"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



lunes, 24 de septiembre de 2012

FACULTADES PSÍQUICAS
por
CATHERINE GOUTTIERE

MI AVENTURA CON
EL SUEÑO MAGNÉTICO
LE JOURNAL SPIRITE N° 75 ENERO 2009

Mi aventura con el sueño magnético comenzó en 1992.
Por esa época ejercía la clarividencia mediúmnica, lo cual
por otra parte, sigo haciendo hoy. Durante una jornada
espírita en enero de ese mismo año, mi guía se manifestó
para revelarme lo que sigue: “Etapa por etapa, el más allá
revela la misión; la videncia era una etapa y se detendrá
a fines del mes de junio. No quiero decir que la facultad
se detendrá, quiero decir que la sesión se detendrá en
beneficio de otro desarrollo, en beneficio de otra forma
de clarividencia más directa, en beneficio del viaje astral.
Esa es tu nueva misión. Te desincorporarás, viajarás al
más allá, encontrarás nuestras almas desencarnadas, y al
despertar, reconstruirás nuestros mensajes. Para eso, una
necesidad: el magnetismo que recibirás”.
Yo conocía el fenómeno del sueño magnético por haberlo
observado muchas veces durante sesiones espíritas
organizadas por Michel Pantin y Karine Chateigner. Había
comprobado que el médium se encontraba como dormido
por pases magnéticos particulares, administrados durante
un tiempo dado. Al final de esta acción, el magnetizador
preguntaba suavemente al oído del médium, si conocía
su misión y ante la respuesta afirmativa, le repetía esta
frase que yo misma también recibo hoy: “ve y cuenta”.
Realmente no pude comenzar a trabajar esta facultad sino
en 1994. Fue otra vez durante una jornada. Gabriel Delanne
me pidió ir al encuentro de tres espíritus que eran los guías
de tres espíritas presentes, y contar lo que percibía, lo
que veía. Por supuesto le pedí consejo a Karine que me
tranquilizó diciendo que me dejara ir, que me relajara al
máximo, y dijera todo lo que pudiera percibir durante la
manifestación; que la sesión en la que debía participar no
era operativa y que era la premisa de un largo ejercicio por
venir. El día siguiente por la tarde, me encontraba tendida
en el sofá, beneficiándome con los pases magnéticos de
los que les he hablado antes. Me pronunciaron al oído la
frase ritual, luego todo fue silencio. Estaba rodeada por
una docena de espíritas que asistían a la experiencia; veía
bien algunas imágenes que no dejé de describir, pero había
un punto que me alteraba y me bloqueaba: para mí, el
término “sueño magnético” significaba que el médium
se encontraba dormido. Ahora bien, comprobé que
percibía todo lo que ocurría a mi alrededor: las tosecitas
de unos, los cambios de posición en las sillas de otros, su
respiración, en resumen, todos esos pequeños ruidos a los
cuales normalmente no se presta atención, pero que en
esos momentos me molestaban y provocaban en mí una
multitud de preguntas que me presionaba. Me decía que lo
que percibía era falso, que no me había dejado impregnar
suficientemente de magnetismo, que por consiguiente la
sesión fallaría y que hacía perder el tiempo a los espíritas
presentes. Todos estos pensamientos tuvieron como
consecuencia que en cierto momento, detuviera la sesión
diciendo: “No comprendo, ¡no me duermo!”. Entonces
Karine me tranquilizó diciéndome que eso no era grave y
que se trataba sólo de un comienzo. Viendo mi aspecto
confundido, me explicó que era normal que en una primera
prueba, no sintiera las mismas manifestaciones, que
mediúmnicamente no tuviera las mismas impresiones que
ella y Michel, que ejercían ya desde hacía muchos años.
La mediumnidad, cualquiera que sea, necesita un trabajo
largo, serio y regular para permitir a la facultad afinarse,
y ejercitarse cada vez con más sutileza para llegar a una
percepción total.
