"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



viernes, 14 de noviembre de 2014

                                   EL MÉDIUM D.D.HOLMES LEVITANDO



LA LEVITACIÓN
FENÓMENO
por RÉGIS BERTAUD


LE JOURNAL SPIRITE N° 98 octobre 2014



Nuestra Tierra es como un inmenso imán que atrae todos los cuerpos a su superficie. Salten en el aire y las veces que lo intenten, tercamente volverán a caer al suelo. Oblíguense a querer permanecer en el aire, al momento de impulsarse, y nada que hacer, el suelo les atraerá una y otra vez. Esta fuerza que mantiene en el suelo a los objetos y los seres vivos, es el peso; en nuestro planeta, toda la materia está sometida a esta fuerza. “Vaya”, me dirán ustedes, “la levitación no funciona, es una invención del hombre, un sueño, una ilusión que se encuentra sólo en los escenarios de los cabarets o en las películas fantásticas tales y como Harry Potter o Peter Pan”.
Probablemente ustedes conocen esta expre- sión: “Nunca hay humo sin fuego”. Les propongo que nos despojemos de ese espeso humo que rodea a la levitación. La levitación, ¿mito o realidad? De hecho, en nuestra época, la palabra levitación define un amplio abanico de fenómenos que producen la ausencia de peso. Cuando miramos lo que se practica como tipos de levitación, podríamos decir que existe una levitación racional, la de la ciencia materialista que, con las fuerzas conocidas produce el fenómeno de levita- ción, y existe una levitación irracional, que utilizando una fuerza aún desconocida hoy en día, permite a los cuerpos elevarse en los aires sin apoyo y permanecer allí en suspensión. Esta segunda manera de levitar plantea un verdadero problema de física. ¿Cómo puede un cuerpo, sin medio tecnológico, sin utilizar energía, sustraerse a la atracción de la Tierra? Sobre esta cuestión, volveremos un poco más adelante. Comencemos antes por diferentes ejemplos de levi- taciones tanto racionales como irracionales.

LAS LEVITACIONES RACIONALES
Si bien ha habido la utilización de propulsores cada vez más potentes para arrancar al hombre del suelo, este último siempre ha estado en busca de lograr una suspensión en los aires sin apoyo y sin máquinas directamente unidas a él; eso sigue siendo sorpren- dente, ¿no les parece? ¿Por qué desear seguir simplificando el fenómeno hasta ese punto? ¿Habrá un deseo inconsciente que impulsa al hombre a alcanzar un estado particular, como el de la levitación? Un deseo que tendría su origen en el carácter tan particular del ser humano, y sin embargo tan reprimido, el de ser ante todo un Espíritu, un ser espiritual cuya facultad es ser ante todo libre y no sometido a las fuerzas torpes y pesadas de la materialidad. He aquí tres casos de estas levitaciones calificadas de racionales, que caracterizan esa incesante búsqueda del hombre de ciencia en el campo de la levitación.
La levitación en avión o el avión Gravedad Cero
Para crear un entorno de ingravidez, basta con estar a bordo de un avión que maniobra en ascenso y luego en descenso, lo que se llama un vuelo parabólico. Así, durante veinticinco segundos, el tiempo de la caída libre del avión, los pasajeros flotan en el aire. En Europa, se realiza este tipo de vuelo desde hace muchos años con fines científicos y, progresivamente, abre su acceso al público mediante algunos miles de euros. Volvemos a bajar un poco sobre la Tierra para descubrir que los sonidos también pueden crear una forma de levitación.
La levitación acústica
Utiliza dos pequeños altavoces para generar ondas sonoras de frecuencias ligeramente por encima de la gama audible. Cuando los altavoces alto y bajo son alineadas con precisión, crean un fenómeno conocido con el nombre de “onda estacionaria”, que anula el efecto de la gravedad; entonces objetos ligeros son capaces de levitar cuando son colocados correctamente. La utilización de la levitación acústica es muy inte- resante, especialmente en el desarrollo de nuevos materiales para la electrónica o para la síntesis de medicamentos.
La levitación electrodinámica
 Ciertos materiales se vuelven superconductores cuando son sometidos a una temperatura que sobrepasa los -269°C. La supraconductividad es un fenómeno caracte- rizado por la ausencia de resistencia eléctrica y la expul- sión del campo magnético, creando así el fenómeno de levitación. Las aplicaciones han sido probadas en trenes como el JR-Maglev, prototipo japonés que desde 2003 ostenta el récord mundial de velocidad en 581 km/h (574,8 km/h para el TGV francés).

