EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizado el blog: CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



sábado, 16 de abril de 2016

rada nueva en Grupo Espírita de La Palma

EL SIGNIFICADO DE LA ENFERMEDAD: SOMATIZACIÓN E INTEGRACIÓN DE LA SOMBRA – Por: Lorena S. Fuentes

by idafe
Fragility of a human creature conceptual body art on a woman

Por: Lorena S. Fuentes

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«La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza
para curar al hombre». Carl G. Jung

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Comprender la enfermedad como la voy a plantear a continuación puede resultar incómodo para las personas que la utilizan como excusa para evitar enfrentarse con su origen.

Actualmente, la industria farmacéutica y la medicina alopática nos ofrecen soluciones que cada vez nos parecen más de ciencia ficción. Y no digo que esté absolutamente en contra de sus avances, pero si es verdad que cada vez somos más los que nos replanteamos las cosas, desconfiamos y buscamos en otros métodos, antiguos o modernos, lo que a la medicina tradicional le falta: comprender al ser humano desde todos sus aspectos.

Ya he hablado en ocasiones anteriores del Cuerpo (como cuerpo físico) y la Conciencia. Basándome en esos conceptos, trataré de explicar cómo entiendo yo la enfermedad:

Enfermedad significa la pérdida de una armonía o, también, el trastorno de un orden hasta ahora equilibrado (después veremos que, en realidad, contemplada desde otro punto de vista, la enfermedad es la instauración de un equilibrio).

“Ahora bien, la pérdida de armonía se produce en la conciencia, en el plano de la información, y en el cuerpo sólo se muestra (como síntoma o somatización). Por tanto, el cuerpo es el vehículo físico de la manifestación de todos los procesos y cambios que se producen en la conciencia. Si una persona sufre un desequilibrio en su conciencia, eso se manifestará en su cuerpo en forma de síntoma.”

La distinción entre «somático» y psíquico» se refiere al plano en el que el síntoma se manifiesta, pero no sirve para ubicar la enfermedad. En realidad se tratará exclusivamente de síntomas que se manifiestan en el plano psíquico, es decir, en la conciencia de la persona.

Un-elefante-atadoCuando en el cuerpo de una persona se manifiesta un síntoma, éste (más o menos) llama la atención interrumpiendo, con frecuencia de forma brusca, la continuidad de su vida diaria. Un síntoma es una señal que atrae atención e interés y suele impedir que tu vida continúe de forma “normal”.

El síntoma te reclama, lo quieras o no. Es molesto y nosotros no queremos ser molestados, enseguida tiramos de ibuprofeno:

-Me duele la cabeza

-Pues tómate “algo”.

La medicina, desde sus inicios, lo que ha hecho es convencer de que un síntoma es un hecho más o menos fortuito de origen meramente biológico. Siempre evitando la interpretación del síntoma.

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Yo siempre pongo este ejemplo: imagina que se te enciende una luz de avería en el salpicadero del coche. Imagina que llevas el coche al taller y el mecánico levanta el panel y saca la bombilla. Pues esto es lo que hace la medicina tradicional. Acabar con el síntoma. Muerto el perro, se acabó la rabia. ¿Pero qué es lo que te estaba diciendo la luz?

Para poder comprender esto hay que dirigirse a zonas más profundas. La luz sólo quería avisarnos y hacer que nos preguntáramos qué ocurría. Pues eso es lo que sucede en nuestro cuerpo. Y esto es lo que contempla la medicina holística o medicina integrativa: comprender la enfermedad desde una perspectiva mucho más amplia. Comprender al ser en todas sus dimensiones: física, emocional y espiritual, o lo que es lo mismo: mente, cuerpo y espíritu. El ser humano no es una ecuación química. Es infinitamente más.

Lo que en nuestro cuerpo se manifiesta como síntoma es la expresión visible de un proceso invisible y con su señal pretende interrumpirnos, avisarnos de que algo no va bien y obligarnos a indagar. También en este caso, es una estupidez enfadarse con el síntoma y absurdo tratar de suprimirlo impidiendo su manifestación.

Lo que hay que eliminar no es el síntoma, sino la causa.

