1. Dificultades y ambigüedades
D.K. - “Al afirmar que “Para
las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras. Así lo requiere la
claridad en el lenguaje, con el fin de evitar la confusión inseparable
del sentido múltiple dado a los mismos términos” (“El Libro de los
Espíritus”-Introducción), Allan
Kardec pretendía proteger las ideas espiritas que lanzaba, de los
vicios del lenguaje cristiano. Él sabía de la fuerza y del poder de las
palabras, y el lenguaje cristiano estaba clara y perfectamente
establecido en la cultura y en la mente de las personas, condicionadas
por la autoridad religiosa, por el peso de la verdad revelada y
reafirmada milenariamente.
Por eso, él quería desvincular el lenguaje espirita del
lenguaje católico, el cual, en esencia, contraría el sentido
revolucionario del Espiritismo.
F.E. - No es fácil -al menos para nosotros-
discernir exactamente cuál era la intención última de Kardec al proponer
nuevas palabras para definir nuevos conceptos. No nos atreveríamos a
afirmar si lo hizo para desmarcarse, en forma exclusiva, de las
definiciones cristianas o, simplemente, lo hizo para concretar de forma
inequívoca el significado de esos conceptos. A la vista del párrafo
siguiente, cuando Kardec discurre acerca del significado de la palabra
alma (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, II), nos inclinaríamos
por la segunda posibilidad; es decir, que simplemente definió para
concretar:
“Puesto que la palabra alma ha de aparecer con frecuencia
en el transcurso de esta obra, importaba determinar con precisión el
sentido que le damos, a fin de evitar todo posible equívoco.” Evidentemente, al definir también se estaba alejando, de forma inevitable, de las concepciones religiosas de estos conceptos.
Encontramos muy acertado resaltar el aspecto revolucionario del
Espiritismo. Sin duda el Espiritismo ha de obrar –cuando la madurez de
los espíritus encarnados en este planeta, así lo propicie- una verdadera
revolución en la forma de entender la vida y el encaje de esos
formidables temas como son: libertad, igualdad, fraternidad, justicia,
progreso y responsabilidad.
D.K. - “Afirmando que el Espiritismo era “una ciencia
objetiva”, él tenía la intención de crear un universo lingüístico que
justificase la “revolución” que se proponía realizar. Sin embargo, a
pesar de su innegable talento y determinación, su deseo de crear un
nuevo lenguaje, una forma nueva de nombrar la naturaleza, la persona y
el futuro, no pudo concretarse.
F.E. - No somos capaces de recordar en qué texto de
Kardec se menciona que el Espiritismo es una ciencia objetiva. Sin
embargo, podemos ahondar un poco en esta cuestión. ¿Qué hemos de
entender por “ciencia objetiva”? A bote pronto, lo primero que se nos
ocurre es relacionar esa expresión con las ciencias exactas y naturales
(Matemáticas, Física, Química, Geología, Botánica,…); ¿podríamos incluir
el Espiritismo en ese conjunto de ciencias? Evidentemente no, ya que
“El
Espiritismo es al mismo tiempo una ciencia de observación y una
doctrina filosófica. En cuanto ciencia práctica, consiste en las
relaciones que es posible establecer con los Espíritus. Como filosofía,
abarca todas las consecuencias morales que de dichas relaciones emanan” (¿Qué
es el Espiritismo?, Preámbulo). Por lo tanto, y teniendo en cuenta
quienes son los sujetos de esa investigación científica en el
Espiritismo
[1],
o sea los Espíritus, la ciencia espiritista más bien se acerca al
ámbito de las ciencias humanas (Antropología, Psicología, Filosofía,
Sociología,…). Lo que sí debe prevalecer es la asunción de trabajar bajo
los preceptos del método científico, lo que nos evitará caer en las
redes de la credulidad, de los endiosamientos y de las falacias de
ciertos Espíritus.
