comarcas de América del Norte y del Sur, en la época de
los incas, de los mayas y de los aztecas, y todavía hoy, en
ciertos pueblos de la Amazonia y del Gran Norte, como
los esquimales.
De los tiempos modernos hasta hoy
Los tiempos modernos se extienden desde el siglo XV
al XVIII, durante los cuales triunfaron los valores de la
modernidad (el progreso, la comunicación, la razón)
mientras que el período anterior, la Edad Media, se
considera tradicionalmente como una época oscura. El
período moderno incluye el “Siglo de las Luces 1715-
1815”, siglo que toma su nombre del movimiento
intelectual, cultural y científico que marcó la Europa de
una nueva era. Francia vio emerger los filósofos de las
luces tales como Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Diderot
y d’Alembert que contribuyeron a dar al mundo una visión
más moderna y tolerante.
De 1564 a 1850, el concepto de reencarnación sufrió
sucesivamente un período de negativa, un período de
hipótesis y un período de estudio para asentar una definición
común a todas las civilizaciones. Desde 1564, la teoría de
las vidas sucesivas evolutivas del alma fue desviada de su
significado para tomar prestadas dos teorías principales
diferentes: la “trasmigración” y la “metempsicosis”. Uno
se da cuenta de que no se trata exactamente de la misma
cosa. La “trasmigración” significa que la misma alma va a
animar sucesivamente seres muy distintos mientras que
la “metempsicosis” calcada sobre el término griego, se
emplea sobre todo para la encarnación del alma de un
hombre en el cuerpo de un animal. Por mucho tiempo
fue el término más antiguo y más utilizado y muy pronto
todos estos vocablos adquirieron un significado negativo
o ridículo. En Occidente, se ha llegado a la solución más
simple: “Se tiene sólo una vida, se muere sólo una vez”. El
fin de los tiempos modernos en Francia estuvo marcado
por la Revolución Francesa en pro de un nuevo período
llamado “contemporáneo” que perdura todavía hoy. Los
conceptos de la vida después de la muerte y de las vidas
sucesivas evolutivas (la palingenesia) encuentran cada vez
más eco en los salones de la burguesía francesa y en los
textos de los escritores, especialmente con alusiones de
Victor Hugo, Alexandre Dumas u Honorato de Balzac. El
concepto de las vidas sucesivas persiste a través de los
siglos, y para salir de una noción peyorativa, a mediados
del siglo XIX aparece la palabra “reencarnación”. Se creó
para sustituir a la metempsicosis-castigo una concepción
positiva de la evolución humana, tal y como se encuentra
en diversos autores como Charles Fourier, Jean Reynaud,
Pierre Leroux, George Sand o Allan Kardec. En adelante, se
hablará sobre todo de reencarnaciones sucesivas en las
vidas humanas.
En 1982 en los U.S.A., un sondeo reveló que el 25% de
los norteamericanos cree en la reencarnación. En Gran
Bretaña, del 18% en 1972, se pasó al 28% en 1982.
Según un sondeo de 1990, 24% de los franceses cree
en la reencarnación, de los cuales el 34% son católicos
practicantes regulares (fuente: Les Valeurs des Français, PUF
1994). Que un tercio de los católicos practicantes regulares
(también el 32% de los polacos) crea en la reencarnación
en contra de la doctrina oficial es simplemente dejarnos
perplejos y nos hace lamentar no tener el porcentaje para
el clero católico.