Tenemos que ir mucho más allá, pero la medicina es incapaz de dar este paso.  ¿De qué sirve acabar con el síntoma, si la causa que lo origina sigue ahí­? ¿Cuántos tratamientos farmacológicos funcionan mientras se toman, y los síntomas siguen o vuelven en cuanto se dejan? ¿Cuántas enfermedades, sencillamente, no se curan con ningún fármaco? La enfermedad no está en el cuerpo, aunque se manifiesta a través de él.

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Aún con todos los avances científicos conseguidos hasta el momento, el número de enfermos no ha disminuido ni en una fracción del 1%. Ahora hay tantos enfermos como ha habido siempre ”aunque los síntomas sean otros”. Te lo pueden disfrazar como quieran, yo también se jugar con las estadísticas, me dedico a ello, pero esta es la cruda realidad. Investiga sobre ello tú mismo.

Resumiendo…

“La enfermedad es un estado, indica que la persona, en su conciencia, ha dejado de estar en orden o armonía. Esta pérdida del equilibrio interno se manifiesta en el cuerpo en forma de síntoma. El síntoma es la señal y porta información, nos dice que nosotros, como individuos, como seres dotados de alma, estamos enfermos, es decir, que hemos perdido el equilibrio de las fuerzas del alma. El síntoma nos informa que algo falla. Denota un defecto, una falta. La conciencia ha reparado en que, para estar sanos, nos falta algo. Esta carencia se manifiesta en el cuerpo como síntoma. El síntoma es, pues, el aviso de que algo falta.”

El síntoma puede decirnos qué es lo que nos falta ”pero para entenderlo tenemos que aprender su lenguaje. El lenguaje es psicosomático, es decir, sabe de la relación entre el cuerpo y la mente.

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A continuación extraigo algunos fragmentos de un libro que me pareció fascinante y que cito al final de la entrada (La enfermedad como camino):

“Polaridad

La curación se produce exclusivamente desde una enfermedad transmutada, nunca desde un síntoma derrotado o extirpado, ya que la curación significa que el ser humano se hace más sano, más completo. La curación se consigue incorporando lo que falta y no es posible sin una expansión de la conciencia. Enfermedad y curación son conceptos que pertenecen exclusivamente a la conciencia, por lo que no pueden aplicarse al cuerpo, pues un cuerpo no está enfermo ni sano. En él sólo se reflejan, en cada caso, estados de la conciencia.

La medicina se limita a adoptar medidas puramente funcionales que, como tales, no son ni buenas ni malas sino intervenciones viables en el plano material. En este plano la medicina puede ser asombrosamente buena; no se pueden condenar todos sus métodos.”

No se puede hablar de curación sin mencionar la polaridad y la sombra.

“La respiración da al ser humano la experiencia básica de polaridad. Inhalación y exhalación se alternan constante y rítmicamente. El ritmo que forman no es más que la continua alternancia de dos polos. El ritmo es el esquema básico de toda vida. Lo mismo nos dice la Física, que afirma que todos los fenómenos pueden reducirse a oscilaciones. Si se destruye el ritmo se destruye la vida. La vida es ritmo. El que se niega a exhalar el aire no puede volver a inhalar. La inhalación depende de la exhalación y, sin su polo opuesto, no es posible.

Un polo, para su existencia, depende del otro polo. Si quitamos uno, desaparece también el otro. La electricidad se genera de la tensión establecida entre dos polos, si quitamos un polo, la electricidad desaparece.”

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¿Para qué cuento todo esto? La enfermedad tiene mucho que ver con una pérdida de la polaridad, o mejor dicho, un desequilibrio entre la manifestación de ambos polos. Es importante comprender la interdependencia de los dos polos y la imposibilidad de conservar un polo y suprimir el otro. Y a este imposible se orientan la mayoría de las actividades humanas: el individuo quiere la salud y combate la enfermedad, quiere mantener la paz y suprimir la guerra, quiere vivir y, para ello, vencer a la muerte. Es impresionante ver que, al cabo de un par de miles de años de infructuosos esfuerzos, los humanos siguen aferrados a sus conceptos. Cuando tratamos de alimentar uno de los polos, el polo opuesto crece en la misma proporción, sin que nosotros nos demos cuenta.

