EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizado el blog: CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



jueves, 9 de marzo de 2017

Entrada nueva en Grupo Espírita de La Palma

PROGRAMA DE LAS “XVIII JORNADAS DE INTEGRACIÓN HUMANA DE ORENSE”: 13, 14 Y 15 DE ABRIL 2017

por idafe
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El Puente Viejo de Orense
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sábado, 4 de marzo de 2017





¿Filosofía o religión?

Como toda filosofía, el espiritismo marcha sobre terrenos comunes con la religión (la cuestión del bien y el mal, el sentido de la vida…) y se encuentra en una posición delicada: expresar ideas nuevas a partir de términos antiguos, apreciados de diferente manera y a menudo caricaturizados. Y si bien es cierto que a veces la literatura espírita “clásica” puede revestirse con atavíos religiosos, es cuestión de ubicarla en su contexto histórico; una particularidad de la comunicación espírita es que el espíritu que se manifiesta obtiene sus medios de expresión del medio en el seno del cual se manifiesta. Las relaciones ambiguas que han existido entre filosofía y religión en el transcurso de la historia, plantean el tema del posicionamiento espírita y remiten a la difícil cuestión de su definición, siempre imprecisa.
No obstante parece que se puede distinguir a primera vista, por un lado la filosofía, disciplina que impulsa al individuo a pensar por sí mismo, de la religión que impone dogmas, afirmaciones que no necesitan ser justificadas. Pero entonces, ¿por qué el espiritismo es asociado con la religión? La sociología nos da elementos de respuesta. En efecto, a pesar de la diversidad de sus teorías, todos los padres fundadores de la sociología, Weber, Durkheim, Simmel o Marx han otorgado un lugar central a la religión y han coincidido en un punto: el rechazo a la religión como factor determinante en la construcción de nuestra modernidad. Ese rechazo, acompañado por el desarrollo de la racionalidad instrumental, de las ciencias y de las técnicas, el “desencantamiento del mundo”, según la fórmula consagrada por Max Weber, es un factor cultural que ha forjado para alguna parte nuestras estructuras mentales.
Las sociedades modernas, luchando contra la opresión religiosa, han optado naturalmente por una visión materialista y atea, sin por eso haber considerado plenamente esa opción. Esta postura combativa, necesaria en un tiempo ha inducido y propagado un sistema binario de reflexión, origen de oposiciones simplificadoras y de atajos caricaturescos que tienen más que ver con el ámbito de la opinión que con la filosofía. En este contexto actual de confusión entre lo espiritual y lo religioso, donde creer en Dios o en la existencia de los espíritus sería necesariamente renunciar a la razón, se comprende fácilmente la amalgama que puede hacerse entre espiritismo y religión.

Los posibles puntos de confusión entre Espiritismo y Religión
La trascendencia

La trascendencia es uno de los puntos comunes a todas las religiones. Generalmente se entiende por trascendente lo que es exterior, más allá del mundo, en oposición a inmanente, que es lo que está en el mundo. Esta distinción es utilizada principalmente para marcar la diferencia entre lo que depende del hombre y lo que no depende de él. Ahora bien, la cuestión de un Dios trascendente, así como la del más allá, son enviadas hoy por los medios intelectuales a una franja de la teología que se detiene en una interpretación literal de los textos, y es abordada a través del prisma estrecho y singular que ella representa. Es así que la existencia de un Dios nos despojaría de nuestra libertad de actuar y de juzgar. Sin embargo la postura trascendente del espiritismo, si bien excluye a un Dios inmanente que se confundiría con la naturaleza, no excluye por ello la inmanencia. El saber no proviene de una fuente externa, el hombre es responsable de sus actos y encuentra en sí mismo la capacidad de razonar y superarse. Además, el más allá ya no está aparte en la creación, fuera del mundo; está aquí y ahora interactuando sin cesar con el mundo visible. Allí, el espiritismo rompe en parte la oposición entre lo trascendente y lo inmanente.
El Tratado de ateología de Michel Onfray, uno de los representantes actuales del ateísmo en Francia, es un muy buen ejemplo de la forma en que se trata el tema. Su argumentación para probar la inexistencia de Dios, reposa únicamente en las desviaciones teológicas de los monoteísmos y sus ingenuas interpretaciones del mundo. En el mismo orden de razonamiento, en el medio científico, se elimina la idea de Dios recordando los dos principales conflictos que tuvieron lugar entre ciencia y religión: los casos Galileo y Darwin. Pero, rechazar la hipótesis divina, so pretexto de que los sistemas de explicación del mundo propuestos por la teología son incoherentes, no es sino una simplificación que permite deshacerse de una comprobación incómoda. La Historia nos enseña que la visión de una ciencia atea que hace retroceder a la religión es un mito: Galileo, así como Giordano Bruno, era creyente, Lavoisier y Newton, padres de la química y de la física moderna respectivamente, eran alquimistas. Einstein y otros eminentes científicos más cercanos a nosotros son la prueba de que Dios y la razón se entienden perfectamente. Ellos nos demuestran que se puede creer en Dios en forma laica, sin renunciar por ello a la razón.
El ateísmo de los padres fundadores de la ciencia moderna residía únicamente en su rechazo a la teología. Respecto a Darwin, el espiritismo reconocía la ley de la evolución aun antes de que fuera admitida por el conjunto de la comunidad científica. A. Russell Wallace, que descubrió la ley de la evolución al mismo tiempo que Darwin, era espírita y agregamos que el proceso de evolución, y más ampliamente, de creciente complejidad de lo viviente, comprobado por las ciencias de la naturaleza, está en total contradicción con la idea según la cual la vida no tendría sentido, pues en un plano filosófico la idea misma de evolución implica que hay un sentido, una dirección. Ese sentido, esa fuerza de atracción, ese punto de convergencia es la única idea que podamos hacernos actualmente de ese Dios trascendente. Estamos lejos del Dios de las religiones, cuyas proyecciones finalmente nos informan más sobre la naturaleza humana que sobre la naturaleza divina. Él no tiene principio ni fin, no se le puede encerrar en nuestras definiciones. Es un Dios laico sobre el que no hacemos proyecciones. El espiritismo se apoya en los hechos; en ciencia filosófica, no acepta una verdad si no encuentra una justificación teórica. La trascendencia espírita no se opone a la razón pero extrae consecuencias de nuestras observaciones. Observaciones que nos llevan a los límites de la razón.

La fe

Si para la religión la fe no necesita ser explicada, en el espiritismo nace de la observación y de la reflexión. Es una convicción y se puede entender en el sentido etimológico del término: fides, confianza, confianza en nuestro razonamiento. Kant enseña en su Crítica de la razón pura que la razón es limitada y que la fe no está necesariamente más acá de la razón sino que puede estar más allá. Si el espiritismo puede acercarse a la religión, es a la religión natural, movimiento de pensamiento que sigue a la revolución científica. El hecho de que el mundo esté regulado matemáticamente ha sido visto, en primer lugar, como prueba de la existencia de una fuerza causal, y no únicamente por los religiosos. Pero finalmente fue la idea de Hume la que tomó la delantera; el mundo no está tan bien hecho, pues los animales están obligados a matarse entre ellos para sobrevivir; los hombres se matan igualmente entre ellos… una visión pesimista del mundo, carente de fe.

