"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

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ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 20 de noviembre de 2013


INTRODUCCIÓN DEL ESPIRITISMO EN LAS ISLAS CANARIAS

Por: Oscar M. García Rodríguez

Situación Islas Canarias
Canarias a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX
A lo largo de todo el siglo XIX se producen en Canarias algunos importantes cambios, si bien no suponen modificaciones radicales en la evolución histórica del Archipiélago. Esta evolución es lenta y se aparta en ciertos aspectos de la que se produce en el resto del territorio del Estado español, no afectando a todas las islas por igual.
A comienzos de la segunda mitad del siglo XIX, la situación social, política y económica de las Islas Canarias se caracteriza por estar íntimamente ligada al mundo rural, situación que se prolongará hasta la década de los 60 del siglo XX. La población isleña se ocupa, en su inmensa mayoría, de las tareas agrícolas, siendo el campo la fuente principal de obtención de riqueza.
Un sector minoritario de la población detenta la propiedad y los medios de producción, concentrando en sus manos grandes extensiones de tierras; aunque, también aquí, hay diferencias entre unas islas y otras. Este sector está integrado por la antigua nobleza y la nueva burguesía, cuyo capital proviene de la propia agricultura, y entre los que hay no sólo familias canarias, sino originarias del resto de España y del extranjero. Son frecuentes los apellidos foráneos establecidos especialmente en las dos islas principales, Gran Canaria y Tenerife: los Miller, Hardisson, Ahlers, Reid, Head, Hamilton, Pavillard…, una situación que ya se había venido dando desde siglos anteriores. Estos extranjeros vienen atraídos por motivos sociales, políticos y económicos – entre estos últimos estará la privilegiada situación de los puertos canarios en las rutas comerciales de Europa con el occidente africano y con América – llegando a ocupar un puesto importante en la realidad social canaria. La economía de las islas estará en gran medida mediatizada por estas familias y por los intereses de las compañías extranjeras que representan, motivando un importante incremento en las actividades en ciertos sectores como las navieras, consignatarias, aprovisionamientos de carbón y aguas, créditos, finanzas, cambio de moneda y los incipientes pasos del turismo. Destacan en esta importante influencia los intereses ingleses, alemanes y franceses.
Los capitales extranjeros se invierten en el mundo rural canario, fomentando una agricultura de exportación que si bien produce un cierto auge económico da lugar, por otro lado, a una gran fragilidad y dependencia de la economía canaria del exterior.
Tras el establecimiento en 1852 de los puertos francos en Canarias, se propicia una situación coyuntural de crecimiento en la economía, coincidente en el tiempo e impulsora de un nuevo producto en el sector exportador: el cultivo de la cochinilla o grana.
Este parásito de las nopaleras, chumberas o tuneras, utilizado como colorante natural, había sido introducido en Canarias entre 1824-25, años en los que se realizaron las primeras tareas para su aclimatización. El extraordinario auge de su producción vino motivado por diversas circunstancias favorecedoras en el plano interior e internacional. La extensión de su cultivo se convirtió en una fiebre que alcanzó su mayor producción en 1870, con grandes superávits. Sin embargo esta expansión productiva coincidió con la depreciación de la grana por la progresiva introducción de las anilinas químicas. A partir de 1871 se inicia una caída irrecuperable de los precios que determinará finalmente la ruina de la producción y la exportación, alcanzando la crisis su punto álgido en 1884. Culminó así una fugaz época de falso esplendor, de ilusiones e inversiones cuyas consecuencias inmediatas fueron nefastas, por lo que significativamente se llamó a la cochinilla o grana “espejuelo diabólico”.
En el plano social el amargo fruto de esta crisis, una de las más graves de la historia económica de las Canarias, no se hizo esperar, dando lugar a la salida de nuevos flujos migratorios, tradicional “solución” a las periódicas crisis económicas canarias. A partir de aquí se inician una serie de intentos encaminados a buscar nuevos recambios económicos, entre los que estarán el fomento de productos como el tabaco o el azúcar, que no encontraron los suficientes apoyos en el poder central, desde el que Canarias se veía, según el punto de vista administrativo, como una lejana colonia.
