"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizados los blogs: CULTURA Y DIVULGACIÓN ESPÍRITAS y CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



domingo, 17 de mayo de 2015






LOS PRINCIPIOS DEL ESPIRITISMO
 por  JACQUES PECCATTE 

LA CUESTIÓN DE DIOS

LE JOURNAL SPIRITE N° 100 avril 201516

Es a partir de la existencia de Dios que se habla de las leyes naturales y universales que representan los designios del creador. Podemos definir esas leyes y verificar algunas por la experiencia espírita, lo que ya había hecho Allan Kardec; luego podemos reflexionar sobre esas leyes y extraer de ellas consecuencias morales o éticas, pero somos muy incompetentes para definir la causa primera. Es posible tratar de comprender a Dios, por el espiritismo es posible acercarse a la noción de divinidad magnificada por los Espíritus en sus mensajes, hasta es posible, como lo hubiera hecho Teilhard de Chardin, magnificar a Dios dentro de un sentimiento de universalidad y con una fe profunda. Por su parte, Teilhard de Chardin, sacerdote, antropólogo y filósofo, encontró a Dios en su búsqueda científica y en su reflexión filosófica.
Pero, a pesar de todo persisten todas las incomprensiones a través de preguntas que con frecuencia se nos hacen: ¿Por qué Dios ha querido todo esto? ¿Por qué hace falta pasar por las fases de inferioridad? ¿Por qué el sufrimiento? ¿Por qué Dios no nos creó perfectos para evitarnos todas estas miserias? En resumen, ¿por qué las cosas son lo que son? Es allí donde comprobamos con la pregunta, una cierta rebelión contra el creador dentro de una incomprensión de sus designios. La rebelión y la incomprensión indican simplemente que no somos capaces de comprender todo, lo cual sencillamente nos hace admitir nuestros límites frente a lo inconmensurable. Pero admitamos también que la incomprensión era todavía más grande desde un punto de vista religioso: un Dios que dejara la única alternativa del cielo y el infierno en el momento del juicio final, oculta bien una idea que no puede satisfacer la noción de un Dios infinitamente bueno. Y esta idea religiosa tuvo mucho que ver en el desarrollo del ateísmo.
Con el nacimiento del espiritismo, la noción de divinidad se volvió más comprensible, dentro de una lógica y una coherencia que debemos a Allan Kardec quien, aunque no pretendiera definir a Dios, había reunido todos los elementos espíritas para demostrar su existencia a través de sus obras y a través de las leyes universales que resultan de su existencia. Aclaró todo eso en El Libro de los Espíritus y en La Génesis. En el primer capítulo de El Libro de los Espíritus titulado Las causas primeras, aborda tres grandes temas que serán lo esencial de su demostración, “Dios y el infinito, pruebas de la existencia de Dios y atributos de la divinidad”. Fue por supuesto gracias a las respuestas de los Espíritus que pudo dirigir toda su argumentación, dando a la noción de divinidad toda su coherencia, lejos de las concepciones religiosas. Retomemos las primeras líneas de El Libro de los Espíritus: “Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”. A la pregunta: ¿Podría decirse que Dios es el infinito? Se responde: “Definición incompleta. Pobreza del lenguaje de los hombres que es insuficiente para definir las cosas que están por encima de su inteligencia”. - En religión, Dios está esencialmente relacionado con la Tierra; es de alguna manera el gran creador de nuestro planeta, que encarnado en Jesús según la Iglesia, ha sido reducido a la representación antropomórfica de un personaje padre de la humanidad. Se le ha convertido en un ser a imagen del ser humano, bien lejos de un poder infinito, como si Dios estuviera concentrado únicamente en el destino de los terrícolas. En la lógica espírita, es cuestión de una pluralidad de mundos habitados, lo que le da un muy otra dimensión al infinito divino. - Hay pues en espiritismo esa noción de infinito que por mucho tiempo se ha opuesto a la ciencia que trataba de concebir un universo finito, por inconmensurable que sea (la ciencia de hoy ya no es afirmativa sobre este punto). Los confines del Universo desarrollados en la teoría del Big Bang plantearían la cuestión de los límites: Detrás de esos límites, ¿qué hay? ¿Nada? Idea inconcebible… No se puede concebir la idea de un Universo delimitado, finito. Pero paradójicamente, uno tampoco logra concebir la idea del infinito. En los dos casos, nuestra inteligencia humana no puede comprender tales conceptos: universo finito o universo infinito; nos sumergimos en un abismo de reflexión que da vértigo. Pero en espiritismo esta cuestión está resuelta. La respuesta es “universo infinito”, aunque esta noción forzosamente siga siendo abstracta e inaccesible. Vamos ahora a las pruebas de la existencia de Dios: Allan Kardec se apoyó en una respuesta de los Espíritus, una respuesta que es omnipresente en toda su obra: “No hay efecto sin causa. Dudar de la existencia de Dios sería negar que todo efecto
tiene una causa… Se juzga el poder de una inteligencia por sus obras; ningún ser humano puede crear lo que produce la naturaleza, la causa primera es pues una inteligencia superior a la humanidad”.