La existencia de una vida después de la muerte

Este es otro punto común entre las religiones. Lo que se reprocha a esta realidad es haber sido aprovechada con fines políticos por Constantino, en primer lugar en lo que concierne a la religión católica, para hacerles aceptar a los hombres las malas condiciones de vida, prometiéndoles una vida mejor en el más allá. Pero, ¿no es esta realidad incompatible con la filosofía? Vamos a hacer un recorrido por la Grecia antigua, cuna de la filosofía occidental. Después de haber reflexionado mucho tiempo sobre el significado del oráculo de la pitonisa que respondió a Querefonte que no había nadie más sabio que él, Sócrates partió al encuentro de los que pasaban por ser sabios. Con su práctica de la refutación, demostró a los sabios que no lo eran. La sabiduría de Sócrates: “Yo sé que no sé nada” fue confirmada. “Aun si me diera cuenta, no sin pesadumbre ni temor, de que me hacía de enemigos, así y todo me creería obligado a poner por encima de todo la tarea en la cual me hubiera involucrado Dios”. Paralelamente al hecho de que, en La Apología de Platón, el origen de su práctica filosófica es un mensaje del más allá, Sócrates menciona regularmente su dáimon, su voz daimónica: “Los comienzos de ello se remontan a mi infancia: es una voz que se hace escuchar por mí, y que, cada vez que llega, me aparta de lo que eventualmente estoy a punto de hacer”. (En lenguaje espírita, se diría que era clariaudiente). Sócrates hablaba también del Hades: “Si lo que se cuenta es cierto, a saber justamente que allá habitan todos los que han muerto… lo más interesante es que, conversando con ellos, yo podría someter a las gentes de allá al examen y la investigación a los que someto a las gentes de este mundo, para descubrir quien, entre ellos, sabe alguna cosa y quien no sabe nada, imaginándose que sabe algo”.
Es aquí donde aparece la ruptura entre filosofía y religión y es la postura que adoptará Allan Kardec al descubrir la posibilidad de comunicarse con el más allá. Esta actitud implica que la comprensión de las cosas no puede venir de una autoridad exterior. El hecho de comunicarse con los espíritus no nos releva en nada del deber de reflexionar por nosotros mismos, el hombre es devuelto a su propia capacidad de pensar. Si aceptamos a ciertos espíritus como guías, es porque les reconocemos cierta sabiduría. Éstos nos orientan hacia un camino pero no pueden, ni quieren, emprender el camino en nuestro lugar. En lo que concierne al materialismo antiguo, animado por su rebeldía contra la religión que inocula el temor a los dioses que pueden montar en cólera y el temor a un castigo eterno, citemos al propio Epicuro, padre fundador a quien apelaron todos los filósofos materialistas, en su carta a Heródoto: “Los dioses existen, puesto que el conocimiento que se tiene ha sido evidente”. Aun cuando rechaza que se pueda tener intercambios con ellos, acepta la existencia de los dioses y estima que es necesario servirse de la idea que uno se hace de ellos para tratar de ser bienaventurado también. Un examen más atento de la filosofía de Epicuro, muestra que él basa los criterios de verdad en la experiencia y las nociones, afines a las ideas de Platón, que él no necesita demostrar…

La idea de revelación

La idea de revelación es admitida igualmente por el espiritismo pues se quiere ser la tercera revelación. En religión, la verdad es revelada por una autoridad externa y no puede ser cuestionada. La revelación espírita fue hecha posible por Allan Kardec quien, dentro de una trayectoria científica, es decir metódica, “levantó el velo”, con sus observaciones y su razonamiento. Esta revelación puede ser verificada y cuestionada por otros en un procedimiento igualmente racional.
El espiritismo se ubica en la continuidad de la moral evangélica
Y este punto también contribuye considerablemente a mezclar las pistas. La moral espírita nada tiene que ver con una moral patriarcal y reaccionaria, que difunde relaciones urdidas desde el neolítico entre el poder y lo sagrado; es una moral emancipadora. Los sociólogos de las religiones consideran a la religión cristiana como “un cohete que ha permitido la puesta en órbita de valores que llevaban en sí mismos los gérmenes de la secularización”. Dicho de otra manera, el alejamiento de la sociedad de las normas y los hábitos teológicos ha sido permitido gracias a los valores defendidos por Jesús, de los que, desgraciadamente, se han apropiado las instituciones eclesiales.
Según Max Weber o hasta Marcel Gauchet, ellos contienen en parte los gérmenes del progreso que fundaron nuestra modernidad. Muchas de nuestras concepciones actuales, como la idea de igualdad, extraña a los griegos, a los indios o a los chinos, y que llevó más tarde al advenimiento de la democracia, han sido permitidas por la idea de un Dios único. El mensaje de Jesús de fraternidad, de justicia y de compartir, de libertad de elección, de emancipación, en el cual se inspiraron los pensadores del Renacimiento y de las Luces, no era religioso sino más bien filosófico y su contenido ha permitido a nuestras sociedades deshacerse de la religión y progresar en materia de derechos del Hombre. Los progresos que contiene no han terminado.

Conclusión

Al contrario de la religión, el espiritismo no hace proyecciones sobre el más allá: él lo estudia y muestra que es imposible hacerse una representación petrificada. Esta representación inmutable de lo absoluto y del más allá, presentada por las religiones, implica una cristalización del pensamiento que incluye a los espíritus. Es fuente de numerosos conflictos pasados y actuales. El espiritismo está inscrito dentro de un pensamiento dinámico que se profundiza en la medida que evolucionan el conocimiento y la reflexión. Nunca podrá ser dogmático pues esta evolución no tiene fin. El Libro de los Espíritus nos dice en su comienzo que la mayoría de nuestros problemas humanos viene de nuestra incapacidad para ponernos de acuerdo sobre el sentido de las palabras. Ese llamado parece ir a la par de la necesidad de una actividad filosófica y de la necesidad de diálogo, diálogo que sin embargo seguirá siendo difícil, mientras la racionalidad y la objetividad permanezcan circunscritas a la ideología materialista.
Un punto positivo: a fines de los años 60, los sociólogos de la religión se enteraron de que, aunque la práctica católica disminuía intensamente, la sociedad en su conjunto siempre era creyente y ellos aportaron nuevas definiciones de la religión. Fue así como extendieron la creencia hacia ámbitos que hasta entonces no tenían nada que ver con la religión: la política, el arte, el deporte o hasta la ciencia en sus variantes cientificistas o positivistas, ofreciendo así nuevos elementos de reflexión.
Sébastien Damin
Extraído de la Revista "Le journal Spirite" Nº 94

http://www.luzespiritual.org/art…/6882-ifilosofia-o-religion

domingo, 5 de febrero de 2017

Entrada nueva en Grupo Espírita de La Palma

CUANDO LA SOCIEDAD ESTÁ A PUNTO DE PERDER SU VIDA ESENCIAL – Por: Lao Tse

por idafe

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CUANDO LA SOCIEDAD ESTÁ A PUNTO DE PERDER SU VIDA ESENCIAL

El Wen-tzu, conocido también con el título honorífico de Comprender los misterios, es uno de los grandes libros básicos del taoísmo, escrito hace más de dos mil años. Siguiendo la tradición de Lao Tse, Chuang-tzu y los Maestros de Huainan, el Wen-tzu abarca toda la gama del pensamiento y de la práctica taoísta. Olvidado durante mucho tiempo por todo el mundo excepto por los iniciados.