D.K. - “No consiguió mantener un lenguaje estrictamente
revolucionario del pensamiento espirita. Después de “El Libro de los
Espíritus” y de “El Libro de los Médiums”, a partir de 1864, él editó
una serie de libros típicamente volcada hacia las bases de la religión
católica: “El Evangelio según el Espiritismo”, “El Cielo y el Infierno o
la Justicia Divina según el Espiritismo” y “La Génesis o los Milagros y
las Predicciones según el Espiritismo”.
F.E. - Es verdad que, después de la publicación de
las obras básicas del Espiritismo: “El Libro de los Espíritus”, “El
Libro de los Médiums” y “¿Qué es el Espiritismo?”
[2],
Allan Kardec parece dar un giro evidente a la índole de los temas a
tratar. Ello nos ha de llevar a preguntarnos por qué se dio este, por lo
menos aparente, cambio de criterio.
Y a propósito de este comentario, insertamos a continuación este texto con el fin de poder expresarnos con mayor amplitud:
*
KARDEC Y EL CRISTIANISMO
David Santamaría
Muchas veces nos hemos preguntado la razón de este cambio de
orientación en la temática expuesta por Kardec en sus obras, a partir de
1864. Cambio que se plasma especialmente a partir de su obra “Imitación
del Evangelio según el Espiritismo”, publicada en abril de 1864
[3].
Jaci Regis afirma que tanto esta obra como las siguientes publicadas por Kardec están: “
típicamente volcadas hacia las bases de la religión católica”. Realmente,
esta es una de las opciones que pueden barajarse para intentar entender
su publicación. Es perfectamente posible que Kardec intentara acercar
los principios espiritistas a los creyentes cristianos, y ¿qué mejor
manera de hacerlo que incidiendo en los aspectos menos polémicos de la
vida de Jesús -es decir, en la faceta moral- para empezar este
acercamiento
[4]?
¿Sería ello contraproducente o fuera de lugar? En sentido estricto, no.
No podemos olvidar que los aspectos morales se tornan más comprensibles
desde la óptica del Espiritismo. Por ello, a priori, no pareciera fuera
de lugar la intención de Kardec. Sin embargo, a través de la obra, nos
encontramos con algunos párrafos que llevan a confundir los ámbitos
espiritista y cristiano en uno solo; por ejemplo:
“El Espiritismo bien comprendido, pero sobre todo, bien sentido,
conduce forzosamente a los resultados (…) que caracterizan al verdadero
espiritista como al verdadero cristiano, siendo los dos una misma cosa.
El Espiritismo no viene a crear una moral nueva; facilita a los hombres
la inteligencia y la práctica de la de Cristo, dando una fe sólida e
ilustrada a los que dudan o vacilan.” (“El Evangelio según el Espiritismo”, cap XVII, núm. 4)
O sea, que verdadero espiritista y verdadero cristiano serían una
misma cosa. Ciertamente no estamos de acuerdo con esta apreciación, ya
que cerraría la puerta de esta Idea Universal que es el Espiritismo a
personas de otras procedencias, religiones o credos. Como ya enseñaba el
pionero espiritista español, José María Fernández Colavida:
“el Espiritismo ha de serlo a secas, sin adjetivos calificativos como cristiano o francés.”
Otro texto que siempre nos ha llamado poderosamente la atención es la
comunicación -del Espíritu de Verdad- inserta al principio de esta
obra. Anotó Kardec a pie de página:
“Esta instrucción, obtenida
mediúmnicamente, resume a la vez el verdadero carácter del Espiritismo y
el objeto de esta obra, por cuya razón ha sido puesta aquí como
prefacio”. Veamos el texto de esta comunicación:
“Los espíritus del Señor que son las virtudes de los cielos, se
esparcen por toda la superficie de la tierra como un ejército inmenso,
apenas han recibido la orden; parecidos a las estrellas que caen del
cielo, vienen a iluminar el camino y a abrir los ojos a los ciegos.
