"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



viernes, 4 de noviembre de 2011

HIPPOLYTE BERNHEIM, UN DESTINO BAJO HIPNOSIS por D E N I S G E O R G E LE JOURNAL SPIRITE N° 82 OCTOBRE 2010

HIPPOLYTE BERNHEIM
UN DESTINO BAJO LA HIPNOSIS
por
D E N I S G E O R G E
Hippolyte Bernheim, un destino bajo hipnosis es la
primera biografía, escrita por Cathy Bernheim, sobrinabiznieta
de Bernheim, publicada en marzo de 2011 por
ediciones JBZ y Cía.
“Nada es maravilloso, nada es anormal… es la imagen
del ensueño lo que sugiero, lo que insinúo en el cerebro…
una terapéutica que actúa sobre el órgano del pensamiento
para accionar sobre los otros órganos, que hace
intervenir al espíritu para curar el cuerpo”. (Discurso en
la apertura de las facultades, 03-11-1892)
Hippolyte Bernheim nació en Mulhouse en 1840, de
familia judía. Su padre, establecido en el comercio
del tejido, es descrito como un hombre trabajador,
instruido, ciudadano activo, de espíritu abierto. De su
madre, de quien era cercano, siempre recordará con
emoción su dulzura. Abandonó su ciudad natal y se
inscribió en la facultad de medicina de Estrasburgo
donde encontró su vocación y se realizó. Interno a los
veintidós años, asistente clínico el mismo año, cinco
años más tarde presentó su tesis sobre la miocarditis
aguda, y al año siguiente se convirtió en catedrático
gracias a su trabajo sobre las fiebres tifoideas. Fue
nombrado entonces catedrático becario de la facultad
de Estrasburgo, a los veintisiete años.
Más tarde recordará “esos hermosos años en esta
ciudad donde tan bien vivía”. Mientras tanto, pasó dos
años en París y seis meses en Berlín para perfeccionar
sus conocimientos. Luego, sobrevino la guerra de
1870: “Alsacia fue invadida; un huracán de fuego pasó
sobre nuestra ciudad, vimos bombardear y quemar
nuestra ciudad universitaria”. Atendía a los heridos
siguiendo al ejército en las ambulancias que eran los
puestos médicos de avanzada. Después de la capitulación
en 1871, Alsacia y una parte de Lorena fueron
cedidas a Alemania. Se otorgó a los “optantes”, aquellos
alsacianos que deseaban seguir siendo franceses, un
plazo de un año para mudarse. Él partió para establecerse
en Nancy, donde la población pasó en dos años
de 48.000 a 60.000 habitantes. Nancy se convirtió en
la tercera ciudad universitaria de medicina detrás de
París y Montpellier. Ejerció sus funciones en el hospital
Saint-Charles.
Describió cierto cuadro de insuficiencia cardiaca que
lleva su nombre y en su ejercicio diario enfrentó la
epidemia de tifus que hizo estragos en ese período.
En 1873 comenzó a formar sus primeros estudiantes.
Formó parte de los médicos que, luego de Claude
Bernard han planteado los principios de la clínica experimental,
enseñaba que para ser un terapeuta eficaz, el
médico siempre debe enfrentar la realidad de la enfermedad:
“La clínica no razona en el vacío, sobre abstracciones
ideales; razona sobre hechos de observación,
afirma sus juicios sobre hechos materiales, visibles,
palpables, sensibles, que es preciso saber tocar, ver y
sentir”. Esta es la base de su práctica. Él fue y seguirá
siendo partidario de una medicina basada en la clínica.
En ese último tercio del siglo XIX, la población se
enfrentó a dos epidemias que fueron la viruela y la
tuberculosis. Fue un tiempo en el que con demasiada
frecuencia la mínima enfermedad era fatal. Apenas
se comenzaba a identificar los microbios. Y al mismo
tiempo progresaba la medicina, una medicina más
científica.
Bernheim participó en la vida de Nancy, era gran aficionado
al arte y los espectáculos. Era el período del desarrollo
del Art Nouveau. Se involucró en reformas y en
política. Se expresó en los periódicos de izquierda. Se
casó en 1875 y no tuvo hijos.
El Dr. Liébeault, instalado en Pont-Saint-Vincent, atendía
sobre todo a la gente de condición modesta. Procedía