El Wen-tzu presenta una visión del taoísmo que es muy diferente de la proyectada por los eruditos occidentales y que está más de acuerdo con las concepciones taoístas. Su compilación se atribuye a un discípulo de Lao Tse, el famoso autor del clásico Tao Te King, y la mayor parte de su contenido se atribuye al mismo Lao Tse. La atribución de autoría en el antiguo taoísmo era generalmente simbólica más que histórica. Los nombres pueden referirse no sólo a supuestas personas individuales, sino también a escuelas y a tradiciones asociadas a los individuos o a sus círculos.

Según la tradición taoísta, el antiguo sabio Lao Tse no era un individuo aislado, sino que era miembro de un círculo esotérico. Se cree que tuvo varios discípulos, a cada uno de los cuales transmitió una serie de antiguas enseñanzas taoístas. El libro conocido como el Wen-tzu constituye una de estas series, una elaboración de las enseñanzas del Tao Te King en un conjunto de discursos atribuidos al antiguo maestro Lao Tse.

FUENTE: Extractado de la Introducción a la versión publicada en español, escrita por Thomas Cleary

 

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Del Wen-tzu traemos aquí uno de los comentarios o enseñanzas atribuidas a Lao Tse. Leed con detenimiento y el que sea capaz de ver, que vea. Mirad a vuestro alrededor, mirad vuestro interior, mirad sobre las cosas y los sucesos desde el silencio, mirad el sentido de los aconteceres del día a día. Comprended dónde estamos y hacia donde vamos y actuad en consecuencia según el grado de responsabilidad que podáis asumir: un tiempo muere, un nuevo tiempo asoma por el horizonte, pero entre medio todo se desmonta , pues siendo el solar el mismo, la vieja casa se derrumba necesariamente y será convertida en escombros para poder edificar allí mismo un nuevo hogar.

                                                                                                  Idafe

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Retrato idealizado de Lao Tse
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Lao Tse dijo:

Cuando la sociedad está a punto de perder su vida esencial, es como la emergencia de la energía negativa: el liderazgo es ignorante, se descuida el Camino, muere la virtud. Se emprenden proyectos que no están en armonía con la Naturaleza, se dan órdenes que constituyen una violación de las cuatro estaciones.El verano y el otoño disminuyen su armonía, el cielo y la tierra son exprimidos de su virtudLos gobernantes en sus tronos están incómodos, los grandes se ocultan y no hablan, los ministros promueven las ideas de los que están arriba incluso en detrimento de la normalidad. La gente extraña a sus parientes, pero recibe a los villanos, utiliza el halago para estratagemas secretas; se compite por mantener gobernantes corruptos, acompañándolos en su caos para llegar a sus propias metas.

En consecuencia, gobernantes y gobernados están reñidos y mantienen relaciones amistosas cuando se aparta a los familiares y éstos no permanecen juntos. En los campos no hay brotes erguidos, en las calles no hay paseantes. Se extraen las arenas auríferas, se cogen las piedras preciosas, se capturan las tortugas por sus conchas y se les saca las entrañas. Se practica la adivinación cada día; el mundo entero está desunido. Los gobernantes locales establecen leyes que difieren entre sí, y cultivan costumbres antagónicas.

Sacan la raíz y abandonan la base, elaborando códigos penales para endurecerlos y hacerlos rigurosos, luchando con armas, exterminando al pueblo llano, asesinando a su mayor parte. Levantan ejércitos y causan problemas, atacando las ciudades y matando al azar, derribando lo elevado y poniendo en peligro lo seguro. Fabrican grandes vehículos de asalto y fortalezas reforzadas para repeler tropas de combate, y hacen que sus batallones vayan a misiones mortales. Contra un formidable enemigo, de cien que van, sólo uno regresa; quienes llegan a hacerse una reputación para sí mismos tal vez consigan parte del territorio anexionado, pero esto cuesta cien mil muertos en combate, además de innumerables adultos y niños que mueren de hambre y frío.

Después de esto, el mundo nunca puede estar en paz en su vida esencial y disfrutar sus maneras de actuar habituales. Así, las personas conscientes y los sabios se elevan y la mantienen con la virtud del Camino, y la ayudan con humanidad y justicia. Quienes están cerca promueven su sabiduría, mientras quienes están a distancia toman su virtud a pecho. El mundo se funde en uno, y los descendientes se ayudan unos a otros generación tras generación para liberarse de los comienzos de la traición, detener la persuasión ilógica, eliminar las leyes crueles, liberarse de los deberes que causan problemas y arduos deberes, detener los efectos del rumor y de la murmuración, cerrar las puertas al partidismo, minar los cocientes de inteligencia para adaptarse a la normalidad general, ignorar el cuerpo y disminuir el intelecto para comulgar ampliamente con lo desconocido y diferenciado, al igual que cada cosa retorna a su raíz.

Incluso los sabios no pueden crear un tiempo; lo que hacen es evitar perder el tiempo cuando éste llega. Esta es la razón por la que no mueren.


viernes, 6 de enero de 2017


LAS EMERGENCIAS ESPIRITUALES – Por: Christina Grof y Stanislav Grof

por idafe

¿QUÉ ES UNA EMERGENCIA ESPIRITUAL?

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Capítulo uno de la obra "En busca del Ser: Guía para el crecimiento personal", por Christina Grof y Stanislav Grof
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Christina y Stanislav Grof
«Y como todos aquellos que se desmayan por un exceso de placer y alegría, ella permanece como inconsciente en los brazos divinos y el pecho divino. Ya no le importa nada excepto abandonarse a esta alegría, alimentada por la leche divina... Esta embriaguez celestial en la que se deleita y se aterroriza a un tiempo... esta locura santa...»   Santa Teresa de Ávila - "Pensamientos sobre el Amor de Dios".
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Aunque los valores espirituales han sido en general reemplazados por consideraciones materialistas o sencillamente ignorados en la sociedad moderna, ahora se hace cada vez más evidente que el deseo de trascendencia y la necesidad de un desarrollo interno son aspectos básicos y normales de la naturaleza humana.

