EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizado el blog: CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



domingo, 13 de diciembre de 2015





EPITAFIO DEL DOLMEN DE ALLAN KARDEC EN EL CEMENTERIO PERE LACHAISE


REENCARNACIÓN - LAS PRUEBAS
por FABIENNE DUCOURNEAU 
LE JOURNAL SPIRITE N° 102 octobre 2015

La idea de las vidas sucesivas ha surcado numerosas civilizaciones, desde la Antigüedad hasta nuestros tiempos modernos, donde tanto el razonamiento, las experiencias y observaciones de filósofos así como de científicos han demostrado la realidad de la reencarnación. El filósofo Lessing (1729-1781, filósofo de las Luces, adepto de Spinoza) escribe: “¿Qué impide que cada hombre haya existido muchas veces en el mundo? ¿Esta hipótesis es tan ridícula por ser más antigua? … Por qué no habría dado yo en el mundo todos los pasos sucesivos en mi perfeccionamiento que, ellos solos, pueden constituir para el hombre castigos y recompensas temporales?” Igualmente, sobre la tumba de Allan Kardec, puede leerse: “Nacer, morir, volver a renacer, progresar sin cesar, tal es la Ley”.

La reencarnación es la única explicación lógica frente a numerosas desigualdades, ya sean éstas físicas, intelectuales o morales. ¿Por qué favorecería Dios a ciertos seres más que a otros? ¿Por qué algunos muestran desde su más tierna edad, diversas aptitudes y otros no? ¿Por qué algunos son criminales mientras que otros son bondadosos? ¿Por qué ciertos niños mueren a corta edad? Todo ello es contrario a la bondad y justicia de Dios. Cuando uno se hace todas estas preguntas, es posible una sola explicación lógica: la reencarnación. Esta afirmación ofrece un esclarecimiento a nuestras diversas interrogantes. Nuestra vida actual fue precedida por otras vidas, nuestra vida actual es el resultado de nuestras experiencias anteriores y el presente sólo se explica en el pasado. Nuestra evolución es pues el resultado de la pluralidad de existencias recorridas y no somos todos de la misma edad. Dios nos ha creado a todos iguales, y partiendo de este principio, debemos experimentar diversas situaciones relacionales y sociales, y en los diferentes contextos de una vida a otra, a fin de avanzar por el camino de la evolución. Es como en la escuela, aprendemos a leer, a escribir y a contar, pasando por la maternal, la primaria y así sucesivamente. Necesitamos pasar de clase en clase para dominar el conjunto de las diferentes materias; la evolución, es un poco la misma cosa. Necesitamos reencarnar para que nuestra conciencia despierte a tres cuestiones esenciales: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Luego poco a poco, necesitamos
comprender la vida, la muerte, las vidas sucesivas, y así descubrir progresivamente el sentido de la trascendencia divina. Sin embargo, no tenemos el recuerdo de nuestras vidas pasadas y, por otra parte afortunadamente, pues de ser así, sería muy difícil asumir conscientemente nuestras faltas anteriores, nuestras inconsecuencias, nuestras intolerancias, nuestros odios, incluso nuestros crímenes, etc. El olvido es pues una necesidad aunque a veces nos ocurre que tenemos la impresión de ya visto o de experimentar sentimientos espontáneos hacia ciertas personas, pues nuestros amores están vinculados por nuestras existencias pasadas y el lazo que nos une no se puede romper. Sin embargo, la amnesia no siempre es total cuando por ejemplo en el sueño, ocurre que surgen estados de percepciones, sentimientos o pensamientos que nos hacen revivir fragmentos de escenas de vidas pasadas. Y también, por hipnosis, se han efectuado muchas experiencias de regresión a existencias anteriores y se han relatado en numerosos libros como Las vidas sucesivas de Albert de Rochas, Ces autres vies que vous avez pourtant vécues (Esas otras vidas que sin embargo habéis vivido) de Pierre Neuville, etc.

