EL POR QUÉ DE UN NUEVO BLOG
Después de abrir y mantener actualizado el blog: CENTRO VIRTUAL DE ESTUDIOS
ESPIRITISTAS Y AFINES, para la formación doctrinaria dentro de los postulados eminentemente racionalistas y laicos de la filosofía espírita codificada por el Maestro Allan Kardec que exhibe la Confederación Espírita Panamericana, a la cual nos adherimos, creímos conveniente abrir un nuevo Blog de un formato más ágil y que mostrase artículos de opinión de lectura rápida, sin perder por ello consistencia, así como noticias y eventos en el ámbito espírita promovidos por la CEPA, a modo de actualizar al lector.
Esa ha sido la razón que nos mueve y otra vez nos embarcamos en un nuevo viaje en el cual esperamos contar con la benevolencia de nuestros pacientes y amables lectores y vernos favorecidos con su interés por seguirnos en la lectura.
Reciban todos vosotros un fraternal abrazo.
René Dayre Abella y Norberto Prieto
Centro Virtual de Estudios Espiritistas y Afines "Manuel S. Porteiro".
miércoles, 29 de abril de 2015
Nº. 156 – ANY XXXV ABRIL / JUNY 2015
S U M A R I
Juntos y Mezclados
Jacira J. Da Silva ■pág. 1 y 2
Espiritismo, Pluralismo y Diálogo André Dumas ■pág. 2 a 5
Notas adicionales ■pág. 5
Del Inconsciente al Consciente (Libro II)
Gustave Geley ■pág. 6 a 8
ACTIVIDADES ■pág. 8
FLAMA ESPIRITA
Dipòsit Legal B-41876-86
BUTLLETÍ DEL CENTRE BARCELONÈS DE CULTURA ESPIRITA
Inscrit en el Registre d’Associacions de la Generalitat de Catalunya amb el nº 5.740, el 30 de Juliol de 1982
EQUIP DIRECTIU:
David Santamaría Pura Argelich Odalis Carmenaty
CENTRE BARCELONÈS DE CULTURA ESPIRITA
Nº. 156 – ANY XXXV ABRIL / JUNY 2015
S U M A R I
Juntos y Mezclados
Jacira Jacinto Da Silva* contato@cdocespirita.com.br Extraído de “Abertura”, núm. 299, mayo 2014 Santos (Brasil) Traducción: Pura Argelich
Mirando a nuestro alrededor, donde quiera que estemos: en casa, en el trabajo, en la calle, en la comunidad de vecinos, en la asociación benéfica, en el parque, en el centro espirita, en la escuela, etc. etc., no importa el lugar, siempre veremos, oiremos o sentiremos algo con lo que no concordamos. No hay un solo lugar en la Tierra en el que dos personas vean, sienten y piensen las cosas de la misma manera. Por más que estemos hermanados en el mismo ideal, incluso que estemos trabajando en el desarrollo de un proyecto construido conjuntamente, no estamos, absolutamente, de acuerdo en todo.
Definitivamente, somos diferentes. Y la diferencia es fundamental para dar sabor a la vida, pues no tendría ningún sentido sólo repetir lo que el otro hace, perpetuar una costumbre, un modo de ser, de vestirse, de presentarse; en fin, congelar el conocimiento. Es precisamente la diferencia la que nos alerta de otras posibilidades, despierta nuestra curiosidad, impulsa nuestro cambio; en resumen, la disparidad, el desequilibrio, la desarmonía de las ideas nos hace crecer.
Paradójicamente, sin embargo, rechazamos las diferencias, por lo menos aquellas que provienen de personas, a nuestros ojos, inferiores a nosotros. El menos hermoso, el menos intelectual, el que tiene menos poder adquisitivo, el menos reconocido, el menos célebre, todos los seres humanos que “valen menos” visto desde algún ángulo de nuestra turbia visión, no merecen nuestro total respeto.
Y, para que no quede ninguna duda al respecto de nuestra insatisfacción con el otro ser humano, también nos molestan todos los que están por encima de nosotros. Tal vez sea por envidia, por inseguridad, por falta de confianza en nuestro potencial, tenemos dificultad para identificar el valor que promovió la ascensión del otro; entonces nuestros ojos se agrandan para mirar de encontrar toda y cualquier posibilidad de “justificar” el éxito del otro sin reconocer el valor de aquel ser.
Consideré necesario hacer esta reflexión para intentar comprender el motivo de estar siempre reparando en los defectos de las cosas y de las personas. Siempre tomamos en consideración los defectos, errores y desaciertos para, generalmente, evaluar nuestros profesores, nuestros jefes, nuestros alcaldes, gobernantes o presidentes, nuestras autoridades, los vecinos, amigos, maridos y mujeres, los padres, hijos y hermanos.
Es bien cierto que muchas veces reconocemos algún valor en el otro, pero, principalmente, el foco de atención está en sus fragilidades.
Tal vez la explicación para esta peculiaridad humana podría ser encontrada si nosotros entendiésemos que vemos en el otro lo que somos y, por lo tanto, reflejamos en los otros nuestros sentimientos, valores y emociones.
La filosofía espiritista ofrece una contribución especialmente significativa para mejorar nuestra relación con el otro, revelándonos la importancia del humanismo en su dominio ético. Teniendo la persona potencial para crear valores morales, definidos a partir de las exigencias concretas, psicológicas, históricas, económicas y sociales, que condicionan la vida humana, la mejor propuesta parece ser la inversión incansable en las personas. La filosofía espiritista exalta el humano, trabaja con su realidad, su existencia y concreción.
Como que en el pensamiento kardecista el espíritu prosigue su proyecto de crecimiento más allá de la muerte física, nosotros los espiritistas deberíamos estar aún más comprometidos con el deber de proporcionar la mejora de las personas, trabajando por su engrandecimiento bajo todos los aspectos. Evidentemente, de nosotros mismos en primer lugar.
El estar atentos sobre cómo funciona la vida en nuestra casa, en nuestro trabajo, en el inmueble donde vivimos, puede ayudar a comprender que el progreso sólo se opera paulatinamente en todos los campos, al igual que con la ciencia, que espera décadas antes de proclamar un descubrimiento; algunas veces, centenas de años. Por eso mismo, la promoción de la educación en su mayor dimensión, es tarea impostergable.
No puede haber mayor fuente de aprendizaje que la ley natural, pensando sólo en la reencarnación que nos ofrece infinitas oportunidades para rehacer el proceso, recomenzar el camino, revisar conceptos. Pero, mientras la ley natural de la evolución nos empuja hacia adelante, para lo nuevo, para la superación, a menudo nos detenemos en lo antiguo, prisioneros de convicciones cristalizadas y sin la suficiente abertura para ver lo nuevo, el otro, la vida.
Por lo tanto, formamos un mundo paradójico, en el cual los humanos más geniales no saben disfrutar de las simples experiencias de la vida cotidiana; los afortunados muchas veces abdican de todo para vagar por la vida; el que no tiene nada, sonríe y canta, celebrando la vida.
Hay el axioma de que la virtud está en el medio, que se refiere a la media, lo cual sugiere mezcla.
¿Y si las personas se mezclasen? Y si no existiesen buenos y malos, guapos y feos, ricos y miserables, y si pudiésemos experimentar el intercambio de experiencias ¿estaríamos satisfechos?
* Jacira Jacinto Da Silva, licenciada en Derecho y Jueza Miembro del CPDoc (Centro de Pesquisa e Documentação Espírita) y de la CEPABrasil) Cofundadora de la Fundación Porta Aberta
REFLEXIONES
ESPIRITISMO, PLURALISMO Y DIÁLOGO André Dumas (1908 - 1997)* “La Revue Spirite”, Agosto/Octubre 1975 Traducción: Josep Casanovas Llardent (1923-2013)
El presente artículo fue publicado en el número 41 (1988) de Flama Espirita. Hemos considerado oportuna su nueva publicación, ya que trata de un tema muy actual, desafortunadamente actual.
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Las únicas nociones fundamentales que constituyen propiamente el Espiritismo, y las únicas que puede promover sobre la base de la observación y la experiencia, son:
1) En primer lugar, la existencia del Alma, cuya actividad está condicionada y no generada por la actividad del cuerpo. 2) Seguidamente, la anterioridad del Alma al nacimiento y su supervivencia después de la muerte. 3) Y, en fin, la posibilidad de comunicación con los fallecidos entre dos renacimientos sucesivos.
Otras ideas son a menudo expresadas en la literatura espiritista, ideas que existen ya en las tradiciones religiosas, filosóficas y morales de la humanidad. Esencialmente metafísicas, son ideas que están sujetas a discusiones y lo estarán siempre. Diversas concepciones, tomadas de la herencia mental ancestral, subsisten en personas integrantes del movimiento espiritista. Recibidas en la juventud y aceptadas pasivamente, no han sido objeto, en la edad adulta, de una revisión sistemática basada en la experiencia y la reflexión, conforme el método de Descartes.
A criterio de algunos, estas diversas concepciones, más o menos coherentes y más o menos opuestas, deben expresarse libremente en el seno del movimiento y la prensa espiritista. Esto, en nombre del “pluralismo”. Pero si el Espiritismo, bajo el pretexto de “pluralismo” y de pretendida “tolerancia”, permitiera por más tiempo la introducción en su doctrina, en su prensa, en su literatura, en su propaganda hablada y escrita, de nociones que le son ajenas, extrañas, habría muy pronto, todavía más que hoy, tantos “Espiritismos” diferentes, opuestos e impotentes, como hay tantas doctrinas religiosas, es decir, centenares en todo el globo.
Allan Kardec ya nos había puesto en guardia sobre el particular:
“Si el Espiritismo se colocara abiertamente a favor de una de las religiones, descartaría las demás; ahora bien, como hay Espiritistas en todas ellas1, se vería formar grupos católicos, judíos o protestantes, que perpetuarían el antagonismo religioso que el Espiritismo quiere erradicar.” (“Viaje Espiritista en 1862”, Instrucciones dadas, XI).
Y añadía: “No olvidéis que la desunión es uno de los medios por los cuales los enemigos del Espiritismo intentan atacarlo; es con este fin que a menudo incitan a algunos grupos a que se ocupen de cuestiones irritantes o comprometedoras, bajo el pretexto engañoso de que es necesario no poner la luz bajo el celemín. No caigáis en esta trampa.” (De la Obra citada en el párrafo anterior).
La tolerancia no consiste en hacer de la doctrina una especie de cóctel =(tanto este resaltado como otros posteriores son nuestros)=, donde se mezcla todo lo que se “sabe” con todo lo que se “cree”; puede admitirse que independientemente de los principios comunes admitidos por todos y que constituyen, por estar científicamente demostrados, la base sólida del movimiento, cada cual, “al margen de éste”, es libre de profesar todas las ideas que le plazcan, a condición de que no tenga la pretensión de imponerlas a los demás, los cuales, por su parte, y esto es la tolerancia-, no deben tampoco perseguirle si le place creer que el Sol está hecho de pan y la Luna de caramelo. Pero cualquiera se quedaría ciertamente sorprendido e inquieto si “La Revue Spirite”, por “tolerancia” o preocupada por el “pluralismo”, abriese sus columnas a la tun-tun, defendiendo esta astronomía de fantasía. Pues bien, esta es la situación actual del Espiritismo en el mundo: algunas personas, condicionadas por las adquisiciones de vidas anteriores, y/o por la primera educación recibida en su infancia, se consideran como víctimas de la intolerancia, a pesar de todas las concesiones que, a menudo, les son hechas, cuando encuentran una resistencia a la expresión de sus prejuicios y de su sectarismo en el seno del movimiento espiritista, sin darse cuenta de que cuando afirman la preponderancia de tal profeta sobre otros, de tal Dios o hijo de Dios, o de tal “Buen Pastor”, ellas mismas están violando la tolerancia que deben a todos aquellos que, entre los miembros del mismo movimiento, reconocen otro Dios =(es decir: se entiende otro “concepto de Dios”)=, otro hijo de Dios, otro “Pastor” u otro profeta, o que no reconocen a ninguno, contentándose con admitir la existencia del Alma, su preexistencia y su supervivencia, y la posibilidad de las comunicaciones espirituales con los difuntos.