Precisamente la medicina nos da un buen ejemplo de ello: cuanto más se trabaja por la salud más prolifera la enfermedad. Si queremos plantearnos este problema de una manera nueva, es necesario adoptar la óptica polar. En todas nuestras consideraciones, tenemos que aprender a ver simultáneamente el polo opuesto. Nuestra mirada interior tiene que oscilar constantemente para que podamos salir de la unilateralidad y adquirir la visión de conjunto.

¿Y qué es la sombra?

Todo lo que nosotros no queremos ser, lo que no queremos admitir en nuestra identidad, forma nuestro polo negativo, nuestra «sombra». Pero el repudio de la mitad de las posibilidades no las hace desaparecer sino que sólo las destierra de la identificación o de la conciencia. El «no» ha quitado de nuestra vista un polo, pero no lo ha eliminado. El polo descartado vive desde ahora en la sombra de nuestra conciencia.

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Llamamos sombra (en la acepción que da a la palabra C. G. Jung) a la suma de todas las facetas de la realidad que el individuo no reconoce o no quiere reconocer en sí­ y que, por consiguiente, descarta.

La sombra es el mayor enemigo del ser humano: la tiene y no sabe que la tiene, ni la conoce. La sombra hace que todos los propósitos y los afanes del ser humano le reporten, en última instancia, lo contrario de lo que él perseguía.

El ser humano proyecta en un mal anónimo que existe en el mundo todas las manifestaciones que salen de su sombra porque tiene miedo de encontrar en sí­ mismo la verdadera fuente de toda desgracia. Todo lo que el ser humano rechaza pasa a su sombra que es la suma de todo lo que él no quiere.

Ahora bien, esta negación, no afrontar y asumir una parte de la realidad, no conduce al éxito deseado. Por el contrario, el ser humano va a tener que ocuparse muy especialmente de los aspectos de la realidad que ha rechazado. Esto suele suceder a través de la proyección: cuando uno rechaza en su interior un principio determinado, cada vez que lo encuentre en el mundo exterior desencadenará en él una reacción de angustia y rechazo.

Proyección significa que con la mitad de todos los principios fabricamos un exterior, porque no los queremos en nuestro interior. Los principios rechazados que ahora aparentemente nos acometen desde el exterior, los combatimos en el exterior con el mismo encono con que los habíamos combatido dentro de nosotros. Insistimos en nuestro empeño de borrar del mundo los aspectos que valoramos negativamente. Pero esto es imposible (por la ley de la polaridad), este intento garantiza que nos ocupemos con especial intensidad de la parte de la realidad que rechazamos.

Esto entraña una irónica ley a la que nadie puede sustraerse: lo que más ocupa al ser humano es aquello que rechaza. Y de este modo se acerca al principio rechazado hasta llegar a vivirlo.

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Es conveniente no olvidar las dos últimas frases. El rechazo de cualquier principio es la forma más segura de que el sujeto llegue a vivir ese principio. Es la profecía autocumplida. Es resonancia.

A UN SER HUMANO SÓLO PUEDEN MOLESTARLE LOS PRINCIPIOS DEL EXTERIOR QUE NO HA ASUMIDO.

El entorno hace las veces de espejo en el que sólo nos vemos a nosotros mismos y también, desde luego y muy especialmente, a nuestra sombra, a la que no podemos ver en nosotros. De la misma manera que de nuestro propio cuerpo no podemos ver más que una parte, pues hay zonas que no podemos ver (los ojos, la cara, la espalda, etc.) y para poder hacerlo necesitamos del reflejo de un espejo, también para nuestra mente padecemos una ceguera parcial y sólo podemos reconocer la parte que nos es invisible (la sombra) a través de su proyección y reflejo en el llamado entorno o mundo exterior. El reconocimiento precisa de la polaridad.

El que vive en este mundo y no reconoce que todo lo que ve y lo que siente es él mismo, cae en el engaño y el espejismo. Hay que reconocer que el espejismo resulta increíblemente vívido y real (muchos dicen, incluso, demostrable), pero también el sueño nos parece auténtico y real, mientras dura. Hay que despertarse para descubrir que el sueño es sueño. Lo mismo cabe decir del gran océano de nuestra existencia.