Tras la desamortización, el clero, al objeto de mantener sus posiciones de privilegio e influencia, se asocia descaradamente a la clase dominante, apartándose del pueblo llano, aunque manteniendo su influencia en la sociedad canaria, especialmente en el mundo rural. Y de ella se sirve para defender al sistema establecido a través de los diversos medios de que dispone: el púlpito, la enseñanza, la prensa y la influencia política.
El nivel cultural de la clase dominante es alto, siendo, por el contrario, el analfabetismo preponderante entre la mayoría de la población, lo que da lugar a profundas repercusiones políticas.
Son frecuentes los viajes de formación de los hijos de estas familias aristócratas y burguesas al extranjero – Inglaterra o Francia, principalmente -, algo que ya venía dándose desde finales del siglo XVIII, durante la Ilustración. El comportamiento de este sector dominante es oligárquico, controlando todos los resortes del poder. Ante esta situación de incultura, dependencia económica y la permanente existencia de la válvula de escape que supone la emigración, el campesinado, que ocupa casi las dos terceras partes de la población, adopta una actitud conformista, salvo excepciones individuales.
En 1868 se abre un paréntesis en esta realidad política canaria con la ampliación del sufragio universal masculino, que era restringido desde 1832, fecha desde la cual se accedía a los puestos políticos mediante elecciones, alcanzando su momento culminante con la proclamación de la primera República, tras cuya caída la situación vuelve prácticamente a su estado anterior.
En la situación política canaria cabe destacar también las periódicas discusiones sobre la uniprovincialidad del Archipiélago, cuya capitalidad correspondía a Santa Cruz de Tenerife. Este recurrente conflicto queda ejemplarizado en los varios intentos por lograr la división del Archipiélago en dos provincias, fomentados por la clase política de Gran Canaria, quienes se sentían perjudicados por las actuaciones de los políticos tinerfeños. Por esta época hubo dos intentos en ese sentido, uno en 1854 y otro en 1868. Pero lo que en realidad subyacía tras estas luchas, era la pugna por el predominio de los respectivos bloques de poder de estas dos islas.
Con el panorama que hemos esbozado en los párrafos anteriores, hemos querido proporcionar al lector una visión panorámica a la vez que sintética, del estado de la sociedad canaria en el momento en el que se estaba produciendo en otros lugares del mundo la emergencia de un nuevo estudio y movimiento que cristalizando en el año 1857 con la publicación en París por Allan Kardec de El Libro de los Espíritus – obra en la que se expusieron los principios y directrices básicas que dieron forma a toda una ciencia, una filosofía y una moral – que bautizada con el nombre de Espiritismo tendría un espectacular éxito y expansión en los años siguientes.
Canarias no quedó al margen de esta marejada de ideas y bien pronto arribaron a estas islas los efluvios de esas novedosas investigaciones, en lo que sin duda influyeron los intensos contactos comerciales de las islas con Europa, en especial con Inglaterra y Francia, de los que ya hemos hablado. No es nada descabellado suponer, pues, que a las Islas Canarias llegaría muy poco después de su publicación, algún ejemplar del Libro de los Espíritus, antes incluso de que dicha obra fuese traducida al español, tarea ésta que correría a cargo, entre 1860/61, de José María Fernández Colavida, nominado justamente por su gran labor de impulso del Espiritismo en nuestro país, el “Kardec español”.