Ya he expresado anteriormente mi posición sobre este particular. (“Survie”,2 enero/febrero 1972):
“Cuando los sabios prosiguen juntos las investigaciones sobre el Átomo, o sobre la célula, o sobre el cáncer, hacen, ante sus colegas, abstracción de sus convicciones religiosas. ¿Dónde estaría la Ciencia, si los sabios católicos, como Pasteur, Branly, el Abate Moreux y el Abate Breuil, hubiesen pretendido pegar la etiqueta “cristiana” a la microbiología, a la radiotelegrafía, a la astronomía y a la prehistoria? ¿Y dónde iría a parar el sector más avanzado de la Psicología moderna, el Espiritismo, si los mismos espiritistas lo dejasen degenerar en secta, en capilla particularista? Cuando los seres humanos deciden unir sus voluntades y sus fuerzas en vista a determinada finalidad, excluyen de sus discusiones y actividades comunes, todo lo que está fuera de esta finalidad, todo lo que es asunto personal, todo lo que pudiera ser elemento de división.” *
Algunos hacen constar que el Espiritismo cambia de aspecto según el país donde está introducido. “Esto es, precisamente, lo más inquietante”. La Química, la Física, la Biología y la Astronomía tienen en todas partes el mismo planteamiento, pues se apoyan en todo lugar “sobre los mismos hechos”. ¿No se apoya también, el Espiritismo, sobre los mismos hechos? ¿Por qué, pues, no tiene, como las otras ciencias, el mismo planteamiento en todas partes? Sin ninguna duda, porque no ha conquistado todavía el nivel de madurez intelectual de una ciencia, y que aquí y allá, es una especie de secta local, una excreencia de la religión dominante: en Gran Bretaña, una variedad del protestantismo con la adición de prácticas mediúmnicas; en Brasil, una variedad del catolicismo, practicando la evocación de Espíritus.3
Se trata, según dicen, de “una cierta pluralidad de orientación, en el cuadro de una misma fe”. Sin embargo, Allan Kardec, a la luz de su larga experiencia, había comprendido bien a dónde conduce el pluralismo:
1 Discrepamos de esta apreciación de Kardec. Remitimos al lector a F.E. núm. 5 “Espiritismo Nítido”. (Texto que reproducimos en parte al final de este artículo). 2 Órgano de difusión de la que fue la Union Spirite Française “USF”. 3 En relación al Espiritismo “anglosajón”, y al Espiritismo “católico” (valga la expresión), es decir, a un Espiritismo (¿?) “anfibio”, les remitimos al ya citado núm. 5 de F.E. (Pág. 2, últimos párrafos, que reproducimos al final de este artículo).
“La condición absoluta de vitalidad para toda reunión o asociación, sea cual sea su objeto, es la homogeneidad, es decir, la unidad de miras, de principios y de sentimientos, la tendencia hacia un mismo fin determinado, en una palabra: la comunión de pensamientos. (…) Toda reunión formada por elementos heterogéneos lleva en sí misma los gérmenes de su propia disolución.” (“Obras Póstumas”, Constitución del Espiritismo, VIII: Del programa de las creencias).
El Espiritismo -también se nos dice- “no es una religión en el sentido dogmático o sistemático del vocablo, pero es una concepción religiosa del hombre y del mundo”.
Ciertamente, pero a condición de entenderse bien sobre el significado de las palabras, y de no olvidar la diferencia fundamental que existe entre “la” Religión y “las” religiones, es decir, entre el sentimiento ennoblecedor de comunión con el Cosmos que puede sentir incluso una persona atea, y los pobres dogmas particulares de cada religión.
Hasta ahora, siempre se ha admitido, al menos en teoría, que el Espiritismo no es un sistema de creencias, sino que constituye un nuevo conocimiento positivo, sin ninguna atadura con ningún dogma. Existe, pues, un criterio universal al cual cada uno ha de poder referirse: ni dogma, ni tradición, ni revelación, ni libro “sagrado”; no puede ser más que el método científico. (…) Pero ¡atención!: “científico” no significa de ninguna manera “exclusivamente experimental”; ciencia significa conocimiento. El Espiritismo debe, no solamente estudiar los fenómenos psíquicos supranormales, sino que debe convertirse en la ciencia del Alma, como realidad que es distinta del cuerpo y sobreviviendo a la muerte de éste: el conocimiento de la naturaleza del Alma, sus propiedades y las leyes de su evolución.
=(En suma, como ya definió Kardec: “El Espiritismo es una Ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los Espíritus, y de sus relaciones con el mundo corporal”. (“Qué es el Espiritismo”, Preámbulo).
*
Si a veces hay divergencias entre los biólogos, entre los astrónomos o entre los químicos, solamente conciernen a los problemas de biología, astronomía o química, en cuestiones de interpretación de los hechos. Pero nunca se han separado por cuestiones de teología, puesto que biólogos, astrónomos y químicos saben imponerse una disciplina, y no tolerarían que en sus revistas o en sus congresos se tratase de temas inspirados por las “fes” religiosas.
Pues bien, cuando existen divergencias entre los espiritistas, es excepcional que tengan lugar sobre la interpretación de los fenómenos; son casi siempre provocadas por tentativas de introducir en el Espiritismo nociones que le son extrañas y que son contrarias a su carácter universal.
=(Y en la misma revista Survie ya citada, texto que publicamos en F.E. núm. 37, pág, 3, André Dumas exponía)=
“El Espiritismo es universal, es el estudio de una realidad que no conoce ninguna limitación geográfica, nacional o religiosa: la existencia del Alma y su supervivencia. Está basado sobre una ley natural que rige todos los seres.”
El porvenir del Espiritismo mundial está condicionado por el reconocimiento general, por los espiritistas de todo el mundo, del mismo principio que está, en Francia, en la base de la enseñanza pública: el LAICISMO.
*
Sí, es necesario desarrollar un pluralismo: el de los conocimientos, pues todas las ciencias convergen hacia una mejor y más completa comprensión del ser humano y de su verdadera naturaleza.
Sí, es necesario instaurar el diálogo: con el físico, a propósito de la Materia y de la Energía; con el biólogo, respecto a la Vida y sus misterios, de la Evolución, del Azar o de la Finalidad; con el psicólogo, sobre los aspectos del Alma Humana que empieza a entrever con timidez.
Sí, instaurar el diálogo entre los Espiritistas, a fin de precisar los puntos oscuros, profundizar nuestro conocimiento de las leyes del mundo invisible, consolidar las bases de la doctrina, para que el Espiritismo unificado esté en condiciones de imponerse a la atención del mundo moderno y de hacer oír su voz.
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=(Como corolario de este artículo, sintetizamos a continuación lo que su autor expresaba en el número siguiente de “La Revue Spirite” (noviembre/diciembre de 1975)=:
No desconozco los obstáculos que habrá que superar para realizar la orientación universal del Espiritismo, por la diversidad de culturas y niveles de evolución de los países en los cuales el Espiritismo ha echado raíces =(o las vaya echando en el futuro)= (…) El analfabetismo, la ignorancia que reina en muchos países, es un obstáculo considerable (…) Hay que mantener la pureza doctrinal sobre la base de criterios científicos y filosóficos racionales (…) Debemos presentar ideas claras sobre el mundo invisible y la evolución de los seres (…)
La responsabilidad de todos es grande: debemos tomar conciencia de ello y obrar en consecuencia. * André Dumas; director de “La Revue Spirite” (1971-1976); director de la revista “Renaître 2000”, que sustituyó a la anterior, a partir de enero 1977 hasta diciembre 1996, que dejó de publicarse. Secretario General de la “Union Scientifique Francophone pour l’Investigation Psichique et l’Etude de la Survivance” “USFIPES”, París.
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REPRODUCCIÓN DE PARTE DE LOS TEXTOS CITADOS EN NOTAS DEL ARTÍCULO ANTERIOR
NOTA 1) Espiritismo Nítido.- Algunos espiritistas (… o sedicentes espiritistas), consideran que la labor espiritista no sufre desmerecimiento alguno aceptando el injerto y la inclusión de “prácticas religiosas” determinadas, provenientes de otros contextos; pues -dicen- que con ello no se hace ningún daño, y que algunas personas, o muchas, necesitan de determinadas prácticas y signos externos de “culto”.
Pero consideramos que aunque rituales y ceremonias religiosas, han podido ser relativamente necesarias en determinados momentos evolutivos del individuo y de su medio ambiente, estas “formas” llevan dentro de sí el germen de la desvirtuación de la idea pura y acaban por sepultarla.
Ved, sino, el Cristianismo inicial, la “Adoración al Padre en Espíritu y en Verdad”, sepultado bajo el paganismo religioso que lo envolvió. Reflexionemos, pues, atentamente sobre tal consideración y situación, y: “comprenderemos que preservar la sencillez de los principios espiritistas en nuestras casas doctrinarias, para que en ellas se pueda alcanzar la meta de la liberación espiritual de la humanidad, no es ni fanatismo ni rigorismo de ninguna especie. En doctrina espiritista es razonable afirmar que es necesario respetar todo y favorecer sin inconvenientes a cada uno de nuestros hermanos, donde quiera que se encuentren, pero no por ello podemos aceptar todo ni abrazarlo todo. (De “Opinión Espírita”, cap. 25).
“Comprender y disculpar siempre -sigue más adelante- ha de ser la norma, puesto que todos necesitamos de comprensión e indulgencia; pero observando coherencia en las actitudes, para que así los diques de la tolerancia no se desmoronen corroídos por la displicencia sistemática, generando de tal manera el desorden.” (Cap. 32: Tolerancia y Coherencia).
Comprendemos que hay situaciones de “transición”, por las que todos, en uno u otro momento, habremos pasado y estamos pasando; es natural y lógico, en una evolución constante, y por ello hemos de respetar a todos.
Respeto personal para con todos, sí; pero como espiritistas conscientes que queremos ser, no podemos estar “con todo”, en aras de un mal entendido “universalismo” y sincretismo que todo lo pretende conciliar, desde los absurdos religiosos más grandes a los hechos y conceptos más claros y verdaderos. (…)
NOTA 3) Esta circunstancia se muestra, quizás mayormente, en países anglosajones, donde los Centros, Círculos o Sociedades “espiritistas” vienen a ser Iglesias, con sus ceremonias, con sus oficios religiosos, con sus ministros, sus pastores o reverendos; todo lo cual tiene un carácter diferente del Grupo o Centro Espirita y de su Dirección, tal como lo concibe y presenta el Espiritismo, definido por Kardec. Y también, en los países latinos y latinoamericanos, personas que creen en la “comunicación con los espíritus”, y que inclusive creen en la Reencarnación, siguen ligados al Catolicismo, de donde proceden, sin haber sabido desprenderse de creencias y prácticas que están muy arraigadas por los siglos que llevamos en ellas; sin darse cuenta, o sin querer darse cuenta, de la incoherencia que ello representa; sin haber asumido una positiva revisión general de sus ideas religiosas.
“Existen personas -decía Amalia- que se creen hermanos nuestros en creencias, y a quienes llamo “anfibios”, porque leen las obras de Allan Kardec, y encienden una lámpara al Cristo de la salud, evocan a los espíritus, y al día siguiente van a oír misas por el alma de sus difuntos, rezando diez o doce rosarios para aumento de gracias y desagravios”. (“Ramos de Violetas”, artículo: Paz y Fraternidad, 1875). (…)
Y en el proceso de transición de un concepto religioso cualquiera a la FILOSOFÍA ESPIRITISTA, se van dejando creencias de origen que no “encajan” dentro del Espiritismo, NO COMO UNA OBLIGACIÓN DE DEJARLAS, sino como consecuencia natural de la evolución del pensamiento que la Doctrina presenta. (…)
FILOSOFÍA
El individuo y la evolución individual o el paso del inconsciente al consciente en el individuo Gustave Geley (1868-1924) Del Inconsciente al Consciente (Libro segundo)
Continuamos con el primer capítulo de la parte primera del “Boceto de una filosofía racional de la evolución y del individuo”. Las notas son de Flama Espirita.
▼ I.- El individuo concebido como dinamopsiquismo esencial4 y como representación.
El complejo orgánico se nos ofrece, no como el individuo completo, sino como un producto ideoplástico5 de lo que hay de esencial en el individuo: un dinamopsiquismo que lo condiciona todo, que es el todo.
En términos filosóficos, el organismo no es el individuo; no es sino la representación del individuo.
Con esta concepción se comprende inmediatamente toda la fisiología, todas las capacidades normales y las llamadas supranormales6 del ser físico, mientras que sin ella, todo es misterio, así para los fenómenos más familiares del funcionamiento orgánico, como para los fenómenos más inesperados del mediumnismo7.
