EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG
Después de abrir y mantener actualizado el blog: CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS
ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".
miércoles, 5 de diciembre de 2018
jueves, 2 de agosto de 2018
Editorial cbce@cbce.info
Bien es cierto que todo necesita su tiempo. No podemos modificar nuestros esquemas mentales de un día para otro, ni tan siquiera de una existencia a otra. En general, se necesitan varias -o muchas- etapas para variar nuestra forma de pensar. Para desechar ideas, hábitos, y predisponernos a abrir nuestra mente con el fin de permitir que otros conceptos aniden hasta formar parte de nosotros.
Cualquier transición es lenta, y así es lógico que sea. Los cimientos firmes son aquellos que se han hecho sin prisas, habiendo tenido el periodo necesario para reposar y adquirir la solidez adecuada con el fin de resistir los embates del tiempo, y ofreciendo, a su vez, la seguridad indispensable capaz de sostener la futura edificación.
Lo mismo sucede con el Espiritismo. A medida que nos adentramos en la comprensión del mensaje que nos ofrece la filosofía espiritista, vamos tomando consciencia de los equívocos en los que caemos tanto en el entendimiento de sus postulados, como en el uso de su terminología.
¿Y por qué esta introducción?, dirán los amigos lectores.
Pues bien, recientemente nos ha llegado una serie de escritos procedentes, según parece, de una página espirita o que utiliza el vocablo “Espirita”, en los que se emplean expresiones propias de la iglesia católica, totalmente inadecuadas dentro del contexto espiritista; tales como: la virgen María, el espíritu santo, rezar un número determinado de oraciones, etc. etc.
Con la velocidad con que las redes sociales se mueven, seguro que ello habrá llegado al conocimiento de otras personas que quizás no saben nada, o muy poco, sobre esta filosofía, y que al ver su procedencia y leer su contenido les puede provocar tal confusión que la idea que se formen nada tenga que ver con la realidad.
¿Por qué esos desatinos y tales mezclas?
Meditemos la célebre frase de Amalia Domingo Soler:
“ESPIRITISTAS ANFIBIOS, aquellos que se mueven en dos ambientes; los que leen las obras de Allan Kardec y encienden una vela al Cristo de la Salud; evocan a los espíritus y al día siguiente van a oír misa por el alma de sus difuntos…”. Cuando eso ocurre, es que muy poco, o nada, se ha leído o entendido de la Obra de Kardec.
Y como consecuencia de todo lo citado, los que sólo han oído hablar de “esas cosas”, que no conocen, o de las que únicamente tienen cierta información, generalmente deformada, sacan conclusiones precipitadas e inciertas, imprimiendo al Espiritismo una fama que, en absoluto, le corresponde.
De ahí aquella frase lapidaria de Camille Flammarion1, con la que no estamos de acuerdo, en lo que se refiere a la primera oración, que subrayamos:
“El Espiritismo tiene mala reputación y se la merece. Sus adeptos carecen de método en su mayoría; no son ponderados y se dejan engañar por ilusiones. Al examen imparcial y crítico, sin el cual no se puede estar seguro de nada, prefieren una creencia y una religión consoladoras” (“La muerte y su misterio”, Vol. III).
Esa “… mala reputación que se merece…”, según dijo Flammarion, es debida a la ignorancia de los que se presentan como espiritistas, que con su conducta y manifestaciones ambiguas siembran la confusión, pero NO al Espiritismo, en sí. “En el Espiritismo se encuentra a faltar, demasiadas veces, ese “examen imparcial y crítico” que preservaría a esta doctrina filosófica y científica de los vaivenes que imprimen a su camino, muchos simpatizantes que se dicen espiritistas, sin haber entendido realmente lo que esta palabra significa en cuanto a esforzarse en una trayectoria de sobriedad, rectitud, estudio y asunción de las propias responsabilidades. Si así se hiciera; mejor dicho, si así se intentara hacer, se contribuiría a ir borrando del Espiritismo ese estigma de su pésima reputación que, dicho sea de paso, no se la merece ya que es una de las más importantes doctrinas filosóficas enseñadas a la Humanidad. Los espiritistas en general y los dirigentes en particular hemos de esforzarnos en dignificar todo aquello que envuelve el concepto espiritista.”
Por el bien del Espiritismo, esta doctrina optimista, humanista y librepensadora, y por todos los que nos sentimos espiritistas, seamos conscientes del bien y, a la vez, del daño, que podemos provocar con comportamientos, prácticas y manifestaciones totalmente incongruentes y fuera de lugar.
Y volviendo al encabezamiento, las transiciones siempre son lentas, ¡muy lentas! Quienes actúan de ese modo, sin duda están transcurriendo una etapa de su transición. Pero, a pesar de ello, podemos y tenemos que ser capaces de intentar ser más sensatos, en todo lo que concierne a nuestra existencia y, sobre todo, en la terminología que usamos. El Espiritismo, como filosofía de vida que es, nos marca el camino para poder llegar antes a la meta que nos concierne, que es la del equilibrio, la de la paz y armonía interior. ◙
TOMADO DE:
FLAMA ESPIRITA JULIOL / SETEMBRE 2018
lunes, 30 de julio de 2018
domingo, 22 de julio de 2018
LA CONVERSIÓN ESPIRITISTA DEL PRESBÍTERO CARLOS MARÍA DE HEREDIA
Por: Oscar M. García Rodríguez





Cuando tratas de investigar algún punto de la doctrina espírita con espiritistas cristianos -que son los que, según mi experiencia, más suelen tender al fundamentalismo-, rápidamente te hacen referencia a ciertos libros escritos por ciertos autores o revelados por ciertos espíritu superiores. Obviamente estas fuentes son de ayuda y deben ser estudiadas pero, ¿significa ésto que hay que someterse a ellas sin investigación? ¿Debemos creer a pies juntilla lo que dice tal persona por muy docto que sea? ¿Debemos rendirnos a lo que nos dice un espíritu, por muy laureada que haya sido su persona en vida o muy santificado nos resulte su supuesto nombre?