Manuel Perdomo AlfonsoEl Espiritismo en Canarias: primeras noticias
En contactos que mantuvimos en su debido momento con el historiador canario Manuel Perdomo Alfonso (1928-2002), autor de un inapreciable artículo periodístico titulado “El Espiritismo en Canarias“, publicado en el diario tinerfeño La Tarde, en su edición del 11 de diciembre de 1973, éste nos informó, entre otros interesantísimos detalles, de que había podido recoger noticias de la existencia en el Archipiélago de lo que él llamaba un primitivo “espiritismo canario“. Según sus averiguaciones, tal consistía en la pervivencia de antiquísimas tradiciones y prácticas que incluían la celebración de determinadas reuniones ceremoniales nocturnas en ciertos lugares del campo, en las que se realizaban ritos especiales y se hacían invocaciones espirituales.
La información nos pareció muy interesante pero, evidentemente, aquí tenemos una primera y radical discrepancia con el, por otra parte, admirado estudioso del pasado de nuestras Islas: Es incorrecto, histórica y filológicamente hablando, designar tales prácticas como “espiritismo”, si tenemos en cuenta que éste fue codificado, definido y fijado en sus bases científicas, filosóficas y morales, a partir del trabajo investigador del pedagogo francés Hippolyte León Denizard Rivail, más tarde conocido con el pseudónimo de Allan Kardec; codificación y estudio que tiene como punto de partida un hecho y una fecha claros: la ya citada publicación del Libro de los Espíritus en París, en abril de 1857. En esta obra Kardec dejó perfectamente anotado y definido, el vocablo que designaba a la nueva ciencia: ESPIRITISMO. Luego, hablando con propiedad, antes de esta fecha no puede hablarse de Espiritismo. En cambio, sí que puede hablarse de “mediumnismo”, pues verdaderamente los fenómenos no los inventó el Espiritismo, lo que hizo fue investigarlos y explicarlos.
Todo este tipo de falsos conceptos vienen determinados por un error básico, cual es confundir el fenómeno con la ciencia que los estudia. La multiplicidad de manifestaciones fenoménicas son inmanentes a la naturaleza en sus múltiples y variadísimas expresiones, regida por leyes a las que estos se sujetan, leyes naturales. El ser humano para conocerlas ha estructurado una forma de conocimiento a la que dotó de unas metodologías propias, precisas, con base en el método experimental; es decir, creó la “Ciencia”. Los fenómenos psíquicos y mediúmnicos estaban ahí desde siempre, alrededor del ser humano, envueltos desde edades inmemoriales en las nieblas de los mitos, las supersticiones y las creencias, a comienzos de la segunda mitad  del siglo XIX un sabio como Hypollite Leon Denizard Rivail – Allan Karde c- aplicó a su estudio el método que era común a cualquier ciencia logrando, tras un intenso y metódico trabajo, descifrar las leyes a que obedecían aquellos “misteriosos” hechos.
Pero, además de ello, se dio cuenta de que al aclararlos, al situarlos en el marco del conocimiento científico, constituyendo esos fenómenos gran parte de la base sobre la que, siguiendo sus peculiares interpretaciones, se sustentaban la mayor parte de las ideologías religiosas, la nueva ciencia se veía irremediablemente abocada a afectar los fundamentos filosóficos y morales de muchísimas personas. En otras palabras, la nueva ciencia tenía innegables implicaciones filosóficas que se proyectaban en trascendentes consecuencias éticas. De ahí que se hable del triple aspecto del Espiritismo: científico, filosófico y moral.
Lo que sí creemos ver en las noticias recogidas por el Sr. Perdomo Alfonso, es el mantenimiento de tradiciones, de conocimientos y de prácticas rituales antiquísimas, en las que se usaba la mediumnidad y que suponen la supervivencia de parte de aquellos ancestrales cultos y costumbres del mundo aborigen canario, teñidas seguramente con la influencia de otras aportaciones de origen exterior tras la incorporación de las Islas al Reino de España.
En el aludido artículo, Manuel Perdomo Alfonso aporta datos únicos que nos informan sobre los primeros momentos del Espiritismo en estas Islas: “Merced a los viajes de numerosos isleños a París – nos dice - y de recibirse en estas islas algunas publicaciones de tal doctrina, ya en 1860 puede decirse que en nuestro Archipiélago se desarrollaban sesiones con mesas giratorias…”.