Luego de esa jornada, me entregué a sesiones experimentales
regulares, casi semanales, donde con algunos amigos
espíritas que desarrollaban otras facultades, trabajábamos
con seriedad en su desarrollo. Al cabo de algunos meses,
el espíritu vino para decirme que el ejercicio del sueño
magnético se volvía operativo, que podía dejar las sesiones
experimentales y, de allí en adelante, convocar a los
espíritas para lecturas de vidas pasadas. Estas revelaciones
de vidas pasadas se realizarían con la ayuda de un soporte
(como en sesión de clarividencia mediúmnica), que sería
un cuadro recibido por uno de nuestros pintores médiums,
y para el cual habría recibido en clarividencia la identidad
del autor, el título y el nombre de la persona a la que estaba
destinado. Por otra parte, varios cuadros estaban en espera
de esta clase de información. Fue así pues como inicié
estas sesiones, donde, como en clarividencia mediúmnica,
me concentraba sobre la imagen del cuadro, para luego
dejarme magnetizar y finalmente describir las imágenes
que me llegaban.
Para comprender bien el mecanismo que entra en juego en
la producción del sueño magnético para la lectura de vidas
pasadas, así como su papel periespiritual, conozcamos las
explicaciones dadas al tema por Gabriel Delanne: “Tenéis
razón, caros amigos espíritas, de emplear el calificativo
de periespiritual, pues la fuerza, la energía magnética a
la que llamo el rayo ‘N’ atraviesa los poros de la piel del
sujeto para llegar directamente a la estructura celular
de su envoltura periespiritual. En el mismo instante, el
periespíritu entra en una vibración particular, la que sufre
además en el sueño fisiológico. Esta vibración hace que
el espíritu del sujeto caiga en una primera somnolencia,
luego en una segunda somnolencia que corresponde
a lo que llamaré la primera salida. En efecto, el sujeto
dormido sale en dos tiempos de su cuerpo físico. Al cabo
de tres, cuatro, cinco o seis minutos, según la naturaleza
del sujeto, el periespíritu sale de la mitad del cuerpo
físico, a nivel del esternón, en su base, que habitualmente
llamamos epigastrio. Sólo después de la imposición de las
manos a nivel de la caja craneana del sujeto, la envoltura
periespiritual se separa completamente. Preciso al
respecto, que después de la primera parte de la acción
magnética a nivel del sueño, es decir la parte de los pases
longitudinales, un ruido inesperado, un repique, un grito
o un golpe, podrían ser muy peligrosos para el sujeto
dormido y conducir especialmente al ataque cardíaco.
El sujeto no siempre sale de su cuerpo físico en el sueño
magnético pues no siempre tiene necesidad de hacerlo,
salvo únicamente que en el sueño magnético pudiera
haber necesidad de una regresión, de un viaje en el tiempo,
de un viaje al pasado. En este caso, el rayo magnético,
el rayo “N” lleva a una forma de adormecimiento total a
nivel de la célula periespiritual, lo cual permite entonces
al espíritu separarse de su vector perpetuo que es el doble
etérico para, en cierta forma, viajar en el tiempo, viajar
en su propio tiempo. En el sueño magnético como en el
sueño hipnótico, esta regresión sólo se hará si el sujeto
lo desea”.
LAS VIDAS PASADAS
Yo nunca estoy sola durante tales sesiones puesto que,
acompañada siempre por espíritus guías presentes en la
circunstancia, todos saben tranquilizarme, acompañarme
y ayudarme en la percepción, presentándome los
momentos importantes de esas vidas como una película
proyectada sobre una inmensa pantalla de cine que
penetro al cabo de algunos instantes para así formar
parte integrante de la vida a ser contada. La sesión dura
largos minutos durante los cuales describo lo que veo, así
como lo que siento. Recuerdo un instante vivido durante
la narración de una vida anterior en Rusia de una de
nuestras amigas espíritas. Yo me encontraba en el bosque
en invierno, era de noche y tenía la sensación de flotar, de
levitar al lado de una troika que corría a paso rápido por
los caminos intensamente nevados. Yo estaba a la altura
del caballo y podía sentir, al mismo tiempo el frío de la
temperatura exterior y el calor que despedía el animal.
Veía el vapor que salía de su cuerpo, casi podía tocarlo.