LA RESPUESTA ESPÍRITA 
Fue en 1857 cuando Allan Kardec publicó su  Libro de los Espíritus en el cual expone todas las razones filosóficas que lo condujeron a admitir la teoría de las vidas sucesivas que por otra parte fue vulgarizada por novelistas como Honoré de Balzac, Théophile Gautier y George Sand, así como por el gran poeta Victor Hugo. He aquí lo que escribió Allan Kardec: “Algunas personas piensan que las diferentes existencias del alma se cumplan de mundo en mundo y no sobre un mismo globo donde cada espíritu aparecería una sola vez. Esta doctrina sería admisible, si todos los habitantes de la Tierra tuvieran exactamente el mismo nivel intelectual y moral; entonces no podrían progresar sino yendo a otro mundo y su reencarnación en la Tierra no tendría utilidad; ahora bien, Dios no hace nada inútil. Desde el momento en que allí se encuentran todos los grados de inteligencia y moralidad, desde el salvajismo que bordea lo animal, hasta la más avanzada civilización, se ofrece un vasto campo al progreso; uno se preguntaría por qué el salvaje estaría obligado a ir a buscar en otra parte el grado superior a él, cuando lo tiene al lado y así, de pariente en pariente, por qué el hombre adelantado no habría podido cumplir sus primeras etapas sino en esos mundos inferiores, cuando los análogos de esos mundos están a su alrededor, que hay diferentes grados de avance, no sólo de pueblo en pueblo, sino en el mismo pueblo y en la misma familia. Si ello fuera así, Dios habría hecho algo inútil poniendo juntos la ignorancia y el saber, la barbarie y la civilización, el bien y el mal, mientras que es precisamente este contacto el que hace avanzar a los atrasados. Ya no hay pues necesidad de que los hombres cambien de mundo en cada etapa, como no la hay para que un alumno cambie de colegio en cada clase; lejos de ser una ventaja para el progreso, eso sería una traba, pues el espíritu estaría privado del ejemplo que le ofrece la vista de los grados superiores y de la posibilidad de reparar sus culpas en el mismo medio y con respecto a aquellos a quienes ha ofendido, posibilidad que es para él el medio más poderoso de avance moral. Después de una corta cohabitación, los Espíritus se dispersan y, volviéndose extraños unos de otros, sin haber tenido tiempo de consolidarse, se romperían los vínculos de familia y de amistad. Al inconveniente moral se uniría un inconveniente material. La naturaleza de los elementos, las leyes orgánicas, las condiciones de existencia, varían según los mundos; de acuerdo con esta relación, no hay dos que sean perfectamente idénticos. Nuestros tratados de física, química, anatomía, medicina, botánica, etc., no servirían de nada en los otros mundos, y sin embargo lo que allí se aprende no es perdido; no sólo desarrolla la inteligencia, sino que las ideas que de allí se extraen ayudan a adquirir otras nuevas. Si el espíritu no hiciera sino una sola aparición, a menudo de corta duración, en el mismo mundo, en cada migración se encontraría en condiciones muy diferentes; operaría cada vez sobre elementos nuevos con fuerzas y según leyes desconocidas para él, antes de haber tenido tiempo de elaborar los elementos conocidos, estudiarlos, y ejercerlos. Cada vez sería un nuevo aprendizaje por hacer, y esos cambios incesantes serían un obstáculo al progreso. El espíritu debe permanecer pues en el mismo mundo, hasta que haya adquirido la suma de conocimientos y el grado de perfección que comporta ese mundo. Que los espíritus parten para un mundo
más adelantado que este en el que ya no pueden adquirir más nada, debe ser y es. Si hay quienes lo dejan antes, es sin duda por causas individuales que Dios pondera en su sabiduría”. Después de un tiempo pasado en el más allá, reencarnamos trayendo con nosotros la herencia de nuestras vidas pasadas; vivimos nuevas vidas yendo hacia adelante, siendo el objetivo la evolución que no podemos adquirir en una sola existencia. Si nada existe antes de nuestro nacimiento, cómo explicar esas diferencias, mientras que al contrario todo se explica y todo se aclara con el concepto de las vidas sucesivas. Nada se pierde, tanto el mal como el bien que hemos hecho durante nuestras vidas anteriores, al mismo tiempo que nuestras acciones cotidianas vienen a sumarse a nuestro yo profundo. En nuestra muerte nos llevamos todo lo vivido y en nuestra reencarnación, volvemos con ese pasado inscrito en nuestros espíritus. Algunos han recorrido ya un largo camino con numerosas vidas, mientras que otros están al principio de la escala de las vidas pero en todo ello, no hay fatalidad. Por nuestra voluntad, tejemos nuestro destino existencia tras existencia, día tras día. La reencarnación sobre la Tierra tiene un objetivo, y ese objetivo es nuestro perfeccionamiento; es imposible que todos los hombres puedan evolucionar en una sola vida. Estos retornos sucesivos nos permitirán un día llegar a planetas más adelantados. Nuestra Tierra es el reflejo de sus habitantes, y aunque ha evolucionado en el transcurso de los siglos pasados, igualmente le queda todavía un largo camino que recorrer para que un día, despojada de sus guerras y de sus crímenes, acceda a una escala superior donde el bien prevalezca sobre el mal. Nacer o renacer es una realidad extraordinaria. Renacer es una necesidad para nuestro desarrollo constante, tanto para nuestros conocimientos como para nuestra conciencia. Nuestro espíritu crecerá de vida en vida, progresará y vencerá todas las dificultades. El periespíritu, nuestra envoltura fluídica, juega un papel importante, al poseer en sí todo el rastro de nuestro ser desde su origen. Se afina de acuerdo con nuestros pensamientos y nuestras acciones. Cuando hayamos llegado a un grado suficiente de avance, las vidas planetarias serán cada vez menos necesarias, hasta librarnos totalmente de los renacimientos en la materia.

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