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UN CASO DE OBSESIÓN ESPIRITUAL EN MONGOLIA, RECOGIDO POR NICOLÁS ROERICHby idafe |
EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG
Después de abrir y mantener actualizado el blog: CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS
ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".
viernes, 30 de mayo de 2014
miércoles, 28 de mayo de 2014
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EL ARTE DE LA INTELIGENCIA ESPIRITUALby idafe |
Dr. Howard Gardner
Dr. Francesc Torralba
FUENTE: Francesc Torralba. Inteligencia espiritual. Ed. Plataforma actual 2010 - Jesús Mendieta Martínez (StarViewerTeam International 2011.)
martes, 20 de mayo de 2014
PSICOLOGÍA Y ESPIRITISMO CARL JUNG
por
J A C Q U E S P E C C AT T E
E D I TO R I A L
LE JOURNAL SPIRITE N° 94 OCTOBRE 2013
A la luz del espiritismo, las particularidades de la psicología
ya no se limitan a las nociones clásicas habituales
basadas en el estudio de la personalidad de una sola
vida que comienza con el nacimiento. Según la definición
espírita, la individualidad es un todo indisociable
dentro de la continuidad evolutiva de las vidas sucesivas
del espíritu.
Si bien los condicionamientos educativos y culturales
tienen toda su importancia, es preciso enlazarlos
también con la naturaleza de un espíritu preexistente
que ya tiene su bagaje de experiencias vividas en las
existencias anteriores. Marcado y perfilado por sus
anterioridades, tiene su personalidad propia, una personalidad
que será remodelada o al menos influenciada y
acondicionada por su nuevo medio de vida.
Hay entonces dos aspectos importantes en la psicología
individual: por una parte la naturaleza espiritual
preexistente de un espíritu que se ha construido una
individualidad en el transcurso de las vidas, y por otra
parte la impregnación educativa y cultural de la vida
actual. Respecto a esta influencia del medio en la vida
de hoy, ésta es recibida de manera diferente según la
naturaleza propia del espíritu: una misma educación
para los hermanos y hermanas no tendrá necesariamente
los mismos efectos. Eso demuestra que cada
individuo es único en sus rasgos de carácter que se
han forjado con el correr de las anterioridades. Un niño
podrá ser dócil ante las influencias parentales mientras
que otro tendrá una actitud contestataria que muestra
que no soporta esas influencias.
La psicología moderna, que define las complejidades de
la personalidad, nace de diversas corrientes, especialmente
a partir de los trabajos de Freud y de Jung. Con
relación a los desórdenes del comportamiento, éstos
son atribuidos a las relaciones afectivas entre padres e
hijos, relaciones armoniosas, alteradas o inexistentes
según los casos. Es lo que permite analizar todo lo que
conduce a los conceptos definidos en psicología como
el complejo, la neurosis, la psicosis, la paranoia o la
esquizofrenia. Apreciados de manera distinta por los
precursores de la psicología, estos conceptos se apoyan
sobre diferentes tesis según que uno se refiera a Freud,
Jung, Adler, Lacan, Françoise Dolto, etc. Es bien sabido
que Freud tuvo tendencia a reducir todo a impulsos
sexuales, lo cual Jung refutó en parte, ampliando las
sutilezas de la psicología con otras nociones. Si bien
Freud se ha convertido en la referencia más conocida,
sus conceptos han hecho escuela sobre todo entre los
materialistas. Por su parte, Jung se ha vinculado más a la
noción de espíritu, dentro de una visión más espiritualista
que no oculta su eventual supervivencia, incluso su
preexistencia. De niño, asistía a sesiones espíritas junto a
su madre que era médium. Aun cuando explícitamente
no hace mención de ello en sus teorías, se discierne allí
muy bien que, en su investigación le ha conducido a
una visión más amplia del inconsciente personal y del
inconsciente colectivo. Abre horizontes que sobrepasan
con mucho las limitaciones que quiso darse Freud.
Fuera de las escuelas oficiales de psicología clásica,
sobre todo la freudiana, y en menor medida la jungiana,
los conceptos menos representativos han nacido del
desarrollo de espiritualidades tipo New Age, haciendo
intervenir métodos nuevos a partir de la meditación y
otras formas de prácticas que, se considera, producen
equilibrio y resolución de problemas psicológicos. Es
toda esta escuela llamada de desarrollo personal la que,
dentro de una concepción psicológica paralela, ha dado
diversas recetas basadas en la confianza en sí mismo, a
fin de encontrar un mejor equilibrio. Estos son, de hecho,
métodos que recurren a la autosugestión positiva que, a
veces, permite controlar superficialmente los problemas,
pero que no resuelve los verdaderos problemas de
fondo cuando las personas están atadas a traumatismos
inconscientes relativos a esta misma vida o incluso a una
vida anterior. Y es extendiendo el inconsciente hasta las
vidas pasadas, que se entra en otra problemática cuyas
claves no son fáciles de encontrar.