LA CAUSA Y EL EFECTO
La gran demostración de Allan Kardec, es que todo lo que existe no puede ser fruto del azar sino que forzosamente tiene una causa. Todo lo que existe es resultado de una voluntad inteligente, es pues un efecto, y añade que la magnitud del efecto está en relación con la magnitud de la causa. La magnitud del efecto es la organización de la vida, donde todo es armonioso, ya se trate del cuerpo humano, del cuerpo animal, del vegetal o del mineral; en todo hay combinaciones moleculares y celulares de gran estabilidad. ¿Qué da esa estabilidad y por qué no es el caos? Se trata pues de un efecto que se comprueba en la organización de la materia y de la biología bajo todas las formas; la vida que se ha desarrollado progresivamente sobre la Tierra resulta necesariamente de una energía organizadora; Allan Kardec hablaba del fluido universal puesto en movimiento por un principio vital, lo que nos hace remontar a la causa primera, a la fuente, es decir a Dios. En un razonamiento contrario, habría que admitir que todo se organiza con arreglo a las leyes del azar, que era la base de las teorías materialistas, el azar que hace la necesidad: es de la materia que nace el espíritu, y éste desaparece con ella… pero eso no explica nada, pues se invierte la causa y el efecto. ¿Cómo explicar que la materia pueda producir el espíritu si en la fuente no hay un principio vital e inteligente?
En su demostración, Allan Kardec dice también que se reconoce a Dios por sus atributos. Recoge ciertas nociones heredadas de la religión, pero las explica metódicamente desde el punto de vista espírita. Suprema y soberana inteligencia: La inteligencia humana es limitada, la de Dios es necesariamente infinita, si no él tendría detrás a un ser aún más inteligente. Dios es eterno: No tiene comienzo ni fin. Si hubiera tenido un comienzo, es porque Dios habría salido de la nada; pero de la nada, del vacío, no puede nacer ninguna cosa. O entonces Dios habría sido creado por otro ser anterior, y este ser es el que sería Dios. Dios es inmutable: Si él estuviera sujeto a cambios, las leyes que rigen el Universo no tendrían ninguna estabilidad. Este es un punto muy importante, verificado por la astronomía moderna: el sistema solar tiene un funcionamiento regular conocido, está en movimiento respecto a los otros sistemas, dentro de la armonía de la galaxia y la galaxia misma se armoniza dentro de un movimiento intergaláctico. De lo infinitamente grande a lo infinitamente pequeño, del átomo a las galaxias, todo es construcción armoniosa, según las leyes muy precisas que rigen el Universo. Dios es pues inmutable por la estabilidad del Universo. Dios es inmaterial: Dios es espíritu más que materia, es decir que representa el designio inteligente en el impulso vital de la creación, el impulso vital que pondrá la materia en movimiento. Igual que nuestro espíritu mantiene la estabilidad de nuestro cuerpo físico gracias al periespíritu, Dios representa el elemento espiritual en su totalidad que mantiene la estabilidad del Universo. Nosotros somos los espíritus. Dios es el Espíritu. Dios es todopoderoso: El Universo nos demuestra la omnipotencia de la infinita creación. Dios es soberanamente justo y bueno: “La sabiduría providencial de las leyes divinas se revela en las cosas más pequeñas como en las más grandes, y esta sabiduría no permite dudar ni de su justicia ni de su bondad. Dios no podría ser a la vez bueno y malo, pues dejaría entonces de ser Dios, todas las cosas estarían sometidas al capricho y no habría estabilidad para nada”. Y como sus obras dan testimonio de su sabiduría, Dios sólo puede ser infinitamente bueno. “La soberana bondad implica la soberana justicia; pues si Dios actuara injustamente o con parcialidad, en una sola circunstancia, o con respecto a una sola de sus criaturas, no sería soberanamente justo, y por consiguiente no sería soberanamente bueno”. Dios es infinitamente perfecto: Considerando la vida y el Universo, no se puede ver sino perfección de acuerdo con la armonía y estabilidad de las cosas. Dios es único: Si hubiera varios Dioses, uno podría ser inferior al otro y ya no sería Dios. Y si hubiera entre ellos una igualdad absoluta, se confundirían entonces en la misma identidad, y no serían en realidad más que un solo Dios.