PROCESO, METAS Y FINALIDAD
DE LA REENCARNACIÓN

Nacer, morir, volver a renacer y progresar sin cesar, tal es la
Ley (Allan Kardec)
Fue en 1857 cuando Allan Kardec publicó El Libro de los
Espíritus en el cual exponía todas las razones filosóficas que
le llevaron a admitir la teoría de las vidas sucesivas, y es a
él, principalmente, que se debe la propagación de esta gran
idea en los países de lengua latina. Recogeremos ahora el
avance de este punto de vista espírita apoyándonos en los
estudios adelantados por Allan Kardec en su tiempo con
El Libro de los Espíritus y en los de hoy, con El Nuevo Libro
de los Espíritus de Karine Chateigner. Antes de catalogar
las preguntas que explican los fundamentos de nuestra
génesis, debemos incluir rápidamente su proceso. Es en
el libro La Génesis, los milagros y las predicciones de Allan
Kardec que tenemos nuestras primeras respuestas en
cuanto a nuestro origen espiritual y el proceso anímico
que une el todo, revelando la existencia del periespíritu.
“Siendo la materia el objeto de trabajo del espíritu para
el desarrollo de sus facultades, era necesario que pudiera
actuar sobre ella, convirtiéndose a la vez en el fin y el
instrumento del trabajo. El cuerpo es, pues, al mismo
tiempo la envoltura y el instrumento del espíritu, y en la
medida en que éste adquiere nuevas aptitudes, se reviste
de una envoltura apropiada al nuevo género de trabajo que
debe cumplir. Para ser más exactos, es preciso decir que es
el espíritu mismo el que forma su envoltura y la ajusta a sus
nuevas necesidades a medida que progresa: la perfecciona,
desarrolla y completa el organismo a medida que
experimenta la necesidad de manifestar nuevas facultades;
en una palabra, la pone a la altura de su inteligencia. El
espíritu, por su esencia espiritual, es un ser indefinido,
abstracto que no puede tener una acción directa sobre la
materia; necesitaba un intermediario. Ese intermediario
está en la envoltura fluídica que es, en cierta forma, parte
integrante del espíritu, envoltura semi-material, es decir
que tiene de la materia por su origen y de la espiritualidad
por su naturaleza etérea; como toda materia, es extraída
del fluido cósmico universal, que en esta circunstancia sufre
una modificación especial. Esta envoltura, denominada
periespíritu, de un ser abstracto, hace del espíritu un ser
concreto, definido, perceptible por el pensamiento; lo
vuelve apto para actuar sobre la materia tangible, así como
sobre todos los fluidos imponderables, que son, como se
sabe, los motores más poderosos. El fluido periespiritual es
pues el vínculo entre el espíritu y la materia”.
El principio de la reencarnación es una consecuencia
necesaria de la ley del progreso
Ahora que hemos aprehendido el proceso físico y la
implicación del espíritu que conduce a la palingenesia,
veamos las preguntas hechas a los espíritus y las respuestas
obtenidas en sesión en los siglos XIX y XX, que nos explican
y completan el objetivo y la finalidad de esta ley natural.
Este resumen de preguntas y respuestas agrupa cuatro
temas principales presentados con frecuencia por nuestro
público en conferencias o en nuestro foro Internet.

NUEVAS ENCARNACIONES
Libro de los Espíritus:
¿La reencarnación es entonces una necesidad de la
vida espírita, como la muerte es una necesidad de la
vida corporal? Seguramente, es así.
¿Todos los espíritus se preocupan por su reencarnación?
Los hay que ni siquiera piensan en ella, ni la
comprenden; eso depende de su naturaleza más o menos
avanzada.
¿El momento de la encarnación va acompañado por
una turbación semejante a la que tiene lugar a la
salida del cuerpo? Mucho más grande y sobre todo más
larga. En la muerte, el espíritu sale de la esclavitud; en el
nacimiento, vuelve a ella.
La incertidumbre en que se encuentra el espíritu sobre
la eventualidad del éxito de las pruebas que sufrirá en
la vida, ¿es para él una causa de ansiedad antes de su
encarnación? Una ansiedad muy grande, pues las pruebas
de su existencia lo retrasarán o lo adelantarán según las
soporte bien o mal.
¿En el momento de su reencarnación, el espíritu está
acompañado por otros espíritus de sus amigos que
vienen a asistir a su partida del mundo espírita, como
vienen a recibirlo cuando regresa? Eso depende de la
esfera en que habita el espíritu. Si está en las esferas donde
reina el afecto, los espíritus que lo quieren lo acompañan
hasta el último momento, la alientan, y con frecuencia
hasta lo siguen en la vida.
Los espíritus amigos que nos siguen en la vida, ¿son los
que vemos a veces en sueños, que nos muestran afecto,
y que se nos presentan con rasgos desconocidos? Muy
a menudo son ellos; vienen a visitaros, así como vosotros
vais a ver a un prisionero tras las rejas.