“En verdad os digo, que han llegado los tiempos
en que todas las cosas deben ser restablecidas en su verdadero sentido,
para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y glorificar a
los justos.
“Las grandes voces del cielo retumban como el sonido de la trompeta, y se reúnen los coros de ángeles.
Hombres, os convidamos a este divino concierto; que vuestras manos
pulsen la lira; que vuestras voces se unan y que en himno sagrado se
extiendan y vibren de una a otra parte del Universo.
“Hombres, hermanos a quienes amamos, estamos a vuestro lado:
amaos también unos a otros, y decid desde el fondo de vuestro corazón,
haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo: ¡Señor! ¡Señor! y podréis entrar en el reino de los cielos.” (Todos los resaltados son nuestros).
La verdad es que no reconocemos en esta comunicación los elementos
distintivos de esa ciencia que es el Espiritismo. Comentemos brevemente
los resaltados:
- Se supone que las “virtudes de los cielos” deben ser los espíritus superiores. Esa nomenclatura es extraña al Espiritismo.
- “en verdad os digo”, es una manera de firmar inequívocamente la
comunicación. Nos cuesta creer que, en la actualidad, Jesús empleara los
términos contenidos en este mensaje.
- “los coros de ángeles”. Los ángeles, tal y como enseña el
Espiritismo no existen. Este lenguaje -que, hemos visto reflejado
actualmente en libros que se presentan como espiritistas- no es propio
del Espiritismo y no debería usarse en su contexto.
- “haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo”: Dios no está
en el cielo, ya que el “cielo” de las religiones no existe. Dios está en
toda la Naturaleza.
- “podréis entrar en el reino de los cielos”. No se “entra” en los
mundos espirituales superiores sino por el trabajo, el esfuerzo y la
depuración personal; nunca por las alabanzas que se prodiguen a la
Divinidad (“¡Señor! ¡Señor!”).
Realmente, no encontramos en esta comunicación el “verdadero carácter
del Espiritismo”. Y, sin embargo, en este libro en cuestión encontramos
capítulos magníficos y comentarios doctrinales correctísimos y muy
interesantes. Una cosa no quita la otra. Podemos estar en desacuerdo con
algunos planteamientos estructurales y, no obstante, reconocer los
valores intrínsicos de la obra.
A pesar de todo lo antedicho, la pregunta sigue en pie: ¿Por qué cambió Kardec el rumbo estructural del Espiritismo?
Tal vez, y pensamos que no podemos descartar esta hipótesis, no hubo
realmente un cambio de rumbo, sino la aplicación de un plan bien
delineado. En primera instancia se cimentó un edificio doctrinal
impecable sustentado en “El Libro de los Espíritus” y en “El Libro de
los Médiums”. En segundo lugar parece haber habido una aproximación a
los aspectos más cercanos de las religiones cristianas, tal vez para
asegurar la pervivencia de la idea. Es innegable, como resalta Jaci
Regis más adelante, que el Espiritismo en Europa estaba condenado a su
práctica desaparición, a pesar de su espectacular crecimiento en sus
primeros decenios de vida. El Espiritismo nació en el lugar idóneo,
Paris, en el momento adecuado, mediados del gran siglo de los grandes
descubrimientos. Pero, con toda seguridad, los Espíritus colaboradores
de Kardec debieron prever su declive en algunas décadas. Posiblemente la
mejor manera de asegurar su continuidad era ligándolo a aspectos
religiosos, para, en un futuro más o menos lejano, recuperar su pureza
doctrinaria.
Análogamente hubiera pasado seguramente con la doctrina de Jesús. Si
las enseñanzas de aquel gran Espíritu hubieran quedado circunscritas al
pueblo judío, probablemente hoy en día no sabríamos ni siquiera quién
fue Jesús. Pero, el empuje de aquel importante apóstol que fue Pablo,
predicando a infieles, y alejándose de las fronteras judías, propició
que la estela de Jesús –con la inevitable alteración de sus ideas por
parte de los diversos procesos religiosos- llegara, más o menos pura,
hasta nuestros días.
