"Es necesario liberarse de la fundamental incapacidad humana que constituye el egoísmo materialista."
Aldous Huxley

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Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



lunes, 29 de abril de 2013

                                                  TREGASTEL COTE DE GRANIT ROSE



LAS FUERZAS DESCONOCIDAS
DE LA TELURIA

CHRISTOPHE CHEVALIER
LE JOURNAL SPIRITE N° 92 AVRIL 2013



La palabra “teluria” tiene dos definiciones diferentes,
una en relación con los movimientos de la corteza
terrestre y el otro con una energía particular detectable
por la radiestesia.
Desde el punto de vista científico, desde hace ya
varios decenios, cuando hay temblores de tierra que
surgen en numerosos puntos del planeta, se habla de
“sacudidas telúricas” cuya causa es la doble actividad
de la corteza terrestre en incesante movimiento y del
núcleo terrestre en incandescencia. Para los geofísicos,
la teluria se define según la naturaleza de los subsuelos
de la Tierra, de su actividad, de sus efectos en los
temblores de tierra y de la actividad de los volcanes.
En lo que concierne a la radiestesia, el mundo científico
asimila esta facultad a una pseudo ciencia esotérica,
cuyos métodos de investigación no tienen nada de
científico. Y sin embargo, numerosas investigaciones en
este campo fueron realizadas por hombres de ciencia,
tales como Charles Richet, eminente fisiólogo francés
y laureado con el premio Nobel de esta disciplina, que
se expresó así: “debemos aceptar la radiestesia como
un hecho. Es inútil hacer experimentos para probar su
existencia. Existe. Lo que hace falta ahora, es desarrollar
sus posibilidades”. Si los resultados obtenidos no
tienen ningún valor científico, a la fuerza tenemos que
certificar que los radiestesistas siempre han podido
localizar fuentes o encontrar personas desaparecidas
en colaboración con las instancias judiciales.
El radiestesista habla de lugares “cosmo-telúricos”.
Entiende por este vocablo un entorno que es punto
de convergencia entre una energía que viene del
cosmos y otra energía llamada “telúrica” que emana
de la Tierra. Habla también de corrientes telúricas en
las casas, corrientes de energía que a veces pueden
tener efectos nocivos sobre el estado de salud de las
personas domiciliadas en esos lugares. En efecto,
esa corriente telúrica que viene de las entrañas de la
Tierra, es el resultado de la actividad del plasma y de
su vibración, engendrada por sus movimientos que
recorren nuestro subsuelo.
Resumiendo, los geofísicos estudian la actividad de los
subsuelos y del plasma, mientras que los radiestesistas
amplían esa investigación con las consecuencias
vibratorias de esa actividad.
Según las informaciones espíritas, la teluria es una
energía que combina varios factores esenciales:
el granito, el Sol, la Luna y la bóveda estelar. Para
comprenderlo bien, debemos remontarnos en el
tiempo, a la génesis de nuestro planeta que, antes
de ser la esfera que conocemos, sufrió numerosas
conmociones. Hace cuatro mil millones de años,
nuestro globo estaba cubierto de agua, su núcleo
incandescente estaba envuelto por una corteza y
cuando ésta se desgarró bajo la formidable presión del
magma del núcleo, éste salió a flote para solidificarse
de nuevo formando una capa de granito. El granito es
pues el resultado del lento enfriamiento del magma.
Esta roca particular forma la estructura inicial del suelo
en forma más o menos pareja. Es el esqueleto de la
Tierra, que en ciertos lugares es más espeso y denso. El
granito representa pues un elemento indispensable en
la construcción de la energía telúrica, pues se conjuga
con los otros tres elementos ya citados, el Sol, la Luna y
la bóveda estelar.
Detengámonos ahora en la armoniosa síntesis de
todos estos elementos. ¿Qué sucede exactamente
para que esta combinación termine en el nacimiento
de la teluria, tal y como es definida en espiritismo?
Imaginemos por un instante la escena siguiente:
es de noche, el cielo está claro y sin nubes y cuando
levantamos la vista en dirección al espacio, podemos
ver la bóveda estelar iluminada por una miríada de
pequeñas luces centelleantes y a nuestro astro lunar
que hace el relevo nocturno al Sol. Esta noche es clara,
baña de una luz benéfica todo este conjunto. Esta luz,
como todo en el Universo, es una vibración que va a
penetrar la corteza terrestre compuesta por numerosos
tipos de rocas, pero más particularmente en ciertos
lugares, allí donde ella esconde el granito. Entonces,
el encuentro de esta luz vibrante con el granito va a
engendrar fenómenos químicos y físicos energéticos,
en lo más profundo de esta roca para llegar a la
energía telúrica. Los espíritus nos han enseñado que
esta transformación es el resultado de una perfecta
alquimia en la composición del granito. En efecto, éste
se compone de “biotita” (mica negra) que es penetrada
por la luz y se condensará luego en “mica” (mineral
brillante y estratificado), para reflejarse finalmente en
el “cuarzo” (sílice cristalizado parecido al vidrio). He aquí
pues, cómo las fuentes luminosas se transforman y se
modifican en el seno del mineral, para convertirse en lo
que los espíritus llaman “la energía telúrica”.
¿Cuáles son las fuerzas contenidas en esta energía y
cuáles pueden ser sus aplicaciones?