Si bien, en conjunto, la mayoría de los desórdenes
psicológicos hay que buscarla en las inhibiciones de
esta vida desde la infancia, existe en un telón de fondo
una influencia más lejana relativa a las anterioridades,
influencia constituida igualmente por inhibiciones sucesivas
que forman parte de la personalidad total, es decir
del espíritu en la suma de sus vidas desde su origen. A
eso es preciso añadir de manera más concreta, las relaciones
que se perpetúan de vida en vida: muy a menudo
uno reencarna cerca de personas o familias que ya han
sido parte de nuestro pasado, ya sea en relaciones
armoniosas, o en relaciones conflictivas no resueltas.
Esto también forma parte del bagaje psico-afectivo de
cada uno, y aún tiene resonancia en la vida de hoy. Y
desde este punto de vista, eso cambia muchas cosas en
el modo en que abordaremos la psicología. No es que
haya que olvidar los principios de la psicología clásica,
pero a veces es necesario añadirle la impronta de las
vidas pasadas, para comprender mejor las relaciones
interpersonales que pueden perdurar desde hace varias
vidas.
¿Qué sucede con la obsesión?
Respecto al enfoque espírita, hemos visto, y vemos
todavía, un cierto número de interpretaciones abusivas
sobre las cuales debemos volver. En una visión simplificadora,
numerosos espíritas y grupos espíritas se
han focalizado sobre el fenómeno de la obsesión para
explicar cierto número de comportamientos que habitualmente
conciernen a la psicología clásica. Allí donde
una persona manifiesta un desequilibrio compensado
por una adicción (alcoholismo, tabaquismo, dependencia
de la droga) se ha encontrado una explicación
que se resume más o menos así: esta persona está
bajo la influencia obsesiva de un espíritu turbado que
satisface sus vicios a través de su víctima. Hay allí una
extrapolación que nosotros no podemos suscribir. Si
efectivamente hay una relación sutil entre el mundo de
los desencarnados y el de los encarnados, ¿es preciso
por eso ver allí un dominio del más allá que produce
una influencia tal que los humanos serían sistemáticamente
juguetes de espíritus viciosos? Esta tesis no tiene
en cuenta lo suficiente las fragilidades humanas que son
suficientes, por sí mismas, para explicar los desórdenes
conductuales. A partir de un simple análisis de la historia
de las personas, de su trayectoria educativa, afectiva,
familiar y social, se pueden poner en evidencia las inhibiciones
y traumatismos que han conducido a diversos
estados psíquicos alterados. Allí están los conocimientos
de la psicología clásica que son ampliamente suficientes
para explicar los desórdenes psíquicos y eventualmente
para resolverlos a partir de una psicoterapia adaptada.
Si bien a veces puede existir la obsesión, nosotros conocemos
sus manifestaciones que por lo general son resultado
de tentativas de comunicación espírita que han
terminado mal, y los síntomas observados son pérdida
de identidad y comportamientos desordenados o
anacrónicos de una persona que ya no se reconoce como
era antes. Es el psiquismo del sujeto que se encuentra
alterado por una influencia externa a sí mismo, lo cual
nada tiene que ver con adicciones o comportamientos
destructores, inherentes a debilidades personales, y
entonces no se necesita recurrir a la obsesión para
explicar simplemente fragilidades psico-afectivas. Si se
lleva más lejos el razonamiento, ¿habría que decir igualmente
que los grandes criminales están bajo la influencia
de malos Espíritus? Eso sería ignorar entonces que los
malos Espíritus no son sólo desencarnados, puesto que
ellos mismos han estado encarnados anteriormente,
habiendo realizado sus propias fechorías. Luego, si un
humano vicioso puede atraer a su entorno Espíritus que
se le parecen, no es sino la ley de las afinidades: quien se
parece se junta. Pero, no es que el criminal actúe bajo el
impulso de una presencia obsesora; él actúa, en primer
lugar, en función de sus propios impulsos y a lo sumo
el espíritu desencarnado malsano aportará su parte de
sutil influencia, que no es en sí misma el elemento determinante
del crimen.