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Los espíritus están lejos de poseer la verdad absoluta.
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Los espíritus de un orden más elevado, los que están completamente desmaterializados, son los únicos despojados de las ideas y preocupaciones terrestres.
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Todo lo que no sean enseñanzas morales, las revelaciones que cada uno pueda obtener, tiene un carácter individual sin autenticidad, que deben ser consideradas como opiniones personales de tal o cual espíritu y que se cometería una imprudencia aceptándolas y promulgándolas ligeramente como verdades absolutas.
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La primera comprobación, sin duda, es la de la razón, a la que es preciso someter, sin excepciones, todo lo que viene de los espíritu.
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Toda teoría en contradicción con el buen sentido, con una lógica rigurosa, sea quien quiera el que la firme, debe ser rechazada.
José M.
viernes, 13 de julio de 2018
La Vigencia De Kardec No Está En Discusión
Jon Aizpurua
Una de las cuestiones más difíciles y delicadas que se han presentado en el Espiritismodesde sus propios inicios se relaciona con sus posibilidades para mantenerse actualizadofrente a los avances que se producen continuamente en todas las áreas del conocimiento, y al mismo tiempo, preservar los principios básicos que garantizan su identidad doctrinaria y constituyen la razón misma de su existencia. Identidad y cambio, son pues, los términos de una ecuación que exige una actitud abierta, equilibrada y prudente.
“El Espiritismo, avanzando con el progreso, nunca quedará rezagado, porque, si nuevos descubrimientos le demostrasen que está en el error en algún punto, él se modificará en ese punto y si una nueva verdad se revelase, él la aceptará”
“El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en las relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantesrelaciones”
“El Espiritismo, so pena de suicidio no puede cerrar las puertas a ningún progreso”
“La inmovilidad, en vez de ser una fuerza, se convierte en una causa de debilidad y rutina para quien no sigue el movimiento general; rompe la unidad, porque quienes desean ir hacia adelante se separan de los que se obstinan en quedarse atrás”
“La fuerza del Espiritismo reside en su filosofía, en el llamamiento que hace a la razón y al buen sentido”
“No teniendo el Espiritismo ninguna de las características de una religión, en la acepción usual de la palabra, no podía ni debía presentarse con un título sobre cuyo valor inevitablemente se habría equivocado. Es por eso, que simplemente se dice doctrina filosófica”
“La fraternidad debe ser la piedra angular del nuevo orden social. Pero, no habrá fraternidad real, sólida y efectiva si no estuviese apoyada sobre una base indestructible; esta base es la fe; no la fe en tales o cuales dogmas particulares, que cambian con los tiempos y los pueblos se lanzan piedras porque, anatematizándose, mantienen el antagonismo, sino la fe en los principios fundamentales que todo el mundo puede aceptar: Dios, el alma, el futuro, el progreso individual indefinido y la perpetuidad de las relaciones entre los seres. Esta es la fe que da el Espiritismo y que será de ahora en adelante el centro en torno del cual se moverá el género humano” .
se ubican con perfecta comodidad.
debe también incorporar. Y el lenguaje con que se comunican las ideas, con todas sus implicaciones semánticas y semiológicas, debe ser revisado, modificado y perfeccionado.
TOMADO DE:
http://www.movimientoespiritacima.org/articulos.php?id_articulo=8
lunes, 9 de julio de 2018
¿Tienen alma los animales?

El principio inteligente, principio del Espíritu, comienza su contacto con la materia en el mineral. Así, en el reino mineral, el principio inteligente reflejaría su presencia en las manifestaciones de las fuerzas de atracción y cohesión con que las moléculas se agrupan. En el reino vegetal, mostraría mayores adquisiciones por el fenómeno de sensibilidad celular. En el reino animal, el principio inteligente sumaría nuevas adquisiciones reflejadas en los instintos. En el reino hominal, todo ese caudal de experiencias estaría ensanchado por los nuevos lastres de la concienciación, que traen consigo el razonamiento, la afectividad, la responsabilidad y otras tantas condiciones que caracterizan esta fase. El principio inteligente pasa así por los diferentes reinos, en el mineral (atracción), en el vegetal (sensación) y en el animal (instinto) hasta llegar a ser Espíritu en el reino hominal (razón).
¿Espíritus de animales? ¿Los animales tienen espíritu?
LE 597: «Puesto que, los animales poseen una inteligencia que les confiere cierta libertad de acción, ¿Existe en ellos un principio independiente de la materia?» Respuesta: «Sí, y que sobrevive al cuerpo».
Un principio independiente de la materia y que sobrevive al cuerpo.
LE 606, nos presenta la indagación crucial: «¿La inteligencia humana y la de los animales emanan de un principio único?»
Respuesta: «Sin lugar a dudas pero, en el hombre, ha recibido una elaboración que la eleva por encima de la del animal».
