"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



domingo, 9 de junio de 2013


                   LOS ESPOSOS RHINE
 
LA TELEPATÍA,
¿COINCIDENCIA O REALIDAD?

por VALÉRIE FAUVEL ET FABIENNE DUCOURNEAU
LE JOURNAL SPIRITE N° 89 JUILLET 2012


La telepatía o transmisión del pensamiento intriga
desde hace muchísimo tiempo y los sistemas espiritualistas
de pensamiento han atribuido al hombre
una doble naturaleza: un cuerpo físico y un espíritu no
físico, que es el caso en la filosofía espírita. Sin embargo,
nuestras sociedades modernas no lo entienden así: los
progresos en el campo científico llevan a esclarecer
muchos fenómenos naturales que antiguamente
suscitaban creencias y supersticiones. Desde entonces,
el quórum científico, soberano y depositario del conocimiento,
considera que todo lo que no comprende, se
explicará más tarde de manera materialista sin hacer
intervenir de noción espiritual.
Uno de los mejores ejemplos es la teoría sobre la deriva
de los continentes. Alfred Wegener, un eminente
geólogo alemán, creía que los continentes se habían
separado y es por eso que Sudamérica tiene aspecto
de encajar tan bien en África. Nadie le creyó y se le
tomó por loco. Pero resultó que había acertado.
La telepatía, definición: En el Larousse, es definida
como sigue: “Comunicación directa entre dos espíritus
cuya separación impide toda comunicación por medio
de las sensaciones usuales”.
En la filosofía espírita la telepatía es definida como una
facultad del espíritu, una fuerza del pensamiento, fenómeno
que fue objeto de numerosos experimentos,
realizados por diferentes personalidades científicas,
a veces escépticas al principio y luego convencidas, y
cuya realidad científica fue demostrada: Richet, Héricourt,
Guthrie, Lodge, Schmoll, Desbeaux, W. M. Pickering,
Warcollier, Gardner-Murphy, etc.
La telepatía constituye la facultad que ha suscitado
el mayor número de investigaciones científicas analizadas
bajo diferentes nombres: “comunicación del
espíritu”, “transmisión de pensamiento”, luego, en 1882
Frédéric Myers designó como telepatía, “la comunicación
de las impresiones de un espíritu a otro fuera
de las vías sensoriales conocidas”. El término tiene su
origen en el griego “télé”: lejos y “pathos”: el afecto.
Otros la llamaron fenómeno “psi”, “paranormal” o hasta
“fenómeno extra-sensorial” como el parapsicólogo J. B.
Rhine. La percepción extra-sensorial conocida generalmente
con el nombre de ESP se refiere a la aparente
facultad de un ser humano de obtener informaciones
sin recurrir a sus cinco sentidos y sin depender de un
razonamiento lógico.
Pruebas por miles: En
1880, con la creación de
la Society for Psychical
Research, el gran físico
Sir William Barrett aplicó
métodos estadísticos a
esta investigación. Fue
uno de los primeros
campos de la ciencia
donde realmente fueron
utilizadas las estadísticas
en el marco de la investigación
experimental.
Los experimentos de adivinación de cartas, desarrollados
por Sir William Barrett, son un ejemplo de ello,
reportado por una revista reciente que enumera todas
aquellas primeras publicaciones: hubo 186 artículos
publicados que describían 3.600.000 ensayos con
más de 30 investigadores. El significado estadístico
es astronómico dice Rupert Sheldrake, abogado de la
realidad del fenómeno y autor de varios libros. Añade
que la mayoría de estos experimentos son replicables,
al contrario del argumento opuesto con frecuencia;
y que, según estudios ingleses, europeos, norteamericanos
y un poco de todas partes del mundo, la
mayoría de la gente cree que ha vivido estas experiencias.
Merece la pena detenerse allí…
En su libro Lo desconocido y los fenómenos psíquicos,
el astrónomo Camille Flammarion relata decenas
de casos de comunicaciones telepáticas, a menudo
entre personas vinculadas por afecto o amor. Escribe:
“No hay nada de anti-científico, nada de novelesco en
admitir que un pensamiento actúe a distancia sobre un