En ningún caso podemos reducir o minimizar la parte
de responsabilidad humana a través de la cual se
comprueban todos los escollos del egoísmo y del
orgullo. Sucede también que en materia de psicología,
es preciso referirse a los valores morales que pueden
dar ciertas orientaciones. Y lo esencial del mensaje espírita
es que coloca en perspectiva una moral universal
que puede ayudar a las personas que tienen graves
desequilibrios. Una filosofía que da sentido, que permite
comprender el sentido de la vida a la luz de la reencarnación,
es a veces una solución inesperada, psicológicamente,
para las personas afectadas que pueden recobrar
el gusto por la vida y el sentido de los valores, aun
cuando los traumatismos o inhibiciones no hayan sido
controlados en profundidad.
Alcanzar las profundidades del espíritu
Sin embargo, más allá de la reflexión filosófica,
hay medios que permiten acceder a un mejor
equilibrio personal. Allí es necesario recurrir
al diálogo, al intercambio, al compartir, eventualmente
a psicoterapias, siendo la hipnosis la
mejor de ellas. Por este medio se podría llegar a
lo más profundo del espíritu, es decir a todo lo
que corresponde a un inconsciente cargado de
traumatismos inhibidos. Es lo que se ha intentado
a través del psicoanálisis, pero con todas
las dificultades que éste representa cuando el
practicante debe hacer surgir, o adivinar, las
realidades inconscientes, frente a un sujeto que
se expresa conscientemente. Y por otra parte,
fue a partir del momento en que Freud se apartó
de la hipnosis en beneficio de la escuela psicoanalítica,
que se marcó la pauta, en detrimento
de una hipnosis dejada a un lado, y que hoy es
necesario volver a descubrir.
En materia de espiritismo, se puede hacer intervenir
igualmente la clarividencia. El sujeto clarividente
tiene una percepción que, con frecuencia,
irá más allá de las apariencias superficiales a
percibir directamente las profundidades del
espíritu, a saber las realidades inconscientes, y
así suministrar las claves para comprender mejor,
a veces, el origen de un problema. Y ocurre que
esta percepción del inconsciente conduce al
clarividente a poner en evidencia un acontecimiento
anterior que aún tiene repercusiones en
la vida presente.
Más allá lo que fue experimentado en psicología
clásica con la ayuda de las psicoterapias conductuales
y del psicoanálisis, se pueden considerar
métodos más afinados a partir de la clarividencia,
la psicometría o la hipnosis, cuyo objetivo sería ir
más directamente a la fuente de los problemas
psi, sin estar obligado a tratar de detectarla y
adivinarla por deducción. Por estos métodos
que se vinculan al espíritu en su totalidad, se
tiene la ventaja de poder ir directamente al
objetivo, detectando directamente el fondo de
un problema a menudo insospechado. Lo cual,
evidentemente, no excluirá la necesidad de un
acompañamiento del paciente para ayudarlo a
superar su problema.
Es pues hacia una concepción más amplia de la
psicología que es preciso volverse, cuando se
conocen un poco mejor las interacciones entre
vida presente y vidas pasadas. Y en el plano de
la experiencia, todavía hay lugar para nuevas
investigaciones en la búsqueda de las profundidades
del espíritu humano.
lunes, 19 de mayo de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
IGOR MANOUCHIAN
MICHEL,
EL HOMBRE Y EL MÉDIUM
D O S S I E R
LE JOURNAL SPIRITE N° 96 avril 2014
Si hoy existe el Círculo Espírita Allan Kardec tal y como
lo conocemos, es ante todo gracias a un hombre de
excepción: Michel Pantin. Una personalidad de carácter
enérgico y firme que supo, paso a paso y humildemente,
comprender y desarrollar su mediumnidad sobre el hilo
conductor de la filosofía espírita definida en su tiempo
por Allan Kardec. Me acuerdo, por haber frecuentado muy
a menudo a Michel, de que a él le encantaba recordar a
todos los que le rodeaban, los comienzos de su historia
espírita.
A los nueve años, tuvo un sueño que luego resultó premonitorio.
Vio al líder de Israel, David Ben Gurion en una
tribuna, vestido con una camisa blanca, pronunciando un
discurso sobre su tierra frente a su público. Al día siguiente
de ese sueño, Michel oyó hablar de ese discurso por la
radio y también a sus padres. El nombre, y luego la imagen
vista en la televisión en casa de sus abuelos lo había impresionado
mucho por la similitud y la correspondencia con
las percepciones de su sueño. Sin tener respuesta al significado
de aquel sueño, y con el tiempo, Michel comprendió
un poco más tarde que con toda certeza se trataba de
un comienzo de sensibilidad extra corporal, como si de
alguna manera, hubiera asistido a ese mismo discurso más
allá de su cuerpo físico.