Era fantástico. Son sensaciones verdaderamente muy
fuertes y muy particulares. Otro ejemplo de vida pasada:
“Veo una ciudad, es Lyon. Estamos a principios del siglo
XIX y hay mucha gente en las calles. Veo muchos oficios
antiguos que ya no existen hoy. Veo a un joven con
sombrero de copa, levita y un gran bastón con cintas que
flotan al viento. Lo veo entrar en una posada y se sienta
a la mesa para pedir de beber. Tiene aire preocupado,
tiene un gran problema, a saber que se le impide casarse
con la amada. La madre de su novia se opone pues él no
tiene una situación honorable. Decide pues constituir
una dote. Hará algunos trabajillos, ya trabaja en una
fábrica de tejidos, luego trabaja con un carpintero.
Después conocerá a un hombre de unos sesenta años,
de aspecto rotundo, desprovisto de cabello, con
pequeñas gafas de aro que le caen sobre la punta de la
nariz. Este hombre va a hacerle trabajar con él, posee
una gran casa, un vergel, una huerta y un almacén. M.
trabajará en esta empresa. El hombre le tomará cariño
y será recíproco, lo considera como su propio hijo, le
enseñará a leer, a escribir y le enseñará cálculo. M. se
ocupará de su teneduría. Este “benefactor” le ayudará
a realizar su sueño, es decir casarse con esa chica, mas
le dice que hace falta paciencia y tiempo. Pero M. no
es paciente, quiere quemar etapas y ganar dinero más
rápido, entonces decide jugar. Veo los dados que ruedan
sobre el suelo y también veo cartas, jugará dinero y
contraerá deudas. Juega con hombres que trabajan en
el almacén de su patrón y aquellos hombres, que no
tienen muy buena reputación, le piden que pague sus
deudas desviando mercancías. Al principio, M. aceptará
porque no tiene elección. Eso se convierte en chantaje,
es decir que si rehúsa seguir, aquellos hombres le dirán
todo al padre adoptivo, será repudiado y se encontrará
en la calle como estaba al comienzo. Su padre adoptivo
se da cuenta de que está preocupado y trata de hacerle
preguntas pero M. se niega a responder. Después de
eso, su padre adoptivo decide seguirlo y una noche,
cuando hay una cita en el almacén para una entrega
de mercancías, los descubre y los obreros se ponen
violentos. M. trata de interponerse pero los hombres
matan al padre adoptivo con un garrote. Cae al suelo,
el rostro sobre la tierra, el cráneo fracturado; corre
la sangre. M. huye pero es el primer sospechoso y es
retenido por la gendarmería, es conducido entre dos
caballos, cada mano sujeta por un gendarme. Es juzgado
y condenado a presidio, a trabajos forzados. Lo veo en
prisión, tiene muchos remordimientos…” Con la lectura
de este extracto de vida pasada comprobamos, y es una
generalidad, que la existencia pasada de una persona
no es relatada íntegramente, es decir que no se vuelve
a esbozar cada momento desde su nacimiento hasta su
muerte. Sólo son puestos en evidencia, son vueltos a
transcribir, los momentos importantes de una vida que
permitirán hoy a la persona involucrada en esa historia
comprender mejor su psicología presente justamente a la
vista de ciertas trayectorias anteriores.
AL ENCUENTRO DE LOS ESPÍRITUS
Desde 2004, el ejercicio del sueño magnético ha tomado
otra dirección. Durante una jornada, el espíritu Gabriel
Delanne vino, para mi mayor alegría, a revelarme que
podía ejercer ese mismo sueño en sesiones, durante las
cuales se manifestarían quienes lo desearan, a saber,
guías o espíritus que tuvieran un mensaje que dar.
Debo confesar que antes de cada sesión, siempre me
envuelve la misma angustia, el mismo “nerviosismo”
que envuelve a todos los médiums que ejercen su
facultad con seriedad. Por qué tener miedo, me dirán
ustedes, si somos espíritas y se supone que conocemos
la manifestación de los espíritus. A eso, responderé así:
Nos comunicamos con los muertos, esa comunicación
involucra una responsabilidad moral tanto hacia
los espíritas que asisten a la sesión como hacia los
espíritus que se manifiestan. Nosotros no jugamos al
espiritismo, lo vivimos. Simplemente deseamos que la
sesión sea exitosa y esa es la razón por la que existe esta
angustia previa a la sesión que desaparece en cuanto
comienza la manifestación. Mi cuerpo y mi espíritu se
acostumbran lentamente a este ejercicio que, para este
tipo de mensajes, necesita la salida astral del espíritu
del médium, que acompañado entonces por espíritus
guías, viaja en el más allá al encuentro de entidades
que desean expresarse sobre diferentes temas.