Materia y espíritu constituyen los dos elementos generales del universo, estando arriba Dios, el Creador. Esas tres cosas constituyen el principio de cuanto existe, la Trinidad Universal (LE 1-27). En la Creación todo proviene del principio material: la materia, los fluidos, etc., y del principio espiritual: los espíritus y los principios inteligentes que le anteceden. En varias oportunidades, Kardec cuestiona a los espíritus, con respecto a eso. Así, les pregunta (LE 1-64) si el principio vital formaría un tercer elemento, además del espíritu y de la materia, al que los espíritus responden negativamente, informando que ese principio tiene su fuente en las modificaciones de la materia universal. También es de Kardec (LE 1-79) la indagación: «Puesto que dos elementos generales hay en Universo: el elemento inteligente y el material, ¿se podría afirmar que los Espíritus están formados del elemento inteligente, así como los cuerpos inertes se hallan
integrados por el elemento material?» Y la respuesta es afirmativa.
A principios de los años 80, los científicos Jon Ahlquist y Charles Siby descubrieron que el código genético de los seres humanos y de los chimpancés tiene el 98,4% de identidad. En otras palabras, diferimos genéticamente de los chimpancés en tan sólo el 1,6% de nuestras características.
LE 607A: «Parece, entonces, que ¿el alma habría sido el principio inteligente de los seres inferiores de la creación?»
Respuesta: «¿No hemos dicho ya que en la Naturaleza todo se encadena y tiende a la unidad? Es en esos seres, a los que estáis lejos de conocer en su totalidad, donde el principio inteligente se elabora, individualizándose poco a poco, y se ensaya para la vida, conforme hemos afirmado antes… Se trata en cierto modo de una tarea preparatoria, como la de la germinación, a consecuencia de la cual el principio inteligente experimenta una transformación y se convierte en Espíritu. Entonces comienza para él el periodo de humanidad (…)» Esa respuesta no puede ser más concluyente.
LE 609: «El Espíritu, una vez que ha entrado en el período de humanidad, ¿conserva vestigios de lo que antes era, es decir, vestigios del estado en que se encontraba durante el período que pudiéramos denominar prehumano?».
Respuesta: «Eso depende de la distancia que separa los dos períodos y del progreso realizado. Durante algunas generaciones él puede tener un reflejo más o menos pronunciado de su estado primitivo, porque nada en la Naturaleza se hace por transición brusca (…)»
Encontramos casos interesantes a este respecto, por ejemplo, el de Raymond Moody, el famoso autor de Vida después de la Vida, que durante años no aceptó la reencarnación, ni creía en eso de las regresiones hasta que rindiéndose a la insistencia de una psiquiatra amiga suya aceptó ser sometido a una regresión. Y finalmente no fue una, sino muchas sesiones, en las que llegó a verse en varias encarnaciones anteriores, resultando que en la más lejana de esas regresiones se veía subido a un árbol, se veía a sí mismo como un simio. Todas estas regresiones darían lugar después a un libro de su autoría, relatando todo con detalle.
En el cerebro no existe órgano que sea privativo del hombre. Las diferencias del antropoide y del hombre son, en el substrato morfológico, sólo de naturaleza cuantitativa y no cualitativa. El Homo sapiens sapiens es solamente una especie animal única. Nada hay en ella singular -como afirma la Antropología- que no pueda ser analizada biológicamente como otra especie cualquiera. Al contrario de una especie singular y superior, el hombre es en realidad sólo una especie más. Es decir, Charles Darwin sigue imbatible.
«El principio espiritual se acogió en el seno templado de las aguas, a través de los organismos celulares. Durante miles de años, hizo largo viaje en la esponja, pasando a dominar células autónomas, imponiéndoles el espíritu de obediencia y de colectividad, en la organización primordial de los músculos. Experimentó largo tiempo, antes de ensayar los cimientos del aparato nervioso, en la medusa, en el gusano, en el batracio, arrastrándose para emerger del fondo oscuro y fangoso de las aguas, e iniciar sus primeras experiencias ante el sol meridiano». Opinión de André Luiz que como tantas otras vertidas hace más de 50 años van encontrando respaldo en la Ciencia.
No se habla, en el medio científico, de principio espiritual, pero se habla de vida. Y la idea en efecto es esa, que las primeras manifestaciones de vida en el planeta surgieron en los “mares templados”, expresándose en el protoplasma, un gel formado de materia orgánica. «De esa pasta cósmica, vierte el principio inteligente, en sus primeras manifestaciones», refiere André Luiz, en Evolución en Dos Mundos.
Periespíritu
En el periespíritu poseemos todo el arsenal de recursos automáticos que gobiernan a los billones de entidades microscópicas, recursos adquiridos muy lentamente por el ser a través de milenios y milenios de esfuerzo y recapitulación en los múltiples campos de la evolución anímica. En esta operación lenta surgen las algas acuáticas dando cobijo al principio inteligente. Son formas monocelulares, casi invisibles, que hasta hoy persisten en la Tierra como filtros de evolución primaria, pasando en este orden a las algas verdes pluricelulares. De los organismos monocelulares a los organismos complejos comandando células. Entre tanto desarrolla los sentidos:
• El tacto con el paso del principio inteligente porlas células nucleares con sus impulsos amebianos.
• La vista en la sensibilidad del plasma en los flagelos monocelulares expuestos a la claridad solar
• El olfato en los animales acuáticos más simples en los cambios de ambiente en que se mueven.
• El gusto en las plantas provistas de pelos viscosos destilando jugos.
• Y el sexo en las algas que no sólo poseían células masculinas y femeninas atraídas unas a otras sino también un esbozo de epidermis sensible.
¿Cómo ha sido hasta ahora la historia de la aparición de esas diferentes formas de vida en nuestro planeta? Existe una interesante estrategia comparativa que ayuda a entenderlo mejor: es compactar los 15 mil millones de años de existencia del universo conocido, dentro del período de tan sólo un año. ¿Cómo sería reducida a un año la historia de la aparición de esas diferentes formas de vida en nuestro planeta?
