EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG

Después de abrir y mantener actualizado el blog: CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS

ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".



miércoles, 16 de noviembre de 2011

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS DIRIGIDAS DESDE EL MÁS ALLÁ ENIGMAS DE LA HISTORIA por JOËL FRANCHETEAU LE JOURNAL SPIRITE N° 80 ABRIL 2010

La abadía de Glastonbury situada en el sudoeste de Inglaterra,
en el condado del Somerset fue por mucho tiempo en la
Edad Media una de las abadías más poderosas de Inglaterra;
únicamente la abadía de Westminster estaba más ricamente
dotada y era más frecuentada. Según Giraldus Cambrensis
que fue capellán del Rey Enrique II Plantagenet en el siglo
XII, allí reposaría el rey Arturo. En 1911, el descubrimiento
de un ataúd que contenía los esqueletos de un hombre y
de una mujer con la siguiente inscripción descifrada: “Aquí
yace el rey Arturo, el que fue y que será” parece confirmarlo.
Finalmente en el siglo XV, bajo el impulso de Richard Bere
el último abad de Glastonbury, la abadía había visto nacer
el culto a José de Arimatea, el tío de Jesús quien, según la
leyenda, habría venido a Glastonbury con el niño Jesús, y
más tarde habría guardado allí el Santo Grial. Fue para
celebrar ese culto que el abad Bere hizo construir las dos
capillas “Edgar”. La revelación de Cambrensis, la leyenda
arturiana y el culto a José de Arimatea por el abad Bere
había contribuido fuertemente a la reputación y al brillo de
la abadía a través la Europa Occidental.
En 1907, cuando la Iglesia anglicana decidió adquirir la abadía
de Glastonbury por la suma de 36.000£, ésta no era más que
una ruina, todo había desaparecido. Después de siglos de
abandono, era necesario emprender trabajos de estudio y de
investigación; se designó entonces una comisión diocesana
para asumir la gestión de las excavaciones. Los trabajos
fueron confiados a la Sociedad de Arqueología de Somerset,
y la dirección de las excavaciones a Frederick Bligh Bond, un
renombrado arquitecto de arte gótico originario de Bristol.
Sin que los clérigos y otros administradores comprometidos
en el proyecto lo supieran, Bond era miembro de la Society
for Psychical Research así como uno de sus amigos, Alleye
Bartlet. Este último tenía aptitudes en materia de escritura
automática y ambos decidieron explotar esas facultades para
facilitar las excavaciones. El objetivo era encontrar las dos
capillas que habían sido totalmente destruidas en 1539 por los
emisarios de Enrique VIII y nadie tenía ni la menor idea de su
ubicación. Para llevar a cabo el proyecto, había dos problemas
que superar: por una parte faltaba dinero para emprender las
excavaciones sistemáticas (entonces Bond debía contar con su
suerte), y por otra parte había otro arquitecto, Caroé,
que ambicionaba “preservar las ruinas”. Este último
esperaba hacerse una reputación sacando provecho
de los eventuales descubrimientos interesantes
anticipados por Bond.
El 7 de noviembre de 1907, Bond y Bartlet
instalados en el despacho de Bond en Bristol,
se pusieron a interrogar a los espíritus. Estaban
sentados en una mesa uno frente al otro, Bartlet
tenía un lápiz en la mano, con una hoja de papel
en blanco delante. Bond puso su mano sobre la de
su amigo y empezó a hacer preguntas. “¿Podéis
decirnos algo respecto a Glastonbury?”. La mano
de Bartlet comenzó a moverse. Más tarde, los dos
hombres descifraron el mensaje escrito en una
pequeña escritura irregular. “Todo conocimiento
es eterno y puede adquirirse por simpatía mental.
Yo no estaba en simpatía con los monjes. Aún no
he encontrado monjes”. A primera vista, aquello
parecía prometedor. Bond precisó que podía hacer
venir monjes conocidos suyos. Quizás eso ayudaría
a establecer el enlace. El lápiz se volvió a poner en
movimiento y sobre el papel apareció un dibujo
que reconstituía los planos de la abadía a la cual se
sumaba un largo rectángulo en un extremo. El plano
estaba firmado Guliélmus Monachus, (Guillermo
el Monje). Siguieron otros mensajes en los cuales
obtuvieron muchas informaciones formuladas
en una mezcla de latín de Iglesia e inglés antiguo,
lo que hacía pensar que procedían de monjes
desaparecidos. En 1908 finalmente se consiguieron
los fondos y las excavaciones pudieron comenzar en
1909. Con las informaciones obtenidas, Bond inició
las excavaciones con cierta inquietud, esperando
que las informaciones fueran correctas. Fue así
como se descubrió en primer lugar una capilla en
el crucero septentrional de la abadía, luego una
entrada, un ábside poligonal y una cripta. Con estos
descubrimientos, los medios de la arqueología y de
la Iglesia no tenían sino elogios para Bond.
Años más tarde, cuando Bond estimó que ya no
arriesgaba nada y que había llegado el momento
de revelar la forma en que había procedido, escribió
en su libro Portón de Remembranza, el modo en que
los espíritus de monjes fallecidos lo habían ayudado
en sus trabajos de búsqueda. Fue a partir de esa
revelación que estalló el escándalo, las autoridades
le retiraron el empleo y modificaron muchas
informaciones arqueológicas que habían fijado en el
sitio de la abadía, y hasta la venta de sus libros fue
prohibida en la librería de la abadía.
Después de haber contribuido a la notoriedad de
Glastonbury con el resultado de sus investigaciones,
Bond fue condenado por los mismos que le habían
confiado esta misión simplemente por haber querido
decir la verdad sobre las informaciones obtenidas.