Y a continuación añade: “Hubo por aquel tiempo una casa donde se reunían algunos practicantes de esta ‘comunicación con los espíritus’, entre Santa Cruz – Santa Cruz de Tenerife - y La Laguna, que recibía el nombre de ‘casa del espiritista’, misión que ejercía un catalán no sin cierta popularidad”.
Desde el punto de vista histórico, Santa Cruz de Tenerife puede ser considerada la población canaria donde el Espiritismo tuvo un mayor arraigo, dentro de los cánones que su codificador marcó. En la por entonces capital de Canarias llegó a fundarse más de un Centro Espiritista, alguno de los cuales contó con su propio órgano informativo.
Hemos tenido la fortuna de poder rescatar otro inapreciable documento que nos informa con cierto detalle de estos primeros tiempos del Espiritismo en Canarias, particularmente en Santa Cruz de Tenerife. Este es un artículo firmado por “M. M”. – es decir el impresor Miguel Miranda y León, una de las figuras  históricas más destacadas del espiritismo en Canarias – que fuera publicado en las páginas de la primera revista espiritista que viera la luz en estas islas, La Caridad(1), de la que Miranda fue fundador, director y propietario. Helo aquí:
“El Espiritismo en Santa Cruz de Tenerife
En el año 1860 ocupaban la atención de la mayor parte de los habitantes de esta cuidad las noticias que distintos periódicos traían de hechos que causaban admiración, y que en aquella época eran inexplicables, producidos por el fluido magnético. Tal fue la impresión que esas noticias obraron en el ánimo de estos naturales, que en casi todas las tertulias y reuniones eran el objeto de su conversación, pasando luego a practicar experimentos fluídicos en distintos cuerpos inanimados.
Poco después, en 1861, se intentó por primera vez el ejercicio del trípode en una reunión de confianza, obteniéndose por este medio algunas comunicaciones espirituales; pero estos ejercicios que, por casi todas las personas que en ellos se ocupaban, eran mirados como un entretenimiento para pasar las horas de solaz, fueron muy pronto olvidados, contribuyendo a su decadencia la falta de conocimiento para la aplicación de los fluidos magnéticos y la ignorancia de todo lo que bajo la influencia de estos se podía operar.
La constancia llega a vencer grandes dificultades; y esta verdad tuvimos ocasión de verla demostrada en el tenaz empeño con que un corto número de personas se propusieron indagar la causa que producía tales efectos. Un trabajo asiduo, sin interrupción, les empleaba todas las horas que sus faenas diarias les dejaba desocupadas; y a pesar de sus esfuerzos muy poco habían adelantado hasta el año 1863, por ignorar los procedimientos y orden de verificar los estudios que hablan de conducirlos al logro de sus deseos.
El desaliento quería ya apoderarse del ánimo de estos incansables trabajadores, cuando llegó a ellos la feliz noticia de los extensos conocimientos que del Espiritismo poseía el digno Marqués de la Florida (q. e. p. d.); esta luz hizo revivir sus decaídas esperanzas, y sin pérdida de tiempo se avistaron con dicho señor y le suplicaron tuviese a bien darles algunas explicaciones concernientes a los fenómenos espiritistas que por todas partes se venían operando, especialmente en el extranjero, y de los cuales no podían ellos darse explicación satisfactoria. Este buen señor, no solo tuvo la amabilidad de facilitar a los suplicantes las más extensas noticias del Espiritismo, sino que se brindó a instruirlos en la parte experimental y en la manera de proceder con acierto en la provocación de los fenómenos.
Todo esto, que por primera vez llegaba a los oídos de las personas que componían el círculo a que venimos refiriéndonos, despertó en ellos el deseo imperioso de llegar a una verdad religiosa que, aceptada por la razón, trajese a sus corazones la fé de que se hallaban desposeídos; entonces solicitaron y obtuvieron los libros que contenían la filosofía y la moral espiritista, y empapándose en ellos dieron gracias a Dios por haber encontrado el camino de la ciencia y la verdad para ser impulsados a su regeneración por medio del progreso; y emprendieron con mayor brío sus trabajos experimentales para convencerse de la existencia del espíritu, de sus manifestaciones y de sus relaciones con los encarnados. 