1 de enero – formación del universo, a partir de la “gran explosión”.
A principios de mayo – formación de nuestra galaxia, la Vía Láctea.
10 de septiembre – surgen el sistema solar y la Tierra.
A finales de septiembre – surge la vida en la Tierra.
Primero de octubre – surgen bacterias y algas unicelulares.
19 de octubre – bacterias inician el proceso de fotosíntesis.
24 de noviembre – surgen los primeros seres vivos unicelulares poseedores de núcleo celular (eucariontes).
A finales de noviembre – surgen los procesos sexuales en seres unicelulares.
1 de diciembre – hace 1.700 millones de años.
12 de diciembre – surgen las primeras plantas y animales pluricelulares.
16 de diciembre – seres pluricelulares se expanden rápidamente en la Tierra.
17 de diciembre – surgen los primeros seres animales invertebrados portadores de caparazón.
20 de diciembre – surgen los primeros animales con columna vertebral.
21 de diciembre – surgen las primeras plantas terrestres; los pequeños anfibios abandonan los mares.
23 de diciembre – surgen las selvas de carbón mineral y surgen los primeros reptiles.
25 de diciembre – surgen los predecesores de los dinosaurios.
27 de diciembre – se desarrollan los primeros mamíferos, a partir de los reptiles.
28 de diciembre – surgen las primeras aves.
29 de diciembre – apogeo de los dinosaurios.
30 de diciembre – extinción de los saurios; inicio de la ascensión de los mamíferos; surgen los primeros primates.
31 de diciembre – surgen los simios y antropoides; aparición de los primeros hombres.
21:40 – surge en África el Australopitecus, el precursor del hombre, hace 3,5 millones de años.
22:50 – uso de las primeras herramientas (por el Homo habilis, la primera especie del género humano, que vivió hace 2 millones de años.
22:57 – surge el Homo erectus – hace 1,8 millones de años.
23:56 – surge el hombre de Neandertal (de la especie Homo sapiens).
23:58:40 – surge el hombre, el Homo sapiens sapiens.
Faltan 4 segundos – nace Jesús.
24:00 – ahora
Pero entre tanto hay una evolución guiada física y moral, unos eslabones perdidos que no hemos encontrado, pues no es una evolución que se reduzca a este planeta. El principio inteligente para llegar a ser espíritu pasará por otras especies, por otras formas y vidas que aún estamos lejos de conocer, pero aun así, de lo que conocemos, contemplamos no sólo la evolución de las especies, que con Darwin y el espírita Rusell Wallace fue contemporánea a la publicación de El libro de los Espíritus. Vemos que tras todo ese proceso hay un fin y un destino, un por qué y un para qué, un principio inteligente detrás, evolucionando, creciendo, repitiendo, aprendiendo y, escala a escala, poco a poco, milenio a milenio, es merecedor y conquistador de sus logros. Son ya 15 mil millones de años que el hombre pretende mirar pero aún no ve, pretende explicar pero aún no comprende, pero que representan la huella indeleble de Dios, de la Evolución, del fin contundente de marchar hacia la inteligencia, hacia el mundo moral.
En cuanto a la reencarnación de los animales se ha preguntado al espíritu Álvaro si los animales establecen lazos duraderos entre sí. «Sí, dijo él, existe una atracción entre los animales, tanto en aquellos que forman grupos, como en aquellos que se reencarnan ya domesticados. Procuramos colocar juntos espíritus que ya convivieron, lo que facilita la aparición y la elaboración de sentimientos.» Los animales crean lazos afectivos no sólo entre sí, sino también con los seres humanos, de eso tenemos pruebas todos los días.
Chico Xavier poseía un perro de nombre Don Pedrito, al que quería mucho. Don Pedrito fue atropellado y murió, para desconsuelo de Chico. Un tiempo después, Chico andaba por la calle cuando se dio cuenta que le perseguía un perrito. Se le aparece entonces Emmanuel, el mentor del médium, que le dice: «Chico, espera y fíjate en este perrito. ¡Es Don Pedrito que vuelve a ti!» Chico recogió afectuosamente al perrito y le dio el nombre de Brinquinho. Los miércoles, conforme cuenta Chico, mientras él iba a recibir mensajes, Brinquinho aparecía por allí. Golpeaba la puerta, esperaba a que Chico la abriera y se tumbaba quietecito, mientras el trabajo de psicografía se desarrollaba. Cuando todo finalizaba, Brinquinho se levantaba y aguardaba a que Chico abriera la puerta.
¿Por qué existen los animales? La materia comparte con el Principio Inteligente, su evolución. La verdad es inexorable: ¡somos nosotros que ya existimos en ellos! No hay animales por un lado y nosotros, seres humanos, por otro. Somos todos espíritus en la vivencia de los infinitos escalones del proceso evolutivo, del cual los seres humanos de este ínfimo planeta, por mucho que su pretensión así lo desee, no representan el punto final. En el libro Memorias del Padre Germán, de Amalia Domingo Soler, se halla registrada la lealtad de otro perro, Sultán, que durante años acompañó al padre Germán en todas las actividades. Es admirable el modo como el padre Germán se refiere al perro:
«– ¡Ah Sultán, Sultán! ¡qué hermosa inteligencia poseías! ¡Cuánta dedicación te merecía mi persona! ¡Te perdí, y perdí en ti mi mejor amigo! Otrora, cuando me recogía en mi choza; cuando, prosternado ante el oratorio, rezaba con lágrimas; cuando lamentaba las persecuciones que sufría, era él quien me escuchaba estático, sin nunca aburrirse con mi compañía. Su mirada buscaba siempre la mía y, cuando en las puertas de la muerte, lo vi reclinar la cabeza en mis rodillas, buscar el calor de mi cuerpo, fue cuando en su mirada se extinguió la llama misteriosa que arde en todos los seres de la Creación.»