Extraído del homenaje que Karine
Chateigner publicó en el site del Círculo, he aquí a continuación
cómo se desarrolló el comienzo de esta historia
particular que, siendo la de Michel, fue también la del
futuro Círculo Allan Kardec.
Una luna distinta a las otras
- “Dos muchachos están en un auto, viajan. Es una
noche de plenilunio, corren por el campo y mientras
ruedan, ven la luna. Sin embargo esta luna, no la
percibo como de costumbre. Me llama más la atención.
Los dos jóvenes la miran. Es un mes de febrero, lo
que no es determinante per se; sin embargo, esta luna
presente parece decirnos que algo sucede. ¿Qué nos
dice esta luna?
Nos dice que algo sucede más allá de la muerte. Estoy
con Jacques (Peccatte) en un Ford Taunus, se dirige
hacia Normandía. La madre de Jacques ya ha fallecido.
Jacques no sabe lo que significa la comunicación con
los muertos, por lo demás yo tampoco, pero hay una
noción de espiritualidad que él expresa y me la hace
comprender durante aquel viaje particular. En ese
momento de la discusión, le respondí: “Jacques, nos
está sucediendo algo importante. La luna está llena,
hermosa, fuerte, magnífica y esta noche pasa cualquier
cosa”.
A primera vista puede parecer pueril o anodino, pero
de hecho es cierto y aún no lo sabemos. Uno se mira
diciéndose: “¿Qué nos puede ocurrir de importante?”
“Pero algunas horas más tarde comienza mi primera
sesión de espiritismo, realizada sólo con esta caja
de fósforos perforada en su extremo. Esta primera
experiencia se desarrolla en la casa de mis padres, en
compañía de mi madre y de mi hermana. Sigue a una
discusión con mi hermana que ha oído hablar de estas
experiencias emprendidas por varios de sus alumnos;
ella es docente”.
Cuando Michel descubrió el espiritismo, salía de un
período militante de naturaleza totalmente distinta.
Desde los catorce años, se había adherido a las
Juventudes comunistas. Fuerte, de una madurez
excepcional para su edad, durante los sucesos de
1968 había aceptado responsabilidades locales en la
ciudad de Argentan cerca de Falaise, su ciudad natal
en Normandía. A los dieciocho años, tuvo oportunidad
de conocer a Jacques Duclos, pero también al poeta
Louis Aragon, al que se complacía con frecuencia en
calificar entre nosotros, como el más grande de los
poetas contemporáneos. Un poco más tarde, tuvo el
encuentro con Jacques Peccatte, que se convertiría en
su amigo al compartir el descubrimiento espírita. Dejo
la palabra a Jacques:
“En 1974, me hizo conocer a sus antiguos amigos de liceo.
Pero ya él había abandonado el movimiento, cuando a
los dieciocho años, ya no se sentía a gusto en un partido
comunista al cual reprochaba un cierto dogmatismo,
especialmente en su relación con el gran hermano soviético.
A pesar de eso, y en total independencia de opinión,
Michel conservó toda su vida una fuerte simpatía por el
movimiento”.
Después del evento referente a una luna distinta a las
otras, y algunas improvisadas sesiones de espiritismo,
he aquí un mensaje que anuncia un cambio radical y
una dirección para Michel que advertía ya el sentido
misionero de sus percepciones. Es Jacques el que
cuenta:
“El miércoles día de Mercurio o el viernes día de Venus,
iréis a mi tumba en el Père Lachaise…”.
Así bajo nuestros dedos se anunciaba el espíritu Allan
Kardec, personaje que no conocíamos y que nos dio una
primera prueba de identidad indicando las letras de un
alfabeto con el movimiento de una cajita de fósforos.
Quizás fue en ese preciso momento cuando la vida de
Michel Pantin tuvo un viraje decisivo, con el compromiso
progresivo de una misión a la vez mediúmnica y
espírita. Desde ese día de febrero de 1974, los Espíritus
no lo han abandonado, pues sus excepcionales facultades
mediúmnicas cuya existencia desconocía hasta
entonces, se desarrollaron rápidamente, para no cesar
más nunca hasta el término de su vida física.