Los estados místicos pueden ser profundamente curativos y tener un importante impacto positivo en la vida de quien los experimenta. Es más:muchos episodios difíciles en los estados alterados de conciencia pueden considerarse crisis de transformación y de apertura espiritual.Las experiencias tormentosas de este tipo — emergencias espirituales, como las hemos llamado— han sido descritas en repetidas ocasiones en textos sagrados de todas las épocas como momentos duros en el sendero místico. Las emergencias espirituales pueden definirse como etapas críticas y difíciles de atravesar en una profunda transformación psicológica que abarca todo nuestro ser. Se dan como estados alterados de conciencia, e implican emociones intensas, visiones y otros cambios sensoriales, pensamientos extraños y diversas manifestaciones físicas. Estos episodios suelen estar relacionados con cuestiones espirituales; incluyen secuencias de muerte y renacimiento psicológico, experiencias que parecen ser recuerdos de vidas pasadas, sentimientos de unidad con el universo, encuentros con diversos seres mitológicos y motivos similares.

¿QUÉ DESENCADENA UNA EMERGENCIA ESPIRITUAL?

En la mayoría de los casos se puede identificar la situación que disparó la crisis de transformación: puede ser un factor físico primario como una enfermedad, un accidente, una operación, un cansancio físico extremo o una prolongada falta de sueño. Circunstancias como éstas son capaces de bajar la resistencia psicológica al debilitar al cuerpo y, además, al funcionar como poderosos recordatorios de la muerte y la fragilidad de la vida humana. El ejemplo más dramático en esta categoría es la emergencia espiritual que sigue a una experiencia cercana a la muerte asociada a una grave crisis biológica, lo que permite acceder a experiencias trascendentales muy profundas. En las mujeres, una crisis de transformación puede ser desencadenada por la combinación del estrés físico y emocional durante el parto. Ya que dar a luz es una situación en la que existe el peligro de perder la propia vida, hay un elemento de muerte en cada nacimiento; esta experiencia lleva así a la madre a las fronteras mismas de la existencia individual: su comienzo y su fin. Esta es también la zona intermedia entre lo personal y lo transpersonal. En algunas instancias, un aborto natural o provocado puede jugar el mismo papel. A veces una transformación psicoespiritual puede comenzar durante relaciones amorosas intensas y emocionalmente desbordantes. El sexo también tiene una dimensión transpersonal importante: por un lado, es un vehículo para trascender la mortalidad biológica porque es capaz de producir una nueva vida; por el otro, nene una profunda conexión con la muerte. De hecho, los franceses llaman ‘ pequeña muerte” al orgasmo. Una unión sexual que se da en el contexto de un lazo emocional poderoso puede convertirse en una profunda experiencia mística: todas las fronteras individuales parecen disolverse y la pareja se siente reconectada con su origen divino. Además de ser la unión biológica de dos seres humanos, una situación de este tipo puede ser experimentada como la unión de los principios femenino y masculino, y alcanzar dimensiones divinas. La profunda relación entre sexualidad y espiritualidad es conocida y cultivada en las tradiciones espirituales tántricas.

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En otros casos, el comienzo de una emergencia espiritual puede rastrearse hasta hallar una experiencia emocional muy fuerte, en especial una implique una gran pérdida, tal vez el fin de una relación amorosa importante, un divorcio, la muerte de un hijo, un padre u otro pariente cercano. Con menor frecuencia, el acontecimiento desencadenante es un desastre financiero inesperado, una serie de fracasos o la pérdida de un trabajo. En algunas personas la gota que rebalsa el vaso puede ser la experiencia con una droga alteradora de la conciencia, o una sesión de psicoterapia intensa. Se conocen casos en los que una crisis de transformación comenzó en tus Sillón de dentista con la extracción de una muela utilizando oxido nitroso. La era de la experimentación descontrolada con drogas psicodélicas catapultó a mucha gente hacia la apertura espiritual, y a algunos de ellos hacia la emergencia espiritual. También hemos visto casos en los que una droga recetada por razones de salud fue el factor desencadenante. Una sesión de hipnosis llevada a cabo con la intención de aliviar un terrible dolor de cabeza puede inesperadamente producir una experiencia de muerte y renacimiento, recuerdos de vidas pasadas y otros dominios espirituales de la psique que resultaran difíciles de asimilar. Lo mismo ocurre con sesiones de psicoterapia experiencial que no se resuelven éxitosamente.

La amplia variedad de aparentes desencadenantes de la emergencia espiritual sugiere que lo más importante es la predisposición del individuo para la transformación interna, mucho más que los estímulos externos. Pero si buscamos un común denominador o un camino final en las situaciones desencadenantes, encontraremos que todas estas situaciones conllevan un cambio radical en el equilibrio entre los procesos conscientes e inconscientes. Algo ocurre que favorece el funcionamiento del inconsciente al extremo de que éste supera las percepciones comunes.

En ocasiones, las defensas del ego pueden verse debilitadas por una agresión biológica; en otros casos, un trauma psicológico interfiere con los esfuerzos de la persona, orientados hacia lo externo, redirigiéndola hacia su mundo interior. El catalizador más importante de una emergencia espiritual es un profundo compromiso con distintas prácticas espirituales. De hecho, muchas de estas han sido diseñadas para facilitar la experiencia mística al aislar al buscador de las influencias externas y orientarlo hacia su inundo interior. Es fácil de imaginar el impulso espiritual que surge de las formas activas de la adoración religiosa, como bailar en trance, los giros sufíes, la percusión de tambores, las salmodias o las letanías. Pero las crisis de transformación también pueden comenzar de manera menos dramática como la meditación sentada o en movimiento, la contemplación y la oración devocional. En la medida en que disciplinas espirituales tanto orientales como occidentales ganan popularidad, más y más gente parece experimentar crisis de transformación relacionadas directamente con sus prácticas. Se han puesto en contacto con nosotros en repetidas ocasiones personas cuyas experiencias ocurrieron durante la práctica de la meditación zen, la meditación budista vipassana, el Yoga Kundalini, los ejercicios sufíes, la oración cristiana o la contemplación monástica.

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¿QUÉ ES EL SURGIMIENTO DE LA ESPIRITUALIDAD?

Para comprender el problema de la emergencia espiritual, uno debe verlo en el contexto más amplio del surgimiento de la espiritualidad, como la complicación de un proceso de evolución que lleva a una forma de vida más madura y realizada. Las enseñanzas místicas de todos los tiempos giran alrededor de la idea de que la sola búsqueda de bienes y meras materiales no expresa en absoluto el potencial del ser humano. De acuerdo con este punto de vista, la humanidad es una parte integral de la energía creadora y la inteligencia del cosmos, y es, de alguna forma, idéntica y conmensurable con él. El descubrimiento de la propia naturaleza divina puede conducir a una forma de ser, tanto a escala individual como colectiva, incomparablemente superior a lo que se considera normal. El filósofo neoplatónico Plotino lo sintetizó de esta manera: “La humanidad está a mitad de camino entre los dioses y las bestias”.