lunes, 14 de noviembre de 2011

DESPUÉS DE LA MUERTE LA VIDA DE LOS ESPÍRITUS EN EL MÁS ALLÁ por J O Ë L F R ANCHETEAU LE JOURNAL SPIRITE N° 84 AVRIL 2011

Cuando una persona acaba de morir, se produce el
fenómeno siguiente: el alma se separa del cuerpo físico
a causa de la ruptura del lazo periespiritual que los
une. Esa ruptura se desarrolla de manera progresiva,
pues el periespíritu se despega poco a poco de la
carne. La sensación de dolor que el alma experimenta
en el momento de la muerte es entonces resultado de
ese desacoplamiento; puede ser más fuerte, porque
ese dolor está en relación con la importancia de la
adherencia que existe en ese momento entre el cuerpo
y el periespíritu. He aquí dos ejemplos opuestos para
representar esta ley: si en el momento de la extinción
de la vida orgánica, prácticamente se ha operado el
desprendimiento del periespíritu, el alma no siente
nada. Por el contrario, si la cohesión de los dos elementos
está en toda su fuerza, se produce entonces una suerte
de desgarramiento que actúa dolorosamente sobre el
alma. Una vez rota la atadura, el espíritu de la persona
se siente bascular hacia atrás, en un movimiento circular
de forma elíptica con la impresión de descender. En
función de la entidad, esto dura un tiempo más o menos
largo; el fin de ese movimiento se traduce entonces en
el encuentro de un túnel largo y estrecho, iluminado
por un resplandor amarillento semejante al que podría
producir la electricidad. En ese momento, ciertos
espíritus penetran el túnel y otros no. Para los que lo
atraviesan, éste desemboca sobre un color azulado,
semejante a un cielo azul. En ese instante, el espíritu se
encuentra con su guía y con aquellos que ha conocido y
querido. Unos espíritus se acercan a él, que está cegado
por la luz que se atenúa poco a poco; entonces, las
siluetas se hacen más precisas y el espíritu reconoce
a sus parientes, pero sobre todo ve rostros que había
olvidado en la Tierra y conocido en vidas anteriores. La
vista de uno de estos rostros provoca el disparo de la
memoria, entonces el espíritu toma consciencia de su
estado espiritual, y según su grado de comprensión,
le vuelven progresivamente los recuerdos de sus vidas
anteriores.
La turbación
Para los que no franquearon el túnel, el movimiento
circular y la sensación de descenso continúan. Es
entonces el comienzo de imágenes relativas a la
vida que acaba de transcurrir, es lo que se llama la
turbación. El espíritu está inconsciente de su nuevo
estado y permanece cerca de las vibraciones terrestres;
en ese estado, el miedo, la duda y la amargura son los
sentimientos que dominan. El espíritu puede prolongar
ese sueño, o esa pesadilla, por muchísimo tiempo
y sus torpezas pueden dar lugar a manifestaciones
de obsesión en la Tierra. Al no estar ya el cuerpo a su
disposición, el espíritu en turbación utiliza a veces su
periespíritu para producir manifestaciones fantasmales.
En estos casos particulares, el espíritu se queda apegado
a los lugares y a las personas que ha conocido. Y es así
como muchos espíritus reencarnan instintivamente,
en el retorno natural a la materia, sin haber salido de la
turbación.
Para comprender la turbación, es necesario tomar
en cuenta sobre todo las causas y no el concepto de
duración. El paso de la vida corporal a la vida espiritual
implica un cambio de estado, que no conlleva, sin
embargo, un cambio de temperamento.
¿Qué es el más allá?
No es un lugar geográfico, nos rodea. La vida espiritual
de los espíritus se ubica en una dimensión paralela a
la nuestra, es decir más allá de la materia; los espíritus
se codean continuamente con nosotros y el más allá
es sólo el reflejo de la Tierra. Está poblado de espíritus
que tienen buenas o malas intenciones y que han
pertenecido a la Tierra. Cada entidad se encuentra en
la vida espiritual tal y como fue en la Tierra, con sus
aspiraciones, sus conocimientos y su psicología: el
alma de un humanista sigue siendo la de un espíritu
benévolo, el alma del asesino continúa haciendo mal,
un erudito conserva sus conocimientos y el ignaro no se
vuelve omnisciente.
La turbación según
la naturaleza del deceso

En la muerte natural, las fuerzas vitales disminuyen con
la edad o la enfermedad, es decir que se produce un
comienzo de separación entre el cuerpo y el espíritu
que va a facilitar el paso al más allá. Por el contrario,
cuando se trata de muertes violentas por accidentes,
asesinatos o suicidios, el desgarramiento va a ser rápido
y la separación del periespíritu no empezará sino
después de la muerte orgánica. Así, la liberación del
espíritu será más larga y en este caso en particular, el
espíritu se creerá todavía en vida hasta que se dé cuenta
de su situación.
Según la evolución del espíritu
La intensidad y la duración del sufrimiento están
función del apego que el espíritu tenga a la materia. Las
preocupaciones del hombre se concentran entonces en
la vida corporal de acuerdo a su evolución, a la educación
recibida, ya sea religiosa o materialista, y también al
miedo a la muerte. En efecto, para el materialismo no
hay nada después de la muerte; el espíritu que cree en
la nada, no comprende que la vida continúa después de
la muerte. Es evidente que un espíritu menos apegado a
lo material verá reducida su turbación. Hay igualmente
malos espíritus (poco evolucionados) que están
relativamente conscientes de su nuevo estado pero en
su rechazo a ver más lejos, siguen pensando en el mal
como en su vida encarnada. Ese más allá en el que se
encuentran los espíritus en turbación y los que son mal
intencionados es llamado comúnmente el bajo astral.