Para los detalles de este comienzo histórico del Círculo
Allan Kardec, sólo puedo aconsejarles que lean nuestros
libros y especialmente los de Jacques y Karine
así como los homenajes difundidos en nuestro site
Internet.
Cuarenta años nos separan de aquellos comienzos y
por la constancia, el rigor, el sentido de compromiso
y el respeto absoluto a los principios de la filosofía
kardecista, Michel pudo encontrar la fuerza para dar
su tiempo y su cuerpo para que el más allá se manifestara.
Así, formé parte de aquellos que recibieron
muchas informaciones tanto personales (visita de un
pariente desaparecido, consejo de un guía, revelación
de una misión) como generales, en toda la paleta de los
múltiples Espíritus que se han manifestado al conjunto
de los espíritas, para que esos mismos mensajes sean
compartidos con los que nos escuchan durante los
encuentros públicos, amistosos o familiares. Gracias
a su don de sí mismo, él permitió a otros desarrollar
igualmente ciertas formas de mediumnidad, con
éxitos pero también con fracasos. Michel jamás se
ha enorgullecido de su mediumnidad. Muy por el
contrario, estaba demasiado consciente de lo pesado
de la tarea y más bien prefería explicar que, ante todo,
lo que importa es concentrarse en los trabajos de los
pioneros del espiritismo y, por supuesto, conocer los
textos de Allan Kardec para hacerse una idea más
profunda de lo que es realmente el espiritismo. Para él
esa era una forma de no diferenciarse y de tener una
relación de igual a igual con los demás, a pesar de su
facultad. A la pregunta que Jacques le hizo, durante
una entrevista publicada en su libro A la rencontre
des Esprits: ¿Te sientes normal? Esto fue lo que Michel
respondió:
“No conozco los datos oficiales de la normalidad. Pero
por amar a los míos y a los que me rodean, por vivir en
sociedad, me siento un ser perfectamente normal, lo
que por otra parte, por cierto, no me impide creer en lo
paranormal. Lo paranormal no debe confundirse con lo
anormal. Lo paranormal quiere decir simplemente que al
lado nuestro existe otro mundo, otra vida, una suerte de
prórroga de nuestra existencia física que es la vida espiritual.
Esta vida espiritual significa absoluto y eternidad.
Muchos seres humanos, y no de los menos importantes,
no cesan de dar testimonio de ello… Normalidad, anormalidad,
he aquí todavía términos muy humanos. Por
mi parte, me siento perfectamente normal, equilibrado,
y hasta añadiría, que en cierta forma, el cumplimiento
de mi mediumnidad es un modo de cumplir esa normalidad
y conservar mi equilibrio. Yo percibo el más allá y
si tuviera miedo por eso, entonces quizás me volvería
desequilibrado y de alguna manera anormal”.
Michel había comprendido que esa mediumnidad que
formaba parte de él, no correspondía a una facultad
de la que podría haberse beneficiado con fines personales
y mercantiles, sino a un sentido misionero, pues
supo vincular lo que percibía con el descubrimiento
de la filosofía espírita. Ese altruismo por defender una
idea, lo condujo por el camino de la lucha. Era necesario
entonces convencer y, sobre todo, demostrar
la veracidad del hecho espírita, lo cual hizo muchas
veces durante sus conferencias. Era su parte militante,
mucho más allá del carácter particular de su mediumnidad.
Michel siempre deseó poner por delante la
causa espírita y muy a menudo reajustó las cosas, las
incomprensiones, conservando siempre ese rumbo de
dar totalmente su vida en un compromiso con el espiritismo.
La creación del Círculo con Jacques, permitió
plantear los estatutos de una gestión asociativa apropiada
para reunir a todos los que lo desearan, para
rehabilitar hoy al espiritismo. El más allá se manifestó
por Michel en una impresionante suma de mensajes,
relativos a todos los campos del conocimiento, aun
hasta a precisar y afinar los principios iniciales del
espiritismo de Allan Kardec pues, desde el siglo XIX,
la sociedad ha evolucionado lo mismo que el hecho
social. Estos datos se encuentran en los libros publicados
por nuestra Asociación. Los de Karine Chateigner
son una fuente obligatoria de informaciones destinadas
a difundir lo esencial para hacer comprender la
presencia de los Espíritus entre los hombres a todos
los que buscan un sesgo espiritual a nuestro mundo
material.