Si satisfechos los dejó la parte teórica, la práctica les trajo el convencimiento completo de la verdad que deseaban conocer, pues dando principio a sus trabajos experimentales en 1864, durante los primeros cuatro años de práctica obtuvieron un crecidísimo número de pruebas por distintos médiums sonámbulos de ambos sexos, entre ellos algunos que desconocían el alfabeto, no siendo esto un obstáculo para dar comunicaciones y descripciones muy lúcidas.
En 1865 ya existían en esta capital dos pequeños círculos en donde se verificaban estudios y trabajos de alguna consideración; y aunque operaban separadamente y les estimulaba el deseo de adelantar, guardaban entre ambos muy buenas relaciones y se dispensaban la protección tan recomendada por la doctrina espiritista, viniendo por último a refundirse en uno y a reglamentarse, tomando por modelo uno de los centros espiritistas de la Península, lo cual tuvo efecto en 1866.
Ya ordenado este Círculo, al cual podía dársele el nombre de Sociedad, abrió un campo más extenso a sus trabajos y estableció el desarrollo de médiums psicógrafos y videntes, logrando ver premiados sus afanes pues en poco más de tres años obtuvo un número considerable de comunicaciones psicográficas, de las que algunas han visto ya la luz pública.
No fue un obstáculo para los individuos que componían el «Círculo espiritista» de esta Capital, el que, a causa de sus circunstancias, el saber humano les tuviese cerrado el gran libro de las ciencias: sus buenos deseos y su indomable voluntad les impulsaba al trabajo, y este les hacía adquirir por la práctica algunos de los conocimientos que en los establecimientos de enseñanza no podían alcanzar por la causa ya indicada. Así es que desde el momento que indagaron la propiedad de los fluidos y conocieron sus efectos, dedicaron sus trabajos al bien general; cabiéndoles hoy la satisfacción, a estos pobres locos de quienes muchos pretendidos juiciosos se han mofado a su placer, de haber contribuido al alivio de muchos hermanos que sufrían horriblemente a consecuencia de enfermedades de difícil curación, logrando sanarlos de esos males, lo mismo que a otros de enfermedades que se creían incurables.
En los pocos años que cuenta de ejercitar esta caridad, pues no se admite estipendio alguno, han sido muchos los individuos de ambos sexos que han sanado de sus dolencias por medio del fluido magnético. Esto no lo hacemos presente por gloriarnos de ello: muy lejos de nosotros el orgullo, pues conocemos que nada somos, que nada valemos y que únicamente cumplimos con nuestro deber. Cuando llevamos a feliz término una de esas buenas obras, damos gracias a Dios por habernos elegido como uno de sus muchos instrumentos para realizar el bien, y quedamos satisfechos.
En 1875 hizo gestiones este Círculo para establecerse en debida forma, con el objeto de dar publicidad a sus actos, manifestar las enseñanzas espirituales recibidas de nuestros hermanos de ultratumba y propagar las verdades del Espiritismo, a fin de contribuir con su pequeño grano de arena a levantar el gran edificio de la regeneración humana; pero desgraciadamente ha tocado con inconvenientes que no le ha sido posible vencer.
En 1878 volvió a insistir en el mismo pensamiento, unido al deseo de fundar una publicación periódica; presentó su reglamento, acompañado de la correspondiente solicitud, a la autoridad competente para su aprobación, y si bien entonces se le hicieron concebir esperanzas, hasta hoy nada se ha resuelto sobre dicho particular. No obstante, el Círculo ha seguido sus trabajos con una constancia incansable, sin darles la publicidad que desea por tener que verificarlos con carácter privado.