Pero esa llama misteriosa que arde en todos los seres de la Creación no se extingue, sólo se traslada, sobrevive a la muerte, se ensaya en la vida y adquiere en el hombre el principio de la vida moral. Esa marcha continua, sometida a las leyes del progreso, le conducirá a la sabiduría, al Amor, al Espíritu Puro. El alma, dijimos, viene de Dios. Es, en nosotros, el principio de la inteligencia y de la vida. Esencia misteriosa, escapa al análisis, como todo cuanto dimana del Absoluto. Creada por amor, creada para amar, tan insignificante que puede ser encerrada en una forma cobarde y frágil, tan grande que, con un impulso de su pensamiento, abarca el Infinito, el alma es una partícula de la esencia divina proyectada al mundo material. Desde la hora en que cayó en la materia, hemos contemplado el camino que siguió para remontar hasta el punto actual de su carrera. Precisó pasar por vías oscuras, revestir formas, animar organismos que dejaba al salir de cada existencia, como se hace con un vestuario inútil. Todos estos cuerpos de carne perecieron, el soplo de los destinos les dispersó las cenizas. Mas el alma persiste y permanece en su perpetuidad, prosigue su marcha ascendente, recorre las innumerables estaciones de su viaje y se dirige hacia un fin grande y apetecible, un fin que es la perfección. El alma contiene en estado virtual, todos los gérmenes de su desarrollo futuro. Está destinada a conocer, adquirir y poseer todo. Para realizar sus fines, tiene que recorrer, en el tiempo y el espacio, un campo sin límites.
El objetivo de la evolución, la razón de ser de la vida no es la felicidad terrestre, como muchos erróneamente creen, y sí el perfeccionamiento de cada uno de nosotros. Y ese perfeccionamiento debemos realizarlo por medio del trabajo, del esfuerzo, de todas las alternativas de la alegría y del dolor, hasta que nos hayamos desarrollado completamente y elevado al estado celeste. El dolor, físico y moral, forma nuestra experiencia. La sabiduría es el premio. Poco a poco el alma se eleva y, conforme va subiendo, en ella se va acumulando una suma siempre creciente de saber y virtud; se siente más estrechamente unida a sus semejantes; se comunica más íntimamente con su medio social y planetario. Elevándose cada vez más, no tarda en unirse por lazos pujantes a las sociedades del Espacio y después al Ser Universal. Así, la vida del ser consciente es una vida de solidaridad y libertad. Libre dentro de los límites que le señalan las leyes eternas, se constituye en arquitecto de su destino. Su adelantamiento es obra suya. Ninguna fatalidad lo oprime, salvo la de sus propios actos, cuyas consecuencias recaen en él; mas, no puede desarrollarse y medrar sino en la vida colectiva con el recurso de cada uno y en provecho de todos. Cuanto más sube, tanto más se siente vivir y sufrir en todos y por todos. En la necesidad de elevarse a sí mismo, atrae a sí, para hacerlos llegar al estado espiritual, a todos los seres humanos que pueblan los mundos donde viviera. Quiere hacer por ellos lo que por él hicieran sus hermanos más viejos, los grandes Espíritus que lo guiaran en su marcha.
La materia es el obstáculo útil; provoca el esfuerzo y desarrolla la voluntad; contribuye para la ascensión de los seres, imponiéndoles necesidades que los obligan a trabajar. ¿Cómo, sin el dolor, habríamos de conocer la alegría; sin la sombra, apreciar la luz; sin la privación, saborear el bien adquirido, la satisfacción alcanzada? Aquí está la razón del por qué encontramos dificultades de toda suerte en nosotros y a nuestro alrededor. Es la ley del esfuerzo, ley suprema, por la cual el ser se afirma, triunfa y se desarrolla; es la magnífica epopeya de la Historia, la lucha exterior que llena el mundo. La lucha inferior no es menos conmovedora. Cada vez que renace, tendrá el Espíritu que acomodar, adecuar el nuevo envoltorio material que le va a servir de morada y hacer de él un instrumento capaz de traducir, de expresar las concepciones de su genio. A pesar de las decepciones, de las derrotas, a través de las existencias renovadas, el alma consigue desarrollar sus elevadas facultades.
Hay en nosotros una sorda aspiración, una íntima energía misteriosa que nos encamina hacia las alturas, que nos hace tender hacia destinos cada vez más elevados, que nos impele hacia lo Bello y hacia el Bien. Es la ley del progreso, la evolución eterna, que guía a la Humanidad a través de las edades y aguijonea a cada uno de nosotros, porque en la Humanidad son las mismas almas, que, de siglo en siglo, vuelven para proseguir, con la ayuda de nuevos cuerpos, preparándose para mundos mejores, en su obra de perfeccionamiento. La ley del progreso no se aplica solamente al hombre; es universal. Hay en todos los reinos de la Naturaleza, una evolución que fue reconocida por los pensadores de todos los tiempos. Desde la célula verde, desde el embrión errante, boyando a flor de las aguas, la cadena de las especies se ha desarrollado a través de series variadas, hasta nosotros.