(…) Para que la visión a distancia, fuera del alcance de los sentidos, o la lucidez8 en el pasado, en el presente o en el porvenir pierda su apariencia de increíbles milagros, es indispensable comprender desde el principio que el tiempo y el espacio no son sino marcos de nuestras representaciones, tan ficticios e ilusorios como las representaciones mismas.
(…) Podemos ya dar un paso más hacia la verdad, y basándonos siempre en los hechos, estudiar y tratar de comprender, en la medida de lo posible, lo que son, en el individuo, representaciones, y lo que es dinamopsiquismo esencial.
(…) En realidad, el psiquismo cerebral, como el organismo, tiene su origen, sus fines, todas sus condiciones íntimas de funcionamiento en un dinamopsiquismo superior, en su mayor parte subconsciente. Hay en el individuo psicológico –lo hemos demostrado ya- , un psiquismo superior independiente del funcionamiento de los centros nerviosos y sustraído a todas las contingencias orgánicas, y este psiquismo superior constituye el fondo mismo del ser, desempeña el papel centralizador y director de la síntesis psíquica, reúne todos los estados de conciencia en el presente por su actividad siempre inmanente9, aunque en su mayor parte en latencia, enlaza su presente a su pasado por su criptomnesia10, y posee, en fin, todas las facultades llamadas supranormales.
Si queremos expresar en términos filosóficos la nueva concepción psico-fisiológica impuesta por los hechos, diremos: la 4 “Dinamopsiquismo esencial”, sería un sinónimo de alma o espíritu. 5 “Ideoplastia”: “Objetivación de formas de pensamientos, las que algunas veces llegan a impresionar, aunque débilmente, las placas fotográficas sensibilizadas” (Diccionario de Parapsicología, Héctor Morel – José Dalí Moral). O sea, imágenes creadas mentalmente y que pueden ser captadas por sensitivos y por Espíritus desencarnados. Ver al respecto: “Fotografía y Telegrafía del pensamiento” (Allan Kardec, “Obras Póstumas”). Evidentemente, en este texto, Geley va más lejos todavía; para él el organismo físico sería la plasmación ideoplástica de una intención mental. Realmente, en el fondo, no se aparta en lo más mínimo de la idea de que el Espíritu “imprime” en el cuerpo físico las condiciones (positivas o negativas) impregnadas en su periespíritu, como resultante de sus experiencias reencarnatarias anteriores. 6 “Supranormal” (palabra no reconocida por la RAE): “Que está por encima de lo normal. Este término, creado por F. Myers, es en metapsíquica ventajosamente reemplazado por “paranormal”. (Robert Tocquet, “El inventario de lo sobrenatural”). 7 “Mediumnismo”, podría definirse como siendo todo lo relativo a la mediumnidad, y a su utilización. Sin embargo, se puede y se debe diferenciar la fenomenología mediúmnica de la fenomenología espiritista. La segunda está encuadrada en una utilización seria, positiva y altruista de la facultad mediúmnica, dentro de los parámetros generales establecidos por Kardec; la primera, no tiene porque cumplir con ese rigorismo (imprescindible, pensamos, para una adecuada práctica de la mediumnidad). 8 Lucidez es sinónimo de clarividencia, siendo ésta: “Visión a distancia. Captación extrasensorial de un objeto o de un acontecimiento objetivo distante.” (Jon Aizpúrua, “Tratado de Espiritismo”). 9 “Dícese de lo que es inherente a algún ser o va unido de un modo inseparable a su esencia, aunque racionalmente pueda distinguirse de ella.” (RAE). 10 “Literalmente, memoria oculta o latente. Facultad de recordar, bajo hipnosis profunda, acontecimientos remotos, sumidos en los abismos del subconsciente.” (Diccionario de Parapsicología). representación “organismo”, lejos de constituir todo el organismo, no es sino la objetivación inferior, la más grosera del dinamopsiquismo esencial del individuo. Por encima de la representación “organismo”, y condicionándola, está una representación superior, “el dinamismo vital”. Y por encima de las representaciones “organismo” y “dinamismo vital”, y condicionándolas, está una tercera representación más elevada y de orden mental.
Estas concepciones no son nuevas. Se sabe que Pitágoras y Aristóteles distinguían del cuerpo el dinamismo vital, que denominaban Psyché, y de la Psyché, el dinamopsiquismo mental11, que designaban con la palabra Nous.
(…) Luego, la idea nueva no hace referencia a diferenciaciones de esencia entre el cuerpo, el dinamismo vital y el dinamopsiquismo mental. Uno y otros, para ella, son simples representaciones jerarquizadas de un mismo principio esencial. Su diferencia es simple cuestión de evolución, de actividad, de realización.
Pero esto no puede comprenderse bien antes de haber completado nuestro estudio del yo.
(…) ¿Es el yo distinto de sus representaciones? ¿Qué es el yo, aparte de sus representaciones?
(…) ¿Es el yo, como enseña la psicología clásica, la suma de los estados de conciencia, o bien es separable, concebible separadamente de tales estados de conciencia?
La respuesta, como veremos, no es dudosa: el yo no se confunde con los estados de conciencia. Pero, para comprenderlo, se necesita hacer un cierto esfuerzo. Nos es bastante dificultoso admitir que el yo no se identifique con el cuerpo material; pero admitimos mucho peor que no se identifique con el “mental12”. Se distingue menos fácilmente en uno mismo la representación mental que la representación orgánica. Precisa modificar los hábitos intelectuales inveterados y recurrir a todo el rigor del razonamiento, para ir más allá del “yo pienso: luego existo”, y admitir: “yo soy, aún con exclusión de mis pensamientos. Estos me representan, pero mis representaciones mentales no constituyen todo mi ser13”. Sin embargo, basándonos en los hechos, nada hay más cierto. El razonamiento es claro y preciso: si el yo fuera sino la suma de los estados de conciencia, no se podría comprender como estando intactos estos estados de conciencia, el yo, que sería su síntesis, podía perder lo que hay en él más importante, más esencial: la noción de su unidad y la posibilidad de su control sobre la síntesis psíquica. Sin embargo, es un hecho corriente que esa integridad de los estados conscientes, coexiste con la desaparición de la unidad sintética y de la dirección centralizadora.
La disminución o la desaparición de la comprobación del yo está en la base de toda la psicología anormal, de todas las anomalías psicológicas coexistentes con la integridad anatomo-fisiológica de los centros nerviosos. Que se trate de una neurosis pura14, como la histeria, de locura esencial15, de hipnotismo, de desdoblamiento de la personalidad o de mediumnismo, siempre, y antes que todo, se comprueba como fenómeno primitivo, la desaparición del dominio de la dirección centralizadora del yo.
(…) En la hipnosis, en el desdoblamiento de la personalidad, en el mediumnismo, las facultades y conocimientos, los estados de conciencia más variados, los procesos mentales conscientes o subconscientes, persisten íntegramente; pero, también, la dirección central habitual del yo ha desaparecido para ceder su puesto a una dirección heterogénea.
En una palabra: los estados de conciencia, las facultades, las capacidades, los conocimientos, pueden disociarse, separarse de lo más esencial que hay en el yo: la conciencia de su unidad y de su realidad.
El fenómeno más típico, bajo el punto de vista de nuestra demostración, es el de las alteraciones de la personalidad.
Las modificaciones de la personalidad, prueban dos cosas:
1ª. La existencia en el “mental” de “grupos de estratos” (…), constituyendo otras tantas formaciones subconscientes. 2ª. La existencia de una dirección psíquica centralizadora16 y directora de tales grupos mentales, puesto que el
11 “Dinamopsiquismo mental”: probablemente podemos asimilar esta expresión con la inteligencia, con la capacidad de razonar. 12 ¿Qué hemos de entender por la expresión “mental” empleada aquí por el Dr. Geley? ¿Tal vez se referirá al “cuerpo mental,”? Pensamos que, más bien, debe referirse a “lo mental” en contraposición a “lo físico”. Probablemente en ese “mental” podríamos englobar al dinamopsiquismo esencial y a sus representaciones mentales. 13 Excelente concreción del Dr. Geley. A pesar de la importancia capital del pensar, de los pensamientos, el dinamopsiquismo (alma o espíritu) es lo esencial. 14 Muy probablemente esta expresión ya no sería adecuada en la moderna Psicología. 15 Igual que la nota 10. 16 Entendemos que dicha “dirección psíquica centralizadora” sería el dinamopsiquismo esencial, o alma.
desfallecimiento, la deficiencia de esta dirección central es, precisamente, lo que constituye la base y la condición, sine qua non, de las alteraciones de la personalidad y de la aparición de estados segundos.
(…) En resumen: el yo real condiciona y dirige el dinamopsiquismo mental. Lo que hay de esencial en el yo, no puede, pues, confundirse con los estados de conciencia subordinados y secundarios.
En el mental, como en el organismo, es preciso distinguir la esencia permanente de las “representaciones” temporales. Los estados de conciencia no son sino representaciones del yo. Pero el yo, parcela individualizada del dinamopsiquismo universal 17, no puede confundirse con sus representaciones.
(…) Sea, se dirá; pero, ¿Qué es lo que debemos entender exactamente por el yo real, distinto de las representaciones?
¿Es la esencia creadora, la voluntad, el inconsciente, el dinamopsiquismo esencial… poco importa el nombre; pero esencia creadora desprovista en sí misma de toda individualización, que adquiere esta individualización por las representaciones y la pierde cuando las representaciones cesan? ¿Es una parcela del dinamopsiquismo esencial, guardando la individualización, el recuerdo, la conciencia de uno mismo, aún por fuera de las representaciones atravesadas por ella?
Para responder a estas preguntas, atendamos a la segunda parte de nuestra demostración: el dinamopsiquismo esencial, pasa, por la evolución individual, del inconsciente al consciente. ________________________
17 “Dinamopsiquismo universal”: tal vez podemos equipararlo al “principio inteligente” de Kardec. Ver al respecto: “El Libro de los Espíritus”, en el cap. I, del libro II (“Origen y naturaleza de los Espíritus”), y el cap. XI (“Los tres reinos”).
ACTIVIDADES PÚBLICAS
Conferencias públicas en el CBCE, a las 6 de la tarde, de los sábados siguientes:
09 de mayo: Espiritismo: revelación o enseñanza. 23 de mayo: Visión espirita de las drogadicciones.
13 de junio : Los Enigmas de la Psicometría. 27 de junio: Porque creo en la inmortalidad del alma.
18 de julio : Comentarios a la obra Los Mensajeros Espirituales (F. Cándido Xavier y André Luiz). Título original en portugués: “Os Mensageiros”.
FLAMA ESPIRITA és de distribució gratuïta. Si saps d’algú a qui pugui interessar, comunica’ns-ho i l’hi enviarem.
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sábado, 25 de abril de 2015
DOCTOR IAN STEVENSON
DOSSIER
EL ENFOQUE ESPÍRITA DE LA REENCARNACIÓN LOS PRINCIPIOS DEL ESPIRITISMO
por EMMANUELLE PÊCHEUR & CATHERINE COURTIOL
LE JOURNAL SPIRITE N° 100 avril 2015
“Nacer, morir, renacer y progresar sin cesar, tal es la ley” es la máxima grabada en el frontón del dolmen de Allan Kardec. Esta sola afirmación contiene el principio filosófico fundador del espiritismo: la ley de evolución para todos por la reencarnación, y por tanto, la necesidad de las vidas sucesivas.
En un primer momento, evocaremos las diferentes concepciones de este principio a través de las edades, sabiendo que son multitudes, cambiantes y sobre todo siempre el reflejo del pensamiento y la comprensión de los hombres a lo largo de sus historias y según sus culturas. Luego, definiremos el enfoque espírita de la reencarnación.
LAS DIFERENTES CREENCIAS
Desde siempre, se han ensayado diferentes teorías sobre la vida y después de la vida: la nada, la supervivencia del alma después de la muerte y las diversas creencias en vidas sucesivas. Sin embargo, en la historia de la humanidad, la noción de reencarnación siempre ha estado presente ya sea en forma de una creencia religiosa, o bajo la forma de una filosofía más elaborada.