Hoy, a pesar de serle forzoso constituirse en agrupaciones, cuenta con mayor número de médiums muy adelantados en el desarrollo de sus facultades medianímicas; tales son, además de los sonámbulos, los videntes, psicógrafos y parlantes, llamando la atención las excelentes comunicaciones dadas con mucha frecuencia por este último.
Ha sonado la hora de rasgar el oscuro velo de la ignorancia y de las preocupaciones; y aun cuando sabemos que en el progreso nada se opera bruscamente, observamos que la humanidad marcha a pasos agigantados al impulso de esta ineludible ley de la naturaleza, y lucha por arrancar de sus ojos la fatal venda del oscurantismo, para que a sus pupilas penetre el rayo de luz que, desprendido de lo alto, llegue a iluminar su inteligencia. ¡Luz!…
Mucha luz nos dan los elevados espíritus que por sus méritos y virtudes se hallan en condiciones de esparcirla entre los encarnados, para que estos puedan distinguir la verdad y esta los conduzca progresivamente por carecer de taquígrafos que las trasladaran al papel para darlas a la prensa, lo cual nos ha causado un verdadero sentimiento.
Vivimos en un mundo material en donde predominan los vicios y las pasiones como propiedades del mismo planeta, así es que no extrañamos que el hombre rinda culto a la materia descuidando más de lo que debiera sus deberes espirituales; pero en esto obra sin cordura. La vida de la materia es la vida del presente, a ella dedica el hombre todos sus cuidados; nada, o muy poco atiende al alma, a la vida del porvenir que es la eterna; y como nada llega tarde en el reloj de la eternidad, vendrá el momento en que con lágrimas desconsoladoras llore el tiempo perdido, y su conciencia sufra de un modo horrible por los extravíos de esa materia a quien tanto ha dedicado sus desvelos y atenciones. Si, no lo dude el hombre: ha de llegar un tiempo en que su materia, terminando la misión que tenia para llenar los fines del espíritu, sea una cosa inútil; y entonces el alma se encontrará sola, sin ese pesado vehículo, acompañada únicamente de su conciencia; ¿y qué goces tendrá esa pobre alma cuando tan descuidada ha sido en rodearse de virtudes, de buenas obras? ¿Qué encontrará en torno suyo cuando todo el bienestar y lo que ha llamado felicidad lo ha dedicado al cuerpo? Tristeza, dolor, desconsuelo y soledad, será lo que encuentre al tender la vista a su alrededor el estado más lastimoso que la imaginación pueda formarse será el de esa alma que tan poco se ha cuidado de crearse un porvenir sonriente.
¡Cuántas risas burlonas habrán provocado las comunicaciones espirituales! ¡Cuánta mofa habrá producido en algunos hombres la afirmación de la existencia y subsistencia del alma en la vida eterna! Pero ¡cuánto desconsuelo, cuánto dolor se apoderará de sus espíritus cuando se hallen frente a frente de la verdad que acercarlos a Dios, destruyendo a la vez los errores que entorpecen su marcha y hacen que el hombre permanezca alejado de su Creador. Esa luz que agradecidos recibimos, procuraremos hacerla ostensiva, en la forma que nos sea posible, a  nuestros hermanos.
Hace cerca de cuatro años que los buenos espíritus no cesan de verter sus cristianas y moralizadoras ideas entre nosotros, valiéndose para ello del médium parlante, acto que verifican cuatro veces en la semana por medio de discursos lucidísimos, sobre temas de gran importancia y dificultad. Pero estas enseñanzas no las hemos podido recoger sino en la palabra…… y que ya no les será posible negar!
Terminaremos diciendo que las agrupaciones espiritistas de Santa Cruz de Tenerife descansan en la pureza de su cristiana doctrina y en la satisfacción de su conciencia, producida por la bondad de sus actos. Saben que serán combatidas encarnizadamente por unos, vilipendiadas y mofadas por otros, pero nada les hará retroceder en el cumplimiento de sus deberes. Su lema es: «Hacia Dios por la caridad y la ciencia;» y Dios que todo lo ve y lo juzga, sabrá apreciar sus actos y sus intenciones.