LAS LEVITACIONES “IRRACIONALES”
 Si bien la naturaleza espiritual del hombre puede explicar esa búsqueda de libertad en la suspensión de los cuerpos en el espacio, ¿no habría en la historia de la humanidad un período donde el hombre haya alcanzado el estado tan particular de levitación? ¿Alguna civilización habrá dominado la levitación hasta el punto de que eso haya propagado la idea en todo el mundo, hasta inspirar cuentos y leyendas?
Los que nos siguen desde hace algunos años, saben que nuestro Círculo da testimonio de la supervivencia del alma, de su ontología divina, de la posible mani- festación de los espíritus desencarnados y de la palin- genesia del espíritu por su reencarnación en el ciclo de las vidas. El Círculo Allan Kardec, es cuarenta años de comunicación con el más allá, pero es también cuarenta años de mediumnidad. Entre las mediumnidades que son desarrolladas, está el sueño magnético. Rodeado y protegido por los espíritas, el médium se desliza hacia un estado de conciencia modificada, una forma de sueño provo- cado por pases magnéticos. En este caso, el peries- píritu del médium, es decir su cuerpo energético, su doble semi-material, puede desplazarse en el más allá y, rodeado de espíritus que lo guían y protegen, regresar a eventos pasados y, vean ustedes lo que es formidable en esta facultad, que un hombre o una mujer del siglo XXI pueda viajar en el tiempo y volver a una época para describir lo que ve. Si existe una máquina de remontar el tiempo, quizás esté en esta facultad. Les ruego que volvamos así a una época muy lejana, y descubramos juntos un período donde el hombre no viajaba en avión, donde el hombre no utilizaba altavoces sino telepatía y donde las bobinas de imanes no eran necesarias para levitar, quiero hablar de una civilización perdida y descono- cida, la de los druidas.
Los druidas
Sumergido en un sueño magnético, el médium se remonta más de dos mil años, a Escocia, allí donde vivían los druidas. Describe los paisajes, el mar y sobrevuela los lochs, menos numerosos en
aquella época. Es otra Escocia la que descubre el médium, aquella donde aún no se habían formado todos los lochs, aquella donde el mar del Norte penetraba más en el interior de las tierras de lo que lo hace hoy, entonces, súbitamente el médium se detiene, acaba de ver pasar por delante de él algo increíble, he aquí lo que describe: “Es divertido, acabo de ver pasar por encima de los burros y sus viajeros, a varios druidas que se desplazan por levitación. Tienen las piernas replegadas, un poco como la posición del yoga. Tienen las manos sobre las rodillas. Eso parece irreal. Tienen el rostro serio. Los ojos están cerrados. Para desplazarse, deben mantener cierta forma de concentración antes de llegar al lugar deseado”. Los druidas constituían una micro sociedad en la civilización celta. Comenzó hace doce mil años y se extinguió ciento cincuenta años después de J-C. Los druidas representaban la elite intelectual y espiritual del pueblo celta del cual procedían. Su existencia se dedicaba a ejercitar su espíritu sobre la materia, para aprender a dominarla, no en un sentido vanidoso, sino en un sentido amoroso. Practicaban todos los ejercicios de la fuerza del pensamiento para probar la existencia del espíritu en el hombre. Se instruían en la geometría del cielo, utilizando las matemáticas, desarrollaban también facultades tales como la radiestesia, la telepatía, la clarividencia, y la levitación también formaba parte de las primeras enseñanzas druídicas. Aquellos hombres se servían principalmente de la levitación para desplazarse y dirigirse a lugares de difícil acceso. Así podían venir fácilmente en ayuda de alguno de ellos, sobrevolando peñascos y mares para llevar socorro. Esa levitación se llama provocada porque es el espíritu del hombre el que actúa voluntariamente sobre su envol- tura física. Evocar la levitación de los cuerpos en pleno mar nos lleva a un acontecimiento muy conocido del Nuevo Testamento.
La marcha de Jesús sobre las aguas He aquí el extracto que relata este fenómeno: “… En la madru- gada, Jesús fue hacia ellos cami- nando sobre el mar. Cuando los discípulos lo vieron andar sobre el agua, se asustaron y dijeron: ¡Es un fantasma! ¡Y con pavor, comen- zaron a gritar! Entonces Jesús les dijo, «Tranquilos, soy yo, no tengan miedo»…”