EL BIEN Y EL MAL
Por supuesto, el mal no es atributo de un poder particular que fue representado en la religión por Satanás. No hay pues un gran Satanás que participe en el orden del Universo, si no eso sería el desorden y el caos. El mal es sólo el reflejo de la inferioridad humana porque Dios nos ha creado simples e ignorantes. Hay en los designios de Dios la idea de una evolución progresiva de los seres que, partiendo de nada, se conviertan en seres completos a través de la reencarnación. Las verdaderas fuentes del mal están en el ser humano que se busca. Se puede hasta llegar a decir que el mal en sí no existe, sino que es simplemente la ausencia de bien. Las fuentes del mal son el egoísmo y el orgullo, porque el humano en su inferioridad aún no ha comprendido el sentido de su naturaleza divina. Trata de afirmar su personalidad, todavía confusa, con la confrontación, el conflicto o la adquisición de bienes materiales. La necesidad de reconocimiento y afirmación de sí mismo, pasa a menudo por el desprecio del otro en un complejo de superioridad, fuente de orgullo, y reflejo de la falta de evolución en el conjunto de nuestro planeta. Así, la vida, o más exactamente las vidas sucesivas, es el aprendizaje del bien, del amor, del reconocimiento del otro. En las primeras fases de la evolución, el espíritu se descubre a sí mismo y busca afirmar su existencia; luego, debe aprender a descubrir a los demás deshaciéndose progresivamente de su egocentrismo. El espíritu inferior es de hecho muy ególatra y en su búsqueda de afirmación, puede llegar hasta a tomarse por Dios, tomarse por el dueño del mundo, lo que vemos regularmente en los grandes dictadores. Eso se traduce en el deseo de poder, en la necesidad de ser reconocido como el más grande, lo que conduce invariablemente a la barbarie, al mal, porque el poderoso no tiene conciencia más que de sí mismo con una total ignorancia de su prójimo y con ausencia del mínimo sentimiento de humanidad.