M. M.”
¿Por qué se desvirtuó el vocablo “Espiritismo” en la mentalidad popular?
Para otras islas del Archipiélago Canario se carecen de informaciones tan precisas, aunque no tenemos duda de que tuvieron que existir diferentes personas que recibían publicaciones de la nueva doctrina – algunos de estos nombres ya los hemos detectado y los iremos sacando a la luz en este blog-. Al margen de las ciudades capitalinas, el arraigo se dio entre las clases medias. En ocasiones, elementos parciales entresacados de su engranaje teórico-práctico tendieron a mezclarse con otras ideas, formas y prácticas ajenas, contribuyendo a su desnaturalización y creando manifestaciones sincréticas, ya sin conexión alguna con el Espiritismo, aunque en la mentalidad popular y en el mismo lenguaje ordinario, no se diferenciaba una cosa de la otra. En este sentido, antiguamente – y no tan antiguamente – en muchos de los pueblos de las islas decir “curandero” y decir “espiritista” era considerado prácticamente lo mismo, sobre todo cierto tipo de curanderismo en los que las manifestaciones mediúmnicas, rodeadas de rituales de distinto origen – especialmente afrocaribeño -, eran habituales.
Por otro lado, el sesgado y peyorativo uso del término Espiritismo por los sacerdotes desde los púlpitos, siguiendo las directrices marcadas por sus más altas jerarquías que lo equiparaban al “satanismo” o a la “brujería”, contribuyó a crear una pesada losa en la conciencia colectiva del pueblo sencillo, difícil de romper o sortear de manera libre y sana. Recordemos en este sentido las intensas campañas que la iglesia católica emprendió en contra del Espiritismo, dato que incluso recoge Ramón Menéndez Pidal en su monumental obra Historia de España. Así, en el tomo intitulado “La Época del Romanticismo 1808-1874″, comenta: “La revolución del 68 suscita una gran proliferación de prensa católica que contraataca con periódicos y folletos incontables a la propaganda librecultista, protestante o espiritista”.
En este clima antagónico promovido desde la “creencia oficial”, en el que las más afamadas lumbreras del clero católico no paraban de lanzar sus diatribas e insultos a la manera del “último cura de misa y olla”, como decía la gran escritora espírita Amalia Domingo Soler, surgieron títulos tan “ajustados a la verdad” como La Magia disfrazada o sea el Espiritismo (1), y muchos otros del mismo estilo, con los que se quería, alentando los viejos atavismos cuidadosamente sembrados durante generaciones en las conciencias de los creyentes, avivar las dudas y sobre todo los miedos ancestrales. Para ello no se reparaba en métodos ni en formas, siendo el ajuste a la verdad lo menos importante.
NOTAS:
1) Año II, Nº 28, 15 – Agosto – 1883.
2) Obra de Juan José Benítez Cantero, Madrid, 1886.
Otras libros en la misma línea fueron, por ejemplo: El Misterio satánico. Pensamientos religioso-filosóficos sobre las Causas, Fenómenos, Resultados y Reprobación del Espiritismo, de Buenaventura Álvarez Benito; o también – respiren hondo- este otro: El Ministerio de la Iniquidad o Conjuración Satánico-Humana contra Jesucristo, su Principio y Elaboración en Siglos anteriores, su Desarrollo y Complemento por la Revolución protestante filosófico-espiritista, y su pavorosa Terminación por el Anticristo y sus Hordas ya formadas, escrito por el misionero franciscano Padre Arribas. Este último título verdaderamente “da miedo” (perdón por la ironía). Gracias a Dios que ya estamos en otros tiempos y este tipo de cosas lo único que nos provoca es una sonrisa.        
TOMADO DE: http://grupoespiritaisladelapalma.wordpress.com/2013/11/19/introduccion-del-espiritismo-en-las-islas-canarias/

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