En los cuatro Evangelios existen silencios sobre la vida de Jesús, desde su primera visita al Templo. Cuando Jesús reaparece en los textos, es descrito como un hombre de experiencia y de certeza más firme en sus ideas. ¿Qué pasó en su vida durante esos años? A esta pregunta, los Espíritus han venido para traernos algunas respuestas que podrán sorprender, pues son infrecuentes ante todo lo que se ha podido leer, oír y ver, sobre la vida del profeta Jesús. Él viajó y se dirigió a las comarcas donde vivían los druidas. Jesús, espíritu superior, misionero en la revelación de un Dios único y apelando solamente al amor, presentía su existencia y deseaba conocer todo sobre el druidismo. Al reunirse con ellos, desarrolló a su lado todas las fuerzas del espíritu como la telepatía y la radiestesia; aprendió a servirse mejor de su magnetismo y también dominó la levitación. La levitación es ante todo una técnica adquirida por un largo trabajo de concentración. Para los druidas, levitar su cuerpo en el espacio se convertía en una capacidad y no en un milagro. Así, la marcha sobre las aguas no es un milagro. Jesús se reunió con los druidas y las ense- ñanzas que recibió allí le permitieron dominar mejor las fuerzas de su espíritu y cumplir lo que muchos han denominado milagros porque desconocían las posibles facultades del espíritu. En Oriente, encontramos testimonios sobre la levita- ción; esta práctica era desarrollada por una casta muy singular, la de los faquires.
Los faquires
Clasificados dentro de una rama mística de la espiritualidad brahmánica, son considerados sujetos capaces de producir impresionantes fenómenos psíquicos. El coronel Albert de Rochas, en su libro titulado Recueil Relatifs à la lévitation du corps humain (Selección Relativa a la levitación del cuerpo humano), menciona varios testimonios de observación de estos fenómenos. He aquí uno, el del Sr. Jacolliot, juez francés del tribunal de Pondichéry a mediados del siglo XIX. La escena tiene lugar en la terraza superior de la casa del Sr. Jacolliot; el faquir está casi completamente desnudo: “Habiendo tomado un bastón que yo había traído de Ceilán, el faquir posó su mano en el pomo y con los ojos fijos en tierra, se dedicó a pronunciar los conjuros mágicos de circunstancia. Apoyado en una sola mano sobre el bastón, el faquir se elevó gradualmente alre- dedor de dos pies del suelo, y con las piernas cruzadas
a la oriental se quedó en una posi- ción bastante parecida a la de los budas… Durante más de veinte minutos, traté de comprender cómo el faquir podía romper con las leyes ordinarias del equilibrio. Me fue imposible conseguirlo, ningún soporte aparente lo unía al bastón, solamente la palma de su mano derecha estaba en contacto”.
Las alfombras voladoras, mito o realidad
 Evocar el Oriente nos hace tras- ladar hacia una leyenda, la de las alfombras voladoras. La alfombra voladora está presente en los cuentos y películas fantásticas; fue popularizada por Las Mil y Una Noches. A través de la mode- lización, ciertos trabajos científicos han estudiado la factibilidad de una alfombra voladora, basándose en la forma de desplazamiento de la manta raya. Según los científicos, salvo en medios acuosos, la cuestión energé- tica sería demasiado importante. Entonces, ¿qué ocurre con ella? La alfombra voladora, ¿mito o realidad? Les hicimos esa pregunta a los Espíritus y he aquí lo que nos dijeron: “Las alfombras voladoras existen. La práctica sigue siendo oriental y corresponde al desarrollo de la levitación en el espacio. El objeto en sí mismo no tiene nada mágico; ese fenómeno está relacionado con el poder del espíritu sobre la materia y, por consiguiente, demuestra en forma objetiva las posibilidades del psiquismo encarnado. Sin embargo, es preciso subrayar que este fenómeno exige un gran dominio de su mente por parte del que lo vive”.
Occidente también ha conocido estos casos de levitación:
Teresa de Ávila (1515-1562)
 Es reconocida por sus reformas de los conventos carmelitas y considerada como una figura mayor de la espiritualidad cristiana. Tenía más de cuarenta y tres años cuando vivió su primera levitación que ella describió en estos términos: “Cuando emito alguna resistencia, me parece que una fuerza me levanta, por debajo. Debo confesar que al prin- cipio eso me causaba un gran temor: aunque el cuerpo sea levantado así y los Espíritus lo vuelvan a bajar con mucha suavidad, si no se opone resistencia, uno perma- nece siempre consciente, al menos, siempre estaba lo bastante como para verme levantada. Debo decir que, con frecuencia, cuando aquello terminaba, tuve la impresión de que mi cuerpo era muy ligero, como si ya no hubiera tenido más peso. De manera que, a veces, no estaba segura de que mis pies estuvieran posados sobre el suelo”.