Cada eslabón de esa cadena representa una forma de la existencia que conduce a una forma superior, a un organismo más rico, más bien adaptado a las necesidades, a las manifestaciones crecientes de la vida. Mas, en la escala de la evolución, el pensamiento, la conciencia y la libertad sólo aparecen pasados muchos grados. En la planta, la inteligencia dormita; en el animal, sueña; sólo en el hombre despierta, se conoce, se posee y se vuelve consciente; a partir de ahí, el progreso, de alguna suerte fatal en las formas inferiores de la Naturaleza, sólo se puede realizar por el acuerdo de la voluntad humana con las leyes Eternas. La teoría de la evolución debe ser completada por la de la Percusión, o sea, por la acción de las potencias invisibles, que activa y dirige esta lenta y prodigiosa marcha ascensional de la Vida del Globo.
El hombre, nos demuestra la embriogenia, es la síntesis de todas las formas vivas que lo precedieran, el último eslabón de la larga cadena de vidas inferiores que se extiende a través de los tiempos. Mas, eso es apenas el aspecto exterior del problema del origen, mientras que amplio e imponente es el aspecto interior. Así como cada nacimiento se explica por la bajada a la carne de un alma que viene del Espacio, así también la primera aparición del hombre en el Planeta debe ser atribuida a una intervención de las Potencias invisibles que generan la vida. La evolución de los mundos y de las almas es regida por la Voluntad Divina, que penetra y dirige toda la Naturaleza. Mas la evolución física es una simple preparación para la evolución psíquica y la ascensión de las almas prosigue mucho más allá de la cadena de los mundos materiales. Nuestro Globo es como una arena donde se traban batallas incesantes. En su prodigiosa fecundidad, genera nuevos seres; mas luego la muerte siega en sus filas cerradas. Esa lucha, horrenda a primera vista, es necesaria para el desarrollo del principio de vida, dura hasta el día en que un rayo de inteligencia viene a iluminar las conciencias adormecidas. Es en la lucha que la voluntad se perfecciona y afirma; es del dolor que nace la sensibilidad.
Emerger grado a grado del abismo de la vida para tornarse Espíritu, genio superior, y esto por sus propios méritos y esfuerzos, conquistar el futuro hora a hora, ir liberándose día a día un poco más de la ganga de las pasiones, liberarse de las sugestiones del egoísmo, de la pereza, del desánimo, rescatarse poco a poco de sus flaquezas, de su ignorancia, ayudando a sus semejantes a rescatarse a su vez, arrastrando todo el medio humano hacia un estado superior, tal es el papel distribuido a cada alma. El canto de gloria, el himno de la vida infinita llena los espacios, sube desde el fondo del alma, de las ruinas y de las tumbas. Sobre los destrozos de las civilizaciones extintas brotan flores nuevas. Se efectúa la unión entre las dos humanidades, visible e invisible, entre aquellos que pueblan la Tierra y los que recorren el Espacio. Sus voces llaman, se responden unas a otras, y esos rumores, esos murmullos, vagos y confusos todavía para muchos, se vuelven para nosotros el mensaje, la palabra vibrante que afirma la comunión de amor universal.
Tal es el carácter complejo del ser humano: espíritu, fuerza y materia, en quien se resumen todos los elementos constitutivos, todas las potencias del Universo. Todo lo que está en nosotros está en el Universo y todo lo que está en el Universo se encuentra en nosotros. Por el cuerpo fluídico y por el cuerpo material, el hombre está unido a la inmensa estructura de la vida universal; por el alma, a todos los mundos invisibles y divinos. Tenemos en nosotros el instinto de la animalidad más o menos comprimido por el largo trabajo, por las pruebas de las existencias pasadas, y tenemos también la crisálida del ángel, del ser radiante y puro, que podemos venir a ser por la impulsión moral, por las aspiraciones del corazón y por el sacrificio constante del “yo”. Tocamos con los pies las profundidades sombrías del abismo y con la frente las alturas fulgurantes del cielo, el imperio glorioso de los Espíritus. Y así hasta el infinito.
Salvador Martín
Bibliografía
KARDEC, A. El Libro de los Espíritus
KARDEC, A. El Libro de los Médiums
KARDEC, A. La Génesis
KARDEC, A. Révue Spirite
DENIS, L. El Problema del Ser y del Destino
RICHET, C. La Gran Esperanza,
BOZZANO, E. ¿Los animales tienen alma? Alicante : FEE, 2010
DELANNE, G. La Evolución Anímica. Buenos Aires: Fundación Espírita Humanista Allan Kardec, 2004.
XAVIER, F.C. / EMMANUEL. En el Mundo Mayor
XAVIER, F.C. EMMANUEL. Evolución en Dos Mundos
DOMINGO SOLER, A. Memorias del Padre Germán
GAMA, R. Lindos Casos de Chico Xavier. São Paulo : Lake, 1984
PRADA, I. La cuestión espiritual de los animales Editora FE
REEVES, H. La Historia más bella del mundo. Barcelona : Anagrama, 2009
MOODY, R. Coming Back. NY: Bantam Books, 1991.