El hombre espírita
Michel tenía también esa preocupación pedagógica,
de proponer siempre una explicación en el diálogo
y respuestas al enigma del origen de la vida. El saber
predomina sobre la creencia y Michel siempre se preció
de investigador, sin exponer su cultura, pero tomando
en cuenta a las personas que estaban frente a él. Su
sentido de lo humano siempre le confirió un calor y una
proximidad con los demás; su innegable carisma hacía
que uno no pudiera quedarse indiferente cuando se
lo encontraba por primera vez. Siempre estaba pronto
al debate, jamás declaraba las verdades sin tomarse el
tiempo para escuchar a sus interlocutores.
Era un hombre eminentemente respetuoso de sus
semejantes y por la inteligencia que lo caracterizaba,
a menudo sabía decir las cosas con pertinencia y
oportunidad. Sabía levantar los tabús para extraer el
pensamiento justo a fin de establecer una relación
estrecha entre sus percepciones mediúmnicas y la
causa espírita. Todos los temas referentes a las relaciones
humanas, la historia de las sociedades, de las
naciones, de las civilizaciones, la idea de Dios, la vida
extraterrestre, las ciencias, y en fin, todos los elementos
que nos ponen en correspondencia con nuestra condición
humana, eran tratados por Michel. No le gustaba mucho detenerse
en las banalidades de lo cotidiano, prefiriendo siempre ir
más lejos sobre las cosas profundas y esenciales. Sin embargo,
no carecía de humor. La risa formaba parte integrante de
su personalidad. Sabía que así, en lo propio del hombre, se
encuentra el espíritu, aun riendo del otro o de situaciones
cómicas. Le encantaba ese lado positivo de la relación humana
que le confirmaba a menudo en este precepto que le pertenecía:
Yo soy pesimista a breve plazo y optimista a largo plazo.
Lejos de ser ingenuo respecto a los hombres y a todos los
defectos como la mentira, el egoísmo y las traiciones, Michel
sabía detenerse en la poesía de la vida. Así, supo defender a
menudo, tanto la de los Espíritus como la de nuestros escritores.
Aragón era para él el más grande de los poetas, y parece
normal que éste, conocido en su juventud, se convirtiera en su
guía. Me acuerdo del tiempo de las canciones desde Ferrat a
Ferré, reponiendo todo el pentagrama del corazón y la razón
escuchado junto a Michel en su casa, para al final comprender
lo que nos unía.
Michel fue para mí un amigo caro a mi corazón, un hermano
siempre disponible, un padre en espiritualidad, un educador
a veces, y sigue siendo hoy un Espíritu siempre presente en
el seno del Círculo que tanto defendió, para continuar de
otra manera el largo camino de hacer reconocer el espiritismo
como una ciencia y una filosofía imprescindible para el
progreso humano.
He aquí un poema de Michel y destinado a Jacques, que recibí
en mi función de médium en poesía en el seno de la asociación,
y que restituye la amistad hacia un hombre y el desarrollo
de una vida dedicada a la idea, grande y hermosa, de la
supervivencia del alma más allá de la muerte.
MI TUMBA AZUL
Bajo la tempestad
Una lluvia de ideas
Inunda nuestras cabezas
Por una verdad
Día de Mercurio
Al jardín Lachaise
Un frontón de azul
Salió de la arcilla
El libro de la vida
Las hojas de un druida
Un relámpago ha surgido
Bajo nuestras manos ávidas
Un médium nace
Contigo mi guardián
Recuerdo antiguo
Hoy renace
Bajo el huracán
De corazones extinguidos
Deseos que fluyen
Sobre la mesa desnuda
Tablilla que saluda
Al hombre en la cita
Las letras se diluyen
En el amor en todo
Esa era la historia
Y es para esta noche
Mi tumba azul
Para tu ojo azul
Que arrebata al ignorante
A nutrirse en el seno
Volverse inteligente
Para amarte sin fin
Mañana será verdad
Al sol del espíritu
Un puente alzado
En Montfort-l’Amaury
Mañana será inmenso
Un mundo por fin
Un puente donde se lanza
Este poema para ti.
Michel de l’Océane
miércoles, 30 de abril de 2014
MEDIÚMNICA (I): “LOS MALVADOS”
domingo, 27 de abril de 2014
40 AÑOS
por
K A R I N E C H AT E I G N E R
D O S S I E R
LE JOURNAL SPIRITE N° 96 avril 2014
Hace 40 años, en aquel mes de febrero de 1974, dos
jóvenes de unos veinte años no sospechaban que
una experiencia cambiaría el curso de sus vidas. Esta
experiencia comienza por una sesión de oui-ja, que
se supone permite comunicarse con los desencarnados.