¿Cuál es el procedimiento empleado para transmitirnos
el mensaje? La respuesta del espíritu es la siguiente:
“Es el proceso del pensamiento, es el proceso del
espíritu, es el proceso telepático. Cuando el médium
nos ve en el más allá, cuando nos mira, entonces
tenemos para él, y voluntariamente, apariencia
humana. Puede pensar entonces que le hablamos
como les hablo actualmente a ustedes. En verdad,
no es así. Esta apariencia se establece simplemente
a fin de tranquilizarlo y de manera que no se desvíe
en las palabras que deseamos transmitirles. En
consecuencia, utilizamos directamente la telepatía
hacia él, luego transmitida a su cuerpo físico que
se las restituye a ustedes por la palabra”. Todavía
oigo los ruidos cercanos, pero los siento menos
presentes. Sé que eso es normal y que es por medio
del ejercicio, la práctica, la regularidad y la confianza
dada a los espíritus que la percepción se desarrolla
y se afina en cada sesión. Lo que me tranquiliza es
que los espíritus que me acompañan durante este
ejercicio para guiarme en el más allá, ya están durante
los pases magnéticos. Los veo, recibo ya algunas
imágenes, ciertas percepciones que esperan sólo el fin
del magnetismo para concretarse en los encuentros
ya previstos y decididos antes de la sesión. Ahora, he
aquí el extracto de un mensaje recibido en septiembre
de 2007. Tres espíritus son citados en las palabras
recibidas. Se trata de tres espíritas desencarnados que
conocimos y quisimos mucho. Uno de
ellos habla de Gaston, otro amigo espírita,
que para esa época estaba al final de su
vida. Luego está Françoise, fallecida hace
unos diez años, que se expresa dirigiéndose
a su esposo, presente en la sesión. “Veo
espíritus familiares llegar ante mí.
Reconozco a Ségolène. Está sonriendo.
Tiene por el brazo a Louisa que está toda
vestida de azul, un azul algo luminoso.
Está hermosa, es feliz. Quiere hablarme.
Se acerca mucho. Me toma las manos. Me
dice: ‘Gaston se libera cada vez más. Nos
reunimos cada vez con más frecuencia
durante sus sueños. Eso está bien,
pronto guardará el recuerdo de ello a su
despertar. Hay alegría aquí, lo esperamos.
Dile que estamos allí y que lo queremos’.
Me hace una seña con la mano y le digo:
‘Hasta luego, hasta luego’. Ségolène está
de nuevo frente a mí. Me dice que está en
compañía de un espíritu a quien también
conozco. Ese espíritu, es Françoise.
Viene para su marido: ‘Claude, Claude,
acércate. He aprendido, he comprendido,
he observado, he reflexionado. La vida no
es simple, hubiera podido ser peor. Aquí
donde estoy, he seguido a nuestros hijos,
estoy feliz por ellos. Sé que han elegido su
camino de vida. Eso está bien así. Diles, diles
que estoy feliz por todos ellos, que no los
olvido. Con frecuencia he estado presente
a su lado y muy a menudo también durante
sus desincorporaciones. He tratado como
he podido de darles consejos, de aportarles
fuerza, de darles mi amor. Ahora sé que mi
tarea está cumplida. No lamento nada,
nada de mi vida. Ahora todo está delante de
mí. Vengo a decirte que tendré que regresar.
Sé que el momento llega, es necesario.
El regreso está cerca, se convierte en una
necesidad para mí. Lo siento en mí, no podré
quedarme mucho tiempo en el más allá.
Me llevaré conmigo mis recuerdos espíritas,
se irán conmigo en mi retorno… También
te llevo conmigo, no olvido nada, todo
continúa. Te quiero…’ Ahora la veo que se
aleja”. Al principio de mis palabras utilicé
el término aventura. No me equivoqué
pues ustedes pueden comprobar que
cada sesión es una nueva historia, nuevos
encuentros; vamos al encuentro de lo
desconocido, pero ese desconocido lleva
por nombre Amor, el amor de los espíritus
que nos rodean y que, por sus mensajes
dados, por sus acciones dirigidas, por su
trabajo realizado, por su presencia dada,
no dejan de probarnos su supervivencia.

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