Debemos resolvernos entonces a admitir esas fases inferiores de evolución que nosotros también hemos atravesado, ya sea en la falta de inteligencia y sentimientos o en las bajezas de la inmoralidad. Puesto que existen esos estadios primarios, es porque forman parte de los designios de Dios que, al crearnos, nos ha hecho el regalo de la libertad, lo que Allan Kardec llamaba el libre albedrío. Pero en los designios divinos, existe también la noción de solidaridad: eso se traduce en una cohabitación, en la Tierra por ejemplo, entre los espíritus inferiores y espíritus más evolucionados. Los espíritus encarnados más conscientes están para hacer avanzar a los más atrasados y para luchar contra el mal. Y no hay mejor ejemplo que el de Jesús, de quien se dice que fue el enviado de Dios, y que por amor, se enfrentó voluntariamente al mal como espíritu superior. Eso forma parte de la solidaridad humana, porque los espíritus más primarios necesitan ser ayudados y porque el mal debe ser vencido con la ayuda de todos los espíritus de buena voluntad. Se puede considerar entonces que en los designios de Dios, necesitamos integrar la noción de lucha, de combate contra el mal, es en esta perspectiva que es preciso considerar una evolución no sólo individual sino solidaria. No se evoluciona solo, sino con la ayuda de los que nos son superiores (nuestros guías por ejemplo) y ayudando a aquellos que nos necesitan.
Acabo de evocar al personaje Jesús. Por supuesto que para nosotros los espíritas, Jesús no fue una encarnación de Dios como dice la Iglesia en su misterio de la Santísima Trinidad, sino la encarnación de un espíritu, un espíritu superior que vino a transmitir un mensaje divino, un mensaje de amor y de compartir. En su obra, Allan Kardec integra la venida de Jesús a su concepto de las tres revelaciones que han marcado el occidente cristiano. Él consideraba que el espiritismo era la tercera revelación divina después de la de Moisés y la de Jesús, revelaciones que llegan en un momento dado de la historia humana, revelaciones que están para hacer avanzar y hacer reflexionar, revelaciones que están adaptadas a la inteligencia humana en un momento dado. Hay otra gran idea que resalta en la obra de Allan Kardec, es la del permiso de Dios. Quiere decir que todo conocimiento llega en su tiempo, cuando los humanos están preparados para recibirlo. Así, el espiritismo vino a revelar ciertas leyes divinas en un momento dado del siglo XIX, por una intención de los Espíritus superiores y de acuerdo con la misión que Allan Kardec se había fijado antes de reencarnar y todo con el permiso de Dios, fórmula que aún hoy encontramos en nuestros mensajes. Es así como la revelación espírita vino a aclarar el mensaje de Jesús quien, a su vez, había venido a completar el mensaje de Moisés. Y esa es la razón por la cual los espíritas pueden llamarse cristianos, no en el sentido religioso del término, sino en el sentido en que el espiritismo es una continuidad del mensaje original de Jesús, independientemente de todos los dogmas creados por la Iglesia.
Eso no significa en absoluto que el conocimiento revelado se haya limitado al occidente cristiano. Hubo en otras civilizaciones un punto de vista sobre el más allá y la divinidad, por ejemplo en la Antigüedad entre los druidas, los egipcios, los griegos o los orientales. Ha habido pues, en todas las épocas, revelaciones transmitidas por personajes de excepción. La idea de tercera revelación está simplemente vinculada al hecho de que Jesús, muy a su pesar por otra parte, ha contado mucho en la historia porque se creó una religión en su nombre, y porque el espiritismo se desarrolló en Occidente en una civilización judeo-cristiana. Además, los Espíritus no dejan de subrayar que hubo muchos otros profetas, como Buda o Mahoma, que tampoco han sido muy bien comprendidos en la esencia del mensaje que tenían que transmitir.