Muchos sistemas espirituales han descrito niveles y estados mentales más altos que conducen a la realización de la propia naturaleza divina y a la conciencia de Dios. Este espectro del ser es caracterizado por un aumento progresivo en la sutileza y el refinamiento, un menor grado de densidad, una mayor percepción abarcadora y una mayor participación en la inteligencia cósmica. El sistema más conocido que refleja las posibilidades del desarrollo de la conciencia es la idea india de los siete chakras, o centros de energía psíquica. Los chakras están ubicados en diferentes niveles del eje central del organismo humano, en el llamado cuerpo energético o “cuerpo sutil”. El grado de apertura u obstrucción de los chakras de una persona determina la forma en la que vive el mundo y se relaciona con él. Los tres chakras inferiores gobiernan las fuerzas que impulsan el comportamiento humano antes del despertar espiritual —el instinto de supervivencia, la sexualidad, la agresión, la competitividad y el consumismo—. Los chakras superiores representan el potencial de experimentar y llegar a niveles del ser cada vez más imbuidos de la conciencia cósmica y la percepción espiritual.

En términos generales, el surgimiento de la espiritualidad puede definirse como el paso de un individuo a una forma de ser más expandida, lo que entraña una mayor salud emocional o psicosomática, una mayor libertad en las elecciones personales, un sentido de profunda conexión con las otras personas, la naturaleza y el cosmos. Una parte importante de es te desarrollo lo constituye el aumento de la percepción de la dimensión espiritual de la propia vida y el esquema universal de las cosas. Todos los seres humanos poseen la característica innata de ser capaces de desarrollar su espiritualidad. La capacidad de crecer espiritualmente es tan natural como la disposición de nuestros cuerpos hacia el crecimiento físico, y el renacimiento espiritual es una parte tan normal de la vida humana como el nacimiento biológico. Como el nacimiento, durante siglos el surgimiento de la espiritualidad ha sido considerado por muchas culturas como una parte intrínseca de la vida; y, así como el nacimiento, también ha sido patologizado en la sociedad moderna. Las experiencias que ocurren durante este proceso abarcan un amplio espectro de profundidad e intensidad, yendo desde lo muy suave hasta lo desbordante y perturbador.

DEL SURGIMIENTO DE LA ESPIRITUALIDAD A LA EMERGENCIA ESPIRITUAL

Los procesos del despertar espiritual son tan sutiles y graduales que suelen volverse casi imperceptibles. Luego de un período de meses o años, una persona mira hacia atrás y se da cuenta de que su comprensión del mundo, sus valores, sus parámetros éticos y estrategias de vida han cambiado profundamente. Tal vez el cambio comience con la lectura de un libro que transmita un mensaje tan claro y convincente que sea imposible de ignorar. Se deseará saber y conocer más; luego, por coincidencia, su autor dará una conferencia en esa ciudad. Así, se conocerán otras personas que comparten ese entusiasmo, se descubrirán otros libros y se concurrirá a más conferencias y talleres. ¡Ha comenzado el viaje espiritual! En otras ocasiones, la percepción de lo espiritual se introduce en la vida como una percepción más profunda, distinta de las situaciones de la vida cotidiana. Tal vez, alguien entre en la catedral de Chartres con un tour y, súbitamente, se sienta desbordado por el coro y la música del órgano, por el juego de la luz en los vitrales, por la grandeza de las arcadas góticas. El recuerdo de ese gozo y la sensación de estar conectado con algo más grande que uno mismo permanece.

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Transformaciones similares de la percepción han ocurrido durante una travesía en un bote de goma a través de la majestuosa belleza del Gran Cañón del Colorado, o en cualquier otro ambiente natural impresionante. Para muchos, la puerta a los dominios trascendentales se ha abierto a través del arte. Ninguna de estas personas podrá volver a considerarse a sí mismo como un ser aislado. Han tenido experiencias vívidas y convincentes que los transportaron más allá de las restricciones de su cuerpo físico y de un concepto limitado de si mismos hacia una conexión con algo externo a ellos. No obstante, cuando el surgimiento de la espiritualidad es muy rápido y dramático, este proceso natural puede devenir en una crisis y transformarse en una emergencia espiritual. La gente en tales crisis se ve bombardeada por experiencias internas que desafían sus viejas creencias y formas de vida, y su relación con la realidad puede cambiar con mucha rapidez. De golpe se sienten incómodos en un mundo antes conocido y es probable que hasta les resulte difícil enfrentar las exigencias de la vida cotidiana. Tal vez tengan graves problemas para distinguir su mundo interior de visiones del mundo exterior de la realidad cotidiana, así como es también factible que experimenten potentes energías que les recorren el cuerpo y les causan temblores incontrolables. Llenos de miedo y resistencia, lo más probable es que gasten mucho tiempo y emergía en tratar de controlar lo que sienten como un acontecimiento interno arrollador. Quizás se sientan impulsados a hablar de sus experiencias y percepciones con cualquiera, y parezcan estar desconectados de la realidad, partidos o con delirios mesiánicos. Sin embargo, cuando se les ofrece comprensión y guía, en general cooperan y están agradecidos por tener a alguien con quien compartir su travesía.

El criterio básico para constatar cuándo el surgimiento de la espiritualidad se ha convertido en una emergencia espiritual está resumido en la Tabla 1. Debería destacarse que el surgimiento de la espiritualidad y la emergencia espiritual representan un continuum no siempre fácil de diferenciar. A lo largo de este libro, utilizaremos el término emergencia espiritual por considerarlo conveniente y para simplificar, aunque en ocasiones hablaremos de situaciones que, para ciertas personas y en condiciones específicas, responden mejor ‘a la categoría del surgimiento de la espiritualidad.

EL POTENCIAL CURATIVO DE LAS EMERGENCIAS ESPIRITUALES

Aun los más dramáticos y difíciles episodios de una emergencia espiritual son etapas naturales en el proceso de la apertura espiritual; pueden ser benéficos si las circunstancias son favorables. La activación de la psique que caracteriza a tales crisis entraña una limpieza total de viejos re cuerdos y fijaciones traumáticas. Este proceso es, por su misma naturaleza, potencialmente curativo y transformador. Sin embargo, tanto es el material psicológico que sale a la superficie desde los distintos niveles del inconsciente que interfiere con el funcionamiento cotidiano de la persona que lo experimenta. Por lo tanto, no es la naturaleza ni el contenido de estas experiencias sino su contexto lo que las hace parecer patológicas.

Estados similares no sólo serían aceptables sino también deseables en psicoterapia experiencial con una guía experta, pero su larga duración —a diferencia de las sesiones terapéuticas, estas experiencias pueden durar días o hasta semanas— requiere que se tomen medidas especiales. Teniendo presentes estas consideraciones, creamos el término “emergencia espiritual”. Implica un juego de palabras: la palabra emergencia, sugiere una súbita crisis, proviene del latín emergere (surgir, elevarse, aparecer). Esta palabra indica así una situación precaria, pero también la posibilidad de elevarse a un estado más alto del ser. El pictograma chino para crisis representa perfectamente esta idea: está compuesto de dos signos primarios, uno de los cuales significa “peligro”, mientras que el Otro significa “oportunidad”.