cerebro. Hagan vibrar una cuerda de violín o de piano: a
cierta distancia, otra cuerda de violín o de piano vibrará
y emitirá un sonido. La ondulación del aire se transmite
invisiblemente. No es una sustancia que se traslada; es
una onda que se propaga”. Relata decenas de experimentos
realizados bajo hipnosis tal y como el de una
chica que fue informada de que tendría que responder
a una pregunta que le sería hecha mentalmente, sin
la intervención de ninguna palabra ni de ninguna
señal, lo cual hizo. Se han probado otras sugestiones
en sujetos que ya no están bajo hipnosis, pudiendo el
hipnotizador a distancia y por el pensamiento, pedir al
sujeto que realice una acción (dormir, desplazarse a un
lugar preciso, buscar un objeto…) Recordemos que el
sujeto siempre es dueño de aceptar o no la sugestión
del hipnotizador.
“El 10 de diciembre de 1887, escondí, sin que Marie (el
sujeto hipnotizado) lo supiera, un reloj parado, detrás de
los libros en mi biblioteca. Cuando ella llegó, la dormí y le
di la siguiente orden mental: “Ve a buscar el reloj que está
escondido detrás de los libros en la biblioteca. Yo estoy en
mi butaca, Marie está detrás de mí, y cuido de no mirar
hacia el lado donde está escondido el objeto. Ella abandona
bruscamente su butaca, va directo a la biblioteca,
pero no puede abrirla, todas las veces que toca la puerta,
y sobre todo el vidrio, se producen enérgicos movimientos
regulares ¡Está allí! ¡Está allí! Estoy segura: ¡pero
este vidrio me quema! Me decido a ir a abrir yo mismo;
ella se precipita sobre mis libros, los saca, y toma el reloj
que está muy contenta de haber encontrado”.
Estos hechos que muestran la acción de la voluntad en
los experimentos de hipnosis y de sonambulismo, han
sido observados centenares de veces.
“Ludovico X…, a la edad de cinco años, queriendo su
madre que aprendiera las tablas de multiplicar, se dio
cuenta, no sin sorpresa, ¡de que él las recitaba tan bien
como ella! Pronto le tomaría el gusto y llegó a hacer,
mentalmente, multiplicaciones con un formidable
multiplicador. Bastaba con leerle un problema tomado
al azar de un conjunto y daba enseguida la solución:
“El radio de la Tierra es igual en 6.366 kilómetros; encontrar
la distancia de la Tierra al Sol, sabiendo que equivale
a 24.000 radios terrestres. Expresar esta distancia en
leguas”. El padre no tardó en observar que:
- 1 El niño sólo escuchaba poco, y a veces nada, la
lectura del problema;
- 2 La madre, cuya presencia era una condición expresa
para el éxito de la experiencia, debía tener siempre,
ante los ojos o en el pensamiento, la solución solicitada.
De donde dedujo que su hijo no calculaba, sino
que adivinaba, o, para decir mejor, practicaba en su
madre la lectura de pensamiento; de lo cual resolvió
asegurarse. En consecuencia, rogó a la señora X. que
abriera un diccionario y le preguntara a su hijo qué
página tenía ante los ojos, y el hijo respondió enseguida:
Es la página 456. Lo que era exacto. Diez veces
lo repitió y diez veces obtuvo un resultado idéntico.
Su notable facultad no operaba únicamente con
los números. Si la señora X. marcaba con la uña una
palabra cualquiera en un libro; el niño, interrogado a
este respecto, mencionaba la palabra subrayada. Se
escribía una frase en una libreta; y por larga que fuera,
bastaba que pasara ante los ojos maternos, para que
el niño, interrogado, aun por un extraño, repitiera la
frase palabra por palabra, sin tener aspecto de sospechar
que realizaba una hazaña. No era necesario que la
frase, el número o la palabra fueran fijados en el papel;
bastaba con que estuvieran muy claros en el espíritu de
la madre para que en el hijo operase la lectura mental.
En los juegos de salón, adivinaba una después de otra
todas las cartas de un juego. Indicaba, sin vacilar, qué
objeto se había escondido en una gaveta, sin que él lo
supiera. Si se le preguntaba lo que contenía un bolso,
mencionaba hasta la fecha de las monedas que se
encontraban en él. En la traducción de lenguas extranjeras,