COMUNICARSE CON DIOS 
Entonces Allan Kardec subrayaba bien el hecho de que Dios no puede ser comprendido en forma directa, sino que se le puede descubrir en sus obras y sus atributos. Ahora bien, ciertas formas místico religiosas o de esoterismo tratan de ir más lejos en la comprensión de la divinidad, pero el riesgo es grande de disminuir a Dios, de disminuir lo inconmensurable, y de poner límites al infinito; es el riesgo de recrear un ser finito con sus límites, riesgo de hacer de Dios una suerte de personaje de dimensión humana. ¿No es más sabio reconocer nuestros límites, reconocer con humildad que la divinidad sobrepasa nuestras conciencias, diciéndonos que con la evolución, marchamos progresivamente hacia Dios? Allan Kardec tuvo la sabiduría y la inteligencia de ubicar a Dios en su perfección amorosa e infinita. Era una prueba de humildad de su parte: tratar, no de conocer, sino de reconocer a Dios en su creación y en sus atributos, pero sobre todo no disminuirlo para hacer de él una persona, que es lo que habían hecho las religiones. De allí la pregunta que le hizo Allan Kardec a los Espíritus: “¿Hay que decir qué es Dios, o quién es Dios?” Nosotros también hemos hecho esa pregunta a los Espíritus y en ambos casos, la respuesta fue: “¿Qué es Dios?” Dicho esto, la comunicación con Dios no es una imposibilidad en la medida en que hemos nacido de Dios, en la medida en que formamos parte integrante del Universo. En la intimidad de nuestra conciencia y de nuestro sentimiento, la relación con Dios sigue siendo posible en el sentido de una relación con la conciencia universal, relación con la creación, con el amor infinito, la belleza de la vida. Dios se ha distinguido de nosotros, creándonos libres y perfectibles. Lo cual no quiere decir en absoluto que Dios se nos volviera totalmente extraño e inaccesible. Un Espíritu que se anunciaba con el nombre de Xérias, vino a traernos estas palabras: “Dios se manifiesta de manera perpetua en el universo entero. Es semejante a una piedra incandescente y radiante que propulsa sin cesar, como una onda infinita en el espacio, que es el fluido de la vida. Lo plural no viene sino después, cuando esta vida se individualiza y se concientiza para dar nacimiento a las personalidades y a los géneros. Así han nacido el mundo vegetal, el mundo animal y el mundo humano. La individualización del fluido ha tomado formas diversas, ha tomado la forma más grande en la proyección humana, pues el fluido físico de esta proyección contiene el secreto del libre albedrío y por consiguiente de la conciencia. No obstante, ese fluido impalpable puede dominarse en la relación directa con Dios. Vosotros llamáis oración a esta relación. Llamémosla ósmosis e interpenetración del espíritu, en el espíritu del hombre en Dios. Dios está a la disposición de las naturalezas creadas. Los que puedan penetrar esta disposición sabrán dominar el fluido de la vida y el fluido del renacimiento. Esta posibilidad es, sin embargo, un cumplimiento, pues es preciso saber remontar las jornadas del mundo físico antes de alcanzar esta verdad primera”. En este mensaje encontramos un complemento al concepto de las vidas sucesivas que es el de las “jornadas a remontar” en el camino que lleva a Dios, no sólo en la Tierra, sino luego en mundos superiores, donde aún tendremos que perfeccionarnos para avanzar hacia esa “ósmosis en el espíritu del hombre en Dios”. De la pluralidad de los mundos a la reencarnación de mundo en mundo, es el espiritismo revelado el que da toda la medida de un universo habitado por el designio inteligente de un amor trascendente y divino.

DIOS Y LA PLURALIDAD DE LOS MUNDOS 
En su amor infinito, Dios es creación perpetua, creación de espíritus que vienen a poblar los mundos inferiores. No hay límite allí, tampoco a la creación que, de la infinidad de los Espíritus,
vuelve a enviar a la infinidad de los mundos habitados que están en diversos niveles de evolución. Nuestra inteligencia no nos permite concebirlo claramente porque, en estado encarnado, somos prisioneros de la materia y tendemos a razonar dentro de conceptos materiales relacionados con nuestro mundo físico terrenal que tiene sus datos espacio-temporales. Pero existe la otra dimensión, la del más allá de los espíritus desencarnados, donde las percepciones son muy diferentes y donde, los más evolucionados de ellos, ya pueden percibir mejor, en lo más profundo de su alma, lo que es Dios. Eso no quiere decir que todos los Espíritus tengan el conocimiento de Dios, sino que perciben mejor que nosotros la presencia divina que es como una fuerza de atracción. Lo que hace decir a ciertos Espíritus que ellos desean evolucionar y avanzar, pues sienten esa necesidad para acercarse al absoluto divino. Desde los mundos más primarios y groseros hasta los mundos más etéreos, ese es el recorrido de todos los Espíritus, incluso de todas las formas de vida, que se realiza dentro del designio divino de una evolución de vida en vida, para trascender lo relativo en un absoluto a ser alcanzado. Eso demanda vidas, eso requiere conocer y descubrir otros mundos habitados más evolucionados que la Tierra, y en los que tendremos que perfeccionar nuestra alma en inteligencia y en sentimiento, y de mundo en mundo, es en la búsqueda de la divinidad que se engrandece el espíritu en encarnaciones sobre esferas cada vez más etéreas. Lo cual no impide, sin embargo, vivir igualmente encarnaciones particulares para misiones en mundos todavía primitivos o atrasados. Grandes Espíritus, que ya han vivido en mundos superiores, han encarnado a veces en la Tierra para traer su saber y su amor

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