"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



domingo, 22 de mayo de 2011

Más allá de la mente pensante
La condición humana: perdidos en el pensamiento.

La mayoría de la gente se pasa la vida aprisionada en los confines de sus
propios pensamientos. Nunca van más allá de un sentido de identidad estrecho
y personalizado, fabricado por la mente y condicionado por el pasado.
En ti, como en cada ser humano, hay una dimensión de conciencia mucho más
profunda que el pensamiento. Es la esencia misma de tu ser. Podemos llamarla
presencia, alerta, conciencia incondicionada. En las antiguas enseñanzas, es
el Cristo interno, o tu naturaleza de Buda.
Hallar esa dimensión te libera, y libera al mundo del sufrimiento que te
causas a ti mismo y a los demás cuando sólo conoces el «pequeño yo»
fabricado por la mente, que es quien dirige tu vida. El amor, la alegría, la
expansión creativa y una paz interna duradera sólo pueden entrar en tu vida
a través de esa dimensión de conciencia incondicionada.
Si puedes reconocer, aunque sea de vez en cuando, que los pensamientos que
pasan por tu mente son simples pensamientos, si puedes ser testigo de tus
hábitos mentales y emocionales reactivos cuando se producen, entonces esa
dimensión ya está emergiendo en ti como la conciencia en la que ocurren los
pensamientos y emociones: el espacio interno intemporal donde se despliegan
los contenidos de tu vida.
La corriente de pensamientos tiene una enorme inercia que puede arrastrarte
fácilmente. Cada pensamiento pretende tener una gran importancia. Quiere
captar toda tu atención.
He aquí un ejercicio espiritual que puedes practicar: no te tomes tus
pensamientos demasiado en serio.


Qué fácilmente se queda atrapada la gente en sus prisiones conceptuales.
La mente humana, en su deseo de conocer, entender y controlar, confunde sus
opiniones y puntos de vista con la verdad. Dice: así son las cosas. Tienes
que ser más amplio que el pensamiento para darte cuenta de que tu manera de
interpretar «tu vida», o la vida o conducta de otra persona, cualquier
manera que tengas de juzgar una situación, no es más que un punto de vista,
una de las muchas perspectivas posibles. No es más que una cadena de
pensamientos. Pero la realidad es una totalidad unificada donde todas las
cosas están entrelazadas, donde nada existe en y por sí mismo. El
pensamiento fragmenta la realidad, la corta en pedazos y en fragmentos
conceptuales.
La mente pensante es una herramienta útil y poderosa, pero también muy
limitante cuando se adueña completamente de tu vida, cuando no te das cuenta
de que sólo es un pequeño aspecto de la conciencia que eres.

La sabiduría no es un producto del pensamiento. El conocer profundo, que es
la sabiduría, surge en el simple acto de prestar toda tu atención a alguien
o algo. La atención es la inteligencia primordial, la conciencia misma.
Disuelve las barreras creadas por el pensamiento conceptual, lo que nos
permite reconocer que nada existe en y por sí mismo. Une el perceptor con lo
percibido en un campo de conciencia unificado. La sabiduría cura la
separación.

Cuando estás inmerso en el pensamiento compulsivo, estás evitando lo que es.
No quieres estar donde estás. Aquí, Ahora.

Los dogmas —religiosos, políticos, científicos— surgen de la creencia
errónea de que el pensamiento puede contener y encerrar la realidad o la
verdad. Los dogmas son prisiones conceptuales colectivas. Y lo extraño es
que la gente ama la celda de su prisión porque le da sensación de seguridad,
una falsa sensación de «yo sé».
Nada ha causado más sufrimiento a la humanidad que sus dogmas. Es cierto que
cada dogma se viene abajo antes o después, porque su falsedad acaba siendo
revelada por la realidad; sin embargo, a menos que el error básico sea visto
tal como es, el dogma será reemplazado por otros.
¿Cuál es el error básico? La identificación con el pensamiento.

El despertar espiritual es el despertar del sueño del pensamiento.

El reino de la conciencia es mucho más vasto de lo que el pensamiento puede
entender. Cuando dejas de creerte todo lo que piensas, sales del pensamiento
y ves con claridad que el pensador no es quien tú eres.

La mente existe en un estado de «nunca tener suficiente», por lo que siempre
ambiciona más. Cuando te identificas con la mente, te aburres y te inquietas
fácilmente. El aburrimiento significa que la mente tiene hambre de nuevos
estímulos, de más alimento para el pensamiento, y que su hambre no está
siendo satisfecha.
Cuando estás aburrido, puedes satisfacer el «hambre mental» leyendo una
revista, haciendo una llamada telefónica, poniendo la tele, navegando en
Internet, yéndote de compras o —y esto es bastante común— transfiriendo al
cuerpo la sensación mental de carencia y la necesidad de querer siempre algo
más, y satisfaciéndolas brevemente ingiriendo más comida.
O puedes sentirte aburrido e inquieto y observar la sensación de estar
aburrido e inquieto. A medida que vayas dándote cuenta de estas sensaciones,
empezará a surgir algún espacio y quietud en torno a ellas. Al principio
sólo habrá un poco, pero, conforme crezca la sensación de espacio interno,
el aburrimiento empezará a disminuir en intensidad y significado. De modo
que incluso el aburrimiento te puede enseñar quién eres y quién no eres.
Descubres que ser «una persona aburrida» no es tu identidad esencial. El
aburrimiento, simplemente, es un movimiento interno de la energía
condicionada. Tampoco eres una persona enfadada, triste o temerosa. El
aburrimiento, el enfado, la tristeza o el miedo no son «tuyos», no son
personales. Son estados de la mente humana. Vienen y van.
Nada de lo que viene y va eres tú.
«Estoy aburrido»; ¿quién sabe esto?
«Estoy enfadado, triste, atemorizado»; ¿quién lo sabe?
Tú eres el conocimiento, no el estado conocido.