El enfoque materialista: la nada Ciertos filósofos, como Jean-Paul Sartre, con una visión materialista, postulan la nada, planteando así el asunto metafísico: la vida no tiene sentido, el mundo es absurdo, entonces por su propia libertad el hombre puede dar un sentido a la vida para hacerla menos absurda. Todos los pensadores materialistas, al negar la noción de fuerza organizadora, Dios, colocan al hombre en el centro de todo, con la esperanza de que la humanidad, librada a ella misma, pueda desenvolverse por sí misma dentro de una idea de justicia y libertad, a pesar de que cada ser humano está condenado a desaparecer para siempre… Sin embargo, actualmente, esta corriente de pensamiento materialista pierde fuelle a favor del retorno a un pensamiento más espiritualista que todavía se hace preguntas sobre el porvenir del hombre y sobre el origen de la vida, de la que se piensa que no es única en el universo.
Los enfoques espiritualistas En el origen de las doctrinas religiosas monoteístas, se enseñaba la idea de reencarnación pero fue abandonada por hebreos, cristianos y musulmanes, a menudo por razones de poder, de cohesión social y para mantener a los pueblos con el temor de un infierno eterno. Ese fue el caso de la religión cristiana en el año 553, durante el Concilio de Nicea. Quedan, sin embargo, algunos resurgimientos de fe reencarnacionista en ciertas sectas disidentes de las grandes religiones. Entre los musulmanes, se encuentra una minoría que fue perseguida por haber preservado el principio de la reencarnación, los Drusos diseminados entre el Líbano, Siria, el norte de Israel y Jordania. Habiendo sido abandonado el concepto de la reencarnación, el dogma de la vida única ha reemplazado la creencia en las vidas sucesivas. En estas diferentes teologías, el hombre no tiene más que una sola vida; que será sancionada por un juicio divino, como el juicio final de la tradición cristiana. Se plantea entonces la cuestión de la justicia divina. Si una fuerza divina es el origen de nuestras vidas, ¿cómo concebir todas las anomalías y desigualdades de toda suerte: vidas breves, niños muertos a corta edad, diferencias extremas en cuanto a inteligencia, capacidad de amar, riqueza, pobreza, guerra y enfermedad? ¿Por qué esos millones de espíritus no tienen las mismas oportunidades durante su vida física única pero tampoco en el momento del juicio post mortem? ¿Cómo concebir un Dios injusto? ¿Cómo llegar, en una sola vida, es decir en un solo ensayo, a asimilar y practicar las virtudes universales del conocimiento y el amor?
En Grecia Examinemos otros enfoques espiritualistas que basan su reflexión en las vidas sucesivas como los de los filósofos de la antigüedad. Pitágoras y Platón consideraban el ciclo de la vida según el principio de la transmigración de las almas. La vida creada por Dios se concibe dentro de un proceso evolutivo palingenésico, que permite al alma perfeccionarse de vida en vida. Son, sin duda, los filósofos griegos y neoplatónicos quienes mejor plantearon la cuestión de la evolución reencarnacionista.
En Oriente Otras tradiciones religiosas han preservado esta idea bajo formas más ingenuas, como en el budismo y el hinduismo herederos del brahmanismo. Además, en estas tradiciones existe una diferencia entre la enseñanza vulgar destinada al pueblo y la destinada a las castas de iniciados, siendo el objetivo mantener al pueblo en un estado de ignorancia y servidumbre y así asentar el poder sobre un pueblo sometido. La idea de metempsicosis jerarquiza a la sociedad; para el pueblo dejado en la ignorancia, las almas culpables de sus malas acciones son condenadas a renacer en cuerpos de animales como sanción. Ese es el principio de un karma punitivo. En cuanto a los iniciados, ellos se benefician del privilegio de no estar sometidos a la ley kármica, y para escapar del ciclo infernal de las reencarnaciones, se debe practicar la meditación, reprimir las pasiones y dominar el cuerpo físico. La evolución es percibida únicamente en el plano individual, donde cada uno busca su propio “nirvana” independientemente del grupo social. Además, entre los budistas la finalidad significa la fusión con el “gran todo” y por tanto corresponde a una desaparición de la individualidad. Existen múltiples variantes de estos enfoques en la historia y según los países.
El druidismo La tradición celta, a través de los edificios megalíticos todavía en pie, da testimonio de un saber prodigioso y de un conocimiento iniciático que aún deja muchas interrogantes. Contrariamente a las acusaciones de barbarie señaladas por los romanos, la organización de la colectividad bajo la influencia de los druidas ya era muy elaborada; lo cual encontramos en algunos textos y en los mensajes espíritas. Las invasiones romanas hasta las fronteras de Escocia así como la cristianización de la Galia destruyeron finalmente una cultura de gran riqueza, sin duda una de las más adelantadas de toda la antigüedad. La reencarnación era comprendida allí como una evolución progresiva dentro de un ciclo que no se detenía en el planeta Tierra, sino que debía proseguir en otros mundos habitados. Los comentarios de Julio César en La guerra de las Galias aportan testimonios sobre la creencia del pueblo celta en la reencarnación. La concepción druídica era muy cercana a la idea espírita, sabiendo que los druidas practicaban la comunicación con el más allá. Desgraciadamente, no dejaron sino pocos documentos. No obstante, sabemos que hubo puntos de convergencia entre druidismo y cristianismo. En efecto, Jesús, espíritu de gran evolución, reencarnado para hacer avanzar las conciencias, recibió una enseñanza druídica durante sus desplazamientos por la Galia y Gran Bretaña. Instruyó a los apóstoles acerca de la necesidad de reencarnar para progresar. Igualmente, en la época del rey Arturo, alrededor de la Mesa Redonda se practicaba el contacto con el otro mundo. Lo cual explica que en la época de los primeros cristianos, era admitida la idea de la reencarnación que luego desapareció bajo el yugo calculador de los hombres de poder.
Las otras creencias Por otra parte, en el continente americano, de Norte a Sur, diversas tribus indígenas, los Incas de siglos pasados, los indios de la Amazonia hoy, y finalmente los Inuits del Gran Norte han creído y creen en la reencarnación según principios ancestrales que se remontan a la noche de los tiempos. Los Inuits de Alaska creen en la reencarnación igual que el pueblo Tlingit en el sureste de Alaska. El profesor Ian Stevenson, psiquiatra norteamericano fallecido en 2007, estudió largamente este pueblo, y otros, en diferentes puntos del planeta. Condujo la investigación para catalogar casos convincentes de niños que recuerdan su última vida. Pudo descubrir así toda una cultura muy apegada a la reencarnación. Los Tlingits se apoyan en el sentido de la observación y soñar con un pariente difunto es interpretado como el anuncio del renacimiento de ese mismo pariente en el entorno cercano. Ellos conciben la reencarnación en función de las afinidades y afirman que lo más frecuente es que el regreso ocurra en la misma familia. Las marcas de nacimiento son observadas para deducir de ellas la identidad de tal o cual pariente fallecido, así como los recuerdos de un niño que cuenta su existencia anterior ante padres atentos. Entre los Tlingits, la reencarnación comporta además la idea de progreso, con la esperanza de que las desdichas de una vida se borren en la siguiente. Antes de morir, ellos ya hacen proyectos para su vida futura.
El enfoque espírita de la reencarnación Abordemos ahora, la enseñanza de los Espíritus respecto a la reencarnación. La demostración se hace a un triple nivel. 1 Los Espíritus han revelado a los hombres la existencia de un principio divino; cada espíritu, creado por la fuerza causal, simple e ignorante, tiene necesidad de encarnar muchas veces en la materia para evolucionar en conocimientos y sentimientos. Conserva siempre su libre albedrío en ese recorrido evolutivo intelectual y moral que la llevará a reencarnar sobre muchas esferas (pluralidad de los mundos). 2 La trayectoria filosófica de Allan Kardec y sus sucesores respecto a esta revelación, demuestra, punto por punto, cómo esta ley cumple con las exigencias de la razón y del sentido común. Numerosos pensadores espíritas, de esa época hasta hoy, han dedicado libros al seguimiento de esta reflexión, como Gabriel Delanne en La Reencarnación, Gustave Geley en La Reencarnación y Léon Denis en Las Vidas Sucesivas. 3 Las observaciones y numerosos experimentos vienen a confirmar el principio de la reencarnación enunciado por los Espíritus. En las revistas Nº 42, 59 y 77, podrán encontrar ustedes artículos que tratan sobre las pruebas materiales y psicológicas estudiadas a través del mundo por numerosos investigadores. Los hechos han podido ser puestos en evidencia por la hipnosis (regresión a vidas anteriores de un sujeto hipnotizado), por los recuerdos espontáneos de personas que relatan su vida anterior (trabajos de Ian Stevenson y de su sucesor Jim B. Tucker, psiquiatras norteamericanos) y por las marcas físicas (marcas de nacimiento o malformaciones) cuyo origen puede ser explicado por un traumatismo vivido en una vida anterior. Durante nuestras comunicaciones espíritas, hemos podido establecer paralelismos entre elementos de vidas anteriores, revelados por los Espíritus y elementos de la vida presente. Por ejemplo, una fobia al agua en la vida presente puede explicarse por una muerte por ahogamiento en una vida anterior.
La ley de evolución
Por la enseñanza y el testimonio de los Espíritus, el principio de las vidas sucesivas ha permitido salir de concepciones religiosas y de creencias demasiado poco explícitas que conllevan numerosas inexactitudes. Veamos en qué consiste esta ley de la evolución. Cada ser humano ha tenido un punto de partida que corresponde al impulso divino. Esta fuerza causal llamada Dios, crea Espíritus individualizados en bruto, que por instinto programado, experimentan la necesidad natural de encarnar para desarrollarse en un mundo de materia. Las primeras encarnaciones se harán en mundos primitivos donde predominan los sentimientos de miedo, de angustia y el instinto de supervivencia. Poco a poco, de un planeta primario a un planeta más elaborado, el espíritu progresivamente tomará conciencia de su individualidad y despertará su comprensión, su intelecto y su emotividad. Ese progreso se cumple en múltiples vidas, necesarias para el florecimiento individual. El planeta Tierra, esfera de poca evolución, acoge Espíritus en ese camino evolutivo. Para ensanchar su conciencia, más allá del ciclo terrestre, cada uno será llevado a vivir en mundos cada vez más evolucionados. Los planetas llamados superiores son mundos muy etéreos, de menor densidad de materia,
donde son prácticamente inexistentes las vicisitudes físicas que conocemos. Para el espíritu convertido en “puro”, el punto omega corresponderá a un estadio último, donde comprende el infinito, entiende la creación y vive la felicidad suprema. Ya no tiene necesidad de reencarnar pero conserva su individualidad y participa en la creación con la fuerza activa de su amor. Para nosotros los Terrícolas, se trata de una perspectiva más que lejana, pero que nos da el sentido de la evolución que es trabajar y luchar para un mayor bienestar a compartir desde hoy.
Para comprender el proceso de la reencarnación, es necesario conocer los tres componentes del ser humano: el espíritu completamente inmaterial, el cuerpo físico y el periespíritu. Este cuerpo intermedio o cuerpo etérico es un agente fluídico de energía, una envoltura sutil de textura muy tenue, indispensable para el proceso de reencarnación. Es el vehículo del espíritu; le permite manifestarse, actuar a través del componente material, conservar la conciencia y el recuerdo. Actúa como un aparato registrador y almacena el conjunto de lo vivido durante las sucesivas encarnaciones. El periespíritu permite el proceso vital sin el cual la materia no tendría realidad organizada. Es el principio organizador y activo del alma definido por Gustave Geley como el dínamo-psiquismo. Abordemos ahora el aspecto psicológico de la reencarnación a través del inconsciente y el consciente. Las primeras encarnaciones responden a un proceso natural espontáneo e instintivo para el espíritu que aún no tiene conciencia de sí mismo. Es la inconsciencia. Necesitará cierto número de vidas instintivas, pasos por el más allá, también inconscientes, que corresponden a la turbación, luego regresos instintivos para que, progresivamente, emerja en él, en primer lugar una conciencia de sí mismo, después de los otros, luego la conciencia también progresiva de su origen divino y de su naturaleza espiritual. El espiritismo nos enseña que la evolución es un fenómeno lento, largo y difícil, pues el espíritu siempre es libre de negarse a avanzar, aprender y corregirse, hasta el momento en que su comprensión amorosa del mundo prevalezca sobre su egoísmo. Es preciso, pues, aceptar que la reencarnación corresponde a la emergencia lenta y difícil, pero necesaria, de la conciencia del espíritu, haciéndole salir de sí mismo para ir hacia los demás dentro de un amor siempre creciente. Es así como hay que comprender la reencarnación o palingenesia según la fórmula espírita.