HAY QUE DESPERTARSE PARA DESCUBRIR EL ESPEJISMO

Nuestra sombra nos angustia. No es de extrañar, está formada exclusivamente por todos los componentes de la realidad que hemos repudiado y rechazado, los que menos queremos asumir. Es la suma de todo lo que estamos firmemente convencidos que tendría que desterrarse del mundo, para que éste fuera santo y bueno. Pero lo que ocurre es todo lo contrario: la sombra contiene todo aquello que falta en el mundo, ”en nuestro mundo”, para que sea santo y bueno. La sombra nos hace enfermar, es decir, nos hace incompletos: para estar completos nos falta todo lo que hay en ella.

La Sombra como Maestra

La sombra produce la enfermedad, y encararse con ella, cura. Ésta es la clave para la comprensión de la enfermedad y la curación. Un síntoma siempre es una parte de sombra que se ha introducido en la materia. Por el síntoma se manifiesta aquello que falta al ser humano. Por el síntoma el ser humano experimenta aquello que no ha querido experimentar conscientemente. El síntoma, valiéndose del cuerpo, reintegra la plenitud al ser humano. Es el principio de complementariedad lo que, en última instancia, impide que el ser humano deje de estar sano. Si una persona se niega a asumir conscientemente un principio, este principio se introduce en el cuerpo y se manifiesta en forma de síntoma. Entonces el individuo no tiene más remedio que asumir el principio rechazado.

El síntoma indica lo que le «falta» al paciente, porque es el principio ausente que se hace material y visible en el cuerpo. No es de extrañar que nos gusten tan poco nuestros síntomas, ya que nos obligan a asumir aquellos principios que nosotros repudiamos. Y entonces proseguimos nuestra lucha contra los síntomas, sin aprovechar la oportunidad que se nos brinda de utilizarlos para completarnos. En el síntoma podemos aprender a reconocernos, podemos ver esas partes de nuestra alma que nunca descubriríamos en nosotros, porque están en la sombra.

Nuestro cuerpo es espejo de nuestra alma.

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La mayoría de la gente tiene dificultades para hablar de sus problemas más íntimos (suponiendo que los conozca siquiera) de forma franca y espontánea; los síntomas, por el contrario, los explican con todo detalle a la menor ocasión. Desde luego, es imposible descubrir con más detalle la propia personalidad. La enfermedad hace sincera a la gente y descubre implacablemente el fondo del alma que se mantenía escondido. Esta sinceridad (forzosa) es sin duda lo que provoca la simpatía que sentimos hacia el enfermo. La sinceridad lo hace simpático, porque en la enfermedad se es auténtico. La enfermedad deshace todos los sesgos y restituye al ser humano al centro de equilibrio. Entonces, bruscamente, se deshincha el ego, se abandonan las pretensiones de poder, se destruyen muchas ilusiones y se cuestionan formas de vida. La sinceridad posee su propia hermosura, que se refleja en el enfermo.

En resumen: el ser humano, como microcosmos, es réplica del universo y contiene latente en su conciencia la suma de todos los principios del ser.

La trayectoria del individuo a través de la polaridad, exige realizar con actos concretos estos principios que existen en él en estado latente, a fin de asumirlos gradualmente. Porque el discernimiento necesita de la polaridad y ésta, a su vez, constantemente impone en el ser humano la obligación de decidir. Cada decisión divide la polaridad en parte aceptada y polo rechazado. La parte aceptada se traduce en la conducta y es asumida conscientemente. El polo rechazado pasa a la sombra y reclama nuestra atención presentándosenos aparentemente procedente del exterior. Una forma frecuente y específica de esta ley general es la enfermedad, por la cual una parte de la sombra se proyecta en el físico y se manifiesta como síntoma. El síntoma nos obliga a asumir conscientemente el principio rechazado y con ello devuelve el equilibrio al ser humano. El síntoma es concreción somática de lo que nos falta en la conciencia. El síntoma, al hacer aflorar elementos reprimidos, hace sinceros a los seres humanos.

 Seguimos buscando.

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  • Lecturas que os recomiendo y que podéis adquirir a través de los enlaces que os dejo: “Psicogénesis de las enfermedades“, Carl Gustav Jung. “La enfermedad como camino“, Thorwald/Dahlke,Ruediger Dethlefsen. “Encuentro Con La Sombra“, Carl Gustav Jung y Otros.

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