Nuevo Libro de los Espíritus:
¿Se elige la reencarnación? Es preciso hacer una
distinción entre los espíritus en turbación y los espíritus
conscientes. El hecho de un regreso consciente, de un
nacimiento consciente, sigue siendo la decisión esencial
del espíritu que reencarna dentro de la continuidad de su
evolución. El espíritu decide, y la encarnación no es un
hecho del azar. Le corresponderá entonces a ese espíritu,
de acuerdo con su anterioridad elegir el lugar donde la
evolución podrá desarrollarse lo mejor posible. El espíritu
regresará en el seno de una familia donde sabrá encontrar
el apoyo necesario para su evolución. La reencarnación
se opera bajo dos formas, reencarnación consciente o
reencarnación instintiva.
¿Qué diferencia estas dos formas? La reencarnación
consciente responde a un espíritu que desea el regreso
a la carne y que tiene la elección de ese regreso. La
reencarnación instintiva responde a un espíritu que no
reflexiona, que no domina su regreso al mundo físico,
lo cual quiere decir entonces que no elige, su estado
corresponde al estado de turbación.
¿Qué ocurre si el hombre no sigue el camino que se
había trazado?
Para estos hombres y mujeres, la vida se
vuelve banal, a veces angustiosa, a menudo triste y de vez
en cuando trágica al final.
¿Cómo ocurre la reencarnación de espíritus inconscientes,
de espíritus en turbación?
Dentro de la pesadez
espiritual, el espíritu vuelve a caer en la carne de manera
instintiva.
¿Cómo establece el espíritu consciente la elección de
su retorno?
En primer lugar, el espíritu está en contacto
con su guía. Está en contacto con su pasado, con el
conjunto de sus anterioridades. Para efectuar una elección
futura es importante entonces que sea completamente
protegido por el guía y por las entidades que rodean a ese
espíritu en lo invisible.
¿El espíritu está feliz con ese regreso? El espíritu
que reencarna es conducido progresivamente hasta las
puertas de la materia, antes de penetrar de nuevo en el
mundo físico. En general el espíritu está sereno, feliz por
ese retorno, pero cuando comienza el mecanismo del
regreso a la carne, entonces una nueva angustia empieza
a nacer en él.
¿A qué se debe esa angustia? El espíritu regresa
hacia la carne, llevado por su materia periespiritual. En
las cercanías de las vibraciones del mundo físico, este
vector registra entonces el conjunto de los datos de este
mundo. Y si se trata de un regreso al planeta Tierra, las
angustias que forman la carga esencial de este planeta
vienen a chocar contra el que, de regreso, espera avanzar.
Se asusta, se angustia.
¿El guía puede apaciguar esta angustia? El guía
siempre está allí, presente, cerca de él. Le habla, lo
tranquiliza, pero pronto las vibraciones físicas son tales
que el espíritu no escucha más las palabras de su guía. Es
entonces el instante de la concepción.

VIDAS ANTERIORES

L.E.: ¿Por qué el espíritu encarnado pierde el recuerdo
de su pasado?
El hombre no puede ni debe saberlo todo;
Dios en su sabiduría lo quiere así. Sin el velo que le cubre
ciertas cosas, el hombre quedaría deslumbrado, como el
que pasa sin transición de la oscuridad a la luz.
¿Cómo puede el hombre ser responsable de acciones
y redimir faltas de las que no tiene recuerdo?

¿Cómo puede aprovechar la experiencia adquirida
en existencias caídas en el olvido?
En cada nueva
existencia, el hombre tiene más inteligencia y puede
distinguir mejor el bien y el mal. ¿Dónde estaría el
mérito, si recordara todo el pasado? Cuando el espíritu
llega al más allá, toda su vida pasada se desarrolla
delante de él; ve las faltas que ha cometido y que son
la causa de su sufrimiento, y lo que hubiera podido
impedir que las cometiera; comprende que la posición
que se le da es justa, y busca entonces la existencia que
pueda reparar la que acaba de terminar. Busca pruebas
análogas a estas por las que ha pasado o luchas que
cree apropiadas para su avance, y pide a los espíritus
que le son superiores que le ayuden en esta nueva tarea
que emprende. Pues sabe que el espíritu que le será
asignado como guía en esta nueva existencia tratará
de hacerle reparar sus faltas, dándole una especie de
intuición de las que ha cometido. Esa misma intuición
es el pensamiento, el deseo criminal que os llega a
veces y al cual resistís instintivamente, atribuyendo la
mayoría del tiempo vuestra resistencia a los principios
que habéis recibido de vuestros padres, mientras que
es la voz de la conciencia que os habla y esa voz es el
recuerdo del pasado, voz que os advierte de no volver
a caer en las faltas que ya habéis cometido. El espíritu
que ha entrado en esta nueva existencia, si sufre estas
pruebas con ánimo y resiste, se eleva y asciende en la
jerarquía de los espíritus, cuando regresa con ellos.
N.L.E.: ¿Qué influencia tienen nuestras vidas anteriores
si no las recordamos?
Con sus marcas en
vuestro carácter, vuestras vidas anteriores afirman aquí
o allá las tendencias, las afinidades, las aspiraciones, los
gustos particulares y diferentes. Vuestras vidas anteriores
han definido progresivamente vuestra naturaleza sentimental,
así como vuestra naturaleza intelectual.
¿Las aptitudes adquiridas en otras vidas permanecen
adquiridas?
Sí, permanecen adquiridas, pero sin embargo,
pueden desaparecer de una vida a otra, estar como en un
sueño, cuando el espíritu desea adquirir otras.