Impresionados por los resultados obtenidos,
renuevan la experiencia y los mensajes se suceden de
sesión en sesión.
Estos primeros mensajes son breves y sin embargo
significativos, los “espíritus” dan a conocer su identidad,
dan fechas e indican las circunstancias de su
muerte. Estos personajes, venidos del pasado han
salido de sus tumbas para responder a la vida que se
hace preguntas. Sus identidades son a menudo desconocidas
por nuestros dos aprendices de espíritas.
¿Pueden surgir de sus consciencias? No, pues después
de investigar, encuentran el sentido de sus anterioridades
y más allá de la muerte se materializan a la vida
expresando su continuidad, su supervivencia.
¿Hay una vida después de la muerte? Por otra parte,
¿no fue esta interrogante de orden metafísico la que
llevó a nuestros amigos a emprender esos experimentos?
Prosiguen pues, dejando salir a escena todos
los clamores de esa muerte desconocida, y es así
como rápidamente se presenta a la mesa de madera,
redonda como un sol, Allan Kardec, invitando a los
dos muchachos, Michel Pantin y Jacques Peccatte a
dirigirse a su sepultura en el Père Lachaise, junto a su
dolmen.
Y el hombre convertido en espíritu que descubren
entonces, no es otro que el fundador, el codificador del
espiritismo en Francia. Sin dejar de proseguir sus experimentos
que permiten abrir esa puerta de eternidad,
se instruyen acerca del tema sobre el que Allan Kardec
dejó numerosos libros.
¿Sería el espiritismo tan simple como eso? Sí, pues
así lo fue en el pasado, en la historia del espiritismo
donde, más allá de las reuniones fútiles y alegres alrededor
de un velador saltarín y bailador, los investigadores,
hombres y mujeres médiums se unieron en el
mismo camino: el de la observación, de las hipótesis,
del análisis, dejando filtrar la luz de sus certezas por
nacer.
La muerte no existe, ella sigue siendo la vida en otro
plano de existencia. Si bien los comienzos de la aventura
emprendida por Jacques y Michel en febrero de
1974 fue determinante para el curso de las cosas, el
círculo Allan Kardec, del que celebramos los 40 años,
comenzó a adquirir sus contornos en 1976, cuando
nuestros dos amigos llegaron a Lorena en circunstancias
que no fueron producto del azar, sino de una cita.
Los encuentros se multiplicaron y la retrospectiva de
las cosas, tapizada de numerosas informaciones provenientes
del mundo de los espíritus, nos demostró que
esos encuentros no eran fortuitos. ¿Fueron todos sinónimos
de persistencia? ¿Y por consiguiente de la construcción
de nuestra empresa espírita? Por supuesto
que no, y desgraciadamente. Ese es un aspecto de la
naturaleza humana que reclama y enriquece simultáneamente.
El hombre puede encontrarse pues frente
a la verdad y sin embargo rechazarla, incluso negarla.
¿Por qué? Porque la verdad invita a la transformación
de sí mismo.
Las fronteras se borran, los muertos hablan a los vivos,
no es cuestión de la supervivencia del alma a la que
uno se adhiere o no, el profundo deseo de todos y
cada uno: tener noticias, conversar con ese muerto
que sigue viviendo en otro plano, apaciguar su dolor,
sus angustias, saber que un día u otro lo volveremos
a ver.
Pero el espiritismo sobrepasa y trasciende ese aspecto
consolador, pues ese muerto muy vivo, que representa
a los espíritus que entonces se manifestarán,
tiene, cualquiera que sea la forma, su testimonio que
aportar, sus mensajes que enviar, sus consejos e invitaciones
que dar a los vivos.
De estos años pasados, de estos cambios plurales,
de estos variados mensajes según los autores, sus
funciones, sus deseos y sus preocupaciones, es la
riqueza que retengo primero que nada. Si el espiritismo
se limitara a los mensajes de nuestros parientes,
de nuestros amigos, de nuestros padres, a los consejos
dados, al amor y la emoción que se desprende de tales
comunicaciones, no podría corresponder a los calificativos
que lo definen desde la época de Allan Kardec: el
espiritismo es ciencia y filosofía. La prueba de la existencia
en cada uno de nosotros de un elemento inmaterial,
consciente y activo, que sobrevive al cuerpo
físico no podría tener sólo consecuencias filosóficas.