Revista Espirita FEE
miércoles, 13 de junio de 2018
Entrevista al Padre François Brune autor del libro “Los muertos nos hablan”

Autor: José Lucas
lunes, 7 de mayo de 2018
EL ESPIRITISMO NO ES UNA RELIGIÓN
Jacques Peccatte
REVISTA DE CULTURA ESPÍRITA ENE/ABR
Con frecuencia el espiritismo ha sido considerado como una religión, y desde su nacimiento con Allan Kardec, la cuestión todavía se debate en ciertos medios espíritas, donde se dice que el propio Allan Kardec no había zanjado totalmente el asunto con arreglo al contenido semántico que podía darse a la palabra religión. ¿Religión significa enlazar y reunir alrededor de una idea o se trata más bien, y sobre todo, de creencias que se oponen a la razón? Por nuestra parte, hemos llegado a las nociones más simples, definiendo los conceptos a partir de su contenido comúnmente utilizado. En religión, se admiten las nociones de creencia y de fe independientemente de toda tentativa de análisis lógico y razonado. Así por ejemplo, en el catolicismo, el misterio de la Santísima Trinidad o la resurrección de Jesús son conceptos que recurren a la creencia en la medida en que en esencia son y, seguirán siendo, inexplicables, planteando un desafío a la razón que no puede ser resuelto sino por la fe. Por el contrario, en materia de espiritismo, el misterio no puede quedar sin explicación, y es a partir de un enfoque científico, filosófico e histórico, que progresivamente han podido surgir nuevas tesis para volver inteligible lo que era oscuro. Es en particular por el estudio de la historia de la Iglesia, que buen número de principios religiosos han podido ser descifrados. En diferentes épocas se han instituido dogmas, viniendo a menudo a contradecir lo que anteriormente era admitido, dogmas institucionalizados por los eclesiásticos y los cuales se pretendía a veces que eran inspirados por un soplo divino.
La historia de la Iglesia es, de hecho, la historia de dogmas sucesivos que, la mayoría de las veces,
contradicen la razón; y se convierten entonces en objetos de fe, sólo son pues admisibles por la fe.
LA FE O LA RAZÓN
Es pues este punto el que se vuelve esencial en el debate planteado: lo religioso depende de la fe, mientras que lo filosófico se apoya en la razón. Y en este sentido, el espiritismo permite disociarse de la creencia en la medida en que algunos de sus principios obedecen a leyes que se pueden describir, explicar, analizar o incluso probar, ya sea en forma experimental, o en forma filosófica. Quedará sin embargo una pequeña parte que recurre a la fe, y es la de un presupuesto respecto a la existencia de Dios.
Por ejemplo, un personaje de tendencia materialista, se apoya en el postulado de la no existencia de Dios, con lo cual compromete un acto de fe, fe en una certeza atea, que luego se las ingeniará para demostrar por medio de la ciencia, el análisis y el razonamiento.
Del mismo modo, el espiritualista y en particular el espírita, va a plantear su propio postulado de partida, el de la existencia de Dios; es entonces una apuesta (como la de Pascal) que necesita demostrar luego. Para hacerlo, se servirá de argumentos y establecerá razonamientos que estime más convincentes que los de los nihilistas. Estos argumentos ya están contenidos ampliamente en El Libro de los Espíritus de Allan Kardec, argumentos también reforzados por el hecho de que los propios Espíritus han venido a confirmar a la vez, su supervivencia y la realidad de una fuerza divina infinita y creadora de todas las cosas. Evidentemente hace falta allí otro presupuesto, el de la manifestación efectiva de Espíritus, cuya realidad se ha podido establecer a partir del estudio de la mediumnidad y de las pruebas aportadas.
Por este estudio realizado en el espiritismo, y en primer lugar por Allan Kardec, se descubren numerosos argumentos de gran fuerza. Cuando Allan Kardec, utilizando las respuestas de los Espíritus, define los atributos de Dios, a la vez en El Libro de los Espíritus y en La Génesis según el Espiritismo, recoge ciertos principios contenidos en los Evangelios, y los explica, no ya en un acto de fe, sino con argumentos filosóficos, que son la prolongación de palabras provenientes de los Espíritus a través de los médiums. Y es entonces cuando puede distanciarse del hecho religioso, confirmando ciertos aspectos de una moral cristiana bien comprendida, y a la vez refutar ciertos dogmas. Es así como los misterios de la religión son clarificados como por ejemplo, “la resurrección del Cristo” que ya no es un milagro que viene a contradecir la razón sino la manifestación fantasmal y tangible del espíritu de Jesús, fenómeno vuelto comprensible a partir de las observaciones espíritas referentes a las apariciones materializadas y la mediumnidad de ectoplasmia.
Otro misterio: este personaje, considerado como profeta o Mesías, sería la encarnación de Dios hecho hombre, concepto ratificado durante el Concilio de Nicea en 325 (consubstancialidad entre el padre y el hijo) y un poco más tarde con la adopción de la Santísima Trinidad, en el primer Concilio de Constantinopla (381), incluyendo la divinidad del Espíritu Santo. El estudio espírita sobre este punto, ha permitido concluir dentro de una mejor lógica en la encarnación de un espíritu de gran evolución que, cerca de la perfección de un espíritu puro, ha venido a traer a los hombres de su tiempo un mensaje de esencia divina, un mensaje que sin embargo ha trascendido los siglos, porque es portador de una idea esencial, la del amor al prójimo. Esta conclusión, confirmada igualmente por los Espíritus, ha permitido aportar una explicación lógica de acuerdo con la razón, preservando el lado excepcional de un profeta, sin por ello atribuirle el carácter de divinidad que le fue otorgado por el principio de la Santísima Trinidad.
LA TEOLOGÍA Y EL DOGMA
Muchos otros dogmas han sido decretados en el transcurso de los siglos, constituyendo un cuerpo de doctrina o una teología, que ya no tiene el carácter de filosofía, en la medida en que un buen número de los principios que contiene dependen de una creencia ciega, lo que algunos llaman fe de carbonero, una fe que permite creer en realidades imposibles per se. Allí, donde la comprensión ya no es posible, se emite un acto de fe que permite dispensarse de explicaciones lógicas que serían imposibles de encontrar.
