"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Saludos.

EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



martes, 1 de febrero de 2011

A N I M A L E S por CATHERINE GOUTTIÈRE NUESTROS AMIGOS LOS ANIMALES TOMADO DE : LA REVISTA ESPIRITA N° 83 ENERO 2011



NUESTROS AMIGOS LOS ANIMALES
Vivo en compañía de gatos desde los 16 años. Lo que
voy a compartir con ustedes es mi historia vinculada a
la de uno de ellos.
Zazou llegó a casa en 1983, pequeña bola de pelos de
tipo persa que de inmediato marcó los lugares y se
apropió de ellos. Fue seguida dos años más tarde por
Othello, un gran minino europeo de color negro. Este
último era tan independiente, como Zazou era cercana
a mí, aunque a ella no le gustaba que la cargaran ni
la mimaran. Un vínculo amoroso y telepático se creó
rápidamente entre nosotras dos. Nos mirábamos, y
nos comprendíamos. Nunca estaba muy lejos de mí.
Había adquirido una costumbre particular de irme a
buscar maullando y llevarme a su plato de croquetas, y
allí se instalaba un ritual. Yo debía acariciarla repetidas
veces y sólo entonces empezaba a comer. Yo sabía
también cuando no estaba contenta, pues su hocico,
de por sí pequeño, se enfadaba más.
Pasaron los años y llegó la vejez, yo tenía consciencia
de que ella pronto partiría y le había dicho repetidas
veces que podía, si lo deseaba, regresar conmigo, pero
eligiendo esta vez un vestido de pelo corto. Es preciso
decir que no le gustaba en absoluto que la cepillaran,
y que cada vez soportaba menos los períodos de
intenso calor.
Entonces un día, comenzó a decaer y su estado se
deterioró rápidamente en el espacio de 48 horas. La
coloqué entonces en calma en mi cuarto, tendida
sobre una pequeña manta. Una tarde, al volver de mi
trabajo, comprobé que estaba en coma. Al acostarme,
recé para que encontrara su más allá, pues sabía su fin
cercano. Me dormí con esa oración, y al día siguiente,
al despertar, Zazou había partido, estaba liberada.
La puse en una caja de cartón y fui en auto a mi
veterinario para depositarla allí. En el camino, mientras
escuchaba la radio, sentí su presencia a nivel de
mi hombro derecho y oí claramente en mi oreja su
maullido tan característico. La reconocí enseguida
pues ella tenía la voz un tanto ronca y nunca maullaba
muy fuerte. Había sido como murmurado en mi oído.
En una fracción de segundo, me di cuenta de que lo
que acababa de oír no podía proceder de la radio y mi
primera reacción fue decirme que no estaba muerta,
que me había equivocado. ¡Pero no! La realidad estaba
allí, su cuerpo no se había movido y yacía todavía en la
caja de cartón.
Mi reflexión fue entonces inmediata: Zazou venía a
tranquilizarme, a darme testimonio de su supervivencia
y a probarme así que estaba bien.
Pasó el tiempo pero yo no podía olvidarla, y dos años
más tarde, fue el turno de Othello de dejarme. Quise
mucho a ese gato, y como con Zazou, las lágrimas
corrieron a raudales. Me juré entonces no volver a
tener un animal, pues sentimentalmente no quería
sufrir más su partida.
Pasaron dos meses, y durante esas semanas, sentí la
falta de esos pequeños felinos que saben, además del
amor que pueden expresarnos, traernos equilibrio y
calma.
Una noche, tuve un sueño. Tenía una gata en mis
brazos, se dejaba mimar, era Zazou. Estábamos juntas
de nuevo.
Al despertar, tenía la certeza de que ella iba a volver.
Y el deseo de un gato se hacía cada vez más fuerte,
crecía en mí. De nuevo estaba lista para vivir otra
historia. Pero, ¿cómo hacer para encontrarla? Pasaron
dos semanas y me dominó la idea de irme a una SPA.
(*) Mi deseo se hacía cada vez más intenso, cada vez más presente.
(*) Sociedad Protectora de Animales (N. del T.)
Hay dos establecimientos de ese tipo cerca de nuestra
población. Tomé pues la decisión de ir allí acompañada
de mi cónyuge. En mi sueño, Zazou era de color gris.
Me decidí pues a buscar un gato gris.
En la primera SPA, vi decenas de gatos, más o menos
salvajes. Había en efecto una gata gris, pero no me
sentí atraída por ella. El contacto no se estableció.
Sabía dentro de mí que la sentiría y que así no me
equivocaría. Decepcionada por ese primer contacto,
decidí a pesar de todo proseguir la experiencia
dirigiéndome al segundo centro, a varios kilómetros
de allí. Caía la tarde y se acercaba la hora del cierre.
Llegada a la segunda SPA, los voluntarios me llevaron
a un piso relativamente importante donde vivían
más de cincuenta gatos. Hice mi pequeño recorrido,
deteniéndome junto a uno, a otro, pero nada pasó, no
sentía nada. Profundamente decepcionada, empezaba
a decirme que este medio no era el correcto. Había
deambulado en medio de todos esos gatos, y el
chasquido no se había producido.
Me preparaba a salir de la oficina de la SPA cuando
vi en un pasillo una docena de jaulas superpuestas
dentro de las cuales se encontraban 5 ó 6 gatos que
debían salir al día siguiente para la esterilización.
Decidí acercarme, y allí delante de mí, una gata negra y
blanca de unos 8 meses se frotaba contra los barrotes
de su jaula y me miraba maullando. Me sentí atraída
irresistiblemente por ella, aunque no fuera gris, y
pregunté al voluntario presente si podía tomarla
en mis brazos. En cuanto estuvo contra mí, reviví mi
sueño y supe que esta era ella. No podía engañarme y
no me he equivocado. Zoé, que es su nuevo nombre,
fue acogida por nuestro perro que la conocía como
Zazou, mostrando su alegría y moviendo la cola.
Hoy tiene 7 años, y otros dos gatos han venido a
reunirse con ella.
Debo dar fe de que no tengo la impresión de haberme
separado de ella. Misma psicología, mismo espíritu
hogareño, misma mirada profunda y escrutadora,
misma necesidad de venir a buscarme y llevarme junto
a su plato de croquetas, lo que no hacen los otros dos.
A veces llego hasta a equivocarme de nombre, tanto
es para mí una realidad su presencia.
Una prueba suplementaria de que el amor no se
extingue y de que la reencarnación permite igualmente
a nuestros amigos de cuatro patas encontrarse con
los que los han querido y cerca de quienes pueden
continuar aportando su amorosa presencia.

1 comentario:

  1. La foto que ilustra el texto es Cuquita, una hermosa gatita cálico que acostumbraba merodear por el estacionamiento del edificio donde resido. Yo la alimentaba y parece que alguien aficionado, como yo a los felinos, se la llevó a su casa. Estos animales son adorables.
    René Dayre Abella

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