En su tiempo, Allan Kardec fue el que mejor definió
la filosofía espírita. Esta filosofía puede resumirse en
tres puntos que son: Dios, el espíritu y el hombre. Para
nosotros, los espíritas, el universo no nació de una
explosión fortuita y el mundo, los mundos en todas sus
manifestaciones, son el resultado de un pensamiento
superior y amoroso de carácter infinito que denominamos
Dios. Aún hoy, esa palabra, esa denominación,
implica para muchas personas un sentido religioso.
Ser de justicia, símbolo de la obediencia y la abnegación,
objeto de numerosos temores en cuanto a su
juicio, Dios representa aún con demasiada frecuencia
ese ser sagrado de figura humana, revestido de todos
los misterios y enemigo de nuestra razón.
¿Es necesario creer en Dios? El espiritismo no nos
invita, ni a imaginarlo y aun menos a adorarlo, sino a
intentar aprehenderlo, comprenderlo para integrarlo a
nuestro razonamiento.
El segundo punto de nuestra filosofía lleva por nombre
espíritu. En efecto, la verdadera naturaleza del hombre
es ante todo una naturaleza espiritual, una naturaleza
inmaterial que se desarrollará progresivamente
y encontrará su emancipación, es decir su evolución,
por medio de la materia.
La historia del hombre es pues la historia de un espíritu
que comenzó su carrera ascendente debatiéndose en
las formas más primarias de su entorno físico y material.
La humanidad de hoy, lejos todavía de la perfección,
comprende todo el camino recorrido en lo que
se refiere a sus orígenes. Es en este sentido que planteamos
la idea de la reencarnación, otro punto fundamental
en el origen de la filosofía espírita. En efecto, no
puede bastar una vida para considerarse como un ser
completo, sería muy presumido y sería injusto suponer
o pensar que todo se acaba al término de una sola
vida. Afirmar que todo hombre es un espíritu y que ese
espíritu evoluciona lentamente hacia el bien, excluye
toda forma de condena y de regresión.
En fin es el hombre, espíritu revestido de materia,
que sufre las vicisitudes de esa misma materia, que a
menudo rechaza su naturaleza espiritual y se interroga
sobre el sentido de la vida. Ese sentido, esa dirección
nos son designados por los que nos precedieron en este
otro mundo, en la reseña de la vida de un hombre, en
la reseña del amor del hombre, definido por el profeta
Jesús. Es por eso que los espíritas se dicen cristianos.
Una máxima fácil de pronunciar, mucho más difícil
de aplicar define al cristianismo: “Amaos los unos a los
otros”. Muchos dicen yo soy cristiano, pero responden
más a los ritos que a la acción. Ser cristiano, es vivir el
verbo amar. Entonces lo esencial no es nutrirse con la
hostia sino dar el pan.
“Es preciso un comienzo para el amor y ese comienzo es
el hombre”. (Jesús)
En resumen, somos deístas porque pensamos y
sabemos que el universo conlleva su causa paterna,
somos espiritualistas porque sabemos que el hombre
no se limita a un accidente biológico y que su verdadera
naturaleza sobrepasa los límites de la materia;
somos humanistas porque sabemos ser invitados a
vivir juntos y porque el profeta Jesús nos ha enseñado
muy ciertamente de qué manera. Pero la fuerza y la
belleza de la comunicación espírita residen en la suma.
El hombre necesitaba saber, comprender y esperar.
Los que se nos han adelantado en ese más allá que
será el mañana de todos, aportan sus respuestas y
comprometen a los hombres convertidos en espíritas
en la lucha contra el mal, contra el egoísmo, contra la
ceguera, contra las injusticias, contra las guerras, contra
el dinero-rey, contra todo lo que está todavía demasiado
presente en el planeta de los hombres. Al comunicarnos
con nuestro futuro, no salimos de nuestro
presente ni de nuestra humanidad, porque es el presente
lo que tenemos que vivir, porque es con los hombres
con quienes vivimos, y la verdadera espiritualidad se
confunde con el humanismo que debe convertirse en
ley, ley de altruismo, ley de evolución, ley cristiana.
La suma significa igualmente que al comunicarse con los
hombres, los espíritus al recordar su verdadera naturaleza,
al recordar simultáneamente su humanidad nos necesitan
para actuar en esas luchas plurales. Eso significa que
aunque vivan y sobrevivan en el más allá, los espíritus no
están lejos de las circunstancias humanas, que fueron de
cerca o de lejos sus propias preocupaciones.
Este espiritismo vivido y aplicado en el Círculo Allan
Kardec desde hace 40 años, es el que deseo para toda la
humanidad pues allí ella encontrará su salvación.