Es probable que el paso por el contexto religioso sea una
circunstancia inevitable y necesaria para el posterior desarrollo, en
sus delineamientos originales.
Evidentemente, todo lo antedicho es sólo una opinión personal.
*
D.K. - “La argumentación es ciertamente espirita, pero el
intento de dar una explicación racional a la fe, adjetivando o usando
los términos católicos ayudó posteriormente a confundir las cosas… Al
afirmar que “Es con razón, pues, que el Espiritismo es considerado como
la tercera de las grandes revelaciones” (“La Génesis”, cap. 1, núm. 20)
incluyendo al Espiritismo en el supuesto cronograma de las revelaciones
divinas dentro del universo cristiano, aprisionó la doctrina al lenguaje
católico.
F.E. - Concordamos con la opinión del Dr. Regis. El
Espiritismo no es la Tercera Revelación, ya que no podemos olvidar las
muy relevantes enseñanzas obtenidas en otros pueblos, enseñanzas como el
Islamismo, el Budismo, la Filosofía Yogui.
D.K. – “Eso se tradujo en una mezcla de palabras y
significados que, después del fracaso del Espiritismo en Europa,
permitió a los místicos católicos brasileños que empuñaron la bandera
del Espiritismo, crear un “Espiritismo a la brasileña”, básicamente una
religión en el sentido usual de la palabra, defendiendo y manteniendo
los símbolos y significados del catolicismo.
“La bandera que bien alto enarbolamos es la del Espiritismo cristiano y humanitario[5]”,
escribió Kardec en “El Libro de los Médiums”, (cap. XXIX, núm. 350).
Podemos hacer muchas conjeturas acerca de cual era su intención al
escribir de esa forma, pero lo que importa es que la expresión
“Espiritismo cristiano” se tornó, en Brasil, la identificación misma del
Espiritismo.
F.E. - Evidentemente encontramos mucho más correcta y
universal la expresión “Espiritismo humanitario”, aunque, como ya
decíamos más arriba, el Espiritismo no necesita de adjetivos.
D.K. – “Los que se adhirieron al movimiento espirita sin
desvincularse de la marca católica, eligieron a Jesucristo, idealizado
por la Iglesia, como el salvador, manteniendo lazos firmes con el
catolicismo, aunque lo considerasen un espíritu encarnado, sujeto a la
evolución, y no un dios.
F.E. - Pero, a pesar de que tengan claro que se
trata de un Espíritu, no por ello dejamos de encontrar textos en los
que, prácticamente, se diviniza la figura de Jesús, lo cual sin duda,
resta cercanía a esa gran figura de la humanidad.
2. “El Cielo y el Infierno”
D.K. – “Ningún libro de Allan Kardec muestra las
dificultades y ambigüedades de la falta de un nuevo lenguaje y de nuevos
conceptos desvinculados de la Iglesia, que “El Cielo y el Infierno”.
Editado en 1865, con el subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”[6]
el libro aborda la propuesta del catolicismo sobre las penas futuras.
En él, Allan Kardec analiza los postulados católicos, dando una
explicación espirita a los fundamentos del catolicismo sobre el futuro
del alma después de la muerte, o sea, los castigos en el infierno y las
recompensas en el cielo.
En la primera parte, el autor habla de la muerte, del
porvenir, del cielo, del infierno y del purgatorio según la Teología
Cristiana. Hace un malabarismo teórico, sin rechazar propiamente esa
Teología, pero intentando darle una explicación diferente.
Esa postura contraría lo que él escribió en la primera
línea de “El Libro de los Espíritus”: “Para las cosas nuevas se
necesitan nuevas palabras”. Insiste en mantener los términos católicos
para explicar la justicia divina, y eso se traduce en contradicciones
como la que se presenta cuando afirma: “En esa inmensidad sin límites,
¿dónde está, pues, el Cielo? Está en todas partes”[7],
lo cual muestra una relación dudosa con la localización física del
cielo, recorriendo un camino que lo relaciona con la antigua idea del
cielo arriba y del infierno abajo y la Tierra estacionada.