según su propio método y el de Braid, médico escocés,
primero que habló de hipnosis con una visión científica.
En 1866 publicó Del sueño y los estados análogos
considerados desde el punto de vista de la acción de
lo moral sobre lo físico. No es tomado en serio en los
medios médicos, su obra es objetada por la Sociedad
médico-psicológica de Nancy, puesto que es desconcertante:
nada de ceremonial, recibe a sus enfermos
grupo y no requiere de la facultad. Su idea invariable
es: “El sueño cura”. Pero hace falta tiempo para que una
idea se abra camino y las condiciones serán más favorables
después de 1880: la ciencia médica progresa y
mide mejor los efectos de una terapia y considera con
más facilidad el poder dormir a alguien, en nombre de
la ciencia, para aliviar sus males. El Dr. Lorain, amigo de
Liébeault, impresionado por las curaciones a las cuales
asiste, habla de ellas al Dr. Dumont, colega escéptico,
jefe de trabajos en la facultad, que ve sus convicciones
sacudidas por las observaciones recogidas, al punto de
que experimenta por sí mismo en el asilo de Maréville
(actual centro psicoterapéutico de Nancy). Y le habla
de ello a Bernheim. Estamos en 1882. Dumont presenta
el método a sus colegas, por invitación de Bernheim.
Éste se dirige entonces a Liébeault. Constata una clientela
más modesta, constata el contacto directo con los
pacientes: nada de intermediarios (la mayoría de las
veces enfermeras religiosas), confianza del paciente en
el terapeuta y menos barreras sociales.
Más tarde Bernheim dirá: “Liébeault no era un soñador
ni un alucinado; él había visto claro en esta sorprendente
cuestión del magnetismo y el hipnotismo donde,
desde hacía siglos, los sabios no habían visto más que
tinieblas; había creado la terapéutica hipnótica”. Bernheim
inspiraba confianza. Hablaba con voz dulce, con
la dulzura de un alma conmovida por la gente a la que
escucha. Era un espíritu curioso. No tomaba al pie de
la letra lo que se le decía. Él experimentaba, variaba
los parámetros, ponía al día los fenómenos. Y en cada
caso, no aplicaba una regla común, sino que componía
un programa personalizado.
Una intensa actividad se desplegaba entre los médicos
de Nancy: se confrontaban puntos de vista, se asistía a
los consultorios de unos y otros. Al mismo tiempo en
París, Charcot, profesor de neurología, reconocido en la
historia de la medicina por sus descubrimientos en este
campo, promulgó sus leyes sobre la histeria. Inscribió
la hipnosis dentro de la continuidad de la definición de
histeria, con presentación de los enfermos en público
y demostraciones grandilocuentes, mientras que Bernheim
multiplicaba las observaciones, las publicaba y
ponía en evidencia la importancia de la sugestión: “Es
el sueño por sugestión, es la imagen del sueño lo que
sugiero, lo que insinúo en el cerebro”. Toda persona
es hipnotizable y este estado particular permite a la
sugestión la eficacia terapéutica. La hipnosis no es un
estado particular reservado sólo a los histéricos. Lo
cual contradecía paso a paso al maestro Charcot. Fue
la oposición entre París y Nancy que se denominaría la
querella sobre la histeria. La hipnosis no es un síntoma
que permita diagnosticar la histeria. Bernheim lo hizo
saber y enunció las verdades que enfrentarían con gran
fuerza al dogma. De esta oposición nacería la escuela
psicológica de Nancy, caracterizada por la sugestión
así definida por Bernheim.
Citamos de nuevo: “El hipnotismo pone el cerebro
del sujeto en un estado tal que la idea sugerida a ese
cerebro con una fuerza más o menos grande, determina
la acción correspondiente por una suerte de
automatismo cerebral… Provocar este estado psíquico
por el hipnotismo y explotar la sugestión así exaltada
artificialmente con un objetivo de curación o de alivio,
es el papel de mi psicoterapéutica hipnótica”.