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Reconocer la naturaleza dual de la emergencia espiritual —peligro y oportunidad— tiene importantes consecuencias teóricas y prácticas. Si se las comprende correctamente y se las trata como un estadio difícil en un proceso natural de desarrollo, las emergencias espirituales pueden conducir a una curación a nivel emocional y psicosomático, a cambios profundos y positivos de la personalidad y a la solución de muchos de los problemas de la vida. Antes de proseguir explorando la idea de la emergencia espiritual y lo que ésta implica, es necesario aclarar algunos de los conceptos básicos que utilizaremos. Los principales temas a aclarar son el rol del inconsciente en la psicoterapia, la espiritualidad y su relación con la religión, y, sobre todo, la naturaleza del conjunto de experiencias que la psicología moderna llama “transpersonales”.

TABLA 1.

DIFERENCIAS ENTRE EL SURGIMIENTO DE LA ESPIRITUALIDAD Y LA EMERGENCIA ESPIRITUAL

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La vida del ser humano entraña muchos desafíos biológicos y psicológicos, así como también experiencias traumáticas. Durante la infancia, a menudo se dan enfermedades, heridas, operaciones y una variedad de agresiones emocionales. El mismo proceso de salir a este mundo en el nacimiento significa un gran trauma físico y psicológico que dura muchas horas y hasta días. Algunos de nosotros hemos sufrido graves crisis durante nuestra gestación: enfermedades o estrés emocional en la madre, distintas influencias tóxicas, y aun el peligro de un aborto natural o intencional. Se olvidan o reprimen muchos de estos recuerdos, pero no pierden su importancia psicológica; es más, quedan grabados profundamente en nuestro interior y pueden ejercer una influencia poderosa en nuestras vidas.

INCONSCIENTE, PSICOTERAPIA Y CURACIÓN

Fue el fundador del psicoanálisis, el psiquiatra austriaco Sigmund Freud, quien presentó por primera vez evidencia convincente de que nuestra psique no se limita a los procesos que nosotros percibimos, sino que existen vastas regiones que permanecen detrás del umbral de la con ciencia la mayor parte del tiempo. Freud llamó a esta dimensión de la psique “el inconsciente”. Des cubrió que los recuerdos reprimidos y olvidados de la infancia y períodos posteriores a ésta pueden salir a la superficie en pesadillas perturbadoras. También son una fuente importante de distintos desórdenes emocionales y psicosomáticos y pueden causar diversas formas de comportamiento irracional e interferir con el desarrollo satisfactorio de nuestra vida. Durante el proceso terapéutico —al que Freud llamó psicoanálisis—, las asociaciones libres del paciente y las interpretaciones brindadas por el psiquiatra ayudan a traer este material inconsciente a la conciencia y a reducir su influencia perturbadora en la vida cotidiana.

La contribución de Freud a la psicología y a la psicoterapia fue revolucionaria y precursora. Sin embargo, su modelo teórico quedó limitado a la biografía postnatal: él intentó basar la explicación de todos los procesos psicológicos en la vida después del nacimiento. De la misma manera, su técnica terapéutica de intercambio verbal era una herramienta relativa mente débil para penetrar en el inconsciente, y un método lento que in sumía una gran cantidad de tiempo para curar y transformar. Uno de los discípulos de Freud, el renegado psicoanalítico Otto Rank, llevó a este modelo considerablemente más lejos al atraer la atención de los círculos profesionales sobre la importancia psicológica del trauma del nacimiento. Las observaciones de Rank, que pasaron inadvertidas durante muchos años, han sido confirmadas plenamente en las últimas tres décadas por parte de varias psicoterapias experienciales. En los últimos años ha habido conferencias dedicadas a los problemas de la psicología pre y perinatal en especial, una disciplina que estudia la influencia que ejercen en la mente humana las experiencias que ocurren antes y durante el parto.

La investigación del discípulo suizo de Freud, Carl Gustav Jung, cosechó conclusiones tan asombrosas y revolucionarias que aún no han sido completamente asimiladas y aceptadas en los círculos académicos. Jung llegó a la conclusión de que el inconsciente humano contiene más que lo derivado de la historia individual. Además del “inconsciente individual” freudiano, también hay un “inconsciente colectivo”, que contiene los recuerdos y la herencia cultural de toda la humanidad. De acuerdo con Jung, los patrones universales y primordiales del inconsciente colectivo o “arquetipos” son de naturaleza mitológica. Las experiencias que tienen que ver con esta dimensión arquetípica de la psique imparten un sentido de lo sagrado o “numinoso”, en los términos de Jung. Cuando se permite que los contenidos altamente cargados emocionalmente del inconsciente salgan a la superficie, se experimenten en plenitud y se asimilen a lo consciente, pierden el poder de influir sobre nosotros en forma negativa. Este proceso es la meta principal de las psicoterapias profundas. Algunas de las escuelas más antiguas obtienen este logro a través de un diálogo terapéutico; las innovaciones más recientes incluyen acercamientos que facilitan la experiencia física y emocional del material previamente inconsciente.

Algo similar ocurre durante las emergencias espirituales, pero en forma espontánea y a menudo por causas desconocidas. En ocasiones, la cantidad de material inconsciente que emerge de los niveles más profundos de la psique es tan grande que una persona puede llegar a tener dificultad para manejarse eficazmente en su vida diaria. Sin en t a pesar de sus manifestaciones dramáticas, este acontecimiento tormentoso es esencialmente un intento del organismo de simplificar su funcionamiento, dejar de lado viejas fijaciones y programas negativos y curarse a si mismo. Una persona que comprende esto y cuenta con un buen sistema de apoyo es capaz de cooperar con el proceso y beneficiarse con el.

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ESPIRITUALIDAD, RELIGION Y LA EXPERIENCIA DE LO DIVINO

Para evitar confusiones, nos gustaría describir lo que nosotros comprendemos por el término espiritualidad y en qué sentido lo utilizaremos. La palabra espiritualidad debería reservarse para situaciones que entrañan una experiencia personal de ciertas dimensiones de la realidad que les dan a la propia vida y existencia en general una cualidad numinosa. CG. Jung utilizaba el termino numinoso para describir una experiencia de lo sagrado, lo santo o lo extraordinario. La espiritualidad es algo que caracteriza la relación del individuo con el universo y no requiere necesariamente de una estructura formal, un ritual colectivo o la mediación de un sacerdote. En contraste la religión es una forma de actividad grupal organizada que puede o un conducir a una verdadera espiritualidad, de acuerdo con el grado en que provea un contexto propicio para el descubrimiento personal de las dimensiones numinosas de la realidad. Mientras que en la cuna de todas las grandes religiones se hallan las revelaciones visionarias de sus fundadores, profetas y santos, en muchas instancias las religiones han perdido la conexión con este núcleo vital a través del tiempo.