Desde hace dos mil años, la Iglesia ha instituido muchos dogmas, como la Inmaculada Concepción, enunciando “que la concepción de la Virgen María en el seno de su madre, no fue marcada por la tacha del pecado original”, lo cual fue ratificado por el Papa Pío IX en 1854. Este dogma no debe ser confundido con el de la virginidad de María, ya indicado en los Evangelios y que fue admitido por la mayoría de los Padres de la Iglesia. Existe igualmente la virginidad perpetua (María permaneció virgen después del nacimiento de Jesús) proclamada durante el segundo Concilio de Constantinopla en 553.
La Iglesia ha instituido igualmente los sacramentos, que responden a necesidades sociales como el matrimonio o a necesidades más espirituales como el bautismo, la eucaristía, la extremaunción o el perdón de los pecados por la confesión. Si bien se trata de teología, es decir de principios instituidos por los eclesiásticos, es también, sin duda, la prueba de que el ser humano necesita espiritualidad. Esta necesidad ha sido satisfecha hasta ahora por la creencia, el dogma y el rito. Eso puede bastar a ciertas personas, pero deja a otras sumidas en la frustración. Es allí donde el espiritismo ha tenido la virtud de explicar lo incomprensible, aportando otras nociones hasta entonces mal definidas, como la manifestación de los Espíritus y su reencarnación dentro de una continuidad evolutiva. Por otra parte, la reencarnación estuvo contenida en el hecho religioso de muchas culturas precristianas, y abrogada definitivamente en 553, (Constantinopla) cuando, según Orígenes (185-253), fue condenada la preexistencia del alma, así como la creencia en su reencarnación.
La creencia en las vidas sucesivas ha sido, sobre todo, particularidad de las tradiciones orientales, del brahmanismo, el budismo y el hinduismo. Allí también, aunque el principio en sí mismo está confirmado por vía espírita, sale de las creencias simplistas para entrar en una explicación más lógica que nos aleja de las nociones caricaturescas del karma punitivo o de la metempsicosis.
EL ESPIRITISMO, ¿CONTINUIDAD DEL CRISTIANISMO?
Es en particular desde el punto de vista moral que Allan Kardec ha vinculado entre sí tres revelaciones sucesivas en el tiempo: la de Moisés que indica un código moral en sus mandamientos, la palabra de Jesús que viene a completar la de Moisés, y finalmente la revelación espírita que viene a aportar toda la luz a partir de la manifestación del más allá. Este principio de continuidad espiritual, se aplica específicamente a una historia judeo-cristiana que pasa igualmente por la influencia filosófica de Grecia. Sin embargo, este principio, llamado de tercera revelación, no debe reducirse a lo religioso y poner de relieve a una religión más que a otra. Todas las religiones del mundo, si bien han tenido su razón de existir y su necesidad desde un punto de vista espiritual, tienen igualmente (o han tenido) fallas de envergadura, fallas de naturaleza humana que conducen al dominio, a la guerra, a la persecución o a la inquisición. No hay pues, desde nuestro punto de vista, una tradición religiosa que sea superior a otra, salvo que se mire muy puntualmente: hoy, por ejemplo, podríamos decir que las orientaciones del Papa actual son mucho más progresistas que las de los predicadores norteamericanos pseudo-protestantes (Evangélicos, Adventistas, Pentecostales y otros).
Respecto a las religiones que no pertenecen a nuestra cultura occidental, que son principalmente el budismo, el hinduismo y el islam, nos es más difícil juzgar, tomando en consideración las diferencias culturales que hacen que nuestros criterios de apreciación sean diferentes. No obstante, debería haber allí factores universales que borraran las diferencias. Y entre estos factores, hay uno que aún plantea un verdadero problema, es la idea de separación entre la práctica religiosa y los asuntos temporales de la organización de las sociedades, la famosa cuestión del laicismo. Este asunto no es evocado en ninguno de los grandes textos fundadores de las religiones, y es igual en los textos que se distancian del laicismo, salvo en ese entorno preciso del Evangelio donde Jesús les responde a los fariseos: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”.
Por su parte, los espíritas aportaron su tributo a esta necesaria separación entre lo religioso y lo político, cuando algunos de ellos se comprometieron en la Liga de la Enseñanza, militando por una escuela laica, no confesional, gratuita y obligatoria. Fueron los Pierre-Gaétan Leymarie, Camille Flammarion, Léon Denis, Emmanuel Vauchez y algunos otros que, dentro de la continuidad del pedagogo Hyppolite Rivail convertido en Allan Kardec, perseguían los grandes ideales heredados del Siglo de las Luces y de la Revolución Francesa, para que la organización social de la instrucción pública fuera resueltamente disociada del hecho religioso. En este sentido, puede afirmarse que el espiritismo, ya separado de lo religioso en tanto que ciencia y filosofía, se apartó igualmente del punto de vista del laicismo, inscribiéndose de inmediato en la modernidad.
Por supuesto, laicismo no significa que uno deba olvidarse de la espiritualidad en el seno de la vida social. Este principio establece simplemente que dentro de una sociedad de progreso, todas las religiones tienen su legítimo derecho de expresión, pero ninguna de ellas debe dictar la ley civil ni ninguno de los principios de la vida en sociedad. Pues, ello retrotraería a las teocracias del pasado, incluso a los poderes de la Inquisición que, sin embargo, se perpetúan en otras comarcas para desdicha de todos, pero que necesariamente a la larga deberán desaparecer si se quiere pensar realmente en un progreso sobre la Tierra, un progreso que sería de un verdadero alcance, no ya religioso, sino espiritual.
Traducido por Ruth Newman
EXTRAÍDO DE: REVISTA DE CULTURA ESPÍRITA ENE/ABR