SEXUALIDAD

L.E: ¿Los espíritus tienen sexo?
No como lo entendéis,
pues los sexos dependen de la organización. Hay entre
ellos amor y simpatía, pero basados en la similitud de
sentimientos.
¿El espíritu que ha animado el cuerpo de un hombre
puede, en una nueva existencia, animar el de una
mujer y viceversa?
Sí, son los mismos espíritus que
animan a los hombres y las mujeres.
Cuando se es espíritu, ¿se prefiere ser encarnado en
el cuerpo de un hombre o de una mujer?
Eso importa
poco al espíritu. Depende de las pruebas que deba sufrir.
Comentarios de Allan Kardec: Los espíritus encarnan
hombres o mujeres, porque no tienen sexo; como deben
progresar en todo, cada sexo, como cada posición social,
les ofrece pruebas y deberes especiales y la ocasión de
adquirir experiencia. El que siempre fuera hombre no
sabría sino lo que saben los hombres.
El Nuevo Libro de los Espíritus retomando esta base de
reflexión, trae el siguiente complemento de información:
N.L.E.: ¿Se pasa sistemáticamente por los dos sexos?
En efecto, para que el espíritu encuentre su integridad, es
preciso que pase por experiencias sexuadas diferentes.
En cuanto al número, éste no tiene consecuencias, pues
a nivel espiritual no existe un término a la evolución,
de polaridad diferente. Una polaridad que, sin embargo,
puede dominar durante vuestra evolución en la Tierra
o en el más allá. Pero en verdad esa polaridad sólo
es provisional, simplemente necesaria para conocer
estados de conciencia y sentimientos diferentes. El día
en que el espíritu alcanza su paroxismo, el día en que el
espíritu alcanza su finalidad, ya no hay más dominación,
no hay más polaridad, no hay más sexualidad. Es
simplemente espíritu.
¿El hecho de haber vivido más vidas de mujeres
o de hombres influye en el comportamiento?
La
reencarnación está íntimamente vinculada al fenómeno
sexual. Tras de vosotros tenéis el pasado de vuestras
anterioridades y en vuestro estadio evolutivo existe
una dominante sexual, masculina o femenina. Es
entonces cuando para algunos se viven nuevas formas
de sexualidad. Sobre estas formas de sexualidad múltiple,
no haremos ningún juicio moral, sino precisamente
conocimiento y confianza, ayuda y amor. Qué importa
entonces la forma, si está regida por el amor.

LA FINALIDAD: LA PUREZA

L.E: ¿El número de existencias corporales es
limitado, o el espíritu reencarna a perpetuidad?

En cada nueva existencia, el espíritu da un paso en el
camino del progreso; cuando se ha despojado de todas
sus impurezas, ya no necesita las pruebas de la vida
corporal.
¿El número de encarnaciones es el mismo para
todos los espíritus?
No, el que avanza rápido evita
pruebas. Sin embargo, estas encarnaciones sucesivas
siempre son muy numerosas, pues el progreso es casi
infinito.
¿Nuestras diferentes existencias corporales se
cumplen todas en la tierra?
No, no todas, sino en
diferentes mundos: la de este mundo no es ni la primera
ni la última, y es una de las más materiales y alejadas
de la perfección.
En cada nueva existencia corporal, ¿el alma pasa
de un mundo a otro, o puede cumplir varias en el
mismo globo, especialmente en la Tierra? Puede
volver a vivir muchas veces en el mismo globo, si no
está bastante adelantada como para pasar a un mundo
superior.
¿Hay una ventaja en volver a vivir en la tierra?
Ninguna ventaja en particular, a menos que tenga una
misión; entonces avanza, allí como en otra parte.
¿No sería más feliz si se quedara como espíritu? No,
no: se quedaría estacionario, y se quiere avanzar hacia
Dios.
¿Hay mundos donde el espíritu, que no necesita
habitar un cuerpo material, no tiene más envoltura
que el periespíritu?
Sí, y esa envoltura se vuelve tan
etérea que para vosotros es como si no existiera; ese es
entonces el estado de los espíritus puros.
¿Parece resultar de allí que no hay una demarcación
absoluta entre el estado de las últimas encarnaciones
y el del espíritu puro?
Esa demarcación no
existe; la diferencia se borra poco a poco volviéndose
insensible como la noche que se desvanece ante las
primeras claridades del día.
¿En qué se convierte el espíritu después de su
última encarnación?
En espíritu bienaventurado; es
espíritu puro.
Las respuestas complementarias provenientes de El
Nuevo Libro de los Espíritus serán la conclusión de este
artículo.
N.L.E.: ¿Por qué es necesaria la vida en la materia,
y hasta indispensable para la evolución?
Vuestros
espíritus no están lo suficientemente evolucionados
para poder vivir en serenidad, en amor y en armonía en
el mundo invisible. Vivís en la Tierra los unos con los
otros, a la vez también sabéis distinguir unos de otros.
Aprendéis a comprenderos, a amaros. Ese es todo el
sentido de la encarnación deseada por Dios.
¿Cuáles son los motores de la evolución? El conocimiento
y la moral, dicho de otra manera, el amor.

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