La palabra moderna para designar la experiencia directa de las realidades espirituales es “transpersonal”, lo que significa que trasciende la forma usual de percibir e interpretar al mundo desde la posición de un individuo o cuerpo-ego separado de aquél. Existe una disciplina enteramente nueva, la psicología transpersonal, que se especializa en experiencias de este tipo y lo que estas implican. Las conclusiones del estudio de los estados transpersonales de conciencia son de vital importancia para el concepto de emergencia espiritual. Los estados que entrañan un encuentro personal con las dimensiones numinosas de la existencia pueden dividirse en dos grandes categorías. En la primera hallamos las experiencias de lo “Divino inmanente”, o percepciones de la inteligencia divina que se expresa a sí misma en el mundo de la realidad diaria. Toda la creación —gente, animales, plantas y objetos inanimados- --- aparece permeada por la misma esencia cósmica y luz divina. Una persona, en este estado, de pronto ve que todo en el universo es una manifestación y una expresión de la misma energía cósmica creadora, y que la separación y los límites son ilusorios. Las experiencias de la segunda categoría no representan una percepción diferente de lo ya conocido, sino que revelan una gama más amplia de dimensiones de la realidad ocultas a la percepción humana, e inaccesibles en un estado normal de conciencia. Nos referiremos a éstas como experiencias de lo “Divino trascendente”. Un ejemplo típico seria una visión de Dios como una fuente radiante de luz que posee una belleza sobrenatural, o la sensación de fusión e identificación con Dios percibido de esta manera. Las visiones de seres arquetípicos como deidades, demonios, héroes legendarios y guías espirituales también pertenecen a esta categoría. Otras experiencias abarcan no sólo entidades individuales sobre humanas sino reinos mitológicos enteros, como cielos, infiernos y purgatorios, o diversos paisajes y regiones desconocidas.

Lo que nos interesa en este punto son las consecuencias prácticas de los encuentros personales con las realidades espirituales. Para las personas que lo han vivido la existencia de lo inmanente y trascendente divino no es una cuestión de creencias infundadas sino un hecho basado en una experiencia directa, tal como nuestra actitud hacia la realidad material de nuestra vida cotidiana se basa en percepciones sensoriales de primera mano. Por el contrario, una creencia es una opinión sobre la naturaleza de la realidad basada en una forma específica de educación, adoctrinamiento o lecturas religiosas; carece de una certificación experimental.

Tales estados transpersonales pueden ejercer una influencia benéfica de transformación en aquellos que los experimentan. Es probable que alivien diferentes desórdenes emocionales y psicosomáticos, así como también dificultades en las relaciones interpersonales. Asimismo, son capaces de reducir las tendencias agresivas, mejorar la autoimagen, incrementar la tolerancia hacia los demás y elevar la calidad de vida. Entre otros efectos posteriores positivos se halla una profunda sensación de conexión con la gente y la naturaleza. Estos cambios de actitud y comportamiento son consecuencias naturales de las experiencias transpersonales; el individuo los acepta y abraza voluntariamente, sin ser forzado por mandatos, preceptos, órdenes o amenazas de castigo externas. Una espiritualidad de este tipo, basada en una revelación directa personal, es muy usual en las ramas místicas de todas las grandes religiones y sus órdenes monásticas, que utilizan la meditación, las letanías, la oración y otras prácticas para inducir estos estados transpersonales de la mente. Hemos visto en repetidas ocasiones cómo las experiencias espontáneas durante una emergencia espiritual tienen un potencial similar si se dan en un contexto de comprensión y apoyo.

LAS EMERGENCIAS ESPIRITUALES Y LA PSIQUIATRIA OCCIDENTAL

Desde un punto de vista tradicional, tal vez parezca imposible que experiencias tan dramáticas y desorganizantes como las que constituyen las formas más extremas de la emergencia espiritual puedan ser parte de un proceso natural y, mucho menos, de un proceso curativo que favorezca la evolución. En el modelo médico, las manifestaciones psicológicas y físicas de tales estados son vistas como síntomas de un proceso de enfermedad grave. Se las llama “psicosis”, lo que para el pensamiento psiquiátrico convencional implica “enfermedades de etiología desconocida”. La idea es que un proceso biológico, cuya naturaleza y su causa aún no han sido descubiertas, es responsable no sólo de la aparición de estas experiencias anormales, sino también de su contenido. Que el contenido de estos estados transformadores de la conciencia suela ser místico es considerado como una mayor evidencia aun de que se está ante una enfermedad. La visión del mundo creada por la ciencia occidental que domina nuestra cultura es, en su forma más rígida, incompatible con cualquier noción de espiritualidad. En un universo don de sólo lo tangible, material y mensurable es real, toda forma de fenómeno religioso o místico aparece como producto de la superstición y sugiere la falta de educación, la irracionalidad, y una tendencia hacia el pensamiento mágico primitivo. Cuando ocurren en personas inteligentes y con educación, se atribuyen a una inmadurez emocional y a conflictos infantiles con la autoridad paterna que no han sido resueltos. Las experiencias personales de las realidades espirituales son entonces interpretadas como psicóticas, como manifestaciones de una enfermedad mental. A pesar de que existen muchas excepciones, la psiquiatría y la psicología en general no distinguen entre misticismo y psicopatología. No hay un reconocimiento oficial de que las grandes tradiciones religiosas han estado embarcadas durante siglos en un estudio sistemático de la con ciencia ni de que puedan aportar algo a nuestra comprensión de la psique y la naturaleza humana. De esta forma, los conceptos y las prácticas que se encuentran en el budismo, el hinduismo, el cristianismo, el Islam y otras tradiciones místicas, basadas en siglos de una profunda exploración y experimentación psicológica, son indiscriminadamente ignorados y dejados de lado, junto con diversas supersticiones y creencias ingenuas de las religiones populares. Esta actitud hacia la espiritualidad en general, y hacia las emergencias espirituales en particular, tiene graves consecuencias prácticas: se considera a las personas que atraviesan crisis de transformación como enfermas mentales y se les da el tratamiento de rutina con medicación inhibidora. Sin embargo, creer que se trata de una enfermedad en el sentido médico no tiene fundamento, ya que hasta el momento no ha habido descubrimientos clínicos o de laboratorio que lo confirmen. Aun si se descubrieran cambios biológicos relevantes, éstos solamente explicarían por qué diversos elementos salen a la superficie en un momento dado desde el inconsciente, pero no explicarían los contenidos en sí mismos. Además, encontrar un factor desencadenante específico de es tos episodios no excluye necesariamente la posibilidad de que el proceso sea curativo. Por ejemplo: en el curso de psicoterapias experienciales profundas y distintos rituales de curación, el material del inconsciente emerge en respuesta a disparadores conocidos, corno un aumento en el ritmo respiratorio, música o sustancias psicoactivas. Además, existen problemas con el diagnóstico clínico de las psicosis y sus diferentes formas. Distintos médicos clínicos e investigadores disienten considerablemente sobre algunos de los aspectos fundamentales, y las posiciones de distintas escuelas de psiquiatría se contradicen entre sí. La clasificación oficial de los desórdenes psiquiátricos también varía de acuerdo con el país, y los antropólogos han demostrado la relatividad cultural de las que son consideradas formas de experiencia y comporta miento normales y aceptables. Si nos acercamos a la emergencia espiritual con el espíritu del modelo médico, la aparición de los síntomas parecería ser el comienzo de una enfermedad, y su intensidad indicaría la seriedad de la situación. De acuerdo con el acercamiento alternativo que aquí sugerimos, los problemas preceden a los síntomas, pero existen en forma latente. La primera aparición de los síntomas es el comienzo del proceso curativo, y su intensidad indica la rapidez de la transformación. Aun en el contexto del modelo médico, una estrategia que se limite a suprimir los síntomas no sería considerada satisfactoria si una intervención más específica y eficaz fuera conocida y estuviera disponible. La importantísima función de la terapia consiste en producir una situación en la que no sea necesario que los síntomas aparezcan, no una situación en la que los síntomas no puedan aparecer. Nadie apreciaría a un mecánico que soluciona el problema de la luz roja de advertencia que aparece en el tablero sacando el cable que se conecta con ella. Es así que existen razones de peso para reconocer la importancia de las emergencias espirituales y extirparlas del mareo de trabajo del modelo médico. En personas que sufren una crisis de transformación de este tipo, el uso insensible de etiquetas patológicas y de distintas medidas represivas, incluyendo el control indiscriminado de los síntomas por medio de la medicación, puede interferir con el potencial positivo del proceso. La consecuente dependencia a largo plazo de los tranquilizantes (con sus conocidos efectos secundarios), la pérdida de la vitalidad y una forma de vida sumisa presentan un penoso contraste con aquellas poco usuales situaciones en las que una crisis de transformación es apoyada y valorada permitiendo su natural finalización. Por esto es extremadamente importante aclarar el concepto de emergencia espiritual y desarrollar acercamientos eficaces y englobadores en su tratamiento, así como sistemas de apoyo adecuados.