José de Cupertino (1603-1663)
El caso de José de Cupertino es uno de los fenómenos más conocidos y autenticados de la religión cató- lica. Llamado “el santo volador”, José de Cupertino estaba sujeto a formas de éxtasis, antes de cada levitación. El fenómeno, que inquietaba a la Iglesia, fue objeto de investigaciones dirigidas por el cardenal Prospero Lambertini, conocido por su probidad intelec- tual y su rigor. Este último multi- plicó las objeciones e hizo realizar una investigación de extrema precisión sobre cada punto que, a veces, duraba varios meses. Evitó cualquier entusiasmo y sólo conservó los hechos debidamente establecidos. En el caso de José de Cupertino el fenómeno era causado por las cosas más anodinas, la vista de una imagen, un canto, la belleza de una flor, la textura de una hoja; todo era un pretexto para que José se elevara en el aire. En 1653, una orden del Papa Inocencio X lo hizo trasladar a los capuchinos de Pietrarubbia. Perteneció secues- trado el resto de su vida, lejos de las miradas y el último testigo presencial de sus fenómenos de levitación fue el cirujano Francesco de Pierpolo cuyo testimonio vemos a continuación: “Durante su última enfermedad, debí poner un cauterio a su pierna derecha, conforme a las prescripciones del médico Giancinto Carosi. José estaba sentado en una silla, con la pierna apoyada sobre mi rodilla. Como aplicaba el hierro para la operación, me di cuenta de que estaba arrebatado, fuera ya de sus sentidos. Los brazos estaban extendidos, los ojos abiertos y elevados hacia el cielo, la boca medio abierta y la respiración parecía haber cesado completamente. Observé que se había elevado alrededor de un palmo por encima de la silla. Para observar mejor a José, me arrodillé con el doctor Carosi que lo examinaba conmigo. Los dos reconocimos, muy visiblemente, que José estaba realmente elevado en el aire. Esa situación duró un cuarto de hora”. De acuerdo con el número de hechos certificados por una multitud de testigos directos, los casos de levita- ción de José de Cupertino son los más señalados y más incontestables de la tradición hagiográfica cristiana. La historia espírita no se queda atrás con los ejemplos de levitaciones de cuerpos humanos. Son casos más recientes y que han sido sometidos a controles científicos.