A continuación, elige los mundos superiores como una
especie de cielo: “La vida en los mundos superiores es ya una recompensa
(…) Allí imperan la verdadera fraternidad, porque no hay egoísmo; la
verdadera libertad, porque no hay orgullo; la verdadera igualdad porque
no hay desordenes que reprimir, ni ambiciosos que quieran oprimir al
débil. Comparados con la tierra aquellos mundos son verdaderos paraísos,
son etapas del camino del progreso que conduce al estado definitivo”.[8]
Sería ese el cielo del Espiritismo, en sustitución del
cielo católico. Es evidente que las motivaciones son otras, pero el
lenguaje es semejante y condicionante.
De la misma forma, afirma: “El Espiritismo no viene,
pues, a negar la penalidad futura (…). Lo que destruye es el infierno
localizado con sus hornos y sus penas irremisibles. No niega el
purgatorio, puesto que prueba que estamos en él…[9]
Elige el plano extra físico como el lugar donde esas
penalidades serían aplicadas: “En el estado espiritual, sobre todo, el
espíritu recoge los frutos del progreso logrados por su trabajo durante
la encarnación.”[10]
En definitiva, queda una masa indiferenciada.
F.E. - A pesar de todo lo antedicho por el Dr.
Regis, “El Cielo y el Infierno” es una obra muy interesante, con la
salvedad de los párrafos y expresiones controvertidos que acabamos de
leer. Recomendamos especialmente la lectura de los siguientes capítulos
de la primera parte:
- I: “El futuro y la nada”
- II: “El miedo a la muerte”
- VI: “Doctrina de las penas eternas”
- VII: “Las penas futuras según el Espiritismo”
- XI: “Acerca de la prohibición de evocar a los muertos”
En cuanto a la segunda parte, toda ella es grandemente interesante:
- I: “La transición” En este capítulo, Kardec nos explica todo lo que ocurre en el momento de la muerte.
- II: “Espíritus felices”
- IV: “Espíritus en sufrimiento”
- VI: “Criminales arrepentidos”
- VII: “Espíritus endurecidos”
- VIII: “Expiaciones terrenales”
Es muy conveniente una lectura atenta de las comunicaciones que
componen la segunda parte de esta obra. Especialmente recomendables son
los comentarios insertos por Allan Kardec. O sea, son comunicaciones
interesantes comentadas por el Fundador del Espiritismo. No se puede
pedir más.
D.K. – “¿Qué movió a Kardec a esa posición conciliatoria,
procurando dar razones a la Teología, apenas creyendo que hubo una
equivocación? ¿Sería todo una cuestión de palabras?
En verdad, según el Espiritismo, no existen el cielo, el infierno ni el purgatorio.
F.E. - Estamos totalmente concordes con estas
aseveraciones. Y, abundando más, deberíamos -en el contexto espiritista,
especialmente el divulgativo- evitar tales expresiones. El Espiritismo
puede denominar con precisión cualquiera de esos conceptos sin necesidad
de recurrir a las tipificaciones cristianas. Por ejemplo, para hablar
de…, se podría decir…:
- el infierno ► mundos inferiores
- el purgatorio ► muchas situaciones de la erraticidad y la encarnación en mundos inferiores
- el cielo ► mundos superiores
- los demonios ► espíritus ignorantes, malvados, atrasados, inferiores…
- ángeles y arcángeles ► espíritus instruidos, ilustrados, superiores…
- recompensas ► situaciones positivas derivadas de un correcto comportamiento
- castigos ► consecuencias negativas de nuestros errores
- “rescate”, “pago” de deudas ► reequilibrio, neutralización, compensación de errores pasados
- “dar luz”, “hacer caridad” a espíritus perturbados ► orientar a espíritus perturbados
- “practicar”, “hacer” Espiritismo ► realizar reuniones mediúmnicas
D.K. – “Remendar paño viejo con paño nuevo es incompatible, ya lo dijo Jesús de Nazaret.[11]
Ángel no puede ser sinónimo de Espíritu puro.