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PSICOSIS VERSUS EMERGENCIAS ESPIRITUALES

Una de las preguntas que se realizan con mayor frecuencia al hablar de emergencia espiritual es: ¿Cómo hace uno para distinguir entre una emergencia espiritual y una psicosis? Como hemos señalado, el término psicosis no está definido con exactitud y objetividad en la psiquiatría contemporánea. Hasta que esto ocurra, será imposible brindar una delimitación clara entre estas dos condiciones. En las presentes circunstancias, tiene mucho más sentido preguntar qué características de un estado alterado de conciencia sugieren que se pueden esperar mejores resultados con estrategias alternativas que con un tratamiento basado en el modelo médico. El primer criterio importante es la ausencia de tina enfermedad detectable con las herramientas de diagnóstico existentes. Esto elimina aquellos estados en donde la causa primaria se encuentra en una infección, tina intoxicación, desórdenes metabólicos, tumores, perturbaciones circulatorias o enfermedades degenerativas. Los cambios en la conciencia de las personas que entran en la categoría de emergencia espiritual son cualitativamente diferentes de aquellos asociados a psicosis de origen orgánico, y pueden ser reconocidos con facilidad cuando se cuenta con la suficiente experiencia (para más información, ver la tabla 2 en la página). Como el término emergencia espiritual lo sugiere, las características adicionales de una crisis de transformación son la conciencia de la persona que se ve envuelta en ella de que el proceso está relacionado con cuestiones espirituales críticas de la vida, y su conocimiento del contenido transpersonal de las mismas. Otra particularidad importante es la habilidad de diferenciar hasta un grado considerable entre las experiencias internas y el mundo de la realidad consensuada. El uso sistemático del mecanismo de la proyección —rechazar las experiencias internas como propias y atribuirlas a influencias provenientes de otras personas y circunstancias externas— es un grave obstáculo para el tipo de acercamiento psicológico aquí descrito. La gente que sufre de estados paranoicos graves, alucinaciones acústicas hostiles (“voces”) y fantasías persecutorias, recurrentemente cae en proyecciones de este tipo, de contenidos inconscientes, y actúa bajo su influencia. No se la puede alcanzar con las nuevas estrategias, aun cuando ciertos aspectos de sus experiencias parecen pertenecer a la categoría de la emergencia espiritual. A menos que, gracias a un trabajo terapéutico sistemático se cree una situación en la que haya una percepción adecuada de la naturaleza del proceso y un suficiente grado de confianza, tal vez estas personas requieran medicación supresiva. Las diferencias importantes, tanto en la actitud hacia los procesos in ternos corno hacia el estilo experiencial, pueden ilustrarse describiendo a dos pacientes hipotéticos que le cuentan sus problemas a un psiquiatra; representan los polos opuestos de un continuum de posibilidades. El primero llega a la consulta y relata lo siguiente: “En las tres últimas semanas he estado viviendo toda clase de experiencias extrañas. Mi cuerpo está cargado con una energía increíble que fluye continuamente por mi columna y se atasca en el cóccix, entre los omóplatos y en la base de mi cráneo. A veces es muy doloroso. Me resulta difícil dormir y con frecuencia me despierto en la mitad de la noche transpirando y tremendamente ansioso. Me da la extraña sensación de que acabo de llegar de algún sino lejano pero no sé de dónde. ‘Tengo visiones de situaciones que parecen provenir de otras culturas y otros siglos. No creo en la reencarnación, pero a veces siento como si estuviera recordando cosas de vidas anteriores, como si hubiera vivido antes. Otras veces, veo luces brillantes o imágenes de deidades y demonios, y cosas corno de cuento de hadas. ¿Ha escuchado algo así alguna vez? ¿Qué me esta pasando? ¿Me estoy volviendo loco?”. Esta persona está desconcertada y contundida por una serie de experiencias, pero tiene consciencia de que el proceso es interno, y muestra estar dispuesta a recibir ayuda y consejo. Esto clasifica al proceso como una posible emergencia espiritual y sugiere una buena resolución. El segundo paciente llega con una actitud muy distinta, menos a pedir consejo que a presentar una historia clara, a quejarse y a culpar a otros: ‘Mi vecino quiere matarme. Está bombeando gases tóxicos en mi sótano a través de un conducto que construyó en secreto. Envenena mi comida y mis reservas de agua. No tengo privacidad; puso muchísimos micrófonos en todas partes. Mi salud esta en peligro, mi vida está amenazada. Todo esto es parte de un complot pagado por la Mafia, están ofreciendo abultadas sumas de dinero para librarse de mí. Soy un estorbo para ellos porque mi alto nivel moral se interpone con sus planes”. Cualesquiera sean las causas de esta condición, un paciente en esta categoría no tiene la percepción fundamental de que este estado de cosas tiene que ver con su propia psique. Como resultado, no querrá otra ayuda que la necesaria para luchar contra sus supuestos perseguidores, como iniciar acciones legales o quitar todos los micrófonos de su casa. Es más, probablemente vea al terapeuta como un enemigo potencial más que como una ayuda. Por estas razones será un mal candidato para cualquier trabajo basado en los principios que se desarrollan en este libro.

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