Los prejuicios de todo tipo implican que te estas identificado con la mente
pensante. Significan que ya no ves al otro ser humano, sino únicamente tu
propio concepto de ese ser humano. Reducir la riqueza de vida de otro ser
humano a un concepto es en sí mismo, una forma de violencia.

El pensamiento que no está enraizado en la auto-conciencia se sirve a sí
mismo y es disfuncional. El ingenio exento de sabiduría es extremadamente
peligroso y destructivo. Constituye el estado habitual de la mayor parte de
la humanidad. La expansión del pensamiento por vías científicas y
tecnológicas, aunque no es intrínsecamente bueno ni malo, también se ha
vuelto destructivo, porque muy a menudo el proceso mental del que surge no
hunde sus raíces en la conciencia.
El paso siguiente en la evolución humana es trascender el pensamiento.
Actualmente es nuestra tarea más urgente. Esto no implica dejar de pensar,
sino dejar de identificarse completamente con el pensamiento, dejar de estar
poseídos por el pensamiento.

Siente la energía de tu cuerpo interno. El ruido mental se serena y cesa
inmediatamente. Siéntela en tus manos, en tus pies, en tu abdomen, en tu
pecho. Siente la vida que eres, la vida que anima el cuerpo.
Entonces el cuerpo se convierte en una puerta, por así decirlo, hacia una
sensación de vida más profunda que subyace a las fluctuantes emociones y al
pensamiento.

Hay una riqueza de vida en ti que puedes sentir con todo tu Ser, no sólo con
la cabeza. En esa presencia en la que no necesitas pensar, cada célula está
viva. Sin embargo, en ese estado, el pensamiento puede activarse si se le
necesita para alguna finalidad práctica. La mente puede seguir operando, y
opera perfectamente cuando la inteligencia mayor que eres la usa y se
expresa a través de ella.

Quizá te haya pasado inadvertido que esos breves periodos en los que «eres
consciente sin pensamiento» ya ocurren natural y espontáneamente en tu vida.
Puedes estar realizando alguna actividad manual, o paseando por la
habitación, o esperando en el mostrador de la aerolínea, y estar tan
completamente presente que el ruido mental de fondo se disipa y es
reemplazado por la presencia consciente. También puedes estar mirando al
cielo o escuchando a alguien sin que surja ningún comentario interno. Tus
percepciones se vuelven claras como el cristal, no están empañadas por el
pensamiento.
Para la mente, todo esto no es significativo, porque tiene cosas «más
importantes» en que pensar. Además, no es memorable, y por eso te ha pasado
inadvertido.
Lo cierto es que es lo más significativo que puede ocurrirte. Es el
principio de un cambio desde el pensamiento hacia la presencia consciente.

Siéntete cómodo en el estado de "no saber". Este estado te lleva más allá de
la mente, porque la mente siempre está intentando concluir e interpretar.
Tiene miedo de no saber. Por eso, cuando puedes sentirte cómodo en el no
saber, ya has ido más allá de la mente. De ese estado surge un conocimiento
más profundo que es no-conceptual.

Creación artística, deporte, danza, enseñanza, terapia: la maestría en
cualquier disciplina implica que la mente pensante o bien ya no participa, o
se ha quedado en un discreto segundo plano. Un poder y una inteligencia
mayores que tú, aunque en esencia son uno contigo, toman el mando. Ya no hay
proceso de toma de decisiones; la acción justa surge espontáneamente, y «tú»
no la estás haciendo. La maestría de la vida es lo opuesto del control. Te
alineas con la conciencia mayor. Ella actúa, habla y hace los trabajos.

Un momento de peligro puede producir el cese temporal de la corriente de
pensamientos, permitiéndote degustar lo que significa estar presente, alerta
 consciente.

La Verdad es mucho más omniabarcante de lo que la mente podrá comprender
jamás. Ningún pensamiento puede encerrar y contener la Verdad. En el mejor
de los casos, puede indicarla. Por ejemplo, puede decir: «Todas las cosas
son intrínsecamente una.» Eso es una indicación, no una explicación.
Comprender estas palabras significa sentir profundamente dentro de ti la
verdad hacia la que apuntan.


El Silencio Habla Título Original: "Stillnes Speaks" 2003, Eckhart Tolle (C)
Traducción 2004 Miguel Iribarren

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