F.E. - Unas palabras más acerca de los ángeles. En
este momento los ángeles están de moda, en muchos contextos culturales y
pseudo culturales de nuestro mundo. Y, parece, que esta moda también se
acerca al Espiritismo. Repetimos, los ángeles, arcángeles y serafines
no existen; de existir, serían unos seres especiales y, en Espiritismo,
lo único que nos diferencia es el grado evolutivo, nada más.
Por todo ello, debe evitarse cuidadosamente la mención de estos
conceptos en nuestras Asociaciones espiritistas, especialmente en lo que
respecta al contexto divulgativo. De lo contrario se están confundiendo
conceptos y se está induciendo a error a quienes nos escuchan o leen.
En aras de la buena voluntad, no vale todo y no puede aceptarse todo, y
si alguien, en nuestro ámbito, se empeña en divulgar estas
inexactitudes hay que hacérselo entender y no propiciar con nuestra
colaboración la diseminación de esas concepciones extrañas al
Espiritismo.
D.K. – “El diablo no puede ser justificado como la condición de un espíritu imperfecto u obsesor.
El purgatorio no tiene sentido en la justicia divina, según el Espiritismo.
[1] “Las
ciencias comunes se basan en las propiedades de la materia, que se
puede experimentar y manipular a voluntad. Los fenómenos espiritas se
fundan sobre la acción de Inteligencias que poseen su propia voluntad y
nos prueban a cada instante que no están a disposición de nuestro
capricho. Por tanto, las observaciones no pueden realizarse de la misma
manera, sino que requieren condiciones especiales y otro punto de
partida. Pretender someterlas a nuestros procedimientos de investigación
convencionales equivale a establecer analogías inexistentes. En
consecuencia, la ciencia propiamente dicha, como tal, es incompetente
para pronunciarse sobre el Espiritismo.” (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, VII)
[2]
“Qué es el Espiritismo” se revela como una de las obras que con más
atención reeditó Allan Kardec. La fue completando, en sus sucesivas
ediciones, con numerosas referencias a sus otras obras. Al final del
extensísimo capítulo primero de este libro, el propio Kardec recomienda
su lectura como obra de iniciación al conocimiento espiritista:
“La
primera lectura es la del presente volumen, que expone el conjunto y los
puntos más salientes de esta ciencia. Con eso es posible ya formarse
una idea general y persuadirse de que en el fondo hay algo de serio. En
esta rápida exposición nos hemos dedicado a señalar los puntos en que se
debe concentrar particularmente la atención del observador. El
desconocimiento de los principios básicos del Espiritismo es la causa de
las falsas apreciaciones hechas por la mayoría de aquellos que están
juzgando algo que no comprenden, o que lo hacen conforme a sus
preconceptos.”
[3] Segunda edición en 1865, ya con su título definitivo: “El Evangelio según el Espiritismo”
[4] “En
cinco partes pueden dividirse las materias que los Evangelios
contienen: Los actos ordinarios de la vida de Cristo, los milagros, las
profecías, las palabras que sirvieron para establecer los dogmas de la
iglesia, y la enseñanza moral. (…) Esta parte es el objeto exclusivo de
la presente obra” (“El Evangelio según el Espiritismo”, Introducción,1)
[5] Texto resaltado en el original francés.
[6]
Desde un punto de vista purista este subtítulo “La Justicia Divina
según el Espiritismo”, hubiera sido un excelente título para esta
obra.
[7] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 18
[8] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 11
[9] “El Cielo y el Infierno”, cap. V, núm. 8
[10] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 10
[11] “Nadie
echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo
remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor” (Marcos, 2, 21)