se creería que entendía claramente el inglés, el
español y el griego, pues podía retornar el sentido con
soltura”.
Otra clase de experimentos sobre telepatía es la transmisión
de dibujos. Mucha gente ha hecho tests donde
una persona hace un dibujo y otra, en otra habitación
u otra ciudad debe tratar de reproducirlo. Ha habido
éxitos espectaculares con este género de experiencias.
El resumen más célebre es el del escritor norteamericano
Upton Sinclair, que en 1930 publicó un libro titulado
Mental Radio. Es difícil cuantificar las semejanzas
aunque sean sorprendentes, y en conjunto esta vía no
ha sido continuada por los parapsicólogos.
En los años 60 surgió un nuevo género de investigación
en parapsicología experimental, que implicaba
tests sobre los sueños telepáticos. En estos experimentos,
las personas venían a dormir en un laboratorio.
Cuando comenzaban a soñar con movimientos
oculares rápidos, un experimentador en un edificio
distinto bastante alejado del soñador, miraba una
imagen escogida al azar y se concentraba para transmitírsela.
Estos experimentos dieron resultados positivos
y altamente significativos: 450 ensayos, un significado
estadístico de 1,3 X 10-8 o si lo prefieren, 75 millones
de oportunidades contra 1 de que esto no se debía al
azar, dice Rupert Sheldrake.
Joseph-Banks Rhine
Botánico y psicólogo del siglo XX, Rhine también
realizó investigaciones profundas: “Imaginen al sujeto
receptor sentado delante de un tablero de 48 casillas
numeradas, con los ojos vendados y separado del tablero
por una cortina. En otra habitación, el sujeto emisor,
provisto igualmente de un tablero y fichas, elige una
casilla pensando fuertemente en ella. Después de una
serie de 187 ensayos, se obtuvieron 60 éxitos, resultado
que se opone a las leyes de probabilidad que admiten
sólo 4 éxitos”.
En asociación con el parapsicólogo Pratt, desarrolló el
test de Zener por medio de 25 cartas que comprenden
5 motivos diferentes.
El experimento consiste en una sucesión de 25 tiradas
de cartas por un sujeto. En los primeros tiempos las
cartas eran mezcladas a mano, pero más tarde Rhine
empleó una máquina para seleccionarlas. Un segundo
sujeto, de ser posible en otra sala, debe tratar de
“adivinar” la carta que el primer sujeto acaba de seleccionar.
J. B. Rhine ha repetido miles de veces estos
experimentos. Los resultados han resultado concluyentes,
superando ampliamente el umbral de éxito
que se puede conceder a un eventual azar o a coincidencias.
Los tests telepáticos “Ganzfeld”, desde los años 1970,
consisten en que el sujeto sea acostado en una habitación
en un estado de ligera privación sensorial, con
mitades de pelotas de ping-pong sobre los ojos, ruido
blanco en los auriculares, luz roja y una atmósfera
sosegada, mientras que alguien, en otra habitación u
otro edificio, mira una foto o un videoclip, escogido al
azar entre un grupo de fotos o de vídeos. La pregunta
es entonces: “¿Puede decir el sujeto, identificar, entre
4 imágenes que le son mostradas al fin, cuál es la
que la otra persona miraba?” Si no se tratara sino de
adivinanza, la tasa de éxito sería del 25 %. Pues bien,
los experimentos realizados entre 1974 y 1985, o sea
25 estudios publicados, 762 ensayos… muestran
que globalmente la proporción estadística es de mil
millardos contra uno.
“Aunque me parezca que estas pruebas recogidas por
los parapsicólogos, gracias a las investigaciones realizadas
en laboratorio sean muy impresionantes y hasta
convincentes, tienen sin embargo una gran desventaja,
la de estar basadas en situaciones extremadamente
artificiales. Queriendo ser científicos, muchos de estos
experimentos están demasiado alejados de la telepatía
de la vida corriente, cuando la mayoría de las veces la
telepatía se produce entre personas que se conocen bien.
En la vida real no ocurre entre extraños, o al menos, si se
produce, es muy raro”.

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