Conociendo esta realidad espiritual evolutiva, una sociedad reencarnacionista permitiría acoger mejor a los Espíritus que regresan teniendo información, por medio de la comunicación espírita, acerca de una o muchas de sus vidas anteriores para ayudarlos y guiarlos mejor en su vida presente. Nuestra sociedad no sería sino más solidaria pues, quiérase o no, todos estamos vinculados unos a los otros por esta ley universal y amorosa que es la palingenesia.
martes, 21 de abril de 2015
CIENCIA & ESPIRITUALIDAD
DEL MATERIALISMO AL ESPIRITUALISMO: LOS AVANCES DE LA CIENCIA ACTUAL
por ETIENNE BERTHAUT
LE JOURNAL SPIRITE N° 100 avril 2015
«Como todos los hombres, sin duda, desde los pintores de Lascaux —quizás mucho antes—hago la pregunta del sentido de nuestra vida y de la existencia de un más allá, de una trascendencia, cualquiera que sea su forma. El azar, una vez más, es un elemento fundamental del crecimiento de la complejidad. Pero, ¿es él la suprema instancia? ¿Todo “eso” es fruto del puro azar? No lo creo. ¿Pero entonces? ¿Qué o quién? Me gustaría tanto saberlo… Con frecuencia me preguntan: “¿Es creyente?” Yo respondo: “Pienso que sí, ¡pero no sé en qué”!» - Hubert Reeves (Convicciones Íntimas)
Desde hace más de un siglo, la ciencia oficial se ha desmarcado totalmente del espiritualismo, rompiendo ese vínculo natural y secular que se había establecido desde los precursores de la Antigüedad conciliando la noción de ciencia, dentro del enfoque fenomenológico explicativo de las cosas a partir de la observación experimental de los hechos, y la noción de filosofía, respondiendo ésta a la reflexión metafísica innata del hombre, por ese enfoque intuitivo de una dimensión espiritual, incluso divino, de la explicación de la realidad. Sin embargo, por una parte las teorías llamadas materialistas responden cada vez menos a las preocupaciones fundamentales de una humanidad que aún se busca, y por otra parte la ciencia oficial ve llegar cada vez más investigadores y científicos que, confrontados a la evidencia de ciertos hechos o descubrimientos, pero también a la apertura de un pensamiento menos presuntuoso, toman el camino contrario y se comprometen en reflexiones más metafísicas. A la hora de estas dos comprobaciones, la ciencia actual parece efectuar desde hace varios años un cambio fundamental de rumbo. Y es a través de varios campos, como la física de las partículas y la comprensión de lo infinitamente pequeño a través de la física cuántica; como la medicina con la consideración de nuevos enfoques médicos, hasta entonces vilipendiados como el magnetismo o la hipnosis; y como también la astrofísica que ya no excluye la posibilidad de vida más allá de la Tierra, que estos avances de una ciencia que comienza una verdadera mutación son los más significativos. Vamos a ver cómo lo impensable de ayer, dentro del estrecho espíritu cientificista de los inmutables conocimientos del siglo XIX, se convierte en lo posible de hoy y en una certeza para el mañana, en ese camino renovador de una reconciliación definitiva de la ciencia con lo espiritual, la noción de Dios, y la existencia del espíritu.
EN LAS FUENTES DE UNA CIENCIA MATERIALISTA
En 1898, el gran químico Marcellin Berthelot afirmaba: “Gracias a la ciencia, desde ahora el conocimiento del universo está concluido”. Los descubrimientos científicos del siglo XX desmintieron rápidamente sus palabras y hoy los sabios son mucho más modestos ante la complejidad y sutileza de las leyes que rigen un Universo todavía muy enigmático. Pero esta afirmación es sintomática de un estado de espíritu científico heredado del cientificismo,(*) verdadera “religión de la razón” que de manera recurrente había anunciado la muerte de Dios gracias a las victorias de la ciencia, y teniendo él mismo sus raíces en el racionalismo de Descartes, las ideas de Condorcet sobre las ciencias positivas, y más cerca de él, el positivismo de Auguste Comte. En cuanto al espiritismo científico, sin embargo, éste conoció su edad de oro entre las dos guerras, con cientos de experiencias con médiums de efectos físicos (ectoplasmia, materializaciones…) y, gracias a formas operacionales y condiciones experimentales sin concesiones, y a través de múltiples actas e informes, dio testimonio de manera absoluta de la existencia del Espíritu en su dimensión
espiritual. No obstante, después de la desaparición de los principales protagonistas de estos trabajos que —es preciso recordarlo— eran (o se volvieron) espíritas convencidos, los científicos embarcados en el desarrollo del movimiento metapsíquico a partir de los años 1925-1930, no se interesarían más que en el aspecto puramente físico de los fenómenos, dejando a un lado la causa original y olvidando la dimensión filosófica. ¿Cuáles fueron las razones de este deslizamiento de la ciencia hacia el puro materialismo? Son múltiples, pero llaman la atención algunas ideas fundamentales. La primera —y más importante— reúne un desvío del enfoque experimental, con la aparición en la época de medios de investigación inéditos que redujeron la investigación al mero aspecto mecanicista de las cosas. Limitándose así al campo estrictamente material, la naciente ciencia metódica y experimental creyó entonces erradamente demostrar la no existencia de un principio inmaterial, libre, inteligente y no sometido a las leyes mecánicas universales, porque se liberaba de él. El error fundamental de los materialistas ha sido entonces creer que su concepción era científica porque se alejaba de los dogmas religiosos. Como observó con justeza el filosofo Henri Bergson, se ha ataviado con el título de afirmación científica esta concepción llamada materialista que no es, de hecho, más que una hipótesis puramente ideológica o un simple postulado. Derivando de la misma desviación del enfoque experimental, el segundo error fundamental de la ciencia moderna fue no querer considerar a toda costa que sólo podía ser calificado de científico el fenómeno renovable en condiciones rigurosamente dadas. Este dogma reductor excluía entonces de entrada una multitud de conocimientos científicos del campo de la ciencia estándar como la astronomía, la meteorología, la sismología, o más aún, las ciencias humanas en las cuales el método científico tradicional es prácticamente inaplicable. Esta rigidez científica, basada en un enfoque estrictamente material de las cosas, no ha podido, ni ha sabido, integrar las especificidades de la fenomenología en la que ciertos hechos —como en espiritismo— no pueden responder satisfactoriamente a todas las exigencias propuestas. Y para rematar todo, a partir de la misma época la ciencia se dividió cada vez más en diversas disciplinas. Hasta comienzos del siglo XIX, por lo menos, los científicos que se llamaban, más comúnmente “sabios” abarcaban una amplia diversidad de campos: se era tanto filósofo como matemático, se ocupaba de física sin omitir estudiar la teología o las nacientes ciencias humanas, se podía ser igualmente escritor o hasta artista. Desde hacía siglos había, pues, esa conexión natural y auténtica entre lo material y lo espiritual, entre la ciencia pura y la filosofía, la una sabía nutrirse de la otra y aportar chispas de reflexión suplementarias, suplementos de alma de alguna manera, que ciertamente permitían avanzar en armonía, pero sobre todo en totalidad, dentro de la comprensión de las cosas, del mundo y de la naturaleza. Esta multidisciplinariedad en una sola persona autodidacta ya no fue más posible desde el instante en que los descubrimientos y teorías acumuladas complicaron notablemente cada naciente disciplina científica. Considerando que un solo cerebro no podía dominarlo todo, los científicos se vieron obligados a especializarse para adquirir el dominio necesario de su disciplina, mientras que las enseñanzas escolares y universitarias también se especificaron y se volvieron pasos obligados. Así ya no hubo más ninguna posibilidad de aprendizaje autodidacta ni de vínculos entre los diversos campos y saberes que hasta entonces habían alimentado el espíritu humano. Irremediablemente, la ciencia se desconectó entonces de lo inmaterial en el sentido amplio, es decir de la filosofía y de la espiritualidad. Materialismo que rechaza un principio no material, rigidez de la repetitividad experimental, separación entre las disciplinas científicas, es todavía hoy en día la situación que perdura notablemente en la ciencia de hoy, con esta dicotomía un tanto caricaturesca pero exactamente representativa: espíritu = religión, y ciencia = materia.
OTRO ESTADO DE ÁNIMO CIENTÍFICO PARA UN NUEVO ENFOQUE ENTRE CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD
Relanzar el enfoque científico por un camino nuevo, por el camino perdido donde ciencia y espiritualidad eran hermanas complementarias, donde el valor del razonamiento metafísico tenía igual fuerza que el valor de la observación de un hecho reproducible, responde ante todo a un asunto de estado de espíritu de la comunidad científica. En el tiempo del espiritismo científico, fueron numerosos los sabios e investigadores, a cual más eminente y respetable, que con paciencia y objetividad, supieron afirmar con absoluta certeza la existencia de un principio espiritual llamado espíritu. Entre ayer y hoy, las cosas no han cambiado fundamentalmente, y aquellos hombres de ciencia no tenían nada de particular, o nada más que los de hoy, excepto la amplitud de miras, la apreciación y la humildad necesarias. La ciencia de hoy no difiere de la de ayer más que por la notable evolución de las técnicas de investigación y experimentación, y un conocimiento mucho mejor de ciertas leyes físicas y materiales, pero el enfoque fenomenológico por el método de la observación sigue siendo absolutamente el mismo. Lo que hace el resto, es la actitud y la ética del científico, en el noble sentido del espíritu científico, que acepta por ejemplo la parte de incertidumbre y lo inesperado de los fenómenos espíritas, lo cual no impide en absoluto la rigurosa observación de los hechos y su repetición. Ser científico, es tener la perspectiva necesaria para darse cuenta de que el conocimiento es sólo una herramienta y no el saber total, es admitir que hace falta aprender sin escuelas, sin definiciones, sin prejuicios y sin definiciones materialistas. Durante ciertos fracasos en los años 20, en experimentos con médiums de efectos físicos realizados por científicos que no tenían el estado de ánimo adecuado y la apertura necesaria, el error fundamental fue concluir: “Puesto que no hemos visto nada, ¡es porque nunca hubo nada!” Aún hoy, existe esa dificultad en el mundo científico, de aceptar experiencias vinculadas a las
fuerzas del espíritu y su existencia, de considerarlas como serias y susceptibles de abrir otros campos de investigación científica. En la medida en que allí no se puede aportar una explicación “racional”, el consenso es decir más bien que eso no existe. Finalmente, ser científico es saber salir del marco inicial de su saber para adaptarse a la realidad de la cosa estudiada que existe como tal delante de él, y no tratar altaneramente de hacerla entrar en ese marco fatalmente restrictivo e imperfecto de un conocimiento limitado por el enfoque materialista o mecanicista. Ahora bien, ¿qué comprobamos hoy, en ciertos campos científicos? Que numerosos experimentos, numerosos hechos observados o descubrimientos recientes, a fuerza de ir cada vez más lejos en la complejidad y el detalle del análisis, ponen a los científicos justamente fuera del marco. Y a fuerza de repetitividad, esos mismos científicos se encuentran enfrentados finalmente a evidencias que obligan a revisar juicios y certezas establecidos, pero sobre todo, que invitan a más humildad. Esta situación trae en paralelo todo un conjunto de reflexiones, personales o compartidas entre colegas, que plantean preguntas sobre el principio mismo de la ciencia, sus objetivos, su trayectoria, su autenticidad. Se trata allí de una verdadera revolución de carácter filosófico de la ciencia acerca de ella misma. Y en muchos libros, en las palabras de cada vez más investigadores, se encuentra poco a poco el camino de la reflexión metafísica que se inicia de nuevo. Es un cambio de estado de espíritu de gran importancia, nuevo desde hace algunos años, donde ya no se vacila —cosa inimaginable hace algunos decenios— en afirmar hasta convicciones personales, filosóficas, espirituales, incluso religiosas, que pueden alimentar de nuevo la reflexión científica fundamental. La ciencia está aprendiendo —o reaprendiendo— cómo estar más cómoda con todos estos temas. El muro que, desde hace más de siglo y medio, separaba ciencia y espiritualidad se derrumba, la costumbre que tenían los científicos de oponerse, ahora se pulveriza, y vamos a ver de qué manera a través de algunos representantes significativos.