Desde sus primeras manifestaciones en el seno de
nuestro Círculo, los espíritus nos llaman muy a menudo
la atención sobre la naturaleza de nuestro entorno y
su origen divino. Mucho antes que nosotros, en ciertas
regiones del Oeste europeo, vivían los druidas en
armonía con la naturaleza y por eso el contacto con el
más allá era natural. Durante esos contactos de antaño,
ya los espíritus superiores enseñaban la observación
de la bóveda celeste, de sus ilusiones geométricas y
afirmaban que ese conjunto luminoso no se dispersaba
por azar.
La teluria fue puesta en evidencia en esa época pasada:
“Es una fuerza vital para beneficio de los organismos
vivientes”. Alimenta el cuerpo y el periespíritu. Esta
energía particular y benéfica es esencialmente activa
en las zonas geográficas donde predomina el granito.
Es el caso de Bretaña, y más ampliamente de los
macizos armoricano, alpino y de los Vosgos. Esta lista no
es exhaustiva, pues evidentemente existen en Francia
y en otras partes, otros lugares donde está presente
el granito. Los Espíritus nos han explicado diferentes
formas de beneficiarnos de esta energía de la mejor
manera posible. He aquí una: si tenéis el privilegio de
vivir en una de estas regiones, no dudéis en tenderos
sobre el suelo granítico en una noche clara, formando
uno con el suelo, imaginando la redondez del planeta.
Siempre dentro de este pensamiento, hay que imaginar
que vuestro cuerpo mismo es de granito, que recibe la
luz difusa de la Luna y de la bóveda celeste y que esa luz
os penetra. En ese momento, la teluria de los lugares
invadirá vuestro cuerpo físico, pero también vuestro
doble etérico, el periespíritu. Para que se opere esta
alquimia y dispense eficazmente sus beneficios, hace
falta, en un primer momento, tener conciencia de que
no estamos compuestos esencialmente de materia
sino que nuestra naturaleza es ante todo espiritual. Y
en un segundo lapso, comprender la interacción entre
el doble periespiritual y el cuerpo. Para ello, volvamos
sobre la definición del “doble periespiritual” y su papel.
El periespíritu es un cuerpo sutil de semi-materia que
acompaña al espíritu en cada una de sus encarnaciones.
Ha registrado todas las informaciones transmitidas de
vida en vida. Su estructura está compuesta de miles de
millones de células imbricadas en las del cuerpo. Células
periespirituales y células físicas son un aglomerado de
átomos vibrantes, y así los dos cuerpos interaccionan
uno sobre el otro. Cuando uno va mal, el otro va mal y
viceversa. El periespíritu es la prolongación invisible de
nuestro cuerpo.
Seguros de esta comprensión de nuestra doble
naturaleza física y espiritual, y de su interacción;
seguros del conocimiento de la existencia de la teluria,
admitimos que esta energía positiva proporciona
a nuestros cuerpos una fuerza suplementaria que
refuerza el equilibrio vibratorio de las células entre
sí. De ese beneficio, resulta la buena armonía del
funcionamiento de nuestra naturaleza espiritual,
periespiritual y física. En conclusión, podemos afirmar
que la práctica regular de tenderse sobre un suelo
granítico, conscientes del fenómeno natural que se va
a producir, es una verdadera terapia. Ojalá que un día,
forme parte de las curaciones del futuro.

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