Finales de 1885, un joven médico vienés viene a París a
interesarse por los trabajos de Charcot sobre la histeria.
Este último le mostrará muy poco interés. Freud, pues
de él se trata, seguirá manteniéndose al corriente de
los trabajos de París y Nancy y desde 1888 traducirá el
libro de Bernheim al alemán. Esto contribuirá a sentar
la reputación de Bernheim como especialista del
hipnotismo.
Por la mañana Bernheim visita a los enfermos en
el hospital, por la tarde recibe en su gabinete de
Place Carrière y varias veces a la semana se dirige a la
facultad. Valora mantener el contacto con la juventud
estudiante. Hombre más bien de izquierda, que se
desenvolvía en una familia conservadora y un medio
médico reaccionario, frecuenta un círculo de ciudadanos
progresistas que resisten en sus respectivos
campos la crispación del aire de los tiempos: colonialismo,
racismo, antisemitismo... En 1889, año del centenario
de la Revolución Francesa, Bernheim se dirigió
al primer congreso de hipnotismo experimental en la
Salpêtrière. Fue acompañado por Liébeault y Freud.
Este último diría en 1893 (Estudios sobre la histeria):
“Desde un punto de vista teórico como desde un
punto de vista terapéutico, el psicoanálisis administra
una herencia que ha recibido del hipnotismo”.
El Profesor Bernheim tiene cierta notoriedad. No está
confinado en su sola actividad médica. Es la época del
caso del general Boulanger, del antisemitismo y del
caso Dreyfus. Se compromete y se une a Emile Gallé
para crear, en 1898, la sección de Nancy de la Liga
de los Derechos del Hombre. En ese fin de siglo estábamos
en pleno período de expansión de las ideas, de
las artes; las ciencias y las técnicas evolucionaban rápidamente
y la medicina también.
Bernheim, hombre de observación y de rigor, que en
su práctica pone en evidencia el papel de la sugestión,
que ve la oposición de sus pares, al mismo tiempo
que plantea una mirada realista y equilibrada. Dice:
“La enfermedad es una abstracción que no existe; no
hay sino individuos enfermos, no hay sino organismos
sufrientes. La medicina clínica no es un arte sino una
ciencia; el diagnóstico no se hace por una suerte de
intuición adivinatoria concedida por la providencia a
ciertos cerebros privilegiados; se hace por métodos
científicos más o menos exactos, de donde se
desprenden inducciones más o menos precisas relativas
a la enfermedad. No se nace médico, uno se hace”.
Vamos a terminar con un texto de Bernheim publicado
en la Revue médicale de l’Est que nos describe bien lo
que es para él la sugestión:
“He definido la sugestión: toda idea aceptada por el
cerebro. Que esta idea venga por el oído, expresada
por otra persona, por los ojos, formulada por escrito
o como consecuencia de una impresión visual, que
en apariencia nazca espontáneamente, despertada
por una impresión interna o desarrollada por las
circunstancias del mundo exterior, cualquiera que sea
el origen de esta idea, ella constituye una sugestión.
Hemos establecido que toda sugestión tiende a realizarse,
que toda idea tiende a convertirse en acción.
Traducido al lenguaje psicológico, eso quiere decir que
toda célula cerebral accionada por una idea, acciona
las fibras nerviosas que deben realizar esta idea.
Ejemplo: le digo a alguien: ‘Levántese’, ese alguien se
levanta o tiende a levantarse. La audición de un vals
sugestivo hace vibrar nuestro cuerpo en armonía con
ese vals. Y aun cuando no bailemos y que nos contengamos
para no bailar, si se trazaran con un aparato
registrador los movimientos de nuestro cuerpo, se
obtendría un gráfico que esboza los movimientos
coreográficos inconscientes de nuestra máquina. La
idea se ha convertido en movimiento.
Si le digo a alguien: ‘Tiene una avispa sobre la frente’,
este alguien que no tendrá ninguna razón para no
creerme, sentirá más o menos claramente la supuesta
avispa y se llevará allí la mano, exteriorizando sobre la
frente la picazón creada por el sensorium y accionada
por la idea de la avispa. La idea se ha convertido en
sensación.
Si digo: ‘Aquí hay un perro’, la idea del perro es aceptada
y su imagen más o menos esbozada se presentará
a los ojos. La idea se convierte o tiende a convertirse
en imagen.
Si digo: ‘Usted va a dormir’, en algunos está allí la idea
del sueño, los párpados se ponen pesados, los ojos se
cierran, el cerebro se obnubila y tienden a producirse
los fenómenos del sueño. La idea tiende a volverse
orgánica, sueño.
Si digo: ‘Usted tiene ganas de reír’, una sensación de
hilarante alegría podrá ser evocada por el sensorium.
La idea se ha convertido en emoción”.
En 1910, fue el jubileo de Bernheim y fue nombrado
oficial de la legión de honor. Falleció en 1919.

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