JEAN STAUNE Y UN DIÁLOGO RESTABLECIDO ENTRE CIENCIA Y FILOSOFÍA
Hay personas como Jean Staune, que tratan de reconciliar más intensamente la ciencia y la filosofía, para restaurar el lugar de la ciencia en el terreno de la espiritualidad. Este filósofo de las ciencias y ensayista, nacido en 1963, es diplomado en paleontología, matemáticas, gestión y ciencias políticas y económicas. Antiguo colaborador científico de la Escuela Politécnica de Lausana, es secretario general de la Universidad Interdisciplinaria de París. Ha escrito numerosos libros fundamentales sobre las implicaciones filosóficas de la ciencia. Estableciendo una notable síntesis sobre las implicaciones metafísicas de la ciencia contemporánea, su última obra Notre Existence a-t-elle un sens? (¿Tiene sentido nuestra existencia?) ha sido celebrada por la crítica científica. Afirma que recientes descubrimientos científicos, como el que ha llevado a la física cuántica que abordaremos más adelante, tienen en sí iguales implicaciones filosóficas y metafísicas, independientemente de toda implicación teológica o religiosa. Estos descubrimientos dan incluso una nueva credibilidad a las concepciones no materialistas del mundo y del hombre, y coinciden con ciertas intuiciones de las grandes tradiciones, monoteístas o no. Organizador desde hace veinte años de numerosos coloquios internacionales, sobre temas vinculados a la ciencia, la filosofía y la religión, defendiendo un diálogo entre ciencias y religiones, denunciando las desviaciones oscurantistas comprobadas en este campo. A propósito de la física cuántica afirma, por ejemplo, que “vivimos una revolución conceptual que hace más fácil tener una visión religiosa del mundo y más difícil una visión materialista de éste. Hay pues, en nuestros días, una mayor compatibilidad entre la ciencia y una visión espiritual del mundo”. He aquí una visión muy nueva que se introduce poco a poco en los debates sobre la ciencia, compartidos con científicos de renombre que pueden conservar todavía una impregnación materialista, pues hasta los materialistas, todavía ampliamente mayoritarios en la comunidad científica, ya no cierran la puerta a este diálogo, más que estimulante, donde los cuestionamientos de fondo sobre la existencia de Dios, el porqué del universo y la espiritualidad en sentido amplio, ya no son considerados como tabús.
TRINH XUAN THUAN Y EL PRINCIPIO ANTRÓPICO
Otro caso particular, característico de esta nueva generación de científicos que progresivamente comienzan a considerar y sostener una extrapolación espiritualista de la ciencia, es el de Trinh Xuan Thuan. Nacido en 1948 en Vietnam, Trinh Xuan Thuan es un renombrado astrofísico, profesor en la Universidad de Virginia, investigador en el Instituto de Astrofísica de París, y miembro también de la Universidad Interdisciplinaria de París. Es igualmente escritor, pero también budista, y a través de sus libros ha explicado y desarrollado especialmente sus posiciones en favor del principio antrópico. El principio antrópico no es una concepción filosófica carente de argumentación científica según la cual, puesto que existen seres como el humano (anthropos en griego), el Universo es necesariamente compatible con su existencia. En otras palabras, se estipula que el Universo (y por tanto los parámetros fundamentales de los que éste depende) debe ser de tal manera que permita el nacimiento en su seno de observadores en cierto estadio de desarrollo. El estudio pormenorizado de las consecuencias de esta afirmación lleva a profundas consecuencias en física y en particular en cosmología, donde parece que las leyes de la física están sujetas a un número asombrosamente importante “de finos ajustes” sin los cuales jamás hubiera podido producirse en el Universo la emergencia de complejas estructuras biológicas. En efecto, así lo afirma Trinh Xuan Thuan: “La moderna astrofísica nos dice que la aparición de la vida y la conciencia a partir de la ‘sopa primordial’ depende de un arreglo extremadamente preciso de las leyes de la naturaleza y de las condiciones iniciales del Universo. ¡Se hubiera cambiado aunque fuera algo la intensidad de las fuerzas fundamentales y no estaríamos aquí para hablar de ello! Entonces, ¿azar o necesidad?” Si existe esa comprobación de un arreglo tan fino de las constantes físicas del Universo, como para permitir la existencia del ser humano tal y como es, entonces ciertos científicos defienden la idea de que en el origen de la vida sobre la Tierra habría una “Intención”, pues sus condiciones de aparición son tan precisas que no podrían ser fruto del azar. Frente a esta armonía del universo, su coherencia, su perfección y también su belleza, nos encontramos ante la idea de un origen extra-normal, como la noción de una suerte de Gran Arquitecto como causa de todo. Desembocamos así en el Dios explicado por los espíritas, la gran fuerza creadora en el origen de todas las cosas. Este principio suscita desde hace veinte años numerosos debates en la comunidad científica, porque entra abiertamente en una reflexión metafísica, incluso teológica y religiosa del Universo. De allí la afirmación de ciertos astrofísicos de convicciones de orden espiritual a título más personal, pero a este título dejemos concluir a Trinh Xuan Thuan: “No puedo pensar que la armonía, simetría, unidad y belleza que percibimos en el mundo —desde los delicados contornos de una rosa hasta la majestuosa arquitectura de las galaxias— pero también, de manera mucho más sutil y elegante, las leyes de la naturaleza, sean sólo producto de la casualidad. Si aceptamos la hipótesis de un Universo único, el nuestro, creo que debemos postular la existencia de una causa primera que ha reglamentado el Universo desde su comienzo para que tome conciencia de sí mismo”. (El Caos y la armonía).
FRÉDÉRIC LENOIR Y EL PUNTO DE VISTA DE LOS FILÓSOFOS
Si bien corresponde a los científicos reconsiderar el punto de vista filosófico, es necesario observar también que los literatos se interesen por este nuevo enfoque científico y por el discurso de estos investigadores que quieren preconizar un diálogo recuperado entre ciencia y espiritualidad. Al mantener esta relación encontrada, todos alaban los cuestionamientos y debates que parecen esenciales para una mejor comprensión del mundo y de nosotros. Citemos a Frédéric Lenoir, nacido en 1962, filósofo, sociólogo, conferenciante, periodista y escritor, y autor de numerosas obras de filosofía y sobre las religiones. Antiguo director de la revista Le Monde des Religions, firmó en enero de 2010 el editorial de un dossier especial dedicado a Dios y la ciencia, dando “la palabra a científicos de renombre internacional que llaman a tal diálogo. En efecto, no son tanto los religiosos como los hombres de ciencia, que cada vez son más numerosos, los que preconizan un nuevo diálogo entre ciencia y espiritualidad. Para una gran parte eso mantiene la evolución de la propia ciencia durante el siglo pasado. A partir del estudio de lo infinitamente pequeño (mundo subatómico), las teorías de la mecánica cuántica han mostrado que la realidad material era mucho más compleja, profunda y misteriosa que no se la podía imaginar según los modelos de la física clásica heredada de Newton. Al otro extremo, el de lo infinitamente grande, los descubrimientos en astrofísica sobre los orígenes del Universo, y especialmente la teoría del Big Bang, han barrido las teorías de un Universo eterno y estático, sobre las que se apoyaban numerosos sabios para sostener la imposibilidad de un principio creador. En menor medida, las investigaciones sobre la evolución de la vida y sobre la conciencia tienden hoy a relativizar las visiones cientificistas del ‘azar que lo explica todo’ y de ‘el hombre neuronal’. Los científicos forman parte a la vez de los hechos —lo que se ha convertido en ciencia desde hace un siglo— y de su propia opinión filosófica: ¿por qué la ciencia y la espiritualidad pueden dialogar de manera fecunda dentro del respeto a su respectivo método? Yendo más lejos aún, otros investigadores aportan su propio testimonio de científicos y creyentes, y dicen las razones que les hacen pensar que, lejos de oponerse, ciencia y religión tienden más bien a converger”.
Según la opinión de los filósofos que se interesan en la cuestión, el pensamiento científico permite a los seres humanos liberarse de una parte de sus temores, rechazando sin cesar las fronteras de lo desconocido. Reconectándose con la espiritualidad, compromete el pensamiento humano a excluirse además de todos los dogmas, incluido el de su propia omnipotencia. Rechazar en su propio campo todo principio de autoridad arbitraria, allí está quien es tan salvador como para ayudar a la ciencia a (re) descender de su pedestal materialista.
UNA CONDUCTA SOSTENIDA POR EL MÁS ALLÁ DESDE AYER HASTA HOY
Se comprueba entonces una saludable competencia, una nueva efervescencia, en estos cambios e interacciones entre científicos por una parte y filósofos o espiritualistas por otra. Considerar lo que como espíritas damos por sentado, a saber la existencia del espíritu, desgraciadamente nosotros aún no contamos allí. Pero, desde hace decenios, los Espíritus científicos que se han manifestado en sesiones espíritas siempre han recordado lo que la ciencia tenía que reconquistar. Y siempre ha habido una esperanza impulsada por estos espíritus desencarnados, físicos de ayer, que han podido participar en esta reconquista y que tratan de influenciar a todos estos investigadores encarnados de hoy para ir a largo plazo en el tan esperado sentido del reconocimiento del Espíritu. Así se expresó ya el espíritu Paul Langevin, físico francés, en un mensaje recibido en marzo de 1984: “… Ahora Dios debe intervenir en la Tierra, en el seno de la investigación física fundamental, lo que hubiera podido parecer hace treinta años, una aberración mental. Una extrapolación espiritualista de la ciencia comienza progresivamente sobre el planeta Tierra a volverse posible, presumible, factible, sin que eso estorbe para la investigación fundamental de carácter oficial. El progreso está pues allí, está presente. En cuanto a nuestros espíritus, ellos no están presentes sólo en la sesión espírita, están presentes en los laboratorios de investigación, están presentes al lado de ciertos investigadores actuales encarnados sobre este globo, y se manifiestan como pueden, es decir tratan de influenciar a esos mismos investigadores en un sentido profundamente humanista que, por consiguiente, no puede ser sino de esencia espiritual. La humanidad no puede encontrar su verdadera dimensión más que en el reconocimiento del espíritu. El reconocimiento del espíritu, a nivel de la estructura atómica de la materia, está a la orden del día y, en eso, nuestras esperanzas son grandes”. Mucho camino queda todavía por recorrer, pero mensajes recientes nos han llamado la atención sobre este innegable acercamiento entre ciencia y metafísica, y al parecer descubrimientos afines, a la manera del reconocimiento del doble etérico, poniendo de manera evidente al materialismo frente a su propio crepúsculo. Mensaje del espíritu Albert Einstein recibido en abril de 2014: “Vengo a alentar un trabajo científico que, poco a poco, año tras año, orienta su pensamiento de manera diferente tratando de debilitar ciertos límites que el materialismo había impuesto desde hace muchos decenios. La esperanza es grande, de ver en adelante una reflexión metafísica invadiendo a investigadores cada vez más numerosos a los que sin descanso tratamos de influenciar hacia otras vías, otras perspectivas. No hay otras orientaciones, y cada vez más, se comprueban límites infranqueables sin integrar otros criterios, espirituales, divinos; es decir abrir la puerta a un campo de exploración que hará acercar al hombre de ciencia a su naturaleza espiritual y a su paternidad divina. Cada vez hay más hombres y mujeres sinceros que se aventuran, con prudencia pero con lucidez, sobre todo en el campo de la astrofísica, la cosmología y la exo-biología. Somos muchos los que acompañamos esta transformación. Estén atentos a ciertas declaraciones en los años por venir”. Mensaje del espíritu Marie Curie recibido en junio de 2014: “Mi acción en el más allá tiene continuidad y materialización tanto en investigación como en nuestra influencia cierta sobre los científicos encarnados en vuestro globo. A este respecto podemos decir que las conclusiones y apariciones oficiales civiles con vistas a la incontestable puesta en evidencia del periespíritu están a punto de llegar a buen término. No puedo decir lo mismo respecto a la puesta en evidencia del principio espiritual necesario para la realización duradera y explotable del fenómeno fusional del átomo. Es perjudicial que en nombre de su complejidad la ciencia se haya dividido en compartimientos, y que los intercambios interdisciplinarios sean insuficientes, pues nadie duda que la convergencia hacia la realidad del espíritu sería más rápida. Muchos de vuestros hombres de ciencia integran la idea de un gran arquitecto, pero omiten la posibilidad de que el hombre pueda poseer esa parcela divina, piedra angular en la comprensión y puesta en práctica de fuerzas decuplicadas. Es hacia ellos que dirijo mis pensamientos”.