El médium Daniel Dunglas Home (Escocia 1833 - París 1886)
Médium que vivió en París de 1833 a 1886, Daniel Dunglas Home fue estudiado principalmente por el científico William Crookes (1832-1919), químico y físico
británico, célebre en el mundo de la ciencia especialmente por haber descubierto un nuevo elemento químico, el talio. Médium de efectos físicos, Daniel Dunglas Home fue también uno de los raros casos de levitación humana observada por los científicos. En su obra Recherches sur les FENÓMENOs du spiritualisme (Investigaciones sobre los fenó- menos del espiritualismo), William Crookes confirma el fenómeno: “En tres circunstancias diferentes, lo he visto elevarse completamente sobre el piso de la habitación. La primera vez, estaba sentado sobre una tumbona, la segunda estaba de rodillas y la tercera de pie sobre su silla. En cada ocasión, tuve toda la libertad posible para observar el hecho en el momento en que se producía. Rechazar la evidencia de esas manifestaciones equivale a rechazar todo testi- monio humano, cualquiera que sea, pues de hecho no
son la historia sagrada o la historia profana donde se apoyan las pruebas más imponentes”. El propio Daniel Dunglas Home describe sus impresiones cuando levita: “No experimento nada de particular en mí, excepto esa extraordinaria sensación a la que atribuyo la causa, de una gran abundancia de electricidad en mis pies. No siento ninguna mano que me soporta, por lo general me he elevado perpendicularmente y cuando llego al techo, mis pies son llevados a la altura de mis hombros. En algunas ocasiones, la rigidez de mis brazos se relaja y puedo trazar algunos signos y letras en el techo”.
¿Cómo funciona la levitación sobre un cuerpo humano? La levitación no puede existir sin la intervención del periespíritu, doble del cuerpo físico, que está dotado de múltiples propiedades como la función de memorizar, la de expandirse o de atravesar la materia. Y en ciertas ocasiones, el periespíritu puede producir la suspensión del peso de nuestro cuerpo. Es por eso que tiene un papel esencial en la levitación. La naturaleza periespiritual es una naturaleza vibratoria en su estructura celular, invisible al ojo humano. Esta misma estructura periespiritual puede tener todas las virtudes, desde el momento en que estas últimas son regidas por el espíritu. Así, el conjunto de las células periespirituales absorbe provisionalmente la envoltura física para quien, ejerciendo esta práctica, desee levitar. Cuando un ser humano le pide a su envoltura carnal que se eleve en el espacio, le pide simultáneamente a su envoltura periespiritual que actúe sobre el plano celular para aligerar el peso de su cuerpo. Un Espíritu viene a respondernos sobre este punto: “Toda experiencia de levitación deseada y realizada sólo puede llegar a buen término si el experimentador está advertido de su doble naturaleza, es decir de la existencia de su periespíritu, para ordenar a ese mismo periespíritu que transforme momentáneamente la naturaleza de su envoltura carnal. Eso quiere decir reducir la pulsación cardiaca a veinte latidos por minuto y transformar completamente el metabolismo físico a partir de una voluntad pensada por un espíritu. Eso quiere decir que se establecerá un conjunto de cambios a nivel de las partí- culas de la célula periespiritual que actuará directamente sobre la célula física para aligerarla provisionalmente. Eso quiere decir que el torbellino de la célula, que el torbellino del átomo, que el torbellino de la partícula, va a responder a una resonancia pensada y reflexionada. El movimiento vital del átomo a nivel de su forma, la manera en que se desplaza, se va a acelerar en un mismo torbellino y entonces eso quiere decir que, efectivamente, el sujeto podrá elevarse en el espacio”. Hay igualmente otra forma de levitación, la que no es deseada, una levitación que le ocurre al médium a su pesar, como en los casos de Daniel Dunglas Home o Teresa de Ávila. D. D. Home no pensaba la levitación y sin embargo era levitado, levitado a partir del pensa- miento de los desencarnados que actuaban entonces sobre su periespíritu para elevarlo en el espacio, de manera de demostrar y probar la posibilidad de ese fenómeno a los testigos que asistían a estas expe- riencias, dando testimonio de la manifestación de los Espíritus. Eso significa que la levitación puede ser
provocada pero al mismo tiempo también sufrida a veces. Así, la levitación que parece contradecir las leyes de la atracción terrestre, es en realidad una función natural inherente a la naturaleza humana. La elevación de un cuerpo humano se inscribía en las primeras ense- ñanzas druídicas; era el resultado de una toma de conciencia de la envoltura carnal como el estado yoga. Entonces, cuando un ser humana levita, realiza incons- cientemente una metamorfosis de sus moléculas que, bajo el efecto vibratorio de su pensamiento, se aligeran naturalmente. Entonces el cuerpo en su totalidad se eleva en el espacio, volviéndose tan ligero como su periespíritu. La levitación no es un espectáculo sino una educación del espíritu en el dominio de su envoltura carnal; necesita ejercicios largos y repetitivos. La levitación existe desde tiempos remotos.
Desde hace algunos milenios, los hombres han tenido cono- cimiento de esta práctica. Por mucho tiempo reser- vada a algunos iniciados o personajes religiosos, pudo en el siglo XIX, gracias a la intervención de los Espíritus y la participación de médiums, llamar la atención del hombre sobre su naturaleza espiritual. Abordar la levitación sin considerar la materia más que en forma de un agregado de células, no podría explicar el fenómeno. Por otra parte, si nuestras sociedades llamadas modernas y materialistas, tratan de reproducir más o menos este estado particular creando campos magnéticos, enfriamiento de super- ficies o utilizando aviones, es que les su falta un dato determinante: considerar como una realidad la natu- raleza espiritual del hombre, reconocer el espíritu en el hombre. Cuando el humano tenga conciencia de su naturaleza espiritual, de la fuerza de su pensamiento, de la existencia de su periespíritu, entonces levitar será para él una realidad evidente, pero antes de estos estadios avanzados, habrá sabido crear las circunstancias propicias que permitan ese estado de levitación, en la búsqueda de una paz sobre la esfera que habita, una paz indispensable para dejar eclosionar finalmente todas las facultades de su espíritu encarnado.

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