LOS AVANCES CONCRETOS
En la práctica, es así en algunos campos precisos, incluso muy concretos, donde los avances de una ciencia que comienza una real mutación metafísica son más significativos. Los hombres de ciencia no siempre explican las cosas, pero comprueban y
trabajan a partir de análisis y de comprobaciones que les hacen salir ampliamente del campo estrictamente materialista. El primero de ellos se refiere al de la física de las partículas y más precisamente los recientes avances desde hace algunos decenios en lo que se llama la física cuántica (del nombre “quanta” que significa “partícula”). El estudio de la estructura de la materia se ha complicado cada vez más desde comienzos del siglo XX para describir las partículas, las fuerzas a las que están sometidas, y los campos intercambiados entre ellas (ver artículo p. 23 “De la materia a lo espiritual, una historia de partículas” - Journal Spirite Nº 92). Y es el estudio de las interacciones a nivel subatómico entre estas partículas lo que constituye la física cuántica, disciplina que sigue siendo ante todo una teoría probabilista de predicción de ocurrencia de ciertos estados de las partículas. Y es forzoso constatar que son comprobadas, y verificadas por la experiencia, propiedades muy extrañas, que revolucionan la noción del determinismo y chocan hasta con el sentido común habitual del razonamiento intuitivo. Así, partículas sin masa, sin realidad material aparente, pero cuyas demostraciones implican su existencia, bordean las partículas materiales más conocidas que componen la materia inerte. El último gran descubrimiento hasta la fecha es el de julio de 2012 de la partícula del boson de Higgs, denominada la “partícula de Dios”, ¡porque era inasequible desde hacía decenios y permitiría explicar por qué ciertas partículas tienen masa y otras no! En otras circunstancias, es hasta la noción de espacio-tiempo la que es preciso repensar con el principio de la no-localidad o no-separabilidad: bajo ciertas condiciones, dos partículas están en relación de tal manera que una tiene influencia sobre la otra y eso instantáneamente, o sea mucho más rápido que la velocidad de la luz, y ya sea que las partículas estén a algunos metros o a decenas de kilómetros una de la otra… ¡En cierta forma a la imagen misma de la transmisión instantánea del pensamiento! Otro campo, mucho más accesible a nuestra cotidianidad, se refiere a los avances de la medicina que desde ahora puede integrar otros tipos de medicina, terapias hasta ahora rechazadas porque no son oficiales, terapias complementarias no alopáticas, como el magnetismo o la hipnosis. Desde hace varios años, son cada vez más utilizadas para disminuir los efectos indeseables de tratamientos agresivos o para calmar el dolor, entre otras cosas. Respecto al magnetismo, finalmente se ha instaurado un diálogo entre curanderos, magnetizadores y médicos reputados que hoy ya no dudan en recurrir a esta técnica. Ciertos servicios hospitalarios, servicios de emergencia, como en Saint-Brieuc, Rodez, Annemasse, Marsella, o París para citar sólo algunos, pero también en Suiza o los Estados Unidos, confirman que han recurrido de manera oficiosa a la práctica magnética para detener las quemaduras luego de un accidente o durante tratamientos de cáncer por radioterapia, calmar esguinces, hacer desaparecer un herpes, acelerar una cicatrización, etc. Otra terapia cada vez más utilizada es también la hipnosis. Ésta ha encontrado sus cartas de nobleza desde la creación en el año 2000 del primer diploma universitario de hipnosis en la Pitié-Salpêtrière de París. Utilizada oficialmente, pues desde entonces es reconocida, la hipnosis se desarrolla en numerosas especialidades, especialmente en Bretaña, región piloto en este campo, con el CHU (*) de Rennes: muchos médicos, internistas, psiquiatras y psicólogos, pediatras, anestesistas, dentistas, oftalmólogos y tantos otros han recurrido a la hipnosis en múltiples campos de aplicación. El CHU de Lieja en Bélgica la utiliza mucho, por ejemplo en anestesia-reanimación, para administrarla en operaciones quirúrgicas benignas. (*) Hospital Universitario (N. del T.)
Un tercer dominio donde el campo del procedimiento científico permite la reflexión espiritual y filosófica se refiere a la comprensión de lo infinitamente grande, en disciplinas como la astrofísica, la cosmología y la eventualidad de una vida extraterrestre. Con el descubrimiento desde 1995 de exo-planetas fuera del sistema solar, existe un interés creciente en cierto sector de la comunidad científica por la posibilidad de vida extraterrestre: físicos y astrofísicos reputados, tales como Hubert Reeves, Jean-Pierre Luminet o Trinh Xuan Thuan, al que ya hemos citado, son favorables al carácter universalmente extendido del principio de vida en todas partes del cosmos. En enero de 2015, había 1.804 exo-planetas censados oficialmente, en 1.109 diferentes sistemas planetarios. Varios miles de exo-planetas suplementarios, descubiertos por medio de telescopios terrestres o de observatorios espaciales, como el Kepler, están en espera de confirmación. Extrapolando a partir de los descubrimientos ya efectuados, existirían por lo menos 100 mil millones de planetas nada más que en nuestra galaxia, como lo confirma un estudio reciente llevado a cabo por un equipo internacional de investigadores (información Science & Avenir Febrero de 2015). Sin abordar, no obstante, el fenómeno OVNI, de difícil acceso entre verdades, mentiras y desinformación, hablar de la vida extraterrestre con todas las consecuencias filosóficas que ello implica, ya hoy no es un tabú, como ya daba testimonio de ello el astrofísico Hubert Reeves en 2002: “Uno de los descubrimientos fundamentales de estos diez últimos años, es que la vida es mucho más robusta de lo que se pensaba. Antes, se creía que ésta sólo existía en límites físicos muy estrechos. Que la vida sea mucho más resistente de lo previsto nos lleva a cuestionarnos. Hoy en día, uno es mucho menos categórico, la comprobación de ignorancia nos inclina a más modestia. Hasta se dice que quizás todavía hay vida que duerme en Marte, pues ciertas bacterias parecen poder hibernar durante millones de años. Menos personas se atreven a afirmar que la vida sólo puede aparecer sobre una hermana gemela de la Tierra”.
CONCLUSIÓN
Cercano a las ideas de Spinoza, sobre un Dios que se revela a sí mismo en el orden armonioso de lo que existe, autor de varios textos que tratan de las relaciones entre ciencia y religión, el célebre Albert Einstein nos ha dejado algunas hermosas reflexiones filosóficas, donde lo espiritual, pero también Dios, se mezclan, a veces con humor, a la reflexión científica. Una de sus famosas observaciones está inscrita en alemán en el vestíbulo de la universidad de Princeton (Estados Unidos) donde enseña: “Dios es sutil, pero no es malicioso”. Eso significa que el mundo que Dios ha creado es complejo y difícil de comprender para todos, científicos incluidos, pero que no es arbitrario e ilógico, es decir inaccesible a la razón humana. La ciencia y la espiritualidad representan, ambas, los esfuerzos del hombre que trata de comprender su Universo y a fin de cuentas deben tratar de la misma “sustancia”. Mientras el pensamiento humano parece querer progresar en estos dos campos, estos últimos deben evolucionar juntos por un mismo camino, y nosotros, espíritas y Espíritus reunidos, no podemos sino regocijarnos y alentar este acercamiento comprobado desde hace ya varios años. Ciencia y espiritualidad deben converger, y de esa convergencia nacerá una nueva fuerza para ambas, que sabrá hacer emerger por fin un hombre nuevo, en el reconocimiento de su naturaleza intrínsecamente espiritual, la del espíritu finalmente comprendido y reconocido. n (*) Cientificismo: Visión del mundo surgida en el siglo XIX según la cual la ciencia experimental tiene prioridad para interpretar el mundo por encima de las formas más antiguas de referencia (revelación religiosa, tradición, costumbres e ideas recibidas). El cientificismo quiere, según la fórmula de Ernest Renan (1823-1892), “organizar científicamente a la humanidad”. Se trata pues de una confianza (el término fe no se aplica en el campo experimental) en la aplicación de los principios y métodos de la ciencia experimental en todos los campos.
domingo, 19 de abril de 2015
LOS PRECURSORES DEL ESPIRITISMO por CATHERINE GOUTTIÈRE
LE JOURNAL SPIRITE N° 100 avril 2015
ELLOS ASEGURARON LA CONTINUIDAD ESPÍRITA
La historia del espiritismo se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. Esta historia, si uno se detiene para abordarla con seriedad, nos hace descubrir, más allá de Allan Kardec, pensadores y científicos que aportaron su contribución al reconocimiento de la supervivencia del alma gracias al concurso de médiums que, por la sensibilidad que los caracterizaba, permitieron numerosas comunicaciones. Esta contribución representa una multitud de hechos mediúmnicos sabiamente estudiados y consignados en obras filosóficas y científicas propuestas a la reflexión humana. No podemos citar a todos estos hombres valientes que, aunque escarnecidos por sus pares, lucharon por el reconocimiento del espiritismo como ciencia y filosofía. Detengámonos, sin embargo, en cinco de ellos y descubramos su compromiso indefectible con la causa espírita.
LÉON DENIS (1846-1927) Nacido en 1846 en Foug en Lorena, Léon Denis descubre El Libro de los Espíritus a los dieciocho años, y a los veintiuno conoce a Allan Kardec durante una conferencia en Tours. Su convicción estaba hecha: el espiritismo es la clave del mundo que buscaba, es la respuesta a todas las preguntas de orden metafísico que se planteaba. Decide entonces adherirse al grupo espírita fundado en Tours después del paso de Allan Kardec. Desde entonces, no dejaría de compartir y difundir la idea de la supervivencia del alma. Lee todos los libros y artículos que puede encontrar sobre el tema. En diciembre de 1882, es nombrado miembro de un congreso nacional destinado a crear la Fundación de Estudios Espíritas, encargada de la difusión de las ideas espíritas especialmente con un periódico: Le Spiritisme. En adelante frecuenta a Amélie Boudet, viuda de Allan Kardec; conoce a Gabriel Delanne y a Pierre Gaëtan Leymarie y juntos avanzan por ese camino tan criticado por los materialistas. Léon Denis colabora en la redacción de las revistas espíritas; es reconocido como orador y como autor de obras en toda la línea de la enseñanza de Allan Kardec. Defiende brillantemente las tesis durante el Congreso Internacional Espírita de 1889 donde los numerosos adversarios del espiritismo hacen la vida dura a sus propagadores. Aparece como un ardiente defensor del espiritismo experimental y científico. Es así como asiste a varios congresos espíritas y en treinta y cinco años, dicta trescientas conferencias y participa en seis congresos internacionales en numerosas ciudades de Francia, pero igualmente en Bélgica, Suiza, Holanda, Italia y África del Norte. En todas partes recibe la ovación del público, llamando la atención de la prensa y de los hombres de ciencia y de letras. De él se dice que es “el apóstol del espiritismo”. Paralelamente a la difusión oral, se ocupa de redactar varios libros entre los cuales Después de la muerte en 1890, Cristianismo y espiritismo en 1898, En lo invisible en 1903, El problema del ser y del destino en 1905, Juana de Arco médium en 1909, El gran enigma, Dios en el universo en 1911. Tiene entonces sesenta y cinco años. Dieciséis años más tarde, publica El genio celta en homenaje a Allan Kardec. La aparición de cada una de sus obras está resaltada por su enseñanza espírita en un estilo claro y poético. Pero continuamente debe hacer frente a las invectivas y sarcasmos de todo orden relacionados con su toma de posición. Cada minuto de su tiempo está dedicado a la investigación para preparar sus conferencias, sus libros y los numerosos artículos destinados a la Revue Spirite, sin olvidar la voluminosa correspondencia que mantiene con sus admiradores y sus detractores. En 1925, aunque se quedó ciego, preside el Congreso Espírita Internacional donde están representadas veinticuatro naciones. Seduce a numerosas personalidades como Arthur Conan Doyle especialmente, que lo traducirá al inglés y lo difundirá en el
mundo anglosajón, así como Jean Jaurès que le testimoniará su amistad. Fallece en 1927. Su compromiso estuvo a la altura de sus esperanzas de un espiritismo que representaba, para él, el porvenir filosófico y social de la humanidad.
GABRIEL DELANNE (1857 - 1926) La obra de Gabriel Delanne presenta el doble aspecto de un espiritismo a la vez filosófico y experimental. Nacido en una familia espírita (los Delanne son amigos de la pareja Kardec) Gabriel desarrolla rápidamente una reflexión y un compromiso que serán la esencia misma de su vida de hombre. Se interesa por todos los descubrimientos del siglo y obtiene un diploma de ingeniero profesión que ejercerá a lo largo de toda su vida. Para él, el espiritismo debe ser estudiado como ciencia. Sus desplazamientos profesionales le permiten surcar las carreteras de Francia y así ir al encuentro del público y popularizar la filosofía espírita. Se propone igualmente como misión, desarrollar los círculos espíritas que progresivamente ganan el conjunto del país. Su objetivo es la difusión de la enseñanza espírita, a partir de un estudio de las manifestaciones post mortem para ubicarla en el rango de una ciencia reconocida y aplicada. Gabriel Delanne se convierte antes de Léon Denis en una verdadera enciclopedia del espiritismo. Escribe muchas obras donde, como científico que es, demuestra y aporta la prueba de la existencia del espíritu. Citemos como ejemplo El espiritismo ante la ciencia en 1885, El fenómeno espírita en 1896, La evolución anímica en 1897, Investigaciones sobre la mediumnidad en 1898, El alma es inmortal en 1899, Las apariciones de los vivos y los muertos, tomo 1 en 1900 y tomo 2 en 1911, La reencarnación en 1927. En sus obras, reseña todas las experiencias realizadas por los metapsiquistas de su tiempo junto a médiums de efectos físicos, experiencias en las cuales participa y estudia con todo el rigor científico del que daba muestras. Citemos especialmente las sesiones realizadas en la Villa Carmen en Argel en 1903, donde, durante cerca de dos meses, acompañado por Charles Richet, observó a la médium Eva Carrière y los fenómenos de materialización de espíritus. Paralelamente a sus libros, escribe en La Revue Spirite de la que rápidamente se convierte en animador y gerente. Concibe igualmente una Revue scientifique et morale du spiritisme de la cual es redactor jefe. Junto con Hector Durville ayuda a la creación de la Facultad de Ciencias Espíritas, para la cual da una enseñanza regular todos los martes por la tarde. En 1882, pone en marcha junto con su padre, Alexandre Delanne, la Unión Espírita Francesa y el mismo año se convierte igualmente en secretario de la Federación Espírita franco-belga. En 1884, es recibido como delegado al Congreso Nacional Espírita Belga en Bruselas e igualmente al de Londres en 1898. En 1885, participa en la fundación de la Société Française d’Etudes des Phénomènes Psychiques
de la que se convierte en vicepresidente. En 1898 con Léon Denis, dicta conferencias con motivo del quincuagésimo aniversario del espiritismo. En 1918, participa junto con Jean Meyer, mecenas y espírita comprometido, en el nacimiento del Instituto Metapsíquico Internacional, donde aporta su talento de orador y de ponente. En 1919, lanza de nuevo la Unión Espírita Francesa de la que se convierte en presidente. Murió en 1926, cuando trabajaba en una obra sobre la ideoplastia. Gabriel Delanne, continuador de Allan Kardec, supo aliar los grandes principios espíritas y la ciencia metapsíquica, cuando algunos comenzaban a perder de vista la enseñanza filosófica del espiritismo. Supo hacer la síntesis indispensable entre ciencia y filosofía, insistiendo en los hechos, analizando todas las pruebas que venían a confirmar las teorías de Allan Kardec, para concluir una vez más en la realidad de la existencia del espíritu.
GUSTAVE GELEY (1865-1924) Doctor en medicina, Gustave Geley se apasiona por la investigación metapsíquica y se convierte en miembro activo de la Sociedad de Estudios Psíquicos de Ginebra en 1895. A partir de 1916 y hasta 1918, conduce una serie de experiencias con la médium Eva Carrière que produce cantidad de efectos físicos y apariciones fantasmales. Publica sus primeras obras Essai de revue générale et d’interprétation synthétique du spiritisme et L’Etre subconscient (Ensayo de revista general y de interpretación sintética del espiritismo y el Ser subconsciente), en las cuales se pronuncia por la existencia de un principio psíquico independiente del cuerpo físico, preexistente a él y que le sobrevive, dentro de una evolución reencarnacionista. En 1919, abandona su actividad profesional, es nombrado director del Instituto Metapsíquico en París y se encarga de la Revue Métapsychique. El mismo año publica su obra fundamental Del inconsciente al consciente, síntesis filosófica y científica sobre el ser, la vida y el universo. Realiza numerosos trabajos sobre telepatía y clarividencia con Pascal Fortuny, y sobre ectoplasmia con los grandes médiums de la época, Franek Kluski, Jean Gusik, Eva Carrière… Gustave Geley logra obtener, gracias a estos médiums, moldes de manos y de pies, pruebas físicas de la manifestación de los Espíritus por la ectoplasmia. Un examen serio de estos moldes demuestra la absoluta imposibilidad material de operar el retiro de un miembro vivo de una cubierta de parafina sin romper el molde. Consigue igualmente huellas, contactos físicos y manifestaciones luminosas. El médium Jean Gusik, por ejemplo, producía formas humanas de las que se veía sobre todo el rostro luminoso. Estos rostros estaban vivos y de sus bocas salía una voz ronca, indefinible. Todo bajo la mirada de una numerosa asistencia entre ellos miembros de la Academia de Ciencias y de la Academia Francesa.
Gustave Geley está igualmente en el origen del Manifiesto de los 34 que generó gran ruido en su aparición. Es un texto firmado por personalidades sabias e intelectuales, que reconocían haber asistido a esos fenómenos, dando testimonio de que no estaban vinculados a ningún fraude o ilusión. Ese manifiesto saltó a los titulares y fue luego rechazado por una comisión de la Sorbona. Gustave Geley aborda igualmente el estudio de otra forma de manifestación espiritual: las correspondencias cruzadas. Un médium recibe una parte de un mensaje procedente de un Espíritu, comunicación que será completada luego por este mismo Espíritu, gracias al concurso de otro médium, desconocido del primero, y ubicado en un lugar geográfico diferente. Estas medidas desembocaron incluso en comunicaciones dadas en lenguas diferentes. Las investigaciones de Gustave Geley se detienen brutalmente en 1924, cuando de regreso de Varsovia, donde acababa de efectuar nuevas producciones ectoplásmicas con Franek Kluski, su avión se estrella, matando al piloto así como a su ilustre pasajero. Desde un punto de vista estrictamente experimental, Gustave Geley aportó una verdadera revolución científica. Desgraciadamente, la ciencia materialista no ha ratificado sus trabajos y todavía hoy los resultados de sus experiencias no son tomados en cuenta, aunque los moldes ectoplásmicos siempre se conservan en el Instituto Metapsíquico de París.
WILLIAM CROOKES (1832-1919) Químico y físico inglés, William Crookes es miembro de la Royal Society, el equivalente de nuestra Academia de Ciencias. Profesor del colegio real y director del Observatorio Meteorológico de Oxford, es igualmente director de dos de los más grandes periódicos científicos británicos del siglo XIX el Quarterly Journal of Science (Periódico Científico Trimestral) y el Chemical News (Noticias de Química). Además de importantes trabajos sobre la luz polarizada, por ejemplo, o la espectroscopia, en 1861 descubre el talio y en 1886 los rayos catódicos que estudió por medio de un tubo al vacío que lleva su nombre (el tubo de Crookes) permitiendo así una era nueva, la del estudio de lo que él llamará el “cuarto estado de la materia”, el estado “radiante”. Abre así la vía al descubrimiento de los rayos X por Roentgen y toda la atomística moderna. Su vida como científico se caracteriza por la seriedad, la precisión y el rigor científico. Aunque todavía joven, es reconocido por sus pares y es así como en 1870, es nombrado miembro de un comité designado por la Sociedad dialéctica de Londres (el equivalente de nuestra Academia de Ciencias), para estudiar los supuestos fenómenos espíritas y presentar un informe a dicha sociedad. En este trabajo es ayudado por hombres eminentes, como Alfred Russel Wallace, el gran naturalista. Los periódicos ingleses piensan entonces que ese será el fin
del espiritismo. Pero para la sorpresa general, y después de dieciocho meses de trabajo, la comisión concluye en la realidad de las manifestaciones. Entonces, la rabia de la crítica se abate sobre William Crookes. Es considerado como un hombre acabado. Toda su vida, además, es objeto de ataques y él los desdeña todos. Dirá: “Si hubiera querido responder a todas las críticas, habría pasado todo mi tiempo en eso desde hace treinta años y yo tenía cosas mejores que hacer”. Crookes trabaja con tres médiums, sucesivamente: Kate Fox, Daniel Dunglas Home y Florence Cook con la que vive fenómenos de materializaciones de espíritus y de ectoplasmia. El informe de todas estas investigaciones está reunido en un volumen bajo el título Fuerza psíquica. Su conclusión es célebre: “No digo que eso es posible, digo que eso es”. La publicación de sus resultados provoca un clamor general de protesta entre los sabios incrédulos que se enfurecen contra él. Nada le es escatimado y hasta se habla de privarlo de su calidad de miembro de la Royal Society. De William Crookes se dice que ha perdido la razón, que está enamorado de su fantasma (y por extensión de su médium), y paradójicamente que en ciertos puntos es un hombre brillante, excelente en su campo, que recibe los aplausos de sus cofrades y del mundo entero, sus detractores admiten que sus “saltos de razón” pueden producirse en el mismo día. Por intermedio de Florence Cook se materializa un Espíritu que dice llamarse Katie King y que se manifestará durante tres años, en una experimentación que ella misma había deseado en su primera aparición. Se toman todas las precauciones posibles e imaginables para evitar el fraude. Crookes y los asistentes a las sesiones pueden asegurarse con sus manos de la realidad tangible del fantasma. Podrán cortar mechones de su cabello y trozos de su vestido. Podrán contemplar a la luz de una lámpara de fósforo al espíritu Katie King sonriente y alegre, hermosa y esbelta, rubia y blanca en su vestido blanco al mismo tiempo que a su médium, Florence Cook, dormida, pequeña y morena, vestida de terciopelo negro o de lana azul. Crookes podrá tomar su pulso y compararlo con el de Florence Cook que es diferente. Podrá poner su oído sobre el pecho del fantasma y escuchar latir un corazón cuyas pulsaciones son de mayor regularidad que las de la médium. Igualmente se tomarán numerosas fotografías de Katie King sola, y luego con Florence Cook. Después de estos trabajos, Crookes prosigue sus investigaciones sobre la vida después de la muerte y sobre las facultades psíquicas del hombre. Presidente de la Society for Psychical Research en 1898, se interesa igualmente en la telepatía. Redacta muchas obras de las cuales las principales son: Discurso sobre las investigaciones psíquicas, Nuevas experiencias sobre la fuerza psíquica, Investigaciones sobre los Fenómenos del Espiritualismo, Notas sobre las investigaciones hechas sobre los fenómenos llamados espíritas.
Podemos citar igualmente a PierreGaëtan Leymarie (1817-1901), librero y espírita, amigo de Allan Kardec, continuador del espiritismo después de la muerte de este último y ardiente defensor de la causa espírita al lado de su viuda Amélie Boudet; Ernest Bozzano (1862-1913), científico italiano, defensor de la mediumnidad que estudió por las manifestaciones obtenidas con Eusapia Palladino, y autor de numerosas obras espíritas; Alfred Russel Wallace (1823-1913), naturalista inglés, espírita y también defensor de la filosofía espírita. Dictó conferencias sobre el tema en Inglaterra y en Norteamérica y repetidas veces se enfrentó a los adversarios del espiritismo en la prensa escrita. Acabamos de evocar a algunos de los precursores, la lista por supuesto es incompleta, el objetivo era describir con estos testimonios, los trabajos efectuados, las obras escritas y presentar una parte del patrimonio existente en este campo. Ustedes pueden encontrar algunos de los libros citados, pero no todos han tenido la suerte de una reedición. A pesar de todo, tratamos de darles a conocer esta historia por medio de nuestro Journal, para que descubrieran el empeño de científicos, sin tener en cuenta los ataques de sus pares, lo mismo que el de los médiums, herramientas indispensables para las manifestaciones, sin quienes todas estas vivencias no hubieran sido posibles, y que se entregaron en cuerpo y alma, a menudo con peligro de su equilibrio, de su salud y a veces de su vida, al reconocimiento de la inmortalidad del alma.
domingo, 22 de marzo de 2015
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viernes